lavaca Editora
Los ritmos del pachakuti
Movilización y levantamiento indígena-popular en Bolivia (2000-2005)
Las Nuevas Fronteras
Una entrevista con el Subcomandante Marcos
Por el Colectivo El Kilombo
El cuenco de las ciudades mestizas
Del colectivo cultural El Culebrón Timbal
Juicio político para Ibarra
El día de los padres
anticopyrightContra los pronósticos más pesimistas, y enfocados por la sociedad gracias a la perseverancia de los grupos de familiares y sobrevivientes, los legisladores porteños votaron a favor del juicio político al jefe de gobierno porteño Aníbal Ibarra. Hubo 30 votos a favor, 7 en contra y 6 abstenciones. En la calle se vivió un clima de alegría –o tal vez de descarga- como para que la tristeza descanse un poco. Papás y mamás, sobrevivientes, familiares y amigos mostraron el más alto vuelo político: el de construir desde la diversidad, y la fraternidad.

La esquina de Avenida de Mayo y Perú estaba un tanto silenciosa, salvo por un golpeteo metálico que dominaba todo. Una mujer, Miriam Araneda, la madre de Leonardo David Chaparro, de La Matanza, cocinera ella, y de una constancia conmovedora a lo largo de estos once meses desde el 30 de diciembre. Estaba sola, con un palo, golpeando la más sonora de las columnas de alumbrado que pudo encontrar. “No sé qué va a pasar hoy, pero nosotros vamos a seguir. Por ellos” dijo tocándose el pecho, sobre el que tenía una remera con la cara de su hijo, que nos está mirando a todos.
Los grupos de padres y familiares habían comenzado la vigila el domingo a la noche, con una clásica mezcla de pesimismo de la inteligencia, y optimismo de la voluntad.
Pesimismo de la inteligencia: nadie quería imaginar un resultado positivo en la votación por el juicio político al jefe de gobierno Aníbal Ibarra.
Optimismo de la voluntad: nadie, pese a eso, se resignaba a no seguir allí, de vigilia, peleando por lo que se considera una batalla contra la impunidad.
Por supuesto puede pensarse que encuentran combustible para actuar en lo que les pasó a sus hijos, pero teniendo en cuenta que muchos padres no logran sobreponerse y participar, tal vez el secreto esté en lo que dijo Ariel, abuelo de una de las víctimas: “Todo esto es inédito. Tengo muchos años de militar en todas las causas que te puedas imaginar, pero acá hay algo distinto, y me parece que es la fraternidad”.

Rubro 32-Compro políticos
Con el correr del día se comenzaron a percibir signos extraños: todo lo que hacían los funcionarios y policías como forma de control de los familiares, tenían una respuesta creativa, diversa, irreverente, que lograba que el control se tornara patético.
Ejemplos:
-Nuevamente la Legislatura quedó atrapada en un corralito de vallas metálicas, para impedir que el pueblo al que los legisladores dicen representar, se acerque demasiado. Los familiares usaron las vallas cual paspartú de cartón, donde pusieron fotos de sus hijos, carteles, imágenes. Uno decía: “Rubro 32-Compra-Compro políticos con o sin experiencia-Si es posible con banca-pago en efectivo-Llamar al 0800-presidencia”. Otro, un perfil humano como los que se usan para disparar tiro al blanco: “La impunidad mata. La complicidad mata”. Un cartel con los rostros de Ibarra y Chabán (este último con una corona, los ojos y los labios pintados): “Culpables”.
-Fotos y nombres: Macarena, Leonardo, Gerardo, Sivlia y Gloria, Marcelo, Abel, y tantos otros.
-Un poco más allá, una pancarta flamante era un editorial político de cuatro palabras: “Kirchner, soltale la mano”. Simbolizaba la teoría según la cual Ibarra fue, hasta ahora, protegido de Kirchner. Debe recordarse (ver nota La política sin vergüenza) que el clima social comenzó a cambiar y la sensación de complicidad entre ambos comenzó a funcionar como acusación directa al presidente.

La mirada en las pancartas
Otro mecanismo de control fue el de anunciar que sólo diez familiares podrían ingresar a la Legislatura. Hubo una asamblea de padres de los distintos grupos, y decidieron cortar por lo sano: todos o ninguno. Pero aceptaron ir solamente para colocar en las gradas las pancartas y fotos de sus hijos. Así, el sector destinado al público quedó vacío, pero totalmente empapelado por los rostros de las víctimas de Cromañón, que nos miran a todos.
Y en este caso, miraban a los legisladores.
Es, seguramente, una de las escenas más fuertes que cabe imaginar para simbolizar el deterioro del sistema político.
Con esa actitud, los padres evitaron que sigan echándoles la culpa por los oprobios que cometen los legisladores.
La calle, mientras tanto, comenzó a llenarse de partidos de izquierda, según el clásico teorema del norteamericano James Petras: más banderas que personas. “Acá ya no aparatean a nadie, porque de entrada les marcamos un límite” decía una mamá conversando con un sobreviviente. Los padres, en un momento, se retiraron de la zona para no quedar pegados a posibles desmanes de gente a la que le observaban rostros poco conocidos.
Un trabajador de la universidad contaba de sus charlas con integrantes de uno de los centros de estudiantes que seguramente postulan toda clase de revoluciones: “¿Por qué no acompañan a Cromañón? les pregunté. Y me contestaron: sí, si vamos a mandar a dos compañeros. Casi me agarro a piñas. Los tipos hablan de revolución, pero lo que les interesa son los quioscos de fotocopias y los barcitos”.
Diversas personalidades de organizaciones partidarias pululaban por ahí, buscando quizás que los familiares al menos no los insulten en un futuro.

Lágrimas y llamas
Raúl Noboa, que tuvo a sus dos hijas Daiana y Cecilia (15 y 17 años) muertas, y a la tercera de ellas como sobreviviente de Cromañón, contó a lavaca que volvía a los actos después de bastante tiempo. “La que venía era mi señora. Yo tenía que trabajar allá, en Isidro Casanova. Pero la vi el otro día en televisión, sola, y dije: voy. Y ahora no me voy más”. Miriam seguía golpeando los faroles, y alguien hacía sonar los redoblantes. Raúl hablaba de otra cosa: “Yo con el tiempo entendí que no lloraba por mis hijas. Lloraba por mi, por no tenerlas. Ellas no sufren más, porque ya no están. Nosotros sufrimos. Pero acá uno encuentra una fuerza para estar juntos, para seguir”.
Los padres volvieron a cantar, como en los últimos días: “Kirchner, traidor, vendiste a Cromañón”. Marcelo Ramal, del Partido Obrero, llegó de lo que puede llamarse un acto típico de la política argentina: habían incendiado el local central de su partido. “¿Quién fue? No sé, pero en las cuadras alrededor estaba lleno de carteles que decían: No al golpe en la ciudad”. Los carteles, en realidad, aparecieron por varios lugares. Se trata de afiches anónimos que condicen con las curiosas posiciones del ibarrismo y el progresismo porteño: reclamar justicia equivale a un golpe institucional.

La lealtad y la profecía
Con el correr de las horas se hizo visible que lo que venía cambiando en estos días –esa especie de comprensión social que comenzó a despuntar con respecto a los familiares de Cromañón (facilitada por las piruetas de los señores Borocotó, Alberto Fernández y el mismo presidente Kirchner)- se trasladaba al recinto en forma de un voto más, el que faltaba, para decretar el juicio político. El voto fue de un kirchnerista que ya había sido víctima del papelón la semana anterior, el ex músico Chango Farías Gómez, mientras que el propio Borocotó (neokirchnerista) tuvo que mantener su voto por el juicio, para evitar un escarnio aún mayor del ya sufrido.
Se confirmó, en todo caso, la teoría ya esbozada por lavaca sobe la poca necesidad que podría tener el gobierno nacional de sostener a Ibarra, o a sus restos políticos, en un país donde este tipo de pragmatismo tiene mucha más vigencia que los tratados sobre la lealtad.

Alguien recordaba la profecía de Mariana Márquez (la joven mamá de Liz de Olivera) que antes de morir en mayo víctima de cáncer alcanzó a decirle a Ibarra: “Mirame a los ojos. Mi hija es un cadáver, pero vos sos un cadáver político”.
En la calle comenzaron los abrazos, los saltos, una alegría transparente, si es que se entiende la palabra alegría en su sentido más profundo: satisfacción por haber logrado algo. Silvia Bignami, de Justicia y Memoria por Cromañón (más conocido como Grupo Paso) lograba llorar, reír y saltar al mismo tiempo, con una mandarina en la mano, y se abrazaba con amigos y familiares. La mamá de Abel Gómez acariciaba la pancarta con el rostro de su hijo, llorando arrodillada.
Por allí estaban con esa misma mezcla de risa y llanto Leonardo Chaparro, Eduardo Amaya (APHAC, Asociación de Padres con Hijos Asesinados en Cromañón y José Guzmán (AVISAR), ambas de La Matanza. Y Nilda Gómez de Familiares por la vida
El grado de emoción genuina que había allí es difícil de explicar. Una mamá había dado vuelta la foto que siempre lleva colgada para mostrar el rostro de su hija Cecilia, y la aferraba contra su pecho. Mirando al cronista de lavaca, dijo: “Hoy la llevo así, abrazada”.

Una bisagra en la historia
Algunos diálogos permiten observar el grado de profundidad del análisis que, en medio de esta situación, hacían los padres y familiares
Miguel Barbalace, papá de Gisela:
-Esto es apenas el principio. Si lo entendemos así, vamos a ir bien. La lucha es muy larga y tenemos que seguir unidos. La unión de los grupos es fundamental.
-¿Hubo algún cambio en los padres, en estos días, para lograr una acción más fluida?
-Nos dimos cuenta de que era fundamental estar juntos. Qué sé yo, uno la ve a Silvia, que parece tan frágil, pero hizo ayunos. Y todos los demás grupos lo entendieron. Si no hubiésemos estado unidos, iban a lograr justamente dividirnos, que nos demos en la cabeza unos a otros.
-¿Qué querría que pase de ahora en más?
-Que lleguemos al juicio político y al juicio penal, y que Luccini (el juez de la causa) se atreva a tomarle indagatoria a Ibarra, que ahora está suspendido en sus funciones. Entonces, que lo llamen a declarar.
-En lo personal, ¿qué sintió?
-Emociones ambiguas, se van a lograr cosas o no, pero con la gente que tenemos alrededor, se puede. Todo esto se debe a la lucha, porque sin toda la gente el Chango (Farías Gómez) era un desaparecido. Hoy siento que estamos en un principio de algo. Una bisagra en la historia argentina. Yo tengo 45 años y nunca vi algo parecido.
-Hay muchas banderas.
-Bueno, la derrota siempre es huérfana pero ahora vinieron muchos ¿no?
-¿Está contento?
-Contentísimo, hace rato que no la veía sonreír a mi señora, ¿qué te parece? (La esposa de Miguel se llama Ada, y es profesora de Lengua Castellana)

Si Macri fuera intendente
Diego Rozengardt (26 años, hermano de Julián que el viernes 11 hubiera cumplido 19):
-Este es un momento histórico. No sé si Ibarra caerá o no, pero es histórico en términos de la democracia. Por primera vez se hace lo que dice la constitución. Y pese a los discursos ridículos sobre que esto es golpismo, es al revés, es exigir lo que toda la ciudadanía debería reclamar a los gobiernos: que rindan cuentas. Sobre todo cuando lo que hacen significa que muere gente. Esto demuestra que el progresismo no puede gobernar haciendo las mismas cosas que la derecha. Tiene que hacer las cosas bien, cuidar a los ciudadanos, quererlos, y no preocuparse solamente por salir en los carteles diciendo que le va bien con la recaudación. No podemos dejarlos pasar, justificándonos en que tuvieron un pasado supuestamente de defensa de los derechos humanos.
-¿A qué se puede aspirar? Pintá el cuadro que te gustaría para el futuro.
-Desde el primer momento dijimos: Cromañón es una foto de lo que la sociedad argentina construyó y destruyó por lo menos en los últimos 30 años. En ese sentido hay una cadena de responsabilidades de las cuales Ibarra es solamente un eslabón. Y otra cosa es cambiar las condiciones que provocaron Cromañón. Cambiar la forma de hacer empresas, y la forma de hacer política. No sé si es posible dentro de ese sistema. No sé. Solamente el futuro nos lo va a decir. Pero el cuadro que pintaría es el de un cambio profundo en las instituciones que gobiernan, el Estado y la sociedad civil. Si no hay un cambio ahí, por más que caiga Ibarra esto mucho no se va a modificar.
-¿Hoy es un día alegre?
-Pero es también un día triste. Como dice una mamá, a mí me da vergüenza tener que pedir el juicio político del intendente. Yo querría estar orgullosa del intendente. Lo dijo una mamá que agrega: “Yo no abría los ojos, yo vivía en una burbuja hasta el 30 de diciembre”. Yo lo comparto. Yo era más pesimista y estaba más preparado para esperar políticamente algo como Cromañón. Y sin embargo, murió mi hermano, y todavía no lo puedo creer.
-Por eso la tristeza.
-Por eso, aunque ojalá que sea un día bisagra para un cambio. Nunca sabemos. Del 19 y 20 de diciembre terminamos con Duhalde presidente. Así que nunca se sabe. Pasa de todo. Esto es un paso en la lucha contra la impunidad, de los familiares. Y es así. Si los familiares no hubieran salido siempre a hacer marchas, exigir comisión investigadora, pese a los palazos del periodismo, del gobierno. Pese a los palos que nos tiraron el ministro del Interior y el jefe de Gabinete, esto se ve como un triunfo de la exigencia de memoria, verdad y justicia.
-Exigencia muchas veces solitaria.
-Las banderas llegaron ahora, y mucha gente también ayudó desde el anonimato. Sin ellos nada es posible. Pero es cierto que ciertos sectores que uno hubiera esperado que apoyen, no lo hicieron.
-¿Por qué?
-Por lo que decíamos al principio, porque hay un gobierno progresista. Si el intendente hubiera sido Mauricio Macri, no duraba 15 días, e Ibarra hubiera sido el principal paladín de la justicia de la ciudad. Por eso es más indignante todavía la actitud de los organismos de derechos humanos, que no solamente no apoyan, sino que se ponen en contra, y buscan provocar reacciones que no son las que queremos nosotros.
-Vuelvo a preguntar, ¿por qué?
-No sé, habría que preguntarle a algún psicólogo. La sociedad alguna vez le dio la espalda a ellos. Y ellos ahora le dan la espalda a Cromañón. No es que Cromañón sea el centro de todo. Fuimos a las marchas de Madres, siempre, a los escraches de HIJOS. No digo que fuimos todos, pero muchos estuvimos ahí sin querer salir en las fotos. Entonces te indigna más la palabra de una presidente de organismo de derechos humanos que lo que te dice el intendente, que encima también es progresista. Nos sentimos traicionados. Si estuviera Macri, seguro que Estela Carlotto encabezaría las marchas en contra suyo.
-Pero ahora los acusa a ustedes de golpistas institucionales.
-Con ese razonamiento, ¿qué diría esa gente de los del 19 y 20 de diciembre que pedían Que se vayan todos? Esos serían el fascismo puro, para los organismos de derechos humanos. Fijate el absurdo.

Virginia, mamá de Pablo, un sobreviviente, e integrante de Cambiar a esta realidad:
-Es un gran paso, todavía no nos damos cuenta. Pero lo que se pidió fue solamente justicia. Era lo lógico, esperable, lo que correspondía ciudadanamente. Un dictamen contra el juicio implicaba que la cadena no se cortara nunca. ¿Qué esperanza podés tener para el futuro de los adolescentes si hoy buscamos una respuesta coherente y no te la dan?
-¿Qué sentido tiene participar si su hijo sobrevivió?
-El poder reformar todo esto para que no pase nunca más. Yo quiero que mis hijos salgan a la calle y vuelvan sanos. Que las autoridades se den cuenta que si no cuidamos a los jóvenes el futuro del país no va a ser posible.

Lo seguiremos hasta la tumba
José Iglesias, abogado del grupo Que no se repita, padre de Pedro, mueto en Cromañón.
-Veo tantas sonrisas, y hace pocos días esto era un bajón.
-Hubo cosas importantes. Primero, exigir que estuvieran presentes todos los legisladores. Eso los sorprendió, porque tenían que dar la cara. Y empezaron las denuncias que asquearon a la gente. Pero la verdad, hasta último momento no se sabía qué podía pasar.
-Hubo un clic en el ánimo social.
-Sí, Cromañón marca un punto de inflexión, nada es igual. Parece que no hay impunidad, y queremos mostrar que alguien que hace algo va a juicio. No sé qué va a pasar con el juicio político, imagino que tendría que terminar destituido. Pero también vamos a estar detrás para que el juicio termine como debe. Salvo que renuncie, para no ser enjuiciado, lo seguiremos hasta la tumba.
-¿Cómo están funcionando los diversos grupos de padres?
-En estas situaciones, todos juntos. Nos llamamos, nos juntamos, hacemos esto, tac tac y listo. Hacemos la denuncia, tac, y la hacemos. Los hechos tienen una dinámica que no permiten otra cosa. Y como hay una química común que son los chicos... los grupos son una circunstancia, tienen un sentido de pertenencia barrial, y hasta ideológico. No se puede pedir a un colectivo de 3.000 personas que piensen igual. Pero la unión se da en estos casos. Cuando tenemos un enemigo común, estamos juntos.
-Lo ideológico no necesariamente separa.
-Quizás lo más triste es que el cemento de esto sea la muerte. Pero cuando uno dice se puede, es que la sociedad puede hacer esto, juntando ideas diversas. En realidad así debería funcionar la sociedad. Lo dramático es que sea a partir de la muerte. Lo dramático es que tengamos que estar acá asegurándonos voto por voto, cuando tendríamos que estar en casa viendo por televisión cómo funcionan las instituciones.
-Una utopía, José. Para que las cosas funcionen, no hay que quedarse mirando tele.
-Por eso digo que este es un punto de inflexión.


publicada 15/11/2005
anticopyrightéstas notas pueden ser reproducidas libremente, total o parcialmente (siempre que sea con fines no comerciales), aunque agradeceríamos que citaran la fuente.