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La locura autonomista
anticopyrightEn Enero Autónomo no faltaron ideas, experiencias, intercambios. No faltó tampoco una especie modesta grandeza para contar y para escuchar. Y no faltaron personajes, como Alessandro Campos que es brasileño, tiene 27 años, cabeza rapada, barba de maestro chino, ojos llenos de asombro y vitalidad bajo sus lentes redondos, vive en San Pablo, es psicólogo, está contra el encierro en los manicomios de los enfermos mentales, y participa en una experiencia de salud en un barrio paulista.

En Enero Autónomo no faltaron ideas, experiencias, intercambios. No faltó tampoco una especie modesta grandeza para contar y para escuchar. Y no faltaron personajes.
Alessandro Campos es brasileño, tiene 27 años, cabeza rapada, barba de maestro chino, ojos llenos de asombro y vitalidad bajo sus lentes redondos, vive en San Pablo, es psicólogo, está contra el encierro en los manicomios de los enfermos mentales, y participa en una experiencia de salud en un barrio paulista (donde atienden a 800 personas) que Enrique Pichon Riviere o Michel Foucault seguramente saludarían.
Y reconoce que el mundo está considerablemente loco (aunque sobre la palabra locura realiza algunas precisiones cruciales).
Alessandro llegó a Enero Autónomo, participó en todas las rondas y talleres que pudo. Con ritmo de la murga Los Guardianes de Mujica como fondo musical “para que las palabras sean rítmicas” Alessandro narra en un castellano lleno de samba, su experiencia en Brasil y su paso por Roca Negra.

-Actúo en dos grupos. Uno es Acción local por justicia global, que trabaja en los últimos años en una campaña contra el Alca. La campaña es de educación popular para que la gente sepa cómo le va a cambiar la vida el Alca. Lo hacemos en solidaridad con otros movimientos que tienen los mismos principios. Nuestros principios son: horizontalidad, democracia directa, y muy importante para nosotros, la acción directa. Es muy importante para nosotros tomar la calle, el espacio público y los espacios físicos concretos, para estar en contacto directamente con la población, y presionar a los enemigos, el sistema, el capitalismo, las multinacionales, los gobiernos.
Y también participo en el Grupo de Lucha Antimanicomial.

-¿Cuál es el objetivo?
-Cerrar las instituciones psiquiátricas, los manicomios. No queremos cambiar solamente los edificios, sino también la mentalidad, los pensamientos de exclusión, de prisión, individualistas y cartesianos que segregan a las personas diferentes, y no permiten la diversidad ni los comportamientos que no sean según el molde capitalista.

-¿Cuál es tu especialidad?
-Soy psicólogo, y también activista. Para mí las dos cosas son lo mismo. Como psicólogo puedo tener una práctica de psicoterapia, una técnica para colaborar con las personas que necesitan ese tipo de servicio. Pero no me limito a eso porque yo soy también un individuo, una persona que conversa con otros, que tiene una charla colectiva sobre el contexto de nuestra vida. Ahí soy un activista.

-Te escucho y evoco a Pichon Riviere, Foucault ¿Qué hacen ustedes en la práctica?
-Estamos luchando por cerrar los manicomios por críticas en las cuales tenemos mucha inspiración de Pichon, Foucault, Deleuze, Guattari. Pero no basta. Tenés que tener una cosa concreta, no sólo decir “esto no sirve, es malo”.

-Además de los cuestionamientos, la vida continúa y hay que hacer algo.
-Entonces aparece una propuesta que hago de hacer un centro de salud mental dentro de la comunidad. Tenemos una casa en un barrio común. Y ahí trabajan personas con distintas formaciones. Hay psicólogos, terapueuta ocupacional, psiquiatra, enfermeros, profesionales del área de salud.

-¿Es un barrio pobre o rico?
-Está entre un barrio pobre, y una clase media baja. Está en el gran San Pablo, llamada Diadema. Hay también muchos profesionales de arte, y podemos hacer talleres de arte, pintura, baile, artesanías, música, para que funcione como una psicoterapia y como una inserción, como una posibilidad de autosustentabilidad. Es muy rico el taller de artesanía y el de pintura, porque existen artistas que tienen una relación poco profesional con su trabajo y ahora están comercializando sus obras. A veces hacemos exposiciones. La gente a pero diciendo “son las pinturas de los loquitos” hay una compasión. Pero estamos cambiando eso. Mezclamos con otros artistas que ahora están trabajando en conjunto.

-¿Y cuál es el resultado?
-El principal es que la persona empieza a cambiar la percepción sobre sí mismo. “Yo tengo un problema, sí, pero también puedo ser un artesano, un pintor”. Vienen de muchos años con enfermedad, tienen el estigma de la enfermedad, y no quieren hacer nada, pierden el trabajo, las posibilidades. Eso hay que cambiarlo. Nuestra propuesta es que vea que es un individuo participativo en un contexto social. Puede cumplir un papel. Tiene un rol en la comunidad. Y queremos que sea un papel activo, creativo, que le permita hacer autonomía, que es hacer las cosas que le gustan. Y no sólo los que los otros le mandan hacer. Queremos uqe la autonomía sea individual, en el sentido de poder las cosas y no depender tanto de la comunidad, de los otros.
Hay una gran discusión sobre qué papel tiene el individuo o el colectivo, quien influencia al otro.

-Para llegar al colectivo, tenemos que partir de individuos.
-Individuos que construyen con otros. Son las dos cosas simultáneamente. El concepto de enfermedad o locura es un concepto de dependencia muy grande. Nunca podrás hacer las cosas, le dicen a la persona. Y la persona entra en esa negociación. “Ah, yo soy el loco, tú eres el que cuida de los locos”. O sea: lo bueno. Se ve en las familias. Los otros dicen “yo no tengo el problema, el problema es él que está loco”. Se termina convirtiendo en una relación de poder.

-Una pregunta crucial. ¿El mundo está muy loco?
-(Se ríe). Sí. Está muy loco. Siempre fue muy loco. Pero tenemos una locura en este momento que es incoherente, intolerante, incapaz de aceptar la diversidad y la variedad del comportamiento de las personas y las organizaciones.
También hay otra locura. Le dicen a la gente que no haga cosas, pero la gente las hace. En siglos anteriores había un tipo de locura muy buena. Los bufones, los payasos, los teatros que siempre trabajaron con la locura. Son los locos permitidos que permiten la vida, la imprevisibilidad de la vida. La incertidumbre. Pero tenemos locos que hacen un mundo loco y piensan que no son locos. Que lo que tienen que hacer, como son buenos y sanos, es controlar y manipular a los otros.
Así tenemos un sistema capitalista y muchísimos individuos que reproducen el capitalismo. Alguien tiene un hijo, una hija, y dice “es mío y voy a hacer lo que quiero con él”, y le da una educación autoritaria, perversa, manipuladora. Tengo la propiedad de la otra persona. Y hasta de sus pensamientos. Esto se da también en los acuerdos económicos internacionales. La manipulación de los otros.

-¿Cuál es tu experiencia en Roca Negra?
-Me pareció, me sigue pareciendo, y cuando termine me va a parecer más todavía, que es un espacio muy fuerte de intercambio y sobre todo de comunicación. No solo de comunicación de palabras y de ideas, de percepción de la vida. De otra condición de estar en el mundo. Enero Autónomo muestra que la diferencia es también la semejanza.
Yo no hablo castellano muy bien, pero me siento totalmente comprendido cuando estoy hablando. Y me pasa lo mismo cuando no entiendo alguna palabra, pero entiendo el concepto, el sentimiento, la sensación. Fue buenísima la participación. No hay monopolio de la palabra. Todos hablan tranquilamente, unos inciden en los otros. Se están juntando.
Hice un taller y fue muy curioso. En el mismo espacio había un taller de salud y experiencias. Y yo iba a hacer mi taller “Locos y autónomos”. Todo se había atrasado, y nos reunimos. Una cosa se complementó con la otra, las dos experiencias. Fue buenísimo. Yo estaba preocupado con los tiempos, los horarios, la confusión, la gente, y todo fue excelente.

-Los autónomos no son tan locos.
-No. O sí. Como dije ayer en el taller, cuando hablábamos de crear la autonomía decíamos: crear creando. Estamos expandiendo también la autonomía. Y muchas personas dicen “ustedes están un poco locos, eso no es posible, no sirve”. Y yo digo: sí somos locos. Pero somos locos por la vida, somos locos por la libertad, somos locos para estar plenamente abiertos para compartir con los otros, con la vida, la humanidad. Y como somos un poco locos en ese sentido, no vamos a parar.


publicada 12/01/2004
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