Nota
Pensar Cromañón: trilogía en el Once
Durante cinco encuentros mensuales, y con un promedio de 300 personas por cita, los familiares de Cromañón fueron los anfitriones de una propuesta: pensar. La invitación fue abierta y múltiple, a partir de ejes concretos, que convocaron a una multiplicidad de personalidades para ejercitar la reflexión sobre un tema que no pasó ni pasará sin dejar huella. En todos y cada uno. Este domingo el último encuentro es a las 14.30 en el Santuario de Once con una trilogía: Ycuá Bolaños, Atocha y Cromañón. Hablarán integrantes de cada una de esos movimientos que tuvieron que desafiar a la máquina de impunidad. El ciclo cierra con los pies: como cada 30, la invitación es marchar hacia Plaza de Mayo. Esta charla con Diego Rozengardt, organizador del ciclo, repasa el recorrido de lo hablado y escuchado y lo que todavía es necesario recordar: justicia, ministros y políticos que invitan a la amnesia.
-¿Qué objetivos se propuso esta invitación a Pensar Cromañón?
-Eran objetivos múltiples y los voy a enumerar en desorden. Uno tenía que ver con una suerte de desafío dirigido a ese universo de intelectuales o -no sé muy bien cómo denominarlo- personas que producen pensamiento y que, ni siquiera en el momento más álgido, tuvieron un compromiso crítico con el tema Cromañón. Se dijo mucho, es cierto, pero en general boludeces, y en los últimos tiempos ni siquiera eso. Es como si el estereotipo del “familiar violento” producido por los medios comerciales hubiese sido funcional para dar por terminado el tema y así lograr que Cromañón quedara en el olvido. En ese sentido, claramente este ciclo fue una apuesta para pensar “junto a” algo que no nos pasó solo a nosotros.
-Casi como darle otra oportunidad a quienes se llamaron a silencio…
-Exactamente. Pero el ciclo también fue un desafío dirigido a la sociedad, produciendo un espacio concreto para que se animara a venir, a escuchar, a preguntar. Y por eso las charlas se pensaron abiertas, con el micrófono disponible para que cualquiera pudiese intervenir, decir, interrogar. Por un lado, entonces, invitamos a un universo de profesionales de lo más variado –psicólogos, periodistas, sociólogos, filósofos, referentes de organizaciones de derechos humanos- pero a los que se le propuso siempre un eje concreto desde el cual abordar el tema, a partir de cual cada uno podía decir lo que quería. Pero otro de los objetivos apuntó a reconstruir nuestra tan vilipendiada imagen: la de los familiares.
-¿En qué sentido reconstruirla?
-En el sentido construido desde la prensa al asociar nuestro reclamo a una conducta violenta. O algo peor. En ese sentido, no puedo olvidar –nunca- ese artículo que publicó Página 12, titulado La sinrazón doliente, de un tal Alejandro Kauffman, donde nos describía poco menos que como un grupo de chiflados, incapaces de digerir el hecho de que Cromañón había sido un accidente, y a los que nos convenía quedarnos en casa llorando y dejar que los que sabían y no estaban atravesados por el dolor, reflexionaran sobre el tema. Fue un golpe bajo, no el único, pero sí el quizá mejor construido, que marcó el punto de distancia, el abismo, lo solos que estábamos. En este año bisagra, donde el juicio penal todavía no iba a empezar y el juicio político ya había terminado, nos pareció muy oportuno crear un espacio donde la sociedad pudiese juzgar lo que pasó.
-El regreso de Ibarra a la política también marcó este año ¿cómo impactó en el Movimiento Cromañón?
-Fue muy difícil digerirlo. Estamos muy cansados, desgastados es quizá la palabra más correcta. Y si bien es cierto que muchos nos dicen “pero ustedes destituyeron a Ibarra, tienen preso a Chabán, procesados a la mayoría de los responsables” y sabemos que eso es más que lo que se ha logrado con casos como el atentado a la Amia o la embajada de Israel, y tantísimos más que siguen exigiendo justicia, no por eso nos tenemos que conformar. La destitución de Ibarra no significó para nosotros, por ejemplo, una garantía de que se haya destituido la lógica política que permitió que Cromañón sucediera. Es algo que tenemos muy en claro los familiares, desde el primer momento. Desde esa perspectiva, también el ciclo fue un desafío dirigido a ese universo “progresista” que se acomodó a la imagen de que somos “funcionales a la derecha” para sacarse el problema de encima y dejarnos solos. En suma, creímos que más allá de que pienses que Ibarra estuvo mal o bien destituido, que Chabán debe o no estar preso o de que Callejeros tiene o no una responsabilidad, un ciclo como este era un espacio adecuado para poner en juego esas opiniones. Sin embargo, tuvimos la total indiferencia por parte de la prensa comercial, lo cual no hizo más que confirmar la posición que tuvo siempre ante Cromañón que es la de ignorar olímpicamente todas las actividades indiscutibles que hacemos los familiares, como la muestra de fotos, la murga, las marchas de cada mes.
-Es decir, cualquier cosa que no refuerce el estereotipo de violencia que es lo que aisla el reclamo.
-Exactamente. Incluso ahora, cuando esos tres padres que estaban tan, pero tan mal que decían cualquier cosa, ya no las dicen más, no hay noticias sobre los familiares. Las únicas noticias sobre Cromañón son sobre la causa penal. Mirá cómo se ha privatizado la responsabilidad de tal manera, que el caso Cromañon quedó reducido a nombres: Chabán, Ibarra, Callejeros, algún que otro funcionario procesado y punto. Y ya está. Cromañón ni siquiera es la justicia: es una causa penal. De esta manera se prepara el terreno para que el juicio –tenga el resultado que tenga- sea el punto final del tema.
-Ese ocultamiento ¿no es proporcional a la importancia que tiene pensar Cromañón en cuanto impacto social?
-Para nosotros es muy difícil pensarlo así, en términos de cuanto menos se habla, más importancia tiene. Pero es cierto, al menos en parte: ahora somos unos 500 en las marchas de cada mes y nos siguen poniendo la misma cantidad de tanques que cuando llenábamos la Plaza de Mayo. También es cierto que no nos importa puntualmente lo que diga Julio Blanck ( editor de la sección política del diario Clarín) ni Pasquini Durán ( columnista de Página 12) o Jorge Fontevecchia ( dueño del diario Perfil), pero sí cómo construyen opinión en mucha gente.
-¿Crees que pueden influir en la justicia, que es la que más sensible se muestra a la opinión que construyen los medios comerciales?
-Es posible. De todas maneras, la causa penal pasó por tantas manos que quedó evidente cuál era el juego.
-No es tan claro ¿cuál fue?
-Y… otra sería la situación si tuviese que declarar Aníbal Ibarra o Aníbal Fernández
-¿Qué tendría que explicar, por ejemplo, el ministro Fernández?
-Debería responder por la actuación de la Policía Federal. Debería responder, concretamente, porqué el comisario procesado por cohecho, por cobrar coimas, era el mismo que organizaba la “seguridad” de nuestras marchas. Y esto no es algo que nos contaron: lo vimos nosotros. Yo se lo dije personalmente la única vez que participé en una reunión de familiares con el ministro. En esa reunión, que se realizó en febrero de 2005, Aníbal Fernández se comprometió a darnos una lista oficial de víctimas. Y hasta el día de hoy no la entregó. La única lista de víctimas que tenemos es la que hicimos nosotros, investigando en las morgues, en los hospitales, con los familiares. Es decir, que hasta hoy ni siquiera contamos con la tranquilidad de que ese trabajo lo haga otro. Está claro cómo funciona el manto de impunidad. Y que la justicia no se puede meter con él. Es decir, que si Cromañón es una muestra de la vulnerabilidad de nuestras vidas en cuanto a un Estado que se desentiende de sus responsabilidades, el post Cromañón vuelve a demostrar lo mismo: la reacción trucha del Estado, la reacción trucha de los medios de comunicación.
-La importancia que le das al rol de los medios ¿tiene que ver con el reclamo de justicia o de condena social?
-Exactamente: la condena social es la construye la justicia. A mi no me importa lo que piensa el editor de un diario, pero sí que con su trabajo contribuya a la consagración de la impunidad. Cada vez que yo me encuentro con alguien que no me conoce y me escucha hablar de Cromañón pasa lo mismo: se sorprende porque soy “razonable”. O repite la historia de la guardería que funcionó en el boliche que es falsa, pero no habla del mecanismo de recaudación del dinero negro de la política, que sí es un hecho comprobado, a tal punto de que está demostrado que un policía contaba la cantidad de público que entraba porque la coima era proporcional. Se trata de un delito de cohecho que involucra a instituciones nacionales, como lo es la Policía Federal, que depende del Ministerio del Interior. Eso para mi es una comprobación de hasta dónde llega el recorte del tema Cromañón impuesto por la prensa.
-Pero convengamos algo: creerle a los medios comerciales es algo más que un acto de fe. Hay algo, por ejemplo, en el razonamiento que desplegaba el artículo que citás de Kauffman que revela otras cosas: por ejemplo, su análisis sobre el rol de la víctima. Esa víctima que debe sobrellevar el impacto de lo siniestro, la exigencia de justicia frente a la impunidad y, además, la elaboración de pensamiento sobre las consecuencias de lo que pasó. El artículo de Kauffman juega con el estereotipo de la sinrazón que puede producir el dolor como contrapartida de la razón que podrían producir solo aquellos que estuvieron “a resguardo”. Y con esa construcción ignora que en la Argentina tenemos una larga historia de víctimas que han producido pensamiento y acción como no fue capaz de producirse desde ningún otro lado.
-A lo largo del ciclo esto fue algo que fue dicho desde diferentes voces. Tomás Abraham, en particular, se refirió al tema de la política y el dolor, recordando que los últimos 30 ó 35 años toda la historia argentina está signada por el rol activo que toma la víctima. Estamos hablando de Madres, Abuelas e Hijos, pero también del asesinato de Carrasco que termina con el servicio militar obligatorio o del asesinato de María Soledad Morales que desnuda la trama de la política feudal, o del caso de Walter Bullascio que impuso en la agenda el tema del gatillo fácil y así al infinito. Está claro entonces desde dónde se construyó siempre la condena social y justamente por eso atacar a las víctimas es clave para debilitarla.
-De alguna manera Cromañón incomoda a todos aquellos que apostaron a una progresía light porque confronta esa utopía política con un resultado siniestro. En ese marco ¿cómo fue digerido por los familiares la alianza electoral de Ibarra con Carlos Heller y Miguel Bonasso?
-Es absolutamente imperdonable, porque Heller y Bonasso son la gente que posibilitó la legitimación de Ibarra. En ese sentido, no es lo mismo que vaya con Filmus y el oficialismo. Es claramente peor. Ibarra utilizó Cromañón para ser electo y reconstruir su imagen política que estaba claramente dañada, destruida, incluso antes de que saliéramos nosotros a la calle. Utilizó Cromañón y la idea del “golpismo institucional” donde nos metía en la misma bolsa a nosotros y al macrismo, para hacerse un lugar que ya no tenía en el negocio político. Y los que hicieron alianza con él utilizaron la lógica contable: cuántos votos aportaba. Es la misma lógica de la policía comiera que contaba cuántos pibes entraban al boliche para hacer su caja. No hay moral, sólo uso cínico.
-De todo lo escuchado durante le ciclo ¿hubo algo que aportó a lo ya elaborado por ustedes?
-Nosotros tenemos una experiencia muy especial. A través de muchas instancias, distintas y diversas, hemos venido debatiendo a fondo todos los temas. Pensá que tenemos una reunión semanal del grupo de articulación, tenemos foros virtuales que han sido núcleo de debates y discusiones profundas, de gran intercambio, producimos un documento por mes donde tenemos que plantear nuestra mirada. Así que el ciclo fue una manera de reafirmarnos, medirnos y elaborar Cromañón dentro de un marco más amplio. También nos sirvió para saber qué podemos esperar. Concretamente, si lo que planteamos es que Cromañón genere un antes y un después, un después positivo, con qué contamos. No en el sentido que vemos ahora, que ese después se reduce a que cierren todos los boliches y las bandas chicas tengan que emigrar al Gran Buenos Aires, sino el buen después en el que podemos pensar cuando vemos que al ciclo vinieron muchos chicos. Chicos que se acercaron en una proporción mayor a la que nos acompañan a las marchas, por ejemplo, y que pudieron compartir un momento con nosotros, a pesar de que la prensa –insisto- no dijo una palabra..
-De todas maneras ustedes previeron cómo compartir con otros lo que allí se dijo: reseñaron en la página web cada una de las charlas…
-Y vamos a editar un libro y un documental, porque todo fue grabado y filmado.
-El domingo es el cierre ¿cómo lo organizaron?
-La charla es a las 14.30 en el Santuario de Plaza Once. Y así como hasta ahora tuvieron voz los llamados “intelectuales” esta vez la voz la tenemos las víctimas. Vienen familiares de la masacre de Ycúa Bolaños, de Paraguay, y de la Red Ciudadana de España que se formó a partir del atentado de Atocha. La idea es compartir desde cada persona y cada experiencia colectiva cómo se tuvo que enfrentar una maquinaria política, de prensa y de justicia, que quiere imponer otra evaluación sobre las responsabilidades de lo que pasó, de manera de garantizar la máquina de la impunidad.
-El ciclo termina con los pies: marchando hacia Plaza de Mayo.
-La idea de terminar el 30 de setiembre estuvo desde el origen. Porque está claro que para nuestro movimiento el pensamiento es algo importante –aunque la sociedad no lo entendiera así- pero es la calle la que nos juntó. El Movimiento Cromañón se construyó en la calle. A la primera semana ya se habían hecho dos marchas. Y mientras marchábamos, nos organizábamos. Ahí empezamos a vernos los unos a los otros, a conocernos, a hacer juntos algo que, como dijo uno de los panelistas, logró que tanta diversidad no confluya en algo banal. Me gusta pensarnos así, como un colectivo de familiares, sin experiencia política previa, que a tres años de andar, todavía mantiene una marcha mensual a la que van distintos grupos articulados desde la diferencia y en el consenso.
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema?
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org
Nota
MU 213: Movete

Son personas que se organizan y se movilizan para defender derechos de toda la
sociedad. Son quienes sufren palos, gases y humillaciones por estar de pie. Quienes
crean respuestas donde hay impotencia y nuevas palabras para definir el futuro.
Nuestro homenaje: reunirlas y escucharlas.

Mover el mundo: Cumbre de imprescindibles
Jubilados, discas, asambleístas ambientales, travas, familias víctimas de femicidios y el papá de Pablo Grillo: reunimos a quienes se movilizan y no abandonan la calle a pesar de los palazos y de la falta de respuestas. Quienes marcan una agenda por abajo que es a la vez un rumbo y un llamado a la acción, y también a la unidad. Frente a la dispersión, voces que hablan de un horizonte común, más acá de la política partidaria, para repensar la democracia y la forma en que resistimos.
Por Claudia Acuña

Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords
En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.
Por Evangelina Bucari

Comunicacción: Unión de Medios Autogestivos
Siete medios de todo el país nos reunimos para crear transversalidad, proyectos y compartir ideas sobre cómo hacer periodismo en tiempos mileístas y más acá: el cooperativismo, las comunidades, el territorio, la agenda propia. ¿Cómo crear valor, generar puestos de trabajo y sostenerse cuando todo se cae? Lo que representan estos diarios, revistas, agencias y periodistas todoterreno que resguardan lo mejor del oficio, por fuera de Tik Tok y los streamings de turno.
Por Lucas Pedulla

Ojos bien abiertos: Tadeo Bourbon, fotógrafo
Fue uno de los premiados por el World Press Photo por una imagen que podés ver en la página siguiente. La historia de Tadeo y de aquel día de marcha, represión, golpes y gas pimienta. De la moto, los casamientos y otros empleos, al contexto profesional y a la vez emocional que alimentó ese click al que llamó La Argentina de Milei.
Por Sergio Ciancaglini

Alerta verde: MU en Misiones
Desde que asumió Milei, el precio que se paga a productores y trabajadores está desregulado. Cómo impacta esto en una industria ya precarizada, y lo que genera: éxodo rural, desarraigo, pobreza. Crónica de una época desde un territorio olvidado y en lucha.
Por Francisco Pandolfi

Mondiablo: Juicios contra el Roundup de Monsanto/Bayer
Las pérdidas millonarias de Bayer por las demandas vinculadas al glifosato vuelven a poner en escena una historia que lleva décadas: evidencia científica, fraude corporativo, lobby político y daños sanitarios y ambientales a escala global. Mientras avanzan nuevos acuerdos judiciales y Trump sale al rescate de la compañía, el herbicida sigue presente en cuerpos, territorios y alimentos.
Por Anabel Pomar

Anti algoritmo: Cineclub Mabuse
Hace 25 años que Uriel Barros proyecta películas en Súper 8 en festivales, centros culturales, escuelas, bares y espacios under. Una defensa artesanal y colectiva del cine frente a las plataformas, los algoritmos y el consumo individual. Terror, ciencia ficción, muñecos malditos y películas que todavía necesitan ser vistas.
Por María del Carmen Varela

Monte Hermosa: Josefina Lamarre
Editó el álbum Yin Yang y también le cantó (en contra) al amor extractivista. De la tevé en piyamas a la comedia musical, la perfomance, el Hotel Faena y las coplas chismosas. Lo que surgió de una ducha y la convivencia entre lo tanático, lo erótico y lo vital.
Por María del Carmen Varela

Biblias.
Por Carlos Melone
Nota
MU 212: El fin de un mundo

MU en Tierra del Fuego: todo lo que se ve desde el sur del sur y nos ayuda a entender qué representa Argentina en el mapa geopolítico mundial. Un puerto intervenido, importaciones que matan a la industria, explotación sin control de recursos naturales. La puerta a la Antártida y el significado de Malvinas: lo que está en juego en tiempos de guerra.

El principio de todo: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
Javier Milei intervino el puerto de Ushuaia sin provocar un rechazo opositor visible. Un sitio clave en la geopolítica y a la vez una caja de 30.000 millones de pesos anuales que mezcla industria marítima, turismo, y la puerta a la Antártida. Los testimonios sobre la falta de control . Hablan el gobernador, funcionarios, trabajadores, ex combatientes. Trump y el misterioso avión, China y los acuerdos, Gran Bretaña adentro, la forma de la crisis y la resistencia contra el vaciamiento de un país.
POR FRANCISCO PANDOLFI

El industricidio: Crónica desde el polo fabril de Río Grande
Un predio lleno de fábricas vaciadas. Trabajadores organizados resistiendo al desempleo, la apertura de las importaciones y la reducción de aranceles de promoción en una provincia que de 16.000 obreros pasó a tener 6.400. Una política que golpea a empresas de todos los tamaños y rubros: tecnológicas, textiles, metalúrgicas, electrodomésticas y electrónicas. Y todo esto sin que todavía se aplique la reforma laboral. Las propuestas para que los propios trabajadores se hagan cargo de las empresas en crisis. Los gestos de solidaridad, las donaciones de quienes todavía tienen empleo, el bingo provincial y cómo se va recuperando desde abajo una idea de hermandad para enfrentar estos tiempos.
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De espaldas a la sociedad y bajo presión del gobierno nacional, la Legislatura fueguina (la misma que en 2021 votó en contra) aprobó un proyecto que permite la instalación de megafactorías marítimas del salmón, uno de los productos que más se exportan al mundo. El impacto ambiental es conocido y hay un ejemplo cercano en la vecina Chile: peces hacinados, contaminación por antibióticos y heces, destrucción de otras especies, y una precarización total de las condiciones de trabajo. El cuadro de situación ante un “pescado químico”, la lucha de la asamblea, y el gobernador que responde sobre los principales contrapuntos.
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Es doctora y docente de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos en la UBA y en la UNLP. Integra grupos de trabajo sobre EE.UU. en CLACSO y universidades en Alemania y México, además de coordinar programas de intercambio internacional. Y acaba de dictar un curso sobre el tema en MU. En esta entrevista explica las movidas de Trump intentando sostener un imperio en crisis en medio de una conflictividad que él mismo provoca o acompaña: Irán, China, Israel, petróleo, Ormuz, Venezuela, OTAN, Malvinas, Antártida. Y hasta el caso de Jeffrey Epstein.
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En medio de conflictos geopolíticos, disputas culturales y crisis del modelo occidental, el pensamiento decolonial nos recuerda una serie de preguntas fundamentales. Aquí, una conversación breve y magistral sobre la esfera pública, la organización social y las formas de acción colectiva vistas desde una perspectiva para ampliar, o retomar, los horizontes propios.
POR CLAUDIA ACUÑA

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POR MARÍA DEL CARMEN VARELA
Patagonia rebelde
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