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De la inundación al naufragio
anticopyrightMédicos del Mundo y un grupo de inundados santafesinos narraron la catástrofe y sus consecuencias en una charla que podría titularse "como las políticas neoliberales hundieron Santa Fe".

Las marcas de la inundación de Santa Fe están ahora ahí, en la mirada seca de los panelistas. También en la casi desierta aula magna de la Facultad de Medicina, donde un grupo disperso escucha esas voces y comparte ese desasosiego.

Liliana Pérez, la presidente de Médicos del Mundo Argentina, dice en la presentación y en una sola frase todo lo que hay para decir cuando anuncia: "las políticas neoliberales que produjeron la catástrofe de Santa Fe". A partir de allí, lo que sigue es un relato colectivo que coloca esta sentencia a escala humana.

La primera voz es la de Adriana Falchini, integrante de Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos e inundada. "Es la primera vez que salimos de Santa Fe desde la inundación, para contar y pensar qué no pasó y nos pasa. Este es, entonces, un espacio de pausa para nosotros, porque desde hace seis meses no podemos parar". Desde ese cansancio y esa voluntad aún encendida, Adriana comenzó a narrar su historia. Habló de un Estado "que empezó haciendo muy mal y terminó no haciendo nada"; de la Carpa Negra que aún espera respuestas para los todavía evacuados y de las palabras con la que cuenta esta historia el poder. "Ellos hablan de catástrofe natural y nosotros de destrucción social y política. Ellos hablan de volver a la normalidad y nosotros de reconstruir. Ellos hablan de subsidios y nosotros de reparación".

Las 130.000 víctimas de esta historia -su historia- están solas. "El agua se llevó todo, incluso el deseo de habitar una ciudad que creíamos habitable". Adriana no dirá más, por ahora. Y el silencio que deja flotando es denso y pesado.

Su coterraño, Alan Balsangiacomo comienza a leer entonces la presentación del proyecto en el que trabajaron: rescatar esas fotos familiares que la inundación convirtió en basura. Devolverles su pedazo de vida, esa identidad arrasada por el agua.

Ahora es la voz de Virginia Vallejos, médica de Hospital Lucio Meléndez y una de las voluntarias que trabajó con Médicos del Mundo en Santa Fe, la que intenta ponerle palabras al silencio. Cuenta lo que vio: gente desesperada y solidaria. Cuenta lo que no vio: ese Estado ausente. Y lo que fue a buscar: "lo que no se aprende acá -dice señalando esa aula y su magnitud- La función social de médico".

Con idéntica intención viajó a Santa Fe Cynthia D'agostino. Integrante del equipo de salud mental, cuenta que ha regresado esa misma mañana. Y se le nota en el cuerpo y en la cara. No es fatiga, sino dolor lo que transmite. Un dolor sin dramatismo ni lágrimas. Narrado con frases cortas y precisas, con pausas.

Dice por ejemplo: "fuimos durante tres semanas, en setiembre, con la intención de mitigar el impacto psicológico de las inundaciones en los barrios El Arenal y San Lorenzo. Trabajamos con chicos y adultos. Nuestra intención era reconstruir material y simbólicamente todo lo que se llevó el agua. Nos encontramos con la desesperanza. La gente no tenía ganas de juntarse ni de participar. No les interesaba la organización comunitaria. Nuestro objetivo era precisamente reconstruir esos espacios. Pero no lo logramos. Tuvimos que trabajar en forma individual. Entender que era gente que en los centros de evacuados perdió intimidad. Que estuvieron salvándose ellos mismos. Como nos dijo una vecina: gente a las que les cambió la vida en un minuto".

Cynthia se hunde en una pausa y de allí saca otra frase: "Encontramos a los chicos muy violentos. Intranquilos. Con el sueño alterado. Quisimos articular con la red de salud local porque nuestra misión era muy corta, pero no pudimos. Los pocos recursos que hay no alcanzan para tanta demanda. Nos volvimos a principios de octubre con la sensación de que habíamos aportado un granito de arena demasiado chiquito."

Otra vez el silencio.

Y otra vez la voz:

"Por eso regresamos a Santa Fe. Llegué de allí esta mañana. La gente está peor. Cada vez hay más violencia. Los chicos están más violentos. Todo está más violento. En el barrio, mataron a un vecino para robarle la plata del subsidio. El hombre vivía a 20 metros de donde nosotros estuvimos trabajando. Habíamos estado con él. Y lo mataron por el subsidio. Por eso estoy tan triste. Porque pasaron seis meses y la gente se sigue ahogando".

Cynthia no volverá a hablar y del vacío que deja su voz nos rescata Hugo Pérez, docente de la Carrera de Ciencias de la Salud de la Universidad Nacional de Entre Ríos. Cuenta que en la primera semana se acercaron al ministerio de Salud para ofrecer voluntarios y le asignaron dos barrios. Encontraron tres: uno no figuraba en los mapas. Pero allí estaba: repleto de gente y casas bajo el agua.

Hugo coordinó la tarea de Médicos del Mundo, que llegó a sumar 170 voluntarios que acompañaron incluso el regreso de los evacuados a sus casas. "Nos tomaba entre 20 y 30 minutos cada una, explicando cómo tenían que limpiarla". Ya entonces previeron lo que ven hoy: enfermedades respiratorias creciendo, al ritmo de los hongos, por todos lados. "Y así como no previeron la inundación, tampoco las autoridades previeron sus consecuencias. Bastaba ver ese coctail mortal de materia fecal, humedad y barro impregnando por todos lados para saber que esto iba a pasar. Tampoco hicieron nada".

Alguien pregunta qué hicieron para reclamar judicialmente por tanto daño.

Entonces, es la voz de Adriana la que vuelve. "Hicimos de todo, pero desordenado. Primero vivimos 30 días en los techos, después en el barro. En las asambleas que hacíamos en cada esquina nos encontrábamos con los vecinos para ver cómo salíamos de la locura. Teníamos que conseguir comida, vacunas, ropa, frazadas. Organizar la ayuda, porque nada alcanzaba. Y en medio de eso, veíamos pasar a los militares, vestidos de combate. Luego, vino una etapa perversa: la del censo. Un censo que determinaría a quién debía ayudar el Estado. Para que nos censen el barrio hicimos piquetes, cortes de rutas, de todo. Parecía la historia de Esperando a Godot: nadie se movía de su casa esperando a una censista que nunca se sabía dónde estaba. El resultado fue que tenemos un censo mal hecho. Y a los que finalmente censaron, les dieron una ayuda de 300 pesos, tres meses después de la inundación y una semana antes de las elecciones. Y luego 1.200 pesos, cuatro meses después. Recién ahora comenzamos a presentar proyectos de ley. ¿Y qué nos encontramos? Los malos, ni siquiera nos reciben. Y los buenos, nos reciben y conversan. Pero ninguno hace nada".

Con idéntica convicción, Adriana concluye:

"Yo hoy no tengo dudas de que todo esto fue un plan para volvernos locos."

Es una frase hecha, pero si de la locura nos salva el arte, de esa densidad nos salvó el video realizado por un grupo de documentalistas santafesinos, que juntos y a cuatro manos bordaron y zurcieron imágenes del naufragio.

El video fue presentado por uno de los integrantes del colectivo Matecocido, quien junto con el Taller de video El Pibe, la Fundación Proteger y el grupo Canoa, comparten esta realización colectiva. Simplemente dijo:

"Es doloroso verlo, pero más doloroso es no ver".

Lo que siguió fueron 47 minutos de desgarro.

A oscuras, con el sonido del agua arrasando las cosas, la gente, la vida.

A solas, con esa multitud abandonada a su suerte.

A solas, con la locura

Y nuestra conciencia.

El video Santa Fe documenta puede conseguirse consultando la página web www.santafedocumenta.com.ar


publicada 07/11/2003
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