#NiUnaMás
#NiUnaMenos en México: 40 ciudades contra la violencia machista
Miles de mujeres marcharon en todo México contra el acoso y la violencia machista reclamando justicia por los casos de femicidios impunes. El rol de las redes sociales y todo lo que gritó la calle. Otra crónica de Eliana Gilet.
Miles de mujeres marcharon en todo México contra el acoso y la violencia machista reclamando justicia por los casos de femicidios impunes. El rol de las redes sociales y todo lo que gritó la calle. Otra crónica de Eliana Gilet.
Las chicas están contentas y también sorprendidas. La Marcha contra las violencias machistas tuvo su réplica y sus ediciones en más de 40 ciudades mexicanas. En Guadalajara, en Aguas Calientes, en Nayarit y en Ciudad Juárez la lectura es común pero presenta algunos matices. Desinformémonos conversó con mujeres de estas ciudades quienes, con distintos bagajes, participaron de la organización de las marchas en sus localidades.
Una misma pregunta se les trasladó a todas: ¿a quién estuvo dirigido el reclamo? ¿A los hombres para que paren con la violencia o a las mujeres para que se levanten porque ya no están solas?
Nacori, desde ciudad Juárez, cuenta que sienten que cumplieron con el objetivo. En la convocatoria a una movilización nacional, Ciudad Juárez, ícono de las movilizaciones en contra de los feminicidios desde la década del 90, no podía faltar.
Sin embargo, no había habido, desde hace buen tiempo, una manifestación de las dimensiones que tuvo las del domingo 24 de abril.
Y el crecimiento se dio con las que se acercaron solitas, esas a las que nunca se las había visto en las calles.
“Si tuviéramos que definirlas, serían mujeres solteras, en el entorno de los 30 años, trabajadoras o estudiantes avanzadas – sigue Nacori-, que no necesariamente pasaron por situaciones extremas de violencia, pero que sintieron la necesidad de estar en la calle, apoyando a las que sí, manifestándose. Una de las consignas de la marcha ‘Si tocan a una, respondemos todas’ se hizo realmente palpable”.
La idea de la marcha partió de una chica de Tuxtla Gutiérrez, la capital del estado de Chiapas, a partir de un comentario publicado en una red social. La violencia avanza, debemos hacer una marcha nacional, fue el reclamo de la compañera. Ese grito replicó en el norte y poco a poco fue tomando cuerpo. “Ya estamos muy cansadas de toda la violencia a la que estamos acostumbrándonos demasiado. Al punto de que a veces no nos damos cuenta que estamos siendo agredidas”.
La red que se armó para la organización de la marcha fijó algunas formas para organizarse. Para participar, se solicitaba que las mujeres, aunque fueran parte de algún colectivo, lo hicieran a título personal, que hablaran por ellas mismas, por su propio deseo de manifestarse y no por estar mandatadas por ningún colectivo. Esa fue la tónica de la participación en las cuatro ciudades mencionadas más arriba y es algo que todas insisten en destacar.
“La tarea nos acercó mucho», dice otra mujer. «Personalmente nunca había participado en la organización de una marcha como esta y fue muy enriquecedor. Disparó además una serie de debates y reflexiones en conjunto, que pusieran en común el sentir de todas y cada una, desde una óptica personal y no ‘organizacional’”
A quién le hablan
¿A quién le hablaba la marcha de Juárez? “Sí pensamos que el reclamo debía hacerse hacia los hombres y no hacia el gobierno, hacia los ‘machos’ para no herir las nuevas masculinidades. Era una exigencia a los machos violentos de que haya un alto masivo a las agresiones. A la vez, era un acto de sororidad entre mujeres, con las compañeras que fueron violentadas. Aquí estoy y ante lo que pase, voy a poner el cuerpo por tí y eso implica que tú también lo harás por mi. Necesitamos ser nosotras mismas las que digamos qué nos duele».
Para Citali, en Guadalajara, también fue una marcha exitosa. “Comenzamos a organizarnos desde las amistad, desde el acompañamiento en situaciones difíciles. Fue algo muy orgánico y creo que por eso muy valioso. Hubo un vínculo muy fuerte, una conexión entre todas. Ya veníamos vinculadas por medio de las redes sociales quienes organizamos, pero era momento de proyectarlo hacia afuera».
En Guadalajara, el mensaje fuerte fue también el “no estamos solas” y también contó con la participación de mucha gente que nunca se había organizado y que sí había querido expresarse.
El problema fue con algunas organizaciones e integrantes de partidos políticos que quisieron capitalizar esa necesidad de salir a las calles de las mujeres para su propio beneficio. Sin embargo, desde la coordinación nacional de la red, se había explicitado que toda participación se haría a título personal, que ningún colectivo, ni siquiera feminista, pondría su distintivo en las convocatorias y en la movilización. Pero sí tuvieron que bajar algunos carteles que no habían respetado ese acuerdo.
En Guanajuato la actividad duró todo el día: una marcha extensa y luego una jornada cultural en la tarde, con todo tipo de actividades.
“Es una lucha por visibilizarnos como mujer, como causa en sí misma», dice Citali. «Sobre todo, frente al proteccionismo y la verticalidad que vivimos en la cotidiana. Eso hay que cuestionarlo. No sólo es un patriarcado que sostiene que los hombres van arriba, también es un capitalismo que pone arriba a los partidos, es la misma lógica”.
Citali brinda una imagen potente para explicar qué fue lo que se empezó a gestar, en todo México, desde el domingo: “Funcionamos a ensayo y error, como los hombres, que desde niños tienen la chance de jugar y ensuciarse y gritar. Estamos tomando la batuta del ensayo y el error y la respuestas son orgánicas, buscando las maneras que mejor nos vayan».
La forma orgánica que han desarrollado es una red horizontal y que busca el consenso para tomar decisiones. Donde cada mujer participa a título personal.
“La marcha fue un aviso de nuestro intento por organizarnos horizontalmente y desde lo personal. Ese fue el primer mensaje: que estamos, que una vez que nos paramos y nos vemos de frente, es el primer momento en que somos mujeres, poniendo el cuerpo”.
La red y las redes
Explican que la difusión por medio de las redes sociales fue clave y que se logró, incluso, establecer algunas consignas como #VivasNosQueremos y #MiPrimerAcoso, como medios que contribuyen a visibilizar las violencias y los abusos.
“Estas dos cosas fueron un mensaje hacia los hombres. También uno a las instituciones y partidos que hablan desde la legalidad y la verticalidad que no habíamos contemplado cuando nos planteamos cómo funcionar. Como si ellos hubieran acaparado la defensa de los derechos y la potestad de la representación. Cada una se puede representar a sí misma, no necesita de más nadie. En la línea de la lucha feminista que sostiene que lo personal es político».
En Nayarit, un estado pequeño, la convocatoria llegó a unas 200 mujeres. Pero hay que tener en mente la casi nula participación política de los habitantes de ese Estado, como una apatía generalizada que los mantiene inmóviles.
Lizette lo explica: “Puede no parecer mucho, pero nunca se había hecho algo así. La gente no suele salir a manifestarse y respondió muy bien».
En Nayarit sí hubo una serie de denuncias puntuales:
por la tipificación del delito de feminicidio y los casos, muy violentos, que continúan en la impunidad y sin resolver; particularmente contra Hilario Ramírez Villanueva, presidente munipal de San Blas, consuetudinario patriarca, que sistemáticamente apela a la imagen de la mujer objeto. Pero no sólo eso, en Nayarit las mujeres marchantes también reclamaron por el respeto a los pueblos originarios y en contra de la explotación y venta de los recursos y tierras sagradas de los wiráricas.
“Nosotras nos enfocamos en enviar un mensaje a las mujeres, a que se levanten. Que identifiquen las violencias que sufren y perpetúan. Que sepan que estamos unidas y que ya no hay que normalizar ciertas cosas que se viven. También, que nosotras mismas tenemos muchas cosas que soltar, que arrastramos y no nos damos cuenta, como cuando emitimos un juicio de valor hacia otra compañera, o en temas como la diversidad sexual, donde lo clave es que podemos elegir».
En Aguas Calientes la movilización fue impactante. La marcha contra las violencias atravesó la feria de San Marcos, uno de los eventos en donde la violencia es norma, con sus plazas de toros y sus riñas de gallos como principal atracción. “En esta feria es común que los puestos que venden alcohol, por ejemplo, usen a las mujeres como objetos sexuales. Sin embargo, nosotras no los atacamos, mantuvimos las consignas consensuadas con el resto de las movilizaciones nacionales, muy apegadas al motivo de la marcha, pero no específicas contra la feria».
Explicó que unas 500 personas se movilizaron en esa localidad del centro del país, de la que participaron activistas de todo tipo, pero también señoras amas de casa, trabajadoras, las mujeres que pueblan las maquilas, muchas jóvenes, incluso, algunas transeúntes. “Fue impactante ver cómo mujeres que iban con su familia hacia la Feria de San Marcos, se paraban frente a nuestros carteles, afuera dela plaza de toros y decidían quedarse. Se sintieron identificadas. Y es que muchas mujeres se sienten interpeladas ante los carteles que denuncian la violencia porque la viven».
Pedir Justicia
En Aguas Calientes también se discutió acerca de hacia quién se dirigen estos esfuerzos por hacerse visibles. “En nuestro caso, lo hicimos en dos ejes. Por un lado, hacia las instituciones de justicia, por algunos casos concretos. Por ejemplo pedimos justicia por los feminicidios de Andrea y Katy, que fueron asesinadas por los mismos hombres. A Andrea la mató su ex-novio con ayuda de un amigo y luego el amigo quiso matar el mismo, y buscaron a otra chica, esa fue Katy. Ambos están impunes».
También por el estado de salud de una mujer presa en el penal de Aguas Calientes que fue trasladada sin garantías a otro penal en Morelos, y por el avance en la búsqueda de 3 mujeres, que hace 8 meses que están desaparecidas.
“Por otro lado, el mensaje fue hacia nosotras mismas, que nos vamos a cuidar entre nosotras y vamos a responder a todas las agresiones. No estamos solas”.
Daliha sí quiso manifestarse en relación a dos hechos que sucedieron en la gran marcha que llegó a la Ciudad de México:
“Hay muchas razones por las que marchamos con un contingente separatista al frente. Por un lado, para que se vea que esto es algo organizado totalmente por mujeres y cuando un hombre aparece al frente, acapara todos los medios de comunicación. Es curioso ver cómo si una mujer se reconocer feminista se la trata de ‘malcogida’ pero si un hombre se declara feminista se le cantan loas. Por un lado, hay mujeres que fueron agredidas y no confían ya en los hombres, no se sienten seguras. Entre las compañeras también tenemos historias de agresión al participar de grupos mixtos, como cuando formamos parte de Soy 132, que militantes de Morena nos agredían. Hay muchos militantes de partidos y de izquierda que tienen historia de agresión contra mujeres. No es algo nuevo. Queríamos que el mensaje fuera contundente, que somos manada y vamos a defendernos».
Los 43, presentes
El otro punto fue la polémica que se mantiene en redes desde el domingo, por una chica que quiso grafitear el anti-monumento en Reforma a los 43. “Me parece lamentable que un grupo de machos de izquierda estén exhibiendo a esta compañera en redes, atacándola, en un país que se sabe que ser mujer es un peligro. Muestran cómo para ellos, es mucho más importante un monumento de metal, que la vida de una mujer. Su argumento es que cuando el capitalismo caiga, el patriarcado va a caer. Pero esa historia ya la sabemos de memoria y ya estamos hartas que la causa de las mujeres ocupe un lugar secundario en las valoraciones que mandatan los hombres.”
Sobre las agresiones a reporteros en la marcha sostuvo: “Creo que eso se dio porque no respetaron los acuerdos nacionales. No podían entrar al contingente separatista (de puras mujeres) e igual querían hacerlo a fuerza. Eso está teniendo la mayor notoriedad y está logrando desviar el ojo del motivo de la denuncia. No niego que las agresiones hayan existido, pero siempre son casos aislados, anomalías del sistema que en realidad ataca al revés. La excepción está tomando más notoriedad que las denuncias de la violencia sistémica que nos empeñamos en hacer”.
Texto y fotos: Eliana Gilet para Desinformémonos, en convenio con lavaca.org // Marcha #24A en la Ciudad de México
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema?
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org
#NiUnaMás
El 3J porteño: Vamos

Por Claudia Acuña
Fotos: Juan Valeiro
Muchas: eso fuimos. Muchísimas más que la última vez y ojalá que menos que la próxima, o mejor: que no sea necesario una próxima. Que al fin podamos descansar y dedicarnos a otra cosa en lugar de escribir con marcador en un cartón: “Ayer estaba viva. Hoy mi hermana es la foto de este cartel” o salir del trabajo donde estamos paradas ocho horas por dos pesos para sumarnos últimas, con lágrimas regando las mejillas y la convicción de exigir justicia por la compañera que acuchilló su novio hace dos días, en ese femicidio que en la tele informaron como resultado de “una infidelidad”. Con esa orfandad de sensibilidad y respeto, que abona el permiso social para carnear mujeres están hablando en los medios de Noelia, 30 años, de Temperley, la compañera de este grupo de chicas que no pueden decir dónde trabajan porque la firma se los prohibió. “Ella ya lo había denunciado porque sufría su violencia, se había separado y ese día iba a sacar sus cosas de la casa. Él le dijo que no iba a salir viva de ahí, la tomó de rehén y ella pidió ayuda al 911, la policía demoró y cuando llegó no supo cómo intervenir: fue peor”, cuentan temblando. Masacradas primero, criminalizadas luego, silenciadas después, lo que queda es estar ahí con los carteles escritos a las apuradas y el llanto incontenible, al final de la concentración que un grupo decidió que no sea marcha ni disponer de lugar donde el dolor de las familias descanse (aprendan de Córdoba, orgas porteñas), pero no importa porque no es lo importante.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
A pocas cuadras y sobre Hipólito Yrigoyen están las madres de Brenda y Morena, dos de las tres masacradas en el triple narco femicidio agradeciendo que la multitud las abrace y sin esperar –ni ellas ni la multitud– ser referente de nada ni vocera de nadie: ser una más es ser Ni Una Menos.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
A metros del cine Gaumont no es la casualidad sino la fuerza de esta marea la que hace chocar a la actriz Laura Paredes con Teresa Laborde. Laura interpretó a su mamá –Adriana Calvo– en la película Argentina, 1985. Teresa es lo que allí se contó: la nena que nació en un Falcon Verde, hoy una bella y luchadora mujer: su sonrisa es el símbolo de una victoria social y el abrazo entre ambas es la postal de la inquebrantable alianza entre el arte y la memoria. De ese caudal abreva esta marea. Somos las hijas y las nietas de la batalla por la justicia.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
“Estoy en contra de todo gobierno que quiera sacarme mis derechos” enarbola una chica con capacidad para sintetizar lo que este movimiento expresa políticamente.
“Faltan 10 femicidios para que empiece el Mundial” es el mensaje impreso en una hoja A4 que reparte una señora.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
“Merecemos vivir sin miedo”, gritan ambos carteles que traen desde Avellaneda Luna, 9 años, y Tatiana, 18, sobrina y tía, mientras caminan la Avenida de Mayo de la mano y cuentan que esta es su primera vez. “Hablamos ayer con mis hermanas. Nos escuchamos. La verdad es que este gobierno se está pasando de la raya con este tema. Yo le conté que todos los días camino por la calle con un ojo en la espalda. Ninguna queremos que ella crezca así. y decidimos que teníamos que estar. Ellas trabajan y no podían venir, pero decidimos que nosotras sí y ahora están pendientes del teléfono para saber si estamos bien. Y estamos bien porque hay mucha gente por suerte”.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
Mucha gente, sí. Muy joven en su gran mayoría, más varones que otras veces, también y pocas columnas de organizaciones, la mayor parte ocupando la primera fila de lo que calculan el foco de las cámaras. El ancho resto, que desborda la plaza y riega Avenida de Mayo hasta la 9 de Julio, está poblada por las incontenibles gotas de esta marea que emerge con el grito que transforma el dolor y la tristeza en organización y rebeldía.
Quizá no sea una suerte, pero casi.
Quizá eso que grita Ni Una Menos sea la providencial expresión de un acto de fe en ese nosotras que nos impulsa a salir a las calles de todo el país sin especular con que esté garantizado de antemano para acudir: vamos.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
#NiUnaMás
El Cordobazo del Ni Una Menos

Por Bernardina Rosini, desde Córdoba.
Así se hace.
Desconociendo si hay un documento o un escenario, ni siquiera preguntándonos al respecto.
Con la familia de Agostina encabezando, siendo abrazada.
Con una ofrenda hacia ellos y todas las víctimas, con sikuris sonando antes de empezar a caminar. Con madres nuevas, con hijas que nunca habían venido antes, con amigos de los barrios, con organizaciones, y sueltos.

La bandera, el símbolo en las calles cordobesas. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Con los ojos de Agostina Vega.
Bajo la lluvia, cubriéndonos entre todas. Entre todos, con ellos también. Varones, padres de familia, novios y compañeros, niños. Bajo paraguas, bajo el agua. Gritando y en silencio.
Con desorden, escuchando a quienes están al lado, leyendo aquel cartel.
Llorando juntas. Sin jet set, sin star system del activismo. Poniendo el cuerpo, diciendo cosas como “no encuentro una palabra sencilla para describir este punto de hartazgo”.
Señalando a la justicia, a los femicidas.
Con los ojos de Agostina.
Perdiéndonos siguiendo con la batucada. Agitando nuestros trapos. Caminando durante cuatro horas esas diez cuadras. “Yo sabía, yo sabía, a los femicidas los cuida la fiscalía”.

Ni la lluvia ni la noche ni la tristeza detuvieron la manifestación. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Quemando lo que haya que quemar, los señalamientos a la madre de Agostina, los rostros, las violencias. La desidia. El desprecio. Una chica me dice que ella y sus hermanas lograron que su madre pueda dar el paso para divorciarse, porque el padre la estrangulaba.

Familiares de Agostina Vega encabezando la marcha. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Y había gritos por Delicia. ¿Dónde está Delicia Mamaní? ¿Por qué no la buscan? Y se marchaba con una bandera con el nombre de cada una de las víctimas de femicidio de estos once años, llevándola amorosamente entre varias, escuchando a Miguel, el abuelo materno de Agostina, agradeciendo que hay familias marchando hace once años. Reconociendo lo bien que nos hace estar juntas y juntos.

Los ojos de Agostina. Los ojos que nos miran. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Abrazando. Haciendo justicia a fuerza de calle.
Con los ojos de Agostina.
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