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Foro Social
Instrucciones para mirar al Foro

Josep María Antentas tiene 26 años y es miembro del Movimiento de Resistencia Global (MRG) de Catalunya. Fue, también, uno de los organizadores de la masiva movilización que protestó el pasado marzo contra la globalización en Barcelona, en coincidencia con la cumbre de la Unión Europea y que concentró a más de trescientas mil personas. Autor de uno de los balances del Foro Social Mundial de Porto Alegre, resumió en ese documento el estado actual del movimiento de resistencia: la existencia de "reformistas" y "radicales". Es decir, la tensión que concentra el futuro del movimiento entre aquellos que quieren convertirlo en un Foro de reclamos y los que quieren que avance hasta convertirse en una opción de poder real. Por supuesto, ahí también se bifurcan las discusiones. ¿Es a través de los partidos políticos o a través de los movimientos sociales que debe cristalizarse esta transformación? Entrevistado poco después de la presentación ante la prensa del Foro, en un rincón de la Facultad de Ciencias Sociales, este catalán de gestos juveniles y discurso maduro definió su visión a través de su propia experiencia. -¿Cuál es la situación del movimiento antiglobalización en Barcelona? -En estos últimos meses, España tenía la presidencia de la Unión Europea, entonces montamos una campaña que se llamó "Contra la Europa de Capital", que se convirtió en un marco de reclamo unitario del que participaron todo tipo de grupos, desde organizaciones formales hasta muy informales. -Esta campaña llegó en un momento clave del movimiento mundial. Se venía de la movilización en Génova, donde se produjo el primer muerto de las marchas antiglobales, se venía del atentado del 11 de setiembre, que muchos creyeron iba a producir un efecto de freno en los reclamos. ¿Pesó todo esto en la planificación de la protesta? -Está claro que Génova marcó un punto importante en este movimiento global. Primero por la cantidad de gente que participó, cerca de trescientas mil personas, y luego por la violencia del enfrentamiento entre los manifestantes y la policía. Después, llegó el impacto 11 de setiembre y luego Barcelona, el 15 y 16 de marzo, con esta cumbre de la Unión Europea. En este contexto, la manifestación logró sumar a más de trescientas mil personas y se convirtió en una de las más grandes que se han hecho en Europa contra la globalización neoliberal. -¿Cómo la organizaron? -La clave fue buscar una amplia coincidencia entre mucha gente, en primer lugar. Encontrar un marco dentro del cual todos se sintieran reflejados. Luego, encontrar métodos de trabajo en los cuales ninguna persona ni ninguna organización tuviera una hegemonía y lograr un equilibrio entre tantas sensibilidades y opiniones. Ese método de trabajo fue, concretamente, asambleas abiertas, donde se discutía las cosas hasta llegar a un acuerdo por consenso. A esas asambleas la gente participaba a título individual. Es decir, no representaba organizaciones, sino a su propia voz. Y esa voz, cada voz, valía igual, a sí fuera a título de una sola persona, un sindicato o un barrio. -Uno de los debates actuales del movimiento es, justamente, hacia donde tiene que derivar su organización. Si es hacia el esquema tradicional de partidos o estructuras, con dirección y dogmas claramente identificados, o si debe mantenerse en este estado de asamblea. ¿Cuál cree que será el camino válido? -Es uno de los debates. En lo personal, creo que hay que separar las cosas. Por un lado, qué tipo de representación política se busca y por el otro, cómo construir el movimiento. Y es mejor no confundirlas para que no haya problemas. El movimiento, tal y como funciona ahora, es una buena línea de trabajo. Buscar esas confluencias en base a puntos de acuerdos mínimos, con formas de organización en las cuales todo el mundo se sienta más o menos cómodo, me parece válido. Porque el hecho de que allí se expresen personas y no organizaciones expresa esa crisis de representación que caracteriza al momento actual. Si a una asamblea va gente que representa a un sindicato, gente que representa a un grupo informal, gente que va por su propia representación, bueno, todo eso está hablando de la diversidad de formas de organización actual que adopta esta sociedad. Expresa una diversidad de formas de organización que es importante que el movimiento sepa mantener. -Eso también puede ser mirado como una expresión de la desintegración actual... -Son los restos o escombros del modelo, sí, pero también lo nuevo a partir de lo cual podemos construir la opción. Seguramente si mirásemos la gente y organizaciones que están activas en el movimiento, veríamos que hay quienes representan a los 60 -dicho esto genéricamente y para entendernos-, quienes representan organizaciones creadas en otros momentos históricos y, al mismo tiempo, quienes representan a las nuevas generaciones, con organizaciones creadas hace uno o dos años. Y aquí convive todo esto: lo más nuevo y lo más viejo, tanto a nivel generacional como a nivel organización. Y seguramente lo que hay que lograr son puntos de encuentro y puntos de equilibrio. Todo el mundo tiene que aceptar que tiene que aprender algo de los otros porque nadie tiene aquí un modelo perfecto. -¿Requiere esto, fundamentalmente, mucha paciencia? -Paciencia, un poco. Pero mucha más imaginación a la hora de funcionar. Porque cuando no hay un marco organizativo, hay que saber moverse en ese terreno con otras herramientas que no son tan claras, sino mucho más complejas. Pero bueno, de hecho se está dando y, más o menos, funciona. -Hasta el momento parecería haber mayor capacidad de movilización que de organización. O, mejor dicho, de un tipo de organización que solo surge ante hechos puntuales. -Seguramente el reto es cómo transformar esa organización puntual en algo más permanente. El debate es cómo ofrecer espacios de participación para que toda esa gente que tiene un interés que va más allá de manifestarse en contra de algo tenga un compromiso más cotidiano, encuentre un lugar para trabajar a su gusto y en función de sus intereses. -¿Cuáles han sido, de acuerdo a su experiencia, estos acuerdos mínimos que han permitido unificar reclamos tan diversos? -El rechazo al modelo de globalización neoliberal es el primer punto de acuerdo. La fuerza que crea esa convergencia de gente tan diversa es el rechazo al neolibealismo actual. Hay mucha gente de países distintos, de tradiciones políticas diferentes, de sectores sociales diferentes que empieza a notar que sus problemas tienen una raíz idéntica. A partir de ahí, se trata de encontrar campañas y estrategias que unifiquen esas luchas de forma que se puedan ir articulando entre sí. -¿Por qué se le da a este movimiento el nombre de antiglobalización si se trata de un movimiento global? -Eso de antiglobalización es casi una etiqueta que nos vino de afuera del movimiento. Es más bien una etiqueta periodística. Lo que pasa es que esas etiquetas quedan, aunque sean malas. -¿Y con qué denominación se sentirías más cómodo? -Seguramente no hay ninguna, ahora mismo, que pueda expresar al movimiento. Pero en todo caso, antiglobal es un adjetivo que ha sido popularizado por los medios de comunicación, pero no es un adjetivo que tenga un contenido real. Es muy impreciso. -Uno de los puntos que señala en el balance del Foro Social Mundial de Porto Alegre es cómo ha sido reflejado el Foro por los grandes medios ¿Cómo debería ser mirado el Foro para evitar esas distorsiones que señala? -En principio, el Foro no es tan solo el gran escaparate que se arma como actividad central. Hay que hurgar más abajo, en sus talleres y mesas de debate propuestas de manera espontánea y autogestiva, para ver lo que realmente hay debajo y lo sostiene. El Foro es el resultado de esa diversidad. Cuesta tener una mirada de conjunto porque hay muchas cosas sucediendo al mismo tiempo y en diferentes lugares, pero la mejor forma es recorrerlo por abajo, porque hasta en las más pequeñas cosas está expresada su vitalidad real. Sin eso, no habría Foro. -Nombraba a la generación de los 60 como una forma de expresar una modelo de mirada hacia lo alternativo. ¿Cómo retrataría a esta nueva generación de protesta? -Seguramante hay de todo, como siempre, pero esta generación enfatiza mucho lo que es la horizontalidad, la participación y, fundamentalmente, lo que significa empezar un poco de cero. Se trata de tener mucha voluntad de renovar, de repensar toda la actividad social, política, activista. Se trata de innovar en ese terreno. Y para eso necesitamos tiempo. No podemos cargar con la ansiedad generada por otros momentos frustrantes de la historia de las luchas sociales, aún cuando sean válidos. Sin duda, el desafío es crear puentes, lazos de entendiemiento mutuo. Pero eso también necesita tiempo. -¿Cómo le han caído la declaraciones de Lula con respecto a respetar los compromisos con el FMI si llega a convertirse en el próximo presidente de Brasil? -Por un lado creo que es importante que un partido como el PT pudiera ganar las elecciones en Brasil, porque simbólicamente representaría una ruptura con la política neoliberal. Pero al mismo tiempo, creo que la estrategia política de Lula es la de acomodarse al marco actual. -¿La construcción de una alternativa debe correr ese riesgo? -Creo que sí, que de todas formas vale la pena.
publicada 20/08/2002
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