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Mundo gráfico: la recuperada Gráfica Patricios inaugura Centro Cultural

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Una fábrica, una escuela, un centro de salud, la radio, y ahora un centro cultural: la mítica fábrica de La Boca recuperada en 2003 sigue apostando a proyectarse para sobrevivir. Para inaugurarlo alojaron una conmovedora presentación de Escritos sobrevivientes, el libro editado por lavaca escrito por personas sobrevivientes de centros clandestinos de la dictadura. Nada es casual: obreros, resistencia, proyectos y una apuesta a la vida en medio de otra crisis. Por Lucas Pedulla.

Mundo gráfico: la recuperada Gráfica Patricios inaugura Centro Cultural

Las y los trabajadores gráficos ante los nombres de los desaparecidos.

¿De qué te agarrás para sobrevivir?

Una pregunta parecida, en dos épocas distintas, provocó una serie de respuestas que en ambos casos se realizaron con un recurso que, dicen estos nuevos arqueólogos, sería el oro de esta era: el tiempo. Ambos se cruzaron en un encuentro maravilloso.

Primer caso. Año 2024. El gobierno de Javier Milei recién había asumido y el combo de estatuto legal del saqueo desde el Congreso y la represión en la calle parecían ser los viejos raros peinados nuevos. Todo matizado por un discurso negacionista en el que banalizar a 30 mil desaparecidos era lo más soft que podía pensarse. Desde ese país, un grupo de 12 sobrevivientes de centros clandestinos de detención en la última dictadura militar crearon el taller Escritos Sobrevivientes. Lo hicieron en MU los segundos sábados de cada mes y bordaron así una serie de textos poéticos, filosóficos y políticos que nuestra cooperativa editó este año en un libro, llamado igual que el taller. Todos los meses lo estamos presentando en vivo, en una puesta performática que cruza lo teatral y lo musical. Ese material en escena es lo que nos lleva al segundo grupo de arqueólogos de esta nota.

Segundo caso. Año 2003. Un grupo de trabajadores gráficos, a contramano de lo que el destino les imponía, decidió inventar otra historia. Todo había comenzado unos años antes cuando el presidente de la fábrica Conforti empezó a pagarles cada vez peor a sus empleados. Así pasaron la crisis de 2001, un presidente que voló por los aires, el experimento Duhalde, hasta que en febrero del 2003 se cansaron y ocuparon. La idea de la cooperativa como forma de seguir trabajando llegó de la fuente menos esperada: un policía que les habló de otra fábrica (la Ghelco), en iguales problemas, que había logrado recuperar su trabajo gracias a la organización obrera. Así lo hicieron y así ganaron. En esos días en los que el futuro era todo una incógnita –como hoy–, un periodista de MU, Sergio Ciancaglini, les preguntó qué soñaban hacer en ese lugar de proporciones cinematográficas. Respondieron, según puede leerse en Sin Patrón (primer libro de lavaca): “Una escuela, un centro de salud para el barrio y un centro cultural”. Lo increíble y hermoso es que, 22 años después, todo eso existe: la Escuela de Educación Media 26 “Trabajadores Gráficos” (400 alumnos), el Centro de Salud y Acción Comunitaria (CESAC) Nº 46, y una emisora comunitaria: Radio Gráfica. 

El centro cultural fue la última inauguración. Allí fue el grupo de Escritos Sobrevivientes a presentar su libro, dando inicio a otros de esos sueños que, enunciados y organizados, pueden ser realidad. “Este presente no es el único posible”, se dice y se abraza en la función, y ese es el abrazo que se dieron sobrevivientes y obreros, en un galpón acondicionado a sala que sería la envidia de David Lynch o cualquier artista surrealista. 

Lo real, sin embargo, es la única verdad.

Y tan real como verdad es Gráfica Patricios.

El Centro Cultural, el cello de Maitén Manjarín que acompaña cada presentación y la reunión cumbre: sobrevivientes de la dictadura y obreros, unidos por el arte y el trabajo.

Briski, Barba y cartón

Gustavo Ojeda tiene 63 años y es el presidente de la cooperativa. Su apodo se lo ganó en el taller: le dicen “Cali”, por calidad. Vivió de todo, sufrió de todo y soñó todo lo que hoy es Patricios. Recuerda aquellos días de toma, donde había dos patrulleros de la Policía Federal de consigna, y un llamado de un vecino inesperado que hoy lo sigue emocionando. 

–Hola, ¿Gustavo?

–Sí, ¿quién habla?

–Habla Norman Briski.

–¡¿El actor?!

–Sí, te quiero conocer

Era de noche. Gustavo le advirtió de la guardia policial afuera. Norman no se achicó: “Voy igual”. Fue en camioneta. Gustavo lo esperó en la puerta. Norman se bajó, lo abrazó y le hizo la pregunta que hoy todavía provoca lágrimas: “Gustavo, ¿en qué te puedo ayudar?”.

Juntos hicieron la obra de teatro Maquinando. Se presentaron en la fábrica y también en el teatro Calibán, de Briski. Desde entonces la relación del mundo Patricios con lo cultural es política y estratégica: “Nos permitió difundir lo que pasaba acá adentro”, dice Gustavo. Fue el primer antecedente de esta propuesta que hoy quieren materializar de cara a lo que considera uno de los grandes desafíos culturales de la época: “Hay que buscar otra salida para los jóvenes, porque afuera hay mucha violencia y, también, falta de trabajo”. 

Por las calles de Barracas, sur porteño, Gustavo describe a chicos de 12 años hurgando entre la basura por comida o cartón. “Este gobierno nos está haciendo pelota. Ellos venden a 70 pesos el kilo de cartón. Tenés que vender más de 200 kilos para comprarte un kilo de carne. ¿Doce  horas en la calle para eso? Si los más viejos no hacemos nada por las nuevas generaciones, la cosa se complica. Es tarea nuestra marcar un poco la cancha, porque es fácil esperar la jubilación y quedarte mirando el partido del domingo. Tengo que seguir participando hasta que el Barba venga y te diga: ‘Hasta acá, ya cumpliste’”. 

Hasta esa aparición celestial, Gustavo tiene otros asuntos: “Hay que marcar la cancha a los más jóvenes para que sigan creyendo que se puede hacer otra Argentina, con participación de todas y todos. Lo que hicimos acá va a quedar en la historia, y vamos a seguir imprimiendo historia para que los pibes sepan que podemos hacer cosas cuando las queremos”. Gustavo subraya: “Siempre que haya voluntad participativa, claro”.

Las actividades industriales más importantes en Argentina están en crisis. Según el Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE), la industria, el comercio y la construcción –principales actividades en materia de empleos y establecimientos– se encuentran 10 puntos por debajo de los años previos. Desde la asunción de Milei se perdieron casi 300.000 empleos formales: más de 169 mil en el sector privado. Todo esto impacta en el consumo y en el endeudamiento de las familias, que pagan gastos corrientes con la tarjeta de crédito. Este combo, al mundo cooperativo lo afecta por la caída de ventas, la dificultad en la generación de ingresos, el aumento de todos los índices para sostener la vida, y una imposibilidad angustiante en incrementar los salarios recuperados.

Todo se traduce en una situación anímica de bajón, y por eso en Patricios apuestan a que el centro cultural aporte otro aire al día a día. “Y nuevas fuentes de trabajo. Porque eso es lo que nosotros hacemos: generar trabajo. Al trabajador que entra a una recuperada hay que explicarle que ese lugar es un puesto de lucha. Este lugar está ahí porque se recuperó. Y costó: fue un conflicto obrero, gremial, y por eso todo en Patricios tiene ese tinte social. Más allá de un puesto de trabajo, es un puesto de lucha. Hay que verlo así. Y, también, como que los trabajadores podemos hacer otras cosas: no solo agachar el lomo y laburar”.

Ir por más

Cristian tiene 39 años y es uno de los hijos de Gustavo. Entró en los orígenes, allá por 2004, cuando tenía 17: “El trabajo cooperativo ya es una parte personal mía, identitaria, muy fuerte. Hay que encontrar el método y el mecanismo para que llegue a más personas”. Por eso, también, el centro cultural: él será uno de los referentes de la fábrica que lo estará llevando adelante junto a compañeros de la Radio Gráfica. “Lo que más nos gustaría es generar trabajo para pibes y pibas –dice Cristian–. Pasar cine, gratis, no solo películas comerciales, sino también con fines sociales. Hacer teatro. Sumar una biblioteca obrera”. 

¿Cómo entenderlo? Son tiempos donde lo cooperativo y lo común parecieran estar ubicados en coordenadas extrañas a lo que podría volcarse desde Scott Bessent para abajo. Gustavo piensa: “La parte más difícil hoy es la toma de conciencia del trabajador. El obrero está automatizado, más en la generación mía, en venir a trabajar de 8 a 12 horas, con suerte hacer horas extra, marcar tarjeta e irse a la casa. Después, cero participación”. ¿Y en los nuevos? “Es ver si toma conciencia de lo que es una recuperada. Que se le meta en la piel y en la sangre que esto no lo regaló nadie. Cuesta esa toma de conciencia, sí, porque el desafío no es que el trabajador se sienta dueño, sino parte de un proyecto”. 

El proyecto Patricios involucra a 300 puestos de trabajo, directos e indirectos, entre la fábrica, la escuela, el CeSAC, la radio, y confían en ser más con el centro cultural. Gustavo: “Hay que darles la oportunidad a los pibes y las pibas para que se puedan expresar y participar. El desafío en Argentina, hoy, es generar trabajo. Ahora se viene la reforma laboral, quieren flexibilizar las condiciones todavía más, mientras tenemos una CGT ausente, que no representa a nadie. Por eso, hay que seguir haciendo cosas”. 

La pregunta inicial vuelve.

¿De qué nos agarramos para sobrevivir?

Cristian: “De los proyectos. Eso te va impulsando día a día para continuar la lucha”.

Gustavo: “Es una buena pregunta. No quedarse. Nunca hay que quedarse, sino pensar siempre un poquito más arriba. Siempre tratando de hacer cosas. Y si algo anda mal, participar hasta cambiarlo; porque, si no, nunca se va a cambiar. Nos pegan de todos lados. Nos quieren sacar todo. Y eso hay que defenderlo a capa y espada. Por eso en Patricios tenemos que estar más unidos que nunca. E ir por más. Siempre vamos por más”.

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La quinta pata al sapo: los hallazgos científicos sobre el modelo agrotóxico

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Podría ser una serie sobre ciencia y distopías, pero no. El biólogo Rafael Lajmanovich fue citado por el científico Andrés Carrasco, ex presidente del CONICET, en sus famosos estudios sobre los efectos del glifosato. Actualmente continúa esa línea de investigación, que analiza el impacto de plaguicidas en anfibios, peces y ríos, para que se entienda qué pasa con las personas y comunidades. Sus descubrimientos, tan escalofriantes como necesarios, brindan pruebas de una realidad invisibilizada, y abren más preguntas sobre el modelo tóxico: ¿hasta cuándo? Sapos con cinco patas, lo que cuentan los arroyos, la relación anfibios-humanos y cómo revertir el desastre. Por Francisco Pandolfi. Fotos de Pablo Piovano/Lawen.

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Frankenstein, el monstruo que te parió: de Mary Shelley a Milei

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Hija de una feminista (que murió al parirla), Mary Shelley soportó el rechazo de su padre y la muerte de tres hijos, entre otras violencias. Escribió Frankenstein a los 19, estando embarazada. Y describió como nadie las relaciones –sociales y políticas, no solo biográficas– entre creadores y criaturas. Ante un nuevo film que actualiza su novela en carrera para el Oscar, una lectura en clave argenta y que llega hasta Zohran Mamdani, para no creer que todo está perdido. Por Claudia Acuña.

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Jony de la Silla y el movimiento disca: sobre ruedas

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En días en que el gobierno fracasó en su intento de eliminar la Ley de Discapacidad, esta es una de las tantísimas historias de ese enorme movimiento «disca» que se movilizó en estos años para reclamar derechos, inclusión y respeto. Jonathan Jeferly Algalarronda Rondan tuvo un trastorno genético, golpes y operaciones. Usa silla de ruedas desde los 18 años. Migrante, okupa, marrón, disca, trapito: “las tengo casi todas”. Se define «disca», conventillero, artista popular, y nada lo frenó: ni el incendio de su casa, la desocupación y la discriminación. Conoció al Chavo y a Lady Di, y tras la muerte de Darío y Maxi se abrió a otras formas de entender la vida. Habla sobre la sociedad que discapacita, la vida amable, los garrones, las pequeñas batallas, las series. Del capitalismo depresivo al humor y cómo hacer que te vaya mejor en la vida. Y si le preguntan cómo anda dirá, aunque con doble sentido, dos palabras: mejor, imposible.  Por Sergio Ciancaglini. Fotos Lina Etchesuri.

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