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"La gente se para delante de la topadora para que no le derriben el rancho". Resistir. Defender el derecho a trabajar, a tener una vivienda, a cultivar la tierra para sobrevivir: Carolina Cordero y Juan Aguirre, integrantes del Movimiento de Campesinos de Santiago del Estero (Mocase), hablaron en representación de unas 15 mil familias que hace 8 años se agruparon para no ser desalojadas por los empresarios que desde Buenos Aires, ostentan títulos de propiedad. "El problema es la tierra -dice Aguirre, campesino, 42 años, la piel curtida por el sol y el trabajo- los terratenientes expropian las tierras".

El Mocase agrupa a más de quincecomunidades en la central de Quimíl, un pueblo a 70 kilómetros de Santa María, comunidad donde vive Aguirre. Cada 15 días los campesinos se acercan a la central -"a dedo, caminando, como sea"- y debaten en torno a una cooperativa que ellos mismos fundaron y los ancianos bautizaron "Ashkakaiko", en quechua, "muchos". En Tintina, en Pinto, en Boquerón el encuentro se repite con otras caras; las necesidades son parecidas.

"Nosotros les hacíamos 'el aguante' a los compañeros -cuenta Aguirre- Por ejemplo, si venía un terrateniente y le decía a un compañero que se tenía que ir porque esas tierras eran suyas porque las había comprado, él nos avisaba y nosotros nos quedábamos ahí para que no entren las topadoras o le alambren el campo".

Así se quedaron en la tierra en la que cultivaron sus antepasados, y armaron la cooperativa que vende maíz, zapallo, sandía, chivos. "Tiramos -dice Aguirre- en el campo se aguanta para que los changos se queden en el pago y valga la pena vivir".

El único médico de Santa María es "el colorado" que atiende los martes; Carolina Cordero también es médica y trabaja en Quimíl. "La situación sanitaria en toda provincia es bastante crítica. El sistema de salud pública no existe, las comunidades están a más de setenta kilómetros de las ciudades, por caminos de tierra de difícil acceso", explica.

Carolina nació en Buenos Aires, se recibió de médica y hace dos años que está en Santiago "para cambiar las injusticias" que mutan en el chagas, la contaminación del agua con arsénico, los plaguicidas que irritan la piel, que intoxican, que matan.

"Cada vez que pasa un avión para fumigar se mueren hasta las palomas", dice Aguirre y se queja porque los árboles no dan frutos.


publicada 26/10/2002
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