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Voces
Elsa, Selva y Marcela
 Las mujeres detenidas por pedir trabajo en Caleta Olivia.
“A veces tenemos que decidir si les compramos remedios a nuestros hijos o les damos de comer”
“Hoy hace exactamente tres meses que estamos privadas de nuestra libertad”, dijo Elsa Orosco el viernes 3 de diciembre, antes de iniciar el reportaje, porque con ese dato –sólo aparentemente fáctico- expresaba toda su condición. Con ella estaban Selva Sánchez y Marcela Constancio y las tres aceptaron –sin dudar- perder la única hora diaria que están autorizadas a salir al patio para hacer la entrevista. Los meses pasaron y ellas siguen sin resignarse a ese tiempo sin tiempo que les impone la justicia. El encierro no ha logrado quebrarlas. Las lágrimas de sus ojos no hacen más que confirmar la fortaleza de su convicción. Aseguran que cuando salgan van a volver a luchar porque lo que está en riesgo es todo lo que tienen: el futuro de sus hijos.
¿Por qué salieron a manifestarse? Elsa: Yo soy una de las personas que está detenida por manifestar delante del Municipio; peticionábamos trabajo, una fuente laboral genuina. Estuvimos ocho días frente al Municipio, sin ninguna clase de respuesta ni de parte de la Comuna ni de la Provincia. El mismo intendente nos dijo que la única forma de conseguir trabajo, hoy por hoy, era que lo dieran las empresas, que era a quienes nosotros teníamos que peticionar. Y fue lo que hicimos. Los 250 compañeros que éramos fuimos a Termap y nos instalamos ahí, pacíficamente, porque en ningún momento hubo ninguna clase de violencia, ninguno de nosotros rompió nada ni agredió a nadie. Nosotros no nos levantamos contra la Gendarmería: fuimos acordonados por los gendarmes que impedían pasar alimentos y abrigos. La gente de Seguridad de Termap nos mojaba con las bombas de agua, y los 250 manifestantes quedamos empapados, de los pies a la cabeza. Y estuvimos así hasta el otro día, cuando se les permitió a nuestros familiares y amigos que nos dieran alguna ropa y bolsas de alimentos. Y fueron ellos los que sufrieron la mayor represión de la Gendarmería; no fuimos los 250 manifestantes sino un grupo de personas que se acercó a solidarizarse: las golpearon, las patearon en el piso, les hicieron de todo. De ahí en más la represión fue muchísimo más dura, parecía un batalla campal”. Marcela: Yo recibo planes sociales desde hace siete años y ya no los quiero más: quiero trabajo genuino y que no existan más los planes. Tengo seis hijos. Uno de los nenes tiene nueve años y una discapacidad motriz, haciendo integración en una escuela común hace cuatro años. Todo esto implica unos costos que nosotros no podemos cubrir. Las cosas están cada vez más caras y tuvimos que dejar de hacerle algunos tratamientos, porque –además– vivimos lejos del centro. Todos los tratamientos (fonoaudiología, gimnasia, terapia ocupacional) se los hacíamos en Comodoro Rivadavia porque me ayudaba mi familia, pero después mis hermanos se fueron quedando sin trabajo. Además, claro, ellos lo hacían por el sobrino y está todo bien, pero la verdad es que soy yo la que tengo que poder darle esas cosas al chico. Esto fue lo que me hizo movilizar y el hecho de que con los planes nunca voy a poder tener una jubilación. Selva: Yo salí a protestar por no poder llegar a pagarles los estudios a mis hijos, por no poder anotarlos en un club porque les faltaban las zapatillas o el buzo o la plata para la cuota, por no poder llegar a fin de mes con el pan en la mesa... La mayoría de las veces terminamos dándole una taza de té sin leche por comida. Los chicos míos tienen una enfermedad de la piel y a veces tenemos que decidir si compramos los medicamentos o les damos de comer.
¿Cuándo las detienen? Elsa: A mí me detienen en la calle, el viernes a la noche. Yo andaba con mis compañeras, con Selva. Después de las manifestaciones y la firma del acta de acuerdo, todas nosotras estuvimos una semana libres, lo cual también es llamativo, porque de última si uno comete un delito que es de público conocimiento la detención tendría que hacerse en el momento, en la Municipalidad o en la planta. Pero no. Yo ya había vuelto a mi casa y estaba a la espera del trabajo, porque según la palabra del intendente íbamos a empezar a cobrar desde el 1º de septiembre y se nos iba a insertar en la fuente laboral lo más rápido que se pudiera. Selva: Nos arrestaron en la calle, casi llegando a la comisaría. Nos dijeron que estábamos demoradas pero no nos explicaban nada. Lo único que hacían era gritarnos y decirnos barbaridades. Yo les preguntaba:”¿por qué motivo me venís a decir que tengo que ir a la comisaría?, ¿a dónde decís que estoy demorada?” Pero no sabían explicarme nada. Me respondieron: ‘ bueno, ahora te van a elevar un acta¨, y yo en ese momento pensé que en un rato íbamos a volver a casa. Pero cuando la sacan a Elsa dicen: “no, esta chica va a la cuarta”. Es decir, que nos trasladaban a esta comisaría. Desde el momento en que llegamos acá nos tuvieron horas sin saber por qué motivo estábamos demoradas. Después de tres horas nos dijeron que estábamos detenidas e incomunicadas. Yo exigí un abogado y un llamado telefónico, que no me permitían. Les tuve que decir: ´yo no te hago la ficha si vos no me permitís llamar a mi marido y decirle que estoy detenida, porque a mis hijos ya van ocho horas que no los veo, tengo una beba de un año, y no sé cómo están, ni con quién´. Mi marido se vino a enterar a las diez de la noche que yo estaba detenida. Vino acá con un tío, les dijeron que yo estaba detenida e incomunicada, así que lo único que pudieron hacer fue pasarme una manta para taparme. Y a partir de ahí fue una primera semana horrible, con maltratos, golpes a la puerta, insultos todo el tiempo, carcajadas... Los policías se reían y nos gritaban barbaridades, desde el pasillo”. Marcela: A mí me fueron a buscar a mi casa, donde estaba con los chicos. Llegan, no me muestran ninguna orden de detención, quieren a toda costa que me suba al patrullero. Yo agarré el teléfono y traté de comunicarme con alguien que me dijera qué tenía que hacer. Llegó entonces mi hermano y vinieron también mis vecinos, porque la casa se había llenado de policías. Cuando yo decido venirme a la comisaría, mis vecinos dicen que me van a venir a acompañar. `Vaya con los chicos, señora, allá le dicen lo que tienen que hacer y después se vuelven todos a su casa´. Empezamos entonces a subir a una trafic y ahí se desató el caos: empezaron a pegarle a todo el mundo. Acá en la comisaría recién me notificaron que tenía que quedar detenida.
¿Con quién quedaron a partir de entonces sus hijos? Elsa: Mis dos chicos están con una amiga mía, Laura, que los está cuidando. Toda la vida hemos estado juntos, y esta es la primera vez que nos separamos, así que no es fácil ni para ellos, ni para mí …Pero confío en que todo se termine, pero no sólo por mí, sino por todos los obreros. Hay que ponerle el pecho para que ellos canalicen las cosas lo mejor posible. Siempre pienso cuál era el camino que les quería señalar para que ellos siguieran como personas, y bueno, desde acá se complica un poco pero tampoco es imposible, cuando se ama como yo los amo a ellos, y como ellos me aman es más fácil, hay más comunicación, estamos siempre cerca. Marcela: es una situación tan pero tan violenta, que a nosotras hablar de los chicos nos pone re mal. Es tan violento que vengan acá y te los revisen hasta lo último. Parece que la policía quieren hacerles entender que la madre es tan pero tan delincuente que ellos merecen esos malos tratos. Por más que mi familia me diga lo contrario, yo sé que los chicos no están bien, porque la chiquitita me dice “ahora yo me quedo con vos, de acá no me voy “. Selva: Mis hijos están con el papá y con la abuela. Mi nene no quiere hablar, no tiene ánimos para nada y eso que siempre fue un chico muy alegre, de hablar mucho, y ahora es como si se cerrara totalmente. El otro está tratando día a día de entender, me habla, viene con buen ánimo a verme, ahora este último tiempo ha dejado de llorar porque al principio era todos los días una lágrima. Y la bebé es como si no entendiera nada, viene, me ve, me abraza, se pone contenta, el papá le dice “vamos” y se va. Viene las tres veces por semana, y toma teta, porque no ha dejado de tomar teta, y es lo que día a día me da fuerzas para seguir. Ya hace más o menos un mes que estoy mandándoles cartas y gracias a Dios los siento un poco más cerca, o es mi forma de poder estar un poco más cerca de ellos a través de escribirles, de decirles cosas lindas, que los amo, que ellos son mi vida, que mamá va a salir y va a volver a estar con ellos, que más allá de que no podamos recuperar todo este tiempo, que no hemos estado juntos vamos a hacer lo mejor posible. Elsa: Yo voy a salir y voy a buscar justicia para esta causa que ellos inventaron, voy a poner los abogados que tenga que poner... Porque yo no quiero que mis hijos sean cobardes, no quiero que el día de mañana digan “voy a hacer lo que el Gobierno dice que tengo que hacer porque mi pensamiento me lo callo”. Y mis hijos saben de mis valores, yo sé que saben, porque ya son grandes, porque lo veo cuando me miran, porque hoy por hoy no me dirían como me dijeron el fin de semana pasado, vos quedate tranquila que no hiciste nada malo, no me darían el gusto que me están dando de que se llevaron unas materias en el colegio y están poniendo toda la fuerza, se quedan hasta las dos o tres de la mañana para estudiar e ir al otro día y decir “no, no me la puedo llevar”.
¿Cómo es el trato en la comisaría? Selva: En las visitas hacen las requisas, sin pudor, no les importa nada. Incluso a los chicos, los desnudan. Les saca la ropa gente extraña que no son ni su papá ni su mamá. Yo le dije a mi marido que si para verme le quieren quitar la ropa a los chicos, prefiero que no vengan. Durante todos estos años hemos tratado de hacer lo mejor para ellos, de cuidarlos física y psicológicamente, para que hoy por hoy nos tiren todo por la borda. Las mejoras en las condiciones de detención fue uno de los reclamos de la huelga de hambre que hicieron... Elsa: Sí, estuvimos 19 días en huelga de hambre, desde el 26 de octubre al 12 de noviembre. Lo más difícil fue tomar la decisión de hacerla. Marcela: Fue por acumulación, nosotras recibíamos un trato pésimo, nos gritaban “piqueteras putas”. Por eso ya habíamos planteado una denuncia y también por la situación del compañero Jorge Mansilla, que se encontraba solo en la seccional 1º. Elsa: También fue por el tema de la plata, de un sustento económico para las familias de los detenidos, porque nosotros cuando fuimos a reclamar trabajo era porque lo necesitábamos económicamente, nos detienen y nos quedamos otra vez en la vía. Conseguimos que los señores funcionarios firmaran un acuerdo y ahora desconocen sus propias firmas. Pero nosotras vamos a seguir la lucha. No podemos quedarnos con que estamos presas y que por eso no podemos hacer nada... Tenemos que seguir peleando, porque nuestras familias, nuestros hijos, siguen presos del lado de afuera porque no tienen un sustento económico. No podemos, porque estamos presas, no seguir peleando. Yo era el sostén de ese hogar donde vivíamos nosotros tres, yo era la que me levantaba a las 5 de la mañana para ir a trabajar, y aunque yo esté presa mis hijos merecen comer todos los días, como se merecen todas las criaturas de este mundo. Mis hijos, los hijos de Marcela, los hijos de Selva, no deben ir a peticionar nada, es nuestra obligación como padres hacerlo. Selva: La huelga de hambre era el único medio que nos quedaba. Estando acá adentro no tenemos muchas alternativas de lucha, sabíamos que nos estábamos arriesgando. Nadie quería que lo hiciéramos, pero fue decisión nuestra y la familia tuvo que apoyarnos. Hoy ellos todavía nos plantean de que si llegara a pasar algo no volvamos a hacer una huelga de hambre, porque ellos se preocupan mucho. Yo en mi caso les dije que no, que no lo voy a volver a hacer porque ya puse una vez en riesgo mi salud, y yo tengo que pensar que el día que salga de acá tengo tres hijos a los cuales tengo que cuidar. ¿Cambió la situación luego de la huelga? Marcela: Después de la huelga, cambió un montón la comida, cambió el trato con nosotras, con nuestras familias. Elsa: Creo que tuvimos éxito en el reclamo y que, más allá de que estemos presas, podemos pelearla y ganarla todavía. Yo pienso que si nosotros fuéramos unos locos ilógicos, irracionales, delincuentes al cien por cien nadie nos hubiera dado cabida, ni la Justicia ni la política. Selva: Con el tema de los chicos ha cambiado bastante la requisa, se hace como en forma de juego, para que no se sientan mal ellos.
¿Están detenidas con alguien más? Marcela: Con una chica que está acá por robo, pero es una piba muy buena, un chica chiquita. Justamente está en la situación que no queremos nosotros para nuestros chicos: la situación de la casa los lleva a los chicos a estar en la calle y a buscar lo primero que se les pasa por ahí para olvidarse de lo que pasa en la casa, se olvidan de que no tienen un plato de comida, entonces eso los lleva a usar drogas, a tomar alcohol y los lleva a ir a robar. Van a robar por una necesidad.
¿Se consideran presas políticas? Marcela: Desde que nos detuvieron nos consideramos presas políticas. No somos presos sociales, como dicen algunos, porque los presos sociales son los que están presos por robar para comer. Nosotras somos presas políticas porque fuimos a reclamarle a un gobierno. Nosotras somos presas políticas porque fuimos contra el modelo, fuimos a reclamar por un modelo de política que no le va a dar trabajo a nadie, que lo único que le quiere dar es un plan social y un bolsón. Elsa: Somos presas políticas porque nos arrancaron del pleno derecho social que tenemos y nos metieron en un habitación de dos por dos y nos dijeron: “acá te callás”. A la política que hoy tiene este país no le gusta que le reclames. Desde el gobierno no pueden salir a decir que Argentina va para adelante cuando acá tenemos 250 familias que se están muriendo de hambre, seamos realistas. No pueden decir que en las negociaciones con las grandes multinacionales nos está yendo bien, si las multinacionales se están llevando todo lo que queda de los recursos que tenemos.
¿Sienten que así como están presas ustedes podría haberle tocado a cualquiera de los 250 que fueron a reclamar? Marcela: Nosotras estamos presas porque dio la casualidad de que nos encontraron, pero pudo haber sido cualquiera. Si nosotros hubiésemos sobrevivido a ese día donde se arrestó a todos nuestros compañeros, no estaríamos acá. Agarraron al que pasó por ahí, una persona llegó sólo a dejar una bolsita de pan y se fue y hoy esa persona es considerado un instigador. Hay otra que ni siquiera estuvo y sin embargo igual está procesada.
¿Las mujeres están en peor situación laboral? Marcela: A las mujeres las han mandado a las cooperativas donde no ganás nada, les han ofrecido los microemprendimientos que después se quedan con la parva de lo que producen porque no hay dónde vender la producción. Elsa: Antes de quedar desocupada yo trabajaba en esa pesquera, que hoy por hoy tiene 600 personas trabajando en negro y en condiciones infrahumanas. Me despidieron por peticionar, en esa empresa donde la mayoría éramos mujeres. Yo he visto cómo hacían trabajar a mujeres con embarazos de ocho o nueve meses, en cámaras frigoríficas, a seis grados bajo cero, sin que le dieran ni siquiera la ropa adecuada.
¿Cómo interpretan el protagonismo de las mujeres en la lucha? Marcela: Tiene que ver con que de repente hoy son más las mujeres que se la bancan. La mujer está cansada de la violencia familiar y encima la violencia que genera el Estado. Se ha tomado un poco de conciencia de esa situación. Por ejemplo, hay una entrevista donde las chicas que hoy están trabajando dicen que están sacando tanta fuerza que el marido no las va a golpear ahora así como así, se genera otro tipo de independencia. La autoestima hace que hoy la mujer esté parada en otro lugar, ya no está en “pobrecita de mí que me pegan”, sino que cada vez sale más a reclamar. Sabés que si sos fuerte para criar un chico, como los criaste toda la vida, también sos fuerte para salir a pelear por ellos a los gritos. En las manifestaciones de Caleta las voceras éramos cuatro mujeres y un varón. Y el poder está acostumbrado a pactar con hombres. Selva: De hecho, anteriormente siempre fue con hombres, los desconcertó que apareciera un grupo de mujeres que, además, éramos más intransigentes. El intendente salió a decir que había un grupo de gente intransigente, que no se podía hablar con ellos, porque no aceptábamos los planes. Pero ni siquiera tuvo él el mínimo intento de hablar con nosotros o por lo menos de ofrecernos algo digno. Nos seguía ofreciendo bolsones, y como nosotros le decíamos que no, él nos decía: “están locas, qué se creen, toda la vida han vivido de un plan y ahora qué se les da por levantar la cabeza”. Qué mentalidad corta la de pensar que porque algunas de nosotras nos pusimos a llorar –porque te duele, tenés hijos enfermos, no tenés obra social, no tenés para darles de comer– íbamos a dejar de pedir lo que merecíamos. Elsa: Y nos merecemos un trabajo genuino. Nos merecemos que se nos pague una jubilación, que tengamos una obra social para llevar a nuestros hijos, y no hacer una cola inmensa en el hospital para que te den un jarabe porque no lo podés comprar. Nos dan el certificado de pobreza que tenés que exhibir, falta que te pongan un cartel que diga: “soy pobre”.
publicada 14/12/2004
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