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Foro Social Mundial
Anatomía del cambio social
 Un piquetero, un representante el Movimiento Sin Tierra de Brasil, un teórico del cooperativismo y un experto en cultivos expusieron las similitudes y diferencias de sus trabajos ante un auditorio ávido de escuchar experiencias alternativas y autogestivas. Todos coincidieron en la necesidad de crear un nuevo sujeto social, transformador, solidario y sensible al dolor social.
El Auditorio de Anatomía del segundo piso de la Facultad de Medicina de la UBA, fue el escenario adecuado para que los integrantes de la mesa "Formas de autogestión social y experiencias alternativas" analizaran el desmembramiento social y anticiparan la autopsia de un Estado neoliberal y hegemónico. Tito Flores, del Movimiento de los Trabajadores Desocupados de La Matanza (MTD), Edgardo Forn, del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativo, Rodrigo Lopes, del Movimiento Sem Terra (MST) de Brasil y Jorge Rulli, del Grupo de Reflexión Rural, con la coordinación de Juan Pablo Ruiz de la Federación Universitaria Argentina (FUA), compartieron con un auditorio ávido de sus experiencias alternativas de autogestión y remarcaron la necesidad de darle gestación a un nuevo sujeto transformador, autogestivo, cooperativista, pluralista y solidario. Que sea sensible al dolor social y que desarrolle una conciencia contrahegemónica y reconozca una identidad común. Por momentos elemental y por otros minuciosa, la exposición de las experiencias de los panelistas fue seguida atentamente por un auditorio compuesto por estudiantes, cooperativistas, militantes de movimientos de desocupados, docentes, ecologistas y emprendedores agropecuarios. Tito Flores abrió el panel sentando las bases de la concepción del MTD que ve a la desocupación no como una variable económica, sino "como parte de un plan genocida y perverso que deja en la calle y asesina a millones de seres humanos". "Este es el plan del modelo neoliberal de este capitalismo salvaje" dijo Flores, para después puntualizar: "Nosotros nos reconocemos como hijos de la Patagonia Rebelde, como hijos de la Resistencia Peronista, del 17 de Octubre, del Cordobazo y de la resistencia a la dictadura militar. Y en este sentido somos hermanos de los 30 mil compañeros desaparecidos, que están presentes en cada uno de nosotros. Esta memoria nos lleva a construir nuestra organización, que prácticamente está llevando adelante su lucha en soledad desde cada piquete". Flores hablaba claro y fuerte, casi sin tomar un respiro entre frases, ni siquiera cuando en dos o tres oportunidades los aplausos de la concurrencia celebraban sus dichos. "Allá por el '95, el MTD nace huérfano -explicó-. Huérfano de toda política y del apoyo de los sindicatos, que no tenían una política para defender a los compañeros desocupados. Los partidos de izquierda tampoco comprendían el proceso de transformación profunda que se había dado en nuestro país y por eso los movimiento de desocupados nacen como una nueva organización social, de espaldas a estas viejas organizaciones. Solamente entendiendo este contexto se puede entender el proceso en el que ahora estamos emergiendo" A continuación, Tito Flores describió las diferentes piezas que integraron la génesis del MTD. "Se podría decir que desde los sectores de desocupados hay varias respuestas a los problemas de la desocupación -aclaró-. En primer lugar hay un grupo de personas que toman el problema de la desocupación como un problema individual y personal. Y como consecuencia de esto dejan de luchar para tener una vida digna. Muchos se dedican a la bebida, entran en la depresión y en el sentimiento de culpa. Este círculo es el más grande y numeroso que todavía existe. El liberalismo les hizo creer a los compañeros que ellos son culpables de su propia desocupación." "Hay otro círculo un poco más pequeño y que lo integran compañeros que tienen experiencia en la lucha sindical y política -continuó el dirigente del MTD- y que se organizó a alrededor de la dirigencia para luchar contra este estado liberal que los desplazó y los desocupó. Este círculo de compañeros comenzó a luchar y consiguió planes asistenciales para paliar la situación de muchos compañeros. Pero otro círculo mucho más pequeño, allá por el '95, comenzamos a plantear que hay que comenzar a discutir la política que tiene el estado liberal con los sectores más oprimidos. Este grupo comienza a pensar en la autogestión y algunas formas de unidad económica, como forma de luchar contra la grave situación que aqueja a los compañeros". "En ese momento era muy difícil hablar de autogestión -recalcó. Mucho más que difícil que hoy. Hoy es como que ha pegado un salto y muchos compañeros desde las asambleas populares hablan de autogestión y podríamos decir que hay un renaciente movimiento cooperativista que busca entre nosotros mismos poner a funcionar los proyectos". Flores puso mucho énfasis en aclarar algunos conceptos: "No llegamos a esto porque un día nos despertamos y se nos ocurrió. Llegamos en una lucha permanente contra nosotros mismos, contra el nuestro atravesamiento de la cultura neoliberal dominante. Casi se podría decir que llegamos hasta acá por rebeldía. No podíamos creer que el mismo estado que había desaparecido a 30 mil compañeros, el mismo estado que ahora dejaba en la calle a tantos miles, tuviera una solución para nuestros problemas. Entonces nos planteamos que era necesario construir otra forma de organización social, diferente. Nos planteamos que no alcanzaba con hacer piquetes, con ir a las ollas populares de las municipalidades, con la toma de edificios públicos. Era necesario crear una unidad económica que nos resuelva el problema en el que nos ponía la cultura neoliberal". Una cuestión de fuerza El primer aplauso cerrado de la noche llegó cuando el dirigente del MTD enfatizó: "Creemos que seguimos siendo trabajadores porque tenemos nuestra fuerza de trabajo intacta. Si ellos no son capaces de darnos trabajo, no es problema nuestro". Y a continuación agregó que desde el MTD se acercaron a diferentes experiencias cooperativistas, incluso al Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos "casi por casualidad" y que esto generó puertas adentro del Movimiento "un largo y duro debate que casi duró un año, en el que los compañeros cooperativistas lucharon para hacernos entender que el cooperativismo, resignificado y ligado a los movimientos sociales, es la herramienta adecuada para responder a esta nueva etapa de neoliberalismo. Hoy estamos convencidos de esto, y de que este cooperativismo es nuestra herramienta de lucha para una nueva opción de vida digna para nosotros, para volver a utilizar nuestra fuerza de trabajo intacta. Pero para esto teníamos que comprender otros procesos, que no podíamos hacerlo solos y teníamos que conocer y tomar la experiencia de otros compañeros que ya habían hecho camino, como el Movimiento de los Sin Tierra de Brasil" El segundo aplauso de la noche tuvo lugar cuando Flores puntualizó: "También nos referenciamos en el Movimiento Zapatista, que cuando muchos publicitaban el fin de las ideologías, salió a dar una respuesta desde los sectores más empobrecidos ". Flores también hizo referencia a las dificultades que enfrentan los proyectos de autogestión: "Como un proceso profundo de desarrollo de conciencia contrahegemónica hay que dar una batalla ideológica contra el asistencialismo" enfatizó. Y aclaró que el MTD "no recibe un solo peso del Estado. Esa es la cultura de la supervivencia y nosotros queremos otra forma de vivir". A la hora de la autocrítica, Flores reconoció con contundencia que "sin embargo ahora vemos que podríamos haber usado esos planes de asistencia para estar mejor. No vimos que muchos de nuestros compañeros tenían una necesidad urgente, que estaban pasando hambre. Fuimos incapaces de detectar el dolor social, incapaces de comprender las necesidades de los compañeros y de construir una identidad común con los que no piensan igual que nosotros, pero que también son trabajadores y sufren las mismas consecuencias de este plan devastador. Por eso vemos con mucha esperanza el desarrollo de las asambleas barriales y creemos que permitirán que nuestro movimiento siga creciendo". Finalizando su intervención, Flores volvió a enfatizar la necesidad de construir un sujeto transformador, de definir el sujeto de autogestión, de "construir" trabajo, "inventar" trabajo y enfrentar los problemas cotidianos de los "grupos autogestivos" remarcando la necesidad de "dejar de lado el pensamiento capitalista que nos atraviesa" y que muchas veces "se filtra en nuestra cabezas". Y definió la importancia de la participación de MTD en el Foro Social Internacional: "Queríamos que nuestros compañeros vieran que no estamos solos. Que vieran que no somos nosotros los únicos que luchamos contra este modelo. Queríamos contar nuestra experiencia y contactarnos con otros compañeros del país y del mundo para conocer las experiencias de ellos. Y que nuestros compañeros vieran y entendieran que este es un movimiento local y regional, pero también mundial. Y que, autogestionados, también llegamos acá". Cooperar con el futuro Edgardo Forn, del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, eligió comenzar su intervención haciendo un exhaustivo relato histórico de las actividades del organismo, que cumplirá 43 años el 23 de noviembre próximo. La experiencia realizada durante todos estos años, enfrentando al modelo hegemónico con la difusión del cooperativismo, le permitió a Forn reflexionar sobre la necesidad de "enseñar los valores fundacionales el cooperativismo, de las diferentes formas de autogestión solidaria y cooperativista, no solo en forma teórica, sino a través de prácticas cotidianas". "Incorporar la cultura de la solidaridad es un proceso que dura toda la vida -explicó-, una práctica social de construcción cotidiana" para la que es necesario "educar y elevar el nivel cultural de los cooperativistas, para transformar la sociedad y el país". "Una empresa cooperativa tiene que ser autogestiva pero también eficiente -puntualizó-. Para lo que es necesario capacitar y asistir técnicamente a los socios". Forn remarcó la necesidad de no reemplazar un pensamientos único por otro igualmente único: "Tenemos que apuntar a la construcción del pensamiento plural" dijo, y en este sentido anunció la creación del Centro Cultural de la Cooperación (Corrientes 1543) que "en poco tiempo más estará en condiciones de formar una nueva generación de intelectuales", necesaria para que "en este país no sobre nadie y todos tengan un lugar de dignidad". Hablando el mismo idioma A pesar de las dificultades de traducción, que por momentos fue parcial y por momentos ausente, Rodrigo Lopes expuso las experiencias del Movimiento Sem Terra de Brasil, como una organización de carácter sindical, popular y político. "Sindical, porque las lucha son económicas, cooperativas y por la tierra -dijo. Popular, porque somos una masa en la que participa toda la familia. No estamos integrados por individuos, sino por grupos familiares. Y política porque entendemos que es un proceso de lucha por la superación del modelo neoliberal, hacia un proyecto socialista". Lopes explicó que el MST está integrado por un lado por familias de trabajadores rurales sin tierra, por hijos de agricultores y peones de campo desocupados. Y por otro, por trabajadores que fueron rurales alguna vez, pero que emigraron a las ciudades y que ahora vuelven al campo después de varios años. El MST se divide fundamentalmente en dos grupos: las "familias acampadas", que suman cerca de 120 mil, y las "familias asentadas", que ya se encuentran trabajando su tierra y que son cerca de 250 mil. A un promedio de cinco integrantes por familia, contabilizan un millón y medio de personas. Lopes también explicó cuál es la organización interna del MST, a través de "núcleos de discusión" en los que los integrantes aprenden, reflexionan y discuten las estrategias políticas y se toman decisiones sobre los aspectos cotidianos de la vida en las comunidades. Cada núcleo tiene dos responsables por sector, un hombre y una mujer "en igualdad de condiciones y responsabilidades. No se trata de un encargado y un vice, sino de dos responsables". Después de mencionar que el MST ya realizó su 4º Congreso Nacional, Lopes explicó que, para evitar la "manipulación de las decisiones", se realiza la discusión de los puntos a tratar en cada asamblea primero dentro de la familia y luego en los núcleos de discusión. La gente va a la asamblea sólo a votar, ya habiendo discutido las resoluciones. De esta manera, las asambleas son sólo resolutivas. "Lo importante es cooperar -enfatizó el delegado-. No importa de qué forma. Si es individual, colectiva o comunitariamente. O si en parte colectiva y en parte individualmente". Y resaltó que cualquier forma de trabajo solidario sirve para "romper la explotación del hombre por el hombre". Pero que "ninguna forma de cooperativismo forzado sirvió a estos fines". Por eso "cada familia elige la forma en la que se une al Movimiento y la única obligación es participar del núcleo de discusión". Para el MST "el cooperativismo es una herramienta para organizar una forma de lucha mayor. Las cooperativas son una forma intermedia -dijo. La lucha final es por la derrota del capitalismo y por el socialismo". Recuperar la sabiduría natural Además de distribuir un comunicado titulado "La biotecnología y el modelo rural en los orígenes de la catástrofe que sufre la Argentina", Jorge Rulli, del Grupo de Reflexión Rural, remarcó la necesidad de "volver a las fuentes, a la sabiduría natural" y a reconstruir el Estado desde el modelo cooperativista. "Si lo pueden hacer los compañeros de Zanón o Brukman ¿por qué no lo puede hacer el Estado?" se preguntó. "Hay en nuestro país entre 600 y 1000 pueblos en vías de extinción -puntualizó. Se levantan los campos para plantar soja transgénica, no hay producción de semillas nacionales y la mayoría de las cepas de nuestra papa, nuestra batata amarilla, se han perdido. Estamos trabajando en la recuperación de estas guías, para producir una papa de alta calidad (no como la que hoy tenemos que en Europa la usan para forraje, para los chanchos o ni siquiera eso). Hemos perdido la costumbre de guardar las semillas que tenían nuestros abuelos, para después plantarlas en la huerta, aunque sea en la maceta, o regalarlas a alguien que las necesite", ejemplificó Rulli. "Para colmo el problema agrario no está instalado en la agenda política de la izquierda argentina", reclamó. "La Argentina hoy sólo produce comoditis, forraje, y la producción que lleva más mano de obra en este momento es el jugo de limón -explicó.- Mientras, la soja transgénica que nos hacen producir sirve como alimento como para hacer pegamentos, cosméticos y combustibles. La soja transgénica es la nueva herramienta hegemónica, y nuestros hijos se están acostumbrando a consumirla como ya lo hicieron con la coca-cola y las hamburguesas". Posteriormente , sin entrar en demasiadas precisiones, Rulli planteó que le gustaría que "los compañeros piqueteros decidieran ocupar uno de los tantos pueblos fantasma y volver a la producción agraria, de forma comunitaria y cooperativa". En su exposición, el delegado del Grupo de Reflexión Rural, que también es integrante de la Comisión de Cultura de ATE, denunció que 20 millones de hectáreas de campo argentino están en manos de 10 mil empresas multinacionales y privadas. Ya eran las diez de la noche, las preguntas e intervenciones del auditorio giraban en torno a cómo resolver los problemas de representatividad ("cada uno tiene que asumir su responsabilidad" opinó el delegado del MST. "Los encargados pueden ser destituidos en cualquier momento y no debe fomentarse la burocracia en el funcionamiento de autogestión" puntualizó), cómo distribuir equitativamente los ingresos de las cooperativas, la formación de mercados locales y la producción de semillas naturales. Mientras tanto, en la escalera de la Facultad, esperando con gesto aburrido, un señor de traje y corbata, de inconfundible porte vigilante, interrogaba a través del handy: -¿Cuántos quedan, Raúl? -Bastantes- respondió su colega. -¡Echalos, viejo! fue la enfática orden.
publicada 25/08/2002
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