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MU en Trenque Lauquen: Infiernos&Paraísos

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La contaminación va del campo a la ciudad, por el aire, el agua y lo que comemos. Trenque Lauquen se moviliza contra el modelo de las “Buenas Prácticas Agrícolas” y saca a la luz los resultados de enfermedad y empobrecimiento. Hablan vecinxs, médicos y profesionales que rompieron con los agronegocios: nuevas miradas para producir y vivir. Por Sergio Ciancaglini.
Esta historia puede ser relatada por los paraísos, o por la gente que logra relacionar autismo infantil con autismo de las corporaciones. Podrían contarla un ingeniero agrónomo que vendía agrotóxicos, o el ex gerente de marketing de la multinacional Dupont, que un día entendió todo.
Los paraísos se han dedicado en las últimas décadas a mostrarle a Trenque Lauquen –planeta Tierra, 45.000 almas- sus hojas deformes y enroscadas, como si fuesen la pista para desentrañar un crimen.
La gente salió a hacer rondas silenciosas los martes de todo este año en defensa propia contra lo que señalan como origen de muertes y enfermedades crecientes en el lugar: el actual modelo agrícola.
El ingeniero agrónomo ahora produce alimentos sin fumigar y usa una remera con la leyenda “mierda de vaca”.
Y el ex gerente de Dupont decidió crear una experiencia agroecológica, sin veneno, que genera trabajo para al menos cinco familias en el campo, mientras revela dos cosas no muy de moda en estos tiempos:
Está feliz.
Le va bien económicamente.

El secreto de los árboles

Lo fueron los abortos espontáneos, el cáncer ni los bebés malformados los que llamaron la atención, porque eran tomados como producto de la fatalidad personal o familiar. Pero Juan Carlos Domínguez y Alida Gallardo, pareja que se mudó de Escobar a Trenque Lauquen, habían notado algo raro.
Cuenta hoy Patricia ‘Pato’ Domínguez: “Mis padres estudiaron agronomía, se recibieron, fueron docentes, y se habían abierto a todo el tema de la agroecología, lo orgánico, lo holístico, al volver la democracia en los 80. Decidieron mudarse aquí en los 90. Hicieron huerta y flores ornamentales, pero muchos cultivos se arruinaban. Descubrieron que en pleno centro de Trenque Lauquen los paraísos, los aromos y las acacias tenían las hojas deformadas. Investigaron si podía ser alguna bacteria, falta de nutrientes, una helada, una seca. Descubrieron que era el efecto del 2,4D, uno de los herbicidas que se usaban sin control en todos los campos vecinos”.
La deriva del 2,4D alcanza los 30 kilómetros. Por eso los paraísos tenían sus hojas achicharradas. Nunca se está demasiado a salvo de una fumigación. Juan Carlos y Alida formaron junto a Pablo Carabelli el Grupo Interdisciplinario de Salud Ambiental (GITSA). Denunciaron la invasión por la ciudad de los vehículos fumigadores (mosquitos), y a los aviones que lavaban sus tanques de herbicidas contaminando el suelo y el agua.
“Se calmó la cosa cuando empezó el modelo sojero, con el glifosato, a fines de los 90 –explica Pato- pero por las resistencias de las malezas y empezaron a echar cada vez más”. En los 90 se aplicaban 3 litros por hectárea. Hoy, 15: es el país tiene con mayor consumo de glifosato per cápita del mundo: unos 10 litros por habitante (cifra tres o cuatro veces mayor para los pobladores de las zonas efectivamente fumigadas). Pato: “Y para lograr más efectividad, se mezclaron los químicos reincorporando 2,4D por recomendación del INTA. Fue el desastre”.
Las investigaciones de la UTN y la Universidad del Litoral detectaron que el 100% de los árboles urbanos de Trenque Lauquen tienen actualmente residuos de atrazina, y el 80% de 2,4D. Se encontró además glifosato y AMPA en el agua, más el efecto de las derivas en el aire mientras las familias seguían internando y enterrando a los suyos como si se tratase de desgracias del destino.
Juan Carlos y Alida decidieron irse de Trenque Lauquen: “Fueron a Córdoba asumiéndose como exiliados. Se desgastaron de tanto pelear, mientras los efectos de las fumigaciones y las derivas afectaban cada vez más todo lo que hacían”, dice Pato, que es antropóloga, artista alfarera, mujer de sonrisa serena y promotora de mucha movilización social. “Y mamá tuvo Alzheimer. Rarísimo, una mujer de 60 años, sana, fuerte, sin antecedentes familiares. Y su vecina del campo, de la misma edad, también contrajo Alzheimer casi al mismo tiempo”.
¿Qué relación se puede hacer? “Las dos eran vecinas del lugar donde se lavaban las avionetas de fumigación. No es estadístico ni científico, pero a mí no me sacan de la cabeza que ese es el problema”.
El nombre de la empresa de fumigación es inolvidable: Pulverizadora Argentina. El dueño, José “Pepe” Font, ex presidente de la UCR local, tuvo un hijo con malformación congénita: le faltan parte del brazo izquierdo, de la oreja izquierda, y un riñón. Es sabido en la ciudad que Pepe le pelea al cáncer, como lo hace su hermano, ex socio y ex intendente de Trenque Lauquen, Juan Carlos Font, quien ha subido a Facebook sus fotos desde el Hospital Alemán, tratándose también esa enfermedad. Pato: “Pero ellos jamás relacionaron una cosa con la otra”.

El título de la película

La movilización vecinal dio como fruto la ordenanza 3.965 de 2013 que entre otras cosas prohíbe el uso y transporte de agrotóxicos en el casco urbano y plantea una zona de exclusión de 300 metros fuera de la ciudad para las fumigaciones, y otra de amortiguamiento de 500 metros (menos fumigaciones, más controladas). Todo esto abarca unas 2000 hectáreas alrededor de las áreas urbanas del partido. El resto, más de 500.000 hectáreas, son zona liberada.
El grupo Vecinos Autoconvocados por el Control de Agrotóxicos participó en el Consejo Asesor de Ambiente y Agroquímicos de la Municipalidad, con preponderancia de la Sociedad Rural y las cámaras profesionales y comerciales relacionadas con el agronegocio.
“Nos fuimos de ese Consejo porque era imposible. Nos prohibían hasta hablar con el periodismo. La ordenanza no es perfecta, pero el problema es que ni siquiera se aplica” dice Pato. “No se cumple el control en las zonas de amortiguamiento y exclusión. Han sido fumigadas escuelas rurales pero reubicaron a las maestras que lo denunciaban, como Marisa Covino. La pista de aterrizaje de Font sigue estando en zona poblada, como muchos depósitos de agroquímicos. No se hacen las investigaciones y estadísticas municipales sobre la situación de la salud, ni estudios de agua y suelo”.
Todas estas inactividades llevaron al grupo a sumarse a una experiencia nacida en Entre Ríos: la Ronda de los martes que reclama en silencio el fin del modelo de contaminación, enfermedad y vaciamiento rural (Mu 123: La batalla de las velas).
Trenque Lauquen comenzó sus rondas en febrero, con modestia: “Tenemos que ser 12 para sostener las letras de Basta es Basta, y dos más para la bandera grande contra los agrotóxicos”, dice Rafael Aguilera. “La ronda crece y mete mucha presión. Los políticos se preocupan porque saben que estamos aquí y vamos a seguir siempre”.

Alejandro Quiñones sufrió la muerte de su hijo Matías. Habla con una mirada aún asombrada: “Tuvo cáncer óseo a los 5 años, no se podían hacer tratamientos, fueron cuatro años hasta que murió en 2003. Siguió su viaje, lamentablemente. En el Hospital Garrahan de Buenos Aires me decían que podía haber un agente contaminante. Aquí cada familia tiene uno o varios casos así. Así que participo para ver si se puede corregir esto y tener una sociedad un poco más justa”, explica Alejandro, mientras la Ronda silenciosa tal vez sea una forma de abrazo.
Virginia Martino, Viky, maestra especial de una de las escuelas de Trenque Lauquen para niñxs con discapacidades temporales o permanentes, lleva una de las letras del Basta es Basta: “Tenemos muchos casos de autismo. Yo lo que veo es que los agroquímicos producen además malformaciones, y discapacidades que están estudiadas, como autismo, celiaquía, esquizofrenia, tiroides”. Solo en la escuela de Viky, una de las tres de Trenque Lauquen, hay unos 60 niñxs. “Tengo 40 años, cuando yo era chica no se hablaba de celiaquía. Ahora parece una epidemia. Y el cáncer. Mi papá y mi mamá murieron de cáncer hace ya 20 años. Después me puse a pensar: mi papá trabajó siempre en el campo”. La Ronda en silencio sigue diciendo demasiadas cosas. Viky cuenta que hace poco se hizo un duatlón para juntar fondos para una chiquita de 5 años, Milagros, que según los medios locales “lucha frente a una enfermedad”.
¿Pueden tal cantidad y variedad de enfermedades y formas de muerte tener un origen común? La Relatora especial de la ONU sobre el Derecho a la Alimentación, Hilal Elver, en su trabajo de 2017 sobre plaguicidas considera que “tienen consecuencias desastrosas para el medio ambiente, la salud humana y la sociedad en su conjunto, afectando a diversos derechos humanos y sometiendo a determinados grupos a un riesgo mayor de ver vulnerados sus derechos”. Con excepciones, los organismos de Derechos Humanos argentinos no han tomado estos temas en sus agendas.
Elver enumera al cáncer, Alzheimer, Parkinson, problemas de desarrollo y esterilidad, abortos espontáneos, partos prematuros, malformaciones congénitas, leucemia infantil y autismo. “El título de la película es: Disrupción endócrina”, agrega el doctor Pablo Reyes de la Asociación de Medicina General bonaerense. “Porque muchos de estos agrotóxicos afectan las hormonas a partir de las cuales se desatan todas estas enfermedades que son distintas, pero pueden tener una causa similar”.
Hipótesis de Reyes: “Si en Estados Unidos prospera el juicio por el que Monsanto debe pagar 289 millones de dólares a una persona afectada por el glifosato, con un cáncer terminal, cambia el mundo”. Se calcula que hay al menos 8.000 juicios similares germinando, por cifras que en conjunto llegarían a los billones de dólares.
No encuentro ninguna estadística, que no hay, y ya no sé si quiero conseguirla. El doctor Reyes me acerca una de Trenque Lauquen: en 2005 el 18% de la mortalidad infantil correspondía a malformaciones; en 2012 y 2013, el 58 y 62%. Otra: en el cercano Juan José Paso, a 45 km de Trenque Lauquen, pueblo sitiado también por las fumigaciones, hay dos bebas y una adolescente con cáncer, Yessie, Feli y Mai. Las madres y vecinas hicieron un mapa que muestra, en 22 manzanas del pueblo, 48 casos de cáncer. El director del Hospital local, Alberto Uría, informó que entre 2015 y 2018 murieron en Paso 64 personas, 21 por cáncer. El 32,81% contra el 20 % promedio nacional.
La presentación en un power point culmina con una frase de Eduardo Galeano: “Mucha gente pequeña en lugares pequeños haciendo cosas pequeñas puede cambiar el mundo”. La Ronda finaliza, hasta el martes que viene.

Sabor a glifosato

El intendente Miguel Fernández (radical de Cambiemos) reemplazó en el cargo ganándole las elecciones al massista Raúl Feito, quien sostenía que se puede cebar mate con glifosato. Fernández y un Consejo Asesor de Ambiente de Trenque Lauquen con mayoría de representantes del sector del agronegocio motorizaron la idea de un plan piloto para que Trenque Lauquen sea un “Municipio Verde”, imagen que en realidad busca eliminar la zona de exclusión para aplicar allí las llamadas “Buenas Prácticas Agrícolas”, que plantean que, si hay problemas con los agrotóxicos, es porque se usan mal: como si hubiera un error o un exceso, y no algo sistémico en el país más fumigado per cápita del planeta.
El plan del “Municipio Verde” venía con el espaldarazo en julio del gobierno nacional a través de una sobredosis de ministros (ahora degradados): Bergman (Ambiente), Etchevehere (Agroindustria), Barañao (Tecnología) y Rubinstein (Salud) publicitaron las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA).
En Trenque Lauquen el plan era reducir de 300 a 30 metros la distancia de exclusión, con auditoría de la delegación local de Universidad Tecnológica Nacional (UTN). La Ronda encontró aliadas: la ingeniera agrónoma Alejandra Gutiérrez y la antropóloga Rosario Iturralde, que coordinan la Diplomatura en Agroecologìa de la UTN .
Gutiérrez habla y actúa rápido: “Cuando nos enteramos del proyecto hablamos con el decano José María Gortari. No estoy para nada de acuerdo con las BPA, es algo científicamente nulo y venia impulsado desde el gobierno nacional con los programas de Aapresid (la asociación de Siembra Directa). Querían hacer aquí una prueba piloto eliminando las zonas de exclusión. Y la UTN era la que debía auditar las Buenas Prácticas. Le dije al decano que no es el rol de una universidad auditar una cuestión netamente empresarial, que está generando problemas a la comunidad y el medio ambiente. La propia UTN ha descubierto en el agua glifosato, atrazina, AMPA y 2,4D. Por eso aquí ya no se puede tomar agua de la canilla”.
La UTN rechazó auditar el proyecto y propuso que se cumpla la ordenanza de 2013, mientras la Ronda seguía rondando contra la ampliación del agronegocio y la contaminación de todos los derechos. Ese logro no impide que, quienes lo deseen, ceben sus mates con glifosato fuera de la zona de exclusión.

De Dupont a Carrasco

Otro actor contra el modelo agrotóxico es ATILRA, el sindicato de trabajadores lecheros. Gastón Moreno, secretario general de la seccional Trenque Lauquen: “Acá en cada casa hay un enfermo. Es tremendo. Y el sindicato decidió empezar a hacer un trabajo de prevención, que además es mucho mejor y más barato que los tratamientos. Evitar que la gente se enferme. Estuve en nuestra sede en Sunchales, con el ingeniero Eduardo Cerdá (de la Red de Municipios y Comunidades que fomentan la Agroecología) y entendí la cantidad de enfermedades que están ligadas a estos productos: tiroides, celiaquía, diabetes. Mostraron un mapa de los lugares más fumigados y los que tienen más cáncer, y son idénticos. Por eso vamos a apoyar todo lo que se haga para la agroecología”.
Después de tanto hablar de enfermedades, ¿dónde puede estar la salud? “Ya estamos llegando a 80 o 100 familias por semana con verduras sanas. Y nos está yendo muy bien con la harina integral orgánica” dice Gonzalo Rondini, ingeniero agrónomo que maneja Fincas del Paraíso, un emprendimiento de 54 Ha en la zona de exclusión: Usa una remera que reza “La mierda de vaca” en homenaje al grupo orgánico del colombiano Jairo Restrepo. Gonzalo “Sabemos quiénes nos han generado los problemas. Las corporaciones, los pooles de siembra, ingenieros agrónomos con muy poca moral porque saben lo que están aplicando”.
Gonzalo vendió agrotóxicos antes de volcarse a este proyecto. “Lo viví con mucho estrés. El productor para mí también es una víctima de este modelo. Tiene que pagar cada vez más para tener insumos que ya no le rinden y hay cada vez más resistencias a esos productos. Y el tipo queda preso del modelo”. Todavía falta ver cómo inciden los costos con el dólar Lagarde.
Gonzalo: “Creo que en este camino no hay vuelta atrás, porque se está creando una conciencia nueva en el consumidor y en el productor. Hay que generar empatía y trabajo en grupo para que cada vez más personas vengan de este lado y seamos muchos produciendo alimentos sanos”..
Facundo Alvira también es ingeniero agrónomo. Fue gerente de marketing de la multinacional Dupont. “Y desarrollé productos como el Sulfentrazona” (que, con el eslogan “Los milagros de la ciencia”, se vende bajo la marca Authority). “Estuve hasta 2005. Hacía lo que había que hacer. Después me dediqué al asesoramiento dirigido, una contradicción total: bajaba línea. Con esas cosas se impusieron la soja y el glifosato” reconoce sorprendiéndose de lo que supo hacer.
El winner Facundo: “Me iba bárbaro según la definición de éxito convencional: dinero, casas grandes, lujo, cambiaba la camioneta todos los años, viajes al exterior. El sistema te lleva. No te deja pensar. Te va bien, pero te negás a vos mismo. Es una posición pasiva, o cobarde: todavía lo estoy pensando. Estás en lo material, lo consumista. Pero en el fondo del alma, algo no iba bien”.

¿Qué pasó? “En marzo de 2015 me llama Damián Pettovello, mi socio en las asesorías. Me cuenta que tenía un melanoma, un cáncer. Y que estaba muy mal con la profesión. El 20 de marzo a la madre de mis hijos le diagnostican cáncer de mama. Fue el mismo día que la OMS clasificó al glifosato como potencialmente cancerígeno. Una trompada atrás de otra. Y yo que ya venía con dudas y muchas preguntas”.
Encuentro con el oncólogo que atendía a su compañera: “Le dije: trabajo con sistemas biológicos complejos, en los que no sirve atacar el síntoma sino ir a la raíz. Ustedes usan el rayo, la quimio la extirpación, pero dígame: ¿cuál es la causa del cáncer? El tipo, no te puedo decir el nombre, de unos 70 años, se sacó los anteojitos y me dijo: ‘Los agroquímicos en los alimentos’. A partir de ahí empecé todo este nuevo camino”.
Facundo fue a ver a Santiago Sarandón, creador de la primera cátedra de Agroecología en el país en La Plata. “No sabía qué era agroecología. Y estaba con una angustia terrible. Le pregunté qué era eso de la transición. Me dijo: tenés que cruzar un río torrentoso. Por más que sepas nadar y quieras cruzar de una, te podés quedar en el intento. Pero si buscás rocas, bases o islas en el medio, es posible que llegues. Entendí todo. Me leí el libro Suelo, hierba, cáncer (André Voisin), me abrí a cantidad de cosas nuevas. Porque creo que todo esto tiene que ver con una revolución de la conciencia”.
Los tratamientos salieron bien, más tarde Facundo y su compañera se separaron, y con Damián se profundizó la sociedad. “Los dos le encontramos sentido a la vida”.
Hoy Facundo y Damián impulsan Tekoporá, 58 hectáreas, y siguen trabajando como asesores con un nuevo paradigma: “Preferimos llamarnos educadores en agroecología”, dice, y se le ilumina el gesto. Trabajan en campos que tienen de 300 a 4500 hectáreas, en esa transición a la agricultura ecológica, con policultivos en lugar de monocultivos, para llegar en dos o tres años a la eliminación total de los agrotóxicos. Toman a Tekoporá como un espacio de aprendizaje y contagio, con pastos sanos, crìa de ganado vacuno, ovejas y cabras, huerta, gallinas felices y hasta están reacondicionando la tapera abandonada: recuperar el campo.

“Lo agroecológico tiene la dimensión económica, para que te vaya bien y, por los costos muy bajos, al no comprar insumos, genera alta rentabilidad. Pero a la vez está la dimensión social, la política no partidaria: que se produzcan alimentos sanos y accesibles a toda la gente. Y está lo cultural, y lo ético. Estamos en una taperización de las pampas, llenas de campos vaciados. Hacemos daño con el modelo productivo: no sólo con el cáncer, sino con el empobrecimiento, y con el calentamiento global. Entonces hay un abuso de poder por parte del capital. El ‘ismo’ del capital. El cambio verdadero es llegar a otras formas de producción, otro tipo de sistema que valore cuestiones que el poder y el establishment no quieren ver”.
Cuando habla del abuso de poder, Facundo ejemplifica: “La idea de articulación público-privada en realidad es el lobby de las corporaciones dentro de la universidades. Siempre. Yo lo hice. Se desarrollan conceptos bancados por las multinacionales. Por eso se celebra la ciencia digna hablando de Andrés Carrasco: porque él entendió que el establishment político, económico y también científico es el que interfiere para que no exista esa revolución de las conciencias”. Junto a nosotros una vaca dice lo suyo y el campo huele a cosa fresca.
El final de la historia indica que la historia no tiene final, y que Trenque Lauquen seguirá moviéndose para que la vida sea posible: parece que la gente que mira los paraísos no se resigna a quedarse atrapada en los infiernos.

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