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DNU y marcha: arriba todo mal, abajo todo bien

La Cámara de Diputados votó a favor de un desconocido y sospechoso acuerdo con el FMI en medio de una movilización masiva, más grande aún que la de la semana pasada y que se desarrolló pacíficamente ya que no hubo provocación policial. Pablo Grillo se encuentra mejorando, y la jubilada Beatriz Blanco volvió a marchar hoy. Dos buenas noticias, junto a la afluencia de partidos, sindicatos, asambleas barriales y miles de personas independientes que no se amedrentaron pese a la campaña del miedo que desató Bullrich desde temprano en trenes, requisas en autopista y mediante una recompensa para quienes denuncien a “los violentos” más grande que la que otorga por buscar a Loan. Acuerdos espurios y fake news, versus la sociedad movilizada, creando estrategias y dando la pelea en la calle contra la encerrona democrática. La profecía autocumplida del FMI y la disociación de la realidad en la que viven el gobierno y sus sectores aliados.

El miércoles empezó técnicamente con un cartel azul de letras blancas en las pantallas de las terminales de trenes: “La protesta no es violencia. La policía va a reprimir todo atentado contra la República”. La frase era una amenaza. Pese a todo miles de personas, partidos, sindicatos, asambleas barriales, jubilados e hinchas se volvieron a manifestar pacíficamente este miércoles, esta vez en contra del acuerdo con el FMI como eje principal. Algo quedó claro: la policía comienza las agresiones para encender el clima y justificar la propia violencia estatal.
Pese a esos amedrentamientos, que empezaron con los episodios represivos de la semana pasada, la gente volvió a marchar y la convocatoria fue mayor que la de aquel día de hinchas & jubilados.

La sociedad sigue en movimiento mientras el Estado armó su dispositivo: el operativo de hoy tuvo 1.500 efectivos, 50% de inflación con respecto al miércoles pasado, y además de las 4 fuerzas federales incluyó a la SIDE. Con el Congreso vallado, los diputados terminaron dando el visto bueno a un DNU inconstitucional para que el gobierno negocie un acuerdo con el FMI del que ni siquiera los diputados que lo votaron conocen.
Esa votación promovida por el oficialismo y acompañada por sectores aliados (PRO, UCR, Coalición Cívica) vuelve a condenar a un futuro de empobrecimiento, violencia y protestas, acaso como una espiral o una profecía autocumplida de la encerrona en la que se encuentran la democracia, y gran parte de la política partidaria, de arriba, en Argentina. Durante la noche otra noticia con mal olor: fracasó la sesión que proponía la oposición para tratar la prórroga de la moratoria previsional.
Abajo, mientras tanto, pasaban otras cosas que iluminan tal vez las únicas esperanzas de una jornada gris.

Distintas recompensas
Mientras subía la temperatura de esta especie de despedida del verano, otro momento denso fue el anuncio del ministerio de Seguridad de Patricia Bullrich ofreciendo 10 millones de pesos a quien brinde información sobre manifestantes: el monto de la recompensa equivale a 35 jubilaciones mínimas, que arañan los 279 mil pesos; y es el doble de recompensa que el Estado pagaría a quien aporte datos sobre Loan Peña, el niño desaparecido en Corrientes en junio de 2024.
La mezcla de delación programada con el accionar turbio de servicios de inteligencia puede tener alcances de crimen de Estado y de ataque a la libertad de las personas, como se vio el miércoles pasado: gente apresada que no estaba haciendo nada, la agresión a una jubilada de 81 años por parte de un efectivo con ajuar de guerrero, o el disparo contra Pablo Grillo, que fotografiaba la movilización.
Por suerte, o por resistencia de Pablo que no parece resignarse a ese destino de muerte que le deparó el Estado, al cierre de esta nota las noticias sobre su salud eran alentadoras:
– No tuvo fiebre en todo el día.
– Le sacaron el respirador durante casi todo el día.
– Aprieta la mano y mueve los pies.
Signos vitales y movimientos.

“Siguen siendo noticias muy alentadoras –escribió su familia en un mensaje difundido por Whatsapp-, igualmente sigue en terapia intensiva, eso quiere decir que su estado es crítico y puede variar minuto a minuto.
Todo el cariño, la fe y las buenas energías que le dan le llega y le da fuerzas para que la siga peleando. Gracias, gracias gracias”.

Otra buena noticia, dentro de la mala: Beatriz Blanco, la jubilada de 81 años que fue salvajemente golpeada y tirada al suelo la semana pasada, se recuperó y hoy volvió a marchar partiendo desde MU Trinchera Boutique.
Recibió a decenas de periodistas que buscaron entrevistarla en MU, junto a su hija y a un grupo de jóvenes mujeres y disidencias que en menos de una semana mandaron a hacer treinta remeras que lo resumen todo: “Jubilada patotera”, dicen las letras blancas sobre fondo negro, con un símbolo de un bastón de abuela (Beatriz) trenzado con una cachiporra policial (la que le pegó a Beatriz por orden de Bullrich). Este símbolo quedó estampado a su vez, en un simbólico pañuelo blanco. Para Beatriz el gesto resultó otra clase de recompensa.

El peligroso bastón también estuvo en MU, sostenido por su dueña, que avisa: “Estoy muy bien. Muy bien para seguir luchando”. Cuenta: “Vengo hace años a los miércoles. Les hablo a los policías. Les pregunto si no tienen familia, si no tienen madres o abuelas. Si no les da vergüenza trabajar haciendo lo que hacen. Algunos me escuchan. Otros no me hacen caso”. Otra vez, cuando trató de llamar la atención de un uniformado, terminó siendo atacada y derrumbada, con su nuca golpeando contra el piso.
A su lado se encuentra, agarradita de la mano, Mabel, una mujer uruguaya que fue quien la auxilió en el camino de Beatriz al hospital Argerich, en la ambulancia, como aquella vez: agarraditas de la mano.

Mabel y Beatriz en MU: de la angustia de la semana pasada a las sonrisas de este miércoles.
¿Cómo se conocieron?
Mabel: Yo estaba al lado de ella y cuando la veo caer, enseguida llamo a la ambulancia.
Beatriz: Ella me agarraba de la mano y yo también, y me decía «¿Estás bien? No te duermas». Yo estaba como en las nubes. Para mí era como que ya estaba muerta. Y yo siempre digo: ella fue mi ángel guardián. Me siento muy emocionada.
Emoción en medio del caos. Mabel dice: “La marcha significa eso. No es violencia. Ojalá que eso le gane a la violencia de este gobierno”.
Beatriz agrega: “No creo que al gobierno le toque un pelo esto. No le tengo fe.

Beatriz Blanco y las chicas que hicieron imprimir las remeras: «Jubilada patotera». El bastón de Beatriz frente a la violencia de Patricia Bullrich y el Estado.
¿Y a qué le tenés fe?
Beatriz: A la gente, que tiene que escuchar igual que nosotras. Salir, dar la cara, parar esto. Que se den cuenta de que estamos oprimidos. Queremos liberarnos, aunque te den un palazo en la cabeza. Y que a lo mejor van a ser varios palazos y varias cabezas. Pero bueno, siempre fuimos fuertes.
Mabel: No será la primera vez.
Beatriz: ¿Sabés qué? ¡Podríamos ponernos un casco!
La charla terminó entre risas confirmando que Beatriz se encuentra, pese a todo, de buen humor.
Arriba y adentro
Mientras tanto, Diputados ofrecía otro espectáculo dando quórum para aprobar un DNU del gobierno que habilita un nuevo acuerdo con el FMI. Acuerdo desconocido en sus características, pero que se buscaba aprobar en cualquier caso. La oposición denunció la habitual práctica libertaria de compra de votos, cosa que nadie desmintió. Los millones que implica eso se ven reflejados en historias como la del siempre olvidado diputado Kueider. Para el gobierno, esas cosas no son “ataques a la República” como lo que plantearon en sus carteles azules con letras blancas.

Celebración de LLA. Subordinación a ciegas al FMI.
Germán Martínez, jefe de bloque de UP, tras la votación dijo a lavaca: “Realmente habla muy mal de la Cámara de Diputados y del Congreso argentino que haya 129 diputados que le hayan dado un cheque en blanco a Milei para llevar adelante un proceso de negociación que va a terminar con un nuevo endeudamiento con el FMI. Un endeudamiento que nadie conoce, ni los montos ni los plazos ni las tasas, ni las condicionalidades. Además hay que decir la verdad, no hay todavía acuerdo técnico a nivel de staff entre los técnicos del FMI y los técnicos del ministerio de Economía, así que lo que hoy se hizo fue en la práctica una delegación de facultades”.
¿La contracara es la calle? “La actitud violenta y autoritaria que el presidente Milei y su ministra de Seguridad Bullrich están imponiendo en la calle tienen un correlato en el crecimiento del autoritarismo dentro de la Cámara de Diputados. Su presidente (Martín Menem) es uno de los responsables. Hace tiempo que no es el presidente de 257 diputados que forman la Cámara, sino de aquellos que están con LLA o que circunstancialmente votan con ellos. Y creo que eso es un problema grave para la política argentina en términos institucionales”.
Sergio Acevedo (Bloque Por Santa Cruz) ensayó una autocrítica: “Lo que falta es hacer algo que reconstruya la confianza y la esperanza del pueblo, con un programa cierto y realizable. La experiencia de Milei me parece que se puede abortar, pero las políticas que lo sustentan se van a manifestar de otro modo, con otro contenido, pero siempre es el mercado el rector de nuestras vidas, el que organiza nuestras vidas. Si el Estado no provee bienes sociales, culturales, salud, educación, seguridad, estamos en el estado de cosas de mayor desigualdad, de mayor pobreza, de mayor violencia y de promesas de represión. Se van a querer llevar todo por delante”.
Daniel Arroyo (UP, ex ministro de Desarrollo Social de Alberto Fernández): “Lo que se votó es una barbaridad. Es un decreto para endeudarse con el FMI. Al decreto le faltan tres cosas: una, cuánta plata va a tomar de deuda; segunda, por cuánto tiempo; y tercera, bajo qué condiciones. O sea: no hay un acuerdo con el FMI, es evidente que al gobierno le faltan dólares. Pero hoy se va a ir con un decreto que parecería mostrar cierto apoyo político. Pero es ilegal en serio, porque hay una legislación que todo el mundo llama la ley Guzmán que obliga a tratar el tema en el Congreso para que la deuda se apruebe. Acá simplemente se lo autoriza a negociar lo que quiera. Muestra la desesperación del gobierno”.
¿Qué cosas pasaron en los anteriores oficialismos, qué errores, tiros en los pies, o goles en contra hubo para que se llegue a una situación así?
-La sociedad votó algo que no quedaba claro para dónde iba con tal de no seguir como estábamos, con tal de no votar el peronismo. Hay tres cuestiones que marcaría: primero, no haber encarado un plan antiinflacionario, porque con inflación permanente se le hace dificilísimo a la sociedad y a los más pobres. Segundo punto: no haber hecho los cambios estructurales. No se hizo una reforma laboral, no se hizo una reforma de la escuela secundaria que para mí es el núcleo del problema en Argentina. Y tercero, fue un gobierno de conflicto permanente y a cielo abierto entre distintos sectores. Pero para mí la clave es no haber hecho un plan antiinflacionario.
Sobre el clima político en que se realizó la manifestación: “Hasta hace muy poco los jubilados eran 50 y su objetivo era dar la vuelta a la manzana y contar que la están pasando mal. Empezó el gobierno con la represión, se sumó la gente de Chacarita y terminó haciéndose una cosa más solidaria del conjunto. Y el gobierno responde con represión brutal y amenazas. La tarea de Patricia Bullrich es generar miedo y desmovilizar a la sociedad”.
Afuera y abajo
Pese a todo ese arsenal de estímulos inmovilizantes, esa proliferación de miedos difundidos por el gobierno nacional, la gente pasado el mediodía ya se acercó a la zona del Congreso. Y en cantidad. A las 4 de la tarde y ya había más gente que el miércoles pasado y a las 5 duplicaban la última marcha. Y una marea seguía caminando desde la 9 de Julio, por Avenida de Mayo, con sentido al Congreso.

El panorama: muchas personas sueltas, autoconvocadas; organizaciones, asambleas barriales y partidos que nunca abandonaron la calle. Y fue noticia que también que hoy sí hubo muchos dirigentes, organizaciones y sindicatos que habían brillado por su ausencia (varios de una CGT, cuya cúpula parece empezar a despertarse). El músculo empieza a tomar otro tono. Se percibe en la gente, en los cantos y en algunos bailes, merced a los gremios y sus bombos y trompetas. Desde afuera podría parecer una situación esquizofrénica: mientras en un Palacio Legislativo cada vez más degradado se aprobaba una nueva subordinación al FMI, en la calle se percibía un mayor entusiasmo. Quizá por la recuperación (tan paulatina como constante) de Pablo Grillo; quizá porque pese al miedo infiltrado por el gobierno, nada ni nadie pudo detener una nueva movilización, más multitudinaria. Quizá por todo eso hubo jubiladas y jubilados con bastones, con andadores, en silla de ruedas, a pie. Y un montón de jóvenes. Y de trabajadores. Y de camisetas de fútbol. Y de vírgenes de Luján. Y de postas de salud. Y de chicas con libros en las manos. Y otras que se besan en la boca. Y carteles que dicen cosas como estas:
-Protestar es un derecho, reprimir es un delito.
-Es momento de luchar.
-Jubilados del oeste, sin esperanza y sin paciencia.
-La potencia de lo colectivo
-La calle es nuestra.

En esa calle, hablan los jubilados, como la semana pasada, y como lo vienen haciendo desde hace años, cada miércoles, exigiendo un aumento de haberes y que no se le ponga fin a la moratoria previsional, como pretende hacer el Gobierno desde el 23 de marzo.
Patricia integra la multisectorial de la seguridad social y el grupo de jubilados y jubiladas del barrio porteño de Flores: “Nos tienen sumidos en la miseria, como parte de un ataque avasallante, despiadado y salvaje de todos los derechos de los ciudadanos”. Patricia dice que la semana pasada fue bisagra: “Se ha visto un antes y un después a partir del miércoles pasado, porque advirtieron que la solidaridad del pueblo se está haciendo sentir, se están haciendo mucho más masivas. En otras manifestaciones la masividad garantizó la seguridad y hoy fue así, parece que necesitan que inundemos las calles. Es imprescindible ser cada vez más. El por qué lo responde el propio Congreso, que acaba de habilitar una nueva toma de deuda con el FMI y hay que tomar conciencia de lo que esto significa; todavía estamos pagando el endeudamiento que propiciaron estas mismas personas, esto significa más miseria, más pobreza para todos nosotros y nosotras”. Y cierra: “No hay que tener miedo, pese a que la intención de estos operativos es precisamente disciplinar; no nos cuidan a los ciudadanos y ciudadanas con esto, se cuidan ellos. Los miércoles de jubilados se convirtieron en un punto de inflexión y hay que seguir sumando ciudadanía, por el devenir de nuestro país”.

Pedro nació en Ramos Mejía y se crio en Haedo. Tiene 40 años de aportes y cobra 318 mil pesos. Dice que no miente, que tiene encima el recibo. También dice que paga de alquiler 200 mil y le habla al gobierno: “Yo no sé dónde quieren llegar, somos 6 millones de jubilados muriendo de hambre. Estoy viviendo como quieren ellos, y yo quiero vivir como quiero yo, ser libre de verdad”. ¿Cómo se sale de esta? “Se sale muy sencillo, es empezar de nuevo, y empezar de abajo para arriba, no de arriba para abajo. Argentina, mi país que amo, está enferma y hay que curarla, y se cura desde abajo. ¿Un mensaje para las pibas y los pibes? “Que no abandonen la calle, que la calle es del pueblo”.
Juan vive en San Antonio de Padua y, por la lejanía, no tenía pensado venir al Congreso, hasta que ayer escuché en la radio a un funcionario decir que a Pablo Grillo le tiraron “una cañita voladora”. Cambió la decisión: “Eso me despertó, y me dije ‘hoy tengo que estar ahí, por respeto a este muchacho’”. Tiene también otros motivos: “Estamos en una democracia fraudulenta, en un gobierno que, como todos los gobiernos neoliberales, terminarán con represión”. Cuenta su situación: “Cobro 335 mil pesos, con 31 años de aportes. Me acaban de venir 65 mil de luz. ¿Cómo se hace para sostener la vida así?”.

Lidia lleva colgado un cartel que pone negro (las letras) sobre blanco (el papel): “El miedo se pasó de bando”. Tiene 72 años, vive en La Matanza y es jubilada, tras brindar más de 40 años de servicios en enfermería. Tiene una sonrisa que parece descontextualizada, por el entorno y por lo que está viviendo: “Necesitamos urgente el reintegro del cien por ciento de la medicación y un aumento urgente. Yo estoy viviendo muy mal. Mi marido está enfermo de cáncer y su obra social no le cubren los medicamentos. Estamos muy justos, podemos sobrevivir porque nuestros hijos nos ayudan”. Se refiere a su cartel: “Los jubilados no tenemos miedo, al contrario; la represión del miércoles pasado nos dio más valor de estar acá. Sabemos que tenemos la razón, estamos haciendo lo correcto”. ¿Y el operativo? “Un desastre, una cobardía, una cosa totalmente fuera de la ley”.
Jesús tiene 61 años, es peruano y reside en Argentina desde hace 13. Vive en la Villa Zavaleta. Está en la marcha pero no protestando, sino vendiendo “marcianos de pura fruta”, una especie de jugos congelados. “Laburo por mi propia cuenta porque a mi edad nadie me da trabajo”. Dice que no votó Milei, pero que estaba esperanzado: “Tenía ilusiones de que para nosotros los extranjeros la cosa se iba acomodar, pese a no laburar en blanco, y así podíamos hacer algo con nuestra vida, pero estamos peor, retrocediendo. Tengo 61 años y ya no habrá moratoria para jubilarme, estoy más que preocupado. ¿Qué voy a hacer? Y tampoco me puedo ir a mi país, porque en Perú es lo mismo o peor”.
Miguel, 76 años, vive a diez cuadras del Ramos Mejía, donde está internado Pablo Grillo. Camina lentamente ayudado por su andador. Muestra cuatro carteles: uno colgado (“Con Milei la patria no tiene remedio, tampoco los jubilados”), uno en la mano izquierda (“Fuera el DNU”), uno en la derecha (“Todos somos Pablo Grillo”), y uno pegado a su andador: “Fuera Milei, las canas no se manchan; tengo 76 años, lucho por dignidad para todos”. Hace un análisis de la jornada: “Fue muy positivo lo de hoy, yo vengo todos los miércoles y hoy vino cualquier cantidad de gente, pero me hubiera gustado que no estuviese todo vallado y que hubiésemos podido llegar al Congreso. Se ve que nos tienen miedo, para no dejarnos llegar. El cerco que pusieron es una locura, pero ahí te das cuenta que es un gobierno totalmente debilitado. Hoy se sumaron varios sindicatos que no estaban viniendo, pero la cúpula de la CGT sigue sin venir”. ¿El próximo miércoles? “El próximo miércoles voy a venir como siempre y a seguir la lucha”.

La activista trans Marlene Wayar, fotografiando a las denominadas fuerzas del orden.
Martín está sentado sobre el cordón de la vereda en la cuadra del cine Gaumont, sobre avenida Rivadavia. Tiene una canasta con panes y torta fritas. Todos los días se levanta a las cinco de la mañana en Avellaneda, sur conurbano, pero cada vez vende menos: “Milei hizo mierda todo, loco. Por lo menos que dejen vivir”. Un concepto parecido tiene Guillermo, kiosquero en Rivadavia y Sáenz Peña, que ve pasar columnas que bajan del subte y vienen de 9 de Julio: “La protesta es parte de la democracia. La jubilación viene mal hace años, no es de ahora, pero el tema hoy es la violencia. Hay muchos heridos, como el fotógrafo Grillo. Protestar es justo. Ya tuvimos mucha violencia en los 70, no queremos más”.
Enfrente del kiosco, Raúl vende banderas con la cara del Diego y su frase tan actual (“hay que ser muy cagón para no defender a los jubilados”) a $ 4.000. Las ventas van más o menos: “Pienso que cada vez está más oscura la realidad política del país –cuenta-. Hay un núcleo duro que ve con buenos ojos todo lo que sucede con la represión, y por eso hacen lo que quieren con total impunidad, como sucedió con Pablo Grillo, que no se investigó nada. No me sorprende, porque Patricia Bullrich ya condecoró durante el macrismo a un policía que mató por la espalda (por Chocobar). Pero de todos modos hay que estar acá y encontrar, en la unión, una salida”.

Las palabras de Raúl se escuchan cada vez más tapadas por los bombos de una columna de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) de distintas seccionales conurbanas. Claudio es de Merlo, tiene 43 años, y está al lado de Enrique, del barrio Atalaya en La Matanza, y tiene “dos veces 30 años”, según se presenta. “Parece que estamos viviendo la época militar”, arranca Enrique. “Porque es un desastre, tiran balas de goma, gases, reprimen, pero hay que venir a bancar a los jubilados. La verdad es que estamos mal, nunca estuvimos así: tuvimos que resignar muchas cosas para llegar a fin de mes porque la luz está el doble”.
La UOM es uno de los gremios que conforman la CGT, que esta semana definió, después de muchas idas y vueltas, el martes 8 de abril como la fecha del tercer paro general al Gobierno. “Se acuerda tarde la CGT”, sonríe Enrique. “Está dormida. Nuestro derecho a reclamar como UOM siempre estuvo, pero los de arriba están un poco dormidos. ¿Qué pienso? Que están ensobrados”.
La noticia de la aprobación del DNU circula en la calle de a poco, a medida que los celulares recuperan algo de señal, pero no despiertan mayores estribillos, al margen del clásico “que se vayan todos”. Sobre la plazoleta, como todos los miércoles, los jubilados pudieron hacer su acto y concluirlo en paz.
“Hemos demostrado con este acto masivo que fue Bullrich la que desató la represión”, dice Virginia, de Jubilados Insurgentes. “Este día es por el pedido de unidad que sosteníamos cuando estábamos solitos marchando alrededor del Congreso”.
Uno de sus compañeros sonríe: “Nuestra mejor secretaria de Medios es Patricia Bullrich”, bromea, sin miedo, sin terror, y con la convicción de volver al miércoles siguiente.

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Represión contra jubilados: La debilidad de la fuerza

El Gobierno exhibió este miércoles un nuevo signo de debilidad al reprimir otra pacífica marcha de jubiladas y jubilados. Hubo cuatro personas detenidas, 35 heridas y dos debieron ser hospitalizadas. (En la imagen de portada se ve una de las dos detenciones que sufrió el cura Paco Olveira). La violencia y la arbitrariedad de cientos de efectivos (?) contra
A una semana de la sesión en el Senado que discutirá la aprobación de la reforma laboral, la violencia desplegada contra personas mayores, con discapacidad y trabajadores y trabajadoras de prensa se entendió como el despliegue de un show destinado a disuadir una protesta cuyos alcances no prevé.

Foto: lavaca.org
De lo contrario, no puede entenderse el absurdo de cómo el sacerdote Paco Olveira fue detenido dos veces.
O la forma en la que se llevaron en un camión del Servicio Penitenciario Federal a Miguel Ángel, un jubilado con problemas en el corazón.
O la manera en la que dos oficiales federales se llevaban a Fernando Quintero, un jubilado con muletas, al que soltaron porque empezó a convulsionar.
La violencia y la arbitrariedad de cientos de efectivos (?) contra quienes se manifestaban puede ser leída como un síntoma de la fuerza y lo genuino del reclamo.
El temor estatal al registro de esos hechos también llevó a las fuerzas a pegar y gasear a periodistas y fotógrafxs que, durante la mañana, se habían movilizado al Senado para hacer una conferencia como acción en contra de la derogación del Estatuto del Periodista.
Luego de la escenificación de la violencia, la marcha se hizo como cada miércoles, y algunos siguieron para acompañar el cabildo realizado en el Hospital Garrahan en contra del despido y persecución a las y los profesionales que lucharon por la mejora de sus condiciones laborales. Como cada jornada, también cantaron contra la CGT («a dónde está que no se ve»), cuyo Consejo Directivo se reunirá este viernes para definir si realizará alguna acción de cara al miércoles que viene.

Foto: lavaca.org
Los datos de la violencia
La Comisión por la Memoria informó que cuatro personas fueron detenidas, más de 35 resultaron heridas y dos debieron ser hospitalizadas. Los principales párrafos del informe:
“Jubilados, personas con discapacidad y manifestantes fueron víctimas de un desproporcionado dispositivo de seguridad que contó con la presencia de la Policía Federal, Gendarmería Nacional, Policía de detención y motorizada de la Ciudad de Buenos Aires (GAM)”.
“La Policía Federal acorraló a los manifestantes en la esquina de Callao y Rivadavia y con empujones, golpes con escudos y gas pimienta, logró desalojarlos hacia el centro de la plaza. Posteriormente, la Policía Federal armó sucesivos cordones policiales que fueron apostados sobre Av. Rivadavia hasta Avenida de Mayo y San José, donde además ubicaron un camión hidrante, que evitaba totalmente el paso de personas hacia la zona de Congreso o 9 de Julio”.
“Cuatro personas resultaron detenidas: Miguel Ángel Caly, Ivo Enríquez, Francisco “Paco” Olveira y Fidel Tomas Bravo. Más de 35 personas resultaron golpeadas o heridas por gas pimienta, padeciendo irritación en los ojos y la piel; dos de ellas tuvieron que ser hospitalizadas por crisis convulsivas, previamente atendidas por CEPA y el equipo de monitoreo de la CPM”.

Foto: lavaca.org
“En nuestra calidad de Mecanismo Local de Prevención de la Tortura monitoreamos el despliegue de las fuerzas represivas y junto al @argentinacepa asistimos a las víctimas de la represión. Esta tarea de control forma parte de las actividades desarrolladas con el @cnpt_argentina y el @mlptcaba”.
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El Garrahan movilizado frente a las amenazas oficiales: «¿qué miedo vamos a tener?»

El gobierno amenazó con nuevos despidos en el Garrahan, que el año pasado había conseguido una histórica actualización salarial del 61%. La explicación de la situación, lo que dicen las madres de los niños internados, la importación de material de descarte como si fuese una gran noticia. Las acciones, el cabildo abierto, y cómo se organiza la posibilidad de poner límites frente a los atropellos.
Por Francisco Pandolfi
El Jefe de Gabinete del gobierno nacional –y también vocero–, Manuel Adorni, lanzó este martes un tweet como nueva avanzada contra el Hospital Garrahan. Amenazó con el despido de 10 trabajadores y sancionar a otros 29, muchos de los cuales estuvieron al frente de los reclamos en 2025.
En las peleas de ayer, se sustenta la amenaza de hoy: el año pasado los trabajadores lograron un aumento salarial –histórico, inusual– del 61% en el salario básico luego de meses de protestas, asambleas y 32 huelgas.
Como respuesta al (nuevo) amedrentamiento protagonizado por Adorni se convocó a una conferencia de prensa para este miércoles al mediodía: “Nos castigan por defender al Hospital”, denunciaron en la explanada del Garrahan, símbolo de la salud pública argentina: se atienden anualmente más de 660.000 niños de todo el país, se realizan 12.000 cirugías complejas y se trata el 40% de los casos de cáncer infantil.
El sumario
En la conferencia, distintos delegados se pasan el micrófono, la palabra, las ideas, y la bronca.
Alejandro Lipcovich, administrativo y representante de ATE. Dice que el ataque es 100% político y decidido por la Casa Rosada. Y dice también que las autoridades del hospital son meros apéndices, “chirolitas” (por el antiguo muñeco de un ventrílocuo) de este poder de turno.

¿El origen del ensañamiento?: “Pocos días después de conseguir el aumento salarial se inició el proceso sumarial, que institucionalmente se supone es interno, que debe seguir una serie de pasos, que todavía no concluyó porque las personas acusadas de hechos ridículos ni siquiera habíamos sido notificadas”.
Los hechos ridículos: “Fuimos a protestar frente a la Dirección por algo tan elemental como nuestro derecho a huelga y que no nos descuenten el salario por ejercer un derecho constitucional. Atacan a los sindicatos y a los compañeros que estuvimos al frente porque el vaciamiento no cesa en el hospital, desamparando los tratamientos de los niños”.
Norma Lezana, nutricionista y Secretaria General de la Asociación de Profesionales y Técnicos, hace 39 años trabaja acá: “Fuimos a la Dirección para pedir una mesa de diálogo, que alguien nos escuche; eso exigimos el 31 de octubre tras un año y cuatro meses sin respuesta. Lo que respondieron fue descontarle, a sueldos de un millón de pesos, hasta 600 mil. ¿Por qué? Por luchar ante una dirección sorda”.
¿Qué miedo vamos a tener?
Además de a Adorni, se apunta a Milei –Javier, presidente–. A Lugones –Mario, ministro de Salud–. A Pirozzo –Mariano, el interventor–. “Nosotros estamos en un proceso sumarial y el informe lo hace la sumariante Fernanda Marino, que depende del Consejo de Administración y del Poder Ejecutivo. Es escandalosa y grave esta terrible intervención del gobierno y el tweet de Adorni refleja que el proceso sumarial está totalmente viciado”, denuncia Lezana.
Agrega lo actual: “Presentamos un amparo sindical sobre el cual la justicia no se expidió, pero el Poder Ejecutivo ya determina que estamos cesanteados y deberían sacarnos los fueros, entonces no tenemos ninguna garantía. Nosotros todavía ni pudimos ejercer nuestro derecho a la defensa. Es pura arbitrariedad”.

Sentencia: “Lo que quieren hacer es privatizar nuestro hospital. Pirozzo viene acá a hacer su trabajo, lo mismo que hizo al despedir a más de 200 trabajadores del Bonaparte y más de 100 en el Sommer”.
Bárbara Acevedo es enfermera focalizada en la adolescencia. Lleva en la mano un cartel: “Abajo los sumarios, arriba el Garrahan”.
Dice: “Qué miedo vamos a tener contra las sanciones si sostenemos el hospital junto a las madres que todos los días enfrentan la enfermedad y la muerte de sus hijos; qué miedo vamos a tener si sostenemos esta realidad sobre nuestros hombros”.
Una de esas madres está acá y se llama Florencia, es de Tierra del Fuego y es la mamá de Simón. Simón está internado desde hace varios meses, tiene leucemia y acaba de recibir un trasplante de médula. Florencia dice, entre lágrimas: “Gracias a estos profesionales Simón está vivo, ellos le salvaron la vida en un momento en que el hospital se está quedando sin médicos, enfermeros, farmacéuticos”.
Importando lo que no funciona
Una de las enfermeras que conoce a Simón es Mercedes “Meche” Méndez, enfermera de Cuidados Paliativos del Garrahan. Pone el foco en otro tweet de Adorni, publicado este lunes: “A partir de ahora, las clínicas y hospitales de todo el país podrán importar equipamiento médico usado. Menos costos y burocracia, más calidad al servicio de la salud de los argentinos. Fin”.
Meche dice a lavaca: “Es aberrante, criminal y ya lo vivimos en los noventa. Te mandan lo que en otros países del supuesto primer mundo está en desuso y no funciona bien. Implica una falta de seguridad absoluta, tanto para el profesional como para el paciente. No es una mejor calidad en la salud, al contrario. Nosotros debemos aspirar a un hospital con los mejores equipos, no el descarte. Esto es muy peligroso”.
Por la tarde, las y los trabajadores hicieron un cabildo abierto junto a distintas organizaciones para compartir distintas miradas sobre la reforma laboral que el gobierno aspira a que se apruebe en el Congreso.
Definieron hacer una asamblea interna el lunes y ahí determinar los pasos a seguir. Explica Norma Lezana: “No estamos cesanteados, ni suspendidos. Acá estamos, fuertes, en la lucha y en alerta. Ayer temblé cuando recibí la notificación y hoy, con esta convocatoria masiva, tengo la certeza de que acá hay valentía para pelear y seguir defendiendo el hospital”.

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La lección de la historia: por qué y para qué un Estatuto del Periodista

Periodistas de distintos medios de comunicación de todo el país convocaron para mañana a las 10 una conferencia de prensa en el Congreso de la Nación en defensa de la herramienta legal que protege el oficio periodístico y busca ser derogado con la reforma laboral del Gobierno. Esta nota cuenta cómo se lo logró construir este instrumento para resguardar no sólo el trabajo sino también la calidad y la diversidad de la información.
Por Claudia Acuña
La primera vez que los periodistas argentinos decidieron tener un día en el calendario tuvo una clara intención: señalar un parto. Lo que así nacía era una visión del rol político y social de la comunicación y sus actores, que hoy conviene recordar porque las circunstancias se repiten burdamente. Por entonces, lo que aquellos periodistas pretendían era un marco legal acorde con las transformaciones que habían convertido la producción de la noticia es un negocio monumental e impune, amparado en protecciones y prebendas que se justificaban con el escudo de la libertad de expresión. Aquellos periodistas se hicieron entonces una pregunta clave: ¿son las empresas las que garantizan ese derecho social? ¿O se amparan en él para defender sus privilegios? Para responder este dilema, el Círculo de la Prensa de Córdoba organizó un Congreso Nacional de Periodistas que se llevó a cabo en la capital mediterránea el 25 de mayo de 1938. La invitación tenía objetivos concretos: evitar “las formulaciones líricas” y obtener “resultados prácticos”. El trabajo de los delegados dio como resultado el borrador del Estatuto del Periodista –que lograron imponer seis años después- y la consagración del 7 de junio como la fecha marcada en el calendario para pensar qué representa “la libertad de pensamiento”, tal como definió uno de los principales impulsores del encuentro, el periodista Octavio Palazzolo. Las dos cosas fueron resultado del cambio de paradigma con el que aquel Congreso enfrentó la cuestión: el Estado garantiza la libertad de expresión cuando protege la labor de los periodistas y no a las empresas.
El cambio que representa esta mirada es producto de dos cuestiones centrales: una definición clara sobre la identidad del periodista profesional y una coyuntura histórica tan excepcional como la de hoy.
Por eso mismo, conviene recordarla.
Ser o no ser
En Rosario y en 2007 fue publicado el libro Prensa y peronismo[1] que dedica su primer capítulo a recordar esta historia. Su autor es James Cane. Se trata de una investigación sobre el contexto, sanción y consecuencia del Estatuto del Periodista, a quien Palazzolo –uno de sus principales redactores- presentó entonces con una frase que no pierde vigencia: “Ha resultado superior a la conciencia gremial, y hasta me atrevería a decirlo, al término medio de la mentalidad de los hombres que constituyen nuestro gremio”.
¿Por qué un Estatuto que fija las condiciones laborales de los periodistas profesionales tuvo y tiene una importancia estratégica en el análisis de la historia política de los medios de comunicación comerciales en la Argentina? En principio, tal como recuerda Cane en su capítulo, porque fue resultado de un proceso de transformación de la producción de la noticia, en particular y del periodismo mismo, en general. Una síntesis gruesa:
- Hasta comienzos del siglo XX, el periodismo argentino mantenía las características que le dieron origen: una forma de expresión de ideas de sectores sociales que intentaban, por medio de la prensa, defenderlas, difundirlas e imponerlas. Medio y periodistas estaban unidos en esas tareas. Los periodistas se consideraban a sí mismos y eran considerados por los demás como intelectuales cuyo único interés era el triunfo de sus ideas.
- En 1910 comienza otra historia: la del espectacular desarrollo de la prensa escrita. Señala Cane: “Esta transformación había convertido a la capital argentina en el mercado periodístico más grande de América Latina. A mediados de la Década Infame, cinco medios impresos –Crítica, Noticias Gráficas, La Prensa, La Nación y El Mundo– mantenían una circulación que superaba con exceso los 2 millones de ejemplares diarios. Hasta un diario de baja circulación para el contexto porteño, como el socialista La Vanguardia, equiparaba su tiraje con el de los diarios comerciales más vendidos en Chile y en Colombia”.
- Esta transformación alcanzó, por supuesto, a las relaciones de producción. Semejante crecimiento no podía sostenerse con camaradas de ideas y amigos de la causa.
- El periodismo se transformó en industria, pero sin reconocerlo. “Los dueños de los diarios insistían, en forma unánime, en que el carácter económico de un periódico seguía siendo accesorio a la función normativa de la prensa como vehículo de la opinión pública fiscalizadora de los actos del Estado. Hasta en las páginas de Crítica, un órgano que tanto hacía para cambiar las características de estos medios, se negaba que el diario fuera una entidad comercial. Esto era sostenido como una posición de principios, pero también como una forma de desmentir que la relación diario-lector estuviera basada en un intercambio mercantil antes que en una relación de afinidad espiritual”, apunta Cane.
- La diferencia entre ser y no ser una empresa comercial no era un mera cuestión filosófica, sino fundamentalmente legal. La actividad entera quedaba amparada por la Constitución, pero fuera de cualquier otra ley y sus trabajadores, sin derechos.
- Los trabajadores de la industria periodística comenzaron a exigirlos, acompañando la tendencia a la sindicalización que caracterizó esa etapa del país. Los gráficos y canillitas fundaron sus sindicatos. No así los periodistas, que no aceptaban reconocerse en un espejo proletario. En palabras de Palazzolo: “Por un lado estaban los que hinchados de una enorme vanidad seguían alimentando la leyenda del periodista […] quijotesco, heroico, que sólo vivía para difundir ideas; por otra parte estábamos los que habíamos superado ese magnífico pretexto, destinado a pagar sueldos de hambre, a enriquecer a las empresas o a solventar los lujos de algún director-propietario”.
- La innovación jurídica más temida vino sorpresivamente desde el Poder Judicial. Dos jueces federales dictaminaron a favor de los periodistas Manuel Sofovich y Oscar di Leo en las demandas por despido sin indemnización que habían entablado contra los dueños de Noticias Gráficas y La Prensa, respectivamente. El juez Eduardo Broquén fue particularmente claro en su rechazo de los argumentos de los abogados de La Prensa, quienes habían declarado que su cliente no podía ser clasificado como “comerciante” precisamente porque el diario del que era propietario se ocupaba exclusivamente de la difusión de noticias. Al contrario, para el juez, se trataba de “un establecimiento eminentemente mercantil” y los periodistas, por lo tanto, debían legalmente considerarse como trabajadores cuyos derechos estaban protegidos. Conviene aclarar que en esa época el diario La Prensa contaba con 1.698 empleados “invisibilizados” por la magia del argumento de la excepción, hijo ilegítimo de la libertad de expresión.
- “Esta situación de ambigüedad y conflicto daba nueva urgencia a dos cuestiones: ¿los periodistas eran realmente trabajadores? La necesidad de respuestas llegó a ser aún más perentoria luego de una serie de contradictorias decisiones judiciales frente a las demandas de los periodistas de la ciudad de Córdoba”, consigna Cane en su investigación. Ese fue el contexto que dio origen al Congreso Nacional.
- El 24 de mayo de 1938 –día anterior a la reunión– el Círculo de la Prensa cordobés dio un comunicado donde se buscó dejar en claro que el propósito de los delegados era, nada menos, que rearticular las concepciones hasta el momento dominantes sobre el significado de la profesión. «Sin razón que lo justifique”, declaraban los periodistas cordobeses, “se habla todavía de la ‘bella bohemia periodística’”, una noción que no hace otra cosa que inferir “un agravio a los más respetables trabajadores intelectuales con que cuenta la sociedad” en una negación anacrónica de las transformaciones que habían creado la prensa industrial moderna. El Congreso Nacional de Periodistas, en cambio, “rompe con estos conceptos novecentistas […] para colocar al gremio en primer plano, resuelto a ganar […] las garantías morales y materiales que considera justas para hacer posible su convivencia dentro del núcleo social”.
Así se proclamó el Día del Periodista y se redactó el Estatuto profesional. Cómo se logró que se convierta en ley es otra historia que también se parece a la de hoy.
La diferencia entre medios y opinión pública
Dice Cane en su capítulo:
“Además de reconocer que los periodistas eran trabajadores de empresas comerciales, el borrador del estatuto también introducía una modificación importantísima en una idea clave para la concepción decimonónica de los derechos de prensa, que a su vez servía de base para la jurisprudencia federal. Esto es, que el Estado necesariamente encarnaba la amenaza principal para el buen funcionamiento de los medios impresos de difusión”. El encargado de exponer este argumento fue el periodista Ernesto Barabraham, quien firmaba como Ernesto Maury en el diario La voz del interior. Su razonamiento fue el siguiente: “dada la complejidad de la división de trabajo en la prensa moderna, las relaciones entre periodistas y propietarios habían dejado de ser puramente privadas para convertirse en una cuestión pública. En las disputas cada vez más notorias entre periodistas individuales y propietarios de grandes diarios, sólo el Estado tiene la capacidad de ejercer una mediación y defender a los primeros, que son, al fin de cuentas, los que producen el contenido público de los diarios”. Los delegados no sólo aprobaron el borrador del proyecto presentado por Barabraham, sino que también establecieron la Federación Argentina de Periodistas (FAP), una confederación de las organizaciones de periodistas de todo el país que tendría por misión inmediata lograr la aprobación del proyecto por parte del Congreso nacional.
Pero la situación política de entonces estaba lejos de mostrar la cara de un Estado benefactor. “Si el autoritarismo del presidente Castillo hacía que el Estado pareciera cada vez más amenazador para los intereses de periodistas y propietarios, el Gobierno surgido del golpe militar de junio 1943 estuvo aún más dispuesto a usar la represión como elemento fundamental de sus relaciones con la prensa. El intento del régimen, encabezado por el general Ramírez, de crear un ambiente en el que la prensa quedara esencialmente silenciada, culminó con el decreto 18407, en el que el Gobierno dictó medidas estrictas de censura sistemática y –lo más novedoso– de carácter permanente”, sintetiza Cane.
¿Cómo un decreto de censura permanente fue derogado por otro que consagraba el Estatuto del Periodista Profesional? La respuesta tiene nombre y apellido: Juan Domingo Perón. El joven coronel que, desde el Departamento Nacional del Trabajo, venía gestando un intento de acercamiento a la prensa. El clásico razonamieto peronista de que los enemigos de mis enemigos son mis amigos abrió la puerta a los periodistas delegados que presentaron el proyecto gestado en aquel Congreso de seis años atrás. “Las razones de la temprana inclusión de los periodistas en esta primera ola de reformas laborales no son difíciles de imaginar. Los periodistas ocupaban una posición clave en la producción y circulación de dos ‘mercancías’ fundamentales para la elaboración de cualquier proyecto político: información e ideología. Así, donde el régimen militar torpemente intentaba pacificar a la prensa a través de una censura férrea y no lograba mucho más que unificar a lectores, periodistas y propietarios en contra de la medida, el reemplazo del decreto 18407 por el Estatuto del Periodista significaba un cambio fundamental en la relación entre las autoridades y los medios de comunicación. Perón, en efecto, buscaba usar las divisiones de clase dentro de las redacciones no sólo para fracturar internamente a cada diario opositor, sino también para ganar la simpatía activa de los productores directos de buena parte de la información y la ideología que vastos sectores del público argentino consumían en forma cotidiana. En lugar de silenciar a la prensa, el Estatuto formaba una parte importante del intento más ambicioso de tener mayor influencia sobre la articulación de la llamada opinión pública”.
Las lecciones de ayer
“Considerar este decreto como una simple jugada por parte de Perón y las autoridades militares para ‘cautivar a los trabajadores de la prensa’ (Sirvén, 1984: 24) deja de lado el rol fundamental y consciente que los propios periodistas desempeñaron en la evolución de las relaciones entre el Estado y los medios impresos” senala Cane.
Se podría inferir algo similar de la tarea que desarrollaron quienes se encargaron de elaborar los 21 puntos para una radiodifusión democrática que sentaron la base legal y social de la Ley de Servicios Audivisuales. Fueron 300 organizaciones sociales que en 2004 redactaron un documento que se convirtió en una herramienta de acción y presión. Y que cuando fueron llamados por los enemigos de sus enemigos, ya sabían qué pedir y cómo.
La casualidad o la historia coloca aquel borrador del Estatuto y ese documento de los 21 puntos a una misma distancia: seis años tardaron en convertirse en ley. Los dos fueron, también, el resultado de un profundo replanteo sobre el rol del periodismo, el Estado y las empresas. Que el de ayer lo pudieran hacer los periodistas de las grandes empresas y el de hoy, los que trabajan en la comunicación social nos indica cuál es hoy la trinchera desde donde se defiende aquello que Octavio Palazzolo nos señaló hace casi 88 años cuando marcó una fecha en el calendario.
La de hoy, cuando nos toca defender ese legado.

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