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Daniel Guzmán: ex combatiente y periodista

Malvinas, 44 años después: «Sigue siendo una zona de combate»

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«Solo se puede defender algo cuando se lo conoce» dice Daniel Guzmán, habitante de Tierra del Fuego, combatiente en las islas y ahora periodista en Ushuaia, que es también la capital de las Malvinas. Por eso difunde, explica y reflexiona: la intervención al puerto local, el ataque a la industria fueguina, el avión con legisladores norteamericanos, la depredación británica con la pesca y los hidrocarburos en una zona argentina. Calcula que «desde 1833 a la fecha nunca había sucedido semejante acto de traición a la patria y entrega soberana» en referencia a políticas y declaraciones del gobierno argentino que ni los ingleses hubiesen soñado. Frente al 2 de abril, el enfoque para comprender todo lo que está en juego cuando se habla de Tierra del Fuego, del Atlántico Sur y de Malvinas.

Por Francisco Pandolfi

Fotos Juan Valeiro

Enviados especiales a Ushuaia

–Malvinas, para mí, sigue siendo una zona de combate. 

Daniel Guzmán lo dice con la firmeza de las palabras y la postura. Lo dice con el cuerpo y el corazón. Con las manos apoyadas sobre una mesa donde también se apoyan algunas revistas Gente que dicen que estamos ganando una guerra que no; que seguimos ganando una guerra que tampoco.

Cuando la revista Gente –editorial Atlántida, aliada de la bestialidad militar– mentía sin pudor de la sangre derramada, Daniel Guzmán era, como parte del Comando del Regimiento de Infantería 25, uno de esos pibes de Malvinas que jamás olvidaremos, como decía la canción del último Mundial.

Malvinas, 44 años después: «Sigue siendo una zona de combate»

Guzmán en el Museo Pensar Malvinas.

Daniel Guzmán –sobrio, obsesivo– sigue en combate desde el periodismo: es el fundador de un medio necesario llamado Agenda Malvinas y una de las personas que habita Tierra del Fuego y más sabe de soberanía y geopolítica.

En el marco de una investigación sobre la intervención del puerto de Ushuaia que verá luz en la próxima edición de la revista MU y a 44 años del comienzo de la Guerra, Daniel Guzmán habla en el Museo Pensar Malvinas, en el centro de la capital de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur. Habla, desde la capital de las Islas Malvinas argentinas.

Si tuvieras que describir la complejidad de esta época, ¿por dónde empezás?

Hay tantas variables a nivel global, nacional y específicamente en Tierra del Fuego que es difícil, pero tengo la percepción sino la certeza de que estamos yendo a un camino sin retorno de la diplomacia argentina a partir de las declaraciones de Javier Milei al diario británico The Telegraph a finales del año pasado. Que haya dicho que las Malvinas se van a recuperar cuando la colonia implantada en las islas lo decida, es una declaración de altísimo nivel, contraria a los intereses argentinos. Desde 1833 a la fecha nunca había sucedido semejante acto de traición a la patria y entrega soberana. Y esto se da sin reacción de los contrapoderes del Estado. Ni la bicameral legislativa, ni la oposición, ni el Poder Judicial, ni los fiscales generales de la Nación. Solo el CECIM La Plata (Centro de ex Combatientes Islas Malvinas) lo denunció y al no haber tenido respuesta a las cartas documento, significa que Milei ratifica su postura. Estamos en una situación absolutamente crítica, sin un camino para la recuperación efectiva de Malvinas. 

¿Cómo explicás esa no reacción?

Porque la cuestión Malvinas es la periferia de la periferia de la Argentina y por el momento del mundo. Ni la propia Tierra del Fuego le da relevancia a lo que sucede. No se conoce, por ejemplo, que todos los años los colonos británicos declaran unas 250.000 toneladas de recursos pesqueros argentinos y fueguinos que se van con licencia de la colonia británica de Malvinas. 

Malvinas, 44 años después: «Sigue siendo una zona de combate»

El Museo.

Hidrocarburos y ajedrez

“Esto es un hecho concreto”, dice Daniel y toma impulso para describir otra situación. Cuenta que en 2012 se descubrió al norte de Malvinas un yacimiento que llaman Sea Lion (León Marino). “Un yacimiento de hidrocarburos catalogado de clase mundial con reservas superiores a los 900 millones de barriles de petróleo. Argentina tiene uno de esa magnitud: en Cerro Dragón, Chubut. Además hay en Brasil, en Venezuela y en los países árabes, nada más”.

Los hechos concretos se multiplican y la causa es el desarrollo turístico. Dice que ya tienen garantizados 180 millones de dólares para construir en Malvinas un puerto multipropósito para desarrollar la pesca, la industria petrolera, el turismo y la explotación en la Antártida. Ya construyeron en las Georgias un muelle de carácter científico. “Entonces, si los fueguinos no conocen esto, qué le podemos pedir al resto de los argentinos. Estas cuestiones son periféricas excepto cuando los intereses internacionales hacen espejo con Groenlandia y el deseo real de la administración Trump de tomar el control estratégico del Atlántico Sur y la Antártida”.

En este tablero de ajedrez mundial ¿cuál es el rol de Tierra del Fuego?

En los últimos cinco años el Comando Sur de los Estados Unidos vino tres veces y no solamente a inspeccionar los avances en la base logística antártica argentina, sino que aspiran a tener una base para sus submarinos y piden la reactivación del radar que está en Tolhuin, cuya dueña es la empresa LeoLabs e integra la cúpula dorada (el sistema de defensa antimisiles) que está desarrollando Trump. Argentina tiene el desarrollo antártico más antiguo del planeta desde hace más de 120 años y es el país que más bases tenemos en la Antártida (13). Ahí está el recurso más importante del planeta –el reservorio de agua dulce más grande del globo terráqueo–, además de riquezas hidrocarburíferas y metalíferas de altísimo valor estratégico. ¿Todo este activo lo vamos a entregar? ¿Nuestro desarrollo antártico debe estar unido a una potencia extranjera? Británicos, estadounidenses, rusos y chinos tienen un mapeo exacto de los recursos naturales existentes en la Antártida. Estas cosas están sucediendo y sin debate en nuestro país. Si nosotros no dimensionamos lo que pasa, el destino es claro: nos seguirán interviniendo.

¿Quién define hoy la soberanía nacional?

Se decide en Washington, no en Argentina y estamos siendo moneda de cambio para el sostenimiento financiero de la convertibilidad que tiene el gobierno de Milei. Cuando Trump anuncia que va a tomar Groenlandia, hay una cierta resistencia en varios países de Europa que se oponen. Acá no, al contrario, se deja hacer: hay una voluntad de que Estados Unidos decida por nuestro futuro y entonces incorpora actividades y ejercicios militares pasando por arriba incluso del Congreso Nacional.

El radar, la petrolera y la corona

Daniel hace una pausa a su vertiginosa enunciación.

Se pregunta si hay tiempo.

Si habrá posibilidad de revertir todo esto. 

Mueve la cabeza, de un lado al otro, y completa la respuesta, por si hiciera falta: “No parece que hubiese tiempo. Va tan rápido esta situación que es difícil frenarla. Ya no podemos ni hablar de frenar el avance colonial británico, porque el primer problema lo tenemos internamente”.

El problema interno lo diversifica en tres frentes que evidencian la pérdida de soberanía ante el Reino Unido.  

1-El radar

En 2022 se instaló a 3 kilómetros de la ciudad de Tolhuin un radar de la empresa LeoLabs, fundada en Estados Unidos y con sede en el Reino Unido. La autorización la firmó el entonces Jefe de Gabinete, Juan Manzur, pero en 2023 el ministro de Defensa Jorge Taiana ya había ordenado desmantelarlo, hecho que no ocurrió en su totalidad. El radar, emplazado a menos de 800 kilómetros de Malvinas, vulnera la seguridad nacional y la propia compañía confesó que puede realizar espionaje militar. “Nadie sabe si está funcionando o no, porque el gobierno no peritó qué fue lo que sacó LeoLabs ante el pedido de desmantelamiento. La empresa tampoco lo demostró. Aparentemente no hay electricidad, pero el informe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de agosto de 2023 dice que aún sin energía el radar podría brindar información”.

2-La petrolera

A la petrolera británica Harbour Energy, que entre 2021 y 2022 fue accionista en la exploración del yacimiento León Marino, en Malvinas, el gobierno provincial la premió: el año pasado la incorporó al consorcio del proyecto gasífero Fénix, el más importante de Tierra del Fuego. “Es algo sin precedentes que genera una ruptura del reclamo argentino sobre la soberanía argentina de las Islas”. Pregunta al aire conociendo la respuesta: ¿Cómo una empresa que operó en Malvinas con licencia ilegal británica, violando la legislación internacional y la ley argentina, es autorizada por la misma provincia usurpada en 1.620.000 kilómetros cuadrados? Concluye: “El gobierno de facto de Gran Bretaña se produce en Tierra del Fuego”.

3-Plata para la corona

Daniel denuncia que Tierra del Fuego colabora con la economía de la corona británica. Lo demuestra con datos: alrededor de 75 mil turistas al año viajan a Malvinas y el 90% de los cruceros sale desde Ushuaia. “El turismo es el segundo sector en ingresos que sostiene a la colonia en las Islas. El primero es la pesca: por eso decimos que la ocupación ilegal británica tiene olor a pescado”.

Malvinas, 44 años después: «Sigue siendo una zona de combate»

El fuego que no se apaga.

¿Por qué pasa todo esto, pero no pasa nada? 

Porque hay un sector de la política argentina que no quiere mirar, no quiere investigar, y en la medida que quienes tienen el conocimiento no los transmitan, difícilmente la sociedad evolucione. La prensa nacional está totalmente colonizada y cooptada, con un discurso monolítico favorable a los Estados Unidos. Hay un bombardeo externo importante y el desinterés propio: perdimos el rumbo de los proyectos estratégicos de la Nación. Es difícil volver a los principios rectores de la patria en este escenario. ¿Cómo se lo pedís a alguien que no puede darle de comer a sus hijos?

Los problemas para navegar en el canal de Panamá también potencian el interés por el Atlántico Sur. 

Sí, claro. El canal de Panamá tuvo hasta 20 días de demoras para el cruce, es serio el problema. Hace un año hablé con la embajadora de Panamá y me dijo que tuvieron una sequía importante, porque hay dos lagos de agua dulce que lo abastecen y han reducido su caudal. Pero más allá del clima, el crecimiento de los buques seguirá avanzando, nadie vuelve al velero ni a la carabela. Es un proceso tecnológico sin retorno, lo que hace que los pasos bioceánicos que tenemos en el Atlántico Sur se miren de otra manera.

Por fuera del canal de Panamá –creado artificialmente en 1914– los otros tres pasos que unen el Atlántico y el Pacífico son naturales y están en el Atlántico Sur: el estrecho de Magallanes, el Paso de Drake y el canal de Beagle. “Las grandes potencias tienen estudiado hace mucho los recursos de la zona. Pocos quizá recuerden que el 4 de febrero de 1976 se generó un conflicto naval entre Argentina y el Reino Unido en aguas cercanas a las Islas Malvinas, conocido como el ‘incidente Shackleton’, por estar haciendo espionaje. De hecho, el 24 de marzo del 76, día del golpe de Estado, Estela Martínez de Perón iba a presentar un pedido de expulsión del embajador británico en Argentina”.

El informe Shackleton –recuerda Daniel– reveló el alto potencial pesquero y petrolero de las aguas circundantes a las Islas Malvinas, así como la riqueza de las tierras raras y los nódulos polimetálicos que años después se empezarían a conocer. “En ese momento parecía que estaban hablando de Marte, pero hoy toman otra dimensión. Gran Bretaña en los 70 ya tenía esa información y ese fue uno de los motivos que empujó a Gran Bretaña a no avanzar en una negociación con Argentina por Malvinas”.

El correlato llega al presente. “Gran Bretaña está desarrollando en la Antártida perforaciones de 2.8 kilómetros, analizando la corteza. Pronto inaugurarán un centro científico y tienen tres aviones operando permanentemente, como nunca antes”.

La intervención al puerto

Entre guerras, invasiones y genocidios a la vista en este TEG llamado mundo, en Argentina también se mueven fichas, como parte de la política nacional y la geopolítica global: el 21 de enero el gobierno nacional le intervino el puerto de Ushuaia a Tierra del Fuego –aduciendo problemas de infraestructura, desfinanciamiento y desvío de fondos– y se quedó con su administración: una caja de 30 mil millones de pesos anuales, y el control de todo lo que entra y sale del activo estratégico más importante que tenía la provincia.

¿Qué significa una intervención como esta?

El puerto es uno de los ingresos más importantes que tiene Tierra del Fuego, en la única provincia marítima en la Argentina. A su vez, el puerto de Ushuaia es el principal de movimiento turístico de cruceros a la Antártida a nivel mundial, por lo que está siendo utilizado como botín político. La intervención es inconstitucional porque una resolución de la Agencia Nacional de Puertos y Navegación que determina la intervención, no puede estar por encima de un decreto que es el que en 1992 traspasó el puerto de Nación a Tierra del Fuego. Además, la intervención no habla solo del puerto sino de las aguas adyacentes, por lo que debió ser tratado por el Congreso de la Nación.

¿Cuál fue el accionar del gobierno provincial?

No tuvo reacción y sí tuvo muchos errores no forzados y torpezas. El gobernador Gustavo Melella impulsó una ley que la legislatura votó por unanimidad para tomar parte de los fondos del puerto y derivarlo a la endeudada obra social estatal, cuando sabían que lo que entra a la caja portuaria sólo puede destinarse puerto adentro. El gobernador, al menos, ha tenido impericia, absoluta falta de responsabilidad política y administrativa. Como consecuencia, esta provincia –insular, marítima– perdió la gobernanza de este activo clave. ¿Quién decide hoy nuestro futuro? Lo seguro es que no se está decidiendo acá, se perdió esa capacidad o se entregó, por una connivencia forzada o no, extorsionado o no, por el gobierno nacional.

Insiste: “Podríamos decir, ‘bueno, el gobernador se equivocó’, pero sucedió algo similar con la instalación del radar y la autorización a la empresa petrolera. No parece haber sido un error y lo confirma el que hace una semana envió un proyecto de ley a la Legislatura provincial en el que propone crear la Sociedad de Inversión, Desarrollo y Gestión Portuaria Sociedad Anónima: pasar del control público del puerto de Ushuaia a una sociedad anónima que incluirá capitales privados y que queda fuera del régimen de contrataciones, o sea sin licitaciones públicas. Todo lo que hizo el gobierno provincial parece haber sido para llegar a esta instancia: es el manual de Dromi y Cavallo de los 90; de cómo vaciar a un país y a una provincia”.

El avión y la disyuntiva

Cuatro días después de la intervención del puerto un avión de la Fuerza Aérea estadounidense –con congresistas republicanos y demócratas– aterrizó en Ushuaia sin aviso a las autoridades provinciales y municipales, ni la aprobación del Congreso como lo establece la Constitución al tratarse del ingreso de medios o fuerzas militares extranjeras. ¿Qué hay detrás? “Vinieron a hacer lo que saben: mirar, inspeccionar, controlar. Morgan Griffith, del partido republicano, encabezó la comitiva y es quien hace el seguimiento de las inversiones chinas a nivel global. No hay nada por detrás, está todo a la vista: la única que no quiere ver es la clase política argentina”.

Daniel está rodeado de infografías que reseñan el antes, el durante y el después de la Guerra. A metros, un cubículo de vidrio, rectangular, minúsculo, contiene el sustrato que vive en la memoria. Grabado en el frente, se lee:

“Por esta tierra vivimos, 

por esta tierra morimos, 

por esta tierra volveremos Malvinas”.

Daniel Guzmán respira profundo y siente a sus islas, 44 años después del inicio de la Guerra:

–La disyuntiva que me acompaña es si soy periodista o si soy combatiente. Es el juego permanente de mi cabeza, que sigue mirando a Malvinas y no las puede ver de otra manera que no sea una zona de combate. Voy a hacer lo que sea necesario en homenaje a mis compañeros, todo lo demás me importa un carajo. Voy a honrar a mis compañeros, todo lo que pueda. El conocimiento es una responsabilidad y eso fue lo que nos planteamos en 2017 cuando creamos Agenda Malvinas. Hay que saber y hay que decir. Porque solo se puede defender algo cuando se lo conoce. En ese combate estamos.

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