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Precarizados y al borde del despido: así se apaga el fuego en Chubut

Mientras el incendio que se inició en el Parque Nacional Los Alerces en Chubut ya quemó cerca de 8 mil hectáreas y las autoridades afirman que el fuego por el momento está detenido, cientos de brigadistas y de otras áreas de los Parques Nacionales trabajan sin contrato laboral. La posibilidad de quedarse sin empleo por un decreto de Milei y el incumplimiento de Cabandié que lo podría haber evitado. La falta de respuestas de este gobierno que vacía al Estado y la pregunta sobre quién se beneficia con las llamas. Ganar al truco como forma de conservar el puesto, en un pasado donde la precarización era incluso mayor.
Desde Esquel. Texto: Francisco Pandolfi /Fotos: Nicolás Palacios
El 25 de enero a las 22.30 dos focos comenzaron el incendio en el Parque Nacional Los Alerces, que arrasó con alrededor de 8 mil hectáreas. Es la quinta vez en los últimos años (2008, 2015, 2016, 2023 y 2024) que se quema el mismo Parque; en total, cerca de 20 mil hectáreas.
“El Parque está todo quemado”, dice Estela, personal técnico de Los Alerces, a cargo del área de pobladores. Está sentada en una de las miles de sombritas de esta inmensidad que cautiva a los ojos por tanta belleza, y que los hace trizas cuando lo que se ve es fuego y cenizas. En su sector laboral hay una sola persona: ella, únicamente, es el nexo con las 39 poblaciones y 57 familias que habitan el Parque Nacional.
Estela, en medio del fuego, está sin contrato.
Y no es la excepción, sino la regla.
“En total, en el Parque Nacional los Alerces somos 112 trabajadoras y trabajadores. Nada más que 112 personas para cubrir un área de más de 250 mil hectáreas, así que tenemos falencias por todos lados. Por lo menos, necesitaríamos más de la mitad, como para empezar”.

Estela trabaja en Los Alerces hace 13 años / Foto: Nicolás Palacios para lavaca
“Estamos en el aire”
No es el único problema la falta de personal. “35 brigadistas y 16 técnicos y administrativos estamos sin contrato. Yo hace 13 años que trabajo acá, tengo compañeros que están hace 20 y nunca nos pusieron en planta permanente. Siempre tuve contratos anuales, pero nuestra situación cambió tras el decreto firmado por el presidente Javier Milei”. A fines de diciembre, dio de baja los contratos del Estado firmados en 2023 y exhorta a que sólo podrán renovarse hasta 90 días. “El DNU dice hasta marzo, pero no firmamos nada, ni por tres meses. No tenemos ninguna comunicación oficial, nada que avale de manera formal que seguimos trabajando”.
Desde la asunción del nuevo gobierno, la Administración de Parques Nacionales (APN) está acéfala. Hasta el momento, no hay nadie que conduzca el organismo. En cuanto al Parque Nacional Los Alerces en particular, vive una situación parecida, ya que como no hay nadie nombrado oficialmente, el guardaparque Danilo Hernández Otaño es el intendente interino. “Es una locura la situación, la mitad del parque se quedaría sin empleados. Estamos en el aire y sin autoridades”, cuenta Estela.
Hernán Mondino conforma la Brigada de Incendios, Comunicaciones y Emergencia (ICE) del Parque Nacional Los Alerces. Acaba de bajar del helicóptero luego de otro día larguísimo combatiendo al fuego. Es delegado de sus compañeros, que como él, tampoco tienen contrato. “No sólo los de este Parque; los más de 600 brigadistas a nivel nacional estamos en la misma situación de precariedad laboral; así subimos a apagar el incendio”.
“Nosotros firmamos un contrato anual a la salida de la gestión anterior, el decreto 84 de Milei dio de baja esos contratos y puso un periodo de revisión hasta marzo, pero no firmamos nada. No nos echaron y nos siguen pagando… de ahí andamos agarrados por ahora”. ¿Qué significa estar sin contrato, en relación a si se lastiman por ejemplo? “No sabemos. Por tema de seguros y ART nos dijeron que sigue todo vigente, pero es un gris”.

Hernán, delegado que se puso al hombro el reclamo / Foto: Nicolás Palacios para lavaca
Sin respuestas
Tanto el Servicio Nacional de Manejo del Fuego, como la Autoridad de Parques Nacionales, dependen de la secretaría de Deportes, Turismo y Ambiente, desde hace días a cargo de Daniel Scioli. La cartera está bajo la órbita del Ministerio del Interior, comandado por Guillermo Francos. “Pedimos una reunión con Francos por la apertura de paritarias y no hubo ninguna respuesta para establecer con claridad la situación en la que estamos ahora. Te van llevando a definir situaciones más extremas. La temporada pasada hicimos seis, siete paros y sabemos bien que cuando se apague el fuego, olvidate: menos bola nos van a dar”.
La incertidumbre laboral es uno entre varios reclamos que encabezan las y los brigadistas, que en asamblea decidirán en las próximas horas los pasos a seguir. “Que aparezcan todos los recursos cuando hay incendios y antes no, debe ayudar a reflexionar un montón de cuestiones. En el sistema de incendios forestales el brigadista es el principal elemento, pero somos los principales precarizados. Es necesario un proyecto con los trabajadores adentro, con plenos derechos. Hoy no es que sobra nada, pero pedís un pantalón y te dan el pantalón; pedís borcegos y te dan borcegos… son cuestiones elementales que deben brindarse antes, ¿por qué esperar a que haya un incendio para que te den la ropa adecuada? En cuanto a infraestructura estamos mal, tenemos un baño para treinta personas”.
Todo tiempo pasado fue peor
Hernán tiene 39 años y repasa los derechos conquistados, así como de dónde se partió hasta llegar a la actualidad. “La visibilidad que tuvimos en los últimos años transformó lo que era el rol del brigadista, che pibe del guardaparque. Si había que ordenar la seccional, ahí iba el brigadista, lo mismo para cortar el pasto. Al protestar porque hoy los contratos son anuales, debemos recordar que hasta hace cuatro años eran trimestrales. Y no sólo eso, años atrás los hacían jugar al truco por el contrato”.
¿Cómo que los hacían jugar al truco?
–Sí, la precariedad era total; el que ganaba se quedaba contratado, el que perdía, afuera.
Recuerda Estela: “Eso pasaba hace diez años atrás, o menos; los contratos eran por temporada; hubo muchísimo trabajo de ATE y de los trabajadores para revertir eso”.
Suma Hernán: “En la última gestión de Cabandié pasaron a ser contratos anuales. Sin embargo, la pelea de fondo es el pase a planta. En un discurso, Cabandié dijo que nos iba a pasar a planta, pero nunca lo hizo. Recién al final de la gestión se abrió el reconocimiento del Estado a la necesidad de pasar a planta a 450 brigadistas de todo el país, cuando a nivel nacional somos 600. Todo quedó en la nada y ahora con este gobierno…”.
Completa Estela: “El trabajador estatal va a la par de la política pública, y por eso los recortes de Milei; si no hay política pública, ¿para qué nos quiere?”. Reflexiona: “Más allá de lo que fue el gobierno de Alberto, no puedo creer que no hayamos pasado a planta todos los trabajadores del Estado en un gobierno que cree en el Estado. Dejaron una parte muy importante descuidada, al laburante, al efector de la política pública. Nos subieron el sueldo, nos mejoraron de categoría y eso fue muy importante, pero no alcanza. Nos dejaron en banda los gobiernos anteriores, no identificaron nuestra importancia”.
Estela tiene 47 años, un hijo y una hija, cuyos nombres lleva tatuados en la piel. Vela por ambos. “Todos los trabajadores que no estamos en planta permanente tenemos otra changa, un plan B por la incertidumbre de quedarnos sin laburo. Y ahora más que nunca. Soy costurera y me puse a trabajar más por si me quedo sin empleo”.

Una cuadrilla de brigadistas recién aterrizados / Foto: Nicolás Palacios para lavaca
Una pepa de oro
Según comunicaron desde el Parque Nacional Los Alerces, el fuego se encuentra “detenido en fase de control”, que significa que el frente de avance se detuvo “a raíz de los trabajos realizados o por efectos meteorológicos”. E informan que “284 personas están asignadas al terreno para el combate con herramientas manuales y fajas cortafuegos; con el apoyo de maquinaria vial y autobombas para evitar nuevos focos secundarios”. Sigue habiendo algunos prendidos, aunque están contenidos. Permanentemente se realiza una guardia de cenizas para evitar la multiplicación de nuevos fuegos.
Datos oficiales confirman que el 95 % de los incendios son causados por actividad humana. Este incendio, para todas las fuentes entrevistadas en esta cobertura, fue intencional, pero no hay ninguna prueba que demuestre quién fue ni por qué. “No hay dudas de que fue intencional por el lugar donde fue, que no es accesible para cualquier persona y porque se prendieron dos focos juntos –opina Hernán–. La cuestión está en saber cuál es la motivación y para eso es importante analizar el historial de los incendios en Alerces, que ya fueron varios; de hecho, en esa misma zona donde empezó, el año pasado apagamos un par de focos”.
Añade Estela: “Fue intencional porque el área que se prendió no es de uso público, son áreas de pobladores; quien lo hizo debió conocer muy bien la zona. Todos los incendios anteriores tuvieron características similares: sabían que habría viento y que los días siguientes haría mucho calor, las condiciones perfectas para que el fuego se propague”.
Hernán profundiza sobre otro elemento: “A la intencionalidad se suma el cambio climático, la sequía, la disponibilidad de combustible; antes los incendios eran más controlables, hoy explotan por la desertificación del suelo. La palabra para definir este incendio es que el fuego se escurre, vos le hacés la faja, le hacés de todo y el fuego se escurre igual… el campo está seco, tocás al pasto y hace ‘crack’, entonces se prende al toque”.
¿Quién gana con este fuego?
–Hernán: Pienso, le busco la vuelta y no la encuentro; porque el tema inmobiliario en Parques no tiene sentido, ya que no se puede vender la tierra, es área protegida. En cuanto a negocios, por lo menos con las leyes actuales, hoy no podés hacer nada.
–Estela: No lo sé. Si vos me decís que los incendios empezaron en la era de Milei, y… te diría que la provincia podría tener sus intereses, porque el DNU habla de la posibilidad de la descentralización de organismos nacionales a las provincias, y Chubut siempre tuvo interés de crear un parque provincial. Los Alerces es una pepa de oro para todo el mundo, todos se lo pelean. Sin embargo, esto no empezó con Milei: este parque está todo quemado y no puede seguir quemándose.
¿Las flotas de aviones y helicópteros son estatales?
–Hernán: No. Hasta mediados de enero no estaban disponibles los aéreos; son empresas contratadas, tercerizadas. Ahí entra la discusión plenamente política, por qué no los tenés vos como Estado, por qué no te armás de una flota hidrante que tenga capacidad de respuesta propia.

Las jornadas arrancan a las 7 y terminar cerca de las 18 / Foto: Nicolás Palacios para lavaca
Una hijaputez
El ex vicepresidente del Parques Nacionales (2015-2019), Emiliano Ezcurra, declaró en la Revista Gente que “muchas veces la forma de protestar contra el gobierno o una política de gobierno contraria a los parques nacionales o a la reducción de presupuesto para brigadistas puede generar que algunos individuos tomen venganza prendiendo fuego el bosque. Los contratos de brigadistas se renovaron solo hasta fines de marzo, entonces en protesta contra esa precariedad laboral es muy probable que haya pasado esto”.
Le responde el delegado de los brigadistas: “Quieren tener una respuesta rápida a una situación de mierda de la que en realidad no saben nada; buscan pegarle al que le sirve discursivamente, es parte del debate bajo de la política. Lo que debemos pensar es si estamos como sistema de incendio a la altura, si están los recursos disponibles y si hay políticas de incendio”. Luego de la respuesta racional, le deja paso al sentir: “Me da mucha bronca lo que dijo, porque es un montón de entrega; te duele la rodilla y tenés que patear igual; te duele algo, e igual tenés que cargar las herramientas. Este tipo simplifica lo que hacemos, diciendo que ves un humito, mandás el dron y después te tirás encima y listo, como si fuera soplar y hacer botella”.


Foto: Nicolás Palacios para lavaca
Contesta Estela, directo al ex funcionario: “Los trabajadores de Parques no prendemos fuego, lo apagamos. Después que se fije la Justicia quién lo prende. Fue una hijaputez lo de esta persona, más con la situación laboral en la que estamos”. La Justicia no tiene novedades sobre la causa de este incendio. Ni tampoco sobre los fuegos anteriores. “Como se asume que son intencionales y algún día se van a cortar, no se invierte en la prevención, en la conservación. Hay que encontrar a quien los prende, pero nunca los agarran… O sea, ninguno es ninguno, en todos los incendios anteriores estamos como en este, no se supo ni se sabe nada”.
Cuidar la naturaleza y a quien trabaja
En el Parque Nacional Los Alerces hay flora y fauna autóctona, hay lagos y ríos, hay montañas y poblaciones.
Y también hay laburantes precarizados, sin contrato y conectados con su hábitat.
Como Estela, que hace unos años se mudó al Parque Nacional Los Alerces: “Después del incendio habrá que esperar que crezcan los árboles; sabemos que se llenará de plantas exóticas, no nativas, y eso es grave; todo es grave, irrecuperable. Nadie que viva hoy va a volver a ver el bosque como fue. Ver al Parque quemado es lo más triste del mundo”.
Como Hernán, que nació en la localidad bonaerense de Berazategui y que eligió la Patagonia hace trece años: “Vine acá por los bosques, por los lagos, por la tranquilidad, por la paz; todo eso está en la naturaleza, hay que entender que somos parte, que hay que cuidarla. Y que otro norte, también, debe ser cuidar al que labura”.

Por estas horas, en asamblea decidirán los pasos a seguir / Foto: Nicolás Palacios para lavaca
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Muerte por agrotóxicos de un chico de 4 años: confirman la condena al productor

El Superior Tribunal de Justicia de Corrientes confirmó la condena contra un productor por la muerte de Nicolás Arévalo (4 años), y las lesiones su prima Celeste Estévez (5 años) tras haber fumigado con agrotóxicos su plantación de tomates en Lavalle, a 210 km de la capital provincial.
El acusado es Ricardo Nicolás Prieto. El hecho ocurrió en 2011 y recién en 2020 Prieto fue sentenciado a la pena de tres años de prisión condicional. Los delitos: homicidio culposo de Nicolás y lesiones culposas a Celeste, según el fallo del Tribunal Penal de la Segunda Circunscripción de Goya ahora confirmado. La sentencia plantea: “Todos los elementos de prueba valorados han brindado el grado de certeza necesaria en la decisión del juzgador, para dictar una sentencia condenatoria, teniendo en cuenta que el hecho se encuentra acreditado y demostrada sin ninguna duda la culpabilidad”.
La escena del crimen: Nicolás corría por la tomatera, cayó y tuvo contacto directo con el veneno. Celeste intentó ayudarlo, también fue afectada, quedó en coma y sobrevivió tras un año de tratamiento en el Hospital Garrahan. Se demostró que el productor cometió una “conducta indebida e imprudente en la utilización del órgano clorado alfaendosulfán, un agrotóxico que se encontraba en el barro de la zanja y el aire producto de las derivas del veneno”. Poco después el niño sufrió un edema agudo de pulmón que le provocó la muerte. Un año después José Kili Rivero, también de 4 años, resultó fulminado por los agrotóxicos de las tomateras y murió. En Lavalle. En ese caso fue encontrado culpable otro productor, Oscar Antonio Candussi, sentenciado también a 3 años de prisión condicional por homicidio culposo. En ninguno de estos casos los responsables fueron presos.
Por la vigencia de lo que ocurre con el modelo tóxico y todo lo que revela sobre producciones, muertes y vidas en Corrientes, reproducimos esta nota de la MU 60, de 2012, un documento invalorable para comprender esa realidad en un país en el que el actual gobierno considera “héroes” a quienes contaminan.
El peor veneno
por Claudia Acuña
Margarita, la mamá de Celeste, la chiquita de 5 años que quedó en coma y logró sobrevivir tras un año de tratamiento en el Hospital Garrahan. Detrás suyo Gladys, la madre de Nicolás Arévalo.
Francisco deja pedacitos de galleta en los rincones porque dice que Kili, su hermanito, tiene hambre y no hay comida en el lugar donde está.
Su mamá está durmiendo la siesta, agotada, porque durante toda la noche deambuló por la chacra persiguiendo entre las sombras los gritos de auxilio de Kili, su hijo muerto.
Su padre, Agustín, se tapa la cara con las manos: llora, tiembla, aúlla.
José Primitivo Rivero, el jefe del clan, pronuncia entonces la única palabra capaz de describir lo que está pasando en este bello rincón del Paraje Puerto Viejo.
Angá.
Don Rivero habla la lengua de mis ancestros y por eso sé que nos está advirtiendo sobre algo grande y muy malo, que se manifiesta acá, pero va más allá.
Está hablando de algo que nos pone a prueba: no hay más suerte ni casualidad, solo consecuencias.
Y aunque seamos cobardes, aunque tengamos miedo, aunque sepamos que vamos a perder, habrá pelea.
No es algo que podamos elegir porque no hay opción.
Angá es la muerte alimentándose de la vida.
Angá, en guaraní, es el Diablo.
El abuelo José Primitivo y David, el papá de José Kili Rivero muerto tambiénpor intoxicación. Francisco sostiene la foto de su hermano.
Todo por 2 pesos
El Río Paraná fue el principal productor de vida de la correntina localidad de Lavalle hasta que llegaron allí otras formas de producción que fueron convirtiendo ese paraíso natural en el infierno que es hoy. El Paraje Puerto Viejo está en la orilla de Lavalle y por eso todavía hay familias ahí que viven entre esas dos dimensiones: construyen sus casas con el barro del río, se alimentan de la pesca o la bondad de la tierra fértil, y cosechan billetes de los planes sociales o el trabajo en negro en las tomateras: 2 pesos por cajón.
Son las 4 de la tarde cuando comienza el desfile de trabajadores hacia los viveros cubiertos de plástico que protegen los tomates criados por la media docena de propietarios que se instalaron en Puerto Viejo, atraídos por los suelos fértiles, el fácil acceso al agua y la falta de control. El intendente, Hugo Perrotta, es administrador de una de esas tomateras, me cuentan los vecinos, mientras vemos pasar la fila de trabajadores. Son niños descalzos que llevan sobre la cabeza, para protegerse del sol, las canastas con las que luego recogerán los tomates, durante 8 horas, bajo el sopor de los toldos plásticos, manipulando sin guantes una cosecha fumigada con veneno.
Esos niños forman parte de la industria que produce, en esas condiciones, el 22% de los tomates que ingresan al Mercado Central de Buenos Aires y se distribuyen luego por todo el país.

José Kili Rivero. Otra víctima de la contaminación ambiental. Tenía 4 años cuando murió intoxicado.
Diagnósticos
Gladys me dice que fueron los gritos de auxilio de su hijo Nicolás los que nos trajeron hasta su casa y por eso nos recibe con alegría. Pero Gladys no sonríe y habla tan bajito que hay que sentarse muy cerca para seguir el relato sobre cómo murió su hijito de 4 años. Fue a fines de marzo de 2011. “Amaneció vomitando. Lo llevé a la salita de primeros auxilios de Lavalle. Ahí la doctora Patricia Vitón le aplicó una inyección y nos mandó de vuelta. Mejoró un rato. A la tarde se fue a jugar con su primita, Celeste y los dos volvieron con vómitos. Lloraban y lloraban. Los llevamos entonces al hospital de Santa Lucía y nos dijeron que no tenían nada. Pero él siguió llorando y vomitando. Entonces fuimos a Goya. Mi hijo ya estaba muy mal. Lo trasladaron a Corrientes. Ahí murió. Cuando el forense me entregó el cuerpito me dijo que lo mató la tomatera, por el veneno”.
Así sintetiza Gladys un calvario que involucró recorrer 2 kilómetros hasta la salita de primeros auxilios, 10 kilómetros hasta Santa Lucía y, luego 17 kilómetros hasta Goya, más los 300 hasta la capital correntina, para buscar en 5 centros de salud un diagnóstico que encontró recién la autopsia.
Antes y después, los médicos apuntaron mal. “La doctora Vitón me dijo que yo era culpable por darle a mi hija un té de yuyo”, cuenta Margarita, la mamá de Celeste, la nena de 5 años que fue a jugar con Nicolás aquella tarde y regresó, como él, vomitando. Celeste hizo el mismo recorrido sanitario, pero logró llegar a tiempo al traslado en avión al Hospital Garraham, de Buenos Aires, donde la enchufaron a una máquina que le filtró la sangre. “Llegó con un pedido de trasplante, porque tenía el hígado fulminado y cuando comenzaron a filtrarla, recuperó la función hepática. Ahí se vio que estaba envenenada”, cuenta Margarita, su mamá.
Los médicos le dijeron que el origen del veneno podía ser la acacia, una planta silvestre que florece en la zona de Puerto Viejo y, por eso, Margarita esperó a que su hija mejorara para regresar a su casa, cortar un pedazo y volver al Hospital Garraham para que analicen la acacia. Ahora me muestra un papel firmado por la doctora donde se afirma que la planta no resulta venenosa ni peligrosa para la ingesta humana. “Yo ya lo sabía, porque mi mamá la tomaba en té, pero se ve que los doctores de Buenos Aires son ignorantes de las cosas naturales”, dice Margarita, la mamá de Celeste.
Esa ignorancia incluye lo más obvio: la casa de Nicolás, la de Celeste, están al lado de una tomatera. Apenas 30 metros separa la fila de toldos de plástico donde se fumiga el tomate del rancho de madera donde se criaron lo chicos envenenados. “Acá todos sabemos que ellos usan venenos muy fuertes que no te dejan respirar”, cuenta la Gladys, la mamá de Nicolás.
Esa ignorancia incluye, además, otras intervenciones médicas que le dan a este caso un valor paradigmático: el director del hospital de Santa Lucía emitió un comunicado, que fue difundido por la radio local, informando que la familia Arévalo había sido afectada por una hepatitis fulminante, por lo cual recomendaba a la población tomar los recaudos necesarios para esos casos. “Fue a propósito, para que nadie se nos acercara”, diagnóstica Josefina Arévalo, tía de Celeste y Nicolás, y una de las princesas guaraníes que le dieron a esta historia otro final que el científicamente esperado. “Creían que nos íbamos a quedar calladitos, resignados, pero nosotros somos luchadores. Ellos piensan que es por plata, o porque somos lieros, o porque no sabemos nada. Es cierto: somos pobres, pero no nos vamos a rendir si nos matan los hijos. Y eso es lo que ellos no entienden porque lo único que saben es de plata”.
El asesino
Josefina cuenta que el día del entierro de Nicolás se acercó al cementerio un concejal, primo del dueño de la chacra lindera. Lo encaró para decirle: “Andá y preguntale qué veneno usó porque Nicolás ya está muerto, pero Celeste está en coma y todavía podemos salvarla”. El concejal se comunicó después con ella y le dijo que le preguntó a su primo qué agrotóxicos usaba: “Le contestó que usaba cromo, pero hasta al primo le miente esta gente”.
La verdad recién se supo el 12 de setiembre de este año, cuando el juez de instrucción Carlos Balestra procesó al empresario tomatero Ricardo Nicolás Prieto por el homicidio culposo agravado de Nicolás Arévalo y lesiones culposas agravadas producidas a Celeste Abigail Estévez. Confirmó así lo que la familia ya sabía: Nicolás murió y Celeste estuvo en coma por culpa de la chacra que, apenas a 30 metros de la casa de estos niños, fumiga los tomates con un veneno letal: endosulfán.
En su fallo el juez consignó que la autopsia de Nicolás reveló la forma en que fue asesinado: inhalación.
Respiró veneno, como todos los vecinos de las tomateras de Paraje Puerto Viejo.
El stock o la vida
«El endosulfán es un pesticida que el SENASA prohibió el 1 de julio de este año, luego de una consulta pública donde escuchó los argumentos de organizaciones y asambleas ambientales, el Defensor del Pueblo de la Nación y recomendaciones de organismos internacionales, entre otros muchos que denunciaron los peligros del endosulfán para la vida humana. El más letal es su poder residual: sus efectos venenosos duran entre 60 y 800 días. Es decir, que permanecen donde se lo aplica: agua, tierra y cultivos. Más claro: comer dentro de los 60 días un tomate fumigado con endosulfán implica tragarlo.
Según datos de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (Casafe), en 1999 se utilizó en Argentina 1,9 millón de litros de endosulfan. En 2008 se duplicó: 4,2 millones de litros. Este año, a pesar de la anunciada prohibición, se calcula que su uso se triplicó. ¿Por qué? Por dos motivos importantes:
1) Su uso no es ilegal. El SENASA prohibió este año su importación, pero la prohibición de usarlo recién entrará en vigencia a partir de abril de 2013. Se había importado mucho y la prohibición comenzará a regir cuando se agote el stock, según calcularon las autoridades sanitarias.
2) Este anuncio bajó el precio y lo convirtió en el más popular de los venenos agropecuarios.
El mercado es Angá.
Pérdidas
La familia Arévalo tiene abuelo y 11 hijos que formaron sus respectivas familias. La muerte de Nicolás y la enfermedad de Celeste los dividió por primera vez: solo 4 hermanos llevaron adelante el reclamo de justicia. El resto tuvo que pagar el precio del silencio para conservar el trabajo en las tomateras. Otra de las cosas que perdieron los Arévalo en este trayecto es la comida para la olla que sostiene Josefina y con la que alimenta a 70 chicos del barrio. Ahora sólo recibe leche 3 veces por semana, que sirve a las 5 de la tarde y debajo del quincho que está a menos de media cuadra de las tomateras que siguen fumigando su veneno. “Te das cuenta por el olor, que es tremendo y no te deja respirar”.
Lo último que perdió la familia Arévalo fue el trabajo temporario que había conseguido Josefina en una tomatera: la echaron al día siguiente de recibirnos. Y por eso mismo.
Que se vayan ellos
El juez Carlos Balestra notificó al Departamento de Sanidad Vegetal y Fiscalización Agrícola el resultado de su investigación: “el deceso del menor se produce por intoxicación por plaguicida alfa endolsulfan”. La notificación lleva fecha del 17 de mayo y solicita que se informe al organismo contralor correspondiente. Es decir: el juez informa para que hagan algo.
¿Qué?
Responde Josefina: “Que los corran de al lado de nuestras casas. Hasta hace 15 años ahí había una calle, pero ellos avanzaron y pusieron los toldos hasta ahí nomás. Nosotros, después de la muerte de Nicolás, nos pusimos en contacto con la gente del barrio Ituzaingo, en Córdoba. Vinieron a visitarnos médicos que trabajaron con ellos. Tuvimos una reunión en la iglesia, donde dieron una charla. Nos explicaron que hay leyes que determinan que no se puede fumigar tan cerca de las casas. Eso queremos nosotros. Pero acá es al revés: quieren que nos vayamos nosotros, que nacimos acá y estamos desde antes”.
Costos
El médico cordobés que los visitó es el doctor Medardo Ávila Vázquez, pediatra, neonatólogo e integrante de la Red Médicos de Pueblos Fumigados. Estuvo en Paraje Puerto Viejo durante un fin de semana y les ofreció coordinar un relevamiento sanitario. Dos días después de su visita se conoció el fallo que condenó al empresario tomatero. “Para mí que él nos ayudó porque se vio que ya no estábamos tan solos”, sospecha Josefina.
La charla de la familia con el doctor Ávila Vázquez fue en la iglesia de Lavalle, conducida por el cura Rodolfo Barboza. El obispo de Corrientes lo desplazó días después de esa reunión, por pedido del intendente, aunque el funcionario lo negó luego en una carta que hizo publicar en los medios locales. Josefina: “El padre Barboza fue la persona con más poder que nos apoyó y eso es algo que le están haciendo pagar a él y a nosotros”.
El otro apoyo les llegó del contrapoder local: la hermana Martha Pelloni. “Una noche llegaron a nuestra casa la secretaria y el abogado de la fundación de la hermana Pelloni. Hablaron con todos nosotros, que estábamos muertos de miedo y desconfiados. Hablaron también mucho con Gladys, que no podía ni ponerse en pie de lo mal que estaba porque había enterrado su hijito hacía muy poco. Le dijeron: ´Le damos dos días para llorar, pero después tiene que luchar por su hijo, por sus otros hijos y por todos los demás´. Al día siguiente Gladys se levantó y fue a firmarle el poder al abogado. Después, vinieron los chicos de los Guardianes del Iberá. Ellos nos acompañaron mucho, nos explicaron el tema de los agrotóxicos, nos dieron fuerzas en momentos difíciles. Al año de la muerte de Nicolás ya estábamos muy organizamos. Hicimos una movilización desde nuestra casa hasta la intendencia. Éramos 40. Los vecinos nos miraban mal. Nadie nos quería hablar, nadie nos recibió. Pero a nosotros hacer la marcha nos dejó contentos, animados. Estábamos así, fuertes y decididos, cuando nos enteramos de la muerte del chiquito Rivero. ¿Cómo podía pasarnos eso? ¿No era que no íbamos a permitir que muriera ni un niño más? Recién ahora, cuando conocimos el fallo de Nicolás, pudimos recuperarnos un poco de ese golpe tremendo.”
Celeste con una flor, tras haberse recuperado del coma y un año de tratamiento en el Garrahan. A la derecha Gladys, la mamá de Kili Rivero.
Pesadillas
José Carlos Rivero, al que todos llamaban Kili, también tenía 4 años cuando murió, el 12 de mayo de este año, en el Hospital Garraham y como consecuencia de un envenenamiento. A él le deja pedacitos de galleta su hermano Lautaro. A él busca su mamá en la noche porque todavía lo escucha gritar auxilio. Y a él, cuenta su padre cuando para de llorar, es a quien ve el comisario de Lavalle en esas pesadillas que lo despiertan sudando. “Se nota que tiene la conciencia mal, porque él vino con el intendente cuando se tomaron las muestras de la tierra para ver si había rastros de veneno. Después dijeron que esos estudios no encontraron nada, pero yo tengo el video que filmé el día que los chanchos, las gallinas y el perro murieron por culpa del agua que habían tomado”.
La familia de Kili vivía por entonces al lado de la tomatera de Oscar Antonio Candussi, presidente de la Asociación Hortícola de Lavalle. “Ahí empezó todo, lo de los animales fue primero, pero después lo de mi hijo. Estaba palidito, no me quería comer. Me quejé a la chacra, porque estaban tirando el agua de los tomates a mi casa con una manguera, pero no me hicieron caso. Decidí entonces venirme a vivir a lo de mis padres, pero ya era tarde. Kili empezó con los vómitos. Lo llevé al doctor en Lavalle y me dijo que era broncoespasmo. Pero después el vómito ya era con sangrado y ahí me fui a Santa Lucía y le pusieron una inyección. Me dijeron que con eso se solucionaba. No alcanzó a llegar a casa y de vuelta el vómito. Fuimos a Goya y ahí sí que dijeron algo que nunca les voy a perdonar: que yo usaba droga y las dejé al alcance de mi hijo y por eso él estaba así, ido. Lo derivaron a Corrientes en una ambulancia que tenía tubo de oxígeno, pero no la máscara. En el traslado se le reventó la vía. No lo podían volver en sí. Dios le quiso dar un empujoncito y llegó, y ahí mismo lo llevaron a Buenos Aires. Los doctores del Garraham fueron sinceros. Me dijeron que tenían pocas esperanzas, porque le curaban una cosa y lo atacaba otra. A lo último fue el cerebrito. Ahí me cortaron por la mitad. Lo que más me dolió es que el intendente, que es un tomatero, dijo que yo tenía los químicos que intoxicaron a mi hijo. ¡Que vengan y revisen todo! Acá no hay nada porque yo trabajo solo con cosas orgánicas”.
Luego de la muerte de Kili y por primera vez en este tipo de casos, una enfermera del Hospital Garraham habló con los medios de Corrientes. Por radio, Mercedes Méndez se preguntó: “¿Qué responsabilidad nos cabe a los profesionales de la salud en salir a denunciar estas cosas que vemos que están pasando? ¿Es ético seguir mirando para otro lado cuando están envenenando a las personas impunemente? ¿No debemos pensar en hacer algo más?”. Las palabras de la enfermera fueron apoyadas por la Comisión Interna de ATE de ese hospital.
Manual
La hermana Martha Pelloni me contó que el día del velorio de Kili encontró a este padre abrazado al ataúd, llorando como lo hace ahora. Cuando lograron desprenderlo, la hermana se dio cuenta que encima del cajón había un libro. Creyó que era la Biblia, pero le pareció demasiado grande y se acercó para ver mejor. “Manual de Agricultura Orgánica”, decía la tapa dura, en letras rojas.
Le pregunto ahora al papá de Kili si enterró a su hijo con aquel Manual. Me dice que la hermana Pelloni lo sacó del cajón y se lo entregó. “Esto no lo necesita él, sino vos. Es lo que te va dar fuerzas”, le dijo. El papá de Kili se queda mirando la tierra seca. Y sigue: “Yo estudié todo de ahí. Toda mi vida le hice caso. Fue la escuela que no tuve y estaba orgulloso, leyendo, practicando… ¿A usted le parece justo que a mi hijo lo maten los agrotóxicos?”
Lo invisible a los ojos
Don Rivero, el abuelo de Kili, 62 años por cumplir, 48 de ellos vividos en Puerto Viejo, me dice que Dios no se llevó a su nieto, que fue un hombre y no le tiene miedo, a pesar de las amenazas. “Yo sé que estamos discriminados, porque no tenemos plata, porque somos pobre gente humilde que vivimos del día a día, pero así también va a llegar el día en que esa persona tenga que ir a la justicia a decir: yo fui el culpable. Y va a llegar porque vamos a luchar para que llegue. Yo no tengo armas, pero tengo una lengua para defenderme y tengo ojos. Veo el contorno. Veo que hay asma en un pueblo donde nadie sabía ni qué era el asma. Veo los chiquitos con labio leporino. Veo las criaturas que nacen deformadas. Veo los chicos que no desarrollan, que tienen 14 años y parecen de 6. Yo le pegunto a los doctores, ¿qué es esto? Me dicen que no saben. ¿Cómo que no saben? Todos sabemos que se usan remedios fuertísimos, que matan todas las plagas. Y que los trabajadores de las tomateras se desmayan a las tres o cuatro líneas de fumigada”.
Quiénes son los responsables, le pregunto ingenuamente. Don Rivero responde como si le hablara a una niña: “Señora, acá no hay responsable. Acá maneja el poder de la plata. Yo sé lo que usted piensa: ´Qué lindo sería que venga una persona de confianza y diga: ¿cómo podemos controlar los remedios fuertes?’. Y está bien que piense eso, está muy bien, porque es fácil, es fácil, claro que es fácil, (lo dice así, por triplicado y con fuerza) y sí que se puede hacer control, cómo que no. Y seguro que hay remedios menos peligrosos para la gente, para el que compra el tomate, para el que trabaja el tomate, para el que vive vecino al tomate. ¿Pero sabe qué pasa? ¿Sabe cuál es el problema? Son dos. ¿Quién nos va a apoyar a nosotros? ¿Quién los va a controlar a ellos?”.
A la izquierda la casa donde vivía Nicolás Arévalo. Cruzando la calle, las tomateras cuyos pesticidas mataron a ese niño de 4 años.
Hacer justicia
El abogado Julián Segovia, integrante de la Fundación Infancia Robada que creó la hermana Martha Pelloni apenas llegó a Corrientes, fue el encargado de buscar justicia para Nicolás, para Celeste y, ahora, para Kili. Difícil, en este último caso: en el Hospital Garraham hicieron una autopsia, pero no por orden judicial. Se determinó así que Kili murió intoxicado, pero nunca se buscó la sustancia que lo envenenó. “Sólo tenemos un análisis de orina que le hicieron en el hospital de Goya donde consta que se encontró una sustancia clorada y esto es compatible con el tipo de agrotóxicos que se usan en las tomateras. Ahora enviamos al Cuerpo Médico Forense de Corrientes todos los estudios, historias clínicas y análisis que le hicieron en cada uno de los establecimientos de salud en los que estuvo, solicitando un informe para ver si se puede establecer así lo que le provocó a muerte. Pero hasta el momento la justicia no ordenó investigar nada”.
En el caso de Nicolás, tampoco fue fácil. “Pedimos muchas medidas, ofrecimos testigos, tuvimos peleas, buscamos la vuelta, siempre sin apoyo, porque nos tocó un fiscal frio, que no se involucró. Pero lo definitivo fueron las pruebas: la autopsia, los análisis, las muestras de tomate, de barro, de flora, que se tomaron adentro y afuera de la chacra. En todos apareció el mismo veneno: endosulfan”.
El abogado cuenta que el endosulfán se puede comprar fraccionado, pero no en cualquier lado. Uno de sus expendedores es el Instituto Provincial del Tabaco. “En otros tiempos fue el cultivo típico de esta zona, pero actualmente la gente solo trabaja el tabaco porque así obtiene una obra social, que es algo que el Instituto facilita. Esa es hoy una producción altamente tóxica, donde se usan productos muy fuertes y letales y todo el mundo lo sabe y le escapa. Si no fuera por los beneficios que da el Instituto no sé si alguien la haría. El otro día me contaba un muchacho que trabaja en los depósitos del Instituto donde guardan los agroquímicos, que los compran en tambores de 200 litros. Y los productores vienen con bidones o botellas de gaseosa vacías y se lo llevan. ¿Usted entiende lo que le digo?
Lo que entiendo es cuál es el rol del Estado en todo esto…
Ahí va: el Estado no se preocupa, ni controla…
Y tolera la explotación infantil…
…y femenina y en negro. El otro día el ingeniero Juan Sablis, encargado del Inta Goya, me decía que la producción hortícola es factible en esta región gracias a la mano de obra en negro, porque si se tuviera que registrar a todos los trabajadores como Dios manda no sería rentable. Con eso le lo digo todo: estamos hablando de niños y mujeres que se exponen sin protección alguna al peligro de trabajar con estos agrotóxicos.
¿Cuál es el beneficio de producir algo en estas condiciones?
El del productor. El beneficio económico hoy es alto, porque el cajón de tomate está 100 pesos y en cada una de esas coberturas plásticas, que tienen 25 x 7 metros, se pueden lograr 200 cajones. Hay dos cosechas por año, así que calcule. Es una producción altamente rentable porque evade todo: el fisco, la ley, los controles. El peligro es que el tomate producido así va al Mercado Central sin respetar siquiera el poder residual del insecticida: se cosecha a la mañana y a la tarde ya lo están mandando para Buenos Aires. Y no basta con agregar 3 gotitas de lavandina al agua, porque estos productos son clorados y no mueren ni se desintegran así.
¿Cree que el productor local es tan poderoso como para lograr este nivel de impunidad?
No, porque acá no se está tapando todo porque el productor es poderoso. Acá lo que se está tapando es que el Ministerio de la Producción correntino no reconoce que el chico Arévalo murió por intoxicación, tal como se lo informó el juez por escrito. Y si se hace el distraído es porque existe la posibilidad de que, ante algo así, se tenga que determinar que los tomates de Lavalle se dejen de mandar a Buenos Aires hasta que no se controle su producción como es debido. Y eso no sería rentable.
Confesión de parte
En informe del Ministerio de Economía de la Nación llegó a la misma conclusión en diciembre de 2010. Dos ingenieros agrónomos –Hernán Palau y Mariano Lechardoy– y un licenciado –Facundo Neyra– suscriben el detallado relevamiento que hicieron de la producción tomatera de Lavalle. Allí, entre otras graves cosas, consignan:
“Existen casos (muy pocos) de uso de agroquímicos no permitidos o dosis no recomendadas (más común), no solo en cuanto a la dosis en sí, sino en cuanto a las repeticiones y respeto por los períodos de carencia”.
“En lo que respecta a la legislación laboral, una parte importante de la mano de obra utilizada en el sector no se encuentra inscripta debidamente. Siendo esta una actividad de uso de mano de obra intensiva, hace que el productor hortícola afirme como inviable poder cumplir con todas las obligaciones patronales”.
“Las plantas de empaque deben cumplir con requisitos de condiciones higiénico-sanitarias y de buenas prácticas que establece la Dirección de Calidad Agroalimentaria dependiente del SENASA. En la región, la mayoría de los galpones de empaque no cuentan con la habilitación correspondiente y por tanto, no cuentan con buenas prácticas. Esto es una debilidad institucional del sector, ya que en la región no hay oficina del SENASA dedicada a la horticultura”.
Ni las muertes de Nicolás ni de Kili, ni la agonía de Celeste, ni nada de lo mucho y evidente de lo sucedido en Paraje Puerto Viejo logró hasta ahora mover un centímetro de esa postal correntina del infierno.
Esa inmutable impunidad es la que originó la tapa de esta MU. Ahí podés verlo a Brunito, con los ojos cerrados, los brazos cruzados, el tomate que le cierra la boca. Fue amorosamente retratado así por su mamá, Julieta –testigo y compañera de este viaje– junto a Mónica, otra de nuestras amigas fotógrafas.
Esa es la imagen que se nos apareció en el insomnio del regreso en micro.
Supimos así que para nosotras este viaje no fue, no es, nunca será una nota escrita en un papel ni esta tapa una foto, sino un grito.
Angá.
Actualidad
En el fin del mundo: ocupación contra la desocupación en Tierra del Fuego

140 trabajadores de la fábrica Aires del Sur, que elabora y comercializa aires acondicionados en la ciudad de Río Grande –provincia de Tierra del Fuego, la Antártida e Islas del Atlántico Sur–, no cobran desde enero y tampoco saben si conservarán su fuente de trabajo. La conciliación obligatoria, la situación, la política del desempleo, los héroes borrados y un tour por algunas estaciones del industricidio que impregna estos tiempos.
Por Francisco Pandolfi. Fotos: Juan Valeiro
(Enviados de Lavaca.org a Tierra del Fuego)
Esta mañana del lunes 140 trabajadores decidieron ocupar la planta de Aires del Sur en Río Grande, Tierra del Fuego. “Esto no se le desea a nadie, es difícil llegar a tu casa y decirle a tu hijo que vamos a reutilizar carpetas de otro año, que no podemos pagar el alquiler, que vamos a priorizar una comida para aguantar hasta el otro día”, dice José López –antes de que se le atragante la voz por la angustia– delegado por la Unión Obrera Metalúrgica de Río Grande.
El presagio es el peor: por un lado, el contexto nacional y provincial. En el Parque Industrial de Río Grande cerraron seis fábricas textiles y dos metalúrgicas en los últimos dos años, a partir de la asunción de Javier Milei.

Los obreros y el reclamo tras dos meses sin cobrar. Foto: Juan Valeiro /lavaca.org
Por otro lado, la ausencia de la empresa, cuyo director es Roberto Ángel Ceretti y su director suplente Ricardo Enrique Estevo. “Los dueños no aparecen, ejecutamos todas las acciones legales. Vivimos un momento de incertidumbre total. Hace dos meses que no cobramos y cada día se complica más nuestra situación. Si tenés un sueldo no llegás a fin de mes para los gastos comunes. Imaginate no tener sueldo durante dos meses. Hay compañeros a los que la semana que viene los van a desalojar de la casa”, agrega López.
Héroes borrados
La empresa nació en 2008 con capitales israelíes; pasó a manos francesas y luego a nacionales. Está concursada desde 2019, cuando el macrismo la hizo tambalear. Maximiliano Uriona, también delegado de Aires del Sur, dice agarrado del alambrado que divide el adentro y el afuera: “En 2023 volvimos a tener suspensiones ni bien asumió Milei, con quita de sueldo y de aportes”.
Hace memoria: “Desde la UOM salimos a decir que no teníamos que votar a Milei, pero desgraciadamente muchos metalúrgicos lo hicieron. Y acá están las consecuencias: el contrabando de frontera, las libres importaciones, los tributos altísimos que el gobierno no baja, la inflación galopante, el tope paritario que hace que el consumo no acelere y que la empresa, las pocas producciones que tenía, las haya rematado para cubrir los gastos. Milei dijo que este tipo de empresarios que ahora ni aparecen eran héroes… Estos son los héroes, los que nos obligaron a tomar la planta”.
Un tour por el industricidio
El secretario general de la UOM Río Grande, Oscar Martínez, le explica a lavaca: “Esto que pasa en Aires del Sur tiene absoluta coherencia con las políticas nacionales. Los gobiernos neoliberales y este todavía con mayor crudeza, traen consecuencias terribles sobre los trabajadores. Ya habíamos vivido en Tierra del Fuego experiencias similares en los años 90 y después con Macri, cuando cerraron 10 establecimientos fabriles metalúrgicos en Río Grande. Para tener una idea, hoy en el Parque Industrial hay alrededor de 40 industrias”.

Oscar Martínez, secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) de Río Grande. Foto: Juan Valeiro /lavaca.org
Al lado de Aires del Sur se emplaza una mole llamada Digital Fueguina, que dejó de producir en 2021. En frente, la fábrica Visteon, cerrada desde 2016. En la puerta está Germán Resquín, solidarizándose con sus pares. Era delegado de la textil Barpla Sociedad Anónima –la tercera importadora más grande del país de impermeabilizado seco– hasta que cerró en diciembre de 2024 dejando otro tendal de desempleados en el Parque Industrial: 46 efectivos, más de 70 contratados.
“Traíamos tela de distintos países para producir camperas, pantalones, sabanas, de todo, hasta que el gobierno nacional ordenó que debíamos cambiar el sistema productivo y la empresa cerró. Tenemos toda la maquinaria y un montón de mercadería dentro de la fábrica, presentamos proyectos para recuperar nuestras fuentes de trabajo conformando una cooperativa, pero no nos escucharon”, describe Germán, que guía a lavaca en un tour por los múltiples edificios cerrados y abandonados de una Río Grande donde predominan el gris, el viento, y ahora la desocupación masiva.

Foto: lavaca.org

Lo que dicen las calles. Foto: lavaca.org
Efecto dominó
Pablo Ibáñez, delegado de la UOM, aporta: “En la provincia tenemos entre 2.000 y 2.300 puestos menos comparando con el año 2024”. Daniel Rivarola, secretario general del sindicato del Centro Empleados de Comercio, suma la pérdida de trabajadores registrados desde la asunción del actual gobierno:
- 2024: 383 trabajadores menos
- 2025: 134 trabajadores menos
- En lo que va de 2026: 21 trabajadores menos.
Completa: “La situación es muy jodida y complicada. Río Grande es una ciudad fábrico-dependiente. Hoy amanecimos con una toma de la metalúrgica de 140 compañeros que no cobraron el salario desde enero, 140 trabajadores que no vinieron a los comercios a gastar, a pagar las tarjetas, a pagar a la niñera. El efecto dominó cae sobre nosotros también”.
Todos los días son únicos
Dentro de la fábrica hay decenas de trabajadores sentados. Detrás, decenas de máquinas inertes. Pablo Sigot las mira, es operario de Aires del Sur.

Foto: Juan Valeiro /lavaca.org
Cuenta que en la provincia el costo de vida es mucho más caro que en otros lugares del país. Que aumentaron todos los servicios –luz, gas–. Que que todo es mucho más caro –nafta, alimentos–. Que tuvieron paralizados mucho tiempo los sueldos. Y que se suman las condiciones climáticas: en invierno la temperatura llega a veinte grados bajo cero. “En todo este contexto el gobierno nacional busca cerrar las fábricas, ya vimos lo que pasó con Fate la semana pasada, que es lo mismo que viene pasando en esta ciudad hace tiempo y que hoy nos toca a nosotros. Nos levantamos todos los días sin saber qué hacer, es muy difícil vivir sin una respuesta. Los nuevos dueños y la patronal no dan la cara, se borraron, estamos a la deriva”.

Pablo Sigot, uno de los trabajadores de Aires del Sur. Foto: Juan Valeiro /lavaca.org
Sentencia: “La ley 19640 se hizo para poblar la Isla, pero la apertura de importaciones de Milei, sumada al arancel cero para la importación de teléfonos celulares, lo que busca es ir hacia el sentido contrario: despoblar a Tierra del Fuego a merced de los extranjeros”.
En el comedor cuelgan algunos carteles:
–Siempre hay una razón para sonreír.
–Sonríe porque todos los días son únicos.
–No bajes la meta, aumenta el esfuerzo.
Hay heladeras vacías. Hornos, microondas y mesas vacías. Hay también, un lema de la empresa que subrayan irónicamente los trabajadores: «Gloria y expansión». Maximiliano: “No sé de qué gloria hablan, tampoco de qué expansión. ¿Cómo quieren que vivamos sin nuestro salario?”.
A la noche de este lunes, el Ministerio de Trabajo dictó la conciliación obligatoria y convocó a las partes para una reunión el martes al mediodía. “Es positivo este paso que dimos, ahora la empresa tendrá que sentarse y discutir cómo seguimos. Veremos el resultado y cómo sigue esta historia entre empleados y empleador”.
Al cierre de esta nota, llega un mensaje sobre otra fábrica: la textil Sueño Fueguino acaba de suspender a todo su personal –más de 80 personas– por tres meses.

La espera de una respuesta: «Milei dijo que este tipo de empresarios que ahora ni aparecen eran héroes…». Foto: Juan Valeiro /lavaca.orgç
Actualidad
Empleo en crisis: cerraron casi 22 mil empresas en lo que va de gestión de Javier Milei

Los datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo: se perdieron más de 290 mil puestos de trabajo y la construcción fue uno de los sectores más afectados.
Por Leandro Rosati, de El Ciudadano, de Rosario (elciudadanoweb.com)*
Desde que asumió la presidencia Javier Milei, el número de empresas que cerraron escaló y quedó en la atensala de las 22.000, según los datos que publicó la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT).
La comparación entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025 muestra una disminución en la cantidad de empleadores con trabajadores registrados, pasando de 512.357 a 490.419.
En la práctica, eso significó una disminución de 21.938 empresas, es decir, 30 empresas por día, reflejando una tendencia negativa en el tejido empresarial. En noviembre último, el cierre fue de 892 empleadores, y acumula en esos 11 meses de 2025 una pérdida neta de 9.722 empleadores.
Con 512.357 al finalizar 2023, hubo una caída del número de empresas hasta mediados de 2024 como consecuencia de la devaluación y de la «motosierra» que afectó en especial a la construcción. Luego hubo una desaceleración de la caída: a diciembre de 2024, el número llegaba a 499.682.
Los sectores más afectados
En base a los datos de la SRT, el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) detalló cuáles fueron los sectores que afrontaron las mayores pérdidas entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025, con Transporte y Almacenamiento a la cabeza.
- Transporte y Almacenamiento: 5.239 menos.
- Comercio mayorista y minorista: 4.593 menos.
- Servicios inmobiliarios: 3.101 menos.
- Industria manufacturera: 2.436 menos.
- Servicios profesionales, científicos y técnicos: 2.315 menos.

En términos relativos, el sector más afectado también fue el de Servicios de transporte y almacenamiento, que registró una caída del 13,3% en la cantidad total de empleadores.
Le siguen el sector de Servicios de organizaciones y órganos extraterritoriales (-12,3%), Servicios Inmobiliarios (-10,5%) y Construcción (-8%).
Variación por tamaño
En los primeros 24 meses de la gestión libertaria, las empresas de hasta 500 trabajadores fueron las más afectadas: representaron el 99,63% del total de los casos (21.856 empresas menos). Por el contrario, la cantidad de empleadores de más de 501 trabajadores explicaron sólo el 0,37% (82 casos).
En términos relativos, la cantidad de empleadores con más de 500 trabajadores/as se redujo un 4,54%, mientras que los empleadores con hasta 500 trabajadores/as disminuyeron un 4,28% en el mismo período.
Una conclusión del Informe de Trabajo es que una proporción relevante de las firmas que ingresan al mercado no logra superar un ciclo de vida corto. Durante los últimos cuatro trimestres (desde el tercer trimestre de 2024 hasta el segundo trimestre de 2025), el 34% del total de cierres correspondió a empresas con menos de tres años de antigüedad.
Más de 290 mil puestos de trabajo menos
Tomando el mismo período, el número de trabajadores que se perdieron escala hasta los 290.600, lo que implicó una reducción del 2,77%: pasó de 9.857.173 en noviembre de 2023 a 9.566.573 en noviembre de 2025.
Según el CEPA, equivale a 400 trabajadores menos por día desde la asunción de Milei.

El sector más afectado en términos de pérdida de puestos de trabajo fue el de Administración pública, defensa y955 menos.
- Construcción: 71.573 menos.
- Servicios profesionales, científicos y técnicos: 14.774 menos.
- Actividades administrativas y servicios de apoyo: 13.392 menos.
En términos relativos, el sector más afectado fue Construcción, con una caída del 15% en la cantidad de trabajadores registrados. Le siguieron Servicios de organizaciones y órganos extraterritoriales (-7,7%) y Servicios inmobiliarios (-7,3%) en el mismo período.
El caso de los empleos en casas particulares
Entre noviembre del 2023 y noviembre del año anterior, la pérdida fue de 26.792 personas menos: pasó de 629.660 a 602.868, equivalente a 36 puestos de trabajo por día.
“Este sector es un termómetro sensible de la economía: al no estar protegido por grandes empresas ni convenios colectivos fuertes, el empleo en casas particulares reacciona rápido ante cualquier crisis. Si cae, es señal de que los hogares ajustan gastos y que el trabajo precario aumenta (pasan a trabajar en negro para no perder el ingreso)”, indicó el CEPA.

*Esta nota es parte de la articulación de la Unión de Medios Autogestivos (UMA): El Ciudadano (Rosario), Revista Cítrica (Buenos Aires), El Diario del Centro del País (Villa María), Tiempo Argentino (Buenos Aires), Lavaca (Buenos Aires), Agencia Tierra Viva (Buenos Aires) y Lawen Documental (Buenos Aires).

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