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Prácticas autónomas
 A juzgar por la convocatoria de participantes, el taller de Prácticas Autónomas de los MTD y otros Movimientos de América latina fue uno de los más esperados en la tarde del sábado. Cerca de 300 personas resistieron el frío, debajo de uno de los galpones a medio techar de Roca Negra, para intentar descubrir cómo se construye políticamente a partir del consenso, la horizontalidad y la autonomía.
A juzgar por la convocatoria de participantes, el taller de Prácticas Autónomas de los MTD y otros Movimientos de América latina fue uno de los más esperados en la tarde del sábado. Cerca de 300 personas resistieron el frío, debajo de uno de los galpones a medio techar de Roca Negra, para intentar descubrir cómo se construye políticamente a partir del consenso, la horizontalidad y la autonomía.
El primero en hablar fue el Vasco, del MTD de Allen. “Nuestro movimiento brota por la fuerte subjetividad existente”, aseguró y se explayó: “Brota contra el fuerte control social que existe en la provincia, contra la acción represiva, contra los partidos de izquierda que querían conducirnos”. En ese espíritu combativo, dijo, emergió el fuerte rechazo al Estado opresor que proviene de la tradición mapuche y también la experiencia de la juventud, acostumbrada a enfrentarse a diario con la policía. “No hay acción del movimiento donde la lucha no esté presente”, sentenció.
Después enfatizó lo que consideró una práctica perseverante, la formación. Una vez por semana, el movimiento se encuentra a construir conocimiento, a reflexionar sobre la actividad que lleva adelante. “A partir del análisis de los problemas del movimiento se desarrolla un espacio de conocimiento”, reveló. Por último, el hombre de la gorra eterna, habló de las asambleas, como espacio soberano para dirimir el rumbo. “A veces nos chicanean y nos dicen que usamos la asamblea para legitimar lo que algunos queremos hacer. Y la verdad es que hay veces que la asamblea ni siquiera nos deja discutir lo que nosotros consideramos importante. Para nosotros lo que vale es resolver por consenso. No nos sirve resolver ahora, ya, urgente. A veces tenemos que hacer dos o tres asambleas para llegar al consenso. Es más complicado, pero también más seguro”
Antes de terminar puntualizó cuál es la lucha más importante para su movimiento. Para sorpresas de muchos, no mencionó el tema de la desocupación ni el de la desnutrición. Ni siquiera volvió a la educación o los microemprendimientos. “La lucha más difícil no es contra el capitalismo ni contra el estado –aseveró-. Es contra nosotros mismos. Los valores que nos inculcaron, el egoísmo que nos machacaron ahora nos genera dificultades para avanzar. Estamos aprendiendo a ser solidarios. La lucha contra el estado es clara, el tema somos nosotros”.
Un aplauso cerrado marcó el final de la intervención del Vasco. En un viaje imaginario, el micrófono recorrió medio país y llegó a las manos de Héctor Toty Flores, del MTD de La Matanza. Sin muchos preámbulos aseguró: “Nuestro movimiento tiene una fuerte reivindicación de clase. Venimos a conseguir trabajo y comida. Esta particularidad es importante porque garantiza la permanencia en el tiempo. Sólo desaparece con su exterminio o consiguiendo los objetivos. Es una organización que puja por lo nuevo y por deshacerse de lo viejo. No quiere verticalismo, porque las organizaciones existentes los ignoraron. Tuvieron que luchar contra los sindicatos y los partidos que no nos incluyeron.”
El segundo tema que abordó el hombre de La Matanza fue la horizontalidad. Señaló que en su movimiento está dada principalmente por el uso de la palabra. “Circula entre el compañero más viejo y otro que ni siquiera habla bien. No tenemos palabra oficial ni voceros. Cualquier historia es parte del movimiento. Nosotros somos de discutir mucho, porque sabemos la importancia que tiene la opinión. Al revés de las viejas organizaciones verticalistas, que tenía un comité que pensaba y el resto acataba”, señaló. Y enseguida reconoció: “No es fácil el cambio, es un pasaje traumático. Hay que ser paciente y tolerante”.
Para cerrar su exposición, Toty se refirió al consenso. Recordó que el neoliberalismo se centra en la fragmentación social. “Tiene una metodología que parece democrática pero no lo es. El centralismo democrático logró revoluciones importantes, pero en esta etapa no sirve porque el poder ya descubrió su juego. Nosotros no votamos, porque no queremos dividirnos en mayorías y minorías. El consenso no es para nosotros un concepto sino una práctica. Pero no siempre funciona. A veces es sólo una práctica formal. Por ejemplo, acordamos ir a una marcha y resulta que después los compañeros no van. ¿Qué hacemos nosotros? No discutimos moralmente por qué el compañero rompió una decisión, rediscutimos el tema porque creemos que no estuvo bien trabajado el consenso”. Antes de terminar hizo un llamamiento a buscar una política ofensiva de consensos entre las organizaciones para que dote a los movimientos de vitalidad y potencia.
Llegó el turno de las mujeres. La primera fue Viky, del MTD de Guernica. “Nacimos de la necesidad, necesitábamos planes”, reconoció. Después describió con total sinceridad y desparpajo las asambleas que norman el funcionamiento del movimiento. “A veces son un despelote –dijo- Se plantean temas importantes y se terminan discutiendo boludeces. Nos salimos del temario y nos olvidamos de lo que teníamos que tratar. Nos es fácil, nos cuesta sacarnos los vicios que el capitalismo nos inculcó.”
Viky, parece, estaba menos enamorada del micrófono que sus antecesores. Rápidamente se lo cedió a Estela, del MTD de Solano, que se acercó con su beba a cuestas. Y todavía fue mucho más breve que su predecesora. “Nosotros no leemos sobre autonomía –advirtió-. No venimos al MTD para practicarla, la vamos haciendo día a día. Tenemos compañeros que se acercan por la comida y la van descubriendo cada día. Para nosotros los planes son un instrumento, no los queremos. Sí queremos un trabajo genuino y que sea nuestro, por eso empezamos con los talleres productivos, los comedores, las huertas. Pero no todo es color de rosa. Hay compañeros que entran por el plan y después se hacen los piolas: no trabajan, no van a talleres de educación popular. Los esperamos un, dos, tres meses. Después le decimos: ´Se te acabaron las vacaciones´”.
El próximo cambio de orador implicó un cambio de experiencia. Martín K. habló de su pasado asambleario de clase media. “Participamos de una búsqueda porque se acabaron las certezas y las garantías que estaban en manos de nuestros jefes, los iluminados, los intelectuales. Nos animamos a soñar y a buscar nuevos valores. No creamos un partido, no tomamos el poder, pero creamos una memoria colectiva que no se va a perder. Estamos creando una red de afectos y relaciones que puede cambiar el mundo, aunque la política tradicional no nos entienda porque no disputamos el poder”.
Luis Mattini no se presentó como integrante de ningún movimiento. Pero se ufanó de ser un privilegiado por vivir la ruptura entre dos momentos históricos. “Vengo de un a época donde se consideraba liberar a la sociedad con los mismos elementos que se cuestionaba. La ruptura que se da ahora es algo nuevo. ¿Ahora preguntan qué quedo del 19 y el 20? Que la lucha es importante, pero más importante es cómo se produce el cambio día a día. El desafío es crear una sociedad donde el rasgo distintivo no es la igualdad, porque los seres humanos somos todos diversos”.
Sin solución de continuidad, el taller se fue transformando casi sin querer en la Ronda de Pensamiento Autómono del Sábado. Pero esa era otra discusión: cómo superar los obstáculos del mercado, el estado y la represión. Otra música que merece otra crónica.
publicada 10/01/2004
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