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Parlamento de Artistas: una sesión política y experimental desde el disparate artístico

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La artista Susy Shock presidió una innovadora propuesta artística, experimental y comunicacional en MU Trinchera Boutique llamada Parlamento de Artistas. Inspirada en la propuesta de Paul Preciado de un “parlamento de cuerpos planetario”, llevado a la práctica por Mujeres Creando con el Parlamento de Mujeres en pleno golpe de Estado boliviano, esta sesión brindó argumentos políticos desde el arte con cuerpos, voces y talento tomando la semilla que sembraron las Postas Sanitarias Culturales en plena pandemia. Cumbias, danza contemporánea, textos de Berta Cáceres y Preciado, la voz de Greta Thunberg, y Manuelita convertido en Himno Nacional Argentino, fueron algunos de los elementos ante un pedido concreto: “La pregunta que hoy nos dispara la comunicación a las artes es la siguiente. ¿Cómo decir algo nuevo cuando está todo dicho? Entonces, ¡disparatemos!”.

Apenas pasadas las siete de la tarde, se dio inicio en la sala teatral de Mu Trinchera Boutique a la sesión inaugural del Parlamento de Artistas, presidido por la Suprema Artista Susy Shock. En esta oportunidad, estuvo dedicado a responder el interrogante: ¿Qué podemos decir cuando todo está dicho? Y las respuestas provinieron del canto, la danza y la performance. Les artistas que argumentaron con sus cuerpos, voces y talento fueron: Elis y Lisandro Paván Armas, Valentina Brishantina, Carla Rímola, Juan Salvador Gimenez Farfán, Luisa Ginevro, Caro Bonillo, Manu Fanego y Pauli Garnier.

A metros del edificio del Congreso de la Nación, quedó constituido un nuevo recinto de debate y experimentación que propone algo no usual en estos recintos: “Pensar esta época, para pensar este país, este mundo, hay que pensarlo todo de nuevo porque hasta acá nos hizo todo mal, y no funcionó. Rescataremos lo que está bueno, lo que dio frutos pero hay que sembrar todo de nuevo para mejorarlo, cuidarlo de tanto incendio, de tanto malestar, de tanta injusticia y mala repartija. Y les artistas tenemos que estar ahí pensando. Gracias ciencia, gracias política burocrática, pero ustedes nos han traído hasta acá, hasta este fracaso. Dejen pensar a quienes hasta ahora no han tenido protagonismo: a les Artistas”. Con esas palabras, Susy Shock plantaba la semilla en la Posta Sanitaria Cultural n° 12 tras la vidriera de Riobamba 143, de esta idea rumiada junto al equipo cultural de la cooperativa lavaca.

La inspiración surgió de la lectura del artículo del filósofo trans Paul Preciado pubicado en el diario El País en marzo del 2020: «Necesitamos un parlamento de los cuerpos planetario, un parlamento no definido en términos de políticas de identidad ni de nacionalidades, un parlamento de cuerpos vivos (vulnerables) que viven en el planeta Tierra». El concepto fue tomado por el colectivo boliviano Mujeres Creando, quienes pusieron en marcha luego del golpe de estado un Parlamento de Mujeres en la ciudad de La Paz que le dio la palabra a infinidad de mujeres.  Se expresaron mediante la voz y también carteles como este: “Esté del lado que esté, no tolere más políticas superficiales e incoherentes. Exija, reclame y no deje de joder”.

Aquí, el Parlamento de Artistas arrancó su sesión extraordinaria con las palabras en off de su Presidenta, Susy Shock: “Bienvenides a nuestro Parlamento de Artistas, nos convoca hoy una pregunta que como un disparo de bengala abre esta carrera a la imaginación, que sin ensayo ni guión va a hilvanar fragmentos rescatados de los escombros de una realidad que nos atormenta. No sabemos si al final de este rompecabezas se armará una respuesta o se abrirán nuevas incógnitas. Sabemos, sí, que esa incertidumbre nos llevó a estar hoy acá para hacer esto. La pregunta que hoy nos dispara la comunicación a las artes es la siguiente: ¿Cómo decir algo nuevo cuando está todo dicho? Entonces, ¡disparatemos!”.

Parlamento de Artistas: una sesión política y experimental desde el disparate artístico
Fotos: Lina Etchesuri.

Sentada en un trono de madera esculpida, Susy tomó su caja y cantó: “¿Dónde está Tehuel?”. Acto seguido pidió al público que se pusiera de pie y anunció que se iba a cantar el Himno Nacional Argentino. Su voz dio inicio: “Manuelita vivía en Pehuajó pero un día se marchó…” , y así se le unieron todas las gargantas y al unísono entonaron completa la canción de María Elena Walsh. Con este himno oficial de la República de la Niñez, se dio por comenzada la sesión.

El primer testimonio estuvo a cargo de una niña que así se presentó: “Buenas noches a todes, soy Susy Shock y voy a cantar La Cumbia del Abrazo. Él es Susy Shock y va a bailar”. Elis Paván Armas con voz y guitarra y su hermano Lisandro con su baile, despertaron los aplausos.

La siguiente intervención vino de la mano de una joven de cabellos fucsias vestida con un abrigo plateado y debajo una bikini blanca. Dijo: “Hola, soy Greta Thunberg”, y continuó: “No hay planetas B, No hay planeta Bla, Bla, Bla, esto no va de campaña verde, cara y politicamente correcta de contruir mejor Bla, Bla, neutralidad climática Bla, Bla, Bla. Esto es lo que oimos de nuestros supuestos líderes —dijo, mientras descargaba un pomo con una sustancia verde sobre su cabeza—. Palabras que suenan muy bien pero hasta ahora no han llevado a ninguna acción. Nuestras esperanzas y sueños se ahogan en sus palabras y promesas vacías. Por supuesto que necesitamos un diálogo constructivo pero ya llevan 30 años de Bla, Bla, y ¿a dónde nos ha llevado eso?”. Valentina Brishantina —o Greta— dejó libre, entre aplausos, el centro de la escena para la próxima intervención. Las sillas ocupadas por el público formaban un óvalo y cada testimonio sucedía en el centro de la sala.

“Soy Ni Una Más y no sé qué hacer para que paren de matarnos. Por lo pronto voy a cantar una cumbia”.  La cantante Caro Bonillo cantó entonces con su guitarra La Cumbia de Eli, compuesta por la periodista Claudia Acuña: “Tenemos ministerio / tenemos presupuesto / tenemos seis mil palos y no se están gastando / no se están gastando / Abrí la billetera / no tenemos un mango / y en los territorios nos están matando / abrí la billetera / no podemos más / Que el Estado se ponga / que no haya ni una más”.  Susy aclaró que la euforia estaba permitida porque nos une.

“Soy Berta Cáceres”, dijeron cada une de las bailarinas y el bailarín que ocuparon el espacio con sus movimientos, vestidos de gris y tul rojo. Carla Rímola, Juan Salvador Gimenez Farfán y Luisa Ginevro danzaron con la música de la voz de la activista indígena y feminista hondureña asesinada en 2016: “En nuestras cosmovisiones somos seres surgidos de la tierra, el agua y el maíz. De los ríos somos custodios ancestrales el pueblo lenca, resguardados además por los espíritus de las niñas, que nos enseñan que dar la vida de múltiples formas, por la defensa de los ríos, es dar la vida para el bien de la humanidad y de éste planeta”. Así arranca el discurso que dio en agradecimiento por haber recibido el Premio Ambiental Goldman en 2015.

“Soy Paul Preciado, filósofo, vengo a exponer mi tesis titulada Vigilar y encerrar, que aborda una temática de la inmunidad, más precisamente la inmunidad de rebaño”, dijo el actor Manu Fanego. Manu recitó de una manera magistral el brillante artículo de Paul Preciado, que finaliza de esta manera: “En primer lugar, es imperativo cambiar la relación de nuestros cuperos con las máquinas de biovigilancia y biocontrol: estos no son simplemente dispositivos de comunicación. Tenemos que aprender colectivamente a alterarlos. Pero también es preciso desalinearnos. Los Gobiernos llaman al encierro y al teletrabajo. Nosotros sabemos que llaman a la descolectivización y al telecontrol. Utilicemos el tiempo y la fuerza del encierro para estudiar las tradiciones de lucha y resistencia minoritarias que nos han ayudado a sobrevivir hasta aquí. Apaguemos los móviles, desconectemos internet. Hagamos el gran blackout frente a los satélites que nos vigilan e imaginemos juntos en la revolución que viene”.

Para finalizar, la actriz y cantante Pauli Garnier se autodenominó Susy Shock y cantó a viva voz No podrán, compuesto por Susy. “No podrá la censura de derecha / ni la mirada prejuiciosa de los posmos / ni las transas ni las tasas de interés / ni monedas acuñadas con martirio”. Transcurridos los aplausos, Susy invitó a les presentes a expresar las sensaciones vividas, a abrir el corazón y compartirlo con una sola palabra. Se escuchó: propósito, compañía, aquelarre, tejer, abrazo, justicia, risa, cuidados, paz, sentido, lucha, escucha.

Como última ofrenda, Susy volvió a tomar su caja y entonó: “Esta noche no tengo miedo / las cañas me hacen de sonajero / y la brisa con ella baila / esta noche no tengo miedo”. El canto se completó con las voces de cada une de les asistentes. “Todo ha quedado escrito en actas, acaba de terminar esta primera y hermosa sesión. Muchas gracias”, despidió Susy a este espacio de experimentación, de celebración colectiva, luminoso ritual de reconocernos diverses y deseantes.

Capaces de descartar las reglas que nos imponen y cantar enérgicos “Manuelita, la tortuga” con la mano en el pecho, movernos con las cumbias que dan abrazos y las que exigen que no haya Ni Una Más. Asumirnos como parte de la naturaleza, vivir la verdadera libertad de ser quienes queremos ser y si como dice Paul Preciado, se viene la revolución, que sea la que nosotres elijamos, la que se ajuste a nuestros sueños. ¿Qué podemos decir cuando está todo dicho? Todo. Y empezar de nuevo. El Parlamento de Artistas tiene las puertas abiertas, la ternura es Ley y esto recién comienza.

Parlamento de Artistas: una sesión política y experimental desde el disparate artístico
Fotos: Lina Etchesuri.

Protesta social

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas

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Un miércoles tranquilo en la ronda de jubilados en Congreso, que despierta dudas ante la necesidad de hacer “un poco más de bochinche”. Como homenaje al Día del Jubilado (domingo pasado) hubo un puesto de hamburguesas y choripanes de la UTEP. “El hambre es desesperante” dijo una de las mujeres que servía a esa cola ampliada con gente de la calle en busca de qué comer. Historia de cómo sobrevivir a una jubilación hiper mínima (porque encima se arrastra una deuda). Los alfajores, las medias, y la salud encontrada en el gesto de movilizarse. 

Por Lucas Pedulla   Fotos Juan Valeiro/lavaca.org

A sus 76 años, Luis Relinque tiene que vender medias para llegar a fin de mes.

–Si no trabajo, no como.

Y para comer tiene que trabajar, aunque hace once años que está jubilado. El único día que no sale a vender por la zona de Once es el miércoles, cuando camina las diez cuadras que separan su casa –Remedios de Escalada, sur del conurbano bonaerense– de la parada del 37 que lo deja en el Congreso de la Nación. 

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
Luis y la batalla cultural.

El dato, que solo en esta Argentina pareciera naturalizarse, lo explica fácil:

–Soy jubilado de la mínima. Cobro $400.000 limpios, justos. El mismo día de cobro pago la luz, el gas, el agua y con todo lo que tengo me quedan limpios, justos, $210.000. Si no trabajara, son $7.000 por día hasta el mes siguiente. ¿Cómo hacés?

La pregunta flota mientras alrededor se dispone la movilización de cada miércoles. La Rama de Trabajadoras y Trabajadores de Espacios Públicos de la UTEP (gremio de la economía popular), llamada “Lxs Parrillerxs”, puso un puesto para regalar choripán y hamburguesas por el Día del Jubilado, que fue el domingo. Se sumó mucha gente de la calle: “El hambre es desesperante”, dice una señora mientras corta el pan. Sobre la vereda se acomodan trabajadoras y trabajadores de la ANSES, que denuncian una “sangría por goteo” en el organismo encargado de las jubilaciones y pensiones: el Gobierno abrió un plan de retiros voluntarios, el segundo del año. Un trabajador dice a lavaca: “En el anterior se fueron más de 1.000 personas. Muchos agarran porque están muy endeudados. La idea es que quede un ANSES chico, si es que queda”. 

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
La evolución de las variables económicas.

Por su parte, Luis tendría que estar cobrando un poco más: en septiembre la mínima llegó a $498.633,20, contando el bono de $70.000, congelado hace 30 meses: según el Centro de Economía Política de la Argentina (CEPA), si fuera por movilidad Luis y cinco millones de jubilados y jubiladas más tendrían que percibir un bono de $223.148. Pero Luis cobra solo $400.000 limpios porque está endeudado: hace ocho años sacó un crédito.

–Se me cayó un árbol del fondo de casa en la cabeza. Tuve derrame cerebral. También me hizo pelota la rodilla: hoy tengo una prótesis. Mirá vos, es la misma rodilla que la policía me reprimió en una marcha el año pasado: la tengo peor. Me queda este año de crédito, así que espero para fin de año terminar de pagarlo y poder cobrar un poquito más.

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
Gadalupe y otros discas acompañando la marcha de jubilados.

Por eso todos los días –salvo los miércoles– sale a vender tres pares de medias a $1.000: camina mirando a todos lados para que los “parásitos con uniforme” no le decomisen la mercadería, como viene ocurriendo en la ciudad de Buenos Aires bajo la gestión de Jorge Macri. Antes Luis vendía alfajores y podía hacerle algún regalo a su nieta de 13 años, o darse un gustito como ir al teatro. Pero los alfajores subieron tanto que ya no es negocio. Cuenta que la idea de las medias le llegó mirando la televisión. 

–Veía a tanto operador político en la tele que pensé: si las medias me salen lo mismo que un chupetín, quizá la salida a esta crisis sea chupar medias, en serio te digo.

Luis habla y piensa con mucho humor, pero siempre aclara que lo dice en serio. Cuenta que fue la primera persona que puso un boliche gay en provincia de Buenos Aires – “Chelovecos, en 1974”–, que también tuvo una tanguería y que por muchos años se dedicó a cocinar en su casa para geriátricos o centros de jubilados. Como siempre trabajó por su cuenta, pudo jubilarse con una parte de aportes y otra de moratoria.

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
Congreso con atención de coiffeurs para jubilados y gente de la calle.

–Hoy el Gobierno la cortó, pero la moratoria ayudó mucho. Conozco gente que nunca aportó y ahora te dice: “Cristina chorra”. Bueno, entonces devolvé la jubilación o donala a un comedor. 

A diferencia de lo que dijo el presidente Javier Milei tras su discurso en Naciones Unidas en Nueva York, a Luis –como argentino– no le salen dólares por las orejas. Es una de las tantas razones por las que no se pierde ningún miércoles.

–Hace unos años me quedé viudo. Me pasaron todas, pero yo le aconsejo a la gente mayor que venga a la marcha. No sólo como protesta, sino porque es bueno para uno. Es una cuestión de salud. A mí me ayudó mucho porque me olvidé de mí: me acuerdo más de la madre de Milei que de mí. En serio, te digo. Algunos jubilados me dicen: “No, mejor me voy a hacer un estudio al médico”, pero es como un coche en el mecánico: algo siempre te van a encontrar. No digo que esté mal, ojo, pero hay gente que está todo el día en la casa mirándola por televisión y pensando en sí mismo. Con hacer un cartel o pensar alguna cosita, ya la cabeza se me despeja. 

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas

La semana pasada, Luis trajo el “Desodorante Javo”, con una característica premium: “Te deja seco las 24 horas”. ¿Qué significa ese humor en la lucha de cada miércoles?

Luis es crítico:

–Yo vengo porque la jubilación me alcanza nomás para diez días. Me gustaría que hagamos un poco más de bochinche. Acá nos encerraron. Venimos y damos una ronda: no tenemos nada para festejar pero damos la vuelta olímpica como si fuéramos campeones. Luego, a casa. Hay que ir al Obelisco, a Corrientes. Acá no nos ve nadie. No estoy en contra, porque nos encontramos, pero haría un poco más de calle. Lo único que falta es que nos pongan mesas y nos hagan jugar a las damas: para eso voy a la plaza de mi barrio. En Lanús me preguntan: “¿Luis, no marchan más?”. 

La marcha –la ronda a la que Luis pide más bochinche– está por empezar.

¿Qué espera?

–Mirá, el día que no pueda caminar más ni vivir a medias, me amenazo al Presidente así me vienen a buscar: ya averigué que no me sacan la jubilación, me llevan en cana, y al menos tengo una lamparita para leer algún libro y amigos que me traerán algún sanguchito de miga. Lo mismo que haría en casa lo hago allá. En serio, te digo. 

¿Hay opción B?

–Que cambie el Gobierno. Eso daría un poquito de esperanza. La primera medida tendría que ser darnos un aumento. De mínima. Esta lucha que hacemos va a pasar a la historia como algo que era necesario hacer. El que no labura ni lucha, no come. 

Hincha de Independiente y fanático de Manal, Luis se despide y se mete a la marcha.

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Revista Mu

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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