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Desmenuzar el entramado semántico de los textos es siempre una experiencia interesante porque en ese trabajo se revela mucho más de lo que los discursos dicen en una primera lectura. A esa tarea se abocó William Salomon en este artículo en el que toma como caso paradigmático el tratamiento de dos reconocidos diarios estadounidenses (Los Angeles Times y New York Times) de las protestas contra la Organización Mundial de Comercio en Seattle.

(...) Las noticias se presentan de una manera cada vez más modernilla, faciloide, superficial y sensacionalista, y son totalmente incapaces de fomentar entre el público (ni tan siquiera lo intentan) un pensamiento crítico respecto de cuestiones básicas. El papel de los medios informativos, y el New York Times sirve de ejemplo, es el de un "órgano tranquilizador", para citar la expresión de Doug Henwood.

Un caso muy pertinente es el tratamiento que se dio a las protestas realizadas en contra de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en Seattle, que coincidieron con las reuniones ministeriales de esta organización, entre el 29 de noviembre y el 4 de diciembre de 1999. El tratamiento periodístico documenta la visión global de los medios corporativos en la medida en que imponen a los acontecimientos y a los participantes lo que Todd Gitlin denominó "supuestos estandarizados".

Este trabajo analiza las 22 notas y editoriales que aparecieron en Los Angeles Times (LAT) y los 35 del New York Times (NYT) publicados entre el 21 de noviembre y 21 de diciembre de 1999. Estos dos diarios figuran entre los principales de los Estados Unidos y se puede afirmar casi con certeza que son los más influyentes en la opinión pública de este país. El Wall Street Journal, que tiene la segunda mayor tirada de los Estados Unidos, no va dirigido al gran público en general; apunta en primer lugar a una élite financiera, empresas privadas de nivel medio y firmas basadas en Internet, mientras que las informaciones contenidas en el USA Today, con un estilo propio de un periódico sensacionalista, son tan breves que imposibilitan un estudio serio.

(...) El tratamiento informativo que dieron el New York Times y Los Angeles Times de las protestas de Seattle se basa en una línea común: Sólo unos fanáticos defienden una crítica radical contra la OMC, que en realidad representa la mayor esperanza de futuro par el mundo. Esta idea-fuerza se desarrolla de muchas maneras. En primer lugar, se atribuyen las críticas radicales únicamente a personajes marginales que sostienen puntos de vista poco convencionales o poco prácticos y posiblemente imprudentes.

"¿Quiénes demonios eran?", se preguntaba Los Angeles Times, y "¿Por qué estaban tan enfadados?" (3/12/99, página 1). Gentes así representan a "una serie de grupos con intereses específicos" (LAT, 3/23/99,página 1), a diferencia de los delegados de la OMC, quienes se supone representan a prácticamente todos los pueblos del mundo. Peor aún, algunos de los manifestantes son anarquistas: un titular del New York Times rezaba: "paralelos oscuros con brotes anarquistas en Oregón". (3/12/99, página 1).

Los manifestantes "claman contra una economía siniestra e infernal en la que se explota a los niños en fábricas dickensianas (...) y unas corporaciones codiciosas que pisotean las maneras de vivir tradicionales" (LAT, 28/11/99, página 1). Para ellos la OMC es "una criada al servicio de los intereses corporativos" (NYT, 1/12/99, página 1), el "símbolo tiránico de una economía global que no ha tenido reparos en apartar las prioridades sociales para ir a la búsqueda incesante de beneficios (LAT, 3/12/99, página 1). La reunión de la OMC "ha atraído" (LAT, 1/13/99, página 1) a muchos delegados pero, en cambio, los manifestantes "caerán" sobre Seattle (NYT, 1/12/99, página23). Su "virulencia sin duda cae bien a cierto público, pero muchos miembros del público estadounidense medio probablemente se darán cuenta muy pronto de que el propósito de incrementar los beneficios empresariales es una meta que uno comparte con la dirección empresarial" (LAT, 5/12/99, página C1)

Sin embargo, el tratamiento informativo no se limitó a denigrar a los manifestantes. Al contrario, concedió una cierta legitimidad a los muchos que se mostraron "pacíficos", a diferencia de un "pequeño núcleo" (NYT, 1/12/99, página 14) de "elementos más militantes" que se sirvieron de la acción policial "como señal para alborotar" (NYT, 2/12/99, página 1). Dicha legitimidad tenía su precio: una excesiva simplificación del abanico de opiniones expresadas por los manifestantes. De esta manera, el tratamiento informativo se hizo eco de la posición de Clinton al apoyar "la causa de muchos de los manifestantes pacíficos" -como si todos compartieran una sola opinión- "al mismo tiempo que denunció a los que utilizaron la violencia" (NYT, 2/12/99, página 1). Además, ofreció una representación falsa de los puntos de vista de los manifestantes: para muchos, Seattle era la ocasión para plantear algo mucho más básico que la OMC o el Banco Mundial, una fuerte crítica del sistema capitalista en sí mismo. NO había lugar a dudas para la gente que se manifestaba en las calles de Seattle. Un participante, Richard Smith, comentó: "El sentimiento anti-mercado, anti-corporaciones, aunque se notaba con fuerza, todavía era incipiente. Pero la mayoría de la gente abogaba claramente por una democractización de la economía. Naturalmente, exigencias de este tipo son en el fondo anti-capitalistas, porque no se pueden satisfacer en un contexto de relaciones de propiedad capitalista". No obstante, para el New York Times "el tema principal que los manifestantes querían plantear" era "la necesidad de reformar los procedimientos y los valores de la OMC" (editorial,2/12/99, página 34)

Las falsas representaciones de este tipo respaldaron la idea de que las críticas de los manifestantes no diferían tanto de las realizadas por muchos delegados de la OMC. Desde el inicio de las reuniones, la imagen de la OMC era "la de una institución asediada desde dentro -entre países en guerra- y desde fuera por manifestantes revoltosos" (LAT,2/12/99, página 1). Esta puesta en escena favorecía a la vez el desarrollo de otro tema paralelo: Si los que protestaban llegaran a entender correctamente el concepto de "libre comercio", entonces apoyarían a la OMC.

Así que fue la incapacidad de la OMC para dar explicaciones convincentes en su defensa, antes que sus políticas en sí mismas, lo que la prensa presentó como la causa clave de las manifestaciones. "Hemos de mejorar la manera en que explicamos al público lo que hacemos", dijo el embajador para asuntos comerciales de México (LAT, 18/12/99, página 1). "Me causa una gran tristeza ver cómo hemos permitido que se contara a la gente tantas mentiras", dijo el delegado de El Salvador (NYT, 2/12/99, página 7)

La señal más clara de la visión de los grandes medios de comunicación se encuentra en el lenguaje que utilizan. En este caso, términos como "libre comercio" y "liberalización" no se definieron; se dio por supuesto que su significado era tan evidente que no requería explicación. La "globalización" es simplemente un hecho, como por ejemplo las leyes de la gravedad"; no es, desde luego, una continuación del colonialismo y del imperialismo. Todo lo contrario: se representó a la OMC como un simple medio para hacer que el proceso fundamentalmente benigno de la "globalización" sea lo más racional y equitativo posible. Los defensores de la OMC siempre "decían", mientras que los críticos argumentaban" o "se quejaban".

Los disturbios provocaron la vieja aversión de los medios informativos al desorden social. (...) Seattle "fue totalmente invadido por unas manifestaciones que desbarataron por completo la inauguración de la conferencia sobre el comercio mundial" (NYT, 1/12/99, página 1) "Un brote de protestas paralizó durante todo el día el centro de Seattle sumiendo en el caos varias zonas de la ciudad"; al final del día, "continuaban las escaramuzas entre fatigados policías y un último grupo de manifestantes radicales" (LAT, 1/12/99, página 1). De esta manera se definió "la violencia" únicamente en términos de malestar social y daños a la propiedad particular, al hacer caso omiso del daño realizado al medio ambiente y el sufrimiento humano.

(...) Después de las noticias sobre las protestas vinieron informaciones que alabaron a los delegados que "lucharon para salvar" la conferencia (LAT, 2/12/99, página 1).

(...) A pesar de las manifestaciones masivas, el atolladero de la OMC en Seattle se presentó únicamente como la consecuencia de divisiones internas. Informaciones subsiguientes se hicieron eco de la opinión de la delegación norteamericana en el sentido de que se había "progresado", aunque "otros países rechazan el punto de vista de la administración estadounidense" (LAT, 18/12/99, página 1)

Ninguno de los dos diarios intentó dar una explicación más completa sobre la manera de proceder de la OMC ni de su historia. Del mismo modo, se saltó el historial del director de la OMC, Mike Moore, quien como miembro del Gobierno de Nueva Zelanda, contribuyó a "la masiva venta de activos públicos a grandes empresas internacionales", a pesar de que la administración de la que tomaba parte "no tenía ningún mandato para la privatización" (Guardian/Observer, Carta al director, 27/11/99)

Cuando una cuestión tiene importancia para el Estado y para el sector corporativo, éstos diseñan el tratamiento que se le dan en los medios informativos norteamericanos. Para estos medios es simplemente impensable una crítica de fondo -y menos aún un total rechazo- a la OMC. Los Angeles Times y el New York Times sirven de ejemplo de cómo los medios tendieron a banalizar y desvirtuar los puntos de vista de los manifestantes, devaluándolos y haciéndolos más compatibles con los valores empresariales. (...) Es la economía política de los principales medios informativos estadounidenses la guía más fiable para interpretar sus contenidos.


publicada 27/09/2003
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