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Curso intensivo. Lunes 3, 10, 17 y 24 de noviembre. Profesora: Claudia Acuña.
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Las Nuevas Fronteras
Una entrevista con el Subcomandante Marcos
Por el Colectivo El Kilombo
El cuenco de las ciudades mestizas
Del colectivo cultural El Culebrón Timbal
Territorios en resistencia
Cartografía política de las periferias urbanas latinoamericanas
miradas
Postales autónomas
anticopyrightUn video sobre el zapatismo, varios talleres feministas, una debate sobre educación popular: estas fueron algunas de las postales del sábado que -según dicen aquí y en todas partes- es el día autonomista por excelencia.

El saludo al sol



Sábado al mediodía, un mediodía nuboso y con viento, es claro que ha llovido. Casi no hay carpas en el pasto, el movimiento general es medianamente letárgico pero sostenido. En el espacio El estado de las cosas (entrando, a la derecha), el televisor proyecta un video de las Comunidades Autónomas Zapatistas. “La idea no es cambiar la estrella del momento por el subcomandante Marcos –dice el hombre de pasamontañas y pipa en mano, voz muy calma--. La idea no es reemplazar a Luis Miguel por el subcomandante Marcos”, insiste. Los asistentes se ríen. Son unos treinta, que miran en silencio y toman mate. El rito laico de escuchar a quien no quiere ser meramente escuchado ni reverenciado. El rito laico de la escucha atenta y la exhortación a la acción crítica. “No queremos tomar el poder –explica quien acaso puede que sea Marcos, y se refiere a Marcos en tercera persona--, queremos reconstruir el país, construir otro mundo.”



Aun quienes conocen bien el estilo impecable de los zapatistas deben sorprenderse cada vez que escuchan palabras como éstas, dichas con una pasión furiosa y serena a la vez que ya parece provenir de ese otro mundo. “Estamos por encima de los partidos políticos, porque vemos más lejos”, dice, “coincidimos más con la sociedad civil, que no es los proletarios, ni los campesinos, ni las clases medias, ni las burguesías urbanas... porque es todos y cada uno de ellos”. Y dice también: “una organización, un pueblo, un individuo que olvida su historia está acabado”. Y más adelante: “El proceso de ser mejores no tiene una meta (...) La gente de izquierda, que son los más humanos de los seres humanos, debe seguir luchando por mejorar. La crítica de izquierda no acaba nunca; es un trabajo de recomenzar y recomenzar. (...) El pensamiento de izquierda ha sido el más rico fuera del poder y uno de los más pobres cuando estuvo en el poder. Pocos son tan cerrados, tan dogmáticos, tan castrantes”.



Comienza a entrar gente al predio de Roca Negra, cada vez más y más gente. En la pantalla del televisor, como un mantra emancipatorio, se lee: “Todas las revoluciones eran utópicas en la víspera”.





La ronda





Quizá sea cábala, quizá sea tradición, pero es aquí (y en casi todas partes) el sábado el día autonomista por excelencia. En el galpón donde los primeros sábados de cada mes ha venido funcionando la Ronda de Pensamiento Autónomo (entrando a la izquierda), en el espacio bautizado Las Conejeras, se han reunido por segundo día consecutivo integrantes de colectivos diversos para seguir intercambiando ideas y experiencias sobre educación popular. Está hablando “el Vasco” René Irurzun (del MTD Allen, de Río Negro). Habla convincente, su entusiasmo es hipnótico, se refiere a la experiencia del movimiento en educación. “Desechamos después de muchas discusiones la idea de formación –dice, cuidando cada una de las palabras como si fuesen agua; ya saben todos cuánto se ha cuidado el agua en este encuentro--. Finalmente, concebimos nuestro proyecto como un proyecto de constitución de espacios de educación. Espacios móviles, intercambiables, sin pupitres que miren al frente, con pizarrones ubicados en la periferia, todos en torno al círculo central”. El Vasco se esfuerza por explicar al detalle cómo el grupo ha ido construyendo una concepción y una práctica colectiva de la educación desde la perspectiva de la autonomía. “Se dice muchas veces que el poder se ha apropiado del conocimiento, y que por ende nosotros debemos reapropiarnos de ese poder para recuperar el conocimiento perdido. Nosotros no creemos eso: No queremos reconstituir el poder. No queremos repetir lo mismo que ha hecho ya el poder, desde las prácticas del poder”.



Su propuesta es global y abarca problemas muchas veces soslayados por la urgencia. “Dejar de lado los saberes generados desde la lógica del poder”, es su lema. Y se refiere, por ejemplo, a la ciencia y la técnica de punta, la más avanzada: “Ya sabemos hacia dónde se dirigen esos saberes: a generar una raza de superhombres en contra de nuestros hijos, que van a ser los taraditos de la historia. Eso ya está en marcha, y contra eso nos levantamos. Para mantenernos vivos y construir una nueva civilización”.



El Vasco habla de “dejar de lado el Estado”. Inclusive, dice, no reclamar justicia estatal: “el escrache es nuestra forma de justicia popular. No nos importa lo que haga el juez, lo que dictamine. No nos interesa la condena que les dé el Estado: nosotros tenemos nuestra forma de justicia”. Dice también: “No nos interesa el trabajo alienado, explotado, que se apropia de nuestros saberes, nuestra vida, nuestra dignidad. Nos interesa el trabajo autogestivo” (el MTD de Allen trajo a Enero Autónomo una serie de productos propios, como aperitivos, dulces y mermeladas). Y finaliza: “El Estado no quiere nuestra salud. El capitalismo, que produce primero enfermos y luego enfermedades --en este orden--, no puede ser el guardián de nuestra salud”.



Sintetiza, el Vasco Irurzun: “El conocimiento fundamental es la acción, la práctica transformadora. ¿Qué es la acción transformadora? No sabemos. La tenemos que ir descubriendo. No hay ‘educadores’ y ‘educandos’, no hay jerarquías. Hay constitución –ni siquiera construcción, dice—de conocimiento a través de prácticas transformadoras enraizadas en la vida. Allí está el conocimiento sustantivo.”



Hay un silencio respetuoso pero no reverencial. Luego de una breve discusión, y porque se han ido incorporando más y más asistentes (de los MTD Solano, Allen, La Matanza, Guernica; las Decidoras feministas del Uruguay; integrantes del colectivo de contrainformación; gente de Bolivia, Chile, Colombia, Italia, EEUU, Suecia, Dinamarca...) se decide formar pequeños grupos para seguir debatiendo. El espíritu dominante, y que se repite a cada minuto, es “no tenemos plazos, no tenemos metas”. En efecto, lo que importa es compartir experiencias, abrir interrogantes, pensar juntos. Un uso libre, autónomo, del tiempo; un tiempo por fuera de las exigencias totalitarias de la productividad. Las ideas y preguntas que quedan flotando en el aire son, entre otras:

--la importancia de que la educación no esté separada de la vida;

--la necesidad de discutir el concepto mismo de educación, de enseñanza. Alguien habla aquí de “enseñaje”, un proceso donde no se transmite, sino que se entrega un saber y se lo pone a disposición para ser aprehendido pero también criticado. Y en el cual las posiciones de enunciación son siempre móviles, rotativas, flexibles. También se habla de pedagogía crítica, en la cual se evidencien y desnaturalicen los “currículums ocultos” de prácticas y saberes funcionales a o impuestos por la cultura dominante.

--¿es posible y deseable diferenciar “escuela” de “educación”?, se pregunta un participante. El compañero señala el hecho de que, en principio, la existencia de las escuelas implica ya una separación de la instancia “educativa” respecto del “resto de la vida”. Por otro lado, al interior mismo de la escuela, la existencia de “patio” y “aula” escinde y divide: por un lado está el placer, el recreo, el juego y por otro, el deber, el aprendizaje, el conocimiento. Alguien apunta: “Si el capitalismo es una fuerza división de tareas, de separación y alienación, ¿no sería importante reflexionar sobre estos tabiques?”.

--la necesidad de identificar algunos límites (auto)impuestos por los movimientos y, sobre todo, por los colectivos que hacen tareas de educación popular no estatal y no formal. Por ejemplo, ¿hasta qué punto es posible (o imperativo) evitar el trabajo asalariado?



Un integrante del MTD La Matanza, por su parte, relata la experiencia de creación de una escuela. Durante la elaboración del proyecto, se resolvió –entre muchas otras cosas--, que la escuela tuviera una jornada de doble turno en la cual las materias curriculares se dictaran por la tarde. Eso permitía que los chicos recibieran desde el desayuno hasta la merienda, pero hacía que en la mañana hubiera muchas horas disponibles. Se invitó entonces a los padres y familiares de los chicos a dar talleres y cursos extracurriculares, como modo de:

-- integrar a toda la familia en el proceso, hacerlos partícipes de una nueva práctica en las relaciones grupales, sociales, familiares;

--posibilitar que los padres y familiares, muchos desocupados, pudieran pararse frente a sus hijos y mostrarles que tenían un enorme saber para transmitir, aun cuando el sistema los hubiera excluido.



Se habló, entonces de la idea de “comunidades formadas enteramente desde la educación”, donde chicos y adultos, “enseñantes” y “alumnos” fueran en realidad posiciones parciales, móviles, no fijas. Y donde este nuevo modo de vida pudiera llegar también a los hogares, para no provocar una disociación brutal, agresiva, entre la vida en la escuela y la vida en casa.





Muchachas punk





Por la tarde (no hay corte para almorzar, porque todos quieren seguir trabajando y discutiendo hasta el último minuto), después de una ronda por el predio en memoria de Maximiliano Kosteki y de los 30 mil desaparecidos, se habilitan los espacios Dignidad Arriba y Las Conejeras para dos talleres simultáneos sobre género. Uno, titulado “Espacio Encuentro de Mujeres”, está convocado “sólo para mujeres”. El otro, titulado “Antisexismo: Feminismo para Hombres”, no aclara que es excluyente, pero lo es.



Dignidad Arriba se inunda de mujeres. Son más de cincuenta al comenzar y pronto son más de setenta, casi ochenta mujeres de diferentes MTD y asambleas, de los colectivos Mujeres Públicas (Argentina), Mujeres Creando (Bolivia), Decidoras (Uruguay), La Fogata (Argentina), Indymedia, mujeres de Chile, Suecia, Francia, Dinamarca, EEUU, Alemania, Italia.



No bien todas las participantes se presentan (breve, rápido, eficientísimas) en ronda, se produce enseguida el primer debate: por qué estamos separados varones y mujeres. Quién lo decidió. Qué sentido tiene que no haya hombres en este encuentro de mujeres. ¿De qué estarán hablando los muchachos al otro lado, que gritan tanto? ¿Y si después nos reunimos y ponemos en común las conclusiones de cada grupo? ¿No sería mejor, en ese caso, tener un temario en común? La discusión dura mucho y es quizá la primera prueba de que éste es uno de los mejores momentos de Enero Autónomo: muestra que las potencialidades son enormes y las limitaciones, también. La realidad es descarnada. Los movimientos de mujeres son un ejemplo de manual de hasta qué punto somos cada vez más globales y locales al mismo tiempo. Por poner un caso, las suecas, francesas, norteamericanas miran desconcertadas, casi como si estuvieran viendo un strip tease, el larguísimo debate acerca del aborto que inevitablemente se desata (en un país donde algunos jueces siguen prohibiendo abortar a una niña retardada mental que fue violada). Pregunta una: ¿pero aquí el aborto no es legal? En un espacio donde lo que está en discusión es, precisamente, la autonomía de las mujeres, la ilegalidad del aborto aparece como una señal de que aun no existe una conciencia social clara acerca de la necesaria y deseable autonomía de las mujeres para decidir sobre su propio cuerpo. La charla, entonces, se orienta en torno de las diferentes legislaciones nacionales. A los casos como el de Suecia, por ejemplo, donde el aborto es legal, gratuito y accesible para cualquiera. Hay quienes, sin embargo, preferirían pasar a otro tema. Una muchacha norteamericana, por ejemplo, se quejó de la centralidad del tema del aborto “porque las mujeres no somos madres nada más”. Una muchacha argentina, por su parte, dijo, “la idea de autonomía no sólo es la autonomía sobre un hijo no deseado: ¿cuántas trajeron preservativos al encuentro?”. Otra retrucó: “Es una pregunta sexista: ¿y si no tengo ganas de tener sexo con un varón esta tarde, para qué quiero un preservativo?”. Todas se ríen.



Pero antes, bastante antes de esto, el grupo consensúa que:

--no importa qué dicen los varones, ni acerca de qué discuten, ni si después las mujeres vamos a poner nuestras conclusiones en común con las de ellos o no; éste es nuestro espacio, aprovechémoslo.

-- no haremos pequeños grupos, sino que se hará una única ronda (aunque somos muchas y estamos apretadas y nos oímos a los ponchazos).



Un minuto después, se abre la ronda de experiencias. El grupo que expone es Mujeres Públicas. Es un “colectivo mujeril” (así se llaman ellas) de cinco chicas nacido en 2003, en Buenos Aires, y que han hecho algunas acciones de protesta muy interesantes. Por ejemplo, la acción que ellas han bautizado “la Heteronorma”. Se trata de un cuestionario impreso –el logo o título principal reza “Comunidad Heterosexual Argentina”— donde figuran preguntas como las siguientes:

¿Usted está en pareja?

¿Con un hombre o con una mujer?

¿Usted se considera heterosexual?

¿Cómo se dio cuenta?

¿Cuál cree que es la causa de su heterosexualidad?

por elección

por motivos genéticos

por motivos económicos

por motivos religiosos

otros

¿Cree que su heterosexualidad tiene cura?

¿Qué opina de que los heterosexuales adopten?

¿Su familia sabe que usted es heterosexual?



Estas, entre muchas otras preguntas irónicas que obligan al lector y/o interlocutor a desnaturalizar su idea de la heterosexualidad en tanto “norma” o “regla” común o natural. Las integrantes del colectivo comentan también una segunda acción, esta vez callejera y sobre afiches publicitarios. En ocasión de la publicidad de un champú que decía “Sacá la pelirroja que hay en vos”, Mujeres Públicas diseñó pequeños textos en sticker que pegaban al lado de los avisos y que rezaban: “esta belleza subestima”, “esta belleza lastima”, “esta belleza miente”, “esta belleza duele”, “esta belleza esclaviza”, “esta belleza oprime”, “esta belleza coloniza”, “esta belleza reprime”, “esta belleza cosifica”, “esta belleza deforma”, “esta belleza tortura”.



Finalmente, se vuelve a plantear qué significa preguntarse por la autonomía desde una perspectiva femenina. Una de las mayores dificultades del taller- encuentro es que no aparecen claras cuáles son las preguntas que podríamos hacernos las mujeres “en tanto mujeres”. Para algunas, se trata de ver cómo horizontalizar las relaciones entre mujeres y varones dentro de los movimientos sociales. Para otras, de cómo evitar la reproducción en la vida cotidiana del machismo y el patriarcado, “una reproducción de la que se encargan –en muy alto porcentaje- las mujeres”. Cómo salirse de los programas verticalistas, de las tutelas, de los mandatos. Cómo construir nuevas subjetividades, tanto en varones como en mujeres, a partir de ideales y prácticas autónomas.



Una muchacha norteamericana pide la palabra y dice que el feminismo histórico se ha dedicado a intentar establecer la igualdad entre hombres y mujeres. En hacer que las mujeres pudieran votar, vestirse cómodas, trabajar, etcétera. Y afirma que es la hora de que el feminismo luche porque los hombres puedan hacer aquellas cosas que hasta ahora eran patrimonio sólo de las mujeres: como cocinar, cuidar chicos, encargarse del hogar. “A mí me encantan esas actividades –dice, y lo dice sin ironía sino con convicción—y creo que es importante compartirlas.”



Otra muchacha, que se definió como “feminista separatista”, menciona que el separatismo al que ella hace referencia es, precisamente, pensar a las mujeres sin necesidad de referirlas a los varones; es decir, ver cuáles son los temas propios de las mujeres, y poner el acento y la atención allí, sin tener que pensar en qué hacen o dejan de hacer los hombres. Una tercera mujer señala que la autonomía política es una posición en y contra el sistema de opresión; y que el feminismo autonomista que no tiene que ver con una pugna entre hombres y mujeres, sino con una lucha contra el sistema de opresión presente en las organizaciones mixtas –y esto, teniendo en cuenta de que las mujeres están todavía muy subordinadas y/u oprimidas por hombres o inclusive por otras mujeres--.



“La autonomía es un problema moral”, define una de las participantes. Julieta Ojeda, integrante del colectivo Mujeres creando, de Bolivia, agrega: “Es necesario que al interior de las organizaciones se escuche y se abran puertas al reclamo de las mujeres, de las feministas. Es el primer paso para pensar en una autonomía frente a los varones. Las mujeres –afirma—deben tener una voz propia, deben pedir por sus derechos, deben reclamar por sus propios intereses, y no ser siempre portavoz de los temas de los varones”. Dio entonces el ejemplo de Bolivia, donde en los reclamos por la posesión de las tierras el Estado pone esas tierras a nombre de los varones de la casa. Por costumbres ancestrales, en Bolivia los hombres heredan de los hombres y las mujeres, de las mujeres. “Entonces –explica--, reclamamos ahora que un 50 por ciento de las tierras que se están poniendo a nombre de los movimientos y de los varones sean puestas a nombre de mujeres”.


publicada 10/01/2004
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