Terror en la Cordillera: Habrá sentencia. ¿Habrá justicia?

Categoría: Notas

El juicio por los abusos, vejaciones y violaciones a los derechos humanos cometidos por el GEOP (Grupo Especial de Operaciones Policiales) en Corcovado (Chubut) en marzo de 2009 llega a su fin y tendrá sentencia el lunes 14 a las 9 horas. Sin embargo Marta Bustos, madre de uno de los muertos en el episodio, de uno de los heridos y de un prófugo del que nada se sabe hace dos años y medio, dice a lavaca: “El único acusado va a quedar absuelto. Acuérdese de lo que le digo. Para nosotros no va a haber justicia”.

Marta Bustos, madre de Cristian

La carátula promovida por el fiscal Martín Zacchino empezó siendo por delitos de lesa humanidad:

  • apremios ilegales, domicilios violados, privaciones ilegítimas de la libertad, abusos a los ciudadanos, culatazos, vejaciones, amenazas.

 

En términos prácticos, un escuadrón del GEOP llegó a Corcovado en marzo de 2009, con todos sus integrantes encapuchados y portando armas largas. Buscaban a un prófugo, Cristian “May” Bustos. Sembraron el terror, la violencia contra vecinos asombrados, vejaciones insólitas, destrozos de bienes de personas que nada tenían que ver, y hasta una especie de toque de queda con la intención de buscar a ese prófugo al que, por supuesto, aún hoy no encontraron.

La jueza Carina Estefanía alivianó la causa. La carátula terminó siendo “Abuso de autoridad en concurso ideal con vejaciones agravadas por haber sido cometidas mediante violencia física y amenazas” y contiene cinco casos particulares, todos ocurridos entre el 12 y 27 de marzo de 2009. Siguen pendientes otros casos porque aún no se han recolectado las pruebas suficientes como para probarlos.

Entre otros retoques judiciales se libró de cargos a Oscar Marinao (comisario de Esquel) y Oscar Muñoz (de Corcovado) y el único imputado en la causa es el jefe operativo del GEOP, Miguel Gómez.

La acusación entonces es por seis hechos de abuso de autoridad, cinco hechos de vejaciones y uno de privación ilegal de la libertad. El Defensor Oficial Omar López, a cargo de la querella, agregó “vejaciones agravadas por haber sido cometidas con violencia y amenazas”.

Dos desaparecidos

El caso tiene aún dos desaparecidos. Marta Bustos dice: “Hablan de mi hijo como prófugo para no decir desaparecido, muerto. Que me lo busquen por favor”. Cristian “May” Bustos, se había fugado de la cárcel de Corcovado, lo que inició toda esta peripecia.

El otro desaparecido es Luciano González. “¿Él también está prófugo?” se pregunta Marta. Mientras el GEOP hacía y deshacía impunemente en la región, Luciano fue capturado (sin tener nada que ver con el caso) y nada se sabe tampoco de él, desde hace dos años y medio.

El caso provocó la intervención en territorio de Mario Das Neves de una comisión enviada por la Jefatura de Gabinete, que acaso sirvió para despabilar a los magistrados judiciales.

Breve historia

El caso comenzó el 8 de marzo de 2009, cuando Cristian “Mai” Bustos, 27 años apareció en casa de sus padres. Cristian había sido acusado dos años antes por la muerte de su bebé de 9 meses, Benjamín. El juicio no alcanzó a dejar clara la responsabilidad de Cristian, que siempre se declaró inocente. La sentencia no estaba firme, y Bustos escapó en 2007 de la comisaría de Corcovado, primer hecho bochornoso para la fuerza.

Ese 8 de marzo reapareció en casa de sus padres sosteniendo que quería entregarse. Llevaba un rifle y un revólver viejo. La policía acudió al mediodía a la casa de la familia. Omar Bustos es albañil, su señora Marta es ama de casa, y juntos han tenido diez hijos. “La policía rodeó la casa y yo salí a explicarles que mi hijo se iba a entregar apenas llegara el abogado Eduardo Marsal, por seguridad” explicó en su momento Omar a lavaca en la casa donde se desencadenó esta parte de la tragedia.

Pero la policía siguió presionando, acercándose a las ventanas, Cristian Bustos se asustó, lloraba y gritaba “me quieren matar” y finalmente, mientras su padre hablaba con la policía, se produjo la siguiente escena. Cristian, rodeado por sus hermanos Wilson (19 años), Daniel (22) y Marcos (16) salió de la casa. Marcos llevaba el revólver. Cristian el rifle. Los otros mostraban cuchillos. “Salieron gritando que no dispararan” relata Marta, la madre de todos ellos. El grupo así apiñado cruzó el patio de entrada, salió a la calle, la policía expectante, los jóvenes se fueron acercando a una de las esquinas, y salieron corriendo. La policía se lanzó a perseguirlos. Empezaron a escucharse balazos. Los testimonios mencionados por el doctor Omar López a lavaca indican que disparó primero la policía.

En un lapso de poco más de medio minuto el escenario fue el siguiente: el policía Leandro Roberts muerto y otro policía herido.

Wilson Bustos muerto de un balazo en el cuello.

Daniel Bustos se entregó pero mientras estaba arrodillado con las manos en alto le dispararon a una de sus piernas.

Marcos Bustos recibió un balazo en el tórax, alcanzó a correr poco más y cayó. Herido y ensangrentado, lo subieron a una camioneta y le patearon la espalda y la cabeza. “Me dijo que en ese momento dejó de sentir las piernas” revela Marta, su madre. Quedó parapléjico. Nunca volverá a caminar.

Y Cristian, el prófugo, logró escapar de un modo inconcebible, siendo que no tenía donde esconderse y que la policía tenía autos, camionetas y vehículos. Continúa “prófugo” desde aquel día. La Fiscalía acusó por la muerte del policía a Daniel Bustos, también albañil, que no llevaba armas de fuego, y por el que hubo que solicitar un hábeas corpus tras el armado policial en Esquel de un “intento de fuga” por el que casi lo fusilan, y del que se salvó porque desde la calle se escucharon sus gritos.

Llega el GEOP

Ese mismo 8 de marzo el Grupo Especial de Operaciones Policiales (GEOP) apareció en Corcovado e inició un raid de allanamientos que tuvieron estas características:

  • En el 90 por ciento de los casos no presentaban orden de allanamiento.
  • Rompían a patadas y culatazos las puertas de las casas.
  • Una vez adentro amenazaban a los vecinos con armas largas, enfocando sobre sus cuerpos el punto rojo del rayo láser de las miras de sus armas.
  • En otros casos directamente empujaban y golpeaban a los moradores. A una señora de casi 75 años, la agarraron del cuello y la tiraron contra la pared. A dos adolescentes que estaban tocando la guitarra les pegaron culatazos, se pararon sobre sus cuerpos para pisarlos y les pisotearon la guitarra eléctrica.
  • En una de las casas redujeron a la familia y a los niños, y también golpearon al gasista que estaba haciendo un arreglo. Le secuestraron el celular. A todos los maniataban a la espalda con precintos plásticos, como si fuesen valijas o paquetes.
  • Dispusieron, como reconoce la Fiscalía, un estado de sitio virtual donde no se podía andar después de las 9 de la noche sin documentación, y donde además cada noche se escuchaban ráfagas de balazos disparados por el GEOP como forma de amedrentamiento.
  • La violencia incluyó la situación de una señora pateada en el piso, con el fusil apuntándole a la cabeza, mientras los encapuchados se metían en el cuarto de su hija de 8 años. La mujer gritaba que se la trajeran. Tardaron un tiempo que ella no puede calcular. “Se la acercaron casi desnuda, apenas con una bombacha” reveló el defensor Omar López a lavaca, “lo cual en sí mismo constituye una terrible vejación para una niña”. Se está esperando la realización de una Cámara Gesell, que acaso permita que la chiquita cuente lo ocurrido en ese lapso, cosa que hasta ahora no ha podido hacer.
  • Coparon las calles, siempre encapuchados y exhibiendo armas, hicieron evacuarl el colegio, sembraron miedo a cada paso.
  • El defensor López agregó a lavaca: “Los testimonios relatan además que era gente en estado de gran excitación, euforia, con los ojos inyectados, que transmitía un enorme descontrol”. A estas cosas se les llama “grupos de élite”.
  • En todos los casos rompieron puertas, muebles, equipos de música, vidrios de automóviles, heladeras, tiraban la comida de los habitanes de las casas (tal vez buscaban rifles en los paquetes de yerba y/o polenta).
  • Toda esa desesperación se esfumó de un día para el otro. El 26 de marzo, tras 15 días de terror en el pueblo, y pese a que nunca encontraron a Bustos, los integrantes del GEOP dejaron de merodear por Corcovado.

Un desaparecido y la jefatura de Gabinete

Poco antes, el 12 de marzo, se habían producido muy cerca, en Cerro Centinela, dos detenciones, la de Luciano González y otro vecino de apellido Jaramillo. Este último denunció que ambos fueron tremendamente golpeados por la policía. Estaban desobedeciendo el “estado de sitio” del GEOP y tomaban cerveza de noche. Jaramillo fue llevado a Trevelin donde lo soltaron. De Luciano González nunca se supo más. Desde marzo es otro de los desaparecidos argentinos.

En términos generales el caso fue ignorado por la prensa, los políticos, por la llamada “agenda” de actualidad, y de esa omisión puede inferirse lo que lavaca pudo comprobar que en la propia Esquel (a 100 kilómetros de Corcovado) donde más de uno supone que “no fue para tanto”.

En sentido contrario funcionaron la persistencia del defensor oficial Omar López, las denuncias de páginas de Internet como Puerta E, trabajos de divulgación como los realizados por el abogado Gustavo Macayo, y las denuncias realizadas por la mapuche Moira Millán, que se encadenó en mayo al ministerio de Justicia, entonces encabezado por Aníbal Fernández, que la recibió, recibió a la familia Bustos y prometió investigar.

En efecto, el ministerio envió una comisión del Programa Antiimpunidad a Corcovado, encabezada por Leandro Jarsún, que habló con los pobladores y realizó un informe protocolizado ahora por el ministerio, que quizás haya ayudado a que la propia justicia empezase a mencionar las cosas por su nombre. En aquel momento los Bustos pudieron conocer y recibir el apoyo de Nora Cortiñas, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, pero desde mayo todo parecía en el ostracismo.

El doctor López además tuvo que aclarar en las audiencias por todo este caso, que la idea del GEOP de que debía solucionar una situación de supuesto peligro (por la fuga de Bustos) tuvo el efecto absolutamente inverso: “El miedo, el terror, el peligro, fue el propio GEOP, que repitió todo lo que creíamos superado durante el proceso militar, y violó sistemáticamente la ley”.

La semana pasada Marta Pinchulef, la madre de los Bustos, dijo a lavaca: “Acá hubo terrorismo de Estado”. Esta mujer sencilla entendió lo que se le escapó a tantos.

El lunes se conocerá la opinión de un juzgado. También se sabrá si en este caso, será justicia.



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