Actualidad
San Cayetano: 15 kilómetros de realidad

Desempleo, estampitas, falta de comida, espigas, chicha (nueva droga que invade los barrios, gracias a la crisis), vetos, bendiciones y maldiciones, goleadas, votos, malos pensamientos, arrepentidos, desquicios, la forma actual de la corrupción, la inseguridad, los zombies. Los temas que no aparecen en la política, resurgen con San Cayetano, que volvió a reunir a la gente para pedir y agradecer trabajo entre otras cosas, para tener paz y para marchar a lo largo de 15 kilómetros hasta Plaza de Mayo. Conversaciones en ese trayecto que atraviesa varias avenidas del presente.
Por Lucas Pedulla
Fotos: Juan Valeiro
Marcela, 52 años, vende espigas a 1.000 pesos en la estación de Liniers. Llegó de Lanús a las nueve de la noche del miércoles para vender en las inmediaciones de la iglesia de San Cayetano, patrono del pan y del trabajo, en su versión 2025. Lo primero que percibió fue la cantidad de personas que iban a pedir comida. «Un montón, el año pasado traían sus viandas», compara.
No le sorprende: ella está más ajustada, el alquiler sube y las matemáticas para alimentar tres hijos necesitan otras audacias. No habla de cifras, solo dice que «cuesta más».
¿Y el gobierno? Revolea los ojos: «Soy de derecha, pero no lo voté».
¿A quién votó? «A Bullrich. Después no voté porque no me convencían ni Massa ni Milei. Por eso ahora tampoco voy a ir a votar». Bullrich está en el gobierno y como ministra de Seguridad es la que reprime todas las semanas a jubiladas y jubilados. Marcela levanta los brazos: «Estoy en contra de que hagan eso, como también de las barbaridades que está haciendo con los vetos».
Marcela ofrece espigas a quienes pasan, y vaticina las próximas elecciones: «Para mí le va a ir mal. Está desquiciado».

De los gases a las espigas, la alegoría de Marcela refleja también algo de esta Argentina, un día después de la dura goleada sufrida por el gobierno en la Cámara de Diputados (12 a 0 entre leyes votadas y vetos rechazados), en medio de otra cruda represión a jubilados y trabajadores de prensa. Entre ellos, el fotógrafo de la agencia AP Rodrigo Abd, que salió un rato de la clínica a donde lo atienden para ver la marcha que hoy no pudo cubrir: le están haciendo estudios por una inflamación en la parte media de su oído derecho por el impacto del chorro del camión hidrante que recibió ayer en la Plaza de los Dos Congresos. Fue uno de los atacados por la policía de un gobierno que publica en las redes propias y de sus asalariados: “No odiamos lo suficiente al periodismo”.

Pensamientos y bendiciones
Sobre la calle Cuzco, entre puestos de estampitas y velas con promos de dos por 1.000, siguen las filas para que los curas bendigan espigas, estampas y velas. Ema, 65 años, y Marcelín, de 68, son una pareja de jubilados que cobran la mínima y también se vinieron de zona sur, de Glew. Marcelín dice que la cosa está brava: «Uno viene a agradecer por todo lo que San Cayetano nos ha dado hasta ahora. La situación está bastante comprometida: todo lo que es para bien lo vetan enseguida». Por eso, suma Ema, hay que agradecer: «Y pedir por los hijos y los nietos. Está difícil para los jóvenes, no hay expectativa para un chico de 20».
Ema pide si podemos, por favor, no hablar de política. «Uno viene para tener paz y transmitirle paz al otro. Si todo el tiempo estamos con malos pensamientos…», dice pero no termina la frase porque la fila avanza y el cura está ahí y ella va rumbo a la bendición: «Nos vemos».

La agenda invisible
Desde allí se prepara para salir la novena movilización que los movimientos sociales nucleados en la UTEP organizan en el día de San Cayetano. También adhirieron y convocaron gremios, sobre todo de las dos CTA, que caminaron unidas. La marcha cruza toda la ciudad por una de sus arterias principales, Avenida Rivadavia, que conecta el territorio porteño con un oeste infinito. Liniers, casa de la iglesia, oficia de punto neurálgico donde también llegan vecinas y vecinos de todo el conurbano.
La distancia total a Plaza de Mayo es de 15 kilómetros. Hubo una posta en Flores, frente a la Basílica donde comenzó su carrera Jorge Bergoglio. Lo recordaron con un audio suyo, ya como Papa Francisco, donde habla de cuidar el medio ambiente y luchar por paz, pan, tierra, techo y trabajo. Es el primer San Cayetano sin Francisco como actor espiritual y político.

La marcha arrancó a las 9 de la mañana, llegó a Casa Rosada cerca de las 14, y tuvo en Congreso la sumatoria de columnas nutridas que cruzaron la 9 de Julio en dirección a Plaza de Mayo, a donde llegaron, como llegan hace nueve marchas, con una agenda de temas tan profundos que no entran en los debates políticos: comedores, trabajadoras de cuidado, jóvenes en proceso de recuperación de adicciones, recorte de alimentos, falta de acceso a la tierra, y parálisis de la obra pública de integración socio-urbana que lo único que permite es el avance de la narcoestructura territorial.

Cuando te comen la cabeza
Mauricio, 27 años, es uno de los que puede jactarse de caminarse todo. Milita en la JP Evita. Vino del barrio Victoria, en Moreno, la última estación del tren Sarmiento. «Laburo para pibes desde 18 años y la cosa está fea. La última vez salimos a repartir 320 porciones de comida. En un día. Es un montón. Y vemos que mucha gente del barrio que antes no venía, ahora llega. Impresiona: cada vez se suman más».
Otra cuestión es el consumo problemático: «Está a full, y sube cada día. Intentamos hablar con los jóvenes para que no caigan, pero es una problemática que crece. Peleamos para frenarla. Pero al pibe le comen la cabeza. El transa de la esquina les dice: ‘Vendé acá y te doy plata». Y los pibes, lamentablemente, con eso los compran. Pero no les dan nada».
Para Mauricio, el hambre y el consumo son dos temas ausentes del actual debate político. ¿Cómo buscar de nuevo a esos pibes? “Siempre les hablo para enamorarlos de la política. Le digo: ‘En la política está todo’. Hay desencanto, sí, pero por cómo está el país entienden que tienen el poder para cambiarlo. Hasta con un voto”.

La estrategia electoral de Arturo
Por Rivadavia también marcharon jubilados que todos los miércoles están en Congreso. Uno de ellos es Arturo, vecino de Almagro, que tiene una de las mejores estrategias de comunicación alguna vez creadas: con una sartén ya rota por los golpes que le propina con un utensillo de metal, se mete en cuanto comercio o local ve abierto. Y grita, por cuadras: “Fuera Milei, estafador. ¡Gobernás para los ricos!”. Se asoma a kioscos, verdulerías, cafeterías y aprovecha los momentos que las puertas de algún COTO o banco se abren: “Fuera Milei, ¡fuera!”. Hasta algunos policías ya sonríen. El cálculo de Arturo: “Hoy conseguí 1.000 votos”.
Arriba de un tractor cruza la 9 de Julio el padre Toto, de la parroquia Virgen de Caacupé, de la Villa 21: “Esta marcha es donde tengo que estar”. Una entrevista con Toto y su trabajo en el barrio sobre la cuestión de consumo se publicará en la próxima edición de MU.

La chicha y los zombies
Samantha, 30 años, es de la Corriente Clasista y Combativa (CCC) de Rafael Castillo, en La Matanza. En el comedor dan de comer a 30 personas por día y cada vez son más. “Los maridos se quedan sin trabajo y no les alcanza para pagar las cuentas. Dejan de pagar las tarjetas de crédito. Los chicos sólo comen gracias a los comedores de los colegios”.
Cuenta que entró una droga nueva al barrio, a la que llaman “chicha” y definen como peor que el paco: “La consumen muchos jóvenes, pibes de 14 o 15 años. Los deja como zombies. A veces ni te reconocen. Chicos que iban al colegio y de pronto dejan”. Al debate político también le falta una discusión seria sobre seguridad, explica Samantha: “Es un tema llevar a mi nene a las 6.30 a la escuela. No voy con el celular porque no sabés lo que puede pasar”.
Para las elecciones que vienen, La Libertad Avanza propuso como candidato de la Tercera Sección Electoral, donde predomina La Matanza, al excomisario Maximiliano Bondarenko. Samantha abre los ojos: “Pero eso es más corrupción. Necesitamos un debate en serio”. Piensa que hay condiciones: “Muchos vecinos se han arrepentido de haberlo votado a Milei. Creyeron, pero te dicen: ‘Me equivoqué’. Algunos tenían un almacén, o capaz que otro negocio, y lo tuvieron que cerrar”.

Potenciar narco
Vanesa, 33 años, vino de Melchor Romero, en La Plata, y lleva una pechera del Partido Comunista Revolucionario (PCR). «Soy comunista y banco al Papa», se presenta. «Es el primero que habló de techo, tierra y trabajo».
¿Cómo está el barrio?: «Se la está pasando malísimo: desde que asumió Milei, a los comedores no van más alimentos. La mayoría de la gente no llega a fin de mes. El Potenciar Trabajo está congelado en 78.000 pesos y no se mueve. ¿Cómo hacés? A nuestro comedor vienen más de 100 personas por día. Las compañeras sacan de su casa para la olla porque no alcanza. Los barrios se organizan: unos dan merienda, otros dan cena, pero a fin de mes es tremendo, con jubilados, desempleados. Hoy ves gente revolviendo basura en cada cuadra».
De nuevo, el hambre como tema. Y el narco consumo: «Creció horrores. El narcomenudeo arrasa. Pibes que dejan el colegio para ser ‘soldaditos’ de los transas. Les ofrecen plata fácil, pero los hacen mierda. Desde que asumió Milei, todo está peor: ves nenes de 8 o 9 años consumiendo paco».
A este combo le agrega que llegó la factura de luz de 200.000 pesos. Y 36.000 a otro comedor. «Las garrafas de gas están a 15.000 cada una. No duran nada. Muchos cocinamos con leña para estirar».
¿Cómo salir de esto? Vanesa sigue marchando y tiene una hipótesis: «Uniéndonos y saliendo a la calle. Milei vino a sacarnos nuestros derechos. La única forma es resistir organizados» dice rodeada de gente, de espigas y tal vez de preguntas.

Actualidad
Miércoles de marcha: entre las changas de los jubilados y el corazón de los chicos

Primera marcha de jubilados en el Congreso de 2026. Más policías y fuerzas de seguridad que manifestantes. Carros de asalto, móviles, camiones hidrantes, vehículos celulares, ambulancias. Todo un despliegue inútil que además entorpece el tránsito como los jubilados no podrían hacerlo. La mirada sobre las changas y la economía real. La llegada de personas y familiares de personas con discapacidad frente a la disolución de la ANDIS, y quienes manifestaron contra el desmantelamiento del Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas. Como siempre en estos tiempos, la arbitrariedad y la fuerza contra quienes menos pueden defenderse, pero siguen decididos a hacerse oír para que las cosas cambien.
Por Francisco Pandolfi
12 móviles de Gendarmería Nacional.
11 móviles de la Federal.
8 móviles de la Prefectura Naval.
31 móviles (inmóviles, quietos) fue el despliegue de las fuerzas nacionales en las inmediaciones de un Congreso otra vez vallado para una movilización de jubiladas y jubilados que no contó con más de 300 personas. El caos en el centro provocado por el propio “protocolo” que ha sido declarado nulo por la justicia.
A esa desproporción se le sumó un centenar de policías de la Ciudad, los únicos que estuvieron del otro lado de la valla, vigilando a quienes manifestaban.
A metros de las vallas, un puñado de policías federales recibe órdenes del único que está vestido con pantalón de vestir y camisa.

Tiene un handy en la mano.
Pero no quiere responder preguntas.
–¿Quién es el responsable del operativo?
–Tenés que hablar con el Ministerio de Seguridad.
–¿Pero con quién puedo hablar que esté ahora acá, que me pueda responder sobre el operativo de hoy?
–Tenés que hablar con el Ministerio de Seguridad.
¿Pero no hay un jefe de calle, alguien que me responda sobre el operativo?
–Tenés que hablar con el Ministerio de Seguridad.
–¿Cómo te llamás?
–Hernán.
–¿Tu apellido y cargo?
–No importa. Para hablar del operativo tenés que llamar al Ministerio de Seguridad.
El número del Ministerio de Seguridad es 5278-9800.
Atiende la guardia de la recepción: “A esta hora no hay nadie que te pueda contestar”, dice.
La tercera no es la vencida: el contacto con prensa del ministerio también cae en el silencio. No hay respuesta cuando se pide hablar con alguien que explique el operativo.

El cañito que pierde
Del otro lado de la valla, las y los jubilados dan un mensaje claro en este primer miércoles del año: acá estamos, acá seguimos, y acá vamos a seguir estando, cada semana.
También dan otro mensaje: lo que avizoran es mucho peor.
Carlos tiene 73 años es de Avellaneda y dice así: “Sigo trabajando, por supuesto”. Acentúa el “por supuesto”, normalizando la hostilidad. Plomero, albañil, gasista, porque “con 350 lucas es imposible”. Dice que hace 20 días que no tiene ninguna changa para hacer, “lo que da la pauta cómo la gente hace sus propias reparaciones o deja que el cañito pierda, algo que antes no hacía”.
Dice, también, que lo más sale es el laburo de albañilería, del que menos tendría que hacer: “Veo una bolsa de cemento y ya me pongo a llorar, no puedo hacer tanta fuerza, pero no me queda otra”.
Carlos no usa eufemismos, ni adorna sus palabras con un optimismo que a esta altura es difícil de comprar. “Este año va a ser peor”. Argumenta: “Terminamos el año con un decreto que le da más poder a la SIDE para hacer lo que quiera, y eso nos va a traer muchos problemas. ¿Cuánta gente se va a desmovilizar por miedo? Esto es un veneno”.
Carlos está contento, pese a todo, porque para las fiestas pudo reunir a su familia: “Cada uno trajo algo y la pasé con mis hijos y mis nietos. No me van a quitar la alegría de disfrutarlos. Se va a morir mil veces Milei antes que yo tenga que abandonar ese gusto”.
Héctor vive en Belgrano y tiene 75 años. Lleva un cartel colgado de su gorro tipo piluso: “Solo se trata de vivir”. Amplía: “Lo que estamos haciendo es sobrevivir. Yo quiero vivir, y dignamente. Tendría que ser natural, pero no”.
¿Pronóstico para este año?: “La esperanza es lo último que se pierde, pero con este gobierno puede pasar cualquier cosa, no soy optimista”.
¿Algún deseo? “Sólo tengo la ilusión de salir un poquito más, de ver más a mis amigos; de comprarme los remedios; por ahora, lo que tengo no es vida, ¿qué querés que te diga?”.

Los “discas” y los pacientitos
Otro mensaje que deja esta primera marcha de jubiladas y jubilados del año: los miércoles siguen siendo un punto de encuentro para otras luchas, para otros gritos que necesitan ser oídos. Esta vez, se sumaron personas con discapacidad por el anuncio del cierre de la Agencia Nacional de Discapacidad: el primer paso fue hacerla corruptible; el segundo y último, disolverla).
Se agregaron familiares de personas afectadas por el desmantelamiento que acaba de sufrir el Programa Federal de Cardiopatías Congénitas.
Natalia camina con León, su hijo de 10 años, que tiene una aneurisma en el arco superior de la aorta. “Es un pacientito Garrahan”, dice, con una dulzura que se agranda por el uso de diminutivos. “Todo esto es un retroceso de 15 años de trabajo. Las cardiopatías congénitas son patologías con alta predominancia de la muerte infantil antes del primer añito y el Plan Nacional interviene para que los pacientitos sean intervenidos en tiempo y forma en hospitales de alta complejidad. Al desmantelarse, aumenta la tasa de mortalidad infantil”.
De lo que está hablando es del corazón de los chicos.

Natalia vino desde Burzaco y ahora sigue caminando en la marcha de jubilados y de otras resistencias que contornean la Plaza de los Dos Congresos. “Ahora se aumentará la lista de espera para quienes se tienen que operar del corazón y faltarán los profesionales que coordinaban el área. Las familias ya veníamos tocando puertas, así que imagínense ahora sin el Plan, solo vemos pena y muerte para nuestros hijos”.
No se sabe quiénes se sumarán el miércoles próximo a la movilización, y a seguir exigiendo lo mínimo: una política que no ampute la humanidad.
Actualidad
¿En qué se parecen Trump y Pluribus?

Por Sergio Ciancaglini
Pluribus es una serie maravillosa y flamante, que tal vez ya quedó vieja.
El último capítulo de la primera temporada se emitió el 26 de diciembre y días después empezó a rankear como pieza de museo debido a Donald Trump.
La serie de Vince Gilligan explota de modo increíble una hipótesis: una civilización del planeta Kepler 22-b, ubicado a 640 años luz, contamina a todos los pobladores de nuestro mundo, que sonríen felices y actúan con amabilidad, pero cuyo cerebro forma parte de una gran mente colmena.
Esto es: hay un solo cerebro. Nadie piensa ya de modo individual sino que están todos unidos y dirigidos y masificados por esa mente colmena que reúne a la totalidad de los cerebros y saberes humanos. La IA en modo lisérgico.
Hay un solo problema: 13 personas resultaron inmunes a esa especie de virus algorítmico/biológico que controla al resto de la humanidad.
A la mayor parte de los 13 inmunes la situación les parece aceptable. Notan lo felices que están los demás, y la mente colmena los trata con servicial cortesía.
Solo unos pocos de los 13 entienden que no: que detrás de esa felicidad masiva a las personas les robaron el alma, porque la inteligencia alienígena lo que en realidad busca es apoderarse del planeta y sus recursos.
Esos humanos contaminados morirán pronto pero sonriendo tras haberse comido a sus propios muertos, y el mundo será una estación más en el avance de la civilización del planeta Kepler 22-b para subsistir a costa de los otros habitantes y otros planetas de este extraño universo.
Una semana después del último capítulo de Pluribus, Estados Unidos invadió Venezuela (América Latina), abdujo a Nicolás Maduro y redondeó las acciones con las que el país sustento de lo narco en el mundo simula combatir al narcotráfico.
Luego llegó Trump a explicar todo. ¿En qué se parece la política que simboliza Trump, a Pluribus y los ignotos seres de Kepler 22-b? Una hipótesis: la idea del control.
Pero lo que en la mente colmena son acciones y deseos altruistas (mientras roban almas y bienes comunes) en Trump es transparencia pura: habla del petróleo, de los recursos, del dinero en juego, de las corporaciones, de los muertos. Aclaró que considera que esa riqueza de hidrocarburos y tierras raras es norteamericana (lo cual supera en términos de ciencia ficción a toda la temporada de Pluribus) y demostró que puede llevar a la práctica todas las amenazas, provocaciones y disparates que rompen con el mundo tal cual lo hemos conocido.
El de Trump no es el imperio amable, hipnótico, seductor y temible de Pluribus.
En el suyo rige solo lo temible, y la sonrisa impostada es reemplazada por escenas de violencia explícita.
El control no es a través de la contaminación cerebral sino gracias a acorazados y drones, generales, violencia y guerras. Las mismas que el señor Trump dijo que quería evitar pero que –negocios son negocios– reactivan la industria armamentística, que es casi tan poderosa como la industria narco, aunque no compiten entre ellas y tienen intersecciones considerablemente turbias.
La actitud de Estados Unidos simboliza una idea: basta de seducción y amabilidad. Es tiempo de abducciones, de odiabilidad.
Lo que se estaba gestando en las últimas décadas y se inauguró formalmente ahora es la era del sometimiento. Y quien no lo acepte lo va a pagar caro. Queda por verse en este caso si el uso estadounidense de la fuerza es un sinónimo de poder, o una demostración violenta de debilidad (como acaso ocurrió en Venezuela con el propio Maduro).
En la parte que nos toca de este espectáculo cloacal, el gobierno argentino juega el rol del sometimiento sonriente. Como el viejo consejo que se les daba a las mujeres violadas: relájate y goza.
Mensaje al señor Vince Gilligan: desde este rincón findelmundesco saludo su serie increíble, pero hay otra que describe de modo diferente estas desventuras. Es argentina, se llama El Eternauta, se estrenó en 2025 pero nació en forma de cómic hace casi 70 años.
También hay en ella una civilización que busca controlar el planeta y los recursos. La invasión genera zombis y personas-robots (menos sonrientes que las de Pluribus) pero que no omite todas las formas de violencia imaginables.
Lo tóxico no lo usan para robar almas sino para matar.
En todo caso, el personaje de El Eternauta, Juan Salvo (Ricardo Darín), y la de Pluribus, la inmune Carol Sturka (la magistral Rhea Seehorn), comparten una idea frente la situación: con dudas y contradicciones, finalmente buscan hacer algo, resistir, oponerse, rebelarse frente al estado de las cosas. Su desafío: preservar cuerpos, cerebros y almas para que la existencia deje de ser una mala copia de la vida, o su the end.
En una de esas dos series imaginan una tecnología ética y cotidiana para intentar hacerlo: nadie se salva solo.
En la otra, el control de lo humano se realiza mediante un arma terrible: el consenso de una humanidad alienada. Carol no se resigna y al fin de la temporada tiene al menos un aliado. Es un latino, Manousos, que rechaza a la imitación que la mente colmena le presenta de su propia madre que le muestra los dientes, inquietantemente maternal. Manousos le dice en castellano: “Usted no es mi madre. Mi madre era una cabrona”. Y huye de Paraguay para buscar a Carol en Abuquerque, Estados Unidos, desde donde había hecho un llamado a los inmunes: tenemos que salvar el mundo.
Carol en otro momento menciona algo que podría sonar a procrastinación (con perdón de la palabra), a postergación. Pero nunca se sabe hasta dónde pueden llegar las cosas con la gente cabrona, como se considera a cada persona del mundo que puede elegir no someterse. Aquí pasó en la peor dictadura, cuando entre las pocas personas inmunes había 14 mujeres, madres y abuelas, las únicas cabronas que rompían la pesadilla del consenso alienado.
La frase Carol puede leerse como una involuntaria propuesta de acción para las personas y comunidades y, quizás, para la política (aunque esto suene también a ciencia ficción o realismo mágico).
La escena demuestra, como tantas expresiones del arte en estos días, un llamado a despertarse, cosa que en esta época parece cuestión de vida o muerte.
Carol dice en el más puro spanglish algo que aquellas personas a las que no lograron robarles el alma merecen recordar a cada momento, cada latido y cada respiración, para moverse, para no resignarse, para no someterse.
Como ya es de noche en el mundo, ella le anuncia a Manousos:
We save the world mañana.
PD: Por suerte entre los cabrones del mundo todavía existe Stremio.

Actualidad
Invasión a Venezuela: la verdad detrás del botín

Por Claudia Acuña y Lucas Pedulla
Lo dijo sin metáforas y con mayúsculas:
“Venezuela está completamente rodeada por la mayor armada jamás reunida en la historia de Sudamérica. Solo se hará más grande y el impacto que supondrá para ellos será algo nunca visto, hasta que devuelvan a los Estados Unidos de América todo el petróleo, las tierras y otros activos que nos robaron”.
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció así –a través de un mensaje publicado en la red Truth Social– su decisión de invadir ese país, sin siquiera avisar al Congreso.
El “robo” del petróleo al que alude es, sin embargo, la decisión de nacionalizar el petróleo que tomó Venezuela en dos etapas históricas que ahora conviene recordar.
La primera fue el 1° de enero de 1976, bajo la primera presidencia de Carlos Andrés Pérez, quien pagó a las corporaciones Exxon, Shell, Gulf, y Mobil 5.626 millones de dólares como compensación. El economista Carlos Mendoza Potellá –quien acompañó en ese proceso al fundador de la OPEP, Juan Pablo Pérez Alfonzo– sintetiza así cómo fue: “Las mismas concesionarias designaron de su seno a quienes asumieron la gerencia petrolera venezolana: el entonces presidente de la Compañía Shell de Venezuela se convirtió en presidente de la ‘Operadora Nacionalizada’ Maraven. El vicepresidente de la Creole Petroleum Corporation, filial venezolana de la Standard Oil–Exxon se transmutó en presidente de Lagoven, otra operadora nacionalizada. El mismo esquema se repitió once veces con los gerentes de las demás filiales transnacionales, travestidos en gerentes de empresas estatales”.
Durante su segundo mandato, Pérez dispuso un plan de “apertura petrolera” que permitió operar a las transnacionales del petróleo en nuevas áreas, que luego su sucesor, Rafael Caldera, amplió. Así se llegó a la segunda nacionalización, impulsada por Hugo Chávez en 2007, quien a través de un decreto impuso que la petrolera estatal tenía que tener participación mayoritaria en todas las explotaciones petroleras venezolanas. Esa medida originó una serie de demandas internacionales, entre ellas la de Exxon, a quien el régimen de Nicolás Maduro pagó 700 millones de los 985 reclamados.
Del robo, hay que decirlo, fue víctima Venezuela, saqueada por la corrupción de quienes durante el régimen de Maduro administraron los activos de la petrolera estatal. Un ejemplo: el 17 de marzo de 2023, se dio a conocer la desaparición de 3.000 millones de dólares provenientes de cuentas por cobrar de la venta de petróleo, lo cual derivó en la detención de 61 personas, entre ellas tres coroneles y otros cuatro militares que ocupaban puestos relevantes en PDVSA.

El botín
Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo, incluso más importantes que las de Arabia Saudí. Los yacimientos situados en la faja del Orinoco albergan más del 15% de todas las reservas mundiales. Su petróleo, además, es especial y característico: es más pesado y costoso de extraer, pero su alto contenido en azufre lo hace especialmente codiciado por las refinerías más sofisticadas.
Socio fundador de la OPEP, produce actualmente poco más de un millón de barriles diarios, lejos de los 3,5 millones de barriles que producía al final de la década de los noventa, cuando el país era una potencia global del sector de los hidrocarburos, con el 10% de la producción mundial de crudo. Ahora la república bolivariana apenas representa el 1%.
Para hacerse una idea del declive del sector en Venezuela, la industria del crudo del país llegó a ser la mayor exportadora del mundo. Ahora ocupa el puesto 21 entre los productores mundiales. Y está a punto de ser superado por su vecino Guyana, un país mucho más pequeño, cuya economía controla la petrolera Exxon.
Pero no solo se trata del petróleo. Tal como anunció el presidente Trump en su explícito mensaje hay “otros activos” que busca controlar con esta operación militar. Están en juego, además, minerales y tierras raras. Venezuela es un país muy rico en recursos naturales: cuenta con importantes reservas de gas natural, oro, hierro, bauxita y coltán, uno de los minerales necesarios para las baterías. También posee grandes yacimientos de cobre, níquel, titanio y zinc.
De Monroe a Trump
Dos siglos antes – el 2 de diciembre de 1823– el entonces presidente de Estados Unidos, James Monroe, declaró como potencialmente hostil cualquier intervención de las potencias europeas sobre los asuntos políticos de una América que libraba sus guerras de independencia, bajo el tan estadounidense lema: “América para los americanos”.
El 2 de mayo de 1965, 142 años después, la Cámara de Representantes completó esa declaración con la “Doctrina Johnson”, tras la invasión a República Dominicana ordenada por el entonces presidente Lyndon Johnson, para evitar un gobierno comunista.
El 3 de enero de 2026, casi 58 años después, en una fecha sensible para Argentina porque coincide con la invasión británica a las Islas Malvinas en 1833, la región amaneció bombardeada por orden del actual presidente estadounidense, Donald Trump, quien invadió Venezuela y detuvo a su presidente, Nicolás Maduro. “Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental”, dijo el documento de 29 páginas en el que EEUU redefinió la Estrategia de Seguridad Nacional, que denominó como “corolario Trump a la doctrina Monroe”. En un juego de palabras, se bautizó como “Doctrina Donroe”.
En declaraciones a la BBC, el investigador de Estudios Latinoamericanos del Council on Foreing Relations, Will Freeman, sintetizó: “Es una especie de justificación ideológica para la intervención de Estados Unidos o para la mano dura en la región. Pero el documento también menciona los cárteles de la droga y las incursiones extranjeras hostiles, lo que suena a la Doctrina Monroe en su versión original».
Si las viejas doctrinas buscaban la anexión violenta de una “América triguera” como si la región fuera el “caballo” y Estados Unidos el “jinete”, la actual doctrina Trump busca esnifar esa América narcótica que su país consume, abastece y fortalece en estructura, para su dominio geopolítico y el saqueo colonial de los bienes comunes, como dejó en claro Trump en su imperturbable y descarada conferencia: “Vamos a hacer que nuestras compañías petroleras de Estados Unidos, las más grandes en cualquier parte del mundo, entren, inviertan miles de millones de dólares, reparen la infraestructura petrolera gravemente deteriorada y comiencen a generar dinero para el país”.
¿Qué país?
En el nuestro y en los bordes más empobrecidos de esta ciudad –el Bajo Flores– la comunidad venezolana que está en la platea del club Daom mirando a los suyos disputar un partido de béisbol en un clásico contra Vélez Sarsfield lleva aferrada en cada mano, como un rosario, el teléfono celular, desde donde siguen las noticias de su tierra y de su gente. Me dice una joven que ya lleva ocho años en Argentina:
“Es un comienzo”.
Lo dice con ilusión y alivio.
Su mirada y lo que transmite, su biografía y lo que representa –estudió Historia en la universidad de la república bolivariana, trabaja limpiando casas por hora en Palermo– es la exacta dimensión del mayor fracaso del discurso progresista y sobre esa rotunda frustración ahora urge reflexionar.
Fracasar, fracasar, fracasar hasta triunfar.
Lo decía Mao, que tanto disgusta a Trump.

ActualidadHace 3 semanasItuzaingó: los trabajadores ocupan la fábrica de ascensores Cóndor y proyectan una cooperativa

ComunicaciónHace 3 semanas19 y 20 de diciembre: La crónica que nos parió

ActualidadHace 4 díasInvasión a Venezuela: la verdad detrás del botín

NotaHace 2 semanasMatar por matar: la violencia policial porteña y el crimen en Lugano de Gabriel González

ActualidadHace 4 semanasPetróleo y geopolítica: carta de María Galindo a Corina Machado





























