Nota
Maldita impunidad: Un desastre previsible. Carta de los padres de Lucas
“Es responsabilidad de alguien que las cosas funcionen como se debe y no de la forma calamitosa en que se les permite. ¡Vamos a encontrar a ese alguien! Pasan los años y pareciera que podemos aprender solo a base de muertes, y hoy se sigue viajando en los mismos trenes de paupérrima seguridad como si nada hubiese pasado”, escribieron en una Carta Abierta los familiares de Lucas Menghini Rey, con el dolor convertido, una vez más, en lucidez. Una lectura imprescindible. Este es el texto completo.
[audio:https://www.archive.org/download/TragediaEnOnce/trenes-once.mp3]
“Debido a la tragedia ocurrida el miércoles 22, y a todo lo vivido desde ese instante hasta el día de hoy, sentimos la necesidad de hacer conocer a todas las personas que nos acompañaron y nos acompañan, cuáles son los sentimientos que nos invaden, cuáles son las certezas con las que contamos, cuáles son las dudas que se nos generan y cuáles son las respuestas que tenemos para cada una de las personas, que de una manera u otra han cruzado nuestro triste y terrible itinerario de estos días.
Por su magnitud, consideramos el hecho ocurrido como un desastre previsible y no como un accidente, considerando que se elige dicho término para eludir responsabilidades.
Obviamente, sabemos que hay responsables de lo ocurrido y sabemos que hay quienes tienen la obligación de encontrarlos. Estaremos siguiendo cada uno de los pasos hasta que tengamos una respuesta contundente, con nombres y apellidos. Y seremos también quienes estemos en la primera línea pidiendo que cumplan con la sanción que merezcan.
A estos pocos miserables, se les paran de frente las miles de personas que han estado con nosotros desde el miércoles a las 8:35 de la mañana.
Junto a nosotros, a Lara, a Paz, a Romina, a sus abuelos, tíos, primos y a la gran familia de Lucas han estado muchas personas a las que queremos expresar el agradecimiento desde lo más profundo de nuestro corazón.
Muy especialmente a todos nuestros amigos y compañeros.
Para los amigos de Lucas queremos dedicar un párrafo aparte.
Chicos: hemos visto y sentido en cada uno de ustedes a nuestro hijo. Con la misma polenta para cambiar las cosas, con la misma nobleza para enfrentar las injusticias, con una entrega desinteresada que debiera ser ejemplo para muchos mayores, con la misma rebeldía que no significa violencia sino todo lo contrario, en una sociedad que traga porquerías sin masticar. Como diría el Chimu, no se dejen engañar nunca por las “informaciones falsas que empañan la visión, son de madera noble, de roble es su corazón”.
En las antipodas de estos seres maravillosos se encuentran quienes usaron nuestro reclamo y nuestro dolor. Los que enviaron mensajes mentirosos, crueles o perversos, los que pretendieron usar políticamente, y con declaraciones altisonantes esta tragedia, y los que el viernes invadieron la estación de Once pretendiendo mezclar nuestras desesperantes horas con su miseria política, con una violencia que no tiene nada que ver con nosotros, y mucho menos, con nuestro adorado Chimu. Sepan que su actitud fue despreciable . Maldita es la impunidad, tan maldita como los que usan el dolor ajeno. Nuestra solidaridad a los familiares de las víctimas de Cromañon, que se acercaron a nosotros sin ninguna otra intención que apoyarnos.
A los medios de comunicación quiero hablarles como papá de Lucas, pero también como compañero. Estuvieron siempre para lo que quisiéramos desde el momento que lo solicitamos, dándonos espacio a toda hora y en todo lugar. Y eso fue muy importante para nosotros, así como lo es su presencia hoy. Les agradecemos haber respetado nuestro pedido para la ceremonia del sábado, en que celebramos la vida de Lucas. También hoy les agradecemos dejar las preguntas para otro momento. Pero deberemos pensar alguna vez, lo antes posible, que ninguna imagen, ningún sonido, ninguna supuesta primicia pueden violentar el derecho básico a la intimidad de las personas como nos paso el viernes a la tarde, cuando anunciaron la muerte de nuestro hijo sin que nosotros tuviésemos la confirmación oficial. Después me esperaron en la morgue. Nunca más puede ser visualmente atractivo para nadie ver la imagen de un padre entrando allí a reconocer el cuerpo de su hijo. La obligación de imponer un cambio es nuestra, como trabajadores de prensa, pero sobre todo como seres humanos, que es una instancia superior a cualquier trabajo.
Gabriel, (te llamé dos veces y no demoraste un minuto en atenderme),estamos infinitamente agradecidos por tu gesto, vos sabes quién sos y quienes te lo estamos diciendo. No importa cuál fue el resultado, nosotros te agradecemos tu valentía y tu corazón.
Nuestro reconocimiento también va para todos los funcionarios y profesionales de distintas áreas que, cumpliendo con su tarea, nos brindaron también todo su afecto y contención, demostrando que un trabajo o un cargo pueden ser mucho mas que una obligación diaria de servicio, cuando se es gente de bien.
Un enorme gracias por los miles de llamados y mensajes de gente como nosotros, de todo el país que nos brindaron aliento, pistas, ideas, que nos ofrecieron ayuda de todo tipo, desde lo material, hasta lo espiritual, con la única intención de ayudarnos. A las personas que sufrieron cada instante de la búsqueda de Lucas y que sintieron empatía con nosotros, sólo nos queda agradecerles infinita y eternamente.
Será la investigación la que determine las causas de esta tragedia, que no puede ser sólo una, sino varias y concurrentes. De la misma manera, se deberá encontrar a todos los responsables políticos y operativos de los casi 700 heridos y los 51 muertos.
A pocas horas de la tragedia, como muchos otros, nos encontramos recorriendo los diversos hospitales de la ciudad de Buenos Aires. Fuimos a cada uno de ellos en varias oportunidades. También, buscamos a Lucas en hospitales de la Provincia de Buenos Aires, y en Clínicas Privadas. En todo momento nos aseguraron que los muertos (identificados o no) eran cincuenta.
Al final del día miércoles y ante la falta de resultado en los hospitales, decidimos acercarnos a la morgue para descartar que alguno de los cuerpos no identificados fuera el de Lucas.
Después de pasar por esos terribles momentos, sintiendo que podría haber sido con mayor cuidado y respeto, desechamos la posibilidad de que nuestro hijo formara parte de quienes perdieron su vida. Esto nos hizo reanudar la búsqueda, que ya a esta altura se había convertido en frenética y desesperada, solos aún.
A medida que se nos fueron acabando los recursos, ante el paso del tiempo y la angustia creciente, que se alimentaba con la certeza de que Lucas estaba con vida, exigimos ayuda institucional y sólo así empezamos a recibirla, cuando el sentido común indica que cualquier persona en nuestra situación debe ser asistido y guiado desde un primer momento por el Estado sin mediar pedido alguno.
A esa altura ya habían pasado más de 30 horas sin saber donde estaba el Chimu.
No vamos a abandonar nuestra lucha hasta encontrar a quienes nos hicieron buscar desesperadamente a nuestro hijo, durante tanto tiempo, creyendo en su palabra de que no había ni un muerto más.
Estas personas tienen cargo, nombre, y obligaciones para con los ciudadanos que debieran proteger. Queremos encontrarlas, que nos miren a los ojos y nos digan por qué y cómo fue que no recorrieron exhaustivamente desde el primer momento, cada centímetro de la formación. Pregunto: ¿no alcanzaban los recursos humanos para cubrir ocho vagones?¿ O sólo fue negligencia, soberbia, incompetencia, o puja de poderes entre diferentes jurisdicciones en las cuales quedamos atrapados los ciudadanos comunes?
No seremos nosotros quienes las encuentren, ni ninguno de los miles de argentinos que sufren todos los días la desinversión y la falta de control de los servicios de transportes que obligatoriamente deben usar los trabajadores de este país. Nunca ningún usuario puede ser culpable de lo que le suceda en la utilización, sin otra opción, de transportes saturados y sin mantenimiento adecuado.
Es una necesidad mía, como mamá de Lucas, y en la cual me acompañan el papá y el resto de la familia, expresar mi más enérgico repudio al comunicado emitido por el Ministerio de Seguridad de la Nación, encabezado por la Dra. Nilda Garré en el cual se deja entrever la posibilidad de que Lucas tenga la responsabilidad sobre lo sucedido.
Dice el comunicado: “se identificó que el cuerpo de Menghini Rey se encontraba dentro de la cabina de conducción del motorman del cuarto vagón, lugar vedado a los pasajeros, que se hallaba en desuso y sin comunicación con el interior del mismo por hallarse las puertas clausuradas.”
Todos nosotros como usuarios del ferrocarril Sarmiento sabemos que en un vagón abarrotado, en el que es no se puede entrar, cada uno se acomoda donde y como puede. Esta posibilidad desaparece cuando un lugar es de acceso imposible.
Tratar de convertir a la víctima en culpable es un recurso vil, bajo, bastardo y canalla , esgrimido por quienes no tienen ni un solo argumento válido que avalen su accionar, que merece el máximo rechazo de cada uno de nosotros.
LUCAS NO MURIO POR VIAJAR DONDE VIAJO.
LUCAS, AL IGUAL QUE LAS OTRAS 50 VICTIMAS, MURIO PORQUE EL TREN NO FRENÓ Y CHOCO CONTRA LA ESTACION DE ONCE, POR ERRORES Y DEFECTOS EVITABLES.
La responsabilidad sobre la seguridad en el transporte público no es de los usuarios sino de las empresas, es sobre ellas donde recae la responsabilidad de impedir por todos los medios el acceso a los lugares vedados a los pasajeros, ya sea por sus puertas, sus ventanas o cualquier otro lugar.
Y es responsabilidad de alguien que las cosas funcionen como se debe y no de la forma calamitosa en que se les permite. ¡Vamos a encontrar a ese alguien!. Pasan los años y pareciera que podemos aprender solo a base de muertes, y hoy se sigue viajando en los mismos trenes de paupérrima seguridad como si nada hubiese pasado.
La fuerza que tuvo Lucas en cada día de sus 20 años va a estar siempre sosteniéndonos para que como él lo hubiera hecho encontremos la justicia que nos merecemos. En su nombre, todos los que aquí estamos tenemos la obligación de velar por los derechos de Guadalupe Paz, puesto que su papá ya no puede hacerlo. Lucas nos dejó la misión de cuidar de su más preciado tesoro y esa responsabilidad es la que nos mantendrá el tiempo que sea necesario, luchando sin claudicar hasta conseguir nuestro objetivo, sin corrernos ni medio milímetro de él, y hasta que los culpables respondan por el daño causado a las familias de tanta víctima innecesaria.
Lucas llego a nuestras vidas cuando el quiso para hacer lo que quiso. Asi lo criamos, como a nuestra amadísima hija Lara. Para ser libres. Nos dejo frases como esta: “No llores mas, vos por mi no sufras, tenes que aprender a caminar”. Nos queda su vida hecha música, la música hecha tripas, las tripas hechas poesía, la poesía hecha sueños. Logró que muchos de nosotros, los que lo vimos crecer hasta hacerse hombre, dejáramos de lado nuestros propios egoísmos y nos unamos, para y por él, y que sea, de hoy y en adelante, por y para nosotros, haciéndonos mejores personas.
Y en vez de enseñarle nosotros a él, nos dio una gran lección. Nos enseñó que todos somos más cuando nos agarramos, cuando nos sostenemos, cuando nos acompañamos. Y desde el miércoles, y para siempre ése es su legado.
A alguien como él no se lo extraña. Porque está cada minuto de cada día, en cada uno de nosotros. Ese es su último regalo. Nos dejó a Paz, nos dejó en paz y dejó paz infinita. Disfrutemoslás.
JUSTICIA PARA LUCAS,
JUSTICIA PARA CADA UNA DE LAS VICTIMAS DE LA NEGLIGENCIA Y LA MENTIRA.
Protesta social
Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas

Un miércoles tranquilo en la ronda de jubilados en Congreso, que despierta dudas ante la necesidad de hacer “un poco más de bochinche”. Como homenaje al Día del Jubilado (domingo pasado) hubo un puesto de hamburguesas y choripanes de la UTEP. “El hambre es desesperante” dijo una de las mujeres que servía a esa cola ampliada con gente de la calle en busca de qué comer. Historia de cómo sobrevivir a una jubilación hiper mínima (porque encima se arrastra una deuda). Los alfajores, las medias, y la salud encontrada en el gesto de movilizarse.
Por Lucas Pedulla Fotos Juan Valeiro/lavaca.org
A sus 76 años, Luis Relinque tiene que vender medias para llegar a fin de mes.
–Si no trabajo, no como.
Y para comer tiene que trabajar, aunque hace once años que está jubilado. El único día que no sale a vender por la zona de Once es el miércoles, cuando camina las diez cuadras que separan su casa –Remedios de Escalada, sur del conurbano bonaerense– de la parada del 37 que lo deja en el Congreso de la Nación.

El dato, que solo en esta Argentina pareciera naturalizarse, lo explica fácil:
–Soy jubilado de la mínima. Cobro $400.000 limpios, justos. El mismo día de cobro pago la luz, el gas, el agua y con todo lo que tengo me quedan limpios, justos, $210.000. Si no trabajara, son $7.000 por día hasta el mes siguiente. ¿Cómo hacés?
La pregunta flota mientras alrededor se dispone la movilización de cada miércoles. La Rama de Trabajadoras y Trabajadores de Espacios Públicos de la UTEP (gremio de la economía popular), llamada “Lxs Parrillerxs”, puso un puesto para regalar choripán y hamburguesas por el Día del Jubilado, que fue el domingo. Se sumó mucha gente de la calle: “El hambre es desesperante”, dice una señora mientras corta el pan. Sobre la vereda se acomodan trabajadoras y trabajadores de la ANSES, que denuncian una “sangría por goteo” en el organismo encargado de las jubilaciones y pensiones: el Gobierno abrió un plan de retiros voluntarios, el segundo del año. Un trabajador dice a lavaca: “En el anterior se fueron más de 1.000 personas. Muchos agarran porque están muy endeudados. La idea es que quede un ANSES chico, si es que queda”.

Por su parte, Luis tendría que estar cobrando un poco más: en septiembre la mínima llegó a $498.633,20, contando el bono de $70.000, congelado hace 30 meses: según el Centro de Economía Política de la Argentina (CEPA), si fuera por movilidad Luis y cinco millones de jubilados y jubiladas más tendrían que percibir un bono de $223.148. Pero Luis cobra solo $400.000 limpios porque está endeudado: hace ocho años sacó un crédito.
–Se me cayó un árbol del fondo de casa en la cabeza. Tuve derrame cerebral. También me hizo pelota la rodilla: hoy tengo una prótesis. Mirá vos, es la misma rodilla que la policía me reprimió en una marcha el año pasado: la tengo peor. Me queda este año de crédito, así que espero para fin de año terminar de pagarlo y poder cobrar un poquito más.

Por eso todos los días –salvo los miércoles– sale a vender tres pares de medias a $1.000: camina mirando a todos lados para que los “parásitos con uniforme” no le decomisen la mercadería, como viene ocurriendo en la ciudad de Buenos Aires bajo la gestión de Jorge Macri. Antes Luis vendía alfajores y podía hacerle algún regalo a su nieta de 13 años, o darse un gustito como ir al teatro. Pero los alfajores subieron tanto que ya no es negocio. Cuenta que la idea de las medias le llegó mirando la televisión.
–Veía a tanto operador político en la tele que pensé: si las medias me salen lo mismo que un chupetín, quizá la salida a esta crisis sea chupar medias, en serio te digo.
Luis habla y piensa con mucho humor, pero siempre aclara que lo dice en serio. Cuenta que fue la primera persona que puso un boliche gay en provincia de Buenos Aires – “Chelovecos, en 1974”–, que también tuvo una tanguería y que por muchos años se dedicó a cocinar en su casa para geriátricos o centros de jubilados. Como siempre trabajó por su cuenta, pudo jubilarse con una parte de aportes y otra de moratoria.

–Hoy el Gobierno la cortó, pero la moratoria ayudó mucho. Conozco gente que nunca aportó y ahora te dice: “Cristina chorra”. Bueno, entonces devolvé la jubilación o donala a un comedor.
A diferencia de lo que dijo el presidente Javier Milei tras su discurso en Naciones Unidas en Nueva York, a Luis –como argentino– no le salen dólares por las orejas. Es una de las tantas razones por las que no se pierde ningún miércoles.
–Hace unos años me quedé viudo. Me pasaron todas, pero yo le aconsejo a la gente mayor que venga a la marcha. No sólo como protesta, sino porque es bueno para uno. Es una cuestión de salud. A mí me ayudó mucho porque me olvidé de mí: me acuerdo más de la madre de Milei que de mí. En serio, te digo. Algunos jubilados me dicen: “No, mejor me voy a hacer un estudio al médico”, pero es como un coche en el mecánico: algo siempre te van a encontrar. No digo que esté mal, ojo, pero hay gente que está todo el día en la casa mirándola por televisión y pensando en sí mismo. Con hacer un cartel o pensar alguna cosita, ya la cabeza se me despeja.

La semana pasada, Luis trajo el “Desodorante Javo”, con una característica premium: “Te deja seco las 24 horas”. ¿Qué significa ese humor en la lucha de cada miércoles?
Luis es crítico:
–Yo vengo porque la jubilación me alcanza nomás para diez días. Me gustaría que hagamos un poco más de bochinche. Acá nos encerraron. Venimos y damos una ronda: no tenemos nada para festejar pero damos la vuelta olímpica como si fuéramos campeones. Luego, a casa. Hay que ir al Obelisco, a Corrientes. Acá no nos ve nadie. No estoy en contra, porque nos encontramos, pero haría un poco más de calle. Lo único que falta es que nos pongan mesas y nos hagan jugar a las damas: para eso voy a la plaza de mi barrio. En Lanús me preguntan: “¿Luis, no marchan más?”.
La marcha –la ronda a la que Luis pide más bochinche– está por empezar.
¿Qué espera?
–Mirá, el día que no pueda caminar más ni vivir a medias, me amenazo al Presidente así me vienen a buscar: ya averigué que no me sacan la jubilación, me llevan en cana, y al menos tengo una lamparita para leer algún libro y amigos que me traerán algún sanguchito de miga. Lo mismo que haría en casa lo hago allá. En serio, te digo.
¿Hay opción B?
–Que cambie el Gobierno. Eso daría un poquito de esperanza. La primera medida tendría que ser darnos un aumento. De mínima. Esta lucha que hacemos va a pasar a la historia como algo que era necesario hacer. El que no labura ni lucha, no come.
Hincha de Independiente y fanático de Manal, Luis se despide y se mete a la marcha.
Revista Mu
MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo


Ley de Tierras y después: Cambio de tema
Durante meses el gobierno logró imponer los temas, los tiempos y las preguntas. Hasta que una discusión sobre la tierra parió otra cosa. Lo que apareció detrás y después de ese debate no es –solo– una disputa jurídica ni económica, sino una pregunta más profunda sobre la soberanía, la identidad y el futuro. De César Aira a Peter Thiel, una lectura de la actualidad para crear lo que falta.
Por Claudia Acuña

Viaje a la vida en el Paraná II: En modo Costa Pobre
Los incendios y el dragado que rompen el ecosistema, los countries ocupándolo todo, el extractivismo de arena para el fracking, las privatizaciones, la contaminación masiva, la indolencia estatal: el Paraná debería ser un río de todos, pero parece un río de nadie. Navegación desde Escobar hasta las Lechiguanas, pasando por Costa Pobre, barrio popular amenazado, que simboliza mucho de esta historia. Voces e imágenes de quienes siguen defendiendo la vida del aire, el suelo, el agua y la justicia.
Por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Atanor condenada por contaminación: La odisea
Más de 200 muertes en seis manzanas del Barrio Química, la contaminación probada del agua, aire y suelos, y el “daño irreversible” al Paraná en San Nicolás ratificado por la Corte Suprema bonaerense. La sanción económica es mínima para una multinacional (equivalente a dos camionetas) pero está por comenzar la causa penal a sus ejecutivos. Lo que cuentan el barrio y el abogado Fabián Maggi sobre este viaje de más de una década para que no haya impunidad.
Por Lucas Pedulla
Fotos: Sebastián Smok/lavaca.org

Agroecología en Misiones: El libro de la selva
Una cooperativa agroecológica de quince familias produce alimentos sin químicos en medio de la selva misionera y muestra cómo cultivar de un modo sano y rentable. Unión Campesina, los secretos de la tierra, la casa de las semillas, y una decisión: hacer mucho y hablar menos. El método del Fukuoka misionero. ¿Cuál es la rueda que está girando?
Por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Delia Tedín, decoración, política y clases altas: Mucho gusto
Con tupido árbol genealógico y privilegios de cuna, aprendió el valor de la diversidad y la rebeldía frente a un ambiente que “olía a odio”. Eligió su propia vida como decoradora, sin perder nunca de vista el contexto social. Sus pasiones: fomentar el trabajo y la creatividad del país, y combatir la idea de que las personas tienen la culpa si les va mal en estos tiempos. Conversación sobre bombas, estupidez, poder, Nerón y el arte de mantener los ojos abiertos.
Por Sergio Ciancaglini
Fotos: Juan Valeiro

Carne de cañón: las víctimas travestis-trans de la dictadura
A 50 años del golpe de Estado, el Archivo de la Memoria Trans reunió en un libro testimonios individuales, relatos colectivos y el registro del Juicio Brigadas, el primero que toma como víctimas del terrorismo de Estado a mujeres travestis trans. El libro no habla solo de violencia, sino también del humor, la amistad, la resistencia y las formas que ellas inventaron para poder seguir vivas. Pistas sobre dónde encontrar claves para el futuro.
Por Evangelina Bucari

El libro La nueva oligarquía: Tecnopoder
¿Quién gobierna el mundo? ¿Qué transformaciones y deformaciones de la democracia se están intentando? ¿Qué pasa con la soberanía? ¿A quién hay que vigilar? Temas de La nueva oligarquía, del sociólogo argentino Ariel Goldstein y editado por Marea. Aquí, fragmentos que invitan a su lectura para bucear varios dilemas del presente.

Zoe Hochbaum: Comerse el mundo
Actriz, bailarina, escritora, productora: 27 años, una nueva película y un programa de radio. Zoe puede oscilar entre la comedia con flamenco, los monstruos literarios y la reconstrucción de los vuelos de la muerte. El homenaje al radioteatro, y el ejercicio de la amistad como salvavidas para los tiempos en los que la realidad parece querer fagocitarnos.
Por María del Carmen Varela
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Crónicas del Más Acá: Rambo al sur
por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
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