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San Cayetano desde abajo

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«Hay mucha más gente que otros años»; «la gente necesita comer»; «salimos para hacernos ver»; «esto es luchar por nuestros derechos»; «queremos trabajo digno»; «necesitamos que nos escuchen más»: otro año más la marcha de San Cayetano fue multitudinaria y estuvo cargada de reclamos de derechos y propuestas de medidas concretas para paliar el hambre y la pobreza en los barrios, y también fomentar lógicas productivas por fuera de la especulación y el mercado. Lo que dicen los movimientos sociales -muchos de ellos en el gobierno-, y lo que plantean lxs trabajadorxs de la economía popular ante la crisis social y económica. La voz de las mujeres sin patrón, de las empresas recuperadas, de las vendedoras ambulantes y un pedido unánime: trabajo digno.

Hay datos que se construyen midiendo variables, consultando bibliografía, pero Silvana está desde las nueve de la noche del viernes vendiendo espigas con la estampita de San Cayetano a 100 pesos, sentada en la misma la esquina de Rivadavia y el cruce de la vía del Sarmiento, en Liniers, donde esta matancera de 58 años trabaja hace dos décadas.

Y dice, mientras concreta una venta:

-Hay mucha más gente que otros años.

San Cayetano desde abajo
Foto: Nacho Yuchark

Lo dice a las 8 de la mañana, cuando amanecen las primeras dos cuadras de banderas de los movimientos nucleados en la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP), y 20 kilómetros antes de la llegada a Plaza de Mayo, momento en que las organizaciones estimarán en más de 300 mil personas esta convocatoria.

Pero lo que dice Silvana es que no hacen falta datos duros para darse cuenta que esta movilización es y será multitudinaria: “La gente necesita comer”.

Los otros años que marca fueron 2016 -la primera-, 2017, 2018 y 2019 -la última antes de la pandemia-, y lo que cristalizó esta fecha durante los cuatro años de macrismo fue a los movimientos sociales como el sujeto político más activo en años de globos neoliberales. Este San Cayetano modo 2021 llega con barbijos, con otro gobierno -que muchas personas en esta movilización integran incluso en cargos de gestión- y en meses electorales, pero también -remarcan- con una agenda propia que llevó a las calles demandas concretas por tierra, techo, trabajo digno y un Salario Básico Universal.

San Cayetano desde abajo
Foto: Nacho Yuchark

En la previa, Lorena y Gladys tienen 43 y 60 años, forman parte de un comedor del Movimiento Evita en Moreno, al oeste del conurbano bonaerense, y se ubican detrás de una camioneta donde llevan dos ollas de 50 litros. “Salimos para hacernos ver porque nunca dejamos de trabajar. Desde el momento cero somos esenciales, pero hace 20 años venimos trabajando en el territorio. El merendero tiene capacidad para 210 personas. Amainó un poco con pandemia, pero seguimos haciendo actividades de todo tipo, desde  manualidades hasta gimnasia, porque la gente necesitaba contención. Eso es cuidado”.

Cuando la marcha comienza, también rugen los tractores de la Federación Nacional Campesina (FNC). “En pandemia fuimos factor esencial respecto al tema de los alimentos”, dice Roberto Solano, coordinador nacional. “Apoyamos las medidas que se tomaron pero también queremos hacer saber que están faltando políticas concretas para llevar tranquilidad a pequeños productores. En el Gran La Plata, el cordón verde más grande de la Argentina, el alquiler de una hectárea supera los 10 mil pesos. Es imposible, y tiene que reverse, porque si no, el pequeño productor desaparece”.

San Cayetano desde abajo
Foto: Nacho Yuchark

Romina Ramírez tiene 36 años y es promotora ambiental de la Rama Cartonerxs del Movimiento de Trabajadorxs Excluidxs (MTE) en San Justo, La Matanza: “Esto es luchar por nuestros derechos. Ponele Covid, ponele crisis internacional, ponele como quieras, pero siempre salimos a luchar cuando necesitamos o nos niegan algo. Muchas familias no tienen nada. Por eso decimos tierra, techo y trabajo: es por todo”.

Graciela -45 años, pechera roja de la UTEP- es del Frente Popular Darío Santillán en el barrio Santa Marta, en Lomas de Zamora, y dice que la marcha hay que dimensionarla desde dos palabras: “Trabajo digno. No somos piqueteros ni nada: somos gente de trabajo. No queremos que nos regalen la plata: queremos un sueldo como se debe”. 

La propuesta de la UTEP respecto al Salario Básico Universal involucraría un piso de ingresos equivalente a un tercio del Salario Mínimo Vital y Móvil y estaría destinado, según especificaron, a “trabajadores y trabajadoras de la economía popular que hoy no están organizados, trabajadoras de cuidados, población rural y estudiantes”.

San Cayetano desde abajo
Foto: Nacho Yuchark

El Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas es uno de las organizaciones que plantea hace años la necesidad de una Renta Universal para asegurar los derechos fundamentales de la población. Su referente es Eduardo Vasco Murúa, hoy Director Nacional de Empresas Recuperadas en la Secretaría de Economía Social, y ya camina por Rivadavia a la altura de Flores. “Esta movilización tiene que ver con el reclamo de más trabajo que está haciendo nuestro pueblo. Los tiempos ya se agotaron y no podíamos estar sin movilizar porque sin presencia en las calles no vamos a generar ninguna condición política para que cambie la política económica del Gobierno. Independientemente de que hay sectores de gobierno popular, hay que presionar para estas reivindicaciones. La UTEP es el nacimiento de un espacio de discusión. Hay que seguir discutiendo, el sindicato tiene que plantear un programa y un método de lucha de acá para adelante”.

Hace unos días, la UTEP informó que el Ministerio de Trabajo otorgó la personería social, un paso en la formalización para el otorgamiento de la personería gremial. 

Sobre el Salario Universal, Murúa observa: “Hace mucho venimos planteando esta necesidad. Lo planteamos como un trabajo”. Y precisa: “Nosotros lo planteamos para el conjunto de la sociedad, no sólo para focalizados. No queremos cambiarle el nombre a un plan diciéndole ´salario´. Y si hablamos de salario, tampoco podemos hablar de $8.000. No hay posibilidad de tener una nación sin trabajo, y no hay posibilidad de tener gobierno sin que incorporemos a todos los desocupados y que haya trabajo concreto. Hay que poder planificar la economía para tener otra patria”.

San Cayetano desde abajo
Foto: Nacho Yuchark

Desde Liniers a Plaza de Mayo, el MNER es una de las organizaciones que encabeza la movilización con dos banderas concretas. Una dice «Mujeres sin patrón». Entre ellas está Gisela Bustos, de la Cooperativa de Trabajo 19 de Diciembre, en San Martín: “Sabemos lo que queremos y así lo demostramos como movimiento en los años de la fiebre amarilla previa al Covid 19, pero también lo sabemos hoy con una agenda propia que compartimos a todo el pueblo. Hoy nos reencontramos en la calle, que es nuestro lugar natural, para reclamar por trabajo genuino. Las recuperadas somos una muestra viva de esa idea al sostener nuestras fuentes de trabajo de forma autogestionada”.

La otra bandera exige por la «Ley de recuperación de unidades productivas», una de las demandas del movimiento. Bruno Di Mauro es presidente de Farmacoop, el primer laboratorio recuperado del mundo, y lo explica así: “Plantea que cualquier fábrica que cierre pueda ser expropiada mediante una ley simplificada para evitar todo el trauma de conflictos que duran meses y años.

«La ley expresa que se declare entidad de bien público a las empresas y se las dé en comodato a una cooperativa de trabajadores para que no se pierda un solo puesto de trabajo más en nuestro país”.

San Cayetano desde abajo
Foto: Nacho Yuchark

En Plaza de Mayo, las columnas que llegan por Avenida de Mayo, Diagonal Sur y Diagonal Norte son recibidas con aplausos y un agradecimiento: “Gracias por militar el cuidado durante este año y medio de pandemia”, dicen desde el escenario.

Desde allí, también, aclaran:

  • “Quien busque participación partidaria en esta movilización se equivoca”.
  • “Tanto desde el oficialismo como de la oposición vuelve el latiguillo gorila de que somos vagos planeros. Necesitamos que nos escuchen más”.
  • “Hay poco empleo y de mala calidad. Casi la mitad de los trabajadores vive por debajo de la línea de pobreza”.
  • “La peor parte la sufrimos lxs trabajadorxs de la economía popular. Somos casi 7 millones en todo el país y la UTEP organiza casi a 1 millón. Tuvimos que inventarnos nuestro propio trabajo. Salimos a recuperar desde el descarte del consumismo. Desplegamos una inmensa red nacional de cuidados comunitarios, bancada por mujeres trabajadoras”.
San Cayetano desde abajo
Foto: Nacho Yuchark

Una de ellas es Carmen Gutiérrez, 44 años, que escucha en la Plaza, y cuenta que el martes se da la primera dosis de la vacuna contra el covid 19. “Venimos luchando por tener un techo donde vivir”, dice esta militante de la Corriente Clasista y Combativa (CCC) en Villa Soldati, al sur de la Ciudad de Buenos Aires, y trabajadora en una cooperativas de limpieza en el espacio público. “Los alquileres están carísimos y el dinero que percibimos no cubre el costo para acceder a algo mejor. No venimos a incomodar a nadie, sólo a expresar el deseo de más puestos de trabajo. Entrar a un supermercado es un lujo: cobramos $16.000 de salario y no llegamos ni al sueldo mínimo. Venimos solicitando hace mucho que esta situación no se repita con la juventud ni se acople a nuestros hijos ni las nuevas generaciones. En estos tiempos te da miedo salir a cualquier lado. Pero lo que nos saca es la necesidad y nos obliga a seguir luchando. La necesidad arranca desde acá”.

-¿Dónde es acá?

-Desde abajo.

San Cayetano desde abajo
Foto: Nacho Yuchark

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MU 215: Sin chamuyo

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MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




MU 215: Sin chamuyo

Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




MU 215: Sin chamuyo

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

Por Sergio Ciancaglini




MU 215: Sin chamuyo

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

Por Lucas Pedulla




MU 215: Sin chamuyo

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

Por Claudia Acuña




MU 215: Sin chamuyo

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

Por Evangelina Bucari




MU 215: Sin chamuyo

La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

Por Franco Ciancaglini

MU 215: Sin chamuyo

Crónicas del Más Acá: Parlantes

Por Carlos Melone

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




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El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




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El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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