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Abraham Gak, rector del Pellegrini
Clase abierta de violencia y desigualdad
 La semana pasada, cinco chicos de 10 a 16 años fueron detenidos por robarle a sus alumnos. Una de las atacantes tiene 15 años, está embarazada de tres meses y nunca será alumna de ese emblemático símbolo de excelencia de la educación pública que él dirige desde hace 14 años. La situación derivó en una asamblea con 200 padres que Gak intentó convertir en una lección sobre estos tiempos: “No veo a estos chicos como delincuentes sino como víctimas de una situación social de la que solos no pueden salir. Si no ocurrieran estas cosas nadie pensaría en ellos”, dice Gak a lavaca y explica porqué los adolescentes están mejor preparados que sus padres para enfrentar esta situación.
Abraham Gak exhibe orgulloso la sabiduría que le confieren sus 77 años y la vitalidad que le contagian los adolescentes del Carlos Pellegrini, la escuela superior de comercio que dirige desde hace 14 años. Puede sacarse fotos en medio de la vuelta olímpica –el ritual que los egresados realizan como ceremonia de despedida- y también chicanear al presidente del centro de estudiantes para darle una lección política: “Impidiendo la elección en la UBA al final le hicieron un favor al gobierno, ahora el rector y su vice serán peronistas”, lo azuza y se ríe. Pero esa permanente mueca alegre que lo caracteriza trocó por un gesto de dolor el pasado 14 de noviembre, cuando cinco chicos de 10 a 16 años fueron detenidos por robarles a sus alumnos. Entonces, el economista que integra el equipo del Plan Fénix decidió calzarse el traje que más le gusta: el de predicador, como el mismo lo define. Y se dispuso a convertir un hecho de apariencia policial en una clase práctica sobre la inequidad del sistema en el que le toca vivir. “No veo a los chicos como delincuentes –explica- sino como víctimas de una situación social de la que solos no van a poder salir. Para eso está el Estado”.
-¿Por qué entonces se denunció a los chicos y se dio intervención a la policía?
-Es inevitable, en el momento la actuación tiene que existir. Porque si me asaltan, me amenazan con un cuchillo o una botella rota, el poder público tiene que intervenir para cortar la situación. Pero eso no soluciona el problema. Nosotros dimos intervención a la policía, pero sabiendo que no se soluciona el problema impidiendo que los chicos vengan a robar acá. Acá la cuestión es más profunda, un problema social serio. Son tan víctimas ellos como los chicos nuestros. Esta es la mirada que queremos tener, la solución no es un problema judicial. Es una solución que tiene que dar el Estado.
Convencido de esta idea, Gak llamó de inmediato a la Ministra de Desarrollo Social y Derechos Humanos de la Ciudad, Gabriela Cerruti, para que brinde una salida social a los chicos detenidos. “Mi intención es presionar para que el Ministerio intervenga”, confiesa y, sin decirlo, adopta la misma energía que le impregnan sus alumnos cuando le espetan un reclamo. El rector pidió a la funcionaria que indague en las familias de los detenidos para conocer cuáles son sus necesidades y los problemas a atender. “No es una cuestión de voluntarismo o beneficencia. La escuela a lo mejor puede hacer algo, pero primero hay que conocer el panorama. Pero cuidado, no me hago ilusiones: si solucionamos el problema de cinco familias, aparecerán otros en igual situación”.
>>>La mirada ausente
Gak se propuso utilizar el episodio para hacer docencia, pero no necesariamente con sus alumnos. El jueves pasado enfrentó una asamblea de 200 padres preocupados por el centenar de robos que chicos de primero y segundo año habían sufrido a lo largo del 2006. Los regañó por no haber realizado las denuncias, pero mucho más por la carta que habían escrito para enviar al Ministerio del Interior. “Los padres redactaron un petitorio que elevaron al gobierno que no menciona para nada la situación de los chicos detenidos. Yo les dije, entonces, que no estaba de acuerdo para nada con esa nota, que había una ausencia de mirada hacia esos pibes. Todo el mundo reconoció lo que habían omitido. Admitieron el error de haber pensado sólo en sus hijos. Reaccionaron, pero tal vez porque es socialmente correcto hacerlo”.
-Parece que no les tiene mucha confianza.
-Ahora vamos a ver hasta donde llega el compromiso. Yo los voy a poner a prueba. En esa asamblea les propuse a ayudar a esos chicos. Les pregunté si estaban dispuestos a becarlos para que vuelvan a una escuela, todos contestaron que sí. Pero vamos a ver cuando llegue el momento, cuando haya que poner la plata. Aunque no es tanto, creo que con 100, 150 pesos mensuales para cada uno tendría que ser suficiente. Pero insisto en que con la escuela no alcanza, tienen que involucrarse psicólogos, trabajadores sociales, sociólogos y el Estado.
-Pero una parte del Estado es usted.
-Y sí. Yo me voy a sentir bien si logro que los organismos especializados puedan actuar. Éxitos en estas cosas nadie puede garantizar, pero el esfuerzo sí. La verdad que la escena de los chicos detenidos era muy dolorosa.
- Ahí hay otra parte del Estado: la policía o los institutos de menores.
-Un padre fue el que planteó que con la policía no quería ir a ningún lado y llegó a decir que las denuncias se hicieran en un juzgado especial. No solo las comisarias no resuelven el problema, sino que los institutos no cumplen bien con su función. Me da la impresión que enviar a un chico a un instituto es olvidarse de él, como desprenderse del problema. De esos institutos nadie sale mejorado.
-¿Por qué al Estado le cuesta tanto terminar con la niñez excluida?
-Por un lado, después de 30 años de destrucción del Estado, donde se impuso un modelo económico en el que el mercado era el mejor asignador de recursos, no parece una tarea simple. Pero la otra cuestión es el sistema político que tiende a funcionar de manera clientelística y eso hace que se generen políticas en función e intereses minúsculos de punteros, que buscan mantener cierto control social para mantener su peso en el momento de tomar decisiones de gobierno.
>>>Los invisibles
Fundador del Plan Fénix (un proyecto económico que a principios de esta década intentó postular ideas diferentes a las neoliberales para sacar a la economía del pozo), desde hace años Gak aboga por la implementación de una asignación universal para la infancia como manera de eliminar las prácticas clientelares, redistribuir el ingreso y asegurar la escolarización y salud de todos los chicos. Señala que aplicarla sólo en los tres deciles más pobres de la población implicaría desembolsar solamente el uno por ciento del Producto Bruto Interno. Mientras esta propuesta se mantiene lejos de los escritorios del poder, el rector le imprime al Carlos Pellegrini un importante acento social, tal vez con la esperanza de que los ministros de mañana tenga algún otro tipo de sensibilidad. Los alumnos de primero y segundo año tienen el trabajo solidario como parte de la currícula académica. Son 1000 adolescentes que año tras año, guiados por otros 120 chicos de los años superiores, colaboran con sectores excluidos de la sociedad: pueblos originarios, ancianos, comedores populares, escuelas rurales, discapacitados, chicos en situación de calle, entre otros. “Creemos que el hombre no nace solidario y esta es una muy buena manera de formarlo. Así podrán ver el bosque y no los tapará el árbol.”
- ¿Qué le parece que piensa uno de esos alumnos a quienes le inculcan la responsabilidad social para con el excluido y recibe como devolución un robo?
-Reafirma su ideología. Reafirma que el sistema capitalista no da más, que tiene necesariamente que cambiar y que el socialismo está a la vuelta de la esquina. Son adolescentes, tienen que pensar eso. Pero no va a venir solo, hay que luchar para que eso ocurra. Entonces hay que ir a las marchas, darle de comer a los pobres, militar, exigir, y de vez en cuando también tienen que putear al rector.
-De los 2500 alumnos, ¿cuántos tienen esta mirada?
-Con la enseñanza nuestra no digo que todos piensen en el cambio de sistema, pero sí tienen una mirada crítica de la sociedad, conocen la historia, saben qué es el neoliberalismo. Y muchos aplaudirán a este gobierno y otros dirán que es más de lo mismo.
-¿Cómo le explica educador a uno de sus alumnos que un chico de su edad puede robarle o pegarle?
-Lo hacemos cuando explicamos Historia argentina, Economía, Derecho, es un tema que también lo trabajamos en derechos humanos. Y los pibes lo entienden perfectamente. Les decimos que estos otros chicos son víctimas de un sistema social injusto que hacen que algunos chicos sean privilegiados y los otros sean marginados, ni siquiera se los tome en cuenta como existentes. Son invisibles y sólo se los hace visibles cuando aparecen estos episodios. Si no ocurrieran estas cosas, nadie pensaría en ellos. Nosotros les explicamos por qué ocurren estas cosas, ahora no sabemos cuánto absorben. Estos hechos no dejan de ser una clase práctica de lo que estudian.
>>>Convivir con la violencia
El sábado pasado Gak fue invitado a un simposio organizado por la Asociación Psicoanalítica Argentina y también allí sorprendió al auditorio cuando explicó que está convencido de que los adolescentes están mucho mejor preparados que sus padres para soportar estos hechos violentos. Argumentó que los chicos conviven permanentemente con este tipo de situaciones extremas y eso los obligó a desarrollar estrategias para afrontarlas. “El asalto es un dato de la realidad, como la pelea en el boliche, golpe en el pogo, el desprecio de los adultos o que la policía se ensañe con ellos”.
-Dicho así suena a una terrible naturalización.
-Estoy convencido de que es así. Pero al mismo tiempo esos chicos desarrollan actitudes maravillosas. Por poner un solo ejemplo, tengo alumnos que todos los sábados del año vienen acá, se reúnen en el garage del subsuelo, sacan mesas y bancos a la plaza, preparan comida y llevan en una olla grande hirviendo, tan enorme que la tienen que levantar entre dos, para darle de comer a la gente que no tiene.
publicada 22/11/2006
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