Profundas preocupaciones
Categoría: Notas
Por Noam Chomsky. Al día siguiente de iniciado el ataque a Irak, Chomsky escribió este artículo en el que advierte: “existe un creciente miedo al poder de los Estados Unidos, que es considerado la mayor amenaza a la paz en buena parte del mundo, probablemente por una gran mayoría de sus habitantes. Con la tecnología de destrucción con que se cuenta actualmente, cada vez más letal y ominosa, la amenaza a la paz equivale a una amenaza a la supervivencia”. Lo que sigue, son al decir de Chomsky, “algunas de las profundas preocupaciones que deben, pienso, conservarse con claridad en la mente, mientras se observa el desarrollo impredecible de los acontecimientos, donde la más aplastante fuerza militar en la historia humana es lanzada contra un enemigo indefenso por una conducción política que ha acumulado un aterrador registro de destrucción y barbarismo desde que tomó las riendas del poder hace más de 20 años”.
En este horroroso momento, nada podemos hacer para detener la invasión en marcha. Pero eso no significa que la tarea haya culminado para las personas que tienen algún compromiso hacia la justicia, libertad y los derechos humanos. Lejos de ello. Las tareas serán más urgentes que antes, sea cual sea el resultado del ataque. Y sobre eso, nadie tiene idea alguna: ni el Pentágono, la CIA, o cualquiera otro. Las posibilidades van de las atroces catástrofes humanitarias sobre las que han ido advirtiendo las organizaciones humanitarias que trabajan en Irak, hasta un resultado relativamente benigno -aunque incluso si no se dañara ni un cabello en cabeza alguna, ello no mitigará de ningún modo la criminalidad de aquellos que someten a personas indefensas a terribles riesgos para obtener sus propios fines vergonzosos.
En cuanto a las consecuencias de todo esto, pasará un largo tiempo hasta que algún juicio preliminar pueda realizarse. Una tarea inmediata es volcar todo el peso del que seamos capaces a conseguir los resultados más benignos. Eso significa, en principio, ocuparse de las necesidades de las víctimas, no sólo de esta guerra, sino de las sanciones viciadas y destructivas de Washington que en los últimos diez años devastaron a la sociedad civil, fortalecieron al tirano en el gobierno, y empujaron a la población a confiar en él para su supervivencia. Como ha sido señalado durante años, las mismas sanciones minaron la esperanza de que Saddam Hussein terminase como otros tiranos criminales, no menos siniestros que él. Eso incluye una galería de delincuentes que también fueron apoyados por aquellos que hoy están en el gobierno en Washington, en muchos casos hasta el final de sus sanguinarios gobiernos: Ceausescu, por mencionar sólo un caso obvio.
La decencia elemental requeriría indemnizaciones masivas de parte de los Estados Unidos, sin contar además un flujo de ayuda a los iraquíes para que puedan reconstruir lo que ha sido destruido como ellos lo deseen, y no según los dictados de personas en Washington y Crawford, cuya mayor convicción es que el poder proviene del cañón de un arma.
Pero hay problemas aún más fundamentales. La oposición a la invasión de Irak no tiene precedente histórico. Es por ello que Bush tuvo que reunirse con sus aliados en una base militar estadounidense en una isla, donde podrían estar a salvo de cualquier simple ciudadano. La oposición puede estar concentrada en la invasión a Irak, pero su compromiso va mucho más allá. Existe un creciente miedo al poder de los Estados Unidos, que es considerado la mayor amenaza a la paz en buena parte del mundo, probablemente por una gran mayoría de sus habitantes. Con la tecnología de destrucción con que se cuenta actualmente, cada vez más letal y ominosa, la amenaza a la paz equivale a una amenaza a la supervivencia.
El miedo al gobierno estadounidense no se basa sólo en esta invasión, sino en el trasfondo en el que se inscribe: una determinación abiertamente declarada de gobernar el mundo por fuerza, en una dimensión en la que el poder americano es supremo, para garantizar que nunca habrá desafíos a esa dominación. Las guerras preventivas serán concretadas a voluntad, para eliminar amenazas imaginadas o inventadas. La meta claramente anunciada consiste en prevenir un desafío “al poder, posición y prestigio de los Estados Unidos”. Tal desafío, ahora o en el futuro, y cualquier señal que pueda aparecer, será enfrentada sin necesidad de una fuerza aplastante por los gobernantes del país que está forjando nuevos y muy peligrosos rumbos, ignorando a una oposición mundial casi unánime: el desarrollo de armamento letal en el espacio, por ejemplo.
Es importante comprender que las palabras que cito no pertenecen a
Dick Cheney, Donald Rumsfeld u otros extremistas radicales actualmente en el gobierno. En realidad, son las palabras del respetado y veterano estadista Dean Acheson, 40 años atrás, cuando era un consejero clave de la administración Kennedy. Estaba justificando las acciones estadounidenses contra Cuba, sabiendo que la campaña terrorista internacional apuntada al “cambio del régimen” simplemente había acercado al mundo a una guerra nuclear terminal. No obstante, él instruyó a la Sociedad Americana de Derecho Internacional, que no esgrimiera ningún “problema legal”, en caso de una respuesta de los Estados Unidos al desafío a su “poder, posición y prestigio”, específicamente si se trataba de ataques terroristas y bloqueo económico contra Cuba.
Planteo esto como un recordatorio de que los problemas están profundamente enraizados. La administración actual está en el último extremo del espectro de la planificación política, y su aventurerismo y propensión a la violencia son extraordinariamente peligrosos. Pero el espectro no es tan ancho, y a menos que estos profundos problemas se solucionen, podemos estar seguros de que otros extremistas ultrareaccionarios ganarán el control de medios increíbles de devastación y represión.
La “ambición imperial” de quienes actualmente detentan el poder, como la llaman con franqueza, ha despertado escalofríos a lo largo del mundo, incluyendo al establisment americano. En otros lugares, por supuesto, son aún más temerosas, particularmente entre las tradicionales víctimas. Conocen demasiada historia, del modo más duro, como para tranquilizarse ante esa retórica exaltada. Han oído suficiente de ella durante siglos mientras eran vencidos por el club llamado “civilización”. Hace apenas unos días, la dirección del movimiento no-alineado, que incluye a
gobiernos que representan a la mayoría de la población del mundo, describió a la administración Bush como más agresiva que Hitler. Pocos dudan que habla para las tradicionales víctimas, y ahora también para los tradicionales opresores.
Es fácil continuar, e importante pensar estos problemas con cuidado y honestidad.
Aún antes de que el gobierno de Bush realizara en los últimos meses esta escalada creciente de miedo, los especialistas en inteligencia y asuntos internacionales explicaban a cualquiera que quisiera oirlos, que las políticas que sigue Washington posiblemente lleven a un aumento del terror y la proliferación de armas de destrucción de masa, como venganza o como simple disuasión. Hay dos maneras para que Washington responda a las amenazas que engendró con sus propias acciones y sorprendentes proclamas. Una manera es intentar aliviar las amenazas prestando un poco de atención a los reclamos legítimos, y aceptando convertirse en un miembro civilizado de la comunidad mundial, con algún respeto por el orden mundial y sus instituciones. La otra manera es construir aún más artefactos de destrucción y dominación, para que cualquier posible desafío, aún lejano, pueda aplastarse -provocando así nuevos y mayores desafíos. Esa manera de actuar supone serios riesgos para los habitantes de los Estados Unidos y del mundo y puede, muy posiblemente, llevar a la extinción de las especies. No una especulación ociosa.
Una guerra nuclear terminal se ha evitado casi por milagro en el pasado; unos meses antes del discurso de Acheson, para mencionar un caso que debe estar fresco en nuestras mentes. Las amenazas son graves y crecientes. El mundo tiene buenas razone para mirar lo que está ocurriendo en Washington con miedo y alarma. Las personas mejor ubicadas para aliviar esos miedos, y para construir el camino a un futuro más esperanzado y constructivo, son los ciudadanos de los Estados Unidos, que pueden darle forma al futuro.
Esas son algunas de las profundas preocupaciones que deben, pienso, conservarse con claridad en la mente, mientras se observa el desarrollo impredecible de los acontecimientos, donde la más aplastante fuerza militar en la historia humana es lanzada contra un enemigo indefenso por una conducción política que ha acumulado un aterrador registro de destrucción y barbarismo desde que tomó las riendas del poder hace más de 20 años.








