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Colonialidad

Malvinas y Antártida en la mira: La guerra invisible

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Juan Rattenbach recoje el guante de su abuelo, autor del Informe Rattenbach que denunció a las jerarquías militares por los errores y delitos cometidos en Malvinas. El significado hoy: Gran Bretaña ocupando colonialmente el 25% de la superficie argentina, y el arte de pasar desapercibida. La Antártida y el Atlántico Sur en la geopolítica actual. El rol de Estados Unidos y China. El ataque a la industrialización fueguina. Dos cuestiones: ¿Cuál es nuestro centro geográfico? ¿Y cuándo nació el pueblo?

Por Sergio Ciancaglini

Fotos Martina Perosa/lavaca.org

Existe una grieta entre quienes aseguran que el centro geográfico argentino está en Córdoba y quienes lo ubican en La Pampa. Algunas sectas suponen que el centro de toda la existencia nacional está en la ciudad autómata de Buenos Aires. La charla con Juan Rattenbach permite ubicar otra perspectiva a partir de una cartografía que suele resultar un tanto relegada.
En los mapas convencionales figura el bellísimo, enigmático y a veces escabroso territorio que va desde Jujuy hasta Ushuaia a lo largo de 3.694 kilómetros.
La Antártida aparece en un pequeño recuadro al costado derecho.
Pero el Mapa Bicontinental muestra la proporción de la Antártida con respecto al resto del territorio y permite ver cómo es en realidad esa parte del mundo: la distancia desde Jujuy hasta el Polo Sur es de casi 8.000 kilómetros.
El mapa bicontinental revela entonces un inesperado centro del país: Tierra del Fuego.

“Y se puede ver que Tierra del Fuego es la puerta de entrada a la Antártida y por eso es el lugar más importante de la geopolítica nacional”, explica Rattenbach. ¿Y qué hay en la Antártida? Petróleo, gas, toda clase de minerales, alimento (peces). En un mundo decrépito la Antártida es un continente casi virgen que funciona como tentación geopolítica.
Aclara: “Lo principal para mí es el agua. Allí está el 90% del hielo y el 70% del agua dulce del mundo. Y otra cuestión. Tierra del Fuego, la Antártida y por supuesto Malvinas, son parte de nuestra identidad. Entonces estamos hablando de un tema geopolítico porque esa porción del planeta le pertenece a la Argentina. Pero esto también nos habla de nuestra historia y futuro, de qué somos como país”.
Siempre se habla de buscar un norte. Aquí aparece un sur, que para Juan incluye de modo fundamental a Malvinas, al modo en el que Gran Bretaña ha logrado volverse invisible pese a ocupar el 25% del territorio bicontinental, y a nuevos y eternos enfoques sobre la historia, incluyendo una pregunta biográfica: ¿cuándo nació el país?
Juan Rattenbach tiene 36 años, es abogado egresado de la UBA, magister en Economía Aplicada de la Universidad Torcuato Di Tella, coordinador del Grupo de Trabajo de Malvinas, Antártida, Atlántico Sur y Cuenca del Plata de OCIPEx (Observatorio de Coyuntura Internacional y Política Exterior), asesor de contenidos del Museo de Malvinas e Islas del Atlántico Sur y describe así otros aspectos de su biografía: “Soy malvinero, peronista, católico y ricotero: no me falta ninguna”.

El abuelo y el papá

Nació en una infrecuente familia militar. Es nieto del teniente general Benjamín Rattenbach, quien presidió la Comisión de Análisis y Evaluación de las Responsabilidades Políticas y Estratégico Militares en el Conflicto del Atlántico Sur, que integró con otros siete militares en 1982. El resultado de esa gigantesca investigación sobre lo que hicieron y deshicieron las Fuerzas Armadas durante Malvinas se conoció en 1983 como Informe Rattenbach, que calificó a aquella guerra una “aventura militar”, determinando para las máximas jerarquías (Galtieri, Anaya, Lami Dozo) tipificaciones de penas que incluían la de muerte ante la cantidad y calidad de los errores y delitos cometidos. Además, el Informe reivindicó aquellos casos en los que se actuó incluso con heroísmo, empezando por las propias tropas.
El padre de Juan, el coronel Augusto Rattenbach, fue uno de los fundadores e integrantes del CEMIDA, el Centro de Militares para la Democracia Argentina, surgido en 1984, junto a colegas de armas como los coroneles Horacio Ballester y Juan Luis García (ambos declararon en el Juicio a las Juntas de 1985) y, entre otros, el general Jorge Leal, su primer presidente. Leal había encabezado en 1965 la primera expedición a pie que llegó hasta el Polo Sur, la Operación 90 (por los 90º de latitud sur). Una travesía que entre ida y vuelta llevó 66 días para recorrer 2.900 kilómetros, con dos trineos tirados por perros, cruzando cerros de 3.000 metros de altura a temperaturas muchas veces menores a los 40º bajo cero, para izar allí la bandera argentina.
Estos ex militares fundaron el CEMIDA, según lo escribieron, “hastiados de golpes de Estado y sistemas dictatoriales, avergonzados de la impunidad de algunos delincuentes que con su accionar pretendieron mimetizarse con las instituciones que su conducta había deshonrado” y buscaban “hacer conocer a la opinión pública y en particular a los Oficiales de las Fuerzas Armadas, la existencia de un pensamiento militar genuinamente constitucionalista opuesto a toda manifestación militar que exceda los límites de lo legal, lo moral y lo ético; según las más puras tradiciones sanmartinianas”. Osvaldo Bayer escribió sobre el CEMIDA: “Ni Alfonsín, ni Menem recurrieron a ellos. Al contrario, se los aisló; los medios de prensa apenas si los mencionaban, a pesar de que dieron conferencias de alto valor donde se resaltaba la ética que debía tener un nuevo ejército en la democracia”. Se disolvió a comienzos de este milenio.
El joven Rattenbach ceba un mate binacional, que mezcla yerba argentina con uruguaya, y se queda pensando: “A mi abuelo no alcancé a conocerlo, falleció en 1984. Renunció a todo tipo de honorarios por su trabajo en el Informe y fue muy duro con los comandantes de la dictadura. Aparte de los temas del CEMIDA, yo veía que en abril de cada año entrevistaban a mi padre para que hablase sobre el Informe. Cuando lo desclasificaron en 2012 empecé a meterme en la cuestión Malvinas. Después pude entrar al Museo en 2014 y conocer todo el tema del Atlántico Sur con una profundidad que antes no tenía”. Sobre su abuelo y su padre dice: “Creo que ambos cumplieron con su deber”.

Malvinas y Antártida en la mira: La guerra invisible

Juan Rattenbach frente al Museo de Malvinas e Islas del Atlántico Sur: «Si partimos de la Argentina bicontinental desde La Quiaca hasta el Polo Sur, tenemos como mínimo el 25% de la superficie total del país ocupada por Gran Bretaña. Las islas, y además el mar”.


El agua del mundo

Antártida, Tierra del Fuego, Malvinas. Juan mapea toda esa complejidad: “Estamos en una línea de tiempo de la posguerra de Malvinas, que es paralela a los 43 años de democracia. Los británicos reocuparon colonialmente Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, y pasaron a ocupar 200 millas alrededor de cada isla. Si partimos de la Argentina bicontinental que iría desde La Quiaca hasta el Polo Sur, tenemos como mínimo el 25% de la superficie total del país ocupada por Gran Bretaña. Las islas, y además el mar”.
Ese escenario, dice, suele ser barrido bajo las alfombras: “Pero esa ocupación significa que la Patagonia austral, y en particular Tierra del Fuego, se convierte naturalmente en el espacio más sensible no solo de cara a sostener nuestra presencia en la Antártida, sino que es el lugar de tierra emergida por el cual nos vamos a proyectar hacia los territorios marítimos insulares. En el escenario de posguerra, Argentina geopolíticamente hablando se replegó en Tierra del Fuego y la Patagonia. De ese repliegue tiene que nacer la proyección hacia el Atlántico sur como corresponde. Además Tierra del Fuego es la gran puerta hacia la Antártida. Por eso su importancia: tenemos el doble de ventaja que Australia y Nueva Zelanda, y el triple de ventaja de Sudáfrica por nuestra cercanía privilegiada”.
La Antártida parece una pizza cortada en siete porciones que representan a los países que reivindican territorios allí: Argentina, Chile, Noruega, Gran Bretaña, Australia, Nueva Zelandia y Francia. “Y tenés que sumar a Estados Unidos y a Rusia, que en el Tratado Antártico plantearon reservas discrecionales sobre toda su extensión: pueden reclamar un metro cuadrado, o el continente completo”. Detalle: ese continente es más grande que Europa.
Argentina es el país con más bases antárticas, 13, de las cuales 7 son permanentes y 6 temporales. Rusia tiene 5, Estados Unidos 3, Chile 4 permanentes y 6 temporales. China no reivindica territorios pero ya construyó 5 bases. Juan: “Somos el único país del mundo que tiene una escuela operativa en Antártida”, dice en referencia a la “Raúl Alfonsín”, para hijas e hijos de quienes invernan en la Base Esperanza. “Por esas cosas en Antártida somos una potencia real”.
¿Qué es lo que está en juego allí? Uno de los temas es la pesca descontrolada con potencias como Rusia, China y Noruega, que está rompiendo las cadenas alimentarias de todas las especies, provoca desequilibrios en el ecosistema y amenaza la capacidad del océano para absorber dióxido de carbono, como lo denuncia la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA). Rattenbach advierte: “Pero la mayor pesca ilegal que tenemos actualmente es la de Gran Bretaña alrededor de Malvinas y el Atlántico Sur”.
Otra trama: el Tratado Antártico y su protocolo ambiental prohíben el extractivismo de recursos minerales y petróleo, definiendo al continente como lugar de ciencia y paz. Rattenbach: “Y aunque se habilitara sacar petróleo, sería antieconómico. El peligro mayor para la Antártida es que es la reserva de hielo (90%) y agua potable (70%) más grande del mundo”. Para calibrar la importancia del planteo, conviene recordar que en una época de ciencia ficción como la actual, la escasez de agua y su contaminación ya no son un pronóstico sino un problema que afecta cada vez a más países y sociedades, con efectos que mejor ni imaginar.
Agregado: “A diferencia del Ártico –que es una masa de hielo en el agua– Antártida es un continente que además funciona como aire acondicionado del mundo: nivela las temperaturas, y las corrientes frías que se desprenden de allí influyen en el resto de los océanos. Sin la Antártida el planeta sería casi invivible”.

Geopolítica inteligente

¿Cómo entender en ese contexto la crisis en el centro del país? “Parecería que el principal problema de la economía argentina es Tierra del Fuego. La dinamitamos, y se arregla todo. Para el gobierno y también para economistas que deambulan dentro del campo nacional y popular. Milei es admirador confeso de Margaret Thatcher, aunque en realidad el que gobierna es Sturzenegger con Caputo, y empezaron a tomar medidas contra la industria fueguina de la mano de las visitas del Comando Sur de Estados Unidos”.
En 2021 había llegado el general Craig Fallen, en 2024 su sucesora, la generala Laura Richardson (MIlei se disfrazó de fajina para recibirla) y en 2025 el nuevo jefe, Alvin Hosley: una sobredosis de interés en la zona.
Rattenbach: “Estados Unidos, con demócratas o con republicanos, no quiere a China en Sudamérica. Ni en Perú con el puerto de Chancay, ni en la estación de observación espacial en Neuquén. Ni el Polo Logístico Antártico ni la Base Naval Integrada de Ushuaia. Esa es su agenda, pero creo que la posguerra de Malvinas ha invisibilizado la existencia misma de Gran Bretaña que ocupa una enorme porción del país y es preponderante para el no desarrollo, para que no haya una infraestructura de defensa, para que no accedamos o cuidemos nuestros recursos en el Atlántico Sur y nos convierte en sujetos pasivos de nuestro propio territorio: el arte británico es pasar desapercibido”. Sobre Estados Unidos: “Los demócratas quieren hacer de Sudamérica un santuario de reserva, por si estalla todo en el hemisferio norte, y los republicanos en cambio proponen hacer de esto una aspiradora de recursos para su beneficio”. ¿Y China? “No da puntada sin hilo. Creo que la idea que tenía de invertir en infraestructura sensible en Tierra del Fuego como el Puerto Multimodal o el Polo Logístico en Ushuaia tiene que ver justamente con avanzar en su despliegue hacia la Antártida”.
¿Y entonces? “Tenemos que plantear un modelo argentino inteligente, una especie de tercera posición ambiental donde se contemple el desarrollo económico con el cuidado de la Casa Común, como decía el Papa Francisco, y tener una estrategia de soberanía con los otros países sudamericanos”.
¿La relación con Tierra del Fuego? “El régimen de promoción económica en la isla es de 1972, ratificado en 1974 por el Congreso. El objetivo siempre fue geopolítico: ir generando condiciones económicas para cuando Argentina recupere el ejercicio pleno de soberanía en Malvinas, y además garantizar nuestra posición en la Antártida con incentivos para que familias de otras provincias elijan a Tierra del Fuego como proyecto de vida. La idea de bajar los aranceles a cero a la importación de bienes finales pone en juego 7.000 puestos de trabajo directos e indirectos. Proporcionalmente, es como si en la ciudad de Buenos Aires 120.000 personas perdieran su trabajo. Además, ya pasó con Macri y se repite ahora: la importación no baja los precios de productos electrónicos, se genera desempleo y se destruye una industria en un lugar de importancia geopolítica crucial para el país”.
Aclara el joven Rattenbach: “Con esto no se defiende el statu quo, ni a determinadas empresas. La discusión es simple: o se avanza, se profundiza y se mejora el régimen, o se desmantela, se retrocede y se produce el empobrecimiento y desmantelamiento de la Isla Grande, que por supuesto no produce semiconductores y elementos que se hacen en Taiwan o en China, pero que tiene un desarrollo industrial que deben tener 20 países del mundo, no más. Uno de los proyectos para hacer competitiva a la industria fueguina es el puerto multimodal de Río Grande, que bajaría los costos de producción que en muchos casos es para exportar, como pasa con los silobolsas o componentes de vehículos como la Toyota Hilux, entre otros. Pero el puerto iba a contar con financiación china y se frenó al llegar el Comando Sur. Entonces nos quedamos sin trabajo, sin ingresos y con una industria electrónica importada cara. Tampoco se ejecuta el Fondo para la Defensa y está paralizado el Fondo de la Ampliación de la Matriz Productiva (FAMP) con aporte de las empresas fueguinas a través de cada uno de sus productos destinado al Polo Logístico Antártico de Ushuaia, para que el país sea referencia en la exportación de servicios logísticos. La destrucción fueguina es un tema social, industrial y también defensa nacional”.
¿Qué es lo que está en juego? “Ver quién será el principal receptor de la logística antártica a nivel mundial, que se cobra carísima en dólares: si Punta Arenas (Chile), Puerto Argentino en las Islas Malvinas bajo el control colonial británico, o el eje Ushuaia-Río Grande, que es el punto geográfico más cercano a la Antártida, donde parece que tenemos más retrocesos que avances”.

La fecha que falta

Para Juan comprender todo esto parte de su pasión: Malvinas. “Creo que el pueblo argentino es malvinero, se vio hasta en el último Mundial con las canciones. El problema está en la élite argentina, la dirigencia empresaria, política y hasta universitaria, que ha omitido la guerra de Malvinas en los planes de estudio de las carreras de historia. No dejo de ver los tiempos: en Ushuaia a La Libertad Avanza le fue muy bien, no así en Río Grande. Desde el norte, uno espera instrucciones: ver qué va pasando con los fueguinos, que son protagonistas de su propia realidad provincial”.
Como malvinero, menciona al CECIM (Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas) de La Plata, crítico de la dictadura, que denuncia las violaciones a los derechos humanos sufridas por los soldados en Malvinas por parte de sus propios jefes, y tiene como lema: Memoria, Verdad, Justicia, Soberanía y Paz.
“Malvinas es una causa del pueblo, que es el que fue en serio a defender la soberanía con oficiales, suboficiales y soldados conscriptos desbordando a los Galtieri, Costa Méndez, Anaya y demás. Hago un paralelismo con las invasiones inglesas de 1806 y 1807: el pueblo resistiendo a pesar de una élite desbordada. Por eso creo que no hubiéramos tenido 1810 ni 1816 sin una fecha previa: el 12 de agosto de 1806 cuando el pueblo organizado desde cero en milicias, votando a sus jefes y peleando en las calles logró la rendición de los ingleses. Para mí el pueblo argentino nace con el rechazo a las invasiones. Y no tenemos que dejar que nos borren esa historia”.

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Efecto Trump

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«El objetivo es controlar todos los canales bioceánicos» dice sobre la administración estadounidense Valeria Carbone, lo cual acerca una mirada sobre qué intenta Trump con sus amenazas alrededor de Malvinas. Valeria es doctora y docente de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos en la UBA y en la UNLP. Integra grupos de trabajo sobre EE.UU. en universidades de Alemania y México. ¿Cómo entender las movidas de Trump con respecto a Irán, China, Israel, Ormuz, Venezuela, OTAN, Malvinas, Antártida, y hasta el caso de Jeffrey Epstein?

Por Lucas Pedulla

(Entrevista publicada en MU 212)

El director del Centro Nacional de Antiterrorismo de Estados Unidos, Joe Kent, renunció con duras críticas a Trump por la guerra con Irán, de la cual no le va a ser fácil salir y cuyas consecuencias son imprevisibles. Mientras tanto, muchos analistas coinciden en una idea que te traslado: ¿Estados Unidos es un imperio en declive?
El mundo académico viene hablando de la decadencia y la crisis de Estados Unidos desde la década del ‘70. Desde Vietnam en adelante hay signos que muestran una potencia hegemónica resquebrajándose. Vinieron los ‘90, la caída del Muro de Berlín, de la Unión Soviética, el mundo se hizo unipolar, con EE.UU. como única potencia sobreviviente. Se habló del “fin de la historia”, y empezaron a pasar una serie de cosas que indicaban un nuevo proceso histórico: por ejemplo, las Torres Gemelas, el primer ataque recibido en territorio norteamericano desde Pearl Harbor. Fue un momento de quiebre en el que EE.UU. salía de una supuesta unipolaridad para hacer una guerra y tuvo que buscar aliados: por cuestiones de consenso, de recursos, del “orden liberal” como le dicen ahora. El tema es el siguiente: con Trump hay una diferencia interesante y es que reconoce que el poder de EE.UU. está en crisis. “Nosotros queremos volver a ser la potencia que supimos ser”, dice. Cree o entiende que el mundo ahora es multipolar pero no cree en el multilateralismo. Durante Bush, Obama y Biden, EE.UU. habla de ser un primus inter pares, los primeros entre nuestros pares aliados, pero Trump considera que está por encima y que no tiene que negociar su poder con sus aliados. La segunda cuestión es que con Trump se abandona el soft power. Él te está diciendo: “No te voy a inventar una narrativa para decirte que quiero el petróleo de Irán”.

Ya lo dijo en Venezuela…
Joseph Nye decía que el soft power es como el atractivo de una nación que hace que otros países quieran formar parte de esa narrativa. Trump dijo no: es el hard power. EE.UU. está en crisis y esta es una forma de resolver la crisis hegemónica porque no quiere perder el lugar que tiene. Ningún imperio quiere dejar de ser imperio, pero al mismo tiempo veo la falta de respuesta de otros poderes y me pregunto de qué crisis estamos hablando. Trump dijo en campaña: “Yo puedo pararme en la quinta avenida y disparar a la gente y nadie puede hacer nada”. Trasladalo al orden internacional. Estamos en un momento muy particular de la crisis del poder hegemónico pero eso no significa que vaya a caer mañana ni que no haya una resistencia de parte del hegemón para no perder su lugar de privilegio.

Efecto Trump

Valeria Carbone en MU: «Estados Unidos tenía con Irán un acuerdo para la supervisión del desarrollo de armas nucleares y el que lo rompió fue Trump. Gobierna a través del caos: pegar primero y negociar después». (Foto: Lina Etchesuri/lavaca.org)

Ubicás la crisis en los ‘70, pero en esa década ocurrió la Crisis del Petróleo que reconfiguró la hegemonía financiera de EE.UU. con el petrodólar, hoy en riesgo por el cierre de Irán del estrecho de Ormuz. ¿Cómo se relacionan ambos hechos?
Lo difícil del poder no es llegar sino mantenerse. Estados Unidos está en esa: yo quiero seguir siendo un imperio. Antes tenías imperios que duraban centurias y en este caso EE.UU. se convierte en un hegemón indiscutido post segunda guerra mundial, pero en los ‘70 ya está en una crisis. Y no es solo Vietnam: es la crisis económica del petróleo, donde países de la OPEP le imponen precios en el mercado internacional de materias primas y EE.UU. sale del patrón oro para ver cómo reconfigura su moneda; es el caso Watergate y lo que implicó en las instituciones; es el aumento exponencial de la deuda externa dándose cuenta de que es dependiente de otros países; es pasar de tener empresas norteamericanas que dominan en todo el mundo a ser dominado por empresas multinacionales que no son solamente norteamericanas; es que EE.UU. importa más de lo que exporta porque dejó de producir internamente para abastecer el mercado interno y depende más de Japón, de Alemania, de las materias primas de China. Durante toda la guerra fría hubo dos economías que no se tocaban. Hoy tiene una guerra comercial con China pero es el tercer país que tiene su deuda externa y bonos, y depende de las importaciones. EE.UU. se da cuenta que está en una crisis que no puede manejar con las estrategias habituales. Al mismo tiempo, Trump se dio cuenta de que puede secuestrar un presidente y nadie le va a hacer frente. ¿La ONU se va a juntar a hacer una declaración?

En noviembre tiene elecciones de medio término.
Trump tiene mayoría en ambas cámaras y no gobierna con el Congreso. No lo usa. ¿Cuántas veces el congreso de EE.UU. le autorizó o denegó al presidente norteamericano ingresar a una guerra? Ninguna. Los golpes militares en América Latina, el asesinato de un presidente democraticamente electo en Chile, todo eso tampoco pasó con el Congreso. Y también hay una realidad que el comandante en jefe es el presidente. Trump es uno de los pocos presidente al que el Congreso le dice “no te vamos a financiar la guerra”, y Trump dice: “Fantástico, un año de shutdown, gobierno con decretos”. No lo ve como un problema institucional. Hace gala de la concentración de poder. Pero no es ningun tonto porque empezó a señalar explicitamente quién lo convencio de ir a la guerra con Irán: sabe que si hay un juicio politico, ya señaló que es Pete Hegseth (secretario de Guerra) y Marco Rubio (secretario de Estado). La diferencia es que EE.UU. dejó de venderse como un imperio bueno frene a uno malo.

¿Cuál es el rol de Israel?
El peso del lobby israelí es una realidad, prácticamente ineludible. No solo del lobby de los ciudadanos israelíes sino del lobby del estado de Israel, que tiene muchísimo dinero. Es una cuestión que no solo tiene que ver con cuestiones políticas, sino de tecnología, de seguridad, geoestratégicas. Y el consenso parece indicar que esta guerra fue promovida por el lobby israelí. Parece no haber dudas. Israel es un estado teocrático, construido en base a la cuestión religiosa, incluso un elemento importante para su supervivencia regional. Estados Unidos también tiene una alta dosis de teocracia. Aunque parezca increíble –en su momento lo hizo Bush, lo retoma Trump–, hay una idea de cruzada religiosa de preservación de la tradición judeocristiana que tiene mucho que ver con esto. Las decisiones políticas se toman antes de la construcción de la narrativa: la Estrategia de Seguridad Nacional, publicada en diciembre de 2025, habla de la decadencia de Occidente, de la preservación de la religión cristiana, de la supremacía blanca, de la tradición europeísta, grecolatina, cristiana, como parte de la batalla cultural.

¿El caso de Jeffrey Epstein influye? (Por las denuncias sobre abusos, trata de menores y pedofilia, y la cercanía de Trump con ese empresario).
Es el caso LIBRA de Trump. No es una conspiración: medio Washington está involucrado, pero pero el poder está por encima de la moral. El lobby de Israel tiene que ver más con cuestiones materiales: el nivel de financiamiento que EE.UU. le ha prestado, la transferencia de tecnología, el armamento y entrenamiento de las fuerzas armadas; tiene muchos millones de dólares puesto en eso y quiere seguir teniendo ese nivel de apoyo. Al estar rodeado de enemigos tenés un país que, supuestamente, está desarrollando un arma nuclear y esto tiene la potencialidad de convertirse en un conflicto de gran escala, totalmente destructivo. Pero EE.UU. tenía con Irán un acuerdo para una supervisión del desarrollo de armas nucleares y el que lo rompió fue Trump. Gobierna a través del caos: pegar primero y negociar después.

En tu libro Anatomía de un imperio describís las relaciones entre EE.UU. y América Latina. ¿En qué momento estamos?
No hay cambios con la región. Se habla del resurgir de la Doctrina Monroe, es la misma doctrina de siempre: fomentar intervenciones regionales para buscar oportunidades de negocios para que EE.UU. sea el socio preferencial. Buscar la expulsión de China o mitigar los efectos de su intervención. El problema con eso es que EE.UU. no puede invertir lo que sí puede China. Eso no pasaba en la Guerra Fría. Lo que van a hacer es presionar con sanciones, pero están dispuestos a hacer cosas más agresivas que también han hecho en otros momentos de la historia: desde poner 40 mil millones de dólares con el FMI para manipular una elección hasta secuestrar un presidente. La pregunta es qué quiere hacer Argentina. Cuando me preguntaban qué iba a cambiar con Trump, yo decía: nada. El Comando Sur vino a Argentina por primera vez con otro gobierno. Los acuerdos de entrenamiento para las Fuerzas Armadas vinieron antes y van a seguir viniendo. Lo que pasa es que hay un alineamineto totalmente explícito desde lo discursivo en donde no hay una postura nacionalista.

¿Dónde pasa el interés por Argentina?
El interés de Argentina hoy tiene que ver con lo que está pasando en el Atlántico Sur: la presencia China, la pesca ilegal, los recursos, la posible existencia de petróleo, el control de un canal marítimo. Y algo más: si EE.UU. se va a ir de la OTAN, tiene que asegurarse el Atlántico Sur, donde la base militar es de Gran Bretaña y está en Malvinas. Y todo está muy cerca de su otro foco de atención que es la región Asia-Pacifico. Geoestratégicamente hay cosas que son distracciones y otras que son reales, como la intervención del puerto de Ushuaia. Uno de los grandes ejes de interés que tuvo EE.UU. durante años fue el canal de Panamá: Trump ha dicho que planea recuperarlo. El objetivo es controlar todos los canales interoceánicos. Por eso el estrecho de Ormuz. Muchos hablan de las guerras del siglo XXI, pero parece que volvimos a la expansión territorial como en el siglo XIX.

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Trump, la filtración y después: “El gobierno argentino no ha hecho nada bueno por la causa Malvinas”

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“Estamos ante un desquiciado” dice Daniel Guzmán sobre las actitudes de Donald Trump. ¿Cómo entender la amenaza de Estados Unidos de quitarle apoyo a Gran Bretaña por las Malvinas? ¿Es algo que puede beneficiar a Argentina? Guzmán es ex combatiente de la guerra de 1982, habitante de Tierra del Fuego y creador del portal web Agenda Malvinas. El Congreso, el gobierno, las relaciones internacionales, los recursos naturales y datos sobre la geopolítica de estos días.

Por Sergio Ciancaglini

Fotos Juan Valeiro/lavaca.org (Imagen de portada: cuadro en el Museo Pensar Malvinas, de Ushuaia, provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur)

Un mail del Pentágono performáticamente filtrado sugiere que el gobierno de Donald Trump evalúa quitarle respaldo diplomático a la posición (o posesión, u ocupación) británica sobre las Malvinas. Una aparente represalia de la actual administración estadounidense contra el gobierno laborista de Keir Starmer, por no sumarse a la guerra contra Irán.

Daniel Guzmán combatió en Malvinas en 1982 y fundó el portal web Agenda Malvinas para difundir e investigar específicamente los temas alrededor de una zona geográfica que –al estar ocupada por Gran Bretaña a partir de Malvinas, Georgias, Sandwich, y amplias zonas del Atlántico Sur, abarca más del 25% del territorio argentino, con inevitable proyección hacia la Antártida.

Trump, la filtración y después: “El gobierno argentino no ha hecho nada bueno por la causa Malvinas”

Daniel Guzmán, ex combatiente de Malvinas e investigador de temas cruciales en la geopolítica actual. Foto: Juan Valeiro/lavaca.org.

“Lo de hoy es una reacción a una sucesión de hechos que viene acompañada por el intento de Donald Trump y Benjamin Netanyahu de acabar con el régimen iraní. Pero se dieron cuenta de que no se podía hacer lo de Venezuela, ni en 24 horas, 48 horas, una semana, y ya estamos por cumplir un mes”, explica Guzmán. “Entonces Estados Unidos le pide a la OTAN y otros aliados que lo acompañen para echar a los iraníes. Y aparte de España, se opuso Keith Starmer del Reino Unido, más allá de lo que estaban haciendo Georgia Meloni o Emmanuel Macron, al no permitirle operar en las bases aéreas de Italia y Francia”. 

El desquicio

Sobre Trump: “El presidente de Estados Unidos ha entrado en estado de mayor virulencia porque la semana que viene estará recibiendo al rey Carlos en Washington. Entonces la filtración en estos casos siempre parece ser más coercitiva que un escape de información”.

¿Qué significa eso? “Que dejan filtrar ese documento para presionar y que lo hacen no solo con respecto a Malvinas, aunque es el gran punto de referencia de ese documento, sino también a otros enclaves coloniales que menciona: Diego García, Chipre, Gibraltar. Esas son las cartas que está jugando”.

¿Cómo tomar ese juego? “Hay que tener en cuenta que Trump dice a la mañana una cosa y a la tarde lo contrario. Dice que va a tomar por la fuerza a Canadá, a México, en otro momento a Colombia o a Groenlandia. Estamos hablando de un gobierno desquiciado. Y a la vez genera la idea de que esas cosas son posibles. Pero todo esto significa que los Estados Unidos están perdiendo la guerra, evidentemente y hasta tuvieron que sacar portaaviones de la zona de conflicto por miedo a los misiles hipersónicos iraníes”. 

De WikiLeaks a la traición

Cuando se le menciona información de medios como Infobae, Guzmán plantea: “En términos de diplomacia de pasillo, el dueño de Infobae, Daniel Hadad, es de los que tiene la política de empujar a Trump a quitar apoyo norteamericano al Reino Unido por Malvinas, y tiene relación con la embajada norteamericana en Buenos Aires, como figura en los cables de WikiLeaks sobre Argentina. Pero el problema de fondo es: ¿Dónde está el debate constitucional en el Congreso de la Nación?”.     

El laberinto: “Si no se plantea ese debate sobre la soberanía y los derechos, siempre dependemos de alguna picardía política, a ver si aparece algún Messi que meta una comba desde 80 metros y la clave en el ángulo. Entonces uno ve lo de la filtración. ¿Puede servir? Sí, puede servir. Pero por otro lado el gobierno argentino no está haciendo nada bueno por la cuestión Malvinas”.

¿Por ejemplo? “Que Milei le haya dicho al diario británico The Telegraph que las Malvinas se van a recuperar cuando la colonia implantada en las islas lo decida, es una declaración de altísimo nivel contraria a los intereses argentinos. Desde 1833 a la fecha nunca había sucedido semejante acto de traición a la patria y entrega soberana. Y esto se da sin reacción de los contrapoderes del Estado. Ni la bicameral legislativa, ni la oposición, ni el Poder Judicial, ni los fiscales generales de la Nación”.

¿Quiénes no hacen nada?

Sin embargo Milei acaba de declarar que “estamos haciendo avances como nunca se han hecho”. Responde Guzmán: “Al contrario, las declaraciones de Milei rompen todo el sistema que es la base del alegato Ruda, que está sustentado específicamente en el no reconocimiento de la autodeterminación. Lo que busca Milei es dar vuelta eso. Si pregunto una sola acción del gobierno que haya sido positiva para el tema Malvinas, nadie me puede responder”.

El alegato al que se refiere es el realizado ante la ONU por el embajador José María Ruda, el 9 de septiembre de 1964, en tiempos del gobierno radical de Arturo Illia. Ruda expuso que Malvinas es un caso de colonialismo, no de autodeterminación, iniciado con la usurpación británica de 1833 y que por eso corresponde analizarlo como ataque a la integridad territorial argentina. De allí surgió un año después la Resolución 2065 de la ONU que reconoce la disputa de soberanía y la enmarca en el objetivo de eliminar el colonialismo.    

“La otra cuestión” plantea Guzmán, “es que se está rompiendo la unidad latinoamericana alrededor del tema Malvinas, con acuerdos como el que firmó Brasil con el Reino Unido para cuestiones industriales, energéticas, de tecnología y de defensa. Entonces deja de ser una causa regional para ser bilateral. Si Brasil hace eso, Chile hace operaciones de defensa con el Reino Unido operando entre Punta Arenas y la Antártida, ¿cuál es el avance?”.

Detalle crucial: “Y estamos hablando del Brasil de Lula, no de Bolsonaro. Estamos erosionando apoyos internacionales. ¿Qué hemos hecho con Brasil? ¿Qué guarangadas y barbaridades no le ha dicho Milei a Lula? Hasta 2015 Argentina había logrado bloquear continentalmente la cuestión del desarrollo petrolero británico en el Atlántico Sur, e incluso hay una causa en el Juzgado Federal de Rio Grande impulsada por el gobierno de Cristina Kirchner contra las petroleras. Pero después el resto de la política, incluidos Alberto Fernández y ella misma, no han continuado. Acá estamos nosotros difundiendo información para que la causa no se caiga”.

Sobre lo internacional: “Ampliando más todavía, también estamos erosionando los apoyos conseguidos durante décadas. Hemos votado aislados junto a Estados Unidos e Israel, rechazando definir la trata de esclavos como crimen contra la humanidad, o sobre el genocidio en Gaza, por poner un par de ejemplos. Y veníamos de una situación favorable: el G77 más China que reúne a 134 países, viene apoyando al país desde 2017 contra acción de las petroleras británicas en el Atlántico Sur. ¿Y quién no ha hecho absolutamente nada? Argentina. Ninguno de sus gobiernos”.

(Releyendo lo contado por Daniel, podría caber otra idea: que en la mente de Trump y su establishment exista la idea de azuzar al Reino Unido en favor de un gobierno incondicional como el mileísta, como forma de allanarle aun más a los estadounidenses el camino hacia el Atlántico Sur y la Antártida, zonas cruciales de la geopolítica que se viene: toda esta historia se seguirá escribiendo).

Los muchachos neronistas

¿Y hacia adelante? “En principio el Congreso de la Nación debe debatir y crear un nuevo andamiaje de relaciones bilaterales con el Reino Unido para salir de los acuerdos de Madrid (1989 y 1990, era menemista) que son el huevo de la serpiente de una gran entrega territorial de 1.600.000 kilómetros cuadrados y de riqueza de recursos naturales. Ninguna acción desde 1989 a la fecha han sido favorables al país, todas al Reino Unido y se benefician otros países como España con su pesca: acaban de levantar y se llevan 42.000 toneladas de calamar. Y nadie dice nada”.

Regreso al mail filtrado por el Pentágono: “Insisto en que no me guiaría por alguien que cambia de discurso a cada momento, y termina echando a los generales que le aconsejan no avanzar bajo estrategias absurdas. Trump me parece un loco, un desquiciado. Pero hay además una política de Estados Unidos de la que no me olvido en mi condición de combatiente de Malvinas: fue el primer y principal país que colaboró en materia de armamento y tecnología espacial con Gran Bretaña. Así que creo que Estados Unidos es el mal del mundo, para decirlo así y no se puede confiar, salvo que volvieran a los principios rectores de su independencia. Pero mientras tanto, hasta el Congreso de Estados Unidos plantea que no hay ‘guerra’ sino avanzadas hasta que no pasen 60 días. Y con una de esas ‘avanzadas’ y todo el mundo mirando para otro lado, mataron a 166 nenas en una escuela. De esas cosas estamos hablando. Es poco recomendable confiar en los Nerones modernos”.

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