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Febres murió por ingesta de cianuro
Envenenando la cancha
El prefecto Héctor Febres murió envenenado por cianuro cuatro días antes de escuchar su condena. Los querellantes señalan que se trata de un mensaje claro: que nadie hable para garantizar el pacto de impunidad. Responsabilizan a la justicia por permitir que los represores de la dictadura detenidos estén bajo la responsabilidad de sus propios camaradas y vinculan el hecho con la desaparición de Jorge Julio López, el principal testigo de la causa Etchecolatz, de quien nada se sabe desde hace 15 meses.
El juicio mutilado
Muerte dudosa y el último gesto de Febres
El prefecto Héctor Febres murió cuatro días antes de que se conociera el veredicto del Tribunal Oral 5 que lo juzgaba por la participación en cuatro casos de privación ilegal de la libertad y tormentos durante su actuación en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) en la pasada dictadura. El Espacio Justicia Ya tiene serias dudas de se haya tratado de una muerte natural y reclama una investigación sobre esa muerte (la propia familia de Febres parece dudar). Adriana Calvo explicó a <b>lavaca</b> las razones de sus sospechas. Además, y para entender la magnitud de lo que se juzgaba, se reproduce la crónica “Febres era el que más torturaba”, correspondiente a la audiencia judicial donde declararon sus víctimas, en esta oportunidad corregida y ampliada de acuerdo a la textualidad de las desgrabaciones judiciales. El misterio de un gesto de Febres.
Juicio a la ESMA
El juicio enjuiciado
Tanto la Fiscalía como los querellantes pronunciaron sus alegatos en el primer juicio que se le lleva a un represor que actuó en la ESMA durante la dictadura militar. Además de pedir 25 años de condena, criticaron la manera en que se llevó a cabo este proceso judicial, y la sentencia contra los ex comandantes de 1985. Exigieron que ese fallo sea un piso y no un techo para los nuevos juicios que se llevan adelante desde la anulación de las leyes de perdón.
Juicio a la ESMA
Vidas privadas en un campo de concentración
Se creó en la ESMA el Espacio de la Memoria, con la presencia del gobierno y los organismos de derechos humanos. Al mismo tiempo, el juicio que se lleva adelante en estos días describe de modo asombroso qué es lo que conviene recordar. lavaca recorre aquí parte del laberinto junto a las declaraciones de los testigos, crónicas invalorables para entender la verdad. En diciembre se dictará la sentencia. Aquí, ya puede conocerse cómo funcionaba en la práctica un emblema de los campos de concentración, y algunas de las complicidades con las que contaba.
Graciela Daleo, de la ESMA a Roma
La mirada testigo
De cara a los 31 años de la instalación del terrorismo de Estado, esta charla traza el recorrido de una mujer que sobrevivió para contarlo, pero también para pensarlo. En el 77 la secuestraron en la ESMA durante un año y medio. Ya en democracia, estuvo presa. Rechazó un indulto de Menem y fue prófuga de la justicia. Hasta que la historia puso las cosas en su lugar y se convirtió en una de las testigos clave para que se juzgue a los represores aquí y en Italia. “Creo que esto fue resultado de la lucha de nuestro pueblo. Para mí no es una dádiva de este gobierno” asegura. Lo que representa la desaparición de López, los límites de los organismos y cómo mira a sus “compañeros” convertidos en funcionarios. Sobre lo que aprendió en este camino sintetiza: “perder, resistir y algunas veces, ganar”.
Juicio a la ESMA
El DNI de la represión
En el juicio cada vez más revelador que se le sigue al prefecto Héctor Febres, cuatro nuevos testigos volvieron a vincularlo con los secuestros, las torturas y el trabajo forzoso perpetrados en la ESMA. Víctor Basterra relató cómo pudo fotografiar a casi 80 represores para hacerles los DNI, Graciela Daleo describió las pequeñas grandes resistencias que emergían aún en los peores momentos, el regalo a las embarazadas desaparecidas, y qué hacía Febres en Navidad. Myriam Lewin habló del stress de los sobrevivientes que atestiguan. Todos coincidieron en que las causas de la ESMA deberían unificarse.
Primer jornada del juicio a la ESMA
Los nombres del horror
Se abrió el juicio oral y público que investiga la participación del Prefecto Héctor Febres en la aplicación de torturas a cuatro desaparecidos que estuvieron detenidos clandestinamente en la Esma, durante la última dictadura. El acusado negó los cargos y se negó a declarar. Los querellantes exigieron sin éxito que se lo trate como a un preso común y que se acaben sus privilegios de los que goza en su lugar de detención, una dependencia de la Prefectura Naval de Tigre. Se trata del primer juicio a un represor que actuó en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada, lugar paradigmático del terrorismo de Estado.
Juicio a la ESMA
Nada más que la verdad
El prefecto Héctor Febres, uno de los represores que manejaba la situación de las embarazadas en la ESMA, y por lo tanto de los bebés desaparecidos, comenzará a ser juzgado este jueves 18 de octubre aunque no por ese delito sino por secuestros y torturas. Más de 40 testigos irán a declarar. El ministerio de Justicia les ofreció colocarles pulseras electrónicas por si fuesen víctimas de un secuestro, lo cual demuestra, según dijo a lavaca el abogado Rodolfo Yanzón, que el Estado no sabe qué hacer y “no está en condiciones de proteger a los testigos” pese al lo cual todos van a declarar. “Por mi, y por miles que nunca van a poder hacerlo” expresó uno de los querellantes. En diciembre habrá sentencia.
Los nombres del horror
El prontuario de Febres, alias Selva
Juicio a la ESMA
"Febres era el que más torturaba"
La Fiscalía y las querellas pidieron que se amplíen los cargos contra Héctor Febres, primer represor de la ESMA que es sometido a juicio desde que se reabrieron las causas por las violaciones a los derechos humanos. Cuatro de sus víctimas describieron cómo los torturaron y los sometieron a trabajo esclavo (falsificar documentos para los militares y trabajar para la imprenta del diario Convicción, por ejemplo). Lo responsabilizaron por las embarazadas que llegaban al lugar y relataron cómo el prefecto se encargó del traslado de los secuestrados a la isla El Silencio, en Tigre, cuando la Comisión Interamericana por los Derechos Humanos visitó la Argentina. De cómo el “Gordo Daniel” se transformó en el “Gordo Cagueta”.
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