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Las Nuevas Fronteras
Una entrevista con el Subcomandante Marcos
Por el Colectivo El Kilombo
El cuenco de las ciudades mestizas
Del colectivo cultural El Culebrón Timbal
Territorios en resistencia
Cartografía política de las periferias urbanas latinoamericanas
Apertura
Ronda de Presentación
anticopyrightEnero Autónomo ya empezó y que en estos tiempos críticos acerca de las representaciones, el inicio sea una ronda de presentación no parece mala idea. De hecho, los que aquí se han reunido comparten, entre otros criterios, la desconfianza hacia las organizaciones representativas, piramidales, demasiado organizadas. Entonces, que los eneroautonomistas elijan presentarse no es sólo un modo de decir.

Por fin se abre este enero que busca ser autónomo y que acarrea hasta aquí muchas tareas realizadas, mucho esfuerzo, mucha difícil coordinación, largas jornadas de pensamiento y toda la carga de esperanzas que, quien más quien menos, todos hemos puesto en esta actividad.



Que, en estos tiempos críticos acerca de las representaciones, el inicio sea una ronda de presentación no parece mala idea. De hecho, los que aquí se han reunido comparten, entre otros criterios, la desconfianza hacia las organizaciones representativas, piramidales, demasiado organizadas. Entonces, que los eneroautonomistas elijan presentarse no es sólo un modo de decir.



Ha transcurrido un largo día de ajustes a un sinfín de detalles, de conocernos, de compartir charlas, comida comunitaria, decisiones. Los que fuimos llegando fuimos haciéndonos el lugarcito desde el que sentirnos parte de todo lo que estaba ocurriendo. Hubo, como era de esperar, mil detalles a último momento, algunas cuestiones que no fueron resueltas a tiempo y quedaron sin resolver, intercambio constante de pareceres, establecimiento de criterios y luego modificación de los mismos ante otra propuesta mejor. Se escuchaba, como en una extraña Babel del sur del conurbano, hablar en inglés, italiano, portugués y hasta sueco, y todas las dificultades se iban resolviendo con una rara mezcla de buena onda y ganas de hacer algo colectivamente. Para lo cual, está claro, no servía ninguna receta individual.



Roca Negra era un hervidero de gente que colocaba, en esa aridez de antiguo establecimiento fabril abandonado, gruesas pinceladas de colores. Los jóvenes, los miembros de los movimientos de trabajadores desocupados, los participantes extranjeros, los artistas. Unos cocinando, otros montando una posta sanitaria, otros haciendo carteles indicadores o tirando cables eléctricos y otros, en fin, charlando y sacándole el jugo a esa experiencia inusual.



Hasta que a las cinco y media de la tarde rompió la percusión de la murga y todo tomó un tono subido de celebración popular. A pleno sol, con el sonido de redoblantes, bombos y platillos, un grupo de jóvenes y chicos bailaba los aires murgueros y planteaba un desafío: a ver si somos capaces de descontraernos, de saltar, de sacudirnos y arrancar así a juntarnos en el enero autonómo. Y luego, como un flautista consumado en el atraer gente y llevarla tras de sí, el grupo murguero fue avanzando hacia el enorme galpón preparado para realizar las actividades mientras todos los demás, aceptando el convite, formamos un cortejo que, a su modo, también bailaba y se contorsionaba al ritmo de los bombos.



Fue un comienzo a toda murga. Y luego se escuchó Radio La Voz Rebelde, una experiencia de radio abierta que saludó a los participantes. Después, apenas unas palabras de bienvenida resaltando los trabajos realizados y los sueños enmarcados en lo que sea posible en estos días. Y las presentaciones. Cada una con el sello del colectivo que la realizó.



Los MTD de Allen, Cipolleti, Solano, Guernica y La Matanza desplegaron una cruda coreografía en dos cuadros: el primero de seres desencontrados, indiferentes unos a otros, aislados; el segundo de un lento encuentro hacia un núcleo común, en el que se hicieron posibles los cantos, las consignas, las voces de lucha.



Sin tiempo para incorporar todo ese mensaje, los sones de un ronco instrumento en contrapunto con voces en canto, fue transmitiendo en lenguas originarias el saludo del Pueblo Nación Mapuche, con el grupo Raíces, el conjunto aymara Waynamarka y la presencia constante de la injusticia centenaria transformada en obstinada defensa de una cultura.



Después las asambleas barriales que se pelean, se trenzan en luchas por los votos y finalmente son capaces de unirse al grito de “¡Qué se vayan todos!”



Y hubo más, un colectivo italiano, una veintena de jóvenes estadounidenses en un baile contra el “monstruo”, los uruguayos con sus “decidoras” feministas, el colectivo de contrainformación integrado por lavaca, el consorcio Software Libre, el Centro Cultural y Social Flores Sud. Hasta un grupito de jóvenes venidos de Suecia y Dinamarca, haciendo eco con “La Comuna” de Mendoza, el Foro Social de Acá (acá es Uruguay) y el colectivo de Educación Popular integrado por miembros del MTD Solano y un equipo de Madres de Plaza de Mayo.



No alcanzó para reflejar la diversidad y el entusiasmo presente en esa apertura. Sí sirvió para dar una medida del desafío asumido: ser capaces de enhebrar creativamente tanta diferencia, sin ahogar ninguna iniciativa, ningún matiz cultural o social, dejando el más amplio espacio para la creación, el encuentro y el enriquecimiento colectivo.


publicada 08/01/2004
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