Actualidad
El sentimiento de la calle: los jubilados se movilizaron contra el veto de Milei

Miles de personas acompañaron a los grupos autoconvocados de jubiladas y jubilados que se concentran en Congreso todos los miércoles a las 15:30. Esta vez, con la motivación del veto presidencial al magro aumento que sancionó el Congreso, decidieron movilizarse a Plaza de Mayo. Encontronazos con la policía, que reprimió con palazos y gases, en otro absurdo intento de aplicar protocolos ante gente agredida institucionalmente e indefensa. Los testimonios de manifestantes que aseguran estar siendo víctimas de un “genocidio silencioso”. La columna avanzó por Avenida de Mayo hasta la Casa Rosada a puro canto, con bocinazos de apoyo y gritos de aliento: el camino que marcaron hoy.
Por Franco Ciancaglini
En el Congreso
Todos los miércoles, jubiladas y jubilados marchan.
La cita es sobre la Avenida Rivadavia a la altura del Congreso a las 15:30. El horario de las Madres.
Hoy hay más personas y banderas que ningún otro miércoles. Alienta la convocatoria el anuncio presidencial de que se vetará el leve aumento en las jubilaciones que había promulgado el Congreso. Una forma de patear en el piso a un sector ya vapuleado desde el inicio de la Era Milei: se calcula que alrededor de 34% de lo que se “ahorró” el gobierno para paliar el déficit fiscal fue manoteado del fondo de jubilados.
“Siempre fuimos la variable de ajuste” define Jorge, en una evidencia que asume el propio actual Presidente al justificar el veto con la idea de lograr o no tocar el déficit fiscal, como si no existiesen otras cajas. Jorge calcula que, de mantenerse la propuesta del Congreso, él iba a ganar 26 mil pesos más, en el mejor de los casos. ¿Y qué representa ese aumento? “Una miseria de ley, y encima lo va a vetar. Es una violencia institucional”.
¿Por qué se la agarraron con ustedes? “Porque somos el sector más débil, los que menos estamos en condiciones de protestar. Como no trabajamos en la producción no podemos hacer huelga y, además, coincide con la mentalidad de Milei del sálvese quien pueda, de la ley del más fuerte”.
Paradójicamente, las y los jubilados son de los pocos sectores que ejercen la protesta, cada vez con más fuerza. Todos los miércoles marchan.

Foto: Juan Valeiro para lavaca
Expensas y promesas
Otro de ellos, Rubén, dice que está re caliente; su apodo de el Tano le calza a la perfección con la bronca que respira hoy. Una bronca que no dirige solo contra el gobierno de Milei sino también contra el edificio legislativo que tiene a sus espaldas: “Están arreglando todo con los diputados, la va a vetar y la votan otra vez pero con menos porcentaje, vas a ver”.
El Tano no cree en lo del déficit fiscal: “Es verso, contá cuánta guita entra de IVA, de exportaciones, de Ingresos Brutos: ahí está el grueso. Los exportadores no ponen toda la guita que tienen, y se la agarran con nosotros”. El por qué, también, lo tiene claro: “Para pagar la deuda. Al gobierno lo único que le interesa es quedar bien con los de afuera”.
Estela, 80 años, de Caballito, vino sola y por primera vez a esta marcha de miércoles. Agrega una dimensión a lo que dice el Tano: “Gobiernan para el poder económico”. Cobra alrededor de 400 mil pesos. “Desde enero nunca más me alcanzó para llegar a fin de mes”. ¿En qué la gasta? “En alimentos. Y mi hijo me ayuda a pagar las expensas”. Estela vive en un dos ambientes que compró junto a su marido, ya fallecido, en los 70. “No compro más medicamentos. Por eso ando así, porque me duelen las piernas”, dice señalando con sus ojos al bastón que la sostiene.

Foto: Juan Valeiro para lavaca
¿No le cree al gobierno cuando dice que más adelante finalmente, todo mejorará? “No, no. Es un verso. Ya nos lo hicieron otros”.
Hay varios diagnósticos de la realidad que en esta manifestación toman la forma de recuerdos, o mejor dicho, de pesadillas recurrentes. Las y los jubilados se encargan en sus testimonios de urdir esa trama circular que representa la historia de nuestro país. Otra metáfora puede ser la de esta mujer sosteniendo un andador dado vuelta hacia arriba, con un cartel pegado que dice: “No al Veto. Arriba lxs jubiladxs”. Las y los camarógrafos le sacan fotos, pero ella llora. “Ya pasamos tantas…” murmura.
La hora de los gases
Le pregunto si quiere hablar. Acepta: “Tengo 66 años. En el 73 prohibieron el partido donde yo empezaba a militar. Después ingresé a una universidad, en marzo del 76. Cuando empezaron las clases, dos meses después, estaban todos los murales tapados. A la mitad del año echaron a todos los profesores que yo más quería. Recuperamos la democracia, pasamos 2001, y cuando asumió Macri nos la pasamos en la calle. Y ahora ¡otra vez!” dice tapándose los ojos, desde donde le vuelven a brotar las lágrimas.
“Nosotros no podemos esperar mucho, no podemos esperar 30 años, no puedo esperar más, no puedo esperar más”, repite. Deja de contar su historia no solo porque llegó hasta hoy (y hasta un límite) sino porque la multitud a su lado se empieza a agitar. Qué pasa: la Policía Federal se encapricha con encosertar a los miles de manifestantes arriba de una vereda de 4 metros de ancho. Otra muestra del intento de aplicar un protocolo absurdo en el cual la propia policía termina cortando el tránsito y generando empujones que derivan en hechos violentos, como el que vivió Tabaré, 57 años: lo acaban de gasear en la cara.
Dice a lavaca con los ojos –también– llorosos: “Siempre buscan una excusa, uno agarra, nos golpea, y ahí se nos vienen todos encima. De una forma impresionante, no miden nada. Ahí obviamente la gente explotó y se cortó el tránsito. Los policías se pusieron peor. Empezaron a pegar a diestra y siniestra. No contestos con eso, nos tiran gases. Todos los que estábamos ahí estamos gaseados. Pegaban con los palos y los escudos, te empujaban. Yo soy más joven, pero hay gente de 70, 80 años, y no midieron nada”.
La movilización es larga y ocupa toda una cuadra; si hay represión, es porque hay lucha; por eso, mientras de un lado hay palos, en la otra punta la movilización se decide no entrar en el juego y gambetear a los empujones a la Policía, en dirección a Plaza de Mayo:
Y van.
Entre el cielo y los infiernos
Las distintas banderas empiezan a organizarse detrás de este grupo de jubiladas y jubilados autoconvocados que comienza a marchar; las hay de todos los partidos de izquierda, de algunos sindicatos (también de izquierda, como el SUTNA o el de Aceiteros, pero también La Bancaria) y muchas asambleas vecinales de distintos barrios de capital y el conurbano.
Allí está Tito, que vino desde Laferrere con una bandera de su asamblea, aunque dice haber perdido a sus compañeros. Arranca sin vueltas: “El gobierno nos está reventando. Prácticamente los jubilados no tenemos los medios como para poder subir sobrevivir. Yo, después de haber trabajado más de 30 años, estoy cobrando la mínima”.
¿Cuánto? “Casi 200 000 pesos”.
¿Qué hacés con eso? “Me alcanza 15 días, decí que tengo familia, me están ayudando mis hijos, pero también ellos tienen su familia: también está complicada para todos”.
Más cuentas con mucho déficit: “A un vecino mío le vinieron 120.000 pesos de luz. ¿Cómo hace para pagar? Pasa lo mismo con el gas, pasa lo mismo con el agua, el transporte, y el servicio es malísimo”.

Foto: Juan Valeiro para lavaca
Adriana y Vilma van por la vereda del brazo. Adriana lleva una pechera naranja con la leyenda del “Plenario de trabajadores jubilados”. Es una organización ligada a partidos de izquierda que todos los miércoles se concentra en Congreso. “Y nos movilizamos en todas las marchas, no solo en las de jubilados”, aclara ella.
Juntas cuentan sus historias, turnándose para hablar y superponiéndose algunas veces.
¿Cómo se les degradó la vida desde la asunción de este gobierno? “Es desde hace rato, no solo este gobierno. Nunca tuvieron en cuenta los jubilados, pero este fue peor: nos hundió del todo, ya no damos más. Entre los que tenemos que estar pagando los servicios, los remedios que antes muchos los teníamos gratis, ¿qué nos queda para vivir?”.
¿Qué queda? “Mis hijas alquilan, cuando pueden vienen y me ayudan, pero tampoco es su culpa, yo trabajé 32 años, ¿para qué? ¿Para depender de mis hijas? Es una vergüenza para nosotros eso”.

Foto: Juan Valeiro para lavaca
Vilma ríe irónicamente: “Antes era al revés, les dábamos nosotros. Pero ahora ellos no pueden hacer frente a tanto: estamos todos en la misma”. Los jubilados, peor: “Porque es más fácil meter la mano en el fondo de garantía, no es dinero que manejamos nosotros: si los jubilados manejáramos eso, la cosa sería diferente”.
Los abuelos de la nada
¿Qué les parece la fórmula que votó el Congreso? Vilma: “No es nada, no era nada pero por lo menos eso es nuestro, es nuestro, ¿entendés? Aunque sean dos pesos, son nuestros y los vamos a pelear: esa plata la hicimos aportando”.
¿Ven algo de esperanza u optimismo ante todo este panorama? Adriana: “Siempre hay que tener esperanza”. ¿En qué? “De allá arriba ya va a venir el castigo de todo” asegura en señal a (otras) fuerzas del cielo. Vilma en cambio tiene modos más terrenales: una bronca con cada vez menos límites. ¿Contra quién? “¡Hay muchos candidatos!” dice y, ahora sí, estallan las dos en una carcajada, empezando a pisar la Plaza de Mayo.
Juan Manuel (legado que le dejó su madre en honor a Rosas) es una de las estrellas de la movilización, ya que lleva un cartel con un poema que dice:
Milei, paparulo
Metete el veto en el culo.

Foto: Franco Ciancaglini para lavaca
Hace ya varias manifestaciones que trae textos originales escritos en carteles para llamar la atención. Cuando hablamos de varias, son varias: lavaca lo ha fotografiado en tiempos macristas, y desde diciembre en todas las manifestaciones de la era Milei. A la anterior manifestación, por ejemplo, llevó 5 carteles con distintas consignas: “Una más humorística, otra más revolucionaria, otra más seria, y voy viendo cuál llama más la atención”. Algunas veces también viene los días de semana, solo, a Plaza de Mayo. La semana pasada trajo un cartel que decía: “Mejor ser zurdo que absurdo”. Confiesa que los oficinistas no se rieron ni un poco, a diferencia de las sonrisas que generó el de hoy.
En tiempos de redes sociales, este hombre que dice no saber prender una computadora es tal vez quien mejor comprende cómo mover el algoritmo con los pies: sus fotos en manifestaciones tienen miles y miles de likes. “La bandera, el bombo, esas son cosas viejas, no le movés la aguja a nadie ya con eso”, plantea él, que esta vez volvió a mover la aguja de varios fotógrafos y fotógrafas que lo eligieron como blanco por su breve poema.
Cuenta este autor contemporáneo: “Bueno, saqué el baúl de los recuerdos palabra “paparulo”, porque esta es una manifestación de jubilados, y además para demostrar que no somos unos maleducados como él”.
Según la RAE, “paparulo” es un adjetivo coloquial que remite a alguien torpe, ignorante o ingenuo. “Si tengo que poner lo que en realidad corresponde, me meten preso –sigue– otra que los dos que están hace 70 días presos”, dice en referencia a los casos de Roberto de la Cruz Gómez y de Daniela Calarco, cuya liberación se selló horas después de esta movilización (https://twitter.com/Lavacatuitera/status/1828888596100866456).
¿Cómo hacer para mantener la poesía y cierto humor ante semejante niveles de violencia, económica, simbólica y de todo tipo? Juan Manuel no pierde la calma: “A mí me hicieron un reportaje a los 10 días de comenzado el gobierno y yo dije que (a Milei) había que colgarlo en la Plaza de Mayo”. Dice que avisó temprano, pero que no le dieron bola, siempre jodiendo, aunque algunos usuarios de la red social X se lo hayan tomado en serio: “Un tipo subió el video ese diciendo que había que meterme preso por terrorista, diciendo que cómo no hay ningún fiscal que actúe de oficio” cuenta como explicando su paso de la literalidad a la metáfora, siempre desde el humor, en medio de un clima caldeado.
Ahora prefiere hablar a través de sus carteles, que se reproducen más que las amenazas de trolls pagos de las redes: “Para ellos la realidad son las redes, y la vieron bien porque la verdad que sí, sin propaganda ni nada ganaron”. Asegura sin embargo que “detrás de Milei, Lemoine y todos esos cuatro de copas, hay gente muy pesada”.

Foto: Juan Valeiro para lavaca
Lo sabe porque los conoce de cerca: Juan Manuel tiene un hermano que se llama Jorge Rafael, en honor a Videla, que es candidato por La Libertad Avanza en un municipio de la provincia de Córdoba. “No hablo con él desde 2015, ni para Navidad”, cuenta mientras agradece a la vida que le haya tocado en la repartija de nombres el del caudillo federal.
¿Ve algún grado de salida, optimismo o esperanza ante tanto paparulo? “No. Los únicos que están poniendo lo que hay que poner son los jubilados, no me jodas”, termina y repite: “Todo eso con el bombo y la marchita, no sirve para nada, eso quedó en el siglo 20, no va más: hay que ser más creativos”, repite antes de que lo interrumpa un pedido de selfie.
Jorge tiene una bandera más seria y roja que dice “Jubilados Insurgentes”. Es parte de este grupo (https://lavaca.org/mu191/jubilados-as-insurgentes-viejos-meados/ ) que sostiene las marchas de todos los miércoles, los semaforazos alrededor del Congreso, y organiza movilizaciones como ésta, en articulación con partidos, sindicatos y otras organizaciones de jubiladas y jubilados. Analiza: “El tema central es que tenemos el gran freno de la CGT que, como los dirigentes son empresarios, no están defendiendo los intereses de los trabajadores. Esa es la mayor traba que hay ahora. Si no, estaría toda la gente en la calle hace rato”.
Le pregunto a Jorge cuál es la capacidad de aguante, según la teoría presidencial de que si la gente se estuviera muriendo de hambre, se moriría realmente. Jorge aclara que eso es exactamente lo que sucede: “En realidad ya existe el genocidio silencioso. Muchos jubilados se han muerto por falta de medicamento, por falta de nutrición, pero esas estadísticas no aparecen como muerte violenta: son silenciosas. Milei ha instrumentado el genocidio silencioso, de acuerdo a su ideología, que es el de sálvese quien pueda y que sobreviva el más fuerte; lo ha dicho explícitamente e implícitamente muchas veces”.
Le pido que grafique cómo funciona esa ley para ellos, los jubilados, acaso los más desprotegidos de la selva: “Hay dos niveles, el índice de indigencia y el índice de pobreza. Bajo el índice de pobreza hay aproximadamente, 4 millones y medio a 5 millones de jubilados; bajo el índice de indigencia, ya hay un millón de jubilados”.
¿A cuál pertenece? “Y yo estoy en el límite, cobro la mínima entre la indigencia y la pobreza, o sea tengo que hacer algún trabajito extra, algo para poder comer simplemente. El tema es que, además, aunque nos aumenten, las tarifas suben por el ascensor, mientras nosotros subimos por las escaleras. Y las tarifas están haciendo ese genocidio silencioso, de no poder usar electricidad, de no poder usar el gas, de no poder comer bien, haciendo que la calidad de vida se vaya deteriorando de una manera absolutamente impresionante”.
¿Qué ve hacia adelante? Todo mal: “Que los próximos 6 meses van a ser terribles, incluso peores de los que vinieron, si es que no hacemos algo”. Todos los miércoles, jubilados y jubiladas marchan.
Actualidad
¿En qué se parecen Trump y Pluribus?

Por Sergio Ciancaglini
Pluribus es una serie maravillosa y flamante, que tal vez ya quedó vieja.
El último capítulo de la primera temporada se emitió el 26 de diciembre y días después empezó a rankear como pieza de museo debido a Donald Trump.
La serie de Vince Gilligan explota de modo increíble una hipótesis: una civilización del planeta Kepler 22-b, ubicado a 640 años luz, contamina a todos los pobladores de nuestro mundo, que sonríen felices y actúan con amabilidad, pero cuyo cerebro forma parte de una gran mente colmena.
Esto es: hay un solo cerebro. Nadie piensa ya de modo individual sino que están todos unidos y dirigidos y masificados por esa mente colmena que reúne a la totalidad de los cerebros y saberes humanos. La IA en modo lisérgico.
Hay un solo problema: 13 personas resultaron inmunes a esa especie de virus algorítmico/biológico que controla al resto de la humanidad.
A la mayor parte de los 13 inmunes la situación les parece aceptable. Notan lo felices que están los demás, y la mente colmena los trata con servicial cortesía.
Solo unos pocos de los 13 entienden que no: que detrás de esa felicidad masiva a las personas les robaron el alma, porque la inteligencia alienígena lo que en realidad busca es apoderarse del planeta y sus recursos.
Esos humanos contaminados morirán pronto pero sonriendo tras haberse comido a sus propios muertos, y el mundo será una estación más en el avance de la civilización del planeta Kepler 22-b para subsistir a costa de los otros habitantes y otros planetas de este extraño universo.
Una semana después del último capítulo de Pluribus, Estados Unidos invadió Venezuela (América Latina), abdujo a Nicolás Maduro y redondeó las acciones con las que el país sustento de lo narco en el mundo simula combatir al narcotráfico.
Luego llegó Trump a explicar todo. ¿En qué se parece la política que simboliza Trump, a Pluribus y los ignotos seres de Kepler 22-b? Una hipótesis: la idea del control.
Pero lo que en la mente colmena son acciones y deseos altruistas (mientras roban almas y bienes comunes) en Trump es transparencia pura: habla del petróleo, de los recursos, del dinero en juego, de las corporaciones, de los muertos. Aclaró que considera que esa riqueza de hidrocarburos y tierras raras es norteamericana (lo cual supera en términos de ciencia ficción a toda la temporada de Pluribus) y demostró que puede llevar a la práctica todas las amenazas, provocaciones y disparates que rompen con el mundo tal cual lo hemos conocido.
El de Trump no es el imperio amable, hipnótico, seductor y temible de Pluribus.
En el suyo rige solo lo temible, y la sonrisa impostada es reemplazada por escenas de violencia explícita.
El control no es a través de la contaminación cerebral sino gracias a acorazados y drones, generales, violencia y guerras. Las mismas que el señor Trump dijo que quería evitar pero que –negocios son negocios– reactivan la industria armamentística, que es casi tan poderosa como la industria narco, aunque no compiten entre ellas y tienen intersecciones considerablemente turbias.
La actitud de Estados Unidos simboliza una idea: basta de seducción y amabilidad. Es tiempo de abducciones, de odiabilidad.
Lo que se estaba gestando en las últimas décadas y se inauguró formalmente ahora es la era del sometimiento. Y quien no lo acepte lo va a pagar caro. Queda por verse en este caso si el uso estadounidense de la fuerza es un sinónimo de poder, o una demostración violenta de debilidad (como acaso ocurrió en Venezuela con el propio Maduro).
En la parte que nos toca de este espectáculo cloacal, el gobierno argentino juega el rol del sometimiento sonriente. Como el viejo consejo que se les daba a las mujeres violadas: relájate y goza.
Mensaje al señor Vince Gilligan: desde este rincón findelmundesco saludo su serie increíble, pero hay otra que describe de modo diferente estas desventuras. Es argentina, se llama El Eternauta, se estrenó en 2025 pero nació en forma de cómic hace casi 70 años.
También hay en ella una civilización que busca controlar el planeta y los recursos. La invasión genera zombis y personas-robots (menos sonrientes que las de Pluribus) pero que no omite todas las formas de violencia imaginables.
Lo tóxico no lo usan para robar almas sino para matar.
En todo caso, el personaje de El Eternauta, Juan Salvo (Ricardo Darín), y la de Pluribus, la inmune Carol Sturka (la magistral Rhea Seehorn), comparten una idea frente la situación: con dudas y contradicciones, finalmente buscan hacer algo, resistir, oponerse, rebelarse frente al estado de las cosas. Su desafío: preservar cuerpos, cerebros y almas para que la existencia deje de ser una mala copia de la vida, o su the end.
En una de esas dos series imaginan una tecnología ética y cotidiana para intentar hacerlo: nadie se salva solo.
En la otra, el control de lo humano se realiza mediante un arma terrible: el consenso de una humanidad alienada. Carol no se resigna y al fin de la temporada tiene al menos un aliado. Es un latino, Manousos, que rechaza a la imitación que la mente colmena le presenta de su propia madre que le muestra los dientes, inquietantemente maternal. Manousos le dice en castellano: “Usted no es mi madre. Mi madre era una cabrona”. Y huye de Paraguay para buscar a Carol en Abuquerque, Estados Unidos, desde donde había hecho un llamado a los inmunes: tenemos que salvar el mundo.
Carol en otro momento menciona algo que podría sonar a procrastinación (con perdón de la palabra), a postergación. Pero nunca se sabe hasta dónde pueden llegar las cosas con la gente cabrona, como se considera a cada persona del mundo que puede elegir no someterse. Aquí pasó en la peor dictadura, cuando entre las pocas personas inmunes había 14 mujeres, madres y abuelas, las únicas cabronas que rompían la pesadilla del consenso alienado.
La frase Carol puede leerse como una involuntaria propuesta de acción para las personas y comunidades y, quizás, para la política (aunque esto suene también a ciencia ficción o realismo mágico).
La escena demuestra, como tantas expresiones del arte en estos días, un llamado a despertarse, cosa que en esta época parece cuestión de vida o muerte.
Carol dice en el más puro spanglish algo que aquellas personas a las que no lograron robarles el alma merecen recordar a cada momento, cada latido y cada respiración, para moverse, para no resignarse, para no someterse.
Como ya es de noche en el mundo, ella le anuncia a Manousos:
We save the world mañana.
PD: Por suerte entre los cabrones del mundo todavía existe Stremio.

Actualidad
Invasión a Venezuela: la verdad detrás del botín

Por Claudia Acuña y Lucas Pedulla
Lo dijo sin metáforas y con mayúsculas:
“Venezuela está completamente rodeada por la mayor armada jamás reunida en la historia de Sudamérica. Solo se hará más grande y el impacto que supondrá para ellos será algo nunca visto, hasta que devuelvan a los Estados Unidos de América todo el petróleo, las tierras y otros activos que nos robaron”.
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció así –a través de un mensaje publicado en la red Truth Social– su decisión de invadir ese país, sin siquiera avisar al Congreso.
El “robo” del petróleo al que alude es, sin embargo, la decisión de nacionalizar el petróleo que tomó Venezuela en dos etapas históricas que ahora conviene recordar.
La primera fue el 1° de enero de 1976, bajo la primera presidencia de Carlos Andrés Pérez, quien pagó a las corporaciones Exxon, Shell, Gulf, y Mobil 5.626 millones de dólares como compensación. El economista Carlos Mendoza Potellá –quien acompañó en ese proceso al fundador de la OPEP, Juan Pablo Pérez Alfonzo– sintetiza así cómo fue: “Las mismas concesionarias designaron de su seno a quienes asumieron la gerencia petrolera venezolana: el entonces presidente de la Compañía Shell de Venezuela se convirtió en presidente de la ‘Operadora Nacionalizada’ Maraven. El vicepresidente de la Creole Petroleum Corporation, filial venezolana de la Standard Oil–Exxon se transmutó en presidente de Lagoven, otra operadora nacionalizada. El mismo esquema se repitió once veces con los gerentes de las demás filiales transnacionales, travestidos en gerentes de empresas estatales”.
Durante su segundo mandato, Pérez dispuso un plan de “apertura petrolera” que permitió operar a las transnacionales del petróleo en nuevas áreas, que luego su sucesor, Rafael Caldera, amplió. Así se llegó a la segunda nacionalización, impulsada por Hugo Chávez en 2007, quien a través de un decreto impuso que la petrolera estatal tenía que tener participación mayoritaria en todas las explotaciones petroleras venezolanas. Esa medida originó una serie de demandas internacionales, entre ellas la de Exxon, a quien el régimen de Nicolás Maduro pagó 700 millones de los 985 reclamados.
Del robo, hay que decirlo, fue víctima Venezuela, saqueada por la corrupción de quienes durante el régimen de Maduro administraron los activos de la petrolera estatal. Un ejemplo: el 17 de marzo de 2023, se dio a conocer la desaparición de 3.000 millones de dólares provenientes de cuentas por cobrar de la venta de petróleo, lo cual derivó en la detención de 61 personas, entre ellas tres coroneles y otros cuatro militares que ocupaban puestos relevantes en PDVSA.

El botín
Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo, incluso más importantes que las de Arabia Saudí. Los yacimientos situados en la faja del Orinoco albergan más del 15% de todas las reservas mundiales. Su petróleo, además, es especial y característico: es más pesado y costoso de extraer, pero su alto contenido en azufre lo hace especialmente codiciado por las refinerías más sofisticadas.
Socio fundador de la OPEP, produce actualmente poco más de un millón de barriles diarios, lejos de los 3,5 millones de barriles que producía al final de la década de los noventa, cuando el país era una potencia global del sector de los hidrocarburos, con el 10% de la producción mundial de crudo. Ahora la república bolivariana apenas representa el 1%.
Para hacerse una idea del declive del sector en Venezuela, la industria del crudo del país llegó a ser la mayor exportadora del mundo. Ahora ocupa el puesto 21 entre los productores mundiales. Y está a punto de ser superado por su vecino Guyana, un país mucho más pequeño, cuya economía controla la petrolera Exxon.
Pero no solo se trata del petróleo. Tal como anunció el presidente Trump en su explícito mensaje hay “otros activos” que busca controlar con esta operación militar. Están en juego, además, minerales y tierras raras. Venezuela es un país muy rico en recursos naturales: cuenta con importantes reservas de gas natural, oro, hierro, bauxita y coltán, uno de los minerales necesarios para las baterías. También posee grandes yacimientos de cobre, níquel, titanio y zinc.
De Monroe a Trump
Dos siglos antes – el 2 de diciembre de 1823– el entonces presidente de Estados Unidos, James Monroe, declaró como potencialmente hostil cualquier intervención de las potencias europeas sobre los asuntos políticos de una América que libraba sus guerras de independencia, bajo el tan estadounidense lema: “América para los americanos”.
El 2 de mayo de 1965, 142 años después, la Cámara de Representantes completó esa declaración con la “Doctrina Johnson”, tras la invasión a República Dominicana ordenada por el entonces presidente Lyndon Johnson, para evitar un gobierno comunista.
El 3 de enero de 2026, casi 58 años después, en una fecha sensible para Argentina porque coincide con la invasión británica a las Islas Malvinas en 1833, la región amaneció bombardeada por orden del actual presidente estadounidense, Donald Trump, quien invadió Venezuela y detuvo a su presidente, Nicolás Maduro. “Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental”, dijo el documento de 29 páginas en el que EEUU redefinió la Estrategia de Seguridad Nacional, que denominó como “corolario Trump a la doctrina Monroe”. En un juego de palabras, se bautizó como “Doctrina Donroe”.
En declaraciones a la BBC, el investigador de Estudios Latinoamericanos del Council on Foreing Relations, Will Freeman, sintetizó: “Es una especie de justificación ideológica para la intervención de Estados Unidos o para la mano dura en la región. Pero el documento también menciona los cárteles de la droga y las incursiones extranjeras hostiles, lo que suena a la Doctrina Monroe en su versión original».
Si las viejas doctrinas buscaban la anexión violenta de una “América triguera” como si la región fuera el “caballo” y Estados Unidos el “jinete”, la actual doctrina Trump busca esnifar esa América narcótica que su país consume, abastece y fortalece en estructura, para su dominio geopolítico y el saqueo colonial de los bienes comunes, como dejó en claro Trump en su imperturbable y descarada conferencia: “Vamos a hacer que nuestras compañías petroleras de Estados Unidos, las más grandes en cualquier parte del mundo, entren, inviertan miles de millones de dólares, reparen la infraestructura petrolera gravemente deteriorada y comiencen a generar dinero para el país”.
¿Qué país?
En el nuestro y en los bordes más empobrecidos de esta ciudad –el Bajo Flores– la comunidad venezolana que está en la platea del club Daom mirando a los suyos disputar un partido de béisbol en un clásico contra Vélez Sarsfield lleva aferrada en cada mano, como un rosario, el teléfono celular, desde donde siguen las noticias de su tierra y de su gente. Me dice una joven que ya lleva ocho años en Argentina:
“Es un comienzo”.
Lo dice con ilusión y alivio.
Su mirada y lo que transmite, su biografía y lo que representa –estudió Historia en la universidad de la república bolivariana, trabaja limpiando casas por hora en Palermo– es la exacta dimensión del mayor fracaso del discurso progresista y sobre esa rotunda frustración ahora urge reflexionar.
Fracasar, fracasar, fracasar hasta triunfar.
Lo decía Mao, que tanto disgusta a Trump.
Actualidad
Nuevo ataque a la prensa: robo en la redacción de la cooperativa El Ciudadano

Desconocidos rompieron un vidrio del frente del edificio e ingresaron al diario cooperativo de Rosario. El robo fue selectivo: se llevaron las dos consolas de sonido y todos los micrófonos, lo que impide que el medio siga transmitiendo y filmando. Todo en el contexto de un gobierno nacional que enarboló el eslogan «no odiamos lo suficiente a los periodistas». Desde la web de El Ciudadano (elciudadanoweb.com): «Nos vamos a levantar de este golpe pero nunca vamos a dejar de contar con espíritu crítico todo lo que vemos”.
El año comenzó con una noticia triste e inesperada para el diario El Ciudadano. Cuando volvieron a trabajar después del Año Nuevo, sus integrantes encontraron que la redacción del medio cooperativo de Rosario había sido robada. “Nunca vamos a dejar de contar con espíritu crítico todo lo que vemos”, señalaron desde el espacio autogestivo.

Imagen de las instalaciones saqueadas.
El episodio ocurrió durante la madrugada del primer día del año. Desconocidos rompieron un vidrio del frente del edificio e ingresaron al diario. “Se dirigieron directamente al sótano donde funciona el streaming y se llevaron las dos consolas de sonido, todos los micrófonos, lo que nos impide seguir transmitiendo y filmando”, contó El Ciudadano a través de una declaración en su web.
“Nos llama la atención lo selectivo del robo y lo simbólico del hecho de que se hicieran con los micrófonos”, agregaron desde la cooperativa y recordaron la compleja situación económico y de subsistencia que atraviesan en esta época de crisis.
El violento hecho, además, se da en el marco de un gobierno que promueve el odio a la prensa. Javier Milei repite de manera constante que no se odia lo suficiente a los periodistas, al tiempo que censura y reprime el ejercicio de prensa.
“Nos quisieron destruir muchas veces. Nunca lo consiguieron. Nos vamos a levantar de este golpe pero nunca vamos a dejar de contar con espíritu crítico todo lo que vemos”, concluye El Ciudadano, medio creado en 1998 y recuperado por sus trabajadoras y trabajadores en 2016.
El Ciudadano, junto al diario Tiempo Argentino, revista MU y Agencia lavaca, El Diario del Centro del País, revista Cítrica, agencia Tierra viva y Lawen, integra la Unión de Medios Autogestivos. Son siete cooperativas que se organizaron con el fin de promover el periodismo de investigación sobre temas sociales apremiantes. Su agenda hace foco en temas usualmente relegados por la prensa comercial como son la violencia institucional, el narcotráfico, el respeto por los derechos humanos y la diversidad de género, la soberanía alimentaria, los reclamos de los pueblos originarios y el cuidado del medio ambiente.
La cooperativa que edita El Ciudadano se llama La Cigarra. El diario dio la noticia con palabras de aquella canción de María Elena Walsh: «Tantas veces me mataron». Y publicaron: «Por algunos indicios que deberán investigarse, el hecho también asoma como clara amenaza a la libertad de expresión».

ActualidadHace 3 semanasItuzaingó: los trabajadores ocupan la fábrica de ascensores Cóndor y proyectan una cooperativa

ActualidadHace 4 semanasMendoza en caravana hacia la capital provincial contra el proyecto minero San Jorge

ComunicaciónHace 2 semanas19 y 20 de diciembre: La crónica que nos parió

NotaHace 2 semanasMatar por matar: la violencia policial porteña y el crimen en Lugano de Gabriel González

ActualidadHace 2 díasInvasión a Venezuela: la verdad detrás del botín



























