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Marcha del Orgullo x 33: no hay libertad sin derechos

La palabra libertad, el humor, los arrepentimientos por el voto, las pelucas, el respeto, la resistencia, los regalos de la abuela, el amor y el odio, las milanesas, la identidad, la derecha, la calle y otras imágenes, dudas y certezas en la Marcha 2024. Por María del Carmen Varela y Lucas Pedulla.
Solo se vive una vez, cantan desde el escenario montado en Plaza de Mayo, y la frase se corea con determinación. La Marcha del Orgullo en su edición número 33 es multitudinaria y exige Ley Integral Trans y Ley Antidiscriminatoria.

Foto: Lina Etchesuri para lavaca.
Con otros dos conceptos-“No hay libertad sin derechos ni políticas públicas” y “No hay libertad con ajuste y represión”- la comunidad LGBTIQ+ celebró un año más el día del Orgullo en un contexto hostil. “No más despidos del cupo travesti trans”, pedía un cartel. Unx adolescente muestra con una sonrisa otro cartel: ”Porque soy quien soy y no quien quieras vos”. Y otrx: “Orgullo de ser yo”.
Suena “Fanático”, de Lali y la Plaza estalla en saltos. En breve, la marcha partirá hacia el Congreso.


Foto: Lina Etchesuri para lavaca.
El orgullo como política
Malena lleva un cartel de una chica con pelo rosa y corset rosa sentada sobre la nuca de un Milei que parece estar asfixiado. Del otro lado, cinco palabras: “No quiero diálogo, quiero venganza”. Es vecina de la Ciudad de Buenos Aires y vino con amigues de “Le diable estudio”, un espacio seguro de “tatuajes cuidados”, como se presentan.
Sonríe desde un rostro lleno de glitter al pensar qué significa el orgullo en este país, en este año, en este gobierno: “Una capaz da por sentada muchas cosas, pero es momento que no. Por eso está bien estar presente, la visibilidad. Y el sentido del orgullo tiene que ser más agresivo, como un posicionamiento político.

Foto: Lina Etchesuri para lavaca.
¿Cómo se le gana al fascismo? “Juntándonos, resistiendo, con mucho sexo gay, y no dejándonos aplastar”.
La marcha, con carrozas que encienden la ciudad, arranca.
Sobre el amor y el odio
Germán y Juan son pareja y vienen de San Miguel, conurbano antiderechos. Los acompaña Emiliano, de CABA. Están vestidos con prendas recicladas de otra marcha que combina goma eva, strass, alambre, tul y pluma, todo desde el Once más heterogéneo y diverso. “Hoy es sentir orgullo de quiénes somos, de dónde estamos parados históricamente, del avance en la conquista de derechos, de poder salir a festejar y encontrarnos. Para visibilizar a quienes siguen dentro del closet, los que sufren el oprobio y la murmuración. Hace años nos costó construir un país con derechos para todes”.

Foto: Lina Etchesuri para lavaca.
Emiliano suma: “Para no volver al pasado”.
¿Cómo se enfrenta el fascismo?
Germán es concreto y propone tres pasos:
- “Primero, unirnos”.
- “Segundo, afianzarnos para no ceder nada de lo conquistado”.
- “Y tercero, informarnos, porque el fascismo o la derecha neoliberal en Argentina es ignorante: habla, insulta, agrede, pero son vacíos.
Deja un epílogo. “Una frase vieja: el amor vence al odio”.

Foto: Lina Etchesuri para lavaca.
Votos a Milei: “Nos arrepentimos”
Delvis y Jaime son de Palermo, Mariana de Caballito, e Ilan de Balvanera. “Venimos en representación del amor: lo político decidimos ponerlo a un costado”, se presenta Deivis. Suma Ilan: “Siento el orgullo por ser quien sos y quien quieras, porque el respeto hacia las otras persona tiene que ser el mismo respeto hacia vos”.
Cuando les preguntamos cómo sienten ese respeto en este año difícil, se miran.
Deivis se sincera: “Acá los cuatro votamos a Milei. Por un lado, nos arrepentimos, pero entendemos por qué lo votamos. Vos hoy nos ponés las dos boletas en la cara y nos ganó la desesperación. Lo económico me encanta, pero es un pelotudo a nivel social”.
Mariana coincide: “Me arrepiento por lo social. En realidad quería un cambio económico”. ¿Qué reprocha de lo social? “No cuida a nadie, no cuida al pueblo ni a los jubilados. Está haciendo un ajuste que no puede hacer a gente que aportó toda su vida y cobra una miseria”.
¿Pero ese desastre social no está asociado a lo económico?
Mariana piensa: “Y, sí”.
Deivis suma: “Por eso es un mix feelings (en inglés: mezcla de sentimientos)”.

Foto: Lina Etchesuri para lavaca.
¿No veían el avance, al menos antiderecho, en los discursos de campaña?
Deivis reconoce: “Sí, pero decidí pensar que era solo una forma. Lo comparé con Trump, que dijo mucho pero no hizo nada. Pensé: por ahí es gritar para llamar la atención. Total, cuatro años no es mucho, de última lo largamos. Pero no podíamos volver a lo mismo”. ¿Subestimaron? “Sí, pero fue desesperación. No parecía mal intentarlo. Pero sí, estamos arrepentidos”.

Foto: Lina Etchesuri para lavaca.
Besos de La Matanza
Mía y Valentina tienen 18 y 19, se sacan una foto dándose un beso, y son de Laferrere, partido de La Matanza. “Este día es algo muy lindo para todas las personas que son del colectivo, porque es para festejar, sentirse cómodos en lo que son, y la felicidad de que cada uno pueda ser quien quiera ser”, dice Mía. Valentina, pese al contexto, opina que hay que salir igual: “Todo esto va a pasar. El orgullo propone un descanso ante tanta violencia”.
Hernán (21) y Denis (19) también son de Lafe. Los dos están en cuero y una bandera multicolor de la diversidad les da un aire de superhéroes como una capa que flamea al viento. “El orgullo es la libertad en general -plantea Denis- Expresarte tal cual sos, como te guste. Ser parte de una comunidad que te trata bien por la valentía de definirte como te gusta”. Hernán está en su primera marcha y vino a acompañar a Denis: “Yo siento orgullo por él, por mi amigo. No tiro chamuyo, porque muchos lo verdugueaban, le tiraban un berretín y eso no es amistad”. Denis suma: “Además, es salir un rato en este gobierno de porquería”.


Hernan y Denis, amigos que vinieron de Laferrere. Santiago y María Laura, madre e hijo de lomas de Zamora. Foto: Lina Etchesuri para lavaca.
También es la primera marcha de Santiago, 15 años, de Lomas de Zamora, que vino acompañado de su mamá María Laura, de 44. “Hace poco la abracé a mi mamá, le dije cosas muy lindas y me puse a llorar -cuenta Santiago-. Es orgullo de ser quien soy, de poder decir que soy bisexual, de ser parte de una comunidad, de sentirme libre”. María Laura se emociona: “Estoy súper orgullosa porque rompió el hielito”.
Santiago dice que no entiende mucho de política, pero destaca otro motivo de orgullo: “Me encanta decir que soy argentino. No hay que tener vergüenza de ser quién sos”.
A metros, sobre Avenida de Mayo, Gonzalo, un chico trans, vende milanesas. Tiene 27 y vino de Berazategui, también sur del conurbano: “Orgullo es este amor que nos damos”.
Señala la calle.
El amor es entonces esta fiesta masiva.

Foto: Lina Etchesuri para lavaca.
El body de mamá
Ya en el Congreso, Juanjo y Elias, con sus veintipocos, cuentan que vinieron de Longchamps a disfrutar de este encuentro multitudinario. Juanjo improvisó su outfit a último momento y Elías le ayudó. Un body de encaje negro -“es de mi mamá, me dijo: por hoy te lo cedo”-, una tela elástica roja cosida a un costado a modo de pollera, los labios rojos y la sonrisa inalterable. Elías tiene un top en negro brillante comprado y arreglado por su madre para que le quede al cuerpo y la pollera negra se la regaló la abuela.


Foto: Lina Etchesuri para lavaca.
“Hay una incomodidad social que quizás no se nota tanto en Capital pero sí en Zona Sur, hay situaciones muy feas, no podés salir así vestidx”, dice Juanjo. Es la segunda Marcha de la que participan. “Nos robaron el celular el año pasado y este año también”, pero nada empaña lo vivido. “No hay nada como ser uno mismo que no valga la pena”.
Sobre libertad y pelucas
Maxi camina esplendoroso con ropa interior mínima y una corona negra, con dos inscripciones a mano con fibrón negro en su pecho y en su espalda. La del pecho le rinde homenaje a Lali Espósito. La de la espalda dialoga con la época: “Orgullo es libertad”.
Sabe que el concepto “libertad” estuvo violentado: “La libertad es otra cosa. El gobierno desfinancia todo lo que es VIH, tuberculosis, los preservativos. Y la libertad es orgullo. Venís a la marcha y expresarte significa libertad, no como ellos que van a los medios y dicen todas cosas homofóbicas. Hay que sentir orgullo de ser y de opinar diferente”.
Tiene 27 años y es cordobés.
¿Cómo se derrota al fascismo? No duda: “Con más peronismo”.

Foto: Lina Etchesuri para lavaca.
Sobre la calle desbordada de canciones de cumbia, de pop, de new wave, de rock nacional que se entremezclan entre sí, con travas en modo drag y metaleros con cuero y tachas, Lean tiene un cartel que dice “Orgullo vuela peluca”.
Se ríe: “Peluca es una peluca, puede ser canecalón, o rubia, o negra, pero es peluca”. ¿Y el presidente? “Que use si tiene ganas”.
¿Qué significa el orgullo en este país? “El orgullo es siempre el mismo. Tenemos orgullo de quienes somos porque no tenemos que dar cuenta de nuestras identidades. No están en discusión. Nos sentimos orgullosos porque fuimos educados para la vergüenza. Entonces, la respuesta ante esto, es orgullo”.
¿Tiene otra connotación este año? “Nosotras siempre estuvimos en la calle. Siempre peleamos. La derecha no es la primera vez que está”.
Y vuelve a sonreír: “Tampoco es la primera vez que se va”.

Foto: Lina Etchesuri para lavaca.

Foto: Lina Etchesuri para lavaca.

Foto: Lina Etchesuri para lavaca.
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¿En qué se parecen Trump y Pluribus?

Por Sergio Ciancaglini
Pluribus es una serie maravillosa y flamante, que tal vez ya quedó vieja.
El último capítulo de la primera temporada se emitió el 26 de diciembre y días después empezó a rankear como pieza de museo debido a Donald Trump.
La serie de Vince Gilligan explota de modo increíble una hipótesis: una civilización del planeta Kepler 22-b, ubicado a 640 años luz, contamina a todos los pobladores de nuestro mundo, que sonríen felices y actúan con amabilidad, pero cuyo cerebro forma parte de una gran mente colmena.
Esto es: hay un solo cerebro. Nadie piensa ya de modo individual sino que están todos unidos y dirigidos y masificados por esa mente colmena que reúne a la totalidad de los cerebros y saberes humanos. La IA en modo lisérgico.
Hay un solo problema: 13 personas resultaron inmunes a esa especie de virus algorítmico/biológico que controla al resto de la humanidad.
A la mayor parte de los 13 inmunes la situación les parece aceptable. Notan lo felices que están los demás, y la mente colmena los trata con servicial cortesía.
Solo unos pocos de los 13 entienden que no: que detrás de esa felicidad masiva a las personas les robaron el alma, porque la inteligencia alienígena lo que en realidad busca es apoderarse del planeta y sus recursos.
Esos humanos contaminados morirán pronto pero sonriendo tras haberse comido a sus propios muertos, y el mundo será una estación más en el avance de la civilización del planeta Kepler 22-b para subsistir a costa de los otros habitantes y otros planetas de este extraño universo.
Una semana después del último capítulo de Pluribus, Estados Unidos invadió Venezuela (América Latina), abdujo a Nicolás Maduro y redondeó las acciones con las que el país sustento de lo narco en el mundo simula combatir al narcotráfico.
Luego llegó Trump a explicar todo. ¿En qué se parece la política que simboliza Trump, a Pluribus y los ignotos seres de Kepler 22-b? Una hipótesis: la idea del control.
Pero lo que en la mente colmena son acciones y deseos altruistas (mientras roban almas y bienes comunes) en Trump es transparencia pura: habla del petróleo, de los recursos, del dinero en juego, de las corporaciones, de los muertos. Aclaró que considera que esa riqueza de hidrocarburos y tierras raras es norteamericana (lo cual supera en términos de ciencia ficción a toda la temporada de Pluribus) y demostró que puede llevar a la práctica todas las amenazas, provocaciones y disparates que rompen con el mundo tal cual lo hemos conocido.
El de Trump no es el imperio amable, hipnótico, seductor y temible de Pluribus.
En el suyo rige solo lo temible, y la sonrisa impostada es reemplazada por escenas de violencia explícita.
El control no es a través de la contaminación cerebral sino gracias a acorazados y drones, generales, violencia y guerras. Las mismas que el señor Trump dijo que quería evitar pero que –negocios son negocios– reactivan la industria armamentística, que es casi tan poderosa como la industria narco, aunque no compiten entre ellas y tienen intersecciones considerablemente turbias.
La actitud de Estados Unidos simboliza una idea: basta de seducción y amabilidad. Es tiempo de abducciones, de odiabilidad.
Lo que se estaba gestando en las últimas décadas y se inauguró formalmente ahora es la era del sometimiento. Y quien no lo acepte lo va a pagar caro. Queda por verse en este caso si el uso estadounidense de la fuerza es un sinónimo de poder, o una demostración violenta de debilidad (como acaso ocurrió en Venezuela con el propio Maduro).
En la parte que nos toca de este espectáculo cloacal, el gobierno argentino juega el rol del sometimiento sonriente. Como el viejo consejo que se les daba a las mujeres violadas: relájate y goza.
Mensaje al señor Vince Gilligan: desde este rincón findelmundesco saludo su serie increíble, pero hay otra que describe de modo diferente estas desventuras. Es argentina, se llama El Eternauta, se estrenó en 2025 pero nació en forma de cómic hace casi 70 años.
También hay en ella una civilización que busca controlar el planeta y los recursos. La invasión genera zombis y personas-robots (menos sonrientes que las de Pluribus) pero que no omite todas las formas de violencia imaginables.
Lo tóxico no lo usan para robar almas sino para matar.
En todo caso, el personaje de El Eternauta, Juan Salvo (Ricardo Darín), y la de Pluribus, la inmune Carol Sturka (la magistral Rhea Seehorn), comparten una idea frente la situación: con dudas y contradicciones, finalmente buscan hacer algo, resistir, oponerse, rebelarse frente al estado de las cosas. Su desafío: preservar cuerpos, cerebros y almas para que la existencia deje de ser una mala copia de la vida, o su the end.
En una de esas dos series imaginan una tecnología ética y cotidiana para intentar hacerlo: nadie se salva solo.
En la otra, el control de lo humano se realiza mediante un arma terrible: el consenso de una humanidad alienada. Carol no se resigna y al fin de la temporada tiene al menos un aliado. Es un latino, Manousos, que rechaza a la imitación que la mente colmena le presenta de su propia madre que le muestra los dientes, inquietantemente maternal. Manousos le dice en castellano: “Usted no es mi madre. Mi madre era una cabrona”. Y huye de Paraguay para buscar a Carol en Abuquerque, Estados Unidos, desde donde había hecho un llamado a los inmunes: tenemos que salvar el mundo.
Carol en otro momento menciona algo que podría sonar a procrastinación (con perdón de la palabra), a postergación. Pero nunca se sabe hasta dónde pueden llegar las cosas con la gente cabrona, como se considera a cada persona del mundo que puede elegir no someterse. Aquí pasó en la peor dictadura, cuando entre las pocas personas inmunes había 14 mujeres, madres y abuelas, las únicas cabronas que rompían la pesadilla del consenso alienado.
La frase Carol puede leerse como una involuntaria propuesta de acción para las personas y comunidades y, quizás, para la política (aunque esto suene también a ciencia ficción o realismo mágico).
La escena demuestra, como tantas expresiones del arte en estos días, un llamado a despertarse, cosa que en esta época parece cuestión de vida o muerte.
Carol dice en el más puro spanglish algo que aquellas personas a las que no lograron robarles el alma merecen recordar a cada momento, cada latido y cada respiración, para moverse, para no resignarse, para no someterse.
Como ya es de noche en el mundo, ella le anuncia a Manousos:
We save the world mañana.
PD: Por suerte entre los cabrones del mundo todavía existe Stremio.

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Invasión a Venezuela: la verdad detrás del botín

Por Claudia Acuña y Lucas Pedulla
Lo dijo sin metáforas y con mayúsculas:
“Venezuela está completamente rodeada por la mayor armada jamás reunida en la historia de Sudamérica. Solo se hará más grande y el impacto que supondrá para ellos será algo nunca visto, hasta que devuelvan a los Estados Unidos de América todo el petróleo, las tierras y otros activos que nos robaron”.
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció así –a través de un mensaje publicado en la red Truth Social– su decisión de invadir ese país, sin siquiera avisar al Congreso.
El “robo” del petróleo al que alude es, sin embargo, la decisión de nacionalizar el petróleo que tomó Venezuela en dos etapas históricas que ahora conviene recordar.
La primera fue el 1° de enero de 1976, bajo la primera presidencia de Carlos Andrés Pérez, quien pagó a las corporaciones Exxon, Shell, Gulf, y Mobil 5.626 millones de dólares como compensación. El economista Carlos Mendoza Potellá –quien acompañó en ese proceso al fundador de la OPEP, Juan Pablo Pérez Alfonzo– sintetiza así cómo fue: “Las mismas concesionarias designaron de su seno a quienes asumieron la gerencia petrolera venezolana: el entonces presidente de la Compañía Shell de Venezuela se convirtió en presidente de la ‘Operadora Nacionalizada’ Maraven. El vicepresidente de la Creole Petroleum Corporation, filial venezolana de la Standard Oil–Exxon se transmutó en presidente de Lagoven, otra operadora nacionalizada. El mismo esquema se repitió once veces con los gerentes de las demás filiales transnacionales, travestidos en gerentes de empresas estatales”.
Durante su segundo mandato, Pérez dispuso un plan de “apertura petrolera” que permitió operar a las transnacionales del petróleo en nuevas áreas, que luego su sucesor, Rafael Caldera, amplió. Así se llegó a la segunda nacionalización, impulsada por Hugo Chávez en 2007, quien a través de un decreto impuso que la petrolera estatal tenía que tener participación mayoritaria en todas las explotaciones petroleras venezolanas. Esa medida originó una serie de demandas internacionales, entre ellas la de Exxon, a quien el régimen de Nicolás Maduro pagó 700 millones de los 985 reclamados.
Del robo, hay que decirlo, fue víctima Venezuela, saqueada por la corrupción de quienes durante el régimen de Maduro administraron los activos de la petrolera estatal. Un ejemplo: el 17 de marzo de 2023, se dio a conocer la desaparición de 3.000 millones de dólares provenientes de cuentas por cobrar de la venta de petróleo, lo cual derivó en la detención de 61 personas, entre ellas tres coroneles y otros cuatro militares que ocupaban puestos relevantes en PDVSA.

El botín
Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo, incluso más importantes que las de Arabia Saudí. Los yacimientos situados en la faja del Orinoco albergan más del 15% de todas las reservas mundiales. Su petróleo, además, es especial y característico: es más pesado y costoso de extraer, pero su alto contenido en azufre lo hace especialmente codiciado por las refinerías más sofisticadas.
Socio fundador de la OPEP, produce actualmente poco más de un millón de barriles diarios, lejos de los 3,5 millones de barriles que producía al final de la década de los noventa, cuando el país era una potencia global del sector de los hidrocarburos, con el 10% de la producción mundial de crudo. Ahora la república bolivariana apenas representa el 1%.
Para hacerse una idea del declive del sector en Venezuela, la industria del crudo del país llegó a ser la mayor exportadora del mundo. Ahora ocupa el puesto 21 entre los productores mundiales. Y está a punto de ser superado por su vecino Guyana, un país mucho más pequeño, cuya economía controla la petrolera Exxon.
Pero no solo se trata del petróleo. Tal como anunció el presidente Trump en su explícito mensaje hay “otros activos” que busca controlar con esta operación militar. Están en juego, además, minerales y tierras raras. Venezuela es un país muy rico en recursos naturales: cuenta con importantes reservas de gas natural, oro, hierro, bauxita y coltán, uno de los minerales necesarios para las baterías. También posee grandes yacimientos de cobre, níquel, titanio y zinc.
De Monroe a Trump
Dos siglos antes – el 2 de diciembre de 1823– el entonces presidente de Estados Unidos, James Monroe, declaró como potencialmente hostil cualquier intervención de las potencias europeas sobre los asuntos políticos de una América que libraba sus guerras de independencia, bajo el tan estadounidense lema: “América para los americanos”.
El 2 de mayo de 1965, 142 años después, la Cámara de Representantes completó esa declaración con la “Doctrina Johnson”, tras la invasión a República Dominicana ordenada por el entonces presidente Lyndon Johnson, para evitar un gobierno comunista.
El 3 de enero de 2026, casi 58 años después, en una fecha sensible para Argentina porque coincide con la invasión británica a las Islas Malvinas en 1833, la región amaneció bombardeada por orden del actual presidente estadounidense, Donald Trump, quien invadió Venezuela y detuvo a su presidente, Nicolás Maduro. “Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental”, dijo el documento de 29 páginas en el que EEUU redefinió la Estrategia de Seguridad Nacional, que denominó como “corolario Trump a la doctrina Monroe”. En un juego de palabras, se bautizó como “Doctrina Donroe”.
En declaraciones a la BBC, el investigador de Estudios Latinoamericanos del Council on Foreing Relations, Will Freeman, sintetizó: “Es una especie de justificación ideológica para la intervención de Estados Unidos o para la mano dura en la región. Pero el documento también menciona los cárteles de la droga y las incursiones extranjeras hostiles, lo que suena a la Doctrina Monroe en su versión original».
Si las viejas doctrinas buscaban la anexión violenta de una “América triguera” como si la región fuera el “caballo” y Estados Unidos el “jinete”, la actual doctrina Trump busca esnifar esa América narcótica que su país consume, abastece y fortalece en estructura, para su dominio geopolítico y el saqueo colonial de los bienes comunes, como dejó en claro Trump en su imperturbable y descarada conferencia: “Vamos a hacer que nuestras compañías petroleras de Estados Unidos, las más grandes en cualquier parte del mundo, entren, inviertan miles de millones de dólares, reparen la infraestructura petrolera gravemente deteriorada y comiencen a generar dinero para el país”.
¿Qué país?
En el nuestro y en los bordes más empobrecidos de esta ciudad –el Bajo Flores– la comunidad venezolana que está en la platea del club Daom mirando a los suyos disputar un partido de béisbol en un clásico contra Vélez Sarsfield lleva aferrada en cada mano, como un rosario, el teléfono celular, desde donde siguen las noticias de su tierra y de su gente. Me dice una joven que ya lleva ocho años en Argentina:
“Es un comienzo”.
Lo dice con ilusión y alivio.
Su mirada y lo que transmite, su biografía y lo que representa –estudió Historia en la universidad de la república bolivariana, trabaja limpiando casas por hora en Palermo– es la exacta dimensión del mayor fracaso del discurso progresista y sobre esa rotunda frustración ahora urge reflexionar.
Fracasar, fracasar, fracasar hasta triunfar.
Lo decía Mao, que tanto disgusta a Trump.
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Nuevo ataque a la prensa: robo en la redacción de la cooperativa El Ciudadano

Desconocidos rompieron un vidrio del frente del edificio e ingresaron al diario cooperativo de Rosario. El robo fue selectivo: se llevaron las dos consolas de sonido y todos los micrófonos, lo que impide que el medio siga transmitiendo y filmando. Todo en el contexto de un gobierno nacional que enarboló el eslogan «no odiamos lo suficiente a los periodistas». Desde la web de El Ciudadano (elciudadanoweb.com): «Nos vamos a levantar de este golpe pero nunca vamos a dejar de contar con espíritu crítico todo lo que vemos”.
El año comenzó con una noticia triste e inesperada para el diario El Ciudadano. Cuando volvieron a trabajar después del Año Nuevo, sus integrantes encontraron que la redacción del medio cooperativo de Rosario había sido robada. “Nunca vamos a dejar de contar con espíritu crítico todo lo que vemos”, señalaron desde el espacio autogestivo.

Imagen de las instalaciones saqueadas.
El episodio ocurrió durante la madrugada del primer día del año. Desconocidos rompieron un vidrio del frente del edificio e ingresaron al diario. “Se dirigieron directamente al sótano donde funciona el streaming y se llevaron las dos consolas de sonido, todos los micrófonos, lo que nos impide seguir transmitiendo y filmando”, contó El Ciudadano a través de una declaración en su web.
“Nos llama la atención lo selectivo del robo y lo simbólico del hecho de que se hicieran con los micrófonos”, agregaron desde la cooperativa y recordaron la compleja situación económico y de subsistencia que atraviesan en esta época de crisis.
El violento hecho, además, se da en el marco de un gobierno que promueve el odio a la prensa. Javier Milei repite de manera constante que no se odia lo suficiente a los periodistas, al tiempo que censura y reprime el ejercicio de prensa.
“Nos quisieron destruir muchas veces. Nunca lo consiguieron. Nos vamos a levantar de este golpe pero nunca vamos a dejar de contar con espíritu crítico todo lo que vemos”, concluye El Ciudadano, medio creado en 1998 y recuperado por sus trabajadoras y trabajadores en 2016.
El Ciudadano, junto al diario Tiempo Argentino, revista MU y Agencia lavaca, El Diario del Centro del País, revista Cítrica, agencia Tierra viva y Lawen, integra la Unión de Medios Autogestivos. Son siete cooperativas que se organizaron con el fin de promover el periodismo de investigación sobre temas sociales apremiantes. Su agenda hace foco en temas usualmente relegados por la prensa comercial como son la violencia institucional, el narcotráfico, el respeto por los derechos humanos y la diversidad de género, la soberanía alimentaria, los reclamos de los pueblos originarios y el cuidado del medio ambiente.
La cooperativa que edita El Ciudadano se llama La Cigarra. El diario dio la noticia con palabras de aquella canción de María Elena Walsh: «Tantas veces me mataron». Y publicaron: «Por algunos indicios que deberán investigarse, el hecho también asoma como clara amenaza a la libertad de expresión».

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