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Foro Social
"La unidad es la diversidad"
 Con estas palabras José Seoane explica en esta entrevista la particular característica del Foro Social Mundial que se realizará en Buenos Aires. Una alternativa no solo en el contenido sino en las formas: gente distinta, que piensa distinto y hace cosas diferentes intenta unirse para crear una opción mejor. Nada fácil, especialmente para aquellas organizaciones acostumbradas al verticalismo y la lucha sectorial. El desafío tiene ahora una cita concreta: del 22 al 25 de agosto.
Bill Gates tenía, en 1998, una fortuna de 90 billones de dólares; el inversionista bursátil Warren Buffet 36 billones y Paul Allen, el confundador de la megaempresa Microsoft, 30 billones. Es decir: tres hombres poseen una suma mayor que todo el ingreso junto de las 600 millones de personas que viven en los 48 países menos desarrollados del mundo. La comparación está citada en el libro Resistencias Mundiales (De Seattle a Porto Alegre), una compilación realizada por José Seoane y Emilio Taddei y es uno de los tantos datos que permiten resumir el estado de las cosas, hoy. O al menos, una de sus partes. La contracara de este modelo se nucleará en el Foro Social Mundial que se realizará en Buenos Aires entre el 22 y el 25 de agosto. "La crisis del modelo neoliberal en la Argentina. Los desafíos para el movimiento global" es la consigna de este encuentro que no es resolutivo: la idea es hablar, discutir, debatir. El Foro ya nucleó a 300 organizaciones y cuenta con más de 200 talleres autogestivos de entidades interesadas en participar. "La clave de este movimiento es la diversidad; la unidad en la diversidad", explica en esta entrevista José Seoane, coordinador del programa Observatorio Social de América Latina, de Clacso, y uno de los organizadores del Foro. -¿Por qué, hasta no hace mucho, en la Argentina se sabía tan poco del movimiento antiglobalización? -En la Argentina había mucha desinformación respecto del movimiento. Con los medios de comunicación ocurrió una cosa curiosa. El diario Clarín, por ejemplo, decidió no cubrir el Foro de Porto Alegre, que se realizó a principios del 2001 y, en cambio, mandó a su cronista a la ciudad suiza de Davos, la cumbre a la que -justamente- se oponía la contracumbre de Porto Alegre. Pero el encuentro de Brasil alcanzó tanta repercusión que hasta obligó al propio Foro de Davos a establecer una conexión electrónica y enfrentar un debate. Recién entonces Clarín mandó a su periodista a Brasil. Pero llegó tarde, cuando todo había empezado. La pregunta -y no me refiero exclusivamente a Clarín- es por qué. Quizás porque el movimiento antimundialización neoliberal tiene características que podríamos decir novedosas. La primera es que la unidad está en la diversidad. La unidad no es la homogeneidad sino que, por el contrario, la unidad cobra mucha más fuerza en la diversidad, en la articulación de partes diferentes. Esto se verifica tanto en la fórmula para los debates y las resoluciones, como la mecánica en la organización de las protestas. En los dos terrenos se implementa esa nueva forma de entender la unidad: un camino para construir una alternativa emancipatoria que va más allá de las reivindicaciones político sociales. La emancipación es un tema que cruza el conjunto de las discusiones porque no refiere solo a la esfera económico social sino a la vida cotidiana, lo ecológico, la sexualidad y el género. Lo interesante de la articulación de estos múltiples movimientos es que de alguna manera recorre todos los sentidos de la vida. El otro elemento novedoso es la multiplicidad de los participantes. Ya no se trata solamente del movimiento obrero, del campesino, de las mujeres o de los jóvenes sino de un conjunto diverso de voces, movimientos, organizaciones y colectivos que interactúan y construyen un Foro, en el mejor sentido de la palabra. -¿Por qué tampoco entre los intelectuales argentinos estos movimientos son tema serio de análisis? -Creo que todavía persiste, en el país, una cosmovisión muy centrada en lo nacional y, en este sentido, porque la mirada internacional es parte del elemento fundacional del movimiento antiglobalización. Pero no es el internacionalismo tradicional, no es simplemente la solidaridad entre pueblos sino que se trata del mismo poder que afecta a todo el mundo, los mismos problemas, y las mismas alternativas. Hoy está claro que la perspectiva de una salida diferente para la sociedad argentina solo puede imaginarse en un marco regional e, incluso, internacional diferente. En ese sentido, son niveles que deben ser articulados. Y creo que el Foro va a ser un momento de afirmación de esta perspectiva. -¿Es como si los pensadores, incluso los críticos, estuvieran aferrados a parámetros antiguos de análisis? -Creo que sí. Porque hay toda una corriente dentro del movimiento que cuestiona los parámetros de la izquierda tradicional, que cuestiona las formas anteriores de las convergencias ya sea a través de partidos políticos o de un movimiento con un centro articulador en el cual se construía la hegemonía. La propia forma de constitución del Foro, esta idea de la unidad en la diversidad, pone en cuestión esos viejos principios. -¿La diversidad es el desafío y a la vez el riesgo del movimiento? -Diría que es el desafío y la dificultad. Ciertamente los procesos colectivos donde la diversidad no quiere ser abolida requieren paciencia, energía y diálogo efectivo y, para ello, en algún punto las relaciones de poder deben ser suprimidas. El Foro resuelve sacando del medio la cuestión de la decisión. En el Foro no se resuelve nada, es un ámbito de debate Y esto de sacar la cuestión de la votación es interesante justamente porque suspende, por un momento, las relaciones de poder y hace posible un diálogo real. De este modo la construcción del consenso no puede reposar particularmente en las relaciones de fuerzas construidas anteriormente. Ahora, claro, estos procesos demandan su energía. Los tiempos de lo colectivo son tiempos prolongados. La propia organización del Foro ha atravesado ese complejo aprendizaje. -¿El objetivo final es generar una alternativa? -Una alternativa en el sentido global, pero también muchas alternativas. Las declaraciones de los dos Foros de Porto Alegre -el de principios del 2001 pero también el del 2002- muestran que hay un crecimiento en ese sentido. La declaración del Primer Foro es una especie de síntesis de reclamos de los diferentes movimientos. Hay un párrafo que alude a los sindicatos, otro a las mujeres, a los campesinos. En cambio buena parte de La Segunda Declaración, la de Porto Aelgre 2002, es una respuesta tanto al neoliberalismo como a la guerra infinita proclamada por Bush, que no puede sino interpretarse como un intento de iniciar una fase de neoliberalismo armado, frente a la doble crisis que atraviesa el neoliberalismo: la económica y la de legitimidad. El capitalismo ha dejado de tener consenso social. El planteo de los movimientos es "no al neoliberalismo y no a la guerra". -En uno de sus artículos James Petras escribió que el movimiento estaba polarizándose entre grupos reformistas y grupos revolucionarios.¿Es así? -Es cierto que hay debates de esa índole que están cruzando los Foros. Es decir: grupos que tienen en mente formas neokeynesianas en lo económico y estatalistas en términos políticos. Y hay otra posición, de abolición del sistema capitalista. Pero, fundamentalmente, hay espacios donde se rediscuten las estrategias frente al Estado y la política desde una perspectiva de transformación social. Es un punto que corta de manera diferente la clásica visión entre reformistas y revolucionarios e incorpora otro eje. Son nuevos modos de entender la relación con la política y el Estado, nuevos no solo para la izquierda en general sino para la izquierda revolucionaria en particular. El politólogo John Holloway es una de las personas que verbaliza este pensamiento bajo la frase de cómo cambiar la sociedad sin tomar el Estado, o sin tomar el Poder. -¿En el caso particular de las asambleas, en la Argentina, este proceso no está, en este momento, algo empantanado? - Creo que el proceso de las asambleas es un proceso interesante cuyas limitaciones no se resuelven de la noche a la mañana. La experiencia de las asambleas no se constituyó solo contra la lógica del sistema sino que, además, tuvo que lidiar con las intervenciones que desde diferentes organizaciones intentaban y proponían a las asambleas un modelo tradicional de la política, donde la participación social podía volverse un espacio de manipulación. En este sentido, los vecinos tuvieron que enfrentar un desafío enorme: lidiar no solo con el poder económico sino contra la propia interferencia de organizaciones que proclaman estar en el bando del cambio -¿Habla en pasado porque es un proceso concluido? -No, para nada. Me parece que las asambleas se han asentado como un modelo de organización y participación de los sectores urbanos. Por poner una fecha, del 96 en adelante, hemos visto surgir nuevos colectivos y movimientos: las puebladas, las asambleas, los piqueteros, las multisectoriales. Son nuevas formas de luchas que se dan en sectores que han sido trágicamente transformados por las políticas neoliberales. Por supuesto que en ese recorrido, los movimientos sociales tienen sus alzas y bajas, sus picos y sus reflujos, no son lineales. -A veces parece difícil tener energías para sobrevivir y crear al mismo tiempo... -Yo creo que, aún a pesar de todo, la capacidad e inventiva de la sociedad argentina ha sido enorme: las asambleas, las fábricas tomadas, los piquetes... Está repleto de experiencias de creatividad.
publicada 20/08/2002
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