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CEPA: La naranja mecánica

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Son las personas de chaleco naranja que todos los miércoles asisten a jubilados, jubiladas, reporteros y manifestantes heridos por las fuerzas federales. El CEPA, Cuerpo de Evacuación y Primeros Auxilios nació en 2001 y se convirtió en un emblema de acción voluntaria. De Haití, Ucrania y Sudán del Sur al Congreso como zona de guerra. Las armas traumáticas y el spray pimienta y el kit que armaron para enfrentar las represiones de los miércoles. La doctrina Manaos. En tiempos de la tiranía del individualismo, un ejemplo de cómo mover la solidaridad para ayudar a curar esta época. Por Lucas Pedulla.

CEPA: La naranja mecánica
Parte del equipo del CEPA. Foto: Sebastián Smok

El día que Esteban Chalá no se bancó ver la represión por televisión y salió a la calle con su morral de primeros auxilios no se encuentra en este 2025 de miércoles de jubilados ni en aquel 2024 de nenas de 9 años gaseadas frente a las cámaras de televisión, sino en otra odisea, también argentina, ubicada en un espacio tan público como el de estas mismas calles.

2001.

Su primer curso había sido de chico, con los scouts, después llegó la Cruz Roja, pero ese 19 y 20 de diciembre fue la calle misma: un estado de sitio que no contuvo el estallido sino que sirvió de combustión, y una masacre que mató a 39 personas e hirió a más de 500 en todo el país ordenada por un presidente –Fernando de la Rúa– que renunció y huyó en helicóptero desde la propia Casa Rosada. Las imágenes televisivas impactaron en Esteban, que no entendía cómo no había nadie atendiendo a esa gente. Entonces salió él. 

“Era muy difícil ver lo que estaba pasando por la tele y no hacer nada –dice a sus 48 años, recordando esos días en que promediaba sus veintis–. Sonaba descabellado no hacer nada”. 

Ese sonido fue el motor. Esteban se mudó a Puerto Madryn (Chubut) y en 2002 fundó el Cuerpo de Evacuación y Primeros Auxilios (CEPA). Hoy, tras 14 filiales nacionales y 2 internacionales, CEPA suena por su nombre, pero más por la referencia visual: las personas de chaleco naranja que cruzan de punta a punta la Plaza de los Dos Congresos todos los miércoles para atender jubilados y manifestantes golpeados, gaseados y baleados. Llevan más de mil curaciones sólo en esta primera mitad del año, con 600 personas atendidas únicamente el 12 de marzo, el día que un disparo de un gendarme casi mata a Pablo Grillo.

Con un 2001 lejos –¿sí?–, la odisea en el espacio público argentino sigue en un escenario donde también suena descabellado mirarlo por tele y no hacer nada. “Eso es el CEPA: no mirar al costado. Nos involucramos y ayudamos –afirma Esteban–. Somos los vecinos. No creemos que estemos por fuera de lo que pasa en la sociedad: somos la sociedad”.

CEPA: La naranja mecánica

Voluntarios del CEPA y heridos por las fuerzas de seguridad de Patricia Bullrich. (Foto: Tadeo Bourbon).

Haití, pollos y peñas

En los comienzos en Puerto Madryn, mucho tiempo antes de estos miércoles de violencia federal exacerbada, Esteban quería una asociación centrada en la asistencia humanitaria integral: emergencias, búsquedas y rescates, pero también trabajando con personas en situación de calle. Con otros dos amigos armaron CEPA con la intención de equiparar estándares a nivel Naciones Unidas. “Cuando lo decíamos se nos morían de risa –recuerda su fundador–. Pensaban que nos habíamos drogado con algo”. 

Pero en el Hospital Subzonal “Andrés Isola” los escucharon y celebraron que al fin alguien quisiera levantar la vara. Comenzaron siendo auxiliares de la institución para reforzar el sistema de emergencia. A las primeras intervenciones  (accidentes de tránsito, cobertura de eventos) iban en colectivo con sus morrales para ayudar y atender a los vecinos. Abrieron una filial en Trelew. Después llegó Puerto Pirámides, al norte de la provincia, asistiendo en los accidentes viales de los turistas. Hasta que empezaron a trabajar con la Comisión Cascos Blancos –la herramienta institucional de acción comunitaria del país–, y Esteban tuvo su primera misión internacional en la frontera de Haití y República Dominicana, capacitando durante ocho meses a los integrantes del sistema de emergencias y de respuestas. “La experiencia reafirmó mucho más la idea que teníamos –dice Esteban–. El concepto estaba bien, era correcto, y en otros lados veían apropiado y avanzado lo que hacíamos. Con estándar”. Con ese envión abrieron la primera filial internacional en República Dominicana, promovían intercambios de voluntarios. Luego llegaría la segunda experiencia en Costa Rica. Y en Argentina el trabajo crecería aún más: La Plata, Mercedes, La Matanza, Morón, Ituzaingó, San Fernando, Tigre, Punta Alta. En CABA, por cobertura, hay tres filiales en Núñez, zona centro y Pompeya. “Hemos logrado ser un sello de calidad y de confianza”, celebra Esteban.

Hoy cuentan aproximadamente con 80 personas por filial. Y en tiempos de dólares debajo del colchón, todo el trabajo es voluntario: es decir, no perciben ingresos. Pero a CEPA se lo ve trabajando en los incendios en la Patagonia o en las inundaciones bonaerenses. “Todos los trajes que ves los compramos nosotros”, explica Esteban el sostén de lo estructural. Los trajes tienen como símbolo la estrella de la vida: el bastón de Esculapio (dios de la medicina y la curación) con una víbora enrollada (representación de la sanación). “Compramos los rollos de tela y hay talleres que nos hacen la ropa. Pagamos nuestros seguros. Cuando viajamos a una misión, CEPA cubre para que los voluntarios no tengan gastos. Tenemos empresas que ayudan y donan, hicimos campañas de socios, pero también peñas, choriceadas, pollos al spiedo, sorrentinos, empanadas”.

Los Cursos Básicos de Primeros Auxilios son otra fuente de ingresos. Marcelo Colucci tiene 27 años y entró a CEPA a través de uno de sus talleres después de ver un accidente en una clase de taekwondo: “Me enamoré de la dinámica, además de los conocimientos: había un sentimiento de familia y pertenencia en cada uno de los que participaba del curso –dice sobre esas jornadas intensivas de capacitación que CEPA promociona en sus redes sociales–. Son todas personas con un compromiso inigualable”.

 En su caso, también sirvió para incorporarse plenamente a la estructura: hoy es el presidente de la filial La Plata, con 77 voluntarios activos. Además, es el celebrado guitarrista de las peñas. “Cuando alguien aprende primeros auxilios, aprende una herramienta que le va a servir a otra persona, sea un familiar, un ser querido, o alguien que no conocés y está en una manifestación –explica Marcelo con orgullo–. Apelar a ese sentido de responsabilidad, donde la persona está aprendiendo algo que no le va a servir a uno mismo, pero sí para ayudar a un otro de forma desinteresada, es una semillita importante para un momento de individualismo muy fuerte como el que estamos teniendo”.

Spray pimienta con leche

Primeros auxilios y atención prehospitalaria. Búsqueda y rescate en áreas urbanas y agrestes. Trabajos en altura. Intervenciones en inundaciones. Asistencia humanitaria integral. A la descripción de actividades, CEPA ya tiene que agregar la protesta social. Yuliana Figueredo, 33 años, es del barrio San Jorge de San Fernando, conurbano norte, donde las ambulancias demoran mucho en llegar. “Sentí la necesidad de ayudar a mi comunidad”, dice esta joven que sigue administrando la panadería familiar. De ese barrio, donde es referencia para sus vecinos, pasó a los miércoles de jubilados: “Mis padres son jubilados y luchan día a día para llegar a fin de mes. Con el recorte en medicamentos, toda la jubilación se les va en remedios. Por eso entiendo la situación de cada abuelo. Me siento orgullosa de pertenecer a CEPA para poder estar allí y brindarles asistencia”.

CEPA: La naranja mecánica

Atendiendo al padre Paco, tras una de las represiones.

La presencia del CEPA en los miércoles de jubilados y jubiladas llega a través de convenios de trabajo con la Defensoría del Pueblo y la Comisión Provincial por la Memoria (CPM). De hecho, su participación en las movilizaciones de CABA ya venía de 2016, durante el gobierno de Mauricio Macri. Pero lo que están viendo desde hace más de un año escapa a toda lógica. “Es arrancar cada semana sabiendo que los miércoles algo puede pasar”, dice Marcelo. Esteban suma: “Se está generando una fractura social que va a ser muy costosa de volver a unir con los años. Es poner a los argentinos contra los argentinos. Trabajamos mucho en situaciones de emergencia con las fuerzas en general, y muchos no están de acuerdo con las órdenes que les bajan. Sé de un caso concreto que tuvo que ir un miércoles y, del otro lado, había familiares suyos. Nos están rompiendo como sociedad”.

Para los miércoles tuvieron que invertir en “cosas no esperadas”, como las máscaras de gas: compraron más de 50 y la mayoría ya necesita cambios de filtros, otras se rompieron. En la calle también portan casco, linterna, lentes para paliar los chorros químicos, torniquetes, mochila con desfibrilador, cremas para quemaduras, cánulas nasales: todo un kit para utilizar no en Ucrania ni Sudán del Sur –zonas de guerra donde Esteban trabajó–, sino en el Congreso argentino. “Tuvimos que incorporar equipamiento que usamos solo para esto –explica–. Agudizamos los entrenamientos para que los nuevos voluntarios no se espanten en las primeras movilizaciones: el asistente humanitario se entrena, pero no para esto, que se terminó convirtiendo en una especialidad dentro de lo que hacemos”. 

La desproporción les sorprende: cuatro fuerzas federales (Policía Federal, Gendarmería, Prefectura Naval Argentina y Policía de Seguridad Aeroportuaria) para apenas cientos de personas, salvo en aquellas movilizaciones multisectoriales enormes, que no abundan. También la incorporación de las llamadas “armas traumáticas”, un nombre poco metafórico para la byrna, un arma con colores naranjas, que parece de juguete, pero que tira bolitas de goma que, tras el impacto, liberan gas: “Y además te salpica parte del tóxico que llevan dentro”.

Luego están los famosos sprays con que las fuerzas federales rocían todo lo que encuentran a su paso: jubilados, periodistas, fotógrafos, niñas. “Muchos decían que lo habían cambiado, pero averiguamos con amigos y nos aseguran que el producto es el mismo de siempre –dice Esteban–. El rociador que larga un chorro naranja, viscoso, no es un gas, es un spray pimienta. Afecta la vía cutánea, la mucosa. Químicamente, el componente mayoritario es la capsaicina: es lo que genera el ardor”. Al kit mencionado, el equipo de CEPA le suma leche entera en rociadores, milanta o solución fisiológica para los ojos: “Tiramos leche entera por su tenor graso, para que encapsule al químico y lo barra. Luego, con una gasa o apósito hay que ir limpiando para tratar de sacar lo más posible el componente”. 

No hay que usar agua, porque esparce la sustancia por el cuerpo, contaminando otras zonas y propagando el ardor. El producto cumple con su definición traumática: la sensación es de fuego en la piel. Esteban indica: “Todo esto es paliativo, porque una vez que ya te entró en los poros, va a arder. Solo va a pasar con el tiempo”.

Blindaje emocional

Carolina Busquier se sumó a CEPA en 2022 y desde su profesión aporta una contención valiosa en las protestas de los miércoles: es psicóloga, formada en la “psicología de la emergencia”, una especialización para situaciones emocionales vinculadas a catástrofes o eventos masivos de gran magnitud. El primer miércoles que fue atendió a una nena de 13 años que volvía de la escuela y se confundió la parada del colectivo: se pasó solo una cuadra, pero bajó a una calle rodeada por la infantería. “Quedó desbordada –describe–. Fue atender el daño colateral, porque si había alguien que no tenía nada que ver era esa nena. Situarte en su lugar es fuerte, el impacto de esa experiencia”.

Al miércoles siguiente se encontró con una señora con problemas respiratorios: “El golpe o el gas que reciben se suma sobre otras situaciones ya preexistentes de la persona. Esa mujer tenía una enfermedad, y necesitaba asistencia médica. Pedimos una ambulancia pero su preocupación era que sus hijas no se enteraran, porque les había prometido que no iba a ir más. Le pregunté entonces qué la había hecho volver, y me respondió: ‘¿Pero cómo no voy a volver?’”.

Otra situación la vivió con los curas: “Este era franciscano, fue con su atuendo. Era imposible que no te dieras cuenta de que era un cura. Pero estaba hecho pelota, no podía abrir los ojos por los efectos del gas. Alguien le decía que los policías eran unos hijos de puta, pero él, sin poder abrir los ojos, decía: ‘Hay que entender, están trabajando, muchos de ellos quizá no quisieran estar acá’. Inevitablemente me tuve que preguntar algo de la fe y del amor. Esa cosa de poner la otra mejilla. Me asistió más él a mí, sin saberlo, que yo a él. Cuando se recuperó, fue a encararlos de nuevo y se puso a rezar un padrenuestro. Y les dice: ‘Yo les vengo a traer un poco de paz, no sé si estarán en condiciones de recibirla’”.

Tres escenas donde se juega algo que, para Carolina, el gobierno busca desatar con este despliegue: el miedo. “No hay que minimizar lo que les está pasando a esas personas. Yo no consuelo gente: es una intervención que lleva una escucha, a veces con palabras, otras con silencio, buscando un lugar de mayor tranquilidad. A veces es, simplemente, sentarse con alguien en el cordón de la vereda y que sepa que no lo van a bardear”.

Los miércoles se convirtieron en un día de lucha, que mucha gente se agenda en la semana, pero con un 99% de posibilidades de pasarla muy mal. ¿Qué estrategias hay para mitigar ese sufrimiento o dolor, tanto físico como mental? 

Cuenta Carolina: “Un día atendí a una periodista que lloraba. Tenía que salir en vivo. Gasearon a su compañero, tuvo que recomponerse, hacer la cobertura. Tramitó la situación y salió al aire, como diciendo: ‘Acá no pasó nada’. Pero pasa, y muy fuerte. Lo primero es no naturalizar todo esto. Asumir que te da miedo, te duele y al día siguiente te duele todo el cuerpo. Hay que hacer algo con eso porque, si no, se queda adentro de una forma que no está buena, y sabés que al miércoles siguiente tenes que volver, y entonces te ponés en piloto automático. A veces, es llorar. No negarlo. Si da para hablarlo con alguien, hablarlo. El blindaje emocional tiene que venir por el lado de la elaboración, no de la negación. Porque si todo lo que pasa ahí no te conmueve, sos un robot. Y si te conmueve, algo tenés que hacer con esa conmoción. Algo que no te impida seguir con tu vida. Si no le doy entidad queda como residuo, se acumula, y eso hace que uno estalle o que uno naturalice y se convierta en piloto automático. Todos los que vamos es porque nos mueve a ir. Que no se pierda esa parte de humanidad.

Doctrina Manaos

Para Esteban, parecía que lo último de humanidad se perdía cuando un policía golpeó a Beatriz Blanco, la jubilada de 81 años que cayó de espaldas con todo el peso de su cuerpo golpeándose la nuca. “Se rompen barreras que son graves”, dice. O cuando un policía federal –hoy procesado por el juez Sebastián Ramos– gaseó a una niña de 9 años y la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, quiso operar en medios diciendo que había sido una persona “vestida de naranja”. 

La parte buena: el efecto boomerang de la campaña les dio mucha visibilidad. “Nos permitió mostrar todo este laburo que hacemos”, dice Marcelo. A un video fake que circuló por redes y medios que trabajan para el gobierno, se le contrapuso una campaña que sacó a escena todo el prestigio de CEPA, incluso con comunicados de organizaciones y federaciones de toda la región.

A Esteban se le infla el pecho de ver todo ese camino en retrospectiva. “Hoy somos muchos en la calle trabajando. De alguna forma, lo que hizo CEPA, y eso me enorgullece, fue haber contagiado para que haya otras organizaciones, o chicos que se van haciendo socorristas, porque nos encanta laburar juntos. No queremos que CEPA sea como la Cruz Roja, que son Coca Cola: nosotros sabemos que somos Manaos, lo decimos siempre, pero somos los que estamos al lado del pueblo. Y no queremos que sea un monopolio de Coca Cola o de Manaos, sino que seamos un montón para ayudar al mundo y cambiar todas esas barreras que se están rompiendo. Para que se reconstruya el tejido social, que exista gente con buenas intenciones. Y con ganas. Que ayude al otro sin ningún subterfugio atrás”.

Esteban se ríe: “Quizá somos medio románticos– dice, y usa otra palabra que termina con oludos–. Pero esa es la forma de construir el país de verdad que nosotros soñamos”.

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En el fin del mundo: ocupación contra la desocupación en Tierra del Fuego

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140 trabajadores de la fábrica Aires del Sur, que elabora y comercializa aires acondicionados en la ciudad de Río Grande –provincia de Tierra del Fuego, la Antártida e Islas del Atlántico Sur–, no cobran desde enero y tampoco saben si conservarán su fuente de trabajo. La conciliación obligatoria, la situación, la política del desempleo, los héroes borrados y un tour por algunas estaciones del industricidio que impregna estos tiempos.  

Por Francisco Pandolfi. Fotos: Juan Valeiro

(Enviados de Lavaca.org a Tierra del Fuego)

Esta mañana del lunes 140 trabajadores decidieron ocupar la planta de Aires del Sur en Río Grande, Tierra del Fuego. “Esto no se le desea a nadie, es difícil llegar a tu casa y decirle a tu hijo que vamos a reutilizar carpetas de otro año, que no podemos pagar el alquiler, que vamos a priorizar una comida para aguantar hasta el otro día”, dice José López –antes de que se le atragante la voz por la angustia– delegado por la Unión Obrera Metalúrgica de Río Grande. 

El presagio es el peor: por un lado, el contexto nacional y provincial. En el Parque Industrial de Río Grande cerraron seis fábricas textiles y dos metalúrgicas en los últimos dos años, a partir de la asunción de Javier Milei.

En el fin del mundo: ocupación contra la desocupación en Tierra del Fuego

Los obreros y el reclamo tras dos meses sin cobrar. Foto: Juan Valeiro /lavaca.org

Por otro lado, la ausencia de la empresa, cuyo director es Roberto Ángel Ceretti y su director suplente Ricardo Enrique Estevo. “Los dueños no aparecen, ejecutamos todas las acciones legales. Vivimos un momento de incertidumbre total. Hace dos meses que no cobramos y cada día se complica más nuestra situación. Si tenés un sueldo no llegás a fin de mes para los gastos comunes. Imaginate no tener sueldo durante dos meses. Hay compañeros a los que la semana que viene los van a desalojar de la casa”, agrega López.

Héroes borrados

La empresa nació en 2008 con capitales israelíes; pasó a manos francesas y luego a nacionales. Está concursada desde 2019, cuando el macrismo la hizo tambalear. Maximiliano Uriona, también delegado de Aires del Sur, dice agarrado del alambrado que divide el adentro y el afuera: “En 2023 volvimos a tener suspensiones ni bien asumió Milei, con quita de sueldo y de aportes”.

Hace memoria: “Desde la UOM salimos a decir que no teníamos que votar a Milei, pero desgraciadamente muchos metalúrgicos lo hicieron. Y acá están las consecuencias: el contrabando de frontera, las libres importaciones, los tributos altísimos que el gobierno no baja, la inflación galopante, el tope paritario que hace que el consumo no acelere y que la empresa, las pocas producciones que tenía, las haya rematado para cubrir los gastos. Milei dijo que este tipo de empresarios que ahora ni aparecen eran héroes… Estos son los héroes, los que nos obligaron a tomar la planta”.

Un tour por el industricidio

El secretario general de la UOM Río Grande, Oscar Martínez, le explica a lavaca: “Esto que pasa en Aires del Sur tiene absoluta coherencia con las políticas nacionales. Los gobiernos neoliberales y este todavía con mayor crudeza, traen consecuencias terribles sobre los trabajadores. Ya habíamos vivido en Tierra del Fuego experiencias similares en los años 90 y después con Macri, cuando cerraron 10 establecimientos fabriles metalúrgicos en Río Grande. Para tener una idea, hoy en el Parque Industrial hay alrededor de 40 industrias”.

En el fin del mundo: ocupación contra la desocupación en Tierra del Fuego

Oscar Martínez, secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) de Río Grande. Foto: Juan Valeiro /lavaca.org

Al lado de Aires del Sur se emplaza una mole llamada Digital Fueguina, que dejó de producir en 2021. En frente, la fábrica Visteon, cerrada desde 2016. En la puerta está Germán Resquín, solidarizándose con sus pares. Era delegado de la textil Barpla Sociedad Anónima –la tercera importadora más grande del país de impermeabilizado seco– hasta que cerró en diciembre de 2024 dejando otro tendal de desempleados en el Parque Industrial: 46 efectivos, más de 70 contratados.

“Traíamos tela de distintos países para producir camperas, pantalones, sabanas, de todo, hasta que el gobierno nacional ordenó que debíamos cambiar el sistema productivo y la empresa cerró. Tenemos toda la maquinaria y un montón de mercadería dentro de la fábrica, presentamos proyectos para recuperar nuestras fuentes de trabajo conformando una cooperativa, pero no nos escucharon”, describe Germán, que guía a lavaca en un tour por los múltiples edificios cerrados y abandonados de una Río Grande donde predominan el gris, el viento, y ahora la desocupación masiva.

En el fin del mundo: ocupación contra la desocupación en Tierra del Fuego

Foto: lavaca.org

En el fin del mundo: ocupación contra la desocupación en Tierra del Fuego

Lo que dicen las calles. Foto: lavaca.org

Efecto dominó

Pablo Ibáñez, delegado de la UOM, aporta: “En la provincia tenemos entre 2.000 y 2.300 puestos menos comparando con el año 2024”. Daniel Rivarola, secretario general del sindicato del Centro Empleados de Comercio, suma la pérdida de trabajadores registrados desde la asunción del actual gobierno: 

  • 2024: 383 trabajadores menos
  • 2025: 134 trabajadores menos
  • En lo que va de 2026: 21 trabajadores menos.

Completa: “La situación es muy jodida y complicada. Río Grande es una ciudad fábrico-dependiente. Hoy amanecimos con una toma de la metalúrgica de 140 compañeros que no cobraron el salario desde enero, 140 trabajadores que no vinieron a los comercios a gastar, a pagar las tarjetas, a pagar a la niñera. El efecto dominó cae sobre nosotros también”.

Todos los días son únicos

Dentro de la fábrica hay decenas de trabajadores sentados. Detrás, decenas de máquinas inertes. Pablo Sigot las mira, es operario de Aires del Sur.

En el fin del mundo: ocupación contra la desocupación en Tierra del Fuego

Foto: Juan Valeiro /lavaca.org

Cuenta que en la provincia el costo de vida es mucho más caro que en otros lugares del país. Que aumentaron todos los servicios –luz, gas–. Que que todo es mucho más caro –nafta, alimentos–. Que tuvieron paralizados mucho tiempo los sueldos. Y que se suman las condiciones climáticas: en invierno la temperatura llega a veinte grados bajo cero. “En todo este contexto el gobierno nacional busca cerrar las fábricas, ya vimos lo que pasó con Fate la semana pasada, que es lo mismo que viene pasando en esta ciudad hace tiempo y que hoy nos toca a nosotros. Nos levantamos todos los días sin saber qué hacer, es muy difícil vivir sin una respuesta. Los nuevos dueños y la patronal no dan la cara, se borraron, estamos a la deriva”. 

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Pablo Sigot, uno de los trabajadores de Aires del Sur. Foto: Juan Valeiro /lavaca.org

Sentencia: “La ley 19640 se hizo para poblar la Isla, pero la apertura de importaciones de Milei, sumada al arancel cero para la importación de teléfonos celulares, lo que busca es ir hacia el sentido contrario: despoblar a Tierra del Fuego a merced de los extranjeros”. 

En el comedor cuelgan algunos carteles:

–Siempre hay una razón para sonreír.

–Sonríe porque todos los días son únicos.

–No bajes la meta, aumenta el esfuerzo.

Hay heladeras vacías. Hornos, microondas y mesas vacías. Hay también, un lema de la empresa que subrayan irónicamente los trabajadores: «Gloria y expansión». Maximiliano: “No sé de qué gloria hablan, tampoco de qué expansión. ¿Cómo quieren que vivamos sin nuestro salario?”.

A la noche de este lunes, el Ministerio de Trabajo dictó la conciliación obligatoria y convocó a las partes para una reunión el martes al mediodía. “Es positivo este paso que dimos, ahora la empresa tendrá que sentarse y discutir cómo seguimos. Veremos el resultado y cómo sigue esta historia entre empleados y empleador”.

Al cierre de esta nota, llega un mensaje sobre otra fábrica: la textil Sueño Fueguino acaba de suspender a todo su personal –más de 80 personas– por tres meses.

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La espera de una respuesta: «Milei dijo que este tipo de empresarios que ahora ni aparecen eran héroes…». Foto: Juan Valeiro /lavaca.orgç

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Empleo en crisis: cerraron casi 22 mil empresas en lo que va de gestión de Javier Milei

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Los datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo: se perdieron más de 290 mil puestos de trabajo y la construcción fue uno de los sectores más afectados.

Por Leandro Rosati, de El Ciudadano, de Rosario (elciudadanoweb.com)*

Desde que asumió la presidencia Javier Milei, el número de empresas que cerraron escaló y quedó en la atensala de las 22.000, según los datos que publicó la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT).

La comparación entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025 muestra una disminución en la cantidad de empleadores con trabajadores registrados, pasando de 512.357 a 490.419. 

En la práctica, eso significó una disminución de 21.938 empresas, es decir, 30 empresas por día, reflejando una tendencia negativa en el tejido empresarial. En noviembre último, el cierre fue de 892 empleadores, y acumula en esos 11 meses de 2025 una pérdida neta de 9.722 empleadores.

Con 512.357 al finalizar 2023, hubo una caída del número de empresas hasta mediados de 2024 como consecuencia de la devaluación y de la «motosierra» que afectó en especial a la construcción. Luego hubo una desaceleración de la caída: a diciembre de 2024, el número llegaba a 499.682.

Los sectores más afectados

En base a los datos de la SRT, el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) detalló cuáles fueron los sectores que afrontaron las mayores pérdidas entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025, con Transporte y Almacenamiento a la cabeza.

  • Transporte y Almacenamiento: 5.239 menos.
  • Comercio mayorista y minorista: 4.593 menos.
  • Servicios inmobiliarios: 3.101 menos.
  • Industria manufacturera: 2.436 menos.
  • Servicios profesionales, científicos y técnicos: 2.315 menos.
Empleo en crisis: cerraron casi 22 mil empresas en lo que va de gestión de Javier Milei

En términos relativos, el sector más afectado también fue el de Servicios de transporte y almacenamiento, que registró una caída del 13,3% en la cantidad total de empleadores.

Le siguen el sector de Servicios de organizaciones y órganos extraterritoriales (-12,3%), Servicios Inmobiliarios (-10,5%) y Construcción (-8%).

Variación por tamaño

En los primeros 24 meses de la gestión libertaria, las empresas de hasta 500 trabajadores fueron las más afectadas: representaron el 99,63% del total de los casos (21.856 empresas menos). Por el contrario, la cantidad de empleadores de más de 501 trabajadores explicaron sólo el 0,37% (82 casos). 

En términos relativos, la cantidad de empleadores con más de 500 trabajadores/as se redujo un 4,54%, mientras que los empleadores con hasta 500 trabajadores/as disminuyeron un 4,28% en el mismo período.

Una conclusión del Informe de Trabajo es que una proporción relevante de las firmas que ingresan al mercado no logra superar un ciclo de vida corto. Durante los últimos cuatro trimestres (desde el tercer trimestre de 2024 hasta el segundo trimestre de 2025), el 34% del total de cierres correspondió a empresas con menos de tres años de antigüedad.

Más de 290 mil puestos de trabajo menos

Tomando el mismo período, el número de trabajadores que se perdieron escala hasta los 290.600, lo que implicó una reducción del 2,77%: pasó de 9.857.173 en noviembre de 2023 a 9.566.573 en noviembre de 2025.

Según el CEPA, equivale a 400 trabajadores menos por día desde la asunción de Milei.

Empleo en crisis: cerraron casi 22 mil empresas en lo que va de gestión de Javier Milei

El sector más afectado en términos de pérdida de puestos de trabajo fue el de Administración pública, defensa y955 menos.

  • Construcción: 71.573 menos.
  • Servicios profesionales, científicos y técnicos: 14.774 menos.
  • Actividades administrativas y servicios de apoyo: 13.392 menos.

En términos relativos, el sector más afectado fue Construcción, con una caída del 15% en la cantidad de trabajadores registrados. Le siguieron Servicios de organizaciones y órganos extraterritoriales (-7,7%) y Servicios inmobiliarios (-7,3%) en el mismo período.

El caso de los empleos en casas particulares

Entre noviembre del 2023 y noviembre del año anterior, la pérdida fue de 26.792 personas menos: pasó de 629.660 a 602.868, equivalente a 36 puestos de trabajo por día.

Este sector es un termómetro sensible de la economía: al no estar protegido por grandes empresas ni convenios colectivos fuertes, el empleo en casas particulares reacciona rápido ante cualquier crisis. Si cae, es señal de que los hogares ajustan gastos y que el trabajo precario aumenta (pasan a trabajar en negro para no perder el ingreso)”, indicó el CEPA.

Empleo en crisis: cerraron casi 22 mil empresas en lo que va de gestión de Javier Milei

*Esta nota es parte de la articulación de la Unión de Medios Autogestivos (UMA): El Ciudadano (Rosario), Revista Cítrica (Buenos Aires), El Diario del Centro del País (Villa María), Tiempo Argentino (Buenos Aires), Lavaca (Buenos Aires), Agencia Tierra Viva (Buenos Aires) y Lawen Documental (Buenos Aires).

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La explotación laboral es ley

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por Claudia Acuña

Fue un día larguísimo, en el cual pasó de todo.

Comenzó con un paro general que detuvo el aliento de más del 60 por ciento del país y terminó cuando expiró aquello que lo hacía producir con alguna esperanza de equidad.

Lo último que se pierde ¿está perdido?

La explotación laboral es ley

El centro porteño durante el paro. Foto: Sebastián Smok /lavaca.org

“Habrá que esperar que el próximo gobierno la derogue, como ya pasó”, responderá Roxana a las diez y media de la noche, que llega desde Quilmes con sus dos nietos para plantarse frente al Congreso a cacerolear, aunque para llegar a ese momento todavía falta que suceda mucho.

Al mediodía esa misma cabecera de la plaza recibe las columnas de la izquierda, mientras la Intersindical Federal arma su escenario en su otro extremo. Para el inicio de la sesión de la Cámara de Diputados ya hay cinco cuadras de columnas gremiales sacudiendo banderas. El reloj marca las dos y media de la tarde cuando comienza a sonar el himno nacional y las gargantas se hacen nudos con la estrofa “oh juremos con gloria morir”. En el escenario se amontonan los dirigentes de diferentes sectores sindicales y a lo largo de la Avenida de Mayo se agolpan personas con overoles, guardapolvos y remeras que identifican oficios diversos: docentes, empleados estatales, metalúrgicos, aceiteros, trabajadores del cine, de la televisión, del subte, gráficos, papeleros y más. La suma impresiona si se tiene en cuenta que están paralizados trenes, subtes y la mayor parte de los colectivos, pero lo que sorprende es la breve duración del acto. Poco después de las tres todo había terminado.

 Cortito y al pie. ¿Así estamos?

La explotación laboral es ley

Foto: Sebastián Smok /lavaca.org

“La realidad es que hasta que la gente que votó esto no despierte, es muy difícil. Y eso que lo que está pasando es alevoso. Pornográfico, digo yo”, responderá Nadia, docente de Capital, que sostiene en su mano un cartón donde escribió con marcador: “Milei es comer de la basura”. La explicación: “Hoy murió una chica de 19 años por comer de un basural. Y los tres hermanitos están internados por lo mismo: por comer del basural. ¡Literal! ¿Necesitás algo más tremendo que eso para comprender lo que nos está pasando? Es demasiado cruel”.

¿Entonces? ¿Qué hacemos?

“Los docentes tenemos una estrategia muy básica para la enseñanza que llamamos pensamiento concreto. Se usa mucho con los más chiquitos: darles un material concreto para que experimenten con sus manos, con su cuerpo y que así comprendan y saquen un aprendizaje. Creo que mucha gente cuando finalmente se quede sin trabajo, cuando le llegue la factura de luz con aumento, cuando el alquiler se vuelva impagable, va a comprender lo que pasa y aprenderá a votar”.

Dos horas más y son las columnas de la izquierda las que deciden abandonar la plaza. Lo que queda es la orfandad. Jóvenes, en su gran mayoría, que arden al calor de una tarde que agoniza mientras en el Congreso desfilan los discursos, unos tras otros, todos también cortitos y al pie.

La bronca estalla. Los hidrantes atacan, pero nadie retrocede. Los gases arrecian, pero nada ahoga el estallido. Un cartucho cae del otro lado de la valla de hierro que se convierte en red y con un passing shot cruza del lado de los uniformados, afectados con su propio veneno. A las siete y media de la tarde la Comisión Provincial por la Memoria resume así lo que sucedió después: 70 personas heridas y ocho detenidas. “Entre las víctimas de la represión se cuentan trabadores y trabajadores de prensa, jubilados e integrantes del equipo de monitoreo de la CPM que estaba registrando el despliegue de las fuerzas de seguridad”.

La explotación laboral es ley

La política del gas pimienta. Foto: Eduardo Sarapura, Tiempo Argentino

Uno de los detenidos y luego liberado es Carlos, el emblemático jubilado hincha de Chacarita, 77 años, treinta de trabajo en el Correo, cuatro hijos, dos nietos, símbolo de la resistencia que todos los miércoles se planta frente al Congreso Nacional para reclamar que no hagan lo que hoy se convertirá en ley.

¿Qué?

“¿Cómo los jubilados van a financiar los despidos que hagan las corporaciones? Eso es una locura. Pensá un poquito: despiden a 900 trabajadores de Fate. Toda esa gente deja de aportar al Anses y, al mismo tiempo, pretenden que el Anses pague esas indemnizaciones. ¿Cómo vamos a permitir algo así? Cuando yo me jubile, ¿qué plata va a haber? Hoy lo que están haciendo es dejarme sin derecho al futuro”, responderá Luis, 25 años, empleado en un comercio que hoy cerró porque su dueño decidió que todos sus empleados –suman seis– debían estar plantados frente al Congreso. “Y vino él también. ¿Sabés por qué? Porque lo están fundiendo los productos chinos”.

Foto: lavaca.org

La plaza esta vaciada, luego de un despliegue policial desmedido.

Ya no hay sol.

Adentro del recinto es hora de las chicanas reglamentarias. El diputado Marcelo Mango (UP Río Negro) aprovecha que sus pares libertarios abandonaron la sala para plantear una moción de orden: el proyecto debe volver a comisiones para que se expida la que corresponde a Asuntos Constitucionales, ya que no está redactado respetando esa máxima norma legal. La tensión por la propuesta la generan dos condiciones formales: la primera, es que toda moción de orden interrumpe el debate y debe votarse; la segunda es que en ese momento no hay quorum, por lo tanto no puede votarse. Ergo, debe levantarse la sesión. Los teléfonos arden hasta lograr que el tropel oficialista recupere su posición en las bancas –en ese recinto se vota con el culo: para que funcione el tablero cada legislador/a debe estar sentado– y la moción es rechazada. Picada por ese aguijón, la diputada –ahora libertaria, antes del PRO– Silvana  Giudici contraataca: moción de orden para que se vote en media hora. Gana, pero alguien advierte luego que en ese caso la votación coincidirá con el horario convocado para cacerolear. Nueva moción de orden: retira la propuesta. Se vota seguir como venían, hablando y hablando.

La explotación laboral es ley

Llegamos, finalmente, al frente del Congreso, con Roxana y sus nietos, con Adela y su bebé, con Martín y su hermana, Adriana con Ornella –secretaria general de la Federación Argentina LGTB- y otras cien, quizá doscientas personas que hacen sonar cacerolas mientras cantan el clásico “Que se vayan todos”. Los autos suman sus bocinas, los camiones de basura su saludo y los transeúntes, sus miradas de aprobación. No hay, durante una larga hora, nada que altere esa protesta pacífica, certera, escasa, sostenida ruidosa e ininterrumpidamente por gente que lleva la bandera argentina colgada del cuello, sacudida por el viento en la espalda o camisetas de la selección con el número diez y el nombre de Maradona o Messi.

La escena se repetirá en Acoyte y Rivadavia. Allí el clima fue activo, estruendoso, con cientos de personas, mayoría de mujeres y jóvenes, que cortaron ambas avenidas e hicieron retroceder a la Policía de la Ciudad. Dos nenas sostienen una cartulina que advierte “Usted está mal. ¡Todo este maldito sistema está mal!”. Las manifestaciones se reprodujeron en barrios como Núñez, Boedo, Paternal, Belgrano, Villa Urquiza, Villa Crespo y Mataderos, entre otros.

Foto: lavaca.org

En Congreso, a las once y media de la noche Gendarmería recibe la orden de desalojar Congreso. La cacería suma otros dos detenidos.

Una hora después, con 135 votos afirmativos y 115 negativos, la explotación laboral es ley.

La plaza está desolada.

La explotación laboral es ley

Foto: lavaca.org

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