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sensaciones
La ronda de los corazones solidarios
 Una impuntualidad que ocurre por compartir un almuerzo o una sonrisa no debería ser catalogada como impuntualidad. Un tiempo después de lo pautado, pero puntualmente entonces, comenzó el taller de pensamiento político coordinado por el MTD de La Matanza. La ronda, especie de conclusión de una similar que se dio el jueves, derivó casi en una asamblea para evaluar las sensaciones del Enero Autónomo.
Una impuntualidad que ocurre por compartir un almuerzo o una sonrisa no debería ser catalogada como impuntualidad. Un tiempo después de lo pautado, pero puntualmente entonces, comenzó el taller de pensamiento político coordinado por el MTD de La Matanza. La ronda, especie de conclusión de una similar que se dio el jueves, derivó casi en una asamblea para evaluar las sensaciones del Enero Autónomo.
Tras unas intervenciones que sirvieron para desinhibir al resto, apareció Toty Flores –referencia inevitable del MTD matancero- para contar sus sensaciones basadas en las expectativas previas: “antes de venir aquí me surgieron algunas dudas y miedos. Fue una decisión muy importante decidir transitarlos. Una de las dudas era sí íbamos a discutir política. Hoy pienso que se concretó una política diferente, expresada en las diferentes autonomías”.
Mientras una niña con ganas de empezar a caminar regalaba sonrisas y abrazos a quien se los reclamara, Martín K, uno de los compañeros que se encargaron de la organización del encuentro, aclaró que no podría ser imparcial con su mirada, pero rescató “la construcción de una afectividad que me emociona y muestra una relación entre las personas que la política tradicional no refleja”.
En la ronda se abrieron algunas discusiones que empiezan a generarse en los espacios autónomos. Discusiones sin cierre que disparan a pensar para regresar, quizás, con alguna respuesta en la próxima ocasión. Fue el caso de una compañera que insistió en poner esperanzas en la política partidaria: “yo creo en la política desde un partido. No creo en estos partidos de izquierda y por eso no estoy en ninguno de ellos, pero militar en un partido no es malo. Me preocupa ver cierta fobia hacia la política partidaria”. A esa altura, la nena dormía una siesta bajo la sombra de los pinos, pero en el centro de la ronda.
Buena parte de las palabras posteriores estuvieron ligadas a los sentimientos. Casi nadie dejó de hablar de amor, afecto y demás sensaciones ligadas a este grupo de corazones razonables, que intentan pensar la política desde cada latido cruzado por la esperanza de un mundo mejor.
Un asambleísta de Floresta anduvo por esos rincones: “el afecto y el amor nos atraviesan. Eso nos hace horizontales, más allá de las diferencias”, y lanzó una pregunta que puede llevar años responder: ¿cómo sería el país funcionando desde la horizontalidad? Ana María tomó la posta y pensó en voz alta “en los anarquistas. Ellos nos remiten a la horizontalidad”.
Hubo espacio, además, para las miradas críticas. Nelson comenzó con una aclaración innecesaria: desde su castellano tajeado por el acento portugués, aclaró que era brasileño. A pesar de este inicio obvio, utilizó su tiempo para marcar algunas cuestiones críticas con el Enero Autónomo. Así, dijo que “la mayoría de los debates estuvieron abordados desde cierta moralidad”. Además, encontró algunos ejemplos de “discusiones planteadas sobre la base de dicotomías: trabajo digno versus trabajo indigno, autonomía contra otras formas. Nos ubicamos como si fuésemos únicos ¿Qué es autonomía? –se preguntó-, si salimos a la calle nos vamos a dar cuenta de que la autonomía es demasiado pequeña”. De todas maneras, rescató la oportunidad para conocer nuestras experiencias en un ámbito de calidez. La misma calidez, quizá, que despertó a la niña que nunca dejó de sonreír y buscar brazos que la levantaran.
Los compañeros de La Matanza aprovecharon para anunciar que vienen trabajando en un proyecto de educación propio. Igualmente supieron demostrar que no quieren vivir en un barrio cerrado para pobres: “estamos haciendo todos los trámites legales para que nuestros chicos puedan ir a nuestra escuela y después seguir estudiando sin problemas. Además, creemos que vamos a aprender de ellos tanto como les podremos enseñar”. Allí volvió Toty, un morocho retacón que sabe generar ganas de escucharlo: “yo creo que ganamos cuatro días aquí. Pudimos compartir en un ámbito de amorosidad –dijo, inventando un término que sólo puede encontrarse en el diccionario del corazón-. Nosotros estamos en Laferrere, ¿ustedes saben lo que significa que un hombre salga al barrio hablando de amorosidad?” concluyó, despertando sonrisas alegres y contagiosas.
A todo esto, un muchacho pidió la palabra mientras repartía mate a quien lo deseara, y fue bien sintético: “para mí el hecho más político de Enero Autónomo fue ver a mi hija durmiendo en brazos de una compañera que conocimos hace dos días” y la nena le sonrió, como sabiendo que hablaban de ella.
publicada 11/01/2004
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