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Por el Colectivo El Kilombo
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Florida: peatonal Cromañón
¿Nos podemos mirar de frente?
anticopyrightLas 194 pancartas con imágenes y nombres de las víctimas de Cromañón se instalaron en la calle Florida, provocando el asombro y la solidaridad de muchos transeúntes, la forzada indiferencia de otros, y abriendo diálogos con muchos extranjeros. “Esto es más fuerte que un programa masivo por televisión” dijo Ignacio, 18 años, para definir esta experiencia de quienes se sienten atacados por el poder político y censurados por los medios.

Florida entre Paraguay y Córdoba. La gente pasa caminando como se camina por una peatonal: algunos acelerados, otros mirando vidrieras. De un lado está Harrods, una nostalgia del consumo de otras décadas, con vidrieras que dan al vacío. Nada que mirar, salvo el propio reflejo.
Del otro lado, en cambio, hay negocios típicamente argentinos: Mr.Sweater, Glenmore, Palm Store, American Leathers, Miller, The Sweaters’ Place y, para consumo menudo, el quiosco Open 25.
En el medio hay algo inusual. Enlazadas unas con otras, para que el viento no las voltee, hay 194 pancartas instaladas sobre soportes de madera, donde se ven los nombres de todas las víctimas de Cromañón, y las imágenes de muchos de ellos, acompañadas por textos manuscritos sobre la tela por sus familiares.
Y debajo de cada foto, de cada nombre de cada chico, hay leyendas escritas con grandes letras. Quien quiera leer que lea:
· Muerto porque el gobierno armaba operativos de prensa mientras los chicos morían.
· Muerto porque Ibarra nombró a su amiga Fitzbin –maestra jardinera- subsecretaria de fiscalización
· Muerto porque Cromañón no se inspeccionaba desde marzo de 2003.
· Muerto por rescatar a otros chicos.
· Muerto porque los locales bailables no estaban en la agenda política de Ibarra.
· Muerto porque Ibarra no hizo nada ante 15 alertas de que sucedería un Cromañón.
· Muerto porque fue trasladado en un móvil policial en lugar de una ambulancia.
· Muerto porque Ibarra nombró a su concuñado López secretario de seguridad.
· Muerto porque Ibarra desarticuló el área de inspecciones.
Y uno que engloba lo que sienten los familiares y amigos de las víctimas:
· Muerto por la corrupción.

Paradojas
Junto a las pancartas estaban los padres, madres y demás familiares y amigos, principalmente del grupo Que no se repita aunque también hubo integrantes de otras expresiones de familiares de Cromañón, en esa tendencia que se ha consolidado entre ellos en los últimos tiempos, de componer y articular sus acciones. Repartían volantes donde explican que Cromañón fue “la peor masacre de la historia argentina, originada en causas evitables”.
Los reclamos familiares han sido tachados por determinados sectores como peligrosos para las instituciones (en este extraño país, cada persona que reclama por sus derechos es catalogada como un sujeto de alta peligrosidad). Por eso se ven en la paradójica necesidad de aclarar que están “a favor de la justicia y las instituciones” cuando reclaman que la justicia y las instituciones hagan algo.
Teodora detecta al cronista de lavaca y señala una pancarta: “Ahí está mi angelito”. En la foto sonríe Romina Castro Fuentes. Tenía 16 años recién cumplidos: “Hubo mucha gente que nos apoyó. No te voy a mentir, apareció una que dijo: ¿por qué siguen con esto si los chicos ya están muertos? Yo le dije: ¿usted es madre? Tengo cinco hijos, contestó. Tenía una actitud muy agresiva. Por suerte se fue. Pero el resto nos dio mucha solidaridad. Lo importante es que vean. Nosotros como madres y padres a veces no podemos explicar. Pero acá cada uno se puede parar y leer tranquilo”, cuenta Teodora.
Muchas personas se detienen y leen. Los familiares han puesto frases que parten el alma. Sos mi sol. Nunca te vamos a olvidar. Te extrañamos siempre. Vamos a luchar para que se haga justicia... y así, el dolor en estado puro con letras de marcador negro, junto a las sonrisas de las fotos.

“Esto es mejor que la TV”
Ignacio Iglesias, 18 flamantes años, con los rulos a cuestas, es el hermano de Pedro (19 años, que empezaba su sueño de ser periodista), el chico vergonzosa y falsamente acusado mediante una operación de prensa oficialista que muestra con qué armas se intenta desacreditar el reclamo. Ignacio estaba con la cabeza en otra cosa, preparándose para el acto en el que las cenizas de su hermano Pedro, serían esparcidas en el estadio de River Plate (el acto se concretó el miércoles 14). Su padre, José Iglesias, también estaba allí, repartiendo volantes como uno más. Sobre la actividad en Florida Ignacio opina: “Se acercaron muchos extranjeros. Y de cada diez, ocho te agarran el volante. Me preguntaron por mi hermano, les mostré la foto. Esto es mucho mejor que algo masivo en televisión. La televisión es fría. Acá empezás a caminar y vas viendo chicos y chicos, están los padres, hermanos, te pueden explicar, todo te llega más. Es una idea bárbara, y se va a seguir haciendo”. Ignacio también va a estudiar comunicación social, cuenta, mientras un sudafricano se acerca a hacerle preguntas en inglés.
También estuvo repartiendo volantes, Diego, hermano de Julián Rozengardt (18 años). “Los extranjeros conocían el tema, lo relacionan mucho con lo del shopping de Paraguay”.
Roberto Anton es el papá de Paula (28) y nieto de Agustina (8): “Se acercaron bomberos mexicanos, que están haciendo un intercambio. Me sugirieron poner carteles donde diga cuáles son las normas de seguridad exigidas para la habilitación, y cuáles fueron las que no se cumplieron en Cromañón”.
Estela, la mamá de Guido Del Canto (tenía 15 años) agrega algo a la magnitud de lo que se ve: “No son 194. Cada uno era alguien con su personalidad, su proyecto de vida, su familia, amigos, estudios. Y aquí se destruyó todo (mira el suelo, y luego levanta el rostro). No sé... esta es una lucha para que algo cambie en la Argentina”.
Ignacio sigue conversando con el sudafricano, mientras Roberto observa una particularidad: “La gente que ve estas pancartas dice: pero eso no es lo que dicen los diarios, ni lo que escucho en la radio. Ahora veo esto que es totalmente distinto”.
Estela: “Por ejemplo, te dicen que es el golpe institucional, y es una mentira, no queremos ningún golpe. Queremos justicia”. Roberto aclara un dato como para que conste, mirando brevemente hacia arriba: “Para que no se enoje, aclaremos que la nena se llamaba Iara Agustina, y le gustaba que le dijeran Iara”. Esa sonrisa de ocho años es otra de las que mira a los paseantes; era una de las más jóvenes integrantes de la murga Mala Yunta.

“¿No te das cuenta de lo que está pasando?”
Las diferencias entre los que pasan son notables. Algunos se detienen y van mirando silenciosamente cada cartel. Otros caminan como si no vieran, y rechazan incluso recibir un volante (lo cual implica el enorme esfuerzo de mirar para otro lado, y la carencia de los más elementales modales).
Daniel Yanni vive en Liniers, trabaja en desarrollo industrial, y sufrió la muerte de dos de sus hijos: Darío (16 años) y Bárbara (19). Reparte volantes y confirma –sin proponérselo- el nivel de profundidad que puede adquirir la charla con cualquiera de los padres de Cromañón.

-Hay gente que mira las pancartas, y después no te agarra el volante. Pero un 70 por ciento lo agarra.
-¿Y eso qué significa?
-Que de esos alguno puede llegar a leerlo. Pero da mucha bronca, hay gente que ve todo esto y mira para otro lado. O te dice que no quiere el volante ¿Qué vamos a estar repartiendo? ¿Propaganda? Da mucha bronca.
-Los chicos sobrevivientes nos han hablado de la mirada fría, a larga distancia.
-Tienen razón. Me ha pasado con conocidos en el barrio. Te veían de lejos venir y cruzaban de vereda.
-¿Por qué alguien hace eso?
-Por el miedo a tener que decirte algo. Pero a la vez hay gente que me dice: “no tengo palabras”. Y yo le puedo decir: “yo tampoco, no digamos nada, dame un abrazo” y listo. Saludame como todos los días. No tenemos lepra. Pero no sabés qué pensar. A mi señora le pasó. ella vio a uno que cruzaba, cruzó ella. Entonces el tipo volvió a cruzar. Hasta que lo encaró: ¿qué te pasa? ¿Te voy a contagiar? Decime hola, nada más, decime hola, como siempre.
-¿Y el vecino qué le contestó?
-“No sabía qué decirte”. Pero es peor esa indiferencia, ese silencio. Por lo menos saludame.
-La pregunta sería: ¿Nos podemos mirar de frente?
-Sí. Pero te encontrás con muchos que ni eso pueden. O no quieren.
-Entre los que se detienen y miran las pancartas, o toman un volante, ¿puede cambiar el preconcepto de lo que vienen pensando sobre Cromañón?
-Es difícil. La gente en esta ciudad es muy indiferente. Realmente creo que hasta que no le pase algo, no sale a luchar por nada. Teniendo 194 fallecidos, masacrados o como quieras llamarlo, no juntamos más de 5.000 personas en las marchas, y haciendo una multiplicación simple de la cantidad de fallecidos, por los familiares y amigos, tendríamos que ser muchos más. Realmente creo que estamos esperando mucho de esta ciudadanía.
Pero ojo, me lo reprocho a mí mismo. Cuando pasó lo de Kheyvis, los 17 muertos, uno lo vio, dijo: “qué feo lo que le pasó a esta gente”, pero al poco tiempo ya nos habíamos olvidado. No lo digo de otros. A mí me pasó.
-¿Cómo piensa que otros padres hubieran llamado su atención en aquel momento? Tal vez sirva para pensar cómo hacer ahora.
-Creo que de la misma manera que estamos haciendo acá. Te soy sincero: yo hubiese querido que algún padre de esos 17 fallecidos me dijera: “Pelotudo, ¿no te das cuenta de lo que está pasando en este país?”
Aquí después de lo que pasó se clausuró media ciudad. Si ahí no tomaste conciencia, con la magnitud que ha tenido esto, y con los niveles de corrupción... Yo creo que estamos en este fango, patinando, pero no nos van a ganar. Se creían que en dos o tres meses se iban a olvidar todos, pero acá estamos, en lucha, por más que tendríamos que estar en nuestras casas sobrellevando el duelo y tratando de hacer nuestras vidas.
-¿Cuál es el fango?
-El poder político. Están embarrando todo para que patinemos y quedemos en el camino. No van a poder.

Censurados por los medios
Lo que cuenta Daniel tiene nexos con lo que dice Carmen, esposa del papá de Nicolás Nieva, quien tenía 17 años al intentar ir a divertirse una noche a Cromañón. Carmen es mamá de las dos hermanas menores de Nicolás.
-Lo vi crecer, desde muy chiquito. Lo quería como a un hijo. Y ahora me siento un poquito madre de cada uno de los 194 que murieron. Pero le digo la verdad: no lo hago solo por ellos. Lo hago primeramente por mi misma, por no haberme involucrado antes en otras cosas. Me siento culpable.
-¿Por qué?
-Porque siempre miré para otro lado, nunca me involucré en nada. Todos tenemos nuestro grado de corruptela al no sentirnos involucrados y ver que pasan las cosas al lado nuestro y no hacemos nada.
-Si alguien hubiera hecho esto que ustedes están haciendo, salir, conversar, ¿usted cree que hubiera reaccionado?
-Puede ser, no sé. Tenemos esa cultura muy arraigada, muy argentina.
-Pero Carmen, en la situación de Cromañón uno encuentra también, por poner ejemplos, la solidaridad que tuvieron tantos chicos aquella noche, todo lo que se está haciendo ahora.
-Pero los chicos son más así. Uno se va curtiendo con el tiempo, nos han inculcado tanto el no te metás, o por algo será. Venimos de eso, y bueno... eso queda arraigado. Los chicos son más sinceros, tienen un ímpetu de lucha. No hay que coartarlo. Nosotros los padres lo coartamos, porque venimos arrastrándolo de años. Ojalá los chicos no pierdan nunca ese espíritu. Pero me quedé pensando: ¿sabés qué habría que decirle al que no se involucra ahora? Que por un momento se ponga en el lugar del otro. Ni que vengan a una marcha ni nada. Que imaginen estar en nuestro lugar. Que imaginen que un hijo, un hermano, un amigo, hubiera estado ahí.
-Lograr eso es un enorme esfuerzo de comunicación.
-Es lo que estamos haciendo. Lamentablemente en los medios somos censurados. Para los de arriba, que son los dueños de los medios, el tema Cromañón es muy espinoso. Mienten, distorsionan todo. Yo supongo que hay periodistas que tienen la voluntad, pero los dueños no quieren.

Patricia, la mamá de Erika Broggi (19 años) va armando su propio manual de geografía.
-Ya hablamos con gente de España, Portugal, Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Israel, Inglaterra y Francia. Se llevaron stickers de los chicos. Todos conocían el caso, no con detalle. El señor de Brasil creyó que era un reclamo por todos los muertos en distintos casos. Cuando le contamos que era solo en uno miró los banners y dijo: Que Dios los acompañe. Y hubo gente del interior, una familia entera de Bariloche que nos dijo: el pueblo está con ustedes. Ahí ves la diferencia con Buenos Aires, acá hay gente que te mira como si fueras a contagiarle un virus.
-¿Alguien les dijo algo en especial?
-Una dijo: ¿para qué dejaron ir a los chicos? Ustedes lo permitieron, el gobierno no tiene nada que ver. ¿Por qué son agresivos con el gobierno?
-La culpa es de ustedes.
-Yo digo: primero enterate, y así te das cuenta. El brasileño preguntó por qué culpamos al gobierno. Entonces le leímos los cartelitos y ahí entendió.

El abrazo y Darwin
Ignacio y el sudafricano gesticulan señalando vagamente la calle Florida, o la ciudad, o el mundo. Marilin muestra a lavaca la foto de su hija, María del Monserrat Pérez González, que tenía 17 años la de su novio Nicolás Cayón, 25. Murieron en Cromañón. Los encontraron abrazados.
-Ahora ando con otro problema, el hermano de Nicolás está internado en el Argerich porque tiene un quiste adherido a la cabeza del páncreas. Como es factor A negativo no había suficiente sangre en el banco. Estamos acompañando a los padres. Para mí esto que le pasa al chico también es una consecuencia de lo que le pasó al hermano. Qué sé yo. Me queda como madre el hecho de haberlos encontrado intactos. Ya los habían separado. Pero estaban bien, como dormidos, no tenían cara de sufrimiento. Solo el tizne. El hollín. (Marilin se refiere a la marca que dejó sobre la piel de los chicos la nube negra de cianuro que los envenenó).
-¿Y cómo ha sido el día, Marilin?
-Acá ves de todo, ves la naturaleza humana. Está el que es de terror, que te rechaza, y el que se solidariza. Si mirás cuando se reparten los volantes (Marilin, cómplice, señala con cuidado como para que no la vean) te das cuenta de que el chico joven es el que se solidariza más, el que te acepta. Ayer pintaron un mural en el Normal 5 y fue un acto impresionante. Pero son los chicos. Los adultos son medio reacios.
-Darwin al revés. La involución de la especie.
-Sí, se ve mucha estupidez. Pero ¿sabés qué nos pasa a nosotros? Ante la muerte de un hijo te quedás, y no te levantás nunca, o seguís.
-Salir de la parálisis.
-Hay gente que te dice: yo estoy muerto desde el 30 de diciembre. Nosotros no paramos desde ese día. Y aún no hemos hecho el duelo. El problema es las enfermedades del alma que te salen por algún lugar del cuerpo. Yo en mi vida tuve glucosa, y ahora tengo. Pero te repito. Los chicos son los que siempre van a estar a tu lado. Cuando cumplió años mi esposo, este año, vinieron más amigos de mi hija que amigos nuestros. Ellos son distintos.

Entenderse con el otro
De impecable traje color habano, Daniel Bagnado (a quien todos conocen como “el conde”) entrega volantes y confiesa: “No me tengo que quedar mal con el que ni me mira. Prefiero ponerme contento con la gente que sí nos da bola”. Unos pasos más allá está Clara Barbero. Está por la que llama “mi nuerita”, Milena Aramburu (22) la novia de su hijo durante seis años. Clara confiesa que viene de emocionarse leyendo el libro Generación Cromañón.
-Este tipo de actividades hay que hacerlas porque al no existir los medios de comunicación, es la única manera que tenemos de decirle a la sociedad que lo que dice Ibarra es mentira, que no somos golpistas, que sólo ejercemos un derecho constitucional. Estas actividades hay que hacerlas para que la gente se entere. Al no tener los medios de comunicación no se abren los micrófonos, o cuando los abren se tergiversa lo que se dice. En los medios se preocupan por ver los conflictos entre los padres. Pero no tenemos demasiados conflictos. Y lo que hay son mínimos frente a la muerte de nuestros chicos, o a las secuelas de los que han quedado vivos, a la mutilación de cada una de las familias. Cuando se va aquietando el alma, con el tiempo, uno puede entenderse con el otro. Pero en los medios se muestra el conflicto, o se muestra cuando un padre que no puede manejar el dolor de otra manera levanta su voz. Pero es una manera más. No se arrebata la vida de un hijo sin pensar que no se va a provocar una reacción.
-Mucha calma ha habido.
-Es que nos acompañamos, queremos hacer las cosas por derecho, en última instancia no somos los violentos. La violencia la ponen los otros al no cumplir con sus deberes. Hace poquito en la marcha de las madres abracé a Nora Cortiñas y me dijo: “Clara, el dolor no se calma pero sirve que nos acompañemos unos a otros para seguir viviendo”.


La gente en la calle
Ignacio terminó su conversación con el visitante sudafricano.
-Parece que vio una película sobre la dictadura, y quiso venir a conocer. Fue a visitar la ESMA, estuvo con las Madres de Plaza de Mayo cuando arrojaron las cenizas de Azucena Villaflor. Me dijo que en esto de Cromañón veía mucha relación con lo de la dictadura, por la injusticia. Relacionaba impunidad e injusticia. Me dijo que le pareció buenísimo ver la cantidad de manifestaciones, cómo la gente lleva todo a las calles. Él no vio esto en otros lugares, y le encantó.
-Es la forma de politizar, en el buen sentido: intervenir en la vida pública.
-Sí: formar parte. Me dijo que para él es muy raro y muy positivo. Lo que pasa es que si nosotros no hacemos nada, todo va a seguir igual. A nadie le importaría nada.
-Por eso a los políticos no les gusta.
-Es que si no estás en la calle, el poder hace lo que quiere.
-Imagino que alguien les diría: ustedes son pocos ahora.
-Pero no es la cantidad. Es la calidad de lo que estás planteando. Y la insistencia. Siempre, siempre. Porque si tenés muchas personas y después no hacés nada más, no te sirve. En cambio estar siempre haciendo algo, pega.

El viento empezó a soplar más fuerte. Las pancartas con las fotos y los textos se sacudían sobre sus soportes de madera, pero como las habían enlazado ofrecían mayor resistencia. Uno de los padres, sosteniéndolas, dijo: “Son frágiles”, aunque todo indica que semejante idea está siendo desmentida cada vez que estas acciones se concretan. Aún con viento en contra.


publicada 16/12/2005
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