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Después de los derrumbes
Kafka, egresado del Mariano Acosta
anticopyrightComo lo habían anticipado los estudiantes y los padres organizados en red, techos del colegio Mariano Acosta se derrumbaron haciendo visible una mezcla de ineptitud, dineros sospechosamente gastados, e incapacidad institucional. Las increíbles peripecias de los alumnos que, por sus reclamos, habían sido calificados como “animales” por el ministro del Interior.

El colegio Mariano Acosta tuvo que permanecer cerrado durante dos semanas, con sus 1800 alumnos sin poder entrar al edificio construido en 1889, donde se desplomó un techo de lo que se suponían eran obras de mejoramiento recién terminadas. Esto confirmó una sospecha que merodeaba el barrio de Balvanera y que lavaca viene reflejando desde hace más de dos años: más que el deterioro edilicio, el peligro eran las refacciones.
El accidente ocurrió el domingo de las elecciones en el edificio ubicado en Urquiza y Moreno: el cieloraso de un aula se desprendió y cayó: aplastó varios pupitres, salvo el tramo que quedó colgado de un extremo. Fue una cuestión de suerte que, como los trabajos estaban recién terminados, la escuela no hubiera sido habilitada para votar: los pupitres aplastados le dan la razón, una vez más, a los padres y a los alumnos que vienen movilizándose desde hace dos años y medio. Especialistas de la Facultad de Ingeniería junto a tres padres (un arquitecto dedicado a la colocación de techos, un ingeniero y un constructor) y al Director de Infraestructura Mario Rocco recorrieron el lugar. Los padres revelaron que la instalación de los techos es “grosera” y que el trabajo realizado “es una verdadera bestialidad”.
Las refacciones llevan dos años y medio y un costo del doble de lo pautado inicialmente: "Se habían presupuestado entre 7 y 8 millones de pesos, pero ya se llevan gastados más de 15", cuenta Felipe Vega Terra, del centro de estudiantes (que en sí mismo constituye una de las más originales experiencias de organización estudiantil secundaria).
El miércoles 20, los auditores de la Facultad de Ingeniería van a dar a conocer los resultados de su pericia sobre el estado del colegio. Luego, estudiantes y padres tienen planeado hacer una asamblea para resolver cómo seguir con una historia que viene desde mucho más atrás que el domingo de las elecciones.

Los animales

"El conflicto por el edificio comenzó hace seis años", cuenta Felipe, haciendo memoria sobre algo que pasó cuando él todavía estaba en la escuela primaria. "El edificio estaba muy deteriorado y la comunidad educativa empezó a exigir que se realizaran obras. Fue una historia de salir, cortar la calle, tomar el colegio, y finalmente se logró, hace 4 años, que realizaran el planeamiento de la obra".
Pero el proyecto tuvo problemas desde su arranque: "El primer error fue pensar la obra con nosotros adentro y ahí comenzó todo un proceso, porque las refacciones intervinieron de manera molesta en las actividades del colegio, y una vez que empezaron con la albañilería el edificio se fue deteriorando".
En el 2005, las clases tuvieron que suspenderse dos veces por los problemas del edificio. En julio las vacaciones de invierno fueron "estiradas" por la remodelación, y cuando los chicos estaban por retomar la actividad, apareció una nueva sorpresa: se descubrió una pérdida de gas. En esos días había ocurrido otro suceso: un matafuegos mal colgado de la pared cayó y le lastimó el pie a una alumna. ¿Qué hicieron las autoridades de la escuela? Quitaron todos los matafuegos. Cualquier incendio por la pérdida de gas hubiera tenido el agregado de la falta de matafuegos, lo cual confirma la Argentina-Cromañón, además de descerebrada, es una tierra sin metáforas.
Otro dato: un obrero murió mientras trabajaba, la empresa dijo que resbaló accidentalmente pero por los pasillos del colegio corrió otra versión que nadie se atrevió a desmentir: el hombre murió electrocutado. Franz Kafka, en en estas extrañas tierras, sería un cronista de costumbres.
Ese 2005 un año de movilizaciones, clases públicas y toma del edificio, que los estudiantes impulsaron con apoyo de sus padres y que fueron duramente atacados por funcionarios y periodistas. Se sumaron otros colegios, como el Normal 9 de Corrientes y Callao, que también se estaba derrumbando. El entonces jefe de gobierno, Aníbal Ibarra dijo que se trataba de "grupos de izquierda que fogonean a los estudiantes secundarios"; la secretaria de Educación porteña, Roxana Perazza, acusó a la oposición macrista de alentar la protesta; el ministro del Interior, Aníbal Fernández, trató a los estudiantes de “animales”. Locutores como Samuel Gelblung, de la contrainformativa Radio Diez, excitaron a los dinosaurios anunciando que los alumnos “tienen el poder de un terrorismo iraquí”.
Los chicos hicieron por ejemplo un abrazo al edificio, con cascos amarillos para simbolizar lo que les ocurría. Pese a Ibarra, Perazza e Ibarra, la justicia optó por un comportamiento tal vez “animal”, les dio la razón a los reclamos y clausuró el colegio hasta que hubo garantías mínimas de funcionamiento. Los chicos eran trasladados en micro cada mañana a la Facultad de Ingeniería para poder seguir teniendo clases.

Ibarra, Filmus, Telerman

Otro hallazgo notable de las autoridades escolares fue contratar a una “empresa de seguridad”, marca Kellesengo. Los vigilantes, supuestamente, debían cumplir el rol de proteger a niños y niñas de los peligros de la ciudad en las cercanías de la escuela, pero decidieron hacer al revés: en lugar de cuidar la puerta, armaron rondas dentro de la escuela, seguían a los estudiantes, espiaban qué hacian. Se transformaron en un mecanismo interno de control. El rector de la escuela, profesor Butera, les dijo a los padres que no había tenido tiempo de reunirse con los integrantes de Kellesengo y que la empresa de "seguridad" actúa según su propio criterio (criterio que él no conoce, ya que nunca se reunió con ellos).
Durante el 2006 las cosas tendieron a normalizarse, si tal cosa existe, y continuaron los trabajos de rehabilitación del edificio. "Y ahora", retoma Felipe, “cuando las obras ya estaban casi finalizadas, empezaron a aparecer otros síntomas: picaportes que se salían, postes que se rompían y finalmente el techo que se vino abajo".
Cuando el cieloraso se derrumbó, el grupo de padres que viene moviéndose por la situación del colegio reveló que en el mes de abril habían presentado un reclamo al rector por las anomalías que seguían encontrando. Entre ellas detallaron:

  • Sectores de la escuela que se inundan los días de lluvia, como "aulas, el espacio destinado a educación física, subsuelo del edificio nuevo y el sector Siberia". (un ala del colegio bautizada así por misteriosas corrientes de aire que lo convierten en un freezer) Los padres llamaron la atención sobre el hecho de que en Siberia siguiera entrando el agua, porque era un área donde las obras se consideraban concluidas.
  • "Filtraciones importantes que nos hacen preguntar si se han impermeabilizado los techos".
  • Cortes de luz frecuentes, imprevistos e impredecibles.
  • Desprendimiento de cascotes provenientes de techos.
  • Posible electrificación de paredes debido a las filtraciones de agua.

La carta fue enviada al rector Jorge Butera con un pedido de que la remitiera a la Dirección General de Educación Superior y a los representantes de la Dirección General de Infraestructura y Mantenimiento. Pero no hubo respuestas.
¿Cómo pudo avanzar tan mal la construcción en medio de un proceso de continuas denuncias?
Felipe da la única explicación que han encontrado hasta ahora en el centro de estudiantes: "Ineptitud", define.
"Hay que volver varias gestiones atrás, no sólo la de Telerman sino también la de Aníbal Ibarra, porque este proceso pasó por las dos gestiones, y la de Filmus, que era Secretario de Educación porteño en el comienzo de esto. También la de Roxana Perazza, que reemplazó a Filmus, y no hay que olvidar a los varios ingenieros que pasaron por la obra, en una cadena de inutilidad".
Después de una semana de asambleas conjuntas, clases públicas y cortes de la calle, tal como exigieron estudiantes y padres, el director de obras del Mariano Acosta, Jorge Lagresca, y otros profesionales que trabajan con él fueron removidos de su cargo. El Gobierno de la Ciudad anunció además que sancionará a la empresa constructora por las irregularidades en la obra. También a pedido de alumnos y padres, la compañía va a terminar con la remodelación de la escuela. "Las prioridades fijadas son dos: poder volver a clases y que se terminen las obras.
Cambiar de constructora, cuando ya está todo casi terminado, sería un desastre porque habría que llamar nuevamente a licitación", define Felipe. La obra lleva 30 meses, dos veces el tiempo estimado en el proyecto inicial.

En vez de centro, red

La situación de la escuela encontró a los alumnos organizados en el CESMA (Centro de Estudiantes Secundarios del Mariano Acosta) que en realidad no es un “centro” (con poder concentrado en presidente, secretario, etc) sino una red horizontal sin estructuras jerárquicas, una especie de centro descentrado, en el que los estudiantes eligen delegados y voceros y terminan decidiendo los temas principales en asambleas, con un nivel de participación ampliamente superior al de la muchos de los centros “verticales”. En uno de los postulados del Estatuto vigente desde 2001, se lee:
  • “Si queremos cambiar nuestra realidad, no podemos imitar la organización de quines la quieren mantener”.
  • “Algo que sucede muy a menudo en los centros de estudiantes es que la manera en que e organizan atenta contra toda alternativa a esta sociedad individualista y desigual: la existencia de carlos electivos para la toma de decisiones hace de los centros un reflejo del gobierno nacional. Nosotros no queremos autoridades en el centro: queremos que éste sea un espacio abierto de debate y laburo de todos nosotros”.

    Los chicos del Mariano Acosta se conectan a través de los mensajes de texto de los celulares, lo que les permite tener una inmediata respuesta frente a cualquier desarrollo creativo de las autoridades, los vigilantes o la empresa constructora.
    Además se organizó una “Red de Padres” que ha elaborado innumerables informes, petitorios y reclamos para que el colegio vuelva a parecer un colegio, cosa que desde hace años está en tela de juicio. La semana próxima habrá asambleas conjuntas para analizar en qué medida, incluso de un colegio prestigioso y céntrico como el Mariano Acosta, la educación pública es una utopía que se derrumba, o un proyecto posible.


    publicada 15/06/2007
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  • El frente del Mariano Acosta hoy