|
|
II Foro Social de Salud
La vuelta al mundo en una charla
 Cuatro hombres de tres países diferentes expusieron ante un público de misa el panorama de la salud global. Miradas y experiencias diferentes sobre un mismo tema y una misma lucha.
Sentados sobre el escenario, visiblemente agotados por una jornada que había arrancado a la mañana con una movilización bajo el sol, cuatro hombres de tres países totalmente diferentes expusieron ante un público de misa el panorama de la salud global. Desde las siete y hasta las nueve de la noche, uno tras otro fueron desplegando su mirada y su experiencia. Y sin ninguna pretensión de síntesis, los testimonios se fueron sucediendo como las diapositivas de una presentación. La primera tuvo al brasileño Armando De Negri como protagonista absoluto de un monólogo en el que debatió con todos: neoliberales, Estado, movimientos sociales. Respaldado por el plan único de salud brasileño, sus palabras retumbaban como advertencias: aquellos que pierden energía en emprendimientos autogestivos de salud tienen que saber que se la restan a la lucha social por el derecho a la salud. Y que por ese camino no van a llegar a ningún lado. ¿La solución? Politizar la salud. Sin vueltas (ver nota aparte). El segundo round estuvo a cargo de otro brasileño, Jocelio Drumond, quién desplegó literalmente unas diapositvas proyectadas en una gran pantalla para hablar sobre los acuerdos comerciales y su impacto en la salud. Así pudo escucharse y leerse al mismo tiempo como la Organización Mundial de Comercio, primero, y el Acuerdo para el Libre Comercio de las Américas (ALCA) ahora han reducido la salud -como la educación- a uno de los 160 ítems que ilustran el rubro "Comercio de Servicios". Como excepción y con el pataleo que cosechó tal categorización en varios países, aceptaron "salvaguardar" de estas categorías aquello que denominaron "servicios públicos", englobados bajo la siguiente definición: "son aquellos servicios donde no existe la competencia privada". A decir de Drumond, el único ejemplo que podría responder a esta definición sería el de las embajadas, ya que en todas las restantes actividades existe un sector privado compitiendo por su lugar en el mercado. En esos mismos tratados la letra exige que ningún Estado negocie por sí mismo con otro Estado, sino que la única manera de intercambio aceptada es con el mundo entero y al mismo tiempo. También, que las transnacionales podrán procesar en tribunales internacionales a aquellos Estados por supuestas "pérdidas de lucro" y que las compras estatales deberán eliminar las restricciones, una metáfora comercial para aludir que no podrán privilegiar la industria nacional por sobre la global. Nunca y en ningún caso. Otra diapositiva ilustró el tema de las patentes. Los datos: el mismo coctail de medicamentos para la cura del Sida tiene un costo de 10.000 dólares en los Estados Unidos, 1.000 en Africa y 300 en la realidad, según una estimación realizada por la organización Médicos Sin Frontera. La diferencia se llama genéricos, productos que las mismas industrias comercializan de acuerdo a su conveniencia en mercados diferentes. Y en todos obtienen ganancias. Y ventajas. Así consagrado el mercado global, las luchas regionales -al decir Drumond- tienen necesariamente que coordinarse para alcanzar las reales fronteras de la batalla. "Nada de lo que aquí sucede es diferente de lo que pasa en cualquier lugar del mundo. La lucha es mundial y deben establecerse los principios básicos que permitan librarla aquí y allá." Esos principios, son los que ha enunciado la ISP que él integra. "La salud debe ser universal, equitativa e integral" ocupa el primer lugar. El segundo: "defender el acceso universal y luchar contra la privatización de la salud". Solo eso. Y nada menos que eso. "Todos tenemos problemas con la salud de nuestros países, pero no son nacionales: son globales. Y debemos buscar juntos las soluciones". De eso mismo se trata la tarea de José Matta, representante del Sindicato de Trabajadores de la Salud de la ciudad de Nueva York y de la Organización Mundial en Defensa de la Salud de los Pueblos. Su diagnóstico: "Las empresas de capitales trasnacionales controlan casi todo el mercado de la salud en las Américas, con las únicas excepciones de Canadá y Cuba." Y dio nombres: el Banco Santander y el Bilbao Vizcaya, por ejemplo. El resultado: 40% de personas no tienen en este continente cobertura de salud de ningún tipo. "Solo en los Estados Unidos, 43 millones de personas carecen de cobertura. Y el 45% de las empresas privadas de salud operan a pérdida. Aún así destinan el 25% de sus ingresos en publicidad y los 10 ejecutivos mejor pagados en la industria de la salud ganan salarios que van de los 45 millones de dólares al año a los 12 millones de dólares anuales. Como contrapartida, los sistemas de salud públicos -llamados Medicad y Medicare- atienden a 44 millones (pensionados, minusválidos y pobres) y gozan de buena salud financiera". La conclusión no es obvia: el sistema de salud estatal gasta sus recursos en subsidiar el deficiente negocio privado. Y por eso pierde cada vez más calidad y extensión de sus servicios. Defender, entonces, la salud de los parásitos privados se ha convertido en una lucha central. Y global. Así fue como la experiencia de Matta, entonces, cruzó a El Salvador, donde los trabajadores de la salud desafiaron un intento privatizador con una huelga dura y sostenida durante ocho meses. "Allí aprendimos mucho. Y ganamos. No nosotros, sino ellos: los que pusieron el cuerpo durante ocho meses delante de los fusiles y las vallas." Esa estrategia aprendida en El Salvador, que mezcla solidaridad internacional con resistencia local, es la que los llevó a idear un encuentro internacional en la República Dominicana en el 2002 y ahora una nueva reunión antes de fin de año. "La defensa del derecho de nuestros pueblos a la salud necesita que pensemos y hagamos juntos", sintetizó Matta. Fue el turno, entonces, de Nicola Delussu, el italiano del combativo sindicato Cobas Sanita y miembro del Foro de Salud Europeo. Su postal: "El análisis científico dice que los mejores sistemas sanitarios, los más eficaces en sus resultados y, al mismo tiempo, los menos costosos, son precisamente los servicios sanitarios públicos. A pesar de esto, las medidas de contención del gasto público están negando el acceso precisamente a las categorías sociales menos protegidas, como los sin papeles, que constituyen la población de mayor riesgo de exclusión". Delussu habló de un país en donde el trabajo todavía es un campo de batalla en cual la precarización y flexibilización está minando el terreno. "Un estudio publicado en el 2003 dice que cada año en el mundo 270 millones de trabajadores son víctimas de accidentes de trabajo y 160 millones contraen enfermedades profesionales. El número de trabajadores muertos durante el ejercicio de su profesión supera los 2 millones al año. Por lo tanto, el trabajo mata cada día 5.000 personas." La enumeración de cifras y problemas lleva a Delussu a una conclusión: "No podemos ser pasivos ni neutrales". Por eso han tejido una red de movimientos en defensa de la salud que se propone bregar por su universalidad y gratuidad, entre otros derechos. Esa red es la que el próximo 1 de diciembre se propone una movilización global "para recordar que la salud no es una mercancía, sino un derecho inalienable de todos los seres humanos, sin distinción alguna". La segunda jornada de lucha tendrá una fecha clave: el 15 de febrero. "Es una jornada contra todo tipo de privatización: de la salud, de la educación, de la energía. Y elegimos el 15 de febrero para recordar la movilización inmensa que realizamos contra la guerra criminal de Bush.". Delussu repitió: "del criminal Bush." Y remató: "creo que estas son las palabras más adecuadas para terminar mi exposición.
publicada 07/11/2003
 éstas notas pueden ser reproducidas libremente, total o parcialmente (siempre que sea con fines no comerciales), aunque agradeceríamos que citaran la fuente.
|