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Después de la cacería, la tortura: 16 personas siguen detenidas, su situación empeora y la justicia es cómplice
Hoy las familias de las 16 personas que aún están detenidas desde la cacería de la Ley Gases realizaron una conferencia para reclamar su libertad y la absolución. Relataron cada caso con detalles que anulan cualquier tipo de especulación sobre por qué las y los detuvieron, y que confirman que la cacería fue arbitraria y al voleo, dejando libres a los verdaderos responsables de los supuestos desmanes. Los perfiles: trabajadores y trabajadoras autoconvocadas, que estaban desconcentrando cuando los detuvieron. Uno de ellos aún no pudo ver a su familia, y a las mujeres trasladadas en Ezeiza amenazan con separarlas y pasarlas a pabellones comunes. Mañana a las 16:30 horas en Plaza de Mayo habrá una movilización que tendrá en el centro el reclamo del cese de la persecución, la libertad inmediata de los detenidos y la consigna que vuelve: “Protestar no es un delito”.
Por Lucas Pedulla.

Familiares de las personas detenidas, juntos, en rueda de prensa. Foto: Lucia Prieto
Familiares de detenidos frente al Serpaj. Convocaron a una marcha mañana 16:30hs en Plaza de Mayo.
A las 11 de la mañana de este lunes feriado, mientras la justicia federal se toma un descanso y deja detenidas a 16 personas desde hace una cuatro días, la calle del Servicio Paz y Justicia (Serpaj), en Piedras 730, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, empieza a poblarse. Es la segunda convocatoria en pocos días, y a diferencia del encuentro del viernes, masivo, pero dedicado más a una foto de unidad de organizaciones y organismos, este nuevo encuentro estuvo motorizado por familiares y amigues de las personas detenidas durante la protesta contra la Ley Gases, para darle visibilidad a la violencia que sufren desde el miércoles, sus preocupaciones y sus temores, pero sobre todo su voluntad de organizar las próximas acciones para pedir por la liberación y la absolución de las y los acusadxs.
Desde las 12, ante una calle repleta, las familias toman la palabra.
Sostienen los micrófonos temblando, con voz llorosa, pero firme.
Sasha

La primera que habla es Grisel, hermana de Sasha Lyardet, detenida en el penal de Ezeiza. Cuenta que Sasha se estaba retirando de la movilización, en la zona de México y Lima, con Camila Juárez, su compañera de la UNSAM. Que escuchan los disturbios y la policía motorizada empieza a disparar. Que corren. Que Camila se cae, Sasha vuelve a levantarla y ahí la interceptan tres motos que se suben a la vereda y la detienen al grito de “tirate al piso o te disparo y te arrastro de los pelos”. Que las tienen en la vereda dos horas, las suben al camión y “buscándolas amedrentar y generar miedo las pasearon toda la noche” arriba del celular policial. Que a la mañana siguiente las llevan a la comisaría 15, donde las tienen en un pasillo esposadas, en condiciones inhumanas. “Por favor, que la jueza Servini mire las causas y se ponga a trabajar -pide, se le quiebra la voz-. Mi hermana el miércoles cumple años. No nos pueden amedrentar de esta forma. Manifestarse no es delito”.

La calle la abraza: “Libertad, libertad, a los pesos por luchar”, cantan. Grisel informa sobre las detenidas: “Están juntas dándose fuerzas en Ezeiza pero las quieren quebrar pasándolas a pabellón común. Le quiero pedir al Presidente, a la vicepresidenta, al jefe del operativo, a Stornelli y a la jueza que las liberen. Las familias tenemos fuerzas. No vamos a bajar los brazos. Necesitamos a los detenidos libres y, después, vamos a ir por la absolución”.
Aplausos y abrazos.
Nicolás

Nicolás Mayorga, estudiante y trabajador.
Sigue Margarita, mamá de Nicolás Mayorga, también estudiante de la UNSAM y trabajador del canal televisivo TELEFE. Su voz: “No tuve comunicación con Nico desde que fue detenido. Estuve todo el viernes en Comodoro Py esperando si lo podía ver. Ahí no tuve ninguna información hasta las 10 de la noche, cuando nos enteramos que le denegaban la excarcelación, pero sin saber los motivos, ni qué pruebas tienen. El abogado presentó el sábado la apelación, pidiendo la excarcelación, pero como ayer fue domingo y hoy es feriado no tuve ninguna novedad”. Todo tiempo judicial es ilógico y violento para estas familias.
El sábado a la tarde les avisaron que lo trasladaron a Marcos Paz. “Por comentarios en los medios nos enteramos que lo acusan de tirar piedras. Sé que fue a la movilización con la asociación de vecinos de San Martín. Él estudia Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas en la Universidad de San Martín y también participa ahí. Fueron a manifestarse en rechazo a la Ley de Bases como cualquier persona que tiene sensibilidad social. Lo detuvieron cerca de la UADE (Universidad Argentina de la Empresa, en Lima al 700). Ayer fui hasta Marcos Paz con toda la documentación que requieren en los penales para las visitas, pero no me lo dejaron ver porque el trámite requiere otra autorización. Él tiene una llamada al día de un minuto. La llamó a la esposa y le dijo que estaba bien: eso es lo único que pude saber”.

Margarita cuenta que su hijo trabaja con Camila Juárez en las ollas populares. “Juntan ropa, comida. No tiraron piedras. Se identificaron. Son estudiantes. Tienen familias, trabajo. Nico trabaja hace más de 12 años en Telefé. No son delincuentes como en algunos lugares quieren instalar: son ciudadanos con conciencia social que se fueron a manifestar contra la ley”.
Hace cinco días que no come ni duerme porque se despierta cada media hora: “Quiero que mi hijo esté libre. Hacen esto para que la gente no se exprese, no salga a las calles».
Habla también Melisa, la esposa de Nicolás, y denuncia: “Es un trayecto tortuoso: Nicolás tenía dos balazos de goma en las piernas. Estuvo mucho tiempo sin ser atendido. No son terroristas: son estudiantes. Las acciones terroristas de Sasha, Nicolás y Camila son repartir comida, hacer ollas populares y compartir abrigo”.
Aplausos y abrazos. Vuelve el canto: “Libertad a los presos por luchar”.
Camila

Silvia, la mamá de Camila Juárez, casi no puede hablar porque tiene la voz quebrada. Habla bajito y eso estruja el corazón de esta calle llamada Piedras. Pide perdón porque está sin comer ni dormir. “Cami y los chicos son una muestra de lo que se viene. Me acaba de llamar por teléfono, muy angustiada, llorando, porque le acaban de hacer a ella y a todas las compañeras un perfil, una entrevista, y las quieren mandar a pabellón común. Les pido por favor nos acompañen, necesitamos la unidad de todos. Esto no es una cuestión partidaria, es una cuestión política. Camila y todas las detenidas son el trofeo de ellos, algo ejemplificador, por lo que se viene. Hoy le toca a Cami, mañana le toca a cualquiera. Están avasallando todos nuestros derechos constitucionales. No hay nada que pruebe que alguno de los 33 haya hecho algo como lo que se les imputa. En la causa dicen ‘habrían tirado piedras’, por favor: necesitamos que los libren ya y se termine esta causa”.

Gonzalo Duro y Sofía Ottogalli, exdetenidxs, un abrazo frente a la arbitrariedad y la falta de precisiones sobre las causas de cada detención. Foto: Lucía Prieto
Habla Alan, hermano de Camila: “Acá no había nadie haciendo disturbios. Había gente que se estaba manifestando porque en esa ley de mierda se estaba rifando nuestro futuro. Quieren disciplinarnos para no volver a salir. Tenemos que hacer una movilización bien grande porque es la única manera de liberarlos».
Aplausos y abrazos. La calle devuelve: “Paro paro paro, paro general”.
Grisel pide, por favor, que es importante el acompañamiento de “todos” los sectores políticos.
Y recalca, con sus ojos clarísimos bien abiertos: “Todos, por favor”.
María Paz Cerruti

María Paz es contadora, fotógrafa, profesora de historia y nieta de la Madre de Plaza de Mayo Sara Dorotier de Cobacho, secuestrada por la dictadura y luego liberada. En su familia hay tres personas desaparecidas: Enrique y Oscar Manuel, hijos de Sara, y a María Elena Gómez, pareja de Oscar. En esta calle primero habla Eva, hermana de Maripaz: “Ella pasaba por ahí. Dice su nombre y efectivos se le tiran encima. Hoy también me llamo mi hermana porque le hicieron entrevista penitenciaria donde dicen que la quieren pasar a cárcel común. Separarlas. Por favor pido a la prensa que nos garanticen sus derechos. Necesitamos a todos los organismos para esta situación porque como vemos el terrorismo viene de otro lado».
Luego habla Sergio, su tío: “Fue detenida injustamente. Ha sido viralizado el video que muestra cómo la reducen. Le imputan agredir a una policía cuando se ve que la agreden a ella. Las prácticas no son nuevas, la hemos sufrido en dictadura. Es una medida de disciplinamiento que el gobierno quiere implementar. Nosotros tenemos una historia de lucha con las madres. Nos hemos sobrepuesto como sociedad a momentos muy duros. No nos van a amedrentar».
Luego habla su papá: “No saben cómo nos han hecho bolsa. Lo peor de todo esto son las secuelas que quedan. Espero que la Servini y Stornelli tengan un poquito de razón porque quieren buscar pruebas donde no hay”.
Aplausos y abrazos. Nuevamente el canto: “Libertad a los presos por luchar”.
Ramona

Pide el micrófono Paola, mirada cansada, triste. Tiene 36 años y es una de las hijas de Ramona Tolaba, empleada doméstica en Ciudadela, conurbano bonaerense. Habla despacio, porque se quiebra, dice que su mamá siempre siempre fue solidaria: “Siempre se autoconvoca sola. Nunca estuvo en una organización. Ella es inocente, igual que todas las personas detenidas. Solo pedimos justicia y que mañana martes no la lleven a otras celdas solas, separadas. Pedimos que no las separen. Pedimos justicia. Si tienen videos, fotos de ella por favor que las compartan. Ella es solidaria, no hace quilombo. Siempre está viendo que no se pierdan los derechos. Es muy patriota”. Cuenta que el miércoles se había bajado en Corrientes y Callao, que comió pizza por ahí, que caminó hasta la plaza: “Hay muchas pruebas. Eso lo tienen que ver. Yo sé que va a salir pero por favor les pido que difundan y compartan. Ayuden a que esto no se olvide. La detuvieron arbitrariamente. Exigimos justicia y que nos sigan acompañando”.
Más aplausos, más abrazos.
Juan y Héctor

Pide el micrófono Melina, habla en representación de la familia de Juan Spinetto: “Trabajamos juntos en una escuela en la villa 21 24 de Barracas. Juan es un compañero muy solidario, que siempre está. Fuimos a la marcha con (el sindicato docente) Ademys pero él estaba retirándose con una pareja de jubilados: ahí lo agarran motos de la Policía de la Ciudad. Lo golpearon brutalmente. Es un horror. Exigimos la liberación de todos los detenidos por luchar contra una ley que atenta contra el pueblo argentino».
Luego habla Gastón, hermano de Héctor Mallea. Con pocas palabras lo dice todo: “Es plomero. Tiene dos hijos. Somos trabajadores, no terroristas. Hoy no saben si lo van a largar. Hay una familia desamparada. Nada más. Gracias”.

“Presos políticos nunca más”
También se escuchan voces de algunas de las 17 personas liberadas el viernes. Una es Sofía Ottogalli: “Soy exdetenida. Desde que salimos no puedo dormir. La detención fue ilegal, estábamos corriendo para que no nos caguen a palos ni repriman. Me rompieron el pantalón. A Nico, mi compañero, le dieron un balazo cuando intentaron levantarme. Nos tuvieron en condiciones de mierda, inhumanas, pero no les tenemos miedo. Acá vamos a estar”.
Habla Gonzalo Duro: “Yo fui uno de los detenidos. Si hay alguien antidemocrático es (el fiscal) Stornelli. Plantean que éramos un grupo armado y lo que lograron fue unirnos porque éramos un grupo de 15 desconocidos y ahora somos amigos”.
Habla Lucila Adano, hermana de Santiago: “A mi hermano lo soltaron sin avisarnos. Por suerte lo buscaron de una asamblea porque estaba haciendo dedo. La idea de golpe de Estado se quiso instalar y se trasladó a lo judicial. Hay pruebas que muestran claro que nuestras familiares no son terroristas. Están pasando por encima de la Constitución. Las fotos y videos son las únicas pruebas que tenemos de que somos inocentes. Quiero recordar que la causa sigue y que las personas en libertad aún tienen imputaciones”.





Familiares de detenidos y ex detenidos tomaron la palabra: «Plantean que éramos un grupo armado y lo que lograron fue unirnos porque éramos un grupo de desconocidos y ahora somos amigos”. Foto: Lucía Prieto.
Finalmente, vuelve a tomar la palabra Grisel, hermana de Sasha. Al mismo tiempo de la conferencia en la calle, dentro del Serpaj, estaban reunidos partidos y organismos, deliberando las acciones a convocar a pedido de las familias. Grisel comunica que la decisión es movilizar a una concentración masiva el martes en Plaza de Mayo a las 16.30.
Y emociona: “Necesitamos el acompañamiento de todo el pueblo, de todas las familias que saben que esto es una injusticia y que saben que esto no se puede permitir. Porque nunca más es nunca más. Presos políticos nunca más”.
La calle ovaciona.
Las familias se abrazan, una vez más. No están solas, y lo saben.

Luego, como cierre, circulará el siguiente informe de reunión sobre las medidas de esta semana:
1) Concentración Martes 18/6 en Plaza de Mayo 16.30 hs. Con las consignas:
– Libertad a las y los detenides de la Ley Bases
– Cierre de todas las causas x luchar
– Cese de las persecuciones
– Protestar no es un delito, es un derecho
2) Miércoles 19/6 se presentará el petitorio en Comodoro Py.
3) Jueves 20/6 15hs familiares de detenidos y ex detenidos participarán de la Ronda de las Madres.
4) Se conformará la «Coordinadora x la Libertad de lxs presxs políticxs y por el cierre de todas las causas de la Ley Bases».

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¿En qué se parecen Trump y Pluribus?

Por Sergio Ciancaglini
Pluribus es una serie maravillosa y flamante, que tal vez ya quedó vieja.
El último capítulo de la primera temporada se emitió el 26 de diciembre y días después empezó a rankear como pieza de museo debido a Donald Trump.
La serie de Vince Gilligan explota de modo increíble una hipótesis: una civilización del planeta Kepler 22-b, ubicado a 640 años luz, contamina a todos los pobladores de nuestro mundo, que sonríen felices y actúan con amabilidad, pero cuyo cerebro forma parte de una gran mente colmena.
Esto es: hay un solo cerebro. Nadie piensa ya de modo individual sino que están todos unidos y dirigidos y masificados por esa mente colmena que reúne a la totalidad de los cerebros y saberes humanos. La IA en modo lisérgico.
Hay un solo problema: 13 personas resultaron inmunes a esa especie de virus algorítmico/biológico que controla al resto de la humanidad.
A la mayor parte de los 13 inmunes la situación les parece aceptable. Notan lo felices que están los demás, y la mente colmena los trata con servicial cortesía.
Solo unos pocos de los 13 entienden que no: que detrás de esa felicidad masiva a las personas les robaron el alma, porque la inteligencia alienígena lo que en realidad busca es apoderarse del planeta y sus recursos.
Esos humanos contaminados morirán pronto pero sonriendo tras haberse comido a sus propios muertos, y el mundo será una estación más en el avance de la civilización del planeta Kepler 22-b para subsistir a costa de los otros habitantes y otros planetas de este extraño universo.
Una semana después del último capítulo de Pluribus, Estados Unidos invadió Venezuela (América Latina), abdujo a Nicolás Maduro y redondeó las acciones con las que el país sustento de lo narco en el mundo simula combatir al narcotráfico.
Luego llegó Trump a explicar todo. ¿En qué se parece la política que simboliza Trump, a Pluribus y los ignotos seres de Kepler 22-b? Una hipótesis: la idea del control.
Pero lo que en la mente colmena son acciones y deseos altruistas (mientras roban almas y bienes comunes) en Trump es transparencia pura: habla del petróleo, de los recursos, del dinero en juego, de las corporaciones, de los muertos. Aclaró que considera que esa riqueza de hidrocarburos y tierras raras es norteamericana (lo cual supera en términos de ciencia ficción a toda la temporada de Pluribus) y demostró que puede llevar a la práctica todas las amenazas, provocaciones y disparates que rompen con el mundo tal cual lo hemos conocido.
El de Trump no es el imperio amable, hipnótico, seductor y temible de Pluribus.
En el suyo rige solo lo temible, y la sonrisa impostada es reemplazada por escenas de violencia explícita.
El control no es a través de la contaminación cerebral sino gracias a acorazados y drones, generales, violencia y guerras. Las mismas que el señor Trump dijo que quería evitar pero que –negocios son negocios– reactivan la industria armamentística, que es casi tan poderosa como la industria narco, aunque no compiten entre ellas y tienen intersecciones considerablemente turbias.
La actitud de Estados Unidos simboliza una idea: basta de seducción y amabilidad. Es tiempo de abducciones, de odiabilidad.
Lo que se estaba gestando en las últimas décadas y se inauguró formalmente ahora es la era del sometimiento. Y quien no lo acepte lo va a pagar caro. Queda por verse en este caso si el uso estadounidense de la fuerza es un sinónimo de poder, o una demostración violenta de debilidad (como acaso ocurrió en Venezuela con el propio Maduro).
En la parte que nos toca de este espectáculo cloacal, el gobierno argentino juega el rol del sometimiento sonriente. Como el viejo consejo que se les daba a las mujeres violadas: relájate y goza.
Mensaje al señor Vince Gilligan: desde este rincón findelmundesco saludo su serie increíble, pero hay otra que describe de modo diferente estas desventuras. Es argentina, se llama El Eternauta, se estrenó en 2025 pero nació en forma de cómic hace casi 70 años.
También hay en ella una civilización que busca controlar el planeta y los recursos. La invasión genera zombis y personas-robots (menos sonrientes que las de Pluribus) pero que no omite todas las formas de violencia imaginables.
Lo tóxico no lo usan para robar almas sino para matar.
En todo caso, el personaje de El Eternauta, Juan Salvo (Ricardo Darín), y la de Pluribus, la inmune Carol Sturka (la magistral Rhea Seehorn), comparten una idea frente la situación: con dudas y contradicciones, finalmente buscan hacer algo, resistir, oponerse, rebelarse frente al estado de las cosas. Su desafío: preservar cuerpos, cerebros y almas para que la existencia deje de ser una mala copia de la vida, o su the end.
En una de esas dos series imaginan una tecnología ética y cotidiana para intentar hacerlo: nadie se salva solo.
En la otra, el control de lo humano se realiza mediante un arma terrible: el consenso de una humanidad alienada. Carol no se resigna y al fin de la temporada tiene al menos un aliado. Es un latino, Manousos, que rechaza a la imitación que la mente colmena le presenta de su propia madre que le muestra los dientes, inquietantemente maternal. Manousos le dice en castellano: “Usted no es mi madre. Mi madre era una cabrona”. Y huye de Paraguay para buscar a Carol en Abuquerque, Estados Unidos, desde donde había hecho un llamado a los inmunes: tenemos que salvar el mundo.
Carol en otro momento menciona algo que podría sonar a procrastinación (con perdón de la palabra), a postergación. Pero nunca se sabe hasta dónde pueden llegar las cosas con la gente cabrona, como se considera a cada persona del mundo que puede elegir no someterse. Aquí pasó en la peor dictadura, cuando entre las pocas personas inmunes había 14 mujeres, madres y abuelas, las únicas cabronas que rompían la pesadilla del consenso alienado.
La frase Carol puede leerse como una involuntaria propuesta de acción para las personas y comunidades y, quizás, para la política (aunque esto suene también a ciencia ficción o realismo mágico).
La escena demuestra, como tantas expresiones del arte en estos días, un llamado a despertarse, cosa que en esta época parece cuestión de vida o muerte.
Carol dice en el más puro spanglish algo que aquellas personas a las que no lograron robarles el alma merecen recordar a cada momento, cada latido y cada respiración, para moverse, para no resignarse, para no someterse.
Como ya es de noche en el mundo, ella le anuncia a Manousos:
We save the world mañana.
PD: Por suerte entre los cabrones del mundo todavía existe Stremio.

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Invasión a Venezuela: la verdad detrás del botín

Por Claudia Acuña y Lucas Pedulla
Lo dijo sin metáforas y con mayúsculas:
“Venezuela está completamente rodeada por la mayor armada jamás reunida en la historia de Sudamérica. Solo se hará más grande y el impacto que supondrá para ellos será algo nunca visto, hasta que devuelvan a los Estados Unidos de América todo el petróleo, las tierras y otros activos que nos robaron”.
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció así –a través de un mensaje publicado en la red Truth Social– su decisión de invadir ese país, sin siquiera avisar al Congreso.
El “robo” del petróleo al que alude es, sin embargo, la decisión de nacionalizar el petróleo que tomó Venezuela en dos etapas históricas que ahora conviene recordar.
La primera fue el 1° de enero de 1976, bajo la primera presidencia de Carlos Andrés Pérez, quien pagó a las corporaciones Exxon, Shell, Gulf, y Mobil 5.626 millones de dólares como compensación. El economista Carlos Mendoza Potellá –quien acompañó en ese proceso al fundador de la OPEP, Juan Pablo Pérez Alfonzo– sintetiza así cómo fue: “Las mismas concesionarias designaron de su seno a quienes asumieron la gerencia petrolera venezolana: el entonces presidente de la Compañía Shell de Venezuela se convirtió en presidente de la ‘Operadora Nacionalizada’ Maraven. El vicepresidente de la Creole Petroleum Corporation, filial venezolana de la Standard Oil–Exxon se transmutó en presidente de Lagoven, otra operadora nacionalizada. El mismo esquema se repitió once veces con los gerentes de las demás filiales transnacionales, travestidos en gerentes de empresas estatales”.
Durante su segundo mandato, Pérez dispuso un plan de “apertura petrolera” que permitió operar a las transnacionales del petróleo en nuevas áreas, que luego su sucesor, Rafael Caldera, amplió. Así se llegó a la segunda nacionalización, impulsada por Hugo Chávez en 2007, quien a través de un decreto impuso que la petrolera estatal tenía que tener participación mayoritaria en todas las explotaciones petroleras venezolanas. Esa medida originó una serie de demandas internacionales, entre ellas la de Exxon, a quien el régimen de Nicolás Maduro pagó 700 millones de los 985 reclamados.
Del robo, hay que decirlo, fue víctima Venezuela, saqueada por la corrupción de quienes durante el régimen de Maduro administraron los activos de la petrolera estatal. Un ejemplo: el 17 de marzo de 2023, se dio a conocer la desaparición de 3.000 millones de dólares provenientes de cuentas por cobrar de la venta de petróleo, lo cual derivó en la detención de 61 personas, entre ellas tres coroneles y otros cuatro militares que ocupaban puestos relevantes en PDVSA.

El botín
Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo, incluso más importantes que las de Arabia Saudí. Los yacimientos situados en la faja del Orinoco albergan más del 15% de todas las reservas mundiales. Su petróleo, además, es especial y característico: es más pesado y costoso de extraer, pero su alto contenido en azufre lo hace especialmente codiciado por las refinerías más sofisticadas.
Socio fundador de la OPEP, produce actualmente poco más de un millón de barriles diarios, lejos de los 3,5 millones de barriles que producía al final de la década de los noventa, cuando el país era una potencia global del sector de los hidrocarburos, con el 10% de la producción mundial de crudo. Ahora la república bolivariana apenas representa el 1%.
Para hacerse una idea del declive del sector en Venezuela, la industria del crudo del país llegó a ser la mayor exportadora del mundo. Ahora ocupa el puesto 21 entre los productores mundiales. Y está a punto de ser superado por su vecino Guyana, un país mucho más pequeño, cuya economía controla la petrolera Exxon.
Pero no solo se trata del petróleo. Tal como anunció el presidente Trump en su explícito mensaje hay “otros activos” que busca controlar con esta operación militar. Están en juego, además, minerales y tierras raras. Venezuela es un país muy rico en recursos naturales: cuenta con importantes reservas de gas natural, oro, hierro, bauxita y coltán, uno de los minerales necesarios para las baterías. También posee grandes yacimientos de cobre, níquel, titanio y zinc.
De Monroe a Trump
Dos siglos antes – el 2 de diciembre de 1823– el entonces presidente de Estados Unidos, James Monroe, declaró como potencialmente hostil cualquier intervención de las potencias europeas sobre los asuntos políticos de una América que libraba sus guerras de independencia, bajo el tan estadounidense lema: “América para los americanos”.
El 2 de mayo de 1965, 142 años después, la Cámara de Representantes completó esa declaración con la “Doctrina Johnson”, tras la invasión a República Dominicana ordenada por el entonces presidente Lyndon Johnson, para evitar un gobierno comunista.
El 3 de enero de 2026, casi 58 años después, en una fecha sensible para Argentina porque coincide con la invasión británica a las Islas Malvinas en 1833, la región amaneció bombardeada por orden del actual presidente estadounidense, Donald Trump, quien invadió Venezuela y detuvo a su presidente, Nicolás Maduro. “Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental”, dijo el documento de 29 páginas en el que EEUU redefinió la Estrategia de Seguridad Nacional, que denominó como “corolario Trump a la doctrina Monroe”. En un juego de palabras, se bautizó como “Doctrina Donroe”.
En declaraciones a la BBC, el investigador de Estudios Latinoamericanos del Council on Foreing Relations, Will Freeman, sintetizó: “Es una especie de justificación ideológica para la intervención de Estados Unidos o para la mano dura en la región. Pero el documento también menciona los cárteles de la droga y las incursiones extranjeras hostiles, lo que suena a la Doctrina Monroe en su versión original».
Si las viejas doctrinas buscaban la anexión violenta de una “América triguera” como si la región fuera el “caballo” y Estados Unidos el “jinete”, la actual doctrina Trump busca esnifar esa América narcótica que su país consume, abastece y fortalece en estructura, para su dominio geopolítico y el saqueo colonial de los bienes comunes, como dejó en claro Trump en su imperturbable y descarada conferencia: “Vamos a hacer que nuestras compañías petroleras de Estados Unidos, las más grandes en cualquier parte del mundo, entren, inviertan miles de millones de dólares, reparen la infraestructura petrolera gravemente deteriorada y comiencen a generar dinero para el país”.
¿Qué país?
En el nuestro y en los bordes más empobrecidos de esta ciudad –el Bajo Flores– la comunidad venezolana que está en la platea del club Daom mirando a los suyos disputar un partido de béisbol en un clásico contra Vélez Sarsfield lleva aferrada en cada mano, como un rosario, el teléfono celular, desde donde siguen las noticias de su tierra y de su gente. Me dice una joven que ya lleva ocho años en Argentina:
“Es un comienzo”.
Lo dice con ilusión y alivio.
Su mirada y lo que transmite, su biografía y lo que representa –estudió Historia en la universidad de la república bolivariana, trabaja limpiando casas por hora en Palermo– es la exacta dimensión del mayor fracaso del discurso progresista y sobre esa rotunda frustración ahora urge reflexionar.
Fracasar, fracasar, fracasar hasta triunfar.
Lo decía Mao, que tanto disgusta a Trump.
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Nuevo ataque a la prensa: robo en la redacción de la cooperativa El Ciudadano

Desconocidos rompieron un vidrio del frente del edificio e ingresaron al diario cooperativo de Rosario. El robo fue selectivo: se llevaron las dos consolas de sonido y todos los micrófonos, lo que impide que el medio siga transmitiendo y filmando. Todo en el contexto de un gobierno nacional que enarboló el eslogan «no odiamos lo suficiente a los periodistas». Desde la web de El Ciudadano (elciudadanoweb.com): «Nos vamos a levantar de este golpe pero nunca vamos a dejar de contar con espíritu crítico todo lo que vemos”.
El año comenzó con una noticia triste e inesperada para el diario El Ciudadano. Cuando volvieron a trabajar después del Año Nuevo, sus integrantes encontraron que la redacción del medio cooperativo de Rosario había sido robada. “Nunca vamos a dejar de contar con espíritu crítico todo lo que vemos”, señalaron desde el espacio autogestivo.

Imagen de las instalaciones saqueadas.
El episodio ocurrió durante la madrugada del primer día del año. Desconocidos rompieron un vidrio del frente del edificio e ingresaron al diario. “Se dirigieron directamente al sótano donde funciona el streaming y se llevaron las dos consolas de sonido, todos los micrófonos, lo que nos impide seguir transmitiendo y filmando”, contó El Ciudadano a través de una declaración en su web.
“Nos llama la atención lo selectivo del robo y lo simbólico del hecho de que se hicieran con los micrófonos”, agregaron desde la cooperativa y recordaron la compleja situación económico y de subsistencia que atraviesan en esta época de crisis.
El violento hecho, además, se da en el marco de un gobierno que promueve el odio a la prensa. Javier Milei repite de manera constante que no se odia lo suficiente a los periodistas, al tiempo que censura y reprime el ejercicio de prensa.
“Nos quisieron destruir muchas veces. Nunca lo consiguieron. Nos vamos a levantar de este golpe pero nunca vamos a dejar de contar con espíritu crítico todo lo que vemos”, concluye El Ciudadano, medio creado en 1998 y recuperado por sus trabajadoras y trabajadores en 2016.
El Ciudadano, junto al diario Tiempo Argentino, revista MU y Agencia lavaca, El Diario del Centro del País, revista Cítrica, agencia Tierra viva y Lawen, integra la Unión de Medios Autogestivos. Son siete cooperativas que se organizaron con el fin de promover el periodismo de investigación sobre temas sociales apremiantes. Su agenda hace foco en temas usualmente relegados por la prensa comercial como son la violencia institucional, el narcotráfico, el respeto por los derechos humanos y la diversidad de género, la soberanía alimentaria, los reclamos de los pueblos originarios y el cuidado del medio ambiente.
La cooperativa que edita El Ciudadano se llama La Cigarra. El diario dio la noticia con palabras de aquella canción de María Elena Walsh: «Tantas veces me mataron». Y publicaron: «Por algunos indicios que deberán investigarse, el hecho también asoma como clara amenaza a la libertad de expresión».

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