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DNU y marcha: arriba todo mal, abajo todo bien

La Cámara de Diputados votó a favor de un desconocido y sospechoso acuerdo con el FMI en medio de una movilización masiva, más grande aún que la de la semana pasada y que se desarrolló pacíficamente ya que no hubo provocación policial. Pablo Grillo se encuentra mejorando, y la jubilada Beatriz Blanco volvió a marchar hoy. Dos buenas noticias, junto a la afluencia de partidos, sindicatos, asambleas barriales y miles de personas independientes que no se amedrentaron pese a la campaña del miedo que desató Bullrich desde temprano en trenes, requisas en autopista y mediante una recompensa para quienes denuncien a “los violentos” más grande que la que otorga por buscar a Loan. Acuerdos espurios y fake news, versus la sociedad movilizada, creando estrategias y dando la pelea en la calle contra la encerrona democrática. La profecía autocumplida del FMI y la disociación de la realidad en la que viven el gobierno y sus sectores aliados.

El miércoles empezó técnicamente con un cartel azul de letras blancas en las pantallas de las terminales de trenes: “La protesta no es violencia. La policía va a reprimir todo atentado contra la República”. La frase era una amenaza. Pese a todo miles de personas, partidos, sindicatos, asambleas barriales, jubilados e hinchas se volvieron a manifestar pacíficamente este miércoles, esta vez en contra del acuerdo con el FMI como eje principal. Algo quedó claro: la policía comienza las agresiones para encender el clima y justificar la propia violencia estatal.
Pese a esos amedrentamientos, que empezaron con los episodios represivos de la semana pasada, la gente volvió a marchar y la convocatoria fue mayor que la de aquel día de hinchas & jubilados.

La sociedad sigue en movimiento mientras el Estado armó su dispositivo: el operativo de hoy tuvo 1.500 efectivos, 50% de inflación con respecto al miércoles pasado, y además de las 4 fuerzas federales incluyó a la SIDE. Con el Congreso vallado, los diputados terminaron dando el visto bueno a un DNU inconstitucional para que el gobierno negocie un acuerdo con el FMI del que ni siquiera los diputados que lo votaron conocen.
Esa votación promovida por el oficialismo y acompañada por sectores aliados (PRO, UCR, Coalición Cívica) vuelve a condenar a un futuro de empobrecimiento, violencia y protestas, acaso como una espiral o una profecía autocumplida de la encerrona en la que se encuentran la democracia, y gran parte de la política partidaria, de arriba, en Argentina. Durante la noche otra noticia con mal olor: fracasó la sesión que proponía la oposición para tratar la prórroga de la moratoria previsional.
Abajo, mientras tanto, pasaban otras cosas que iluminan tal vez las únicas esperanzas de una jornada gris.

Distintas recompensas
Mientras subía la temperatura de esta especie de despedida del verano, otro momento denso fue el anuncio del ministerio de Seguridad de Patricia Bullrich ofreciendo 10 millones de pesos a quien brinde información sobre manifestantes: el monto de la recompensa equivale a 35 jubilaciones mínimas, que arañan los 279 mil pesos; y es el doble de recompensa que el Estado pagaría a quien aporte datos sobre Loan Peña, el niño desaparecido en Corrientes en junio de 2024.
La mezcla de delación programada con el accionar turbio de servicios de inteligencia puede tener alcances de crimen de Estado y de ataque a la libertad de las personas, como se vio el miércoles pasado: gente apresada que no estaba haciendo nada, la agresión a una jubilada de 81 años por parte de un efectivo con ajuar de guerrero, o el disparo contra Pablo Grillo, que fotografiaba la movilización.
Por suerte, o por resistencia de Pablo que no parece resignarse a ese destino de muerte que le deparó el Estado, al cierre de esta nota las noticias sobre su salud eran alentadoras:
– No tuvo fiebre en todo el día.
– Le sacaron el respirador durante casi todo el día.
– Aprieta la mano y mueve los pies.
Signos vitales y movimientos.

“Siguen siendo noticias muy alentadoras –escribió su familia en un mensaje difundido por Whatsapp-, igualmente sigue en terapia intensiva, eso quiere decir que su estado es crítico y puede variar minuto a minuto.
Todo el cariño, la fe y las buenas energías que le dan le llega y le da fuerzas para que la siga peleando. Gracias, gracias gracias”.

Otra buena noticia, dentro de la mala: Beatriz Blanco, la jubilada de 81 años que fue salvajemente golpeada y tirada al suelo la semana pasada, se recuperó y hoy volvió a marchar partiendo desde MU Trinchera Boutique.
Recibió a decenas de periodistas que buscaron entrevistarla en MU, junto a su hija y a un grupo de jóvenes mujeres y disidencias que en menos de una semana mandaron a hacer treinta remeras que lo resumen todo: “Jubilada patotera”, dicen las letras blancas sobre fondo negro, con un símbolo de un bastón de abuela (Beatriz) trenzado con una cachiporra policial (la que le pegó a Beatriz por orden de Bullrich). Este símbolo quedó estampado a su vez, en un simbólico pañuelo blanco. Para Beatriz el gesto resultó otra clase de recompensa.

El peligroso bastón también estuvo en MU, sostenido por su dueña, que avisa: “Estoy muy bien. Muy bien para seguir luchando”. Cuenta: “Vengo hace años a los miércoles. Les hablo a los policías. Les pregunto si no tienen familia, si no tienen madres o abuelas. Si no les da vergüenza trabajar haciendo lo que hacen. Algunos me escuchan. Otros no me hacen caso”. Otra vez, cuando trató de llamar la atención de un uniformado, terminó siendo atacada y derrumbada, con su nuca golpeando contra el piso.
A su lado se encuentra, agarradita de la mano, Mabel, una mujer uruguaya que fue quien la auxilió en el camino de Beatriz al hospital Argerich, en la ambulancia, como aquella vez: agarraditas de la mano.

Mabel y Beatriz en MU: de la angustia de la semana pasada a las sonrisas de este miércoles.
¿Cómo se conocieron?
Mabel: Yo estaba al lado de ella y cuando la veo caer, enseguida llamo a la ambulancia.
Beatriz: Ella me agarraba de la mano y yo también, y me decía «¿Estás bien? No te duermas». Yo estaba como en las nubes. Para mí era como que ya estaba muerta. Y yo siempre digo: ella fue mi ángel guardián. Me siento muy emocionada.
Emoción en medio del caos. Mabel dice: “La marcha significa eso. No es violencia. Ojalá que eso le gane a la violencia de este gobierno”.
Beatriz agrega: “No creo que al gobierno le toque un pelo esto. No le tengo fe.

Beatriz Blanco y las chicas que hicieron imprimir las remeras: «Jubilada patotera». El bastón de Beatriz frente a la violencia de Patricia Bullrich y el Estado.
¿Y a qué le tenés fe?
Beatriz: A la gente, que tiene que escuchar igual que nosotras. Salir, dar la cara, parar esto. Que se den cuenta de que estamos oprimidos. Queremos liberarnos, aunque te den un palazo en la cabeza. Y que a lo mejor van a ser varios palazos y varias cabezas. Pero bueno, siempre fuimos fuertes.
Mabel: No será la primera vez.
Beatriz: ¿Sabés qué? ¡Podríamos ponernos un casco!
La charla terminó entre risas confirmando que Beatriz se encuentra, pese a todo, de buen humor.
Arriba y adentro
Mientras tanto, Diputados ofrecía otro espectáculo dando quórum para aprobar un DNU del gobierno que habilita un nuevo acuerdo con el FMI. Acuerdo desconocido en sus características, pero que se buscaba aprobar en cualquier caso. La oposición denunció la habitual práctica libertaria de compra de votos, cosa que nadie desmintió. Los millones que implica eso se ven reflejados en historias como la del siempre olvidado diputado Kueider. Para el gobierno, esas cosas no son “ataques a la República” como lo que plantearon en sus carteles azules con letras blancas.

Celebración de LLA. Subordinación a ciegas al FMI.
Germán Martínez, jefe de bloque de UP, tras la votación dijo a lavaca: “Realmente habla muy mal de la Cámara de Diputados y del Congreso argentino que haya 129 diputados que le hayan dado un cheque en blanco a Milei para llevar adelante un proceso de negociación que va a terminar con un nuevo endeudamiento con el FMI. Un endeudamiento que nadie conoce, ni los montos ni los plazos ni las tasas, ni las condicionalidades. Además hay que decir la verdad, no hay todavía acuerdo técnico a nivel de staff entre los técnicos del FMI y los técnicos del ministerio de Economía, así que lo que hoy se hizo fue en la práctica una delegación de facultades”.
¿La contracara es la calle? “La actitud violenta y autoritaria que el presidente Milei y su ministra de Seguridad Bullrich están imponiendo en la calle tienen un correlato en el crecimiento del autoritarismo dentro de la Cámara de Diputados. Su presidente (Martín Menem) es uno de los responsables. Hace tiempo que no es el presidente de 257 diputados que forman la Cámara, sino de aquellos que están con LLA o que circunstancialmente votan con ellos. Y creo que eso es un problema grave para la política argentina en términos institucionales”.
Sergio Acevedo (Bloque Por Santa Cruz) ensayó una autocrítica: “Lo que falta es hacer algo que reconstruya la confianza y la esperanza del pueblo, con un programa cierto y realizable. La experiencia de Milei me parece que se puede abortar, pero las políticas que lo sustentan se van a manifestar de otro modo, con otro contenido, pero siempre es el mercado el rector de nuestras vidas, el que organiza nuestras vidas. Si el Estado no provee bienes sociales, culturales, salud, educación, seguridad, estamos en el estado de cosas de mayor desigualdad, de mayor pobreza, de mayor violencia y de promesas de represión. Se van a querer llevar todo por delante”.
Daniel Arroyo (UP, ex ministro de Desarrollo Social de Alberto Fernández): “Lo que se votó es una barbaridad. Es un decreto para endeudarse con el FMI. Al decreto le faltan tres cosas: una, cuánta plata va a tomar de deuda; segunda, por cuánto tiempo; y tercera, bajo qué condiciones. O sea: no hay un acuerdo con el FMI, es evidente que al gobierno le faltan dólares. Pero hoy se va a ir con un decreto que parecería mostrar cierto apoyo político. Pero es ilegal en serio, porque hay una legislación que todo el mundo llama la ley Guzmán que obliga a tratar el tema en el Congreso para que la deuda se apruebe. Acá simplemente se lo autoriza a negociar lo que quiera. Muestra la desesperación del gobierno”.
¿Qué cosas pasaron en los anteriores oficialismos, qué errores, tiros en los pies, o goles en contra hubo para que se llegue a una situación así?
-La sociedad votó algo que no quedaba claro para dónde iba con tal de no seguir como estábamos, con tal de no votar el peronismo. Hay tres cuestiones que marcaría: primero, no haber encarado un plan antiinflacionario, porque con inflación permanente se le hace dificilísimo a la sociedad y a los más pobres. Segundo punto: no haber hecho los cambios estructurales. No se hizo una reforma laboral, no se hizo una reforma de la escuela secundaria que para mí es el núcleo del problema en Argentina. Y tercero, fue un gobierno de conflicto permanente y a cielo abierto entre distintos sectores. Pero para mí la clave es no haber hecho un plan antiinflacionario.
Sobre el clima político en que se realizó la manifestación: “Hasta hace muy poco los jubilados eran 50 y su objetivo era dar la vuelta a la manzana y contar que la están pasando mal. Empezó el gobierno con la represión, se sumó la gente de Chacarita y terminó haciéndose una cosa más solidaria del conjunto. Y el gobierno responde con represión brutal y amenazas. La tarea de Patricia Bullrich es generar miedo y desmovilizar a la sociedad”.
Afuera y abajo
Pese a todo ese arsenal de estímulos inmovilizantes, esa proliferación de miedos difundidos por el gobierno nacional, la gente pasado el mediodía ya se acercó a la zona del Congreso. Y en cantidad. A las 4 de la tarde y ya había más gente que el miércoles pasado y a las 5 duplicaban la última marcha. Y una marea seguía caminando desde la 9 de Julio, por Avenida de Mayo, con sentido al Congreso.

El panorama: muchas personas sueltas, autoconvocadas; organizaciones, asambleas barriales y partidos que nunca abandonaron la calle. Y fue noticia que también que hoy sí hubo muchos dirigentes, organizaciones y sindicatos que habían brillado por su ausencia (varios de una CGT, cuya cúpula parece empezar a despertarse). El músculo empieza a tomar otro tono. Se percibe en la gente, en los cantos y en algunos bailes, merced a los gremios y sus bombos y trompetas. Desde afuera podría parecer una situación esquizofrénica: mientras en un Palacio Legislativo cada vez más degradado se aprobaba una nueva subordinación al FMI, en la calle se percibía un mayor entusiasmo. Quizá por la recuperación (tan paulatina como constante) de Pablo Grillo; quizá porque pese al miedo infiltrado por el gobierno, nada ni nadie pudo detener una nueva movilización, más multitudinaria. Quizá por todo eso hubo jubiladas y jubilados con bastones, con andadores, en silla de ruedas, a pie. Y un montón de jóvenes. Y de trabajadores. Y de camisetas de fútbol. Y de vírgenes de Luján. Y de postas de salud. Y de chicas con libros en las manos. Y otras que se besan en la boca. Y carteles que dicen cosas como estas:
-Protestar es un derecho, reprimir es un delito.
-Es momento de luchar.
-Jubilados del oeste, sin esperanza y sin paciencia.
-La potencia de lo colectivo
-La calle es nuestra.

En esa calle, hablan los jubilados, como la semana pasada, y como lo vienen haciendo desde hace años, cada miércoles, exigiendo un aumento de haberes y que no se le ponga fin a la moratoria previsional, como pretende hacer el Gobierno desde el 23 de marzo.
Patricia integra la multisectorial de la seguridad social y el grupo de jubilados y jubiladas del barrio porteño de Flores: “Nos tienen sumidos en la miseria, como parte de un ataque avasallante, despiadado y salvaje de todos los derechos de los ciudadanos”. Patricia dice que la semana pasada fue bisagra: “Se ha visto un antes y un después a partir del miércoles pasado, porque advirtieron que la solidaridad del pueblo se está haciendo sentir, se están haciendo mucho más masivas. En otras manifestaciones la masividad garantizó la seguridad y hoy fue así, parece que necesitan que inundemos las calles. Es imprescindible ser cada vez más. El por qué lo responde el propio Congreso, que acaba de habilitar una nueva toma de deuda con el FMI y hay que tomar conciencia de lo que esto significa; todavía estamos pagando el endeudamiento que propiciaron estas mismas personas, esto significa más miseria, más pobreza para todos nosotros y nosotras”. Y cierra: “No hay que tener miedo, pese a que la intención de estos operativos es precisamente disciplinar; no nos cuidan a los ciudadanos y ciudadanas con esto, se cuidan ellos. Los miércoles de jubilados se convirtieron en un punto de inflexión y hay que seguir sumando ciudadanía, por el devenir de nuestro país”.

Pedro nació en Ramos Mejía y se crio en Haedo. Tiene 40 años de aportes y cobra 318 mil pesos. Dice que no miente, que tiene encima el recibo. También dice que paga de alquiler 200 mil y le habla al gobierno: “Yo no sé dónde quieren llegar, somos 6 millones de jubilados muriendo de hambre. Estoy viviendo como quieren ellos, y yo quiero vivir como quiero yo, ser libre de verdad”. ¿Cómo se sale de esta? “Se sale muy sencillo, es empezar de nuevo, y empezar de abajo para arriba, no de arriba para abajo. Argentina, mi país que amo, está enferma y hay que curarla, y se cura desde abajo. ¿Un mensaje para las pibas y los pibes? “Que no abandonen la calle, que la calle es del pueblo”.
Juan vive en San Antonio de Padua y, por la lejanía, no tenía pensado venir al Congreso, hasta que ayer escuché en la radio a un funcionario decir que a Pablo Grillo le tiraron “una cañita voladora”. Cambió la decisión: “Eso me despertó, y me dije ‘hoy tengo que estar ahí, por respeto a este muchacho’”. Tiene también otros motivos: “Estamos en una democracia fraudulenta, en un gobierno que, como todos los gobiernos neoliberales, terminarán con represión”. Cuenta su situación: “Cobro 335 mil pesos, con 31 años de aportes. Me acaban de venir 65 mil de luz. ¿Cómo se hace para sostener la vida así?”.

Lidia lleva colgado un cartel que pone negro (las letras) sobre blanco (el papel): “El miedo se pasó de bando”. Tiene 72 años, vive en La Matanza y es jubilada, tras brindar más de 40 años de servicios en enfermería. Tiene una sonrisa que parece descontextualizada, por el entorno y por lo que está viviendo: “Necesitamos urgente el reintegro del cien por ciento de la medicación y un aumento urgente. Yo estoy viviendo muy mal. Mi marido está enfermo de cáncer y su obra social no le cubren los medicamentos. Estamos muy justos, podemos sobrevivir porque nuestros hijos nos ayudan”. Se refiere a su cartel: “Los jubilados no tenemos miedo, al contrario; la represión del miércoles pasado nos dio más valor de estar acá. Sabemos que tenemos la razón, estamos haciendo lo correcto”. ¿Y el operativo? “Un desastre, una cobardía, una cosa totalmente fuera de la ley”.
Jesús tiene 61 años, es peruano y reside en Argentina desde hace 13. Vive en la Villa Zavaleta. Está en la marcha pero no protestando, sino vendiendo “marcianos de pura fruta”, una especie de jugos congelados. “Laburo por mi propia cuenta porque a mi edad nadie me da trabajo”. Dice que no votó Milei, pero que estaba esperanzado: “Tenía ilusiones de que para nosotros los extranjeros la cosa se iba acomodar, pese a no laburar en blanco, y así podíamos hacer algo con nuestra vida, pero estamos peor, retrocediendo. Tengo 61 años y ya no habrá moratoria para jubilarme, estoy más que preocupado. ¿Qué voy a hacer? Y tampoco me puedo ir a mi país, porque en Perú es lo mismo o peor”.
Miguel, 76 años, vive a diez cuadras del Ramos Mejía, donde está internado Pablo Grillo. Camina lentamente ayudado por su andador. Muestra cuatro carteles: uno colgado (“Con Milei la patria no tiene remedio, tampoco los jubilados”), uno en la mano izquierda (“Fuera el DNU”), uno en la derecha (“Todos somos Pablo Grillo”), y uno pegado a su andador: “Fuera Milei, las canas no se manchan; tengo 76 años, lucho por dignidad para todos”. Hace un análisis de la jornada: “Fue muy positivo lo de hoy, yo vengo todos los miércoles y hoy vino cualquier cantidad de gente, pero me hubiera gustado que no estuviese todo vallado y que hubiésemos podido llegar al Congreso. Se ve que nos tienen miedo, para no dejarnos llegar. El cerco que pusieron es una locura, pero ahí te das cuenta que es un gobierno totalmente debilitado. Hoy se sumaron varios sindicatos que no estaban viniendo, pero la cúpula de la CGT sigue sin venir”. ¿El próximo miércoles? “El próximo miércoles voy a venir como siempre y a seguir la lucha”.

La activista trans Marlene Wayar, fotografiando a las denominadas fuerzas del orden.
Martín está sentado sobre el cordón de la vereda en la cuadra del cine Gaumont, sobre avenida Rivadavia. Tiene una canasta con panes y torta fritas. Todos los días se levanta a las cinco de la mañana en Avellaneda, sur conurbano, pero cada vez vende menos: “Milei hizo mierda todo, loco. Por lo menos que dejen vivir”. Un concepto parecido tiene Guillermo, kiosquero en Rivadavia y Sáenz Peña, que ve pasar columnas que bajan del subte y vienen de 9 de Julio: “La protesta es parte de la democracia. La jubilación viene mal hace años, no es de ahora, pero el tema hoy es la violencia. Hay muchos heridos, como el fotógrafo Grillo. Protestar es justo. Ya tuvimos mucha violencia en los 70, no queremos más”.
Enfrente del kiosco, Raúl vende banderas con la cara del Diego y su frase tan actual (“hay que ser muy cagón para no defender a los jubilados”) a $ 4.000. Las ventas van más o menos: “Pienso que cada vez está más oscura la realidad política del país –cuenta-. Hay un núcleo duro que ve con buenos ojos todo lo que sucede con la represión, y por eso hacen lo que quieren con total impunidad, como sucedió con Pablo Grillo, que no se investigó nada. No me sorprende, porque Patricia Bullrich ya condecoró durante el macrismo a un policía que mató por la espalda (por Chocobar). Pero de todos modos hay que estar acá y encontrar, en la unión, una salida”.

Las palabras de Raúl se escuchan cada vez más tapadas por los bombos de una columna de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) de distintas seccionales conurbanas. Claudio es de Merlo, tiene 43 años, y está al lado de Enrique, del barrio Atalaya en La Matanza, y tiene “dos veces 30 años”, según se presenta. “Parece que estamos viviendo la época militar”, arranca Enrique. “Porque es un desastre, tiran balas de goma, gases, reprimen, pero hay que venir a bancar a los jubilados. La verdad es que estamos mal, nunca estuvimos así: tuvimos que resignar muchas cosas para llegar a fin de mes porque la luz está el doble”.
La UOM es uno de los gremios que conforman la CGT, que esta semana definió, después de muchas idas y vueltas, el martes 8 de abril como la fecha del tercer paro general al Gobierno. “Se acuerda tarde la CGT”, sonríe Enrique. “Está dormida. Nuestro derecho a reclamar como UOM siempre estuvo, pero los de arriba están un poco dormidos. ¿Qué pienso? Que están ensobrados”.
La noticia de la aprobación del DNU circula en la calle de a poco, a medida que los celulares recuperan algo de señal, pero no despiertan mayores estribillos, al margen del clásico “que se vayan todos”. Sobre la plazoleta, como todos los miércoles, los jubilados pudieron hacer su acto y concluirlo en paz.
“Hemos demostrado con este acto masivo que fue Bullrich la que desató la represión”, dice Virginia, de Jubilados Insurgentes. “Este día es por el pedido de unidad que sosteníamos cuando estábamos solitos marchando alrededor del Congreso”.
Uno de sus compañeros sonríe: “Nuestra mejor secretaria de Medios es Patricia Bullrich”, bromea, sin miedo, sin terror, y con la convicción de volver al miércoles siguiente.

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Despidos en Fate: 920 personas a la calle

Los trabajadores de la fábrica de neumáticos Fate, de San Fernando, se encontraron este miércoles con los telegramas de despido que son un anticipo de la reforma laboral que el gobierno buscará hacer votar en Diputados mañana. Venían de 14 meses sin ajuste alguno en sus salarios por parte del grupo Madanes Quintanilla, propietario también de Aluar y al que se supone queriéndose vincular con el negocio energético frente al colapso industrial que vive el país. La permanencia pacífica en la planta, los comentarios, las sospechas, las sensaciones, la orden de desalojo y el significado del trabajo.
por Sergio Ciancaglini/lavaca.org
(foto de portada, Maximiliano Luna, Tiempo Argentino)
En los dos principales párrafos del cartel imprevistamente colocado en la puerta de la fábrica Fate, de San Fernando, se lee:
“Los cambios en las condiciones de mercado nos obligan a encarar los desafíos futuros desde un enfoque diferente, sin dejar de valorar la vocación industrial que nos ha definido siempre durante todo este tiempo”.
“En consecuencia, informamos que, en este contexto, y tras haber realizado los mayores esfuerzos posibles por evitarlo, nos vemos obligados a extinguir todos los contratos de trabajo. Las indemnizaciones de ley y haberes pendientes se depositarán dentro del plazo legal”. La empresa de 80 años es liderada actualmente por Javier Madanes Quintanilla.
Sebastián, Marcelo, Cristian, César y tantos más se toparon este miércoles con esas palabras amablemente hostiles al arribar al trabajo, mientras desde sus casas les avisaban que los telegramas de despido les estaban llegando a cada uno de ellos. Pronto empezó a acercarse más gente a la calle Blanco Encalada al 3000 en Victoria, San Fernando. Se concretó lo que los trabajadores llaman una permanencia pacífica tras ingresar a la planta a la espera de que se solucione el conflicto. Tanto el ministerio de Trabajo de la provincia de Buenos Aires como la secretaría de Trabajo nacional dictaron la conciliación obligatoria.

Explica Ariel Godoy a lavaca: “Trabajo aquí hace 21 años, y de un día para el otro nos enteramos de que nos dejaron en la calle. Había amenazas, porque es una patronal que no dejó de golpear desde que asumió Milei. Ya habíamos perdido casi la mitad de los puestos de trabajo. ¨Éramos 1.500 y quedamos unos 800 trabajadores. Llegamos a 920 despidos calculando a los tercerizados. Hacía 14 meses que no teníamos aumentos, y trabajábamos en condiciones de presión muy fuertes, con personal de seguridad recorriendo permanentemente la plana. La producción estaba en un 30% de lo que esta planta puede fabricar”.
Sobre la conciliación obligatoria: “No podemos confiar en esas conciliaciones, porque es una empresa que se ha mantenido en la ilegalidad muchísimas veces. Queremos que garanticen que los puestos de la fábrica no se toquen”.
Sobre este punto, las dudas surgen ante el hecho de que la empresa pague todas sus indemnizaciones y deudas para cerrarla definitivamente. Alejandro Crespo, secretario general del Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino (SUTNA) cercano al Partido Obrero, recorría la planta y cerca del mediodía tomó un megáfono para hablarle a la gente y al periodismo: “Vamos a permanecer para que se cumpla la conciliación. Vamos a estar adentro de la fábrica usando las máquinas trabajando como siempre hemos hecho, o adentro de la planta garantizando que eso vuelva a suceder. Les decimos que nos preparemos para tener un tiempo aquí. Porque el país entero está hablando de esto. Es algo muy injusto y lo muy injusto cuando se mete todo un país, se puede cambiar. Las condiciones económicas de este holding (Madanes) permiten tranquilamente cambiarlo. Esto no es algo que nos merecemos y nos vamos a defender porque es justo hacerlo”.

Leo Albertoli: «Esto ya lo vivimos. No hay nada nuevo. Todo está inventado».
¿De qué sirve estudiar?
Sobre la calle, se instalaron gazebos y hablaron representantes de múltiples partidos, comisiones internas, organizaciones sociales y centros de estudiantes. Dentro de Fate uno de los obreros, Cristian, planteaba a lavaca: “Esta es una maniobra de Madanes para sacar algún vuelto. No sé cuál puede ser: si alguna ventaja con el aluminio, algo con energía, alguna ventaja con alguna inversión. Mientras tanto mi sensación es que la CGT no hace nada, nos vende a todos, y lo que termina pasando es que nadie piensa en las familias reales”.
Cuenta Cristian que tiene un hijo de 19 años. “Terminó la escuela técnica, y no consigue laburo por ningún lado. Me dice: ‘Papá, estuve siete años en el colegio y ahora las industrias caen a lo loco. ¿De qué sirve estudiar’? Eso es lo que hoy te pregunta un chico”.
Sobre el gremio: “Dicen que tenemos un gremio zurdo, sí, pero siempre fue flexible para el dueño, para llegar a acuerdos. Mirá, además de que no nos aumentaron en 14 meses ni un peso, nos sacaron unos vouchers para comprar neumáticos Fate a mitad de precio”. Informa que su sueldo, con 17 años de antigüedad, es de 1.400.000 pesos.
¿Hubo trabajadores de Fate que votaron a Milei? “Muchos. Dicen que estaban cansados de tantas promesas que no se cumplían antes. Me parece que todo eso está cambiando. Pero no quiero confrontar con la gente que votó a Milei, hay que apostar a unirnos”. Cristian se emociona: “Yo digo que hay que unirse, basta de zurdos, peronistas, de derecha, somos uno. La Argentina es linda, es un pueblo re trabajador. Desde chiquitito que me levantaba a la mañana y siempre veía lo mismo: colectivos llenos de trabajadores. Es un país de trabajo siempre. Y eso es lo que quieren matar. Me niego a eso”.

Sonríe en la goma del sindicato de neumáticos.
De parripollos a repartidores
Leonardo Albertoli está hace 11 años en Fate, en el sector de neumáticos radial camión: “Soy el único ingreso de mi familia. Tengo una nena de 11 y un nene de 8. Lo único que queremos es trabajar, defender los puestos de trabajo. Los problemas que tenga el dueño con el gobierno no nos competen. Pero no podemos perder el trabajo por lo que cualquiera se da cuenta: lo que cuesta tener un laburo”.
Agrega: “Reina el trabajo informal, la changa, el rebusque del monotributo mínimo para ver cómo llegar a fin de mes. Ni siquiera podemos decir que esa persona quiere progresar. Lo que quiere es sobrevivir a este atropello de cada día. Y en nuestro caso, la empresa puso ese cartel sobre las ‘condiciones de mercado’. Pero si las cubiertas suben no es por los salarios de los trabajadores, que además no subieron en más de un año, sino por esas condiciones económicas. Entonces que lo arreglen, pero no a costa de las familias”.
Leo compara otra cuestión. “En los 90 eran los parripollo y los remises, hoy son los choferes de plataforma y repartidores. No es nada nuevo esto que está pasando, ya está todo inventado”.

Raúl Godoy, de Zanon a acompañar a Fate, y su idea sobre la era Milei.
La bala
Todos los que pueden buscan la sombra de algunos árboles para cubrirse del solazo de 31º. Guillermo le dice a Ignacio. “Sabemos que el dueño es de los más millonarios de Argentina (1.500 millones de dólares, según la revista Forbes, que lo ubican como el rico nº 12 del país). Dicen que quiere dedicarse a la energía. Y tiene Aluar. Es espalda para superar esto. Su vida no le va a cambiar. La nuestra sí”.
Ignacio: “El tipo puede hacer cubiertas que digan Fate en China, despide a 1.000 personas, se queda con 100 operarios para manejar la logística y el día de mañana, si cambian las cosas, las máquinas están y vuelve a producir”.
Guillermo: “Esto es una bala que nos pega a todos. Porque todos tenemos amigos, parientes y conocidos que se quedaron sin su laburo. Y lo que te dicen es obvio: no encuentran trabajo por ningún lado”.
Nacho: “¿Cuánto va a seguir así? Me parece que todo esto va a explotar en algún momento, como en 2001. El gobierno funciona porque lo bancan los fondos buitres y Trump le da los préstamos”. Guillermo: “Solamente favorece a la minería, el petróleo, el campo. El resto no se entiende qué va a pasar”.
¿La era terminada?
Las palabras de los trabajadores tienen un contexto: los 80 años de Fate la hicieron cruzarse con crisis de todo tipo: el menemismo puro y duro, la crisis de 2001, la aparición desde Oriente de neumáticos (entre otras gomas) a precios irrisorios, las recesiones, inflaciones, y etcéteras conocidos. Mezclando capacidad productiva y de lobby con gobiernos de todos los signos, empezando por los militares, logró pasar mucho tiempo sin pinchaduras. Pero esta vez el grado de apertura y destrucción fue demasiado. Velozmente la empresa, concentrada ahora en Aluar, empieza a reconfigurarse como holding energético. El resultado para el país es que ese sector, junto con la minería y el petróleo (los únicos «exitosos» en estos tiempos en una economía cada vez más concentrada y primarizada) generan muy poco trabajo en comparación con las más de 20.000 industrias que han cerrado desde que asumió Milei: grupo al que ahora se suma Fate.
En la calle está también Raúl Godoy, trabajador de la fábrica recuperada Zanon de Neuquén hoy en uso de licencia (sin goce de sueldo) y colaborando con Myriam Bregman y Nicolás del Caño. “Esto huele muy mal, están haciendo negocios tremendos, pero a la vez hay internas entre ellos, entre el gobierno, entre empresarios. Los rehenes son las familias de los trabajadores. Y ves cosas raras como la senadora bonaerense de LLA Florencia Arietto, brutal enemiga de los trabajadores, que salió a decir que los despidos eran ilegales. O el Gordo Dan, que también le pega a Madanes diciendo que es kirchnerista. Cuando pasan esas cosas, es que hay algo sucio detrás, algo muy turbio”.
Sobre la política actual: “Cada vez menos gente cree en el gobierno. Hubo un apoyo por lo que pasaba antes: abandono, promesas que terminaban en ajustes, jubilados sin reconocimiento, fiascos permanentes. La gente cayó en el mal menor todo el tiempo. Milei, como en su momento fue Alberto. Pero ahora vos ves que están quedando solo los del núcleo duro, los troles, pero cambió el clima político. Por eso el gobierno está acelerando ahora. Pero para mí la era Milei terminó. El verdadero tema es no volver a caer en males menores, sino crear alternativas. Lo ves en todas las formas de resistencia que hay, pero el tema es mantener también la independencia política de esos movimientos. Que no sea solo luchar sino también organizarse y así generar una alternativa propia”.
Frente a la fábrica hay un comercio que vende cocinas, cafeteras, licuadoras y muchos etcéteras chinos. Alejandro: “Lo que pasa en Fate nos afecta a todos. Yo no sé si la gente se dará cuenta de lo que votó. El país está dividido en dos. Somos todos trabajadores, pero no tiramos para el mismo lado, y no hay nadie que organice algo distinto. El gobierno le tira flores a Trump, pero no hace que hace él, que es defender su propia industria”.
Local de uñas, Shell y futuro
A última hora el fiscal Marcelo Fuenzalida ordenó el desalojo de Fate, lo cual pone al conflicto en conflicto: los trabajadores declaran que no abandonarán el lugar.
A la espera a la resolución de esa situación, Leo Fernández, del sector Depósito contaba: “Veíamos que caían las ventas. De cuatro turnos pasaron a tres. El año pasado echaron a 130 compañeros. Aparte de Fate están Bridgestone y Pirelli, pero que importan cubiertas de marca propia de otros lados, principalmente China. Pero con estos despidos te dejan casi seguro sin trabajo. Mi hija Camila tiene 23 años. Trabajó en una casa de comidas como cajera, en un local de uñas como recepcionista y en una Shell. De todos lados van echando a la gente. En la Shell le pagaban en negro. El de más antigüedad tenía un año. Los demás 5 meses a lo sumo. Los echan, meten a otros, van renovando, y todo en negro. Por eso también todo esto nos pega mal a nosotros. ¿Qué vamos a hacer? Por lo pronto resistir y después veremos, porque obviamente hay que seguir”.
-¿Y qué les dirías a los jóvenes de la edad de Camila, que creen e Milei?
Mira el enorme edificio blanco y gris de Fate, ahora silencioso y vacío, mientras los obreros se preparan para lo que se venga, y responde:
-Les diría que con este gobierno no tienen futuro.

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Pablo Grillo con lavaca: “Quiero ver a Bullrich presa”

En su primera entrevista periodística tras el ataque que sufrió durante la represión del 12 de marzo, el fotógrafo Pablo Grillo (36 años) compartió en su casa con lavaca las sensaciones sobre lo que ha vivido desde aquel momento en el que un proyectil –apuntado por Gendarmería a su cabeza– casi lo mata. El video de su mensaje a Patricia Bullrich. La recuperación, el fútbol, la música, la política, la solidaridad. El significado de la violencia contra el periodismo y un proyecto para cuando pueda volver a las marchas: “La próxima voy con tres cámaras”.
Por Lucas Pedulla y Francisco Pandolfi
Fotos Lina Etchesuri
A once meses y tres días de haber recibido el disparo que lo dejó al borde de la muerte, el fotógrafo Pablo Grillo sonríe con la sonrisa más hermosa del mundo, vivo, vivísimo, lúcido, lucidísimo y esto ya alcanzaría para terminar la nota acá, sino fuera porque este pibe que el 30 de noviembre pasado cumplió 36 años está listo para hablar.
“Creo que para fines de febrero ya me dan el alta”, dice, mirando a los ojos. “Falta, un poquito más”.
Un poquito más, susurra Pablo, transmitiendo una fuerza indescriptible. Es la primera entrevista que da a un medio de comunicación luego de que el gendarme Héctor Guerrero –hoy procesado por la Justicia– le disparara, en línea recta y por fuera de todo protocolo, una granada de gas lacrimógeno que le partió literalmente la cabeza. Fue el 12 de marzo de 2025 y Pablo estaba trabajando: era el día que las hinchadas de todos los clubes se habían autoconvocado para ir a bancar la marcha de jubilados y jubiladas, que siguen protestando por el recorte en sus haberes. El gobierno, con la actual senadora Patricia Bullrich al frente entonces del Ministerio de Seguridad, quiso evitar esa imagen de solidaridad masiva que Pablo había ido a registrar y reprimió con brutalidad.
La imagen de Pablo recorrió el mundo. Se convirtió en un ícono de la violencia de la gestión de Javier Milei contra la protesta social en general y la libertad de expresión en particular. Ese día Pablo fue llevado de urgencia al hospital porteño Ramos Mejía gracias a la rápida intervención de dos personas que, en la calle, le salvaron la vida. Los profesionales de ese símbolo de la salud pública hicieron lo imposible con un pronóstico muy delicado: según los médicos, si no moría en la operación que le hicieron a minutos de ingresar a quirófano, quedaría en estado vegetativo.
Una semana después, todavía nadie entiende cómo, Pablo dijo sus primeras palabras a su padre:
–Hola, viejo.
A partir de allí dio los primeros pasos, hubo nuevas intervenciones, y en junio empezó su rehabilitación en el Hospital Manuel Rocca. Este febrero de 2026, Pablo empezó con salidas los sábados y domingos y hace una semana firmó como querellante en la causa que lo tiene como sobreviviente.
Dice mirando a los ojos: “Quiero ver a Bullrich presa”.

La sonrisa, la cámara y la vida. Foto: Lina Etchesuri / lavaca.org
Estar en casa
Pablo y su padre Fabián invitan a pasar al departamento en el que vive el joven, debajo de la casa de sus padres, un lugar que estaba construyendo con sus propias manos. Hay cuadros y fotos: un póster de Evita en la heladera junto a un dibujo de Luca Prodan, una bandera de Cristina Fernández que hizo con amigos en un taller de CABA, banderines del Napoli (donde jugó Maradona, otro amor, traído por sus abuelos de Italia en los noventa) y del Club Villegas, donde hizo las inferiores.
Pablo lleva puesta la chomba de su amado Independiente y un gorro Piluso de Remedios de Escalada, del que prende el pin con su foto icónica y la frase de su ídolo Ricardo Mollo sobre esa cámara de fotos que Bullrich y compañía buscaron que deje de disparar: “Un arma de creación masiva”.
–¿Cómo estás?
–Bien. Con ganas de que me den el alta. Esto cansa un poco. No puedo ir a ver a mis amigos, pero si les mando mensajes, obvio que vienen.
El consejo de los médicos es que el proceso de rehabilitación siga siendo muy de a poco. Que se canse en las terapias y afuera descanse. Las salidas del hospital son parte de la recuperación, de reencontrarse en su casa, en su barrio, en lo cotidiano: un paso previo al alta definitiva.
Pero con cuidados: la semana pasada dieron una vuelta manzana para pasear a Tupac, su perro, y motivó un tirón de orejas por parte de los profesionales. “Les conté que casi me caigo en la esquina”, se ríe.
Siempre ríe Pablo.
Diego, Cristina y los Ricardos
Apasionado de la lectura, cuenta que tiene muchísimos libros nuevos que le fueron regalando los últimos meses. “Una banda, llenan toda esa estantería”, señala, feliz, y dice que no está leyendo ninguno porque le cuesta concentrarse. Por ahora mira redes sociales y algo de televisión, como el triunfo de Independiente a Lanús por 2 a 0 el último viernes.
Pablo: Venimos con tres empates seguidos y dos victorias. No jugó mal. Ese pibe Abaldo es bueno (Matías Abaldo, uruguayo que marcó el primer gol).
Fabián: La jugada del segundo gol también fue hermosa. ¿Cuántos toques contamos?
Pablo: Conté diez. Un buen desarrollo en la jugada, desde abajo hasta arriba.
La charla futbolística llega hasta San Telmo, club del ascenso donde Emiliano, el hermano de Pablo, trabajó como videoanalista, y al que Fabián recuerda por una frase: “La famosa Isla Maciel, como dijo Maradona”.
Pablo: Hay que aferrarse a lo que decía el Diego. Lo re extraño. Y pienso qué hubiera dicho sobre mi caso, porque lo primero que uno hacía era buscar a ver qué decía el Diego.
-¿Qué creés que hubiera dicho?
Pablo: Hubiera mandado a la concha de su madre el operativo, a Bullrich, a los gendarmes, y por último hubiese dicho mi nombre. Bien a lo último.
-Mollo habló varias veces en los recitales de Divididos.
Pablo: Lo de Mollo fue terrible.
Se le vuelven a iluminar los ojos cuando habla de este y de otro Ricardo que idolatra. Bochini, gloria de Independiente, pasó a saludarlo y le regaló su camiseta número 10. “Firmada y todo”, se jacta Pablo, que se la pasó hablando de fútbol con el Bocha en la terapia del Ramos Mejía.
¿Cristina Fernández se comunicó? Fabián responde: “Habló conmigo los primeros días, cuando él estaba muy grave”. Pablo levanta la cabeza sorprendido.
“¿Cristina Kirchner?”, pregunta.
“Sí, ¿no sabías?, ¿no te conté?”, dice Fabián.
Pablo se ríe, sin poder creerlo: “¿Cómo no me contaste?”.
Fabián: “Fue al segundo o tercer día. Un amigo del barrio, militante, te había venido a ver. Me pasa el teléfono y me dice: ‘Tomá, es Cristina’. Uf… Ella estaba a las puteadas y llorando. Dijo que le pegó mucho lo que le pasó a Pablo porque se le vino la imagen del disparo fallido contra ella”. El 1° de septiembre de 2022, la ex presidenta sufrió un intento de homicidio en la puerta de su casa en Recoleta. Cuenta Fabián que en ese llamado se puso a disposición de lo que necesitaran. La familia, agradecida, nunca quiso que el reclamo tomara un signo partidario, aunque su filiación es conocida.
Pablo sigue asombrado. “Mollo, Bochini, Cristina… Y Diego desde algún lado”.

Pablo y su padre, Fabián Grillo. Foto: Lina Etchesuri / lavaca.org
“La próxima voy con tres cámaras”
-¿Qué ves en redes?
Pablo: Veo una banda. Me sorprende que el caso haya tenido tanta repercusión.
-¿Qué te genera lo que ves?
Pablo: Justicia no, porque es relativa. Es para discutir qué es para vos la justicia y qué es para mí.
-¿Y qué es para vos en este caso?
Pablo: En este caso es decirle al chabón (el cabo Guerrero) que no puede apuntar a la cabeza con un arma. Y el tipo disparó a la cabeza. Ya de movida arrancamos para atrás. Después, lo que para el chabón es justicia es que estaba recibiendo órdenes, que “es verdad”, entre comillas (hace el gesto). Por eso, hay que caerle a la Bullrich y es lo que estamos planteando en el proceso judicial.
Fabián: Se vio que Guerrero disparó, por eso se va contra él.
Pablo: Él podría haber apuntado para arriba. La onda es que tienen que ir presos los dos. A Bullrich yo la quiero ver presa. A él, meterlo preso y que no pueda agarrar más un arma.
Fabián: En el caso de Bullrich es reiterado. Si la hubieran condenado con Rafael Nahuel (el joven mapuche asesinado por Prefectura en 2017) o con Santiago Maldonado (desaparecido tras la irrupción violenta de gendarmes a una comunidad mapuche ese mismo año), no hubiera pasado lo de Pablo. Vos podés meter en cana a toda la cadena de mando, pero no solucionan el problema porque el daño a Pablo está hecho, todos los daños ya fueron hechos. El tema es en función del después: que no vuelva a pasar. Parémoslo.
-Pablo, ¿qué sentís que buscaban ese 12 de marzo al atacar a quien tenía una cámara?
-Que no registremos. Que nos dé miedo y la próxima no vayamos. Pero vamos a ir con más ganas. La próxima voy a ir con tres cámaras: voy a estar con una así (señala su cámara), otra acá disparando automático, y una GoPro que filme todo, olvidate.

Imágenes en la heladera de la casa de Pablo. Foto Lina Etchesuri/lavaca.org.
Una clase de política
Desde el 12 de marzo de 2025 sus familiares y amigos sostienen todos los viernes un semaforazo en la plaza de Remedios de Escalada, además de los festivales que realizaron cada mes para visibilizar el caso y exigir justicia. Pablo piensa esa solidaridad, tan potente: “Algo generamos, me parece. Solidaridad con solidaridad se paga”.
Surgen todas las historias que contamos en este perfil que elaboramos con familiares, amigos, amigas y compañeros de trabajo (https://lavaca.org/mu203/ojos-bien-abiertos-perfil-del-fotografo-herido-de-muerte-por-la-gendarmeria/), sobre todo aquellos del Hospital Evita, en Lanús, donde hacía fotos y trabajaba los espacios comunes, seguido de los perros Pichi y Chen: desde la recuperación del helipuerto hasta los plantines que Pablo hacía para los usuarios del servicio de salud mental de la institución.
Fabián dice que lo querían hasta los policías: “Porque hay una imagen del militante vago, pero a él lo veían trabajar como una hormiga”.
Pablo lo recuerda: “Y me reconocían eso, veían todo lo que hacía. Yo me quedaba cruzado, como diciendo: ‘No me podés decir esto, amigo. Como yo, hay un montón’. Ellos también se quedaban cruzados. Y nos quedábamos así cruzados los dos”, se ríe (porque Pablo siempre se ríe).
Fabián: “A mí me gustaba lo que querías hacer en el cine, un Espacio INCAA, porque el hospital tiene una sala con un proyector de la época de la Fundación Evita”.
El Hospital Evita es una mole de cinco pisos que simboliza que alguna vez la salud pública fue una planificación maciza. Pablo: “El cine es mortal y yo quería que estuviera accesible para el barrio. Calculo que en la época que lo hicieron fue pensando en eso”. Hoy el INCAA está desfinanciado y casi entra en el recorte de la ley de reforma laboral, aunque el Gobierno postergó las derogaciones de las asignaciones específicas hasta enero de 2028.
Cuando Pablo escucha el dato dice: “Lo mejor que viví fue con Néstor y Cristina. Eso fue peronismo arriba de la mesa”.
-¿Qué significa el peronismo para vos?
Pablo: Es muchas palabras en una sola. Es gestionar para el pueblo, sin más.
-¿Y peronismo arriba de la mesa?
Pablo: Es una torta gigante cortada en 50 mil pedazos. Nos ganaron esos cuadrados la campaña, yo no lo puedo creer.
-¿Por qué pensás que ocurrió?
Pablo: Porque nos faltó peronismo, militancia peronista. Ser más pragmáticos en algunos discursos.
-Lo que decías del policía que te vio trabajar.
Pablo: Claro, me vio hacer algo que no era pintar paredes o una bandera. Algo real. Bah, que para ellos es real. Y para mí también, esa es la realidad del militante.

Foto: Lina Etchesuri / lavaca.org
La cabeza intacta
El domingo había arrancado tormentoso, con mucha lluvia, pero cuando le proponemos a Pablo hacer unas fotos, él sugiere hacerlas afuera, en las calles de su barrio. En Escalada ya había salido el sol, se había iluminado el cielo.
Pablo agarra su cámara, feliz, y también nos retrata, bajo su mirada. Le proponemos grabar un video.
“Pará que pienso qué decir”.
Y después de un ratito, avisa: “Cuando quieran”.
Apretamos rec.
Y Pablo, fuera de todo guion, ilumina: “Qué decirte, Bullrich. Sos una re compañera, te hago los dedos en V, te saludo. Acá estamos en el barrio…”.
Y se levanta el gorro Piluso mostrando el lugar al que le dispararon, sonríe y dice: “Con la cabeza intacta”.
Video @mu.lavaca
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El que las hace no las paga: un año después, la Justicia todavía no llamó a nadie a declarar por la estafa $LIBRA

La causa que debe investigar el megaescándalo cripto que involucra al presidente Javier Milei y a su hermana Karina está a cargo del juez Marcelo Martínez de Giorgi. El acuerdo confidencial de Milei con Hayden Davis.
por El Ciudadano, de Rosario*
A un año del escándalo Libra, la memecoin a la que llamó a invertir el presidente Javier Milei y que luego se desplomó en el éter, la causa no tiene todavía ningún convocado a prestar declaración.
En enero, la Sala I de la Cámara Federal ordenó al juez Marcelo Martínez de Giorgi que actualizara los montos a embargar en los siguientes 90 días, a partir de un planteo de la querella de Juan Grabois, que había cuestionado los montos de los embargos a los imputados Hayden Davis, Mauricio Novelli y Manuel Terrones Godoy.
Martínez de Giorgi, que lleva adelante la causa que en un principio estuvo a cargo de la jueza María Servini de Cubría, había estipulado los embargos contra contra Davis, Novelli y Terrones Godoy en torno de los 37 millones de pesos.
La Justicia argentina también debe definir si acepta como querellantes a dos ciudadanos bielorrusos que dicen haber perdido dos millones de dólares por operar con LIBRA. Se trata de Krasutskaya Sviatlana Vitalievna y Lapchenko Vladislav Andreevich.
En Estados Unidos también
También hay otra causa por la presunta estafa que tramita ante la jueza Jennifer Rochon, del distrito sur de Nueva York.
En ese caso están denunciados el propio Milei, la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei y el empresario Julian Peh, además de Davis, Terrones Godoy y Sergio Morales Morales, ex funcionario de la Comisión Nacional de Valores.
El acuerdo confidencial de Milei con Davis
A fines de enero también se filtró el acuerdo confidencial firmado el 29 de enero de 2025 entre el presidente Javier Milei y Hayden Davis, que revela que este último había ofrecido asesoramiento gratuito en blockchain e inteligencia artificial al Estado argentino, con énfasis en la confidencialidad y la posibilidad de futuras negociaciones.
El documento, rubricado apenas días antes del lanzamiento de Libra, se enmarca en un escándalo cripto que involucra transferencias millonarias y pagos paralelos bajo investigación por la fiscalía y el Congreso.
El acuerdo detalla servicios «ad honorem» por parte de Davis, lo que incluye la automatización de procesos administrativos mediante contratos inteligentes, la digitalización segura de documentos públicos como títulos de propiedad y certificados, el fomento de ecosistemas de innovación digital para startups locales, y programas de capacitación para funcionarios públicos en estas tecnologías.
En ese documento, Davis, cofundador de Kelsier, renuncia expresamente a cualquier remuneración y se compromete a mantener la información en secreto, salvo autorización legal.
Esta información fue publicada por el diario Clarín, que accedió al texto completo del documento y lo difundió en una nota que destaca su conexión con el colapso de Libra, impulsado inicialmente por un tuit de Milei que luego fue borrado.
Ese acuerdo se firmó durante una visita relámpago de Davis a Buenos Aires, tras una reunión en la Casa Rosada, y deja abierta la extensión del asesoramiento a otras áreas dentro de su experiencia.

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