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El martes 30 de setiembre asumió como Ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires Juan José Alvarez. En un reportaje publicado el domingo 28 en el diario Clarín, ofreció una síntesis de lo que será su gestión: Prometen saturar la calle con policías. Y esa promesa se convirtió en el título principal de la portada. En las páginas 52 y 53 de esa edición se desplegó la entrevista, con una serie de infografías que ilustraban sobre la situación en la provincia: total de delitos cometidos (347.566) porcentaje de delitos que se cometen en el conurbano (78%) y, el dato más interesante, correspondiente a una encuesta de la consultora Equis, que preguntó: ¿desde que comenzaron los operativos de seguridad se siente más seguro? Las respuestas de los 5.819 encuestados fueron: No, 60% y Sí, 40%.

En la nota, Alvárez cuenta que tiene un problema: le prometió a sus hijos que no volvía más a gestión pública, pero luego de un llamado de Eduardo Duhalde decidió aceptar. Quién formalmente lo designó en el cargo fue el gobernador Felipe Solá, asegurándole que "tenía carta blanca". Para entender quién es merecedor de semejante confianza política de parte del gobernador bonaerense, conviene repasar aquello que Clarín omitió en reportaje: la responsabilidad política de Alvarez en los homicidios de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki. Aquí se reproduce lo narrado en el libro Darío y Maxi, dignidad piquetera, una investigación del Movimiento de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón.


Secretario de Seguridad Interior de la Nación, doctor Juan José Alvarez

En las páginas que dan cuerpo a este trabajo su nombre aparece vinculado a responsabilidades en la represión con una frecuencia difícil de encontrar en los medios gráficos de aquellos meses. Días antes del 26 de junio, Juan José Alvarez había definido la dureza del gobierno respecto a la protesta como "una decisión política". Durante la trágica jornada repitió el discurso que criminalizaba a los desocupados y mintió sistemáticamente sobre el rol que jugaron las fuerzas represivas, encubriendo su accionar criminal. Desde que asumió el cargo en diciembre de 2001, impulsó como política de seguridad el accionar conjunto de las cuatro fuerzas de represión interior, que bajo su coordinación se puso en marcha el 26 de junio.

El repaso y la aclaración previa se tornan necesarios para caracterizar la responsabilidad política de un funcionario que, a los 47 años, construye su carrera haciendo gala de una imagen legalista en materia de seguridad, distinta de los halcones del PJ que predican la represión indiscriminada, como Ruckauf y Atanasof. Sin embargo, la práctica lo encuentra compartiendo y justificando el trabajo sucio a la par de hombres como Oscar Rodríguez. Los roles que el vicejefe de la Side y el secretario de Seguridad jugaron en la planificación, ejecución y justificación de los crímenes de Avellaneda, lejos de ser antagónicos fueron completamentarios: para disparar sistemáticamente sobre los manifestantes, había que montar el escenario de saturación de fuerzas represivas que Alvarez dispuso.

Juanjo Alvarez dio sus primeros pasos políticos en los convulsionados años 70, militando en la derecha sindical peronista. Entre los años 91 y 93 fue el director más joven en la historia del Banco Provincia. Como gran parte del elenco duhaldista, conoce el menemismo desde adentro: fue subsecretario de la Presidencia de la Nación hasta 1995, especializándose y brindando seminarios sobre Modernización Pública, forma elegante de definir la política de privatizaciones que destruyó el patrimonio nacional. Fue electo intendente de Hurlingham en 1995 y 1999, cargo que abandonó el 26 de octubre de 2001 para hacerse cargo del Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires.

Dos meses después de asumir, durante la rebelión popular que terminó con el gobierno de De la Rúa, Alvarez jugó un rol destacado en las maniobras tendientes a que el aparato político del duhaldismo se quedara con el gobierno: "Ustedes si quieren darles a los comercios chicos, denle p'adelante, basta que no se metan con los hiper", dice el diputado provincial Luis D'Elía que le dijo el entonces ministro de Seguridad de la provincia, en el marco de los saqueos del 19 de diciembre.

Una vez caído De la Rúa, Alvarez -desde el ministerio provincial- volvió a aportar su visión ágil y efectiva para desactivar lo que días antes había ayudado a activar. Una impresionante campaña de acción psicológica se montó durante las madrugadas del viernes 21 y sábado 22 de diciembre, con el fin de retraer el estado de efervescencia popular que habían generado los saqueos y el derrocamiento de un gobierno antipopular por la resistencia masiva en las calles. Con estas maniobras, Alvarez demostró su influencia y capacidad de manejo sobre el aparato político provincial y la Bonaerense. Punteros y policías, de uniforme y de civil, en patrulleros o autos particulares, regaron cada barrio del Gran Buenos Aires de rumores diciendo que ahora los saqueos vendrían sobre cada uno de nosotros. Aun en las villas y barrios humildes se instaló el temor de que vinieran a robar de otras remotas villas. Absurdo e irracional, lo cierto es que no hubo barrio del conurbano que aquella noche no tuviera sus fogatas y piquetes ardientes y vecinos alertas para defender lo suyo, muchas veces armados. Después de dos jornadas en las que la acción directa de gran parte del pueblo había desafiado a supermercados y gobiernos, a horas de haber nacido el "que se vayan todos", toda esa energía y potencia organizada se consumía en la confusión que se instaló en cada barrio del Gran Buenos Aires.

En diciembre del 2001, en el marco de la estrategia del PJ para neutralizar la movilización popular y hacerse cargo del gobierno, Alvarez puso sus capacidades en función del mismo objetivo que compartía con quieres pregonan métodos menos sofisticados de represión. Mientras Oscar Rodríguez y Quindimil planteaban el enfretamiento en término de "disputarle la calle a los piqueteros y zurdos", Alvarez apelaba a operaciones de acción psicológica basándose en un manejo inteligente de los medios periodísticos. La misma lógica se dio el 26 de junio.


publicada 27/09/2003
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