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El Clientelismo: una visión desde los grandes diarios argentinos
anticopyright"El clientelismo es un fenómeno tan extendido como poco estudiado por los cientistas sociales y políticos argentinos. Sin embargo, las páginas de los grandes diarios nacionales recurren a él frecuentemente, sin que tengamos certeza de su definición conceptual. Todos aparentemente sabemos lo que es el clientelismo, aunque quizás hablemos de diferentes cuestiones utilizando el mismo vocablo". Así comienza su investigación Pablo José Torres sobre el tratamiento periodístico de este tema. Una minuciosa recopilación que permite sacar conclusiones contundentes.

por Pablo José Torres
ptorres@data54.com

Introducción

Los medios masivos de comunicación inciden en la opinión de amplias capas de la sociedad. Sus afirmaciones son repetidas, comentadas o incorporadas a la vida cotidiana de numerosos ciudadanos que no suelen analizar críticamente el mensaje recibido. Así lo que un medio manifiesta puede transformarse en una verdad revelada. "Lo leí en el diario" es suficiente prueba.

El clientelismo es un fenómeno tan extendido como poco estudiado por los cientistas sociales y políticos argentinos. Sin embargo las páginas de los grandes diarios nacionales recurren a él frecuentemente, sin que tengamos certeza de su definición conceptual. Todos aparentemente sabemos lo que es el clientelismo, aunque quizás hablemos de diferentes cuestiones utilizando el mismo vocablo.

Emilio Tenti Fanfani dice "se requiere una crítica del concepto o del uso que se hace del término en el lenguaje común y en el lenguaje académico. El clientelismo existe en los dos ámbitos... y el peligro es que la ciencia política adopte sin más el término del sentido común, que se usa en la lucha política" .

Sin pretender realizar la crítica del concepto clientelismo en estas páginas, analizaremos el uso que el vocablo clientelismo recibe por parte de los tres más importantes diarios argentinos: Clarín, La Nación y Página/12. Para eso recolectamos los artículos publicados en sus páginas de internet que mencionaron, aunque fuera en una oportunidad, el vocablo clientelismo durante un período de seis meses (desde 01/07 hasta 31/12/2002) y procedimos al análisis de esa masa de artículos periodísticos para observar el tratamiento que la prensa da al fenómeno clientelar así como la vinculación de ese término con otras cuestiones.

El presente trabajo se inicia con una breve explicación de la metodología utilizada para la recolección y el análisis de los datos. Luego presentamos un apartado con el análisis estadístico de la información recolectada, para pasar a un tercer punto que aborda el análisis desde lo cualitativo, es decir nos adentramos en el uso del concepto, sus posibles implicancias y las relaciones que se atribuyen con otros términos también utilizados en la lucha política cotidiana. Finalizamos con una serie de consideraciones surgidas a modo de conclusiones.


1. Cuestiones metodológicas

Para la recolección de los datos utilizamos las ventajas que brinda la herramienta informática. Detectamos todos los artículos que mencionaran el vocablo clientelismo, al menos en una ocasión, ya sea en los títulos o en el cuerpo de la nota. Para obtener dichos artículos ingresamos en las páginas web de Clarín, La Nación y Página/12 y utilizamos los buscadores de dichas páginas. Cada buscador brindó una lista de los artículos publicados con el termino clientelismo en el período indicado. Con ese listado localizamos, también en la página web, el artículo correspondiente. Obtuvimos de los tres diarios una totalidad de 123 artículos.

Las 123 notas periodísticas recopiladas fueron sometidas a dos procesos de análisis. El primero, de tipo cuantitativo, donde verificamos tres cuestiones principales:

a) la sección del diario en que aparecieron,

b) el tema con el que relacionaban al clientelismo, y

c) el autor de la nota.

Luego de ese análisis, tendiente a dar indicios del tratamiento que al tema clientelismo le conceden estos diarios, estudiamos el contenido de las notas, buscando relaciones con otras temáticas (la política, la ayuda social, la economía, etc.) y tratando de detectar los supuestos subyacentes a la utilización del término en el contexto de cada nota. Para ello leímos reiteradamente el material recopilado, mediante la técnica de análisis de texto. Estas lecturas y relecturas permitieron relacionar cuestiones, las que se registraban en un instrumento previamente elaborado. En ese registro tuvimos en cuenta los siguientes aspectos:

estructura del clientelismo: caracterización de la red, actores y sus relaciones

el intercambio: lo intercambiado, momentos y procedencia

aspectos subjetivos de la relación clientelar

estereotipos relacionados con el clientelismo:

a) favores por votos, sirve para ganar elecciones y sólo los pobres son clientelares

b) aspectos relacionados con el concepto de clientelismo

c) la relación de clientelismo y la política partidista

d) la relación del clientelismo y la ayuda social

e) la relación de clientelismo y corrupción

f) los planteos presentados como útiles para evitar el clientelismo.

Así, a partir de los registros de cada uno de los aspectos mencionados y retornando a las notas periodísticas, realizamos el análisis cualitativo de las noticias que incluían el término clientelismo en su redacción.


2. Análisis cuantitativo:

El Diario La Nación es el más afecto a utilizar el término clientelismo en sus páginas. Supera ampliamente a los otros dos matutinos. Mientras La Nación escribió el vocablo clientelismo en 65 de sus artículos publicados entre el 01/07 y el 31/12/2002, Clarín y Página/12 lo hicieron en menos de la mitad de veces, exactamente en 29 notas cada uno de ellos. Así los redactores, columnistas y editores de La Nación aparentemente tienen más tendencia a referirse al clientelismo que sus colegas de los otros dos diarios.

¿En qué secciones del diario aparecieron las notas?. En este punto los tres medios concuerdan: las publicaron mayoritariamente en la sección de política nacional, marcando el primer indicio para el análisis: el clientelismo tendría que ver con la política de nuestro País.

De los 123 artículos que analizamos 100 fueron publicados en política nacional. Los 23 restantes se distribuyeron de la siguiente forma: 6 en internacionales, 9 en economía, 4 en cultura y 4 en educación (ver gráfico 1).

Podríamos pensar que la tendencia a utilizar el vocablo clientelismo no tendría tanto que ver con una decisión del medio, sino con cuestiones relacionadas con las personas que escriben los artículos. No obstante encontramos que el vocablo clientelismo aparece tanto en notas editoriales, de opinión, noticias firmadas por los periodistas o notas sin firma.

En este sentido encontramos 42 notas firmadas por los periodistas que incluían el término clientelismo, 31 notas sin firma, 21 artículos de opinión, 15 editoriales, 12 reportajes y 2 cartas de lectores con la mencionada característica. Lo cual indica que desde los lectores que escriben cartas hasta los editorialistas de los tres grandes medios recurren al vocablo clientelismo aplicándolo a algún aspecto de la realidad (ver gráfico 2).

El aspecto más interesante del análisis cuantitativo de las notas tiene que ver con el tema con el cual las notas relacionan al clientelismo en su redacción. Vimos que la sección de los diarios en las que el clientelismo recibe más menciones es la de política nacional, lo cual da una primera pista, fortalecida en esta parte del análisis.

Así, sin hallar mayores diferencias entre los tres diarios, encontramos que el 58 % de los artículos (72 notas) relacionan al clientelismo con la política. Un 35 % (43 notas) mencionan al clientelismo como relacionado con la ayuda social. Luego, con una frecuencia mucho menor, aparecen un 4% (5 notas) que lo relacionan con la universidad, un 2 % (2 notas) con la cultura, y un 1 % (1 nota) con los sindicatos. Llamativamente no encontramos ninguna mención que relacione la temática del clientelismo ni con empresas ni con empresarios (ver gráfico 3).

Resumiendo, el hallazgo de esta primer lectura, reducida a lo estrictamente cuantitativo, tiene que ver con que los lectores de La Nación, Clarín y Página/12 encuentran al término clientelismo en un contexto que lo relaciona principalmente con la política argentina. Si entendemos que la ayuda social es una práctica política , veremos que la casi totalidad de los artículos (el 93 % de ellas) aparece en un contexto vinculado a la política partidaria o la ayuda social. Este primer indicio será de mucha utilidad para contrastarlo durante el análisis cualitativo.


3. Análisis cualitativo:

En este apartado iniciamos el análisis a partir de los puntos señalados en la descripción de los aspectos metodológicos del trabajo. Desarrollaremos cada uno de los puntos, a partir de la mirada que le otorgan los tres grandes diarios nacionales y, en ocasiones, problematizando esa mirada, con interrogantes que surgen de la lectura.

3.1. La estructura del clientelismo:

Los diarios dan indicios firmes sobre la existencia de estructuras vinculadas al clientelismo, aunque no siempre las califican como tal. Sí hacen referencia clara a los actores del clientelismo, los califican con términos que dan idea de una estructuración precisa y señalan algunos tipos de relaciones básicas entre los actores.

Cuando mencionan a los actores son claros. Javier Auyero señala como actores participantes de una red clientelar a patrones, mediadores y clientes. Los tres diarios, sin nombrarlos de esa forma, también se refieren a ellos. El actor a que más se refieren, otorgándole funciones de patrón, es un político, llámese gobernador, intendente o legislador. Los políticos son, para los medios, quienes mantienen la red clientelar, y frecuentemente los denominan caudillos, adjudicándoles características propias de una personalización vinculada con la protección paternalista. En este sentido Santiago del Estero es el paradigma que los medios presentan. Ven a su ex -gobernador, Carlos Juárez, como un caudillo: "los ciudadanos piensan que si Juárez no les resuelve las cosas no hay quién les garantice que se vayan a resolver", lo que se vincula con una oposición limitada a la política electoralista. El gobernador resuelve problemas y protege a su pueblo, atributos básicos de todo patrón clientelar.

Otros patrones que aparecen en la lectura de los diarios también están vinculados a la política. Aunque no necesariamente sean gobernantes o legisladores, manejan cuotas de poder. Hay quienes identifican como patrones a los sindicalistas, a los líderes piqueteros o a los miembros de las universidades (puntualmente de la Universidad de Buenos Aires) otorgándoles características similares a las de los políticos partidistas.

La estructura de una red clientelar está encabezada por un patrón, que a su vez delega su acciones en los llamados mediadores (brokers). ¿Qué es un mediador?. "Los mediadores no son sólo intermediarios sino figuras cardinales en la producción y reproducción de una manera 'especial' de distribuir bienes, servicios y favores, en la articulación de un 'lazo de amor' imaginario -una ideología implícita- que relaciona a los mediadores y los así llamados 'clientes'. El clientelismo y la relación broker-cliente se convierten en performances ceremoniales; performances en las que los actores 'desempeñan roles particulares, y su comportamiento puede verse conteniendo una gran variedad de significados y mensajes'". Los medios, a pesar de su importancia, casi no se detienen en los mediadores. Apenas mencionan casos puntuales como las "manzaneras" de Chiche Duhalde en la provincia de Buenos Aires o "las mujeres de Nina", la esposa de Juárez en Santiago . Las únicas estructuras de intermediación mencionadas por los diarios están compuestas exclusivamente por mujeres. Otros mediadores, mencionados al pasar, son familiares y amigos de legisladores o los llamados "punteros políticos". Un sacerdote define a los punteros bonaerenses como "los que representan al duhaldismo en los barrios. Muchos de los subsidiados sirven en sus casas o trabajan levantándolas". Les otorga características de representante del patrón y los califica como personas que obtienen provecho personal de parte de los clientes. En síntesis, si bien los medios reconocen la existencia de los mediadores les adjudican muy poca importancia, con lo que pierden de vista un aspecto que complejiza el fenómeno clientelar y contribuyen a limitarlo al estereotipo de "favores por votos".

Para los tres diarios los clientes están bien definidos. Si uno tomara contacto con la realidad sólo a través de los diarios pensaría que el único sector social que mantiene relaciones clientelares con el poder son los pobres. Básicamente, al hablar de clientelismo se refieren a una relación entre político y pobre. Excepcionalmente algunos artículos mencionan a otros dos tipos: los estudiantes, clientes de los centros en las Facultades, y los empleados públicos, clientes de la política para cuidar su empleo. Vale decir que ambos grupos, estudiantes y empleados públicos, son también parte de los sectores más débiles de la sociedad, y a la mayoría de ellos, aplicando el método de Línea de Pobreza, también puede categorizárselos como pobres.

El padre Meisegeier, entrevistado por Página/12, es el único que describe un tipo de relación clientelar (no caracterizada como tal) entre un grupo acomodado de la sociedad -los dueños de countries- y la política. Meisegeier, refiriéndose al problema de vivienda, cuenta: "lo planteé en una reunión que armó el intendente de Malvinas Argentinas, Jesús Cariglino, con las cámaras de countries. Fueron unas reuniones muy paquetas. En una de ellas habló el gerente de Tizado -una de las principales empresas de countries-, habló una ambientalista de primerísima línea, habló un español de los barrios cerrados en las afueras de Madrid, y hablé yo. Lo mío cayó mal. Demostré cómo, cuantitativamente, los efluentes cloacales de tales countries, sobre todo del Nordelta, van a la zanja de la calle. El de Tizado, a los gritos, me contestó que no. "Mire, lo constatamos con el jefe de Obras Públicas del municipio de Tigre", le dije yo. Antes, cuando llegaba la sudestada, en los barrios pobres entraba agua pero se iba rápido. Ahora, entra y se va mucho más despacio. ¿Por qué? Por los countries que hacen su contención, amurallan el agua y joroban a los barrios pobres". La relación countries-estados municipales aquí descripta sin duda alberga aspectos propios de una relación clientelar.

Dijimos que los medios brindan indicios de la existencia de cierta estructura en las relaciones clientelares. Observemos la caracterización que hacen de ella. Los términos utilizados en las notas son reveladores: ejército, aparato, aceitada maquinaria, estructura, red y trama. La secretaria de Promoción Social porteña describe al clientelismo político como una trama "que se sostiene en el reparto de alimentos", dando idea de cierto tipo de organización, sustentada en un intercambio.

Clarín comenta sobre las manzaneras: "fueron elogiadas por su trabajo y criticadas por estar asociadas a algunas de las prácticas más espurias de la política: el clientelismo. Pero sobre todo, fueron las que le dieron a Hilda 'Chiche' Duhalde un sello propio. Son las manzaneras, el ejército de más de 42 mil mujeres que ella armó para distribuir ayuda social". Una acepción del término ejército es: "gran multitud de soldados unida en un cuerpo al mando de un general". Viene bien para acercarse a las connotaciones de su uso para definir el clientelismo. Sin siquiera pensar en sus connotaciones militaristas, un ejército da idea de disciplina, de lealtad, de subordinación a los superiores, incluso, en Argentina, de obediencia debida. ¿Será así el "ejército" de manzaneras?. ¿Tendrán relaciones militarizadas con los pobres a quienes asisten?. ¿O la relación militarizada sería entre ellas y Chiche Duhalde?.

En La Nación, describen a otra estructura clientelar también como un ejército, pero con un elemento adicional: el temor. "La sociedad santiagueña vive -dice la cronista- sumida en el terror político. Los que idolatran al viejo caudillo Carlos Juárez y a su mujer, Marina Mercedes Aragonés, apodada Nina, les temen y compiten por alabarlos hasta el hartazgo con el fin de no quedar fuera del círculo íntimo". El clientelismo parece, siguiendo esta lectura, sustentado principalmente por los intercambios y, si hiciera falta, por el temor. Como en los buenos ejércitos donde los subordinados mantienen una relación de respeto y temor hacia sus mandos.

Resta agregar otro elemento, que es también un estereotipo: el clientelismo es decisivo en tiempos electorales. "La influencia de su rama femenina -la de Nina Aragonés- ("las quijotes con faldas", como las llama ella) no es nada desdeñable. Un verdadero ejército de mujeres (hay 18 diputadas sobre un total de 35) distribuye la ayuda social y forja la actividad de los punteros, clave en los procesos electorales".

¿Cuáles son las relaciones establecidas por los actores, insertos en estas estructuras?. Indicamos que los medios ven temor, de los clientes hacia sus punteros o patrones. Otro tipo de relación es la de protección. Al patrón clientelar lo ven como caudillo, un protector, que soluciona los problemas ningún otro -en ese contexto- resuelve. ¿Genera miedo alguien que protege y soluciona problemas?. Seguramente lo que crea es dependencia. O sea, incapacidad para encontrar respuestas fuera de la red clientelar. Los diarios hablan de dependencia, especialmente al referirse a los empleados públicos, quienes para mantener sus puestos laborales deben respaldar a sus patrones en la red. Así el juarismo santiagueño triunfó en las elecciones provinciales del 2002, gracias a que "su apuesta fue "provincializar" la elección, recostándose en su aparato político y en los empleados públicos que tienen su sueldo al día, el 75 por ciento con pesos y el 25 restante con Lecop. El gasto público alcanza el 40 por ciento del producto bruto interno provincial".

El temor y la dependencia no son seguramente las únicas relaciones establecidas entre patrones, mediadores y clientes. Sin embargo, son las únicas que encontramos en una lectura atenta de los tres grandes diarios nacionales. ¿Qué otros tipos de relaciones aparecerán?. Los estudios académicos hablan de cuestiones vinculadas con la pertenencia de patrones, mediadores y clientes a los mismos círculos familiares, étnicos, religiosos, deportivos, lo cual permite pensar que las relaciones clientelares llevan implícitas cargas de afectividad, solidaridad, compromiso mutuo. Estas cuestiones, no obstante, no las encontramos en los artículos analizados.


3.2. Los intercambios clientelares:

El intercambio es imprescindible para la existencia de clientelismo, aunque las relaciones clientelares no se agoten en él. Dijimos que los diarios presentan al clientelismo como una relación exclusiva de pobres con políticos. Esa primer definición fija los límites de lo intercambiado. Los patrones aportan, según estos medios, básicamente alimentos, subsidios por desempleo (del tipo Plan Jefe de Hogar o Trabajar) y empleo público. Un columnista de Clarín afirma que el clientelismo recrudeció, basándose en un aumento del empleo público: "De acuerdo con estos funcionarios -dice- la industria del clientelismo político 'hasta cobró mayor impulso', como lo prueba el fuerte aumento del plantel de contratados en el Estado".

Otros artículos incorporan nuevos elementos intercambiados. Una ex ministra de Trabajo nacional, quien señaló al clientelismo como presente en los sindicatos, marca a los beneficios de las obras sociales como parte de la transacción. La Cámara de AFJPs dice que el clientelismo intercambia pensiones. Lo afirma en el marco de su oposición a una reforma previsional que prevé, entre otras cuestiones, un sistema de pensiones para quienes no tengan aportes. "Hoy las Administradoras de Fondos de Jubilación y Pensión (AFJP) van a salir con los 'tapones de punta' contra la reforma previsional que impulsa el Ministerio de Trabajo. Según las empresas de jubilación privada, las bases de esa reforma, elaboradas por la mayoría de una Comisión de Expertos en la que los representantes de las AFJP, bancos, UIA y compañías de seguros se negaron a firmarlas, tienen 'limitaciones técnicas', no cuentan con 'cálculos de proyecciones que le den sustento' y carecen 'de consenso'. Y agregan que se trata de 'un instrumento para garantizar el clientelismo político y por eso no debe ni puede prosperar, ni siquiera ser tenido en consideración'". El "no puede ni debe prosperar" quizás deba leerse como más vinculado a un beneficio empresarial que a la voluntad de terminar con el clientelismo.

Tanto en la referencia a los sindicatos como a las pensiones, sólo detectamos una mención y provino, en ambos, de personas o entidades que tienen (o tuvieron) intereses personales o sectoriales en esas áreas. Lo cual si bien no invalida la opinión, le otorga un matiz cargado de parcialidad.

Esto es lo que patrones y mediadores aportan al intercambio. ¿Qué reciben como devolución?. Poco hablan de ello los medios, tal vez por sobrentender que se trata de apoyo electoral. Si bien algunos artículos mencionan que un gobernador ganó gracias al clientelismo, las menciones al aporte de los pobres al intercambio electoral son escasas.

Javier Auyero detectó que los actos políticos son momentos importantes para quienes participan de una red de resolución de problemas . Menciona, no obstante, que la concurrencia al acto no es entendida como obligación a cambio de la ayuda recibida. Algunos clientes fundamentan su concurrencia a actos por "gratitud" a su puntero, "colaboración" y hasta por "entretenimiento". Dice Auyero: "desde un punto de vista alejado, el acto es visto como un producto de las cosas que se dan, y los agentes que asisten como sujetos pavlovianos que responden mecánicamente a incentivos materiales. Si tomamos en serio al punto de vista de los clientes vemos que el acto -sea este conceptualizado como colaboración, como expresión de gratitud, o como ocasión para pasarla bien- no es un evento extraordinario sino parte de la resolución rutinaria de problemas. No es un addenda al acto de resolver un problema, de obtener una medicina, o un paquete de comida, o -en el mejor de los casos- un puesto público, sino que es un elemento dentro de una red de relaciones cotidianas. Ciertamente, uno de los resultados constitutivos de esta red de resolución de problemas es la asistencia a los actos. Pero entender a esta asistencia masiva como un mero producto de la distribución personalizada de bienes y favores es 'una distorsión que se acerca al desfiguramiento'".

El cura y militante del MTD, Alberto Spagnolo, brinda la única mirada que se encontró en los artículos sobre el tema del acto. Una mirada opuesta a la de Auyero. Refiriéndose a los beneficiarios de planes, Spagnolo afirma: "se les daba 150 pesos a cambio de lo cual barrían calles y plazas. Y, cuando había actos políticos, los metían en los colectivos para ir a aplaudir y gritar. Al que no iba le retiraban el subsidio" .

El otro aporte de los pobres al intercambio con sus patrones y mediadores mencionado por los medios es la participación en saqueos. Un artículo, aparecido en La Nación, muestra las diferencias entre saqueos argentinos y uruguayos. Los saqueadores argentinos que terminaron con De La Rúa -dice la nota- actuaron movidos por punteros políticos, en el marco de relaciones clientelares. "En el Gran Buenos Aires -dice el corresponsal en Montevideo- era evidente la presencia de hombres adultos, presumiblemente vinculados con punteros políticos. Los uruguayos destacan que aquí la ayuda social no está vinculada con el clientelismo partidario como ocurre en la Argentina". Aparentemente ciertos clientes "devolvieron" con saqueos los favores recibidos.

En síntesis, de la lectura de los tres diarios, extraemos que los intercambios pasan principalmente por ayuda social a los sectores desprotegidos de la sociedad, sea en la forma de alimentos, subsidios, empleo público, pensiones, beneficios de obras sociales, etcétera. Los clientes aportaron al intercambio: votos, presencia en los actos partidarios y participación en los saqueos previos al 20 de diciembre. Pronto veremos que el intercambio, condición sine qua non del clientelismo, no es el único aspecto que juega en una relación clientelar. En ese sentido, ¿los medios analizados contemplan los aspectos que exceden la transacción?.

Si los mediadores son "figuras cardinales en la producción y reproducción de una manera 'especial' de distribuir bienes, servicios y favores, en la articulación de un 'lazo de amor' imaginario -una ideología implícita- que relaciona a los mediadores y los así llamados 'clientes'" , los momentos propios de los intercambios serán aquellos en que esa "manera especial de distribuir" -el "lazo de amor imaginario"- cristaliza. No obstante del análisis de los diarios Página/12, Clarín y La Nación no surgen referencias al momento del intercambio. No encontramos descripciones ni comentarios sobre esos instantes en que se construye, entre mediador y cliente, una relación que excede largamente la transacción. Aparentemente, esta situación pasó totalmente desapercibida para los medios y, por lo tanto, no será adecuadamente justipreciada por los lectores.

Falta conocer el origen de los aportes de los patrones al intercambio. ¿Cuál es el origen de los recursos volcados al clientelismo?. La respuesta es clara: el Estado. Es unánime la referencia al Estado, en cualquiera de sus niveles, como aportante de los recursos que luego van al intercambio. Y esto es lo verdaderamente grave, ya que los recursos del Estado no debieran distribuirse discrecionalmente. Utilizar bienes públicos para establecer relaciones personalizadas, sin respetar derechos ciudadanos, transforma al clientelismo en una práctica sumamente condenable.

El director de la ONG Article 19, entrevistado por Página/12, da su interesante visión. "El clientelismo -dice Puddephartt- es un elemento que está en la raíz de la crisis. El control del Estado en este sistema político se usa para distribuir recursos a favor de los clientes. La política no es una competencia ideológica de ideas acerca del tamaño del Estado, o acerca del nivel de beneficios o bienestar social que se pagará según lo determina una plataforma política tradicional de izquierda o derecha. Sin esto se convierte en un conflicto de grupos de patrones, entre los que pueden tomar control del Estado para distribuir los recursos" . De esta forma el Estado se convierte en botín de guerra utilizado para el clientelismo. Natalio Botana, desde La Nación, coincide: "¿hasta cuándo el gobierno nacional puede darse el lujo de permitir que en algunas provincias un clientelismo irresponsable dilapide recursos escasos destinados a combatir la miseria?.Sabemos que esta pregunta no tiene respuesta fácil, pues juegan en ellas la deficiencia de nuestras burocracias y las facciones partidarias que insisten en capturar los recursos públicos como cosa propia. De todos modos, estas cuestiones revelan la endeble legalidad democrática (según algunos, decrépita e insignificante) con que tenemos que hacer frente a esta tormenta". Botana introduce un tema vital al plantear que el clientelismo y su buena salud son un indicio de una democracia endeble.


3.3. Los aspectos subjetivos de las relaciones clientelares:

Hemos repetido que la relación clientelar no se reduce a una transacción entre patrones o mediadores y sus clientes, que el intercambio es un elemento imprescindible pero no todo acaba allí. La relación clientelar incluye lo que llamamos "aspectos subjetivos", que se cristalizan en la "manera especial" con que los mediadores distribuyen los recursos. Auyero conceptualiza los aspectos subjetivos como "el conjunto de creencias, presunciones, estilos, habilidades, repertorios y hábitos" que acompañan los intercambios.

Los aspectos subjetivos, al igual que el momento del intercambio, no son desarrollados por los diarios estudiados. Ambas cosas tienen estrecha relación, ya que es precisamente en el momento de concretar el intercambio cuando se establecen estas relaciones que llamamos aspectos subjetivos.

No obstante, sin definirlos de esta forma, encontramos tres referencias a lo subjetivo de la relación clientelar, de difícil detección con una lectura común de los diarios.

El cura Meisegeier es quien, no casualmente con una visión desde abajo, diferencia el clientelismo de los punteros políticos del de las organizaciones piqueteras. "En este momento -dice el sacerdote- de mayor pobreza, es muy, muy difícil superar la clientelería política. Si vamos al caso concreto de los piqueteros, usted tiene tres líneas políticas: CTA, totalmente comprado con planes Trabajar o planes Jefes y Jefas de Hogar; Barrios de Pie o la Aníbal Verón, menos en eso o que quieren apartarse de eso. Los piqueteros de la CCC están en un comportamiento clientelar, pero es un modo clientelar distinto del puntero, que baja al barrio, deja la merca y se va. O que baja, saca su buena tajada y deja algo en el barrio" . Sugiere que las relaciones establecidas con las organizaciones piqueteras incluyen otro tipo de aspectos subjetivos, se mueven dentro del marco de otras creencias, estilos, habilidades, hábitos o repertorios.

Las otras dos descripciones de aspectos subjetivos encontradas se refieren al ex gobernador de San Luis, Adolfo Rodríguez Saá, y son ejemplos de un clientelismo de mayor densidad. En Página/12 presentan párrafos de un libro sobre "el Adolfo", donde el por entonces candidato camina en una plaza. Se acercan personas, y él les entrega dinero, tal vez simplemente para no sufrir la molestia de "aguantarlos". El otro caso es comentado por un editorial de La Nación, que refiere un "absurdo concurso escolar organizado en la provincia de San Luis para glorificar o ensalzar la personalidad del precandidato presidencial Adolfo Rodríguez Saá". En la misma nota comentan la existencia, años atrás de un libro de historia, que contenía 17 fotos del entonces gobernador. "El insólito y ahora malogrado concurso escolar -opina La Nación- constituía, por otra parte, un despropósito particularmente notorio en la presente instancia de crisis que vive la República, necesitada como nunca de ejemplos de transparencia democrática y, sobre todo, de un liderazgo renovado acorde con el espíritu de los tiempos. Nada más alejado de ese moderno liderazgo que este inquietante residuo de una notoria relación clientelística y prebendaria".

Observamos que los aspectos subjetivos de las relaciones clientelares pasan desapercibidos en las noticias que La Nación, Página/12 y Clarín publicaron durante los últimos seis meses del año dos mil dos. Un lector imaginario no comprenderá, a partir de la lectura de estos medios, el fenómeno clientelar en su globalidad, sino que permanecerá con una visión parcializada.


3.4. Los estereotipos:

Los analistas del clientelismo ponen en discusión los estereotipos que circulan alrededor del tema. De algunos ya hablamos, por ejemplo, de su reducción a mera transacción de "favores por votos", o del que lo circunscribe a una "cosa de pobres". Otro estereotipo, tal vez el más difundido, es la creencia de que el clientelismo político es, por sí solo, suficiente para ganar elecciones. Los artículos analizados refuerzan estos estereotipos, quizás no por ser la opinión de los medios, sino porque muchas veces transmiten opiniones de actores que creen fervientemente en ellos, principalmente -tratándose de políticos- en el que habla del poder electoral del clientelismo.

En el análisis de las notas, encontramos importantes referencias respecto del tema. Clarín anticipa que el PJ ganará seguramente las elecciones para gobernador de Santiago del Estero (2002) e implícitamente vincula lo electoral con el clientelismo: "en esta provincia empobrecida, el Estado es la principal fuente de trabajo: hay 45 mil empleados públicos y más de 25 mil contratados. El clientelismo político está en boca de todos. Juárez -85 años, cinco veces gobernador- y su esposa, son más ensalzados que Perón y Evita". Página/12 completa la visión: "el resultado está tan cantado que ni encuestas se hicieron. Esa realidad hace que estos comicios no puedan tomarse como anticipo del proceso electoral nacional. Santiago del Estero tiene una lógica amasada al calor de un poder cuasifeudal y clientelista. Una lógica elemental y efectiva: el 80 por ciento son empleados del Estado, de ese total más de la mitad son contratados que, si quieren conservar el trabajo, tienen que votar al oficialismo. 'Los santiagueños no quieren reconocer que tienen miedo a tener miedo', solía repetir el obispo Gerardo Sueldo, histórico opositor a Juárez hasta su muerte en un accidente. 'No debemos votar usando el estómago, ni el bolsillo', advirtió ahora el obispo de Añatuya, Antonio Baseotto". Una breve digresión. ¿La cita de Página/12 refiere a clientelismo o a corrupción?. El clientelismo político del que hablamos en este trabajo pasa por una relación entre patrones/mediadores y clientes, dónde además del intercambio dichas relaciones se fortalecen por la pertenencia común a determinadas creencias, identidades, etnias, religiones, etc.. Lo que leemos de Santiago del Estero poco tiene que ver con esta cuestión, sino con la coacción del votante, lo cual no es clientelismo político, es delito. Sólo que acostumbramos usar el mismos vocablo con distintos significados.

En el mismo sentido, los integrantes del gobierno tucumano de Miranda parecieron atemorizados de que la ex primera dama, Hilda Duhalde, les quitase el manejo de los planes de ayuda social. "El sistema -dice Clarín- pareciera fundarse en el clientelismo político, que muchas veces se traduce en 'votos a cambio de los bolsones con comida'. El temor de los mirandistas es que la primera dama les quite el manejo de los programas sociales. ¿Estará 'Chiche' dispuesta a llevar las cosas a ese extremo? ¿O buscará un arreglo que permita la sobrevida del sistema? ¿Cómo deberá reaccionar éste frente al desafío? ¿En manos de quiénes quedarán los bolsones? Son las preguntas que hoy se hacen todos los mirandistas". La pregunta que seguramente más preocupaba a los mirandistas sería, ¿si nos quitan los planes, cómo ganaremos las elecciones?. De nuevo, el uso de la ayuda social en beneficio político es propio del clientelismo, pero en el marco de niños muriendo por desnutrición comienza a abandonar la figura de clientelismo para ingresar en la mera corrupción. Igualmente los mirandistas tienen la convicción de que con planes sociales se ganan elecciones, o sea el clientelismo junta votos.

Minoritarias voces discuten el estereotipo. El clientelismo, dicen, ya no alcanza para ganar elecciones. Terragno, precandidato a presidente de la Nación por la UCR (2003), otorga a "los aparatos" un poderío sumamente devaluado. "Yo llegué a la presidencia del partido con la oposición del aparato y soy senador porque le gané a los aparatos. El mito según el cual no se puede avanzar sin una maquinaria tradicional está desvirtuado por los hechos. Los aparatos cada vez tienen menos importancia y menos poder, a la gente ya no se la puede mover de un lado a otro a voluntad de un caudillo de barrio. Todavía hay muchos remanentes, pero eso va a ir cambiando". Terragno se contradice, ya que en la misma nota afirma que los partidos pierden poder mientras lo asumen las personas. Casualmente, una de la características propias del clientelismo es precisamente la personalización. "Yo creo -dice Terragno- que los partidos no gobiernan más. Gobiernan los presidentes y los equipos, los partidos acompañan y contienen, pero no hay más gobiernos de partidos". Fuera de esta opinión no se encontraron otras en el sentido de que el clientelismo no alcanza para ganar elecciones, sí por el contrario, abundan los candidatos que afirman no competir en elecciones internas porque en ellas el poder del aparato es decisivo. Queda claro que al hablar de aparato se refieren a la estructura de dirigentes, punteros y simpatizantes movidos a partir de las órdenes de un jefe.


3.5. ¿Qué es el clientelismo?, según los diarios:

El concepto de clientelismo es altamente complejo. Sus múltiples dimensiones hacen difícil reducirlo a una síntesis que lo abarque en su complejidad. Los medios hablan de clientelismo, aunque sin hacer referencia al concepto utilizado académicamente. Ya dijimos -con Emilio Tenti Fanfani- que el clientelismo se usa tanto en la lucha política como en la academia, no siendo beneficioso que ésta le dé el sentido que aquella le otorga. En los medios el concepto no está claramente definido, más bien subyace en las referencias que al fenómeno clientelar se realizan. No obstante se lo refiere en términos similares a los usados en el campo político.

¿Qué referencias encontramos al concepto de clientelismo en los diarios La Nación, Clarín y Página/12 durante el período analizado?. No hay -ni se espera que las haya pues la función de un diario no es definir términos- referencias precisas a la definición conceptual. Sí encontramos calificativos que dan indicios, permitiendo un primer acercamiento a lo que subyace. Muchas de esas afirmaciones parten de columnistas o notas de opinión, con lo cual no son concordantes unas con otras o con la opinión editorial del diario.

En una columna del suplemento de economía de Clarín utilizan el término "industria" como referencia. Según la nota, hablando del aumento del gasto público, funcionarios habrían expresado que "la industria del clientelismo político 'hasta cobró mayor impulso'".

El clientelismo sirve de excelente excusa. Las AFJPs lo utilizan como argumento para evitar pensiones para quienes no tienen aportes. El economista José Luis Espert se refiere al clientelismo, utilizándolo como fundamento para una curiosa opinión: "Espert dijo -escribe La Nación- que la lucha contra la evasión no aporta al fisco. 'Por más que se cacaree en ese sentido -señaló-, la evasión no va a bajar con estas alícuotas, mientras persista el clientelismo y la corrupción'". Un uso concreto del clientelismo en la opinión de economistas y funcionarios que los diarios reflejan pasa, entonces, por la defensa de cualquier interés ideológico o sectorial: evitar pensiones, opinar contra el gasto público o desestimar la lucha contra la evasión. Para neutralizar este tipo de cuestiones el clientelismo es un concepto de referencia a la hora de fundamentar.

Desde veredas ideológicas opuestas a los economistas neoliberales los medios transmiten distintas versiones del clientelismo. Lo ven como algo negativo, que debe ser superado o contra el que se combate. El psicoanalista Juan Carlos Volnovich, en una nota de opinión, enmarca su referencia al clientelismo en lo que denomina "el discurso de la resistencia". "Este discurso -dice Volnovich- apela a la construcción, a la reconstrucción de lazos sociales y exalta el insoslayable mérito de una trama urbana basada en redes solidarias y creativas. Registro de la originalidad con que varones y mujeres aceptamos el desafío de sobrevivir a despecho de los que están convencidos de que sobramos, el discurso de la resistencia pone el foco en las ingeniosas formas de gerenciar la miseria que nos queda, en las propuestas alternativas para administrar la decadencia. En última instancia, reivindica el legítimo derecho que tenemos a permanecer en función de lo que alguna vez fuimos y reclama para nosotros algo más que el lugar de guardianes de un museo; algo más que el papel de custodios de las ruinas que perduran para dar testimonio de una pasada "época de gloria". En este contexto el psiconalista comenta las acciones de organizaciones piqueteras que "eluden exitosamente la trampa tendida por el clientelismo político", con lo cual el clientelismo se transforma en trampa a evitar.

Un dirigente del PT brasilero, comentando las dificultades futuras del gobierno de Lula por no tener manejo propio del Legislativo, manifiesta "el Congreso está dominado por la reacción, por el clientelismo". Con lo cual iguala al clientelismo político con la derecha, así quienes ejercen prácticas clientelares podrían ser caracterizados como derechistas. Hecho que incomodaría a muchos partidos políticos del "progresismo" argentino, que se identifican como de izquierda y mantienen prácticas clientelares de alta densidad . Si el clientelismo es una práctica propia de "la reacción" quienes la apliquen no podrían considerarse "la izquierda".

El diario La Nación tiende a conceptualizar al clientelismo como "un tradicional vicio" que es, además, anacrónico. Refiriéndose a irregularidades en el Plan Jefes de Hogar señala que algunas "provienen de los tradicionales vicios que son inherentes al clientelismo político" . En otra nota retoman el término "vicio" para caracterizar al clientelismo. Hablando del Diálogo Argentino expresan: "este diálogo no se propone obtener efectos inmediatos, sino permanentes, y supone 'la valoración de la política como espacio de construcción del bien común', lo que requiere rescatarla de vicios como la corrupción en el ejercicio del poder, el clientelismo y el internismo" . El calificativo de anacrónico viene adherido al caudillismo, aparentemente los anacrónicos caudillos, eran fervientes practicantes del clientelismo. ¿Quién mejor que el paradigmático Carlos Juárez?. "Mientras crecen en el país los reclamos en favor de una enérgica renovación de la vida política, tendiente a erradicar el clientelismo prebendario y a darle mayor legitimidad al sistema institucional, algunas provincias continúan atadas a los peores hábitos del pasado. Impera en ellas, en efecto, un caudillismo personalista decadente y anacrónico, fundado en el manejo inescrupuloso del asistencialismo estatal, puesto al servicio -casi siempre- de un aparato partidario hegemónico" .

Natalio Botana hace un interesante aporte al relacionar al clientelismo con la oligarquía y la manipulación de las instituciones democráticas. "Las oligarquías abrevan en la idea de que el poder es algo que puede ser poseído como una cosa que se puede manosear. Donde hay manipulación de las instituciones hay oligarquía: las instituciones, carentes de autoridad, son fachadas que ocultan una madeja de poderes (no sólo políticos) que abusan de los recursos ciudadanos. ¿A cuánto llega este desperdicio? No lo sabemos a ciencia cierta, aunque lo intuimos abundante. Esto también es parte del juego oligárquico" . Es importante el planteo de Botana en el sentido de que puede emparentarse con la existencia de una ciudadanía de baja intensidad y, a la vez, por no caer en el esquematismo efectista de achacarla exclusivamente a la política. Entendemos que Botana al hablar de instituciones se refiere a aquellas propias de la democracia, pero igualmente podríamos hablar de institucionalidades en conflicto, ya que el clientelismo puede ser considerada también una institución . Y "las instituciones tienden a ser resistentes y duraderas, especialmente cuando tienen profundas raíces históricas; el particularismo, por cierto, no es excepción. El particularismo -afirma O'Donnell- es un rasgo permanente de la sociedad humana, que sólo en épocas recientes, en ciertos lugares y en ciertos ámbitos institucionales pudo ser moderado por normas y reglas universalistas. En muchas poliarquías nuevas el particularismo está fuertemente asentados en sus instituciones políticas formales" . Así la institución del clientelismo permea las instituciones de esta democracia delegativa, con ciudadanía de baja intensidad, transformada en contexto favorecedor para el desarrollo de prácticas clientelares.

En resumen los tres diarios estudiados no presentan un concepto unívoco de clientelismo, aunque prevalecen tanto en sus editoriales como en la opinión de sus columnistas indicios de una conceptualización algo simplista del fenómeno clientelar. Existen también excepciones, en general en columnas de expertos, que superan esta mirada esquematizadora e intentan una comprensión más amplia.


3.6. La relación clientelismo-política:

Dijimos desde el análisis cuantitativo que La Nación, Clarín y Página/12 en sus notas ven a la política como el lugar preponderante del clientelismo. Mostraremos en este apartado de qué manera presentan de la relación política y fenómeno clientelar.

Hay quienes llevan al extremo la relación y presentan a la política como una actividad basada exclusivamente en el clientelismo. "La política, que ya no se ve como la ciencia o el arte de gobernar, sino como el ejercicio del clientelismo, del amiguismo y del favoritismo". El historiador Halperin Donghi, criticando la existencia de clientelismo en la Universidad de Buenos Aires, recurre a una idea similar, considerando que hubo una "transformación de la política en una actividad destinada a organizar sistemas clientelares" . El sociólogo Pedro Krotsch a su vez afirma que la partidización de la universidad fue negativa. Podríamos pensar que la partidización universitaria trajo consigo una práctica común de los partidos políticos: el clientelismo .

Otra cuestión, que reafirma lo anterior, es que el clientelismo no es exclusividad de ningún partido político. Abundantes crónicas describen casos de clientelismo en diversos partidos: desde el Justicialista hasta la UCR, pasando por el Movimiento Popular Neuquino. Las prácticas clientelares atraviesan a las fuerzas políticas más importantes, independientemente de su posición en el arco ideológico.

El sociólogo Portantiero intenta clarificar la crisis de representación política en Argentina. "Las tradicionales configuraciones políticas parecen sordas y permanecen inmóviles frente a los reclamos de la ciudadanía. Amuralladas tras una lógica autorreferente de comportamiento, viven más preocupadas por mantener sus mecanismos de reproducción interna que por mediar entre la ciudadanía y el Estado. En los casi veinte años de democracia llevaron al agotamiento sus estilos de patronazgo y clientelismo articulados alrededor de las figuras de los "punteros", empresarios de votos y de lealtades entre los partidos y las fuentes locales de poder. Así se transformaron en máquinas prebendalistas, con un financiamiento oscuro amañado en colusión con los gobiernos, sin educación para sus cuadros, sin perfiles ideológicos ni programáticos definidos y con escasa renovación de las figuras que presentaban ante el electorado" .

Ante esta situación aparecen incipientes planteos alternativos, algunos muy cercanos al mero maquillaje. Los dirigentes políticos apuestan a la interna abierta, presentada como la solución a los males de "la vieja política". Los medios reproducen opiniones que tienden a hacer descansar en la interna abierta, obligatoria y simultánea la solución para esta situación. La interna rápidamente dejó de ser simultánea y obligatoria y pasó a ser sólo abierta. Algunas opiniones dan una idea del panorama que revelan los diarios sobre esta temática:

  • Néstor Kirchner reclamó que "las internas partidarias del PJ sean 'abiertas, simultáneas y con voto obligatorio de la gente, porque de otra manera los aparatos y el clientelismo político pueden condicionar este proceso'".
  • Felipe Solá señaló que "el nuevo sistema constituía un claro avance en la transparencia del proceso de selección de candidatos, dominado muchas veces por el clientelismo y la patota. (...) Las elecciones internas dan fuerza a los candidatos, los legitiman y, además, los obligan a desarrollar y exponer un proyecto, y lo que tenemos que tener en claro es que de la situación actual no se sale si no hay un proyecto claro".
  • Juan Carlos Maqueda relaciona clientelismo con afiliación, siendo ésta un hecho central de una interna cerrada: "el legislador habló de clientelismo y de prebendas: destacó que es un fenómeno que se da en todas partes del mundo y que la diferencia en la Argentina, como señala el informe, esta dada por su magnitud. 'Aquí, los altos niveles de afiliación hacen que el puntero político tenga una dimensión extraordinaria'".
  • Una nota de opinión de La Nación participa de este optimismo: "en el sistema de internas abiertas, por el contrario, la sociedad entera puede participar en la elección de los candidatos del partido de su preferencia. Aunque no se trate de un elegido por la "estructura", cualquier contendiente tendrá razonables posibilidades de triunfar, porque podrá lograr el apoyo de los simpatizantes no enredados en la maraña burocrática. Y así sucederá en todos los partidos. Es decir, el ciudadano se sentirá atraído para intervenir porque su participación tendrá un valor real de decisión. A la vez, con el tiempo, necesariamente mejorarán los candidatos, pues van a ir surgiendo en todas las organizaciones figuras de mayor calidad. Las internas abiertas irán provocando el final del caudillismo opresivo pues, al contar con la libre participación independiente, los candidatos no serán digitados por cúpulas de las que ya no dependerán".

No estamos cuestionando aquí a las internas abiertas como un avance que permite la participación de sectores más amplios de la sociedad en la selección de candidatos, sino cierto optimismo exagerado que las presenta como la panacea. Las internas abiertas realizadas hasta el momento (abril 2003) demostraron que incluso profundizan los defectos de las cerradas. Los aparatos mantienen una importancia fundamental, recuérdese la abierta presidencial de la Alianza entre De La Rúa y Fernández Meijide. Los punteros se sienten a gusto en una interna abierta, tienen "más mercado" no deben limitarse a los afiliados sino que pueden trabajar sobre los sectores independientes o sobre afiliados a otros partidos, habiéndose llegado inclusive a la denuncia de compra lisa y llana de votos. Más aún se habla de "transacciones" entre dirigentes locales para que cada uno sortee con éxito su respectiva interna, "prestándose" clientelas mutuamente en la fecha de la elección. Seguramente un buen sistema de elecciones abiertas, obligatorias y simultáneas solucionaría algunos de estos defectos. En Argentina no hay experiencias al respecto hasta este momento. No obstante no encontramos en las notas sobre clientelismo de los diarios estudiados un debate de ideas sobre este tema. Más bien sólo difusión de opiniones que, generalmente, olvidan que una interna abierta no es la solución para todos los males de la crisis de representatividad política en Argentina.

Si bien el clientelismo parece (y no lo es) propiedad exclusiva de la política partidista, algunas notas lo vinculan con organizaciones políticas no partidistas (aunque partidizadas) como la universidad, sindicatos, piqueteros o, inclusive, la propia Iglesia Católica.

A la Universidad de Buenos Aires la describen como partidizada y clientelar. ¿De dónde nace la partidización?. "Es una historia larga y dramática -dice Krotsch-. La autonomía relativa de las instituciones en Argentina ha sido siempre muy débil, porque han estado permanentemente atravesadas por el poder, ya sea de los partidos políticos o de la intervención militar directa. Si nos detenemos en la recuperación de la democracia, en 1983, tenemos un ejemplo concreto. Aparece Franja Morada, ligada explícitamente a un partido político, la UCR. Esto no tiene nada que ver con los ideales de la Reforma del 18, que siempre se expresó a través de un movimiento que disolvía los intereses particulares de los movimientos políticos. Tenía su propia ética y su propia forma de valorar la militancia académica, que no coincidía para nada con los valores hegemónicos en los partidos políticos" . Es extraño que, aunque esta descripción puede aplicarse a todo el sistema universitario argentino, sólo aparezcan notas referidas a la Universidad de Buenos Aires, sin menciones a otras universidades del país. Tal vez porque la UBA fue el paradigma más claro de esta partidización universitaria.

El ex vicepresidente Chacho Alvarez, refiriéndose a la falta de autocrítica en el radicalismo, coincide en señalar la utilización de la universidad con fines partidistas. "El (se refiere a Alfonsín) dejó hacer ese radicalismo que es una especie de vale todo. Nunca se planteó hacer una reforma cultural fuerte. Además participó, en un partido que venía del fracaso del 89, de una teoría conspirativa, la del golpe de mercado, que los dejó tranquilos y no les dejó revisar su funcionamiento, los métodos, el internismo, los usos de las instituciones para financiar el partido, lo que pasaba en la UBA con Franja Morada, que hacía discurso antimodelo pero que también usaba a la universidad para financiar el aparato partidario" .

Un dato importante es que al referirse a la universidad como vinculada al clientelismo siempre hacen referencia al sector estudiantil. Aparentemente son los centros de estudiantes -principalmente los de Franja Morada- quienes mantienen relaciones clientelares con la conducción de la universidad o con el resto de los estudiantes. Nadie habla de otro tipo de relaciones clientelares existentes, especialmente en los concursos para la cobertura de cargos de profesor o en las relaciones entre académicos y rectorado o decanato. De nuevo, como en el caso de la relación empresas-clientelismo, parece que sólo mantienen relaciones clientelares los más débiles: en la política partidista, los pobres; en la universidad, los estudiantes.

Respecto de relaciones clientelares al interior de la Iglesia no hay referencia alguna en los tres medios estudiados. No obstante, un ex párroco narra una relación clientelar poder político-Iglesia Católica. Leamos el relato de Spagnolo, entrevistado por María Ester Gillio:

"-Yo sigo siendo sacerdote, la ordenación es un sacramento. Es como el bautismo. No se pierde nunca.

-Lo cual no quiere decir que conserve su lugar como párroco.

-No lo conservo, en el año '98 me suspendieron la licencia porque participaba en los cortes de ruta.

-¿Cómo fue eso?

-Mientras yo trabajaba en la Pastoral Social, un movimiento de desocupados que buscaban trabajo, el obispado no decía nada. Estaba de acuerdo. Cuando mi actitud fue más combativa, empezaron los problemas. Porque, además, en ese momento Duhalde empezó a presionar al obispado.

-Duhalde era gobernador.

-Sí, era gobernador y empieza a presionar diciendo que va a retirar los fondos que daba a las iglesias si seguíamos molestando.

-¿Dijo "molestando"?

-Algo un poco peor. Decía: 'Cómo puede ser que en un ámbito cristiano se esté alimentando la violencia'. El dijo eso y el obispo Jorge Novak optó por el poder. Nos pidió que sacáramos a los desocupados. A un cura de Varela lo hizo salir.

-Usted era párroco de este barrio.

-Sí. Yo consulté a la comunidad: "¿Qué hacemos?", pregunté. La comunidad dijo: "No, que el obispo venga y dé la cara, que diga por qué hay que echar a los trabajadores".

-¿De las iglesias?

-Bueno... de los edificios de las iglesias. La comunidad le pidió que viniera a hablar, que explicara por qué decidía obedecer a Duhalde contra la opinión de la comunidad. Ahí se produce un conflicto entre la comunidad y el obispo, y la comunidad decide tomar la parroquia hasta que Novak venga a hablar.

-¿No fue?

-No, no fue e inició un juicio de desalojo ante los tribunales. Después de año y medio, el 22 de junio de 2000, viene la Infantería y nos desaloja.

-Y usted ya estaba suspendido.

-Ya estaba suspendido, me había apartado de la parroquia. Hoy no tengo relación con la Iglesia, la argentina.

-¿Querría volver?

-A una Iglesia en la que hay que obedecer al poder... No me hice cura para eso, para hacer caso a Duhalde u otro del mismo estilo" .

En síntesis el aporte del Estado a la Iglesia Católica sirvió, según Spagnolo, como mecanismo de presión. ¿Se trata de una relación clientelar donde la Iglesia oficia de cliente del Estado?. No hay notas en los medios que describan relaciones clientelares entre la Iglesia y sus fieles. Otras religiones, y otros países, también relacionan al clientelismo con la religión. En una de las escasas notas de política internacional que mencionan el clientelismo, se vincula al islamismo con prácticas clientelares en Irán: "el concepto de igualdad, dogma de fe en el Islam, aparece deformado por un peculiar aspecto del chiismo iraní: el de Mardja-e-Taqlid (conceptualmente "el más sabio" en lo religioso-político y casi infalible) que hoy sería el "guía de la revolución" sayyid Khamenei, en torno del cual se ha desarrollado un ambiente de nepotismo y clientelismo en nombre del ideal religioso de 1979 que ha llevado al país a una situación crítica. Representa el ala más fundamentalista y se enfrenta con un ala no menos religiosa, pero mucho más abierta con el presidente Khatami, también sayyid" . La falta de descripción del tipo de prácticas clientelares observadas no permiten avanzar en la comprensión de las relaciones clientelares que pueden darse en el interior de congregaciones religiosas.

Otro ámbito donde el clientelismo incide es el de los medios de comunicación. No es, obviamente, un tema sobre el que abunden las referencias en los diarios. Página/12 publicó un informe desarrollando la actualidad de la televisión en el interior del país. Allí detecta fenómenos como la reducción de los presupuestos para la producción local, la desaparición de anunciantes, la restricción de oferta de canales de cable, y el agravamiento del clientelismo político. En relación a éste la nota explica cómo los canales del interior son cooptados por sus vinculaciones políticas: "se despliega, sin pudores, la mirada sesgada de un fuerte tono partidario en noticieros y programas periodísticos. La que aparece es una pintura parcial sobre los hechos. Cuenta Sandra Díaz, crítica de Pregón de Jujuy, que 'el único canal abierto (Radiovisión Jujuy) es una empresa perteneciente a un senador justicialista que mira la realidad desde la óptica partidaria. Como San Salvador está en manos de radicales, se resalta en las noticias todo lo malo. El sufrimiento de la gente no se ve en la tele; en la tele se ve Telefé. Se mantiene la lógica de la dictadura: lo que no conviene, no se dice'. Caen los presupuestos, y el noticiero se vuelve complaciente con la gestión de turno. Surgen extrañas jerarquías para seleccionar la noticia del día". La crítica Mara Rodríguez, de La Mañana de Formosa, explica que "existen sólo dos canales estatales de un fuerte sesgo justicialista. Hay ciertos hechos que se cubren y otros que no. A la falta de mirada crítica se suma la carencia de recursos imprescindibles para estar bien informados" . Por supuesto que no será este el único tipo de relación clientelar entre los medios de comunicación y el poder. Siempre escuchamos insinuaciones sobre periodistas recibiendo sobres de organismos estatales, pero no son temas investigados por la mayoría de los medios de prensa. Esta fue la única referencia a relaciones del tipo clientelar a partir de los medios encontrada en el análisis de las notas. Sirve, al menos, para que el lector tenga una primera noticia de que este fenómeno existe, aunque no sea tan comentado como el clientelismo que incluye a los pobres.

En síntesis, a pesar de que el centrimetraje de los diarios indica que la principal relación clientelar es la de los pobres con los políticos, una lectura atenta encuentra indicios de clientelismo en otros sectores de la vida, siempre -claro está- vinculados con la política. Parece que la política es capaz de "clientelizar" (valga el neologismo) todas sus relaciones. Es un patrón de relación pasible de ser trasladado a las más diferentes relaciones en que la política está inserta, sea con sindicatos, medios de comunicación, religiones u organizaciones sociales (incluidas las aparentemente impolutas ONGs).


3.7. Clientelismo y ayuda social:

Aunque dijimos que la asistencia social no se constituyó, por su grado de fragmentación, nunca en una política pública, sí es parte de las políticas sociales. En ese sentido, obviamente mantiene estrecha vinculación con lo partidario. El clientelismo según los diarios parece basarse en una relación establecida con los sectores más pobres de la sociedad. La ayuda social es una práctica política dirigida a los pobres, estos atributos la hacen blanco del clientelismo.

¿Qué dicen los medios analizados de la relación clientelismo y ayuda social?. En principio leemos opiniones críticas respecto de la forma actual de la asistencia social y planteos alternativos que pasan, casi exclusivamente, por las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs). Es fuerte el reclamo para que el Estado abandone uno de sus deberes esenciales (la preocupación por el bienestar de su gente) y ceda ese espacio a las organizaciones del Tercer Sector. Hablamos entonces de una privatización de la ayuda social, basada en un sistema de razonamiento muy similar al utilizado con los teléfonos, los ferrocarriles o YPF: "como el Estado no es eficiente será mejor privatizar". No plantean la posibilidad de mantenerlos estatales y eficientes, como si el antónimo de ineficiente fuera privado. En este sector de las políticas sociales, la ayuda social, el planteo es similar: "el Estado es ineficiente y cae en el clientelismo, demos el manejo de la asistencia social a las ONGs". Dejando sentado que el sólo hecho de ser una Organización No Gubernamental sea garantía de eficiencia, honestidad, sensibilidad, transparencia. Atributos que muchas ONGs efectivamente poseen, pero no necesariamente todas.

Clarín, en nota editorial, comparte el criterio enunciado. "La respuesta solidaria -dice Clarín- es la contracara de la debilidad de las respuestas estatales, debida tanto a la escasez de recursos como a la desarticulación de las instituciones que deberían ocuparse de esos problemas o la manipulación política de la ayuda disponible" . La Nación editorializa vinculando asistencia-prebenda-clientelismo: "mecanismos asistenciales en los que casi nunca están ausentes la prebenda y el clientelismo. Es sugestivo que las palabras más autorizadas y de mayor peso, en estos momentos, estén proviniendo de las entidades de bien público, que suelen tomar el lugar que los poderes del Estado no parecen en condiciones de ocupar". Y agrega: "El Estado no parece hallar su rumbo y tal vez necesita que entidades más eficientes consigan marcárselo" . Un lector resume maravillosamente el planteo de las soluciones distorsionadas: "¿no sería más práctico, más económico y más eficiente que el Estado no se ocupara de estos temas, hasta ahora abandonados, y trasladara la mitad de los fondos previstos para esas necesidades a ONG competentes, que las hay y muchas?" . Cualquier parecido con las preguntas retóricas de Bernardo Neustadt, a principios de los noventa, sobre las empresas estatales no es casualidad. La Nación avanza proponiendo que el Estado delegue todas aquellas funciones para la que existan otros sectores más aptos. Textualmente: "la mayor participación de las organizaciones comunitarias abonará el principio de subsidiariedad que debería prevalecer en todos los programas sociales, de manera tal que el Estado delegue todas aquellas funciones para las cuales hubiere actores sociales más aptos y capacitados" .

Las ONGs también tienen limitaciones, incluso algunas de ellas son planteadas por los medios. Una encuesta de Gallup, comentada en La Nación, plantea el problema del financiamiento: "tanto la falta de dinero (para enfrentar los costos de una mayor demanda, para comprar insumos, para sostener proyectos planificados, para pagar y/ o contratar servicios), como las dificultades para acceder a fuentes de financiamiento y para conseguir fondos (hay menos donaciones, falta el apoyo empresarial, cuesta lograr la cooperación de agencias nacionales e internacionales) constituyen escollos que no sólo dificultan sino que a veces impiden continuar con la provisión de algún servicio. Al respecto cabe señalar que la mayoría percibe una disminución en el volumen de los aportes y ha tenido que generar vías distintas a las habituales para la obtención de fondos". La alternativa encontrada es el trabajo en red con otras organizaciones, aunque se plantea que "esta tendencia positiva a la complementariedad con otros grupos debería también extenderse al Estado y a las empresas. Por mayor empeño que pongan las organizaciones intermedias en solucionar la crisis actual, resulta necesaria la articulación de objetivos y acciones, forjando una sólida red que una a la sociedad civil con las empresas y el Estado" . ¿Cómo incidirá en las ONGs su relación con el Estado?. ¿Podrán (pudieron) los gobiernos cooptar algunas de estas organizaciones para mantener prácticas clientelares?. ¿Qué grado de competencia se establecerá entre ONGs para captar mayores fondos provenientes del Estado?. ¿Podrían establecerse relaciones clientelares entre Gobierno y organizaciones del Tercer Sector?.

El cura Meisegeier rompe con la monocromía, describiendo algunos de los problemas que sufren las ONGs:

"- ¿qué problemas enfrentan este tipo de organizaciones que se dedican a lo social?

-El riesgo es caer en el discurso neoliberal o de las políticas neoliberales que hablan de la sustentabilidad. Que los pobres t


publicada 27/09/2003
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