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La mirada periodística sobre la economía: la mirada de dos especialistas españoles
En la edición de setiembre del 2001 de la revista de comunicación Voces y Cultura, editada en España, Carlos Zeller analiza un tema en especial: la deuda externa, según la han informado los grandes diarios de su país. Bajo el título "La mirada periodística sobre la economía", Zeller puntualiza: "La división del periódico en secciones temáticas constituye uno de los instrumentos de organización del trabajo más característicos. En su origen, esta organización temática reflejaba las jerarquías de poder en la estructura del Estado: las secciones de Política y Política Internacional ocupaban las primeras páginas y absorbían la mayor parte de los recursos. (...) La creciente centralidad de la actividad económica en la vida pública así como la complejización del mundo social impusieron (...) la incorporación de las secciones Economía y Sociedad". Zeller señala que esta división no es solo una propuesta cartográfica que ordena la lectura y el trabajo, sino que se ha ido transformado en una concepción ideológica nítida al filtrar qué temas se pueden tratar en dónde. "La sección Economía ha sido sometida a una especie de cuidadosa limpieza de los efectos colaterales que produce la organización económica. Así, por ejemplo, mientras en sus páginas se da cuenta extensamente de los avatares de la economía y sus indicadores (...) no se publica en ella prácticamente ni una sola línea sobre la desigualdad económica y social" dentro y fuera del país. "El efecto más significativo en términos periodísticos lo constituye la separación entre causa y efecto, entre economía y sociedad", concluye. La consecuencia ideológica es "una concepción de la información económica como un espacio sin disenso, como un factor para las tomas de decisiones, claramente orientadas a las élites económicas y neoliberales". Es decir, en un terreno en el que debaten solo los "especialistas" sobre cuestiones de formas y no de fondo. "Las visiones críticas elaboradas por académicos y técnicos -incluso- han tenido un lugar marginal ( Zeller señala la sección Opinión como el terreno destinado al debate y aquí conviene recordar la definición de Aristóteles sobre esta palabra), como también ha sido periférica y puntual la participación de los actores sociales implicados". Este problema de estructura que afecta a todo el periodismo contemporáneo demuestra "la incapacidad manifiesta para ver y comprender aquellos hechos que no adoptan la categoría de acontecimiento". Es decir: el periodismo puede contar lo que pasa solo cuanto lo que sucede se manifiesta de manera espectacular -en el sentido de espectáculo-, cuando ya es evidente y, por lo tanto, ineludible. El periodismo así esquematizado ha dejado de ser un espacio para construir el consenso o, al menos, reflejar el disenso, salvo que este adopte la forma de estallido. Podríamos agregar a esta conclusión otra: se ha despolitizado la economía en momentos en que ésta se ha convertido, justamente, en un factor político determinante. Luego, es el turno de Eduardo Giordano. El tema: la representación de los conflictos bélicos en la información económica. Su presentación: "La disposición habitual de las secciones de la mayor parte de los diarios coloca Economía entre las últimas páginas e Internacional primero o segundo lugar, a continuación de la sección Política. (...) Aunque está disposición se apoya lógicamente en el mayor número de lectores interesados en asuntos políticos -nacionales o internacionales- la división temática y la separación espacial dificultan la comprensión de los problemas económicos que subyacen a no pocos conflictos políticos". Más allá de que esta disposición no es la frecuente en los medios argentinos, es cierto que lo central que plantea Giordano ocurre: la fragmentación. Para probar su tesis, Giordano clasifica la tipología de los conflictos actuales: -Conflictos espoleados por intereses sectoriales articulados como monopolios mundiales, que gozan de gran influencia en el diseño de las políticas globales de los países imperialistas, entre los cuales cabe destacar los intereses de las mayores corporaciones transnacionales de la industria energética (petróleo, gas natural). Ejemplos: Irán, Iraq, Kuwait, Libia, Siria, Argelia (quizá ahora deberíamos agregar Afganistán). -Conflictos largamente enquistados y repentinamente estimulados por fuerzas externas con el trasfondo de crisis económicas internacionales. Su explosión súbita puede inyectar un balón de oxígeno a la economía de las grandes potencias a través de la reactivación de la industria bélica, la legitimación de sus inversiones financiadas con fondos públicos y la promoción a gran escala del rearme mundial. Ejemplos: Croacia, Serbia, Bosnia, Kosovo. (quizás aquí también tengamos que agregar Afganistán). -Conflictos provocados para resquebrajar (y en lo posible derribar) a los regímenes y/o gobiernos cuyos modelos de ordenamiento económico presentan fuertes contradicciones con las exigencias de explotación de recursos y personas que impone la lógica del capital transnacional. Ejemplos: Angola, Mozambique, Nicaragua, Yugoeslavia, tal vez China en alguna década del 2.000 (y quizá aquí también tengamos que agregar Afganistán). -Intervenciones militares contra movimientos insurgentes que desbordar las respuestas represivas de las respectivos ejércitos nacionales y se muestran capaces de controlar un territorio a partir de bases programáticas que se oponen ( o compiten) a los modelos económicos neoliberales que dominan los mercados globalizados. Ejemplo: Colombia, El Salvador, Guatemala. ( ¿y por qué no podríamos agregar aquí a Afganistán?). En consecuencia, señala Giordano, hay que hacer un gran esfuerzo de abstracción para separar dimensiones socioculturales (mal llamadas étnicas) de las geopolíticas-económicas. A continuación, Giordano revisa todo lo publicado en los medios para explicar el conflicto de los Estados Unidos con Iraq. Es particularmente interesante la presentación de seis gráficos (o infografías, en la jerga moderna) con los que diferentes medios pretendían dar cuenta de la relación del precio del petróleo con los conflictos políticos librados en la zona. Todos señalaban, por supuesto, la invasión de Irak a Kuwait, la guerra del Golfo y hasta la crisis de los mercados asiáticos, pero "ninguna de las representaciones gráficas refleja los bombardeos contra Iraq en diciembre de 1988, que se prolongaron durante casi dos años ni el aumento de la tensión en Medio Oriente tras el endurecimiento del régimen israelí y el incumplimiento de los acuerdos con los palestinos, conflicto que corresponde a la fecha del último repunte en los precios que aparece en los gráficos." Esta omisión tiene para Giordano dos objetivos: -Disimular los vínculos entre las economías de las mayores potencias petroleras (Estados Unidos, Gran Bretaña) y las causas de sus intervenciones militares. -Reafirmar la identidad del "enemigo" político de Occidente (La OPEP, el mundo musulmán, la descarriada Venezuela de Chávez) para legitimar ataques y eventualmente preparar nuevas operaciones "de castigo" con el fin de conseguir nuevas alzas especulativas del precio del crudo en los mercados. Cita luego un artículo publicado por el diario El Mundo el 20/8/2000, donde puede leerse: "La OPEP vuelve a poner en jaque a las economías más desarrolladas.(...) Europa se vería probablemente abocada a una nueva recesión, con una inflación fuera de control y la pérdida de millones de empleos." En todo el artículo, en cambio, no se hace referencia a las compañías petroleras occidentales "responsables de la disminución de las reservas de los productos refinados" utilizados por la industria europea. "Al cerrar los ojos a la actualidad política que influye en el curso de los acontecimientos económicos, en los artículos de la sección Economía se ensayan toda clase de explicaciones derivadas de una supuesta lógica "de mercado", sometiéndola a la disciplina que marcan las fuentes oficiales". Para Giordano esto no es información, sino "mitos propagandísticos que suplantan cotidianamente a la realidad".
publicada 27/09/2003
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