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genética
Avances científicos y equidad social
 "La genética es una disciplina destinada a tener una gran influencia en la salud pública y en el diseño de políticas de Estado", aseguró Víctor Penchaszadeh, el genetista argentino que reside en Nueva York. Precursor del sistema de identificación de ADN para el índice de familiaridad y permanente colaborador de Abuelas de Plaza de Mayo, el médico dio una conferencia en el marco del Foro Social de la Salud y realizó un llamamiento a estar prevenidos de las políticas y tecnologías que provienen del exterior en función de los intereses de las industrias tecnológicas.
En el anfiteatro de la Facultad de Ciencias Sociales se desarrolló una de las primeras actividades de este Foro: una disertación ofrecida por el doctor Víctor Penchaszadeh, investigador argentino que debió exiliarse en 1975 y trabaja desde entonces en Nueva York. Este prestigioso especialista en genética realizó un aporte fundamental a la confección del banco genético que se utiliza para la identificación de hijos de desaparecidos y es activo colaborador de las Abuelas de Plaza de Mayo. "La genética no es una ciencia que trata de enfermedades 'raras'. Al contrario, se trata de una disciplina destinada a tener una gran influencia en la salud pública y en el diseño de políticas de Estado. Los profesionales de la salud debemos estar muy atentos a los efectos de su aplicación en las personas", afirma Penchaszadeh. "En los países subdesarrollados debemos estar aún más prevenidos, ya que se trata de tecnologías y políticas que son impuestas desde afuera, en función de los intereses de las industrias tecnológicas y farmacológicas. La incorporación de estas tecnologías permitirá la detección de los factores predisponentes para muchas enfermedades, incluso las de mayor incidencia". Entre los especialistas se considera que la atención hacia las enfermedades de origen genético no tiene un gran desarrollo en los países "en desarrollo" ya que deben atender dramas sanitarios más urgentes (desnutrición, enfermedades infecciosas, causas ellas de gran mortalidad infantil). "Se pueden atender estas patologías cuando se logra que la mortalidad infantil descienda por debajo de un 30 por mil. Cuba, por ejemplo, lo ha logrado con creces y tiene un importante desarrollo en materia de atención de las patologías de raíz genética". El disertante explicó que la genética médica es una ciencia relativamente "nueva", que floreció a partir de la década del '60, y por lo tanto los profesionales no están suficientemente formados al respecto. Otro tanto ocurre con la bioética -que existe desde Hipócrates (aunque no con ese nombre)-, que trata de los límites a que debe ajustarse la aplicación de los conocimientos científicos y los avances tecnológicos en función de los valores humanos (derecho a la información responsable, a la privacidad, etcétera). Esto se refiere a la utilización discriminatoria de que ya vienen haciendo uso en los Estados Unidos las compañías de seguros con respecto a sus asegurados y los empleadores con relación a sus empleados. Según su visión, esto se debe a la promoción de una "medicina a medida", individualizada, abstrayendo los factores sociales y ambientales que hacen a una medicina social. Con relación a esto, advirtió acerca de la "mistificación" de la genética, potenciada por la publicidad y los medios, pero también compartida por muchos profesionales. Esta consistiría, precisamente, en atribuir a la genética y a los factores hereditarios el origen de todas las enfermedades, minimizando las causas llamadas -en un sentido amplio- "ambientales", que comprenden las económicas, sociales y políticas. El enfoque predominante en la medicina beneficia entonces principalmente a la industria farmacológica, la segunda en importancia mundial luego de la armamentista. Otro tema destacado en su exposición versó sobre el patentamiento de las secuencias genéticas, que son descubrimientos y no inventos, los únicos que deberían ser patentados. Los descubrimientos científicos son patrimonio de toda la humanidad y no de empresas, que alegan las enormes sumas gastadas en investigación. No se puede patentar a la naturaleza.
publicada 26/10/2002
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