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La carpa instalada en la Plaza Houssay desbordaba de público. La frase es un lugar común, pero todo lo que allí sucedió fue extraordinario. En principio, porque la gente ocupó todas las sillas primero, el piso después y, por último, rodeó el tinglado hasta conformar un cordón que, de pie y en silencio, escuchó con atención cada una de las palabras. Luego, porque cada uno de los oradores tomó al pie de la letra la consigna que los convocaba: "El estado neoliberal y la crisis de la democracia". Por último, porque el relato colectivo que entre todos lograron articular demostró que el objetivo del Foro Social Mundial no es una consigna, sino una cita que obliga a reflexionar no sólo sobre el qué, sino sobre el cómo. Qué pasó y cómo pasó. Qué hacer y cómo hacerlo.

El Premio Nobel argentino, Adolfo Pérez Esquivel fue el primer relator de la noche. Desde el comienzo señaló que ese espacio iba a convertirse en un ring side para dar batalla al pensamiento único y consagrar la reflexión crítica. Citó a Oscar Wilde para decir aquello de que "cínico es aquel que a todo le pone precio y valor a nada", para establecer una diferencia concreta entre esas dos monedas: "la dignidad y la resistencia no cotizan en Bolsa". Esa preocupación por recuperar el sentido concreto de cada palabra recorrió todo su discurso. Habló de un modelo en donde la persona humana se reduce al término de consumidor; el público a mercado y la necesidad, demanda. Se preocupó también por derribar una frase hecha: "capitalismo salvaje". "El capitalismo salvaje no existe. Lo único que le falta a los indígenas que viven en la selva y a los que tanto daño les hicimos es que los llamemos capitalistas. Estamos sujetos a las palabras que nos imponen como una forma de construir un tipo de pensamiento que no nos sirve para explicar la crisis del modelo neoliberal".

A partir de allí, la narración de Esquivel hilvanó otros términos ya conocidos. Habló del terrorismo de Estado que dio luego origen al terrorismo de mercado. Las herramientas utilizadas por uno fueron la tortura y desaparición. Las del otro, la pobreza y la exclusión. "Con mi experiencia de recorrer durante treinta años América Latina puedo asegurar que la doctrina de la Seguridad Nacional tiene continuidad hasta hoy y se ha convertido en la doctrina de la seguridad internacional, cuyo proyecto actual es controlar nuestro territorio. Por eso el gobierno de los Estados Unidos aceleró la imposición del ALCA, luego de los atentados del 11 de setiembre, con el objetivo el remilitarizar América Latina y destruir los mercados regionales. Por supuesto, nadie entra a una casa sin que se le abran las puertas. Los ladrones siempre necesitan cómplices". Para demostrarlo, Pérez Esquivel esgrimió el papel que tenía en la mano. Un documento oficial mediante el cual el Poder Ejecutivo Nacional solicita al Parlamento argentino autorización para que ingresen tropas norteamericanas a realizar una práctica conjunta en Córdoba. Está fechado el 20 de junio del 2001, lleva la firma del entonces jefe de gabinete Chrystian Colombo, del entonces ministro de Relaciones Exteriores, Adalberto Rodríguez Giavarini y del entonces y actual ministro de Defensa, José Horacio Jaunarena. El ejercicio conjunto, aseguró Esquivel, tenía un costo calculado de dos millones y medio de dólares que correría por cuenta de los norteamericanos. El documento también señalaba el objetivo de dichas prácticas, que Pérez Esquivel leyó textual: entrenar a las tropas para enfrentar "civiles, organizaciones no gubernamentales y otros enemigos potenciales". Su conclusión: "el único proyecto que tienen para salir de esta crisis es la represión".

Pérez Esquivel convirtió el segundo punto de la convocatoria en una pregunta: ¿ qué democracia estamos viviendo? "La respuesta se está construyendo desde lo social, pero hay que darle también respuesta a partir de políticas alternativas. Gritamos que se vayan todos, pero con ese grito ¿qué construimos? Porque no se van a ir solos". Luego de contar, como una anécdota, que cuando su organización solicitó una reunión con el FMI fue recibida por esa delegación en las oficinas del Banco Central de la República Argentina, Esquivel recordó dos cosas indispensables para desalojarlos: autodeterminación y coraje. Por último, usó un término privatizado por los economistas: crecimiento. Pero para otorgarle su verdadero sentido: "necesitamos crecer en el pensamiento, en la organización y en las respuestas". Los aplausos que enmarcaron el final de Esquivel fueron intensos y breves. El micrófono cambiaba de mano y el relato continuó con en la voz de Juan González, representante de la CTA, en ausencia de Víctor De Genaro, quien había viajado al Interior.

González eligió explicar el modelo a través de describir su mecanismo. El punto de partida fue idéntico: la dictadura militar. Ese proceso que se inició en el 76 "tuvo dos objetivos: aniquilar las fuerzas populares y apropiarse de nuestras riquezas". Una vez logrado lo primero, se concentró en lo que González definió como una mecanismo de saqueo. "por un lado, la fuga de capitales, que en nuestro país suma mil doscientos millones de dólares. Por el otro, el endeudamiento, para garantizar la dependencia no solo financiera, sino política".

González introdujo entonces el otro tema central de esa noche: el rol del Estado dentro del modelo neoliberal. "El Estado se convirtió en protector de la propiedad privada transnacional". Y para garantizarlo, utilizó sus principales armas de control social "la asistencia social y la represión". Este es el mecanismo que, para González, entra en crisis a partir no del default, sino de un factor mucho más poderoso: "los movimientos de resistencia populares". El punto de inflexión tiene fecha concreta: el 19 de diciembre del 2001. "Cuando se quiso imponer el Estado de Sitio y el pueblo salió a la calle y quebró para siempre la capacidad de gobernabilidad de este sistema". A partir de allí, "la crisis de representatividad se hizo evidente. A que no hay que señalar a los malos y buscar a los buenos, porque ya no sirve el sistema de representantes. Lo que se perdió es la identidad de los representados". La democracia, entonces, quedó vacía de contenidos y también y fatalmente, de formas.

"Cuando hablamos de crisis de representación hablamos de algo que también nos toca a nosotros", reconoce González, al resumir el estado actual de su movimiento. En la reconstrucción de la historia reciente de la CTA, contó no sólo cómo había tomado la decisión de no transformarse en una mera representación de una debilitada clase diezmada, sino en el lugar de encuentro de aquellos que eran trabajadores sí, pero con o sin trabajo.

El presente, para González, representa tres hipótesis igualmente inquietantes.

"Hay tres alternativas y dos tienen que ver con el enemigo. La primera, es la que se esboza con este llamado a elecciones anticipadas y con este acuerdo con el FMI, para recuperar cierta capacidad de financiación que permita reconstruir esa herramienta de control social que significa para este modelo la asistencia social y que (el presidente) Duhalde conoce tan bien". (González se refiere así a los planes y subsidios con estricto control político que han regado la provincia de Buenos Aires en tiempos de Duhalde gobernador para apagar la protesta. Los aplausos que recibió confirman que el público entendió de qué le hablaban).

"La segunda hipótesis tiene que ver con el marco internacional y con la ofensiva estratégica que significa el Alca, especialmente después del 11 de setiembre. Tiene que ver con una guerra declarada no ya a un país o a una nación determinada, sino contra todo aquel que se opone al modelo. No es casual que a los piqueteros que participan de la luchas ya sea en Tartagal, en Cutral-Có o en La Matanza, a todos se los procese bajo la figura de sedición, como un mecanismo o figura legal que identifica como enemigo del régimen a todo luchador social".

La tercera hipótesis es un llamado. "No alcanza con rechazar, no alcanza con decir que se vayan todos. Es imprescindible construir una nuevo sociedad libre y soberana. Constuir nuevas instituciones y una nueva constitucionalidad. Este es el desafío. Este es nuestro tiempo. Y es tiempo de ofensiva".

El aplauso, el pase de micrófono y el turno de Franco Ingrassia, un joven asambleísta rosarino que intentó explicar con la lógica de su experiencia concreta, esta nueva (en todo sentido) mirada sobre la realidad. El relato de Ingrassia estuvo repleto de palabras distintas, que al principio algunos intentaron a los gritos cuestionar, pero que al final todos reconocieron por su contenido, más que por sus formas. "la democracia no está en crisis. Para los asambleistas hay más democracia que nunca. Lo que está en crisis es el campo de la representación". Para explicarlo, Ingrassia recurrió a una palabra: habitable. Y partió la historia reciente en dos: un mundo inhabitable, el del decadente sistema político delegativo. Un mundo habitable, este de la democracia directa, movimientos y asambleas. El grito ¡que se vayan todos! fue, para él, la despedida. El adiós a ese otro mundo y el comienzo del nuevo. "Un verdadero desierto, un territorio vacío. En ese escenario comenzaron a deliberar las asambleas". Fue mucho después, al momento de contestar algunas preguntas, cuando Ingrassia pudo precisar más el significado de esta nueva alternativa. "Nos dimos cuenta que el sistema de representación no sirve, porque no aumenta la potencia, sino que bloquea el desarrollo. Cuando creamos la Interbarrial, por ejemplo, no pudimos hacer más cosas, sino menos. Sirve el intercambio de recursos, saberes y experiencias. En cada asamblea, nos juntamos los que vivimos en un mismo barrio, no los que pensamos igual. Tuvimos que aprender, entonces, a construir con otros distintos a nosotros. Con algunos construir más, con otros menos. Con los que construimos más, coordinamos. Con los que construimos menos, articulamos. Para nosotros la unidad no es un problema de voluntad, sino de creatividad". Ingrassia fue claro al hablar del futuro. "La hipótesis de un gobierno popular no es nuestra propuesta. No queremos ni buenos ni malos dirigentes. No queremos dirigentes, simplemente". El aplauso, también; otra voz y el turno de Atilio Borón, miembro de Clacso.

El relato de Borón se inicia con una pregunta: ¿qué le ha hecho el neoliberalismo a la democracia y a la Argentina? Inmediatamente, comparte con el auditorio esa sensación de sorna que ha notado entre los escépticos que han escuchado el slogan del Foro: otro mundo es posible. "Nos miran como si fuésemos utópicos, pero en realidad lo único imposible es esta Argentina que tenemos". Cita, entonces, algunos números para dimensionar la pesadilla. El 30 por ciento de desocupados. La muerte, por año, de 15.000 menores de 15 años por enfermedades prevenibles que no se pueden atender por falta de presupuesto, ("lo cual representa, en dos años, la misma cantidad de muertes que sembró la dictadura"), la desproporción de la carga impositiva ("con un Impuesto a las Ganancias seis veces menor que en Europa"), las proporciones de rentabilidad de empresas como Repsol ( "que gana acá tres veces más que en cualquier lugar del mundo"). Esa Argentina imposible retratada por Borón con algunos números explica su siguiente pregunta: ¿cómo no va a ser posible otra?

El rol del Estado, entonces, retoma su protagonismo en el debate. Borón realiza la autopsia describiendo las contradicciones. "El Estado argentino se destruyó, pero hay que ver cómo. No de cualquier manera, sino selectivamente. Ese Estado que condena a los pobres a que se las arreglen como puedan es el mismo que absorbe la deuda externa de las grandes empresas. Es el mismo que mantiene el déficit público, no porque ofrezca hospitales buenos, escuelas buenas, universidades buenas, justicia eficiente, sino para mantener el gran negocio del capital financiero que le presta dinero a tasas usurarias".

El resultado, entonces, es esta "destrucción de la democracia, el descrédito irreversible de la dirigencia política que llevó, en las últimas elecciones, a casi diez millones y medio de ciudadanos a darle la espaldas al régimen democrático, votando en blanco, anulando su voto y, simplemente, no concurriendo a las urnas. "Partimos en el 83 con una diferencia entre el 10% más rico de la población y el 10% más pobre de 13 a 1. Llegamos al 2001 con una diferencia de 27 a 1. No hay democracia que se sostenga con estos niveles de desigualdad".

El futuro, para Borón, tiene en este punto dos hipótesis. "O el descontento, que es legítimo, lo capitaliza una corriente neofascista criolla o la movilización social, que logró terminar con esa combinación de corrupción, ineptitud y estupidez que significó el gobierno de la Alianza, avanza y se organiza. Creo que la consigna "que se vayan todos", tiene algo de ingenuidad. En las elecciones de octubre se renovó todo el Senado. Se fueron. Y volvieron, porque los elegimos nosotros. Cuidado: si se van y nosotros no desarrollamos nuestra propia conciencia y nuestra organización, vuelven. Y por la ventana, si hace falta."

El final fue una clase magistral del sociólogo peruano Aníbal Quijano. Con las palabras justas y rigor académico, Quijano desplegó su visión de la historia americana que explica este presente de explosión. Su teoría es mirada desde el sur de los que cuentan los libros del Norte. Hay democracia. Hay Estado- Nación. Pero no aquí. Nunca lo hubo. En todo caso, los esbozos de desarrollo de este modelo fueron transitorios y escasos. Apenas comenzaron a desarrollarse, se llevó a cabo en este continente eso que él define como "la mayor derrota mundial de la historia moderna". Una batalla que comenzó en los 60 y terminó en los 80 con la consagración de una victoria: la de los otros. "Esto que llamamos globalización es el resultado". El fin del trabajo asalariado como un valor, el aumento de la esclavitud como contracara son dos caras de una misma moneda que ha logrado que el modelo se muerda la cola. "El mecanismo de explotación mismo del sistema ha entrado en crisis. Tiene cáncer".

Eso que llamamos democracia es para Quijano, ni más ni menos que "la negociación institucional de los límites de la explotación y la dominación. Esto es hoy posible en muy pocos lugares del mundo e imposible en América Latina por una simple razón: nuestra niveles de desigualdad y explotación son el doble, por el cual necesitaríamos el doble de democracia".

La ecuación democracia, desigualdad y Estado quedó así fatalmente trazada por Quijano. ¿Qué hacer entonces? "Una opción sería reconquistar el Estado nacional para tornarlo digno y democrático". Los aplausos lo interrumpieron, pero él los desilusionó de inmediato. "Es una opción limitada. Apenas una arena de combate, pero no el horizonte. Aquí en la Argentina, como en otros lugares del mundo, están surgiendo otras alternativas posibles. Gente que está produciendo su vida diaria, desde hace rato, a espaldas de ese Estado y el mercado que ni los mira. Creo que esa es la meta y el camino. Y en eso estamos. Este es el momento de optar y pelear. Si vencemos, formidable. Y sino, habrá que volver a pelear."

La ovación fue el lugar común en el que confluyó un público dispuesto a compartir dudas, imaginar caminos y dar batalla. Y eso fue lo verdaderamente extraordinario.

Pero casi

No se trató de la apertura formal del Foro Social Mundial, pero casi. Fue el jueves 22 a la mañana cuando muchos de los participantes internacionales y varios locales se trasladaron en dos micros hasta el campamento del Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD) en Almirante Brown para participar del taller "Política y Creación", organizado por Intergaláctika.

En el lugar se reunieron cerca de cuatrocientas personas que compartieron la charla y las experiencias globales y locales. El dirigente africano Max Ntanyana describió su trabajo social en los barrios que resisten, en Ciudad del Cabo, el desalojo y la brutalidad policial. Habló poco y en inglés, luego de lo cual ofreció a todos una canción y un baile típico y rítmico, casi como ofrenda y homenaje. La italiana Bruna Orlandi, dirigente del movimiento de desobencia civil, contó sus recientes viajes por Palestina y Neuquén. Franco Ingrassia, asambleísta de la ciudad de Rosario, compartió su obsesión por la democracia directa y concluyó con un slogan acorde a la convocatoria: "Ninguna resistencia sin creatividad; ninguna creatividad sin resistencia". Martín Cañas, un argentino residente en México, se definió ante todos como un zapatista urbano y sintetizó la filosofía del movimiento que nació en Chiapas como "una búsqueda de dignidad estés donde estés". Pablo Bergel, miembro de la Asamblea de Colegiales y Maribel Casas, una española residente en Chicago y activa participante de las manifestaciones de Seattle, completaron la rueda que cerró el dirigente del movimiento anfitrión, Jorge Jara.

Este domingo, el MTD vuelve a recibir a quienes quieran despedirse del Foro Social en su campamento. Los micros partirán a las 15 desde la Facultad de Ciencias Sociales. No se tratará del cierre formal, pero casi.


publicada 23/08/2002
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