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Vallas y ventanas
anticopyrightPublicado por el diario Los Andes, de Mendoza el domingo 7 de abril del 2002.

"Ustedes, vos, ¿sienten o te sentís parte de un movimiento global?". Así abrió el debate la periodista y escritora canadiense Naomi Klein, frente a un público de casi 400 personas (con una mayoría de adolescentes y universitarios) que se apretujaban en las escaleras para poder escucharla. La cita, que duró tres horas e incluyó la presentación de seis panelistas jóvenes y argentinos, fue en el auditorio de la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.

Naomi contó allí algunas de sus conclusiones de su primer viaje por la Argentina: se interesó por las manifestaciones espontáneas que surgieron a partir del 19 de diciembre último y ahora puede relacionarlas con los movimientos indígenas en Chiapas o el movimiento antiglobal de Seattle, aclarando que "son parte de un movimiento de movimientos que no es reproducible en todo el mundo, sino que existe en tanto tiene particularidades propias". Para ver si su idea tenía fundamento, propuso un ejercicio de preguntas a los panelistas que ella misma invitó para saber cómo se construye localmente esta nueva forma de democracia participativa, centro actual de sus investigaciones.

Antes de darles la palabra, habló de "esta red mundial que empieza a conectarse". Y aclaró: "No vine a pregonar nada ni ha convencer a nadie de alguna cosa, sino a incluirme en ésta que llamo 'conspiración de participación e inspiración', que es lo que creo que se está distribuyendo globalmente y que implica aprender y confiar en otros y poder compartir las prácticas de cada uno. Por eso estoy hoy aquí".

Para explicar qué une a esta red usó dos imágenes: la valla y la ventana. "La valla -dijo Klein sin perder de vista sus apuntes-, nos hace preguntarnos contra qué estamos. Y la ventana nos ayuda a preguntarnos hasta dónde hemos llegado". Las vallas, según explicó la canadiense, "son límites que nos imponen y desde aquí podemos pensar en las privatizaciones de las formas de vida y hasta de los materiales genéticos. Pero la más importante de las privatizaciones de estos tiempos es la privatización del yo, que convierte a los sujetos en mercancías y los ubica en un rol de consumidor opuesto a un sujeto activo, que puede participar". Entonces Klein recordó haber escuchado en varias asambleas barriales de Buenos Aires, vecinos que le decían: "Abrí mi puerta por primera vez y ahora veo las cosas de una manera diferente". También percibió "la caída de las vallas" en los piqueteros "cuando transformaban el espacio del barrio en la nueva fábrica donde otros, que no eran obreros, podían acercarse".

Entonces disparó una crítica severa: "La privatización para el capitalismo no sólo tiene que ver con producir mercancías que puedan intercambiarse entre fronteras sino con la construcción de nuevas formas de clausura que se le imponen al otro. Por ejemplo, la exclusión social que implica la criminalización del diferente. Y hay otro modo de valla: la virtualización. Cuando el poder se hace invisible pero está. Esto tiene que ver con el comercio intelectual que produce un modo de valla o la refuerza".

Según Klein, vallas y ventanas son parte de una paradoja: "Estas vallas han podido visualizarse a partir de la aparición de ventanas, que han permitido hacer tangible este poder invisible. Y las ventanas se han abierto a partir de las vallas. ¿Cómo? Más allá de las protestas contra el ALCA y el Grupo de los 8, se ha abierto una percepción de cómo se produce hoy ese poder. Esa visualización se hizo posible a partir de las vallas que han tenido que poner para protegerlo. En Canadá, cuando se discutió sobre el ALCA tuvieron que construir una valla de 3 kilómetros para proteger al poder de las acciones de los que estaban afuera de esa valla, o corralito". Para Klein estas "Contra Cumbres" son las ventanas que se han abierto en las vallas Y mencionó dos imágenes paradójicas que también hablan del mismo fenómeno, tanto en México como en Argentina: "Los zapatistas taparon su rostro para hacerse visibles y los piqueteros bloquearon las rutas para actuar. El bloqueo es la ventana abierta".

Para Klein, el 11 de septiembre se abrieron nuevas formas de acción y desafíos para los movimientos antiglobales: "Desde el 11 de septiembre las personas reciben un discurso donde hay dos opciones: el bien y el mal. Pero, en realidad, son dos tipos de fundamentalismos. Uno es económico y el otro religioso. Ambos creen en un sistema de reglas capaz de ser aplicadas en cualquier lugar del mundo, aunque ellos mismos las violen. El desafío es abrir una ventana a la democracia entre ambos fundamentalismos, el económico o neoliberal y el religioso, el de Bin Laden".

Luego le siguieron los panelistas argentinos que respondieron a sus preguntas: si se sentían parte de un movimiento global; cómo se podía corporizarlo y cómo producir una cultura de participación. Fue el turno, entonces, de Mariano, del Movimiento de Trabajadores Desocupados de Almirante Brown; Raquel Robles, de la organización HIJOS; Ezequiel Adamovsky, activista del Movimiento de Resistencia Global en Argentina; Mariana Corral del GAC (Grupo de Acción Callejera); Iván Heyn, flamante presidente de la FUBA y Natalia de la Puente, de la organización Pro-techo de la Boca.


publicada 07/04/2002
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