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II Foro Social de Salud
Testa: ¿Dónde se está discutiendo que se mueren de hambre nuestros chicos?
anticopyrightEl profesor Mario Testa -uno de los próceres del sanitarismo argentino- fue el encargado del tirón de orejas. "No se puede" dijo contundente. "Así como estamos hoy no" reafirmó. Y explicó breve y sólidamente su posición: es necesario primero introducir el tema en la agenda pública de debate, dejar de lado las diferencias y salir de los pequeños grupos tironeados por las internas para enfrentar a los poderosos enemigos que tiene la salud pública en la Argentina.

No se trata tan solo de pugnar por la sanción de una ley, explicó Mario Testa, sino de construir legitimidad alrededor de ella. Es una condición previa para evitar el fracaso. Para reforzar esta idea, comenzó contando los dos casos en los que personalmente vio naufragar el proyecto.

"Voy a ver si consigo de hacerme algunos enemigos ahora. Porque si yo tengo que responder a esa difícil pregunta de si es posible un sistema de salud único en la Argentina diría: no. No se puede. Y voy a explicar esta respuesta con dos antecedentes históricos. Hace 30 años estaba sentado aquí, con un cargo en esta casa, y como consecuencia de ese cargo fui asesor del ministro de Salud del presidente Perón, el doctor Juan Carlos Liotta. Un día en el que llegamos al ministerio, con todo el grupo de asesores, el ministro nos dijo:

-He resuelto mandar el proyecto de ley al Congreso de un sistema nacional de salud.

Le pregunté:

-Dígame ministro: va a llamar a los muchachos de la CGT.

-¿Por qué?

-No sé, me parece que una consulta a esos muchachos es útil.

-¿Por qué?

- Porque a lo mejor ellos no están de acuerdo.

-¿Por qué?

-Porque resulta que hay allí una cuestión de dinero, de poder.

-No, no. De ninguna manera: esto se aprueba seguro.

-¿Y por qué está tan seguro?

-Porque somos todos peronistas.

El día que el ministro mandó el proyecto a la legislatura, la CGT anunció que si ese proyecto se aprobaba, declaraban una huelga general. La CGT a Perón.

Este es el primer antecedente histórico que justifica mi respuesta.

El segundo, algunos años después, otro presidente llamado Alfonsín y otro ministro de Salud, el doctor Aldo Neri, que hizo exactamente lo mismo: mandó al Congreso un proyecto para implementar un sistema nacional de salud.

Es decir, dos ministros, que habían trabajado con el mismo equipo de técnicos, no conocían la diferencia que hay entre legalidad y legitimidad. Y eso es fatal para el desarrollo de un proyecto que propugne un cambio significativo. Es decir, aquel que cambia un comportamiento existente.

La legalidad es aquello que está de acuerdo con la ley, la Constitución, los decretos, las normas. Esas reglas que son de obligatorio cumplimiento y que no se cumplen casi nunca. Dentro de estas normas, hay dos tipos de leyes. Las que sancionan cuestiones de hecho, que ya están ocurriendo. Esa ley no es un problema porque ya se está cumpliendo antes de que se sancione. En cambio, las leyes que cambian comportamientos son leyes que solo se van a cumplir en la medida en que hayan construido legitimidad. Y esa legitimidad debe ser construida antes.

Este es un elemento básico para plantear el tema de un sistema nacional de salud.

El otro elemento fundamental es darse cuenta de que el sistema de salud que tenemos -o el no sistema- es un reflejo fiel de la distribución del poder en la sociedad. El sistema de salud no está al margen de cómo está distribuido ese poder en la sociedad. Quiere decir que para modificar el sistema de salud hay que hacer una revolución social. ¿Y quién va a hacerla cuando nosotros mismos nos estamos peleando entre nosotros? Hoy, actualmente, y a los tortazos. Esta es una dificultad.

En consecuencia, acá tenemos un escollo para lograr esa revolución que significa hacer un sistema nacional de salud.

Tenemos que entender que el sistema de salud se organiza de acuerdo a las formas de financiamiento. Y no hay nadie entre los poderosos, los ricos, los mandamases, que esté dispuesto a ceder absolutamente nada. Los ejemplos son numerosos: el país que produce alimentos para más de 300 millones de personas es un país con chicos que se mueren de hambre. Y esto clama al cielo. No es trivial. Frente a esos dramas, pensar que de buenas maneras o buena fe se puedan lograr resultados que implican cambios significativos a nivel de la estructura del sistema de salud, es -y discúlpenme que lo diga- una especie de ingenuidad. Este es un problema político extremadamente complejo. Y tan complejo es que tenemos que pensar cómo es posible empezar a plantearlo. Porque es muy fácil decir: las condiciones son tales y por lo tanto, hay que hacer esto. Pero es un vicio fundamental nuestro el "hayquismo": hay que hacer tal cosa. Y más que decir qué es lo que hay que hacer tenemos que pensar cómo hacerlo. Cómo vamos a enfrentar el problema. Entonces cuando uno plantea una cuestión frente a la cual sabe que vamos a tener enemigos poderosos, armados, coherentes, unidos, tiene que pensar cuál es la fuerza propia que vamos a oponerle para construir legitimidad. Esta es la idea de proceso: cómo voy avanzando paso a paso para ir construyendo la fuerza propia. ¿Dónde se está discutiendo la cuestión de la nutrición en nuestro país? ¿Quién discute que nuestros chicos se mueren de hambre? Pequeños grupos. Pero esta temática no está inserta en lo que los politicólogos llaman "la agenda de debate del Estado". Y O' Donell - Mario, el bueno; no el otro- dice una cosa muy cierta: el tema de la agenda es el tema político central. Cuando yo consigo meter mi tema en la agenda de debate y consigo sacar el tuyo, ya gané. Eso es lo que hace permanentemente la derecha.

En consecuencia, tenemos que construir organizativamente, ideológicamente, para lograr empezar a introducir este y otros temas en la agenda de debate del Estado. Si no lo hacemos así, nunca lograremos construir legitimidad alrededor del proyecto de un sistema de salud universal, del cual soy acérrimo partidario.

Pero mi respuesta es clara y definitiva: así como estamos, no se puede".

Cuando llegaron las preguntas, Testa aprovechó para ilustrar con otra anécdota su teoría:

"En mis clases, una de las preguntas que las hago a mis alumnos es:

-¿La tasa de mortalidad infantil de 140 es un problema?

- Síiiiiiii, es un problema muy grave- contestan todos.

-No y no -les respondo- La tasa no es un problema. Se transforma en un problema en tanto haya dolientes. En tanto alguien se haga problema con eso."


publicada 09/11/2003
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