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La cultura de la lucha: margaritas, rap, Susy Shock y más en otra emotiva jornada por Lucía

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La Campaña Nacional Somos Lucía realizó una conmovedora intervención en Plaza de Mayo en el marco de las actividades de la instalación El cuarto de Lucía, que se estrenó el jueves en La Manzana de Las Luces y continuará hasta el 10 de septiembre. Cincuenta personas viajaron durante la madrugada y cerca del mediodía se pararon frente a la Casa Rosada a arrojar margaritas en una manifestación poética para exigir justicia. Luego, en La Manzana, con presencia de otras familias sobrevivientes de femicidios y de Cristina Castro, mamá de Facundo Astudillo Castro, la jornada continuó con las coplas de Susy Shock, la lectura de Noemi Frenkel y el rap de La Cultura del Barrio. Del arte a los abrazos, otra forma de construir justicia.

El micro salió a la 1 de la madrugada de Mar del Plata, cargado de 50 personas que a las 7 llegaron a la Ciudad de Buenos Aires.

Ya a las 11, esas 50 personas están paradas frente a la Casa Rosada.

Muchas están casi sin dormir. Son de la Campaña Nacional Somos Lucía, el movimiento que nació para acompañar a Marta Montero, Guillermo Pérez y Matías Pérez, mamá, papá y hermano de la joven asesinada en 2016, y ya son un abrazo dispuesto a sanar heridas de forma colectiva. Es que en el micro también vinieron familiares de Agustina Fredes y Analía Aros, ambas asesinadas en 2017. La hija de Analía es parte de la acción que en el Día de las Infancias se planta para exigir justicia, en el marco de las actividades de El Cuarto de Lucía, la instalación que se estrenó el jueves en La Manzana de las Luces y seguirá hasta el 10 de septiembre, cargada de actividades como éstas.

La cultura de la lucha: margaritas, rap, Susy Shock y más en otra emotiva jornada por Lucía
El grupo marplatense La cultura del barrio. Foto: Lina Etchesuri

Primero, es el grupo de rap marplatense La cultura está en el barrio que interpreta el tema Somos Lucía. Minutos antes reparten la letra impresa en hojas A4, enseñando la melodía del estribillo, y cuando llega el momento, la Plaza de Mayo, en media de una neblina invernal, queda sumergida en un mantra:

“Danos tu fuerza porque tu luz nos guía,

alzamos la voz porque Somos Lucía,

estamos luchando como vos lo harías,

esto no se para hasta encontrar justicia”.

Así dice el estribillo que compuso el grupo de rap la cultura del barrio.

Esa justicia es la que luego se simboliza en una mujer que se para vestida de blanco y con los ojos vendados, barbijo también blanco, mientras la bandera de la Campaña se pone de frente a la Casa Rosada. De la mano, del brazo, del hombro, le cuelgan la tapa de la revista MU con el rostro de Tehuel y la pregunta “Dónde está”. También carteles con fotos, nombres y pedidos de justicia. Son los rostros y nombres de Lucía Pérez, de Agustina Fredes, de Analía Aros, de María Tobio, también presente, que está denunciando a su padre, a su tío y a su abuelo por abusos que sufrió desde los 3 a los 11 años.

A su alrededor, siete chicas con los ojos vendados se recuestan sobre el piso de la plaza, se ponen de cuclillas, se quedan paradas.

Se quedan quietas.

Suena un tambor, y una voz, que contextualiza de forma poética:

“Nos quieren flores quietitas en macetas.

Somos flores rabiosas que aman, lloran, para no olvidar.

Somos flores salvajes.

Si la justicia duerme, te invitamos a tirar una flor y que se sienta tu rabia, tu amor, y tu voz”.

Los cuerpos empiezan a moverse, se paran, se sacan las vendas, sonríen.

Los cuerpos danzan.

Luego, esas mamás, esos papás, esas hermanas y hermanos, amigas y amigos, se acercan a la Casa Rosada cubierta de neblina, y arrojan margaritas por encima de las rejas.

De las bocas de esas familias, muchas sin dormir tras viajar más de 400 kilómetros durante toda la noche, brotan tres gritos, los mismos que repiten en la ronda que hacen alrededor de la Pirámide de Mayo, allí mismo donde están dibujados los pañuelos de las Madres y de las Abuelas:

  • “Justicia. Ni uná más”.
La cultura de la lucha: margaritas, rap, Susy Shock y más en otra emotiva jornada por Lucía
Foto: Lina Etchesuri

El abrazo de quienes sienten

Ya en La Manzana de Las Luces, en la instalación que inauguraron el jueves, minutos antes de las cinco de la tarde y bajo una niebla que cada vez se hacía más espesa, Marta Montero da las gracias a las personas que brindan su apoyo y compañía: “Le agradezco a la mamá de Facundo Castro, que también ha venido. Estamos juntas en este camino de lucha, de justicia por nuestros hijos”. Cristina, mamá de Facundo, el joven de 22 años cuyo cuerpo apareció hace exactamente un año en Villarino luego de estar desaparecido desde el 30 de abril de 2020, manifestó: “Soy la mamá de Facundo, quien fuera desaparecido y muerto por la policía bonaerense el año pasado. Quise venir a acompañar a los papás y abrazarlos porque cuando los abrazás y te volvés a tu lugar de origen sabés que te llevás el abrazo de los que sienten lo mismo que vos”.

Cristina viajó desde Pedro Luro hasta CABA con sus abogados Leandro Aparicio y Luciano Peretto a un año del hallazgo del cuerpo de Facundo en un cangrejal de Villarino. Se reunieron con el Procurador General Eduardo Casal y la ministra de Seguridad, Sabina Frederic, y brindaron una conferencia en Amnistía Internacional donde pidieron por el apartamiento de la jueza María Gabriela Marrón, a la que señaló como «la culpable de que la causa nunca haya avanzado».

La cultura de la lucha: margaritas, rap, Susy Shock y más en otra emotiva jornada por Lucía
Guillermo Pérez, Cristina Castro, Marta Montero y Leandro Aparicio. Foto: Lina Etchesuri

También se hicieron presentes y agradecieron a todes quienes estaban en la Manzana de las Luces, Miguel Osorio, papá de Cristian Osorio, desaparecido en 2018 en el hundimiento del Buque Rigel en aguas marplatenses. María Tobio, víctima de abuso sexual durante su infancia por parte de su progenitor policía. Matías y Guillermo Pérez, hermano y papá de Lucía. Blanca Ozán, la mamá de Agustina Fredes, el hermano y la hermana de Agustina, asesinada en Mar del Plata en 2017 y Ana Soto, mamá de Analía Soto, asesinada también en 2017 en Mar del Plata.

Luego, la actriz Noemí Frenkel leyó la carta de la familia de Lucía dirigida a las personas que visitan la instalación, que arranca diciendo “todo femicidio es evitable”, y asegura: “Hoy estamos acá con El cuarto de Lucía, que representa esa parte de nuestra vida que la violencia femicida arrancó de nuestro hogar.

Compartimos ese vacío, esa ausencia, esos sueños que ya no serán soñados, nuestra pesadilla, con la esperanza de que les transmita nuestra convicción: Ni Una Más es posible”.

Llega el momento de escuchar a la artista Susy Shock, quien tocando la caja canta y pregunta ¿Dónde está Tehuel? “Estaba pensando –cuenta Susy- que a las travas nos parieron políticamente las Abuelas y las Madres de Plaza de Mayo. Algunas tuvimos madres asombrosas como la Nelly, que ya no la tengo más, que han sabido abrazar cuando tenían que abrazar. Las travas sabemos de la ausencia del Estado, de la ausencia de justicia y de la ausencia de abrazos. En general, sigue pasando eso. Y la historia se empecina lamentablemente y en algún sentido por fortuna, en volver a juntar a las travas con las madres. Con Gaby Mansilla, la mamá de Lulú, la primera nena trans en tener el documento de identidad en Latinoamérica, que es un vínculo hermoso que hemos logrado y eso nos acercó a las Infancias Libres. Hay algo de parirse también en les hijes y esa es otra historia profundísima que alguien va a tener que escribir alguna vez y que nos toca vivirla a estas generaciones”.

El ritmo de la caja y su voz despiertan aplausos y movimiento, que atenúan el frío mientras de fondo atardece. “Que no nos quiten la alegría, por favor. Tenemos que estar en ronda, cuidándonos pero juntes”, dice y se despide con la canción del estribillo justo para este día: “Si no cantamos las penas,  las seguiremos penando”.

El cierre musical y de la jornada, como en la mañana, llega de la mano del grupo La Cultura está en el Barrio. Con el tema “Somos Lucía”, enviaron un abrazo al cielo y acompañaron con la potencia de sus voces a les familiarxs presentes.

Un ritual para exorcizar la furia, cantar las penas y transformar el dolor en lucha. 

Una ceremonia colectiva para exigir justicia por las que ya no están y afirmar, como dijo Marta, que si luchamos todes juntes Ni Una Más es posible.

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Lucía Pérez: la lucha para que al femicida Matías Farías no le bajen la condena

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(por Evangelina Bucari desde Mar del Plata, para lavaca)

Casi una década después del crimen que conmocionó a la Argentina y dio origen al primer Paro Nacional de Mujeres, el caso de Lucía Pérez enfrenta un nuevo capítulo judicial y otra instancia de revictimización para su familia, que ya atravesó todo tipo de maltratos en la búsqueda de justicia por el narcofemicidio de su hija de tan solo 16 años. (Foto de portada, Marta Montero y Guillermo Pérez, padres de Lucía, junto al abogado Juan Pablo Gallego)

En los tribunales de la calle Almirante Brown, en Mar del Plata, se lleva adelante una audiencia de cesura, un proceso de dos jornadas para determinar una nueva pena para Matías Farías, condenado por femicidio pero beneficiado el año pasado por un polémico cambio de carátula que hora le permitirá recibir una sentencia significativamente más baja que la prisión perpetua que cumplía.  

Tras un primer día (el miércoles 29 de abril) marcado por las declaraciones testimoniales que buscaron trazar el perfil del condenado y el impacto del crimen, la segunda jornada estará centrada en los alegatos finales de las partes.

El eje de la controversia radica en un fallo de 2025 de María Florencia Budiño y Víctor Violini, integrantes del Tribunal de Casación de la Provincia de Buenos Aires, quienes resolvieron que el asesinato de Lucía no constituyó un femicidio, sino un “abuso sexual agravado”.

Esta reconfiguración del delito tiene consecuencias directas en la condena: mientras que el femicidio conlleva prisión perpetua, la nueva carátula reduce el rango de la pena a un espectro de entre 8 y 20 años de prisión.

La querella, encabezada por el abogado Juan Pablo Gallego, adelantó que tanto la fiscalía como ellos pedirán la pena máxima posible. Sin embargo, aclaró que también plantearán una vía alternativa: “De manera subsidiaria, vamos a sostener la figura de femicidio, porque entendemos que la orden de Casación ha quedado abstracta”.

Sobre lo ocurrido en la primera jornada, el abogado destacó que “solo declararon los padres de Lucía”, y que Marta Montero, la madre, “tuvo una posición muy categórica, responsabilizando al Estado por el daño que viene padeciendo la familia”.

Gallego también cuestionó con dureza a la defensa: “Presentaron dos testigos falsos que terminaron en un papelón, en un contexto de muchísimo agravio hacia la víctima”. Pese a ese escenario, aseguró que la querella se retiró conforme con el desarrollo de la audiencia y con expectativas de cara a los alegatos finales.

En medio de esta tensión, la causa sumó otro giro relevante. Juan Pablo Offidani, condenado como partícipe secundario, vio revocada su libertad condicional hace apenas unos días. La Cámara de Apelación y Garantías hizo lugar al recurso del fiscal y la familia, y determinó que no se cumplían las condiciones para su excarcelación.

Offidani, quien inicialmente había sido beneficiado con la libertad tras pasar nueve años detenido, ahora deberá someterse a un régimen de semilibertad estrictamente supervisado, con salidas diurnas limitadas y la prohibición absoluta de acercarse a menos de 200 metros de la familia Pérez Montero.

Lucía Pérez: la lucha para que al femicida Matías Farías no le bajen la condena

En la puerta del juzgado, familiares y manifestantes con el abogado Juan Pablo Gallego, que explica:“Estamos ante un caso en el que, por motivos que se desconocen o por relaciones de poder, se busca beneficiar a una persona claramente identificada como autor de un crimen que el Código Penal define como femicidio”.

Ni un paso atrás  

La defensa de la familia Pérez Montero advirtió que si el tribunal local no convalida la gravedad del crimen y el perfil peligroso del condenado, recurrirán a la Corte Suprema o incluso a instancias de justicia internacional.

En cuanto a los fundamentos del fallo que modificó la calificación del caso, Gallego fue contundente: “En casi todos los párrafos, la propia Casación reconoce que se trata de un delito en un contexto de violencia de género, por lo que no se entiende el motivo de haber descartado el femicidio”.

En esa línea, vinculó la decisión con una coyuntura política específica: “En ese momento –señaló– se hablaba de eliminar la figura del Código Penal, cosa que finalmente no ocurrió”. De todos modos, se mostró confiado en que esa interpretación pueda revertirse.

Fue enfático en afirmar que desde la familia “no vienen a inventar una verdad”, sino a mostrar que los hechos probados encajan perfectamente en la figura que intentó “borrar” la Cámara de Casación. “En la audiencia de cesura volvió a quedar acreditado, como en todas las resoluciones y los juicios, que inequívocamente existió femicidio”, remarcó el abogado. Por eso, consideró que “estamos ante un caso en el que, por motivos que se desconocen o por relaciones de poder, se busca beneficiar a una persona claramente identificada como autor de un crimen que el Código Penal define como femicidio”.

Marta, que desde el día uno no dejó de luchar por su hija y “por todas las Lucías”, tiene una pregunta muy sencilla para hacerle a la justicia: “Si lo que le hicieron a Lucía no es femicidio, ¿entonces qué es?”.

Cronología de 10 años de impunidad y lucha

2016: Lucía es drogada, violada y asesinada el 8 de octubre. Las pericias forenses confirmaron que la última penetración anal infligida a Lucía ocurrió mientras ella agonizaba. Tenía rastros de drogas en su sangre.

2018: un primer juicio «misógino» absuelve a Matías Farías, Juan Pablo Offidani y Alejandro Maciel, los tres implicados en la violación y el femicidio de Lucía, condenándolos solo por venta de drogas.

2020: Casación anula ese juicio por contener «intolerables prejuicios de género».

2023: en un segundo juicio, Farías es condenado a perpetua por femicidio. Y Juan Pablo Offidani recibió la pena de 15 años de prisión por resultar partícipe secundario del delito de abuso sexual con acceso carnal agravado por el suministro de estupefacientes, y Alejandro Maciel, no recibió condena porque había fallecido en 2020.

2025: Un nuevo fallo de Casación “borra” el femicidio, e impone una audiencia de cesura para revisar la condena de Farías.

29 y 30 de abril de 2026: se desarrolla la audiencia de cesura.

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Cecilia Basaldúa: su cuerpo, en una fosa común

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Por Bernardina Rosini para lavaca.org

Desde Córdoba

Bajo la lluvia, debajo de un árbol, rodeados de las personas que los acompañan desde el femicidio de Cecilia Basaldúa, hace 6 años, sus padres hicieron una conferencia de prensa que no tendría que haber sido necesaria. Susana Reyes y Daniel Basaldúa debieran estar viviendo esta jornada de otro modo. Debieran poder decirle a su hija que la extrañan pero que lograron hacer justicia, que descanse en paz. En cambio, están parados en el cementerio de San Vicente de Córdoba Capital, en una ciudad que no es la de ellos, sin saber con certeza si el cuerpo que está allí es el de Cecilia.

Este sábado se cumplen seis años desde que apareciera el cuerpo de Cecilia Basaldúa en un codo de río de Capilla del Monte. Tenía signos de abuso sexual y estrangulamiento. Llevaba veinte días desaparecida. Era la peor noticia que podían recibir sus padres. Hoy reciben otra: Cecilia está enterrada en una fosa común, junto a desconocidos (según el reporte que les entregaron se tratan de “Silvia Becerra” y “Eduardo Arce”) en este cementerio. Nadie les avisó. No fueron notificados. No estuvieron presentes. No dieron su autorización.

Cecilia Basaldúa: su cuerpo, en una fosa común

«A nosotros nos mataron a nuestra hija y queremos justicia», dice Daniel. «Debe haber responsables, debe haber firmas, nombres de quienes han autorizado esto. Se tiene que encargar la misma justicia de dar con el o los asesinos pero también de los responsables de estos traslados del cuerpo. Ya sé cuál es su argumento: que nosotros sabíamos, y lo digo de nuevo acá: nosotros no sabíamos nada».

Susana apunta a los próximos pasos: «Queremos un ADN. Nosotros no tenemos la certeza de que allí está enterrada Cecilia. Es una incógnita».

Un cuerpo desaparecido

La abogada querellante Gisela Videla explicó lo que esa incógnita significa en términos jurídicos y humanos: «Desde una perspectiva de derechos humanos, el cuerpo de Cecilia, hasta que no se sepa efectivamente dónde está, es un cuerpo que está desaparecido. Si hoy nos dicen que en la morgue ya no está y estaría supuestamente acá, pero con una cadena de custodia rota, no sabemos efectivamente: el cuerpo de Cecilia está desaparecido hasta que se haga este ADN». Y agregó: «Desde el punto de vista humano, es una crueldad manifiesta y sistemática que se viene dando para con estos padres. Sigue siendo un ninguneo y un manoseo de una situación tan dolorosa como es la de perder a una hija y a seis años que no haya ni una persona imputada en relación al hecho en sí».

Para entender cómo se llegó hasta acá hay que volver a noviembre de 2021. Antes de que comenzara el juicio que finalizaría absolviendo a Lucas Bustos, la querella presentó por escrito su oposición explícita a que el cuerpo fuera retirado de la morgue judicial. La familia quería avanzar con pericias más exhaustivas. El escrito quedó en el expediente. El cuerpo fue enterrado igual.

La familia no supo nada de esto hasta octubre de 2024, en una reunión con la actual fiscal de la causa, Sabrina Ardiles –la cuarta en hacerse cargo de una investigación que pasó también por Paula Kelm, el fiscal de Cámara Sergio Cuello, Barrera y Nelson Lingua–. Ardiles les mostró un papel, un comunicado. El cuerpo de Cecilia no estaba en la morgue judicial como ellos suponían desde hacía cinco años.

Cuando la fiscal habló públicamente sostuvo que la familia había sido notificada. La abogada querellante Daniela Pavón lo desmintió: el oficio estaba en la causa desde noviembre de 2021, pero la querella no tuvo acceso al expediente de Bustos desde su elevación a juicio. No existieron las varias notificaciones que mencionó Ardiles. El cuerpo de Cecilia Basaldúa fue inhumado sin autorización, sin consentimiento, y en condiciones que los propios trabajadores del cementerio calificaron hoy como «extrañas».

Cecilia Basaldúa: su cuerpo, en una fosa común

¿Quién mató a Cecilia?

Cecilia no murió una sola vez. La mató uno o varios femicidas que todavía caminan libres. La mató una fiscal que apuró el cierre de la investigación, mantuvo en prisión dos años a un joven inocente y puso la firma para que se desarrollara lo que terminó siendo un simulacro de proceso judicial. La mató un sistema que apostó durante años a fiscales que demoraron, desgastaron y clausuraron posibilidades reales de avance en la causa. La mató la burocracia que perdió el oficio, o lo ocultó, o simplemente decidió que no importaba notificar a sus padres que el cuerpo de Cecilia sería retirado de la morgue y enterrado. Cada institución que intervino en esta causa dejó su marca sobre ella. Una cadena de violencias. Una cadena de femicidas.

Además de los cuatros fiscales, el cuadro de estos seis años es éste:

  • Cuatro policías presos por violencia de género, entre ellos quienes dirigieron la búsqueda y la investigación original.
  • Un imputado absuelto porque las pruebas no existían.
  • Un sospechoso principal -Mario Mainardi, la última persona que alojó a Cecilia en Capilla del Monte- que vendió sus pertenencias, borró mensajes, pintó la casa donde ella se hospedaba (donde se registraron once muestras positivas de luminol) y se mudó a Rosario: libre, sin imputación, sin investigación que lo alcance.
  • Y un cuerpo enterrado sin autorización, en una ciudad que no es la de su familia, en una fosa que no eligieron.

La Ley de Víctimas 27.372 existe para que nada de esto ocurra: garantiza el derecho a ser asesorado, a acceder a la justicia, a recibir protección y a ser escuchado durante todo el proceso penal. El Estado cordobés la violó en cada uno de esos puntos tal vez porque se entrena para lo contrario.

Al cerrar la jornada en el cementerio, Daniel y Susana repitieron el profundo agradecimiento a quienes siempre los acompañan, “la familia Basaldúa ahora es grande, y yo sé que Cecilia nos está dando fuerza, está por ahí dándonos fuerza”. Gran número de las mujeres presentes vinieron desde Capilla del Monte, traen su rostro y gritan “Cecilia Gisela Basaldúa, ¡Presente! ¡Ahora y Siempre!”

Este sábado la actividad continuaba en Capilla del Monte donde la Mesa de Trabajo «Justicia por Cecilia» convocó una movilización “por Memoria, por Verdad y Justicia, y para que los culpables de su femicidio sean condenados”.

La semana que viene, sus abogadas harán una presentación judicial para determinar responsabilidades en torno a las órdenes que se dieron para sepultar sus restos sin consultar a la familia.

Cecilia Basaldúa: su cuerpo, en una fosa común

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Adiós a Claudia Rodríguez: la Trans andina que propuso politizar el amor

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Referente del movimiento trans latinoamericano, activista, poeta, escritora y tanto más, escribió sobre su infancia, la militancia trans, la vida sexual y se autoproclamó Miss Sida en 2007. Claudia Falleció este 29 de Noviembre. Su pelea incluyó al pueblo mapuche, la educación pública, los sin techo, y planteó siempre una filosa crítica al neoliberalismo, que quita posibilidades de vida y las transforma solo en posibilidad de consumo. En uno de sus viajes a la Argentina compartió con la revista MU sus ideas sobre el orgasmo, el feminismo sin resentimiento, la creación, y por qué hay que politizar el amor. Un modo de homenajearla, de recordarla, y a la vez de volver a estar en contacto con un pensamiento y una acción que dejan una sensible huella cultural, artística y política.  

Por María del Carmen Varela

Foto: Lina Etchesuri

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