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Foro Social Mundial
Desde el jardín
anticopyright"Solo en los tres primeros meses del año, el 30 por ciento de la población adulta de la provincia de Buenos Aires participó de algún tipo de manifestación. Hubo, en ese mismo período, 1.500 cortes de ruta y solo en un día -el 29 de mayo, que coincidió con el paro convocado por la CTA- hubo 600 acciones, 250 cortes de ruta, 29 ollas populares y 24 escraches. Es evidente que acá algo se está moviendo. Y mucho", sintetizó Raúl Zibechi, del semanario uruguayo Brecha. Así cerró su exposición en el panel "Poder popular, resistencias, democracia participativa y formas de desobediencia civil". Y dio una información que ningún medio argentino ofreció hasta el momento.

Más de 150 personas se acomodaron en el Aula Magna de la Facultad de Farmacia y Bioquímica y realizaron un minuto de silencio por los caídos en las luchas sociales, antes de escuchar las experiencias de los panelistas reunidos bajo el título "Poder popular, resistencias, democracia participativa y formas de desobediencia civil". Un recorrido demasiado largo por la multiplicidad de respuestas sociales, que obligó a los organizadores del Foro Social Mundial a partir la charla en dos. En este caso, la mesa reunía al asambleista Pablo Bergel ("no represento a nadie, ni nadie me representa a mí", aclaró desde el inicio); Agustín Vanella, de la recientemente renovada Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA); Zulema Palma, del Movimiento Nacional de Mujeres ("una luchadora feminista", según su propia definición) y Raúl Zibechi, del uruguayo semanario Brecha. Fue él, justamente, el encargado de cerrar las exposiciones con la síntesis que ningún medio de comunicación argentino realizó: la cantidad de actividades desarrolladas por este nuevo movimiento social. "Solo en los tres primeros meses del año, el 30 por ciento de la población adulta de la provincia de Buenos Aires participó de algún tipo de manifestación. Hubo, en ese mismo período, 1.500 cortes de ruta y solo en un día -el 29 de mayo, que coincidió con el paro convocado por la CTA- hubo 600 acciones, 250 cortes de ruta, 29 ollas populares y 24 escraches. Es evidente que acá algo se está moviendo. Y mucho".

La segunda caracterísca que Zibechi resaltó de este movimiento es su creatividad. "Cien fábricas recuperadas de la quiebra por sus trabajadores, 5.000 clubes de trueque, 4.000 huertas familiares, 5.600 huertas escolares, más de dos millones quinientas mil personas que viven y comen de estas huertas, 360 asambleas vecinales, infinidad de medios de comunicación alternativa. Es evidente, también, que una gran cantidad de gente se las ha ingeniado para vivir fuera del control de las instituciones. Y bien."

Para este periodista uruguayo, lo curioso de todo este proceso es que no ha sido impulsado por nadie, sino por todos. "Acá está naciendo un mundo nuevo. Acá hay una nueva sociedad".

Sobre el porvenir de este proceso, Zibechi fue sumamente didáctico. En principio, resaltó que lo único que necesita es tiempo. Mucho tiempo. Luego, construyó una metáfora para aludir a cómo debe ser mirado este proceso social por los militantes políticos. "He notado, y los asambleistas lo saben, que muchos militantes políticos o rechazan y hasta sabotean estas experiencias o intervienen directamente en ellas con la intención de llevarlas por el rumbo correcto. Es como el jardinero que se dedica a cultivar bonsais: se esfuerza por crear una planta que no existe en la Naturaleza y lo que crea es un monstruo que no sirve para nada".

Su propuesta, en cambio, es que esa militancia acompañe, pero nunca dirija. Apoye, pero no fuerce. Guíe, pero sin estrategias. "¿Es posible trabajar sin estrategias? -se pregunta Zibechi y se responde- Sí. Es como caminar sin rumbo fijo, aprendiendo a vivir en la incertidumbre, sacando la maleza, regando con poco agua y teniendo confianza en que lo que va a surgir es una planta robusta y sana".

Caminar sin rumbo fijo fue, justamente, lo que llevó a las cacerolas hacia Plaza de Mayo aquel 19 de diciembre, según recordó Bergel al inicio de la charla. El orador se presentó como un vecino de Colegiales que mira el mundo desde la esquina de Zapiola y Lacroze. Su intención era clara: definir la más novedosa e inesperada de las respuestas creadas en estos tiempos. "Sabemos que cada movimiento tiene una cuestión fundante. El ahorrista quiere sus ahorros; el desocupado, trabajo. ¿El de la Asamblea cuál es? La declaración del estado de sitio que puso en peligro el estado de derecho. Esto es lo que llevó a alguien a golpear una cacerola y a otro a escucharlo. Ese ruido movió los pies hasta la puerta, primero; luego hasta la esquina y de allí hasta la plaza del barrio. Ahí nos encontramos con el vecino, que siempre estuvo allí, pero al que nunca vimos. Y juntos se comenzó a caminar sin destino fijo hasta confluir en Plaza de Mayo. Y allí se gritó primero: "el estado de sitio se lo meten en el culo". Y se gritó, después: 'que se vayan todos'".

Para Bergel, esta condición fundante de las asambleas marca su destino con el término "constituyente". Por un lado, porque hacen lo contrario: destituyen. Destituyen una manera de hacer política, un sistema de representación, un modelo. Luego, porque instituyen: la democracia directa, las acciones comunitarias, las redes, las tramas, los lazos solidarios. Desde esta perspectiva, Bergel propone pensar en una Asamblea Constituyente que no signifique un mero acto, sino un proceso de creación de un sistema diferente. "Una Asamblea que se cargue de estos contenidos, que los refleje y les dé continuidad, preservando su sentido. Cualquier Asamblea Constituyente que no respete este espíritu será trucha. Tan trucha como las elecciones de Duhalde".

Vanella, de la Fuba, retrocedió un paso en el raccontto histórico. Señaló que todas las instituciones ya estaban cuestionadas antes de ese diciembre. En primer lugar, las Fuerzas Armadas, salpicadas por la sangre de los desaparecidos. "Ese cuestionamiento es el que evitó que la opción del voto sean las botas y por eso el 19 de diciembre no hubo un golpe de estado". Luego, la Corte Suprema de Justicia, en particular, y la justicia, en general, cuestionadas por su comportamiento funcional a los intereses del establishment. Siguió con el Parlamento, la Cámara de Diputados y las vallas que hoy rodean el edificio para evitar que los ciudadanos "los saquen a patadas". Sin embargo, Vanella coincidió en que ese día de diciembre hubo un punto de inflexión. "Pasamos de resistir a enfrentar. Ese es el cambio".

Para Vanella, lo que se generó entonces es un poder insurgente que cuestionó directamente a ese otro poder institucionalizado. "En diciembre se planteó algo cuyo debate sigue hasta hoy: se planteó una cuestión de poder."

Su propuesta es simple: "tomemos el poder", dice y explica por qué: "Si este poder no se va, es casi imposible avanzar hacia una nueva organización de este país. Nos tenemos que hacer cargo de esto. Nos tenemos que hacer cargo del poder y pensar que debemos gobernar este país. Está claro que se acabó la cultura política de la burocracia y los dirigentes que nos dicen qué tenemos que hacer. Esa es la revolución política de este tiempo. Pero entre todos debemos encontrar la forma de ayudar a parir este nuevo modelo. Debatir qué tipo de instituciones queremos y qué tipo de gobierno queremos en una Asamblea Constituyente libre y soberana".

A su turno, Palma eligió resumir la labor que desde hace casi quince años desarrolla para combatir males que hoy parecen nuevos: desigualdad, opresión, autoritarismo, poder. En la larga lista que recitó de tareas realizadas y batallas ganadas, dejó en claro que la experiencia feminista tiene mucho que aportar a estos nuevo procesos. "Tenemos una historia de luchas por el cambio y hemos logrado cambios concretos. Sabemos trabajar en red, modificar la realidad, batallar por la igualdad, aceptar las diferencias y organizarnos de manera horizontal y democrática. Somos las grandes desobedientes civiles de todos los tiempos. Les ofrecemos esta experiencia y les pedimos que no nos vengan a decir, cada vez que planteamos en una asamblea o en un debate que se incluyan los reclamos de género, como la violencia sexual o el aborto: esas no son cosas prioritarias. Son prioritarias si lo que queremos lograr es un mundo nuevo. No queremos escuchar aquello de que primero hay que hacer la revolución y luego resolver las cosas de las mujeres porque cambiar las cosas de las mujeres es parte de la revolución".


publicada 25/08/2002
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