Nota
Campeona: Alba Palacios, futbolista trans
Es la primera jugadora trans de una liga oficial de fútbol femenino en España y sigue jugando en el barrio con sus amigos. Ideas sobre el futuro del deporte. EZEQUIEL SCHER
A esa sensación, Alba la llama oxígeno.
Cuando llegaba a su casa, después del colegio, y estaba de vueltas porque quería ser una chica pero tenía el cuerpo de un chico, sabía que había un lugar donde no existían los disfraces: “Al final, yo creo que, cuando haces un deporte y te dedicas a jugar, puedes ser simplemente tú. El fútbol o el básquetbol o el tenis o el sky te liberan. No tienes que estar delante de nadie mostrándote cómo eres. Tienes que sentirte y ser feliz y ya”.
Alba siempre supo dos cosas: que no quería ser Álvaro y que el fútbol marcaría su vida. A los 31 años, cuando tomó la decisión de cambiar de género, dos cosas le preocupaba perder: a su pareja y a la pelota. La primera le dijo que no le importaba, que la acompañaría en lo que hiciera falta, a psicólogos, a psiquiatras, a los tratamientos. A la segunda, la verdad, no hay ni que preguntarle: por algo, juega con compañeras en Las Rozas, un equipo inscripto en la Federación de Madrid; y con los compañeros del barrio de siempre, un torneo de fútbol 8. Así, se convirtió en la primera jugadora trans de una liga oficial de fútbol femenino en España.
En España, la Ley de Identidad de Género no es igual a la de Argentina. La norma establece que, para aceptar el cambio, el Estado debe comprobar que a la persona se le haya diagnosticado “disforia de género” -definido por profesionales de la psicología y de la psiquiatría- y tiene que haber recibido tratamiento hormonal durante, al menos, dos años. Alba comenzó su transformación y la modificación en su testosterona ha sido determinante para una de sus dos profesiones -también es informática-, ya que solamente las jugadoras del Atlético Madrid y del Barcelona perciben un salario como para vivir-. Dice: “Ha sido bastante difícil. Tienes que acostumbrarte y eso no es fácil psicológicamente. Cambias grasa por potencia y musculatura. Hay días en que te levantas y no entiendes por qué tienes ese malhumor. Después, entiendes que es por un tema de hormonación. Y, cuando sales al campo, tu cabeza cree que puedes ir a la misma velocidad que ibas, como un chico, como Álvaro, y las piernas te dicen que no. Te limita. Cuando pierdes tanta masa, terminas teniendo alguna rotura muscular”.
¿Como recibió el mundo del fútbol tu transformación?
Me ha sorprendido lo rápido que me han aceptado: era algo que desconocía. Lo terminé de percibir ahora que di un par de entrevistas. Así, desde la Federación de Madrid, directamente, me contactaron para decirme que podía jugar. Por mi caso, decidieron cambiar la legislación interna del fútbol en esta ciudad. Ahora cualquier persona transgénero va a poder jugar. La verdad es que fue muy rápido. Pero la sociedad también ha sido veloz. Quizás, fue más complejo para las personas que me conocían como Álvaro. No es tan fácil, después de tantos años. Ellos también van haciendo el cambio con una, poco a poco. Cuando ven que las hormonas hacen sus efectos y te crece el pelo y las grasas del cuerpo se van para otras zonas, te empiezan a ver más femenina. El fútbol es más rápido porque es solamente un deporte.
¿Cómo fue tomar la decisión de asumirte como realmente sos?
Yo ya sabía desde que era peque que quería mostrarme al mundo como Alba y no como Álvaro. Pero digamos que por miedo a la sociedad, a enfrentarte a la gente y que te acepten, tardé. Después, influye que no tenemos referentes y eso es difícil. No encuentras fácilmente en tu círculo personas a quien seguir. Yo tengo 33 años, pasan los años y, digamos, tu mente te machaca constantemente. Es un martillo que todos los días te dice “tú no eres así”. Te encuentras en una situación en la que no eres nada feliz. Tienes todo, pero no eres feliz.
¿En quién te apoyaste?
Tengo que darle gracias a mi pareja: me dijo que le daba igual si me veía como Álvaro o Alba. Quería que yo disfrutase y verme feliz. Es muy bonita y me impulsó y me dijo “vamos”. Fuimos al psicólogo y empezamos. Fue un momento muy lindo porque fue como darme alas. Eso sí, fue un poco de vértigo.
¿Cómo ves el proceso legal de la identidad de género en España?
La verdad es que aquí vamos con cierto retraso. Te ayuda mucho pasar por psicólogos y por psiquiatras, pero dos años de hormonaciones, con todo lo que supone, me parece muy duro. Me parece que estamos atrasados con Argentina. Hay una nueva ley que está intentando que sin hormonaciones ni informes psicológicos puedas agarrar el DNI y decir soy “Alba Palacios” y ser una mujer.
Diversidad den el vestuario
El fútbol se juega con todo el cuerpo. Con los ojos, para entender. Con las piernas, para correr. Con los pies, para definir. Con la cabeza, para pensar. Con el alma, para que las desventajas o los nervios no se coman a todas las otras partes. Pero, salvo las genialidades como Lionel Messi, casi nadie tiene todas las características superlativas a la vez. Cuando Alba habitaba en el cuerpo de Álvaro, jugaba de lateral o de extremo. Era física, potente, con fuerza. La hormonación la cambió. Tuvo que aprender a usar otras partes.
¿Qué tuviste que cambiar como jugadora?
Tuve que ver el fútbol de otra manera. Más técnica, menos fuerza. El fútbol femenino es menos ir a la presión para robar el balón. Tuve que saber moverme en los espacios, pensar adónde va a ir la pelota. Tuve que aprender a aguantar a las jugadoras porque, si intentas entrarles rápidamente, se van de tí. Tienen mucha técnica. El fútbol femenino es complicado para una jugadora como yo, muy física, con poca técnica y muy vertical. Es todo toque. Mi actual entrenador me ayuda mucho. Estoy integrándome y estoy muy contenta.
¿Qué extrañás del fútbol masculino?
Yo todavía juego fútbol 7 en un barrio municipal. Es un equipo de chicos con los que yo jugué toda la vida y les dije que iba a dejar de ser Álvaro para ser Alba y me pidieron que no los abandonase. El día en que volví con ellos me di cuenta que es cierto que son tan diferentes los dos tipos de fútbol que yo me quedaría con los dos. El fútbol rápido es quizás más vistoso. El fútbol femenino es más lento. Pero también más técnico y sus jugadas son muy buenas y los tiros son como si fueran a medida. Es espectacular. Ahora, en el fútbol masculino, al ser tan fuerte y tan rápido, yo, por las hormonas, he perdido mucho de eso. Entonces, trato de tocar rápido y de buscar huecos.
Jugás en la Comunidad de Madrid. ¿Cuánto falta para que se adapte el resto del país?
El problema es que la Comunidad de Madrid tiene unas leyes y el resto del país tiene otras. Acá hay una normativa que te permite jugar según el género sentido: si quieres ser Alba Palacios y quieres jugar sin hormonarte puedes hacerlo. Si me hubieran dejado jugar sin hormonarme, no lo hubiera hecho. Porque sé lo que es jugar con testosterona masculina y testosterona femenina. No me hubiera gustado porque iría con ventaja. Yo empecé a jugar con los niveles de testosterona por debajo de los de una mujer y noté el cambio y no tenía ventaja. Cuando me den el DNI, ya podré jugar a nivel nacional. Te hacen analítica constantemente para ver que no dejaste de tomar hormonación y que tu testorena no está por encima de la de una mujer porque eso se considera dopaje.
¿Qué diferencias ves entre el vestuario masculino y el femenino?
En el vestuario femenino sí está aceptada la diversidad: no hay ningún problema con que haya una chica que sea homosexual o lesbiana. En mi caso tampoco. En cambio en el fútbol masculino no se ve bien decir si eres homosexual: es tan machista en algunos aspectos que queda mucho por avanzar.
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema?
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org
Nota
MU 213: Movete

Son personas que se organizan y se movilizan para defender derechos de toda la
sociedad. Son quienes sufren palos, gases y humillaciones por estar de pie. Quienes
crean respuestas donde hay impotencia y nuevas palabras para definir el futuro.
Nuestro homenaje: reunirlas y escucharlas.

Mover el mundo: Cumbre de imprescindibles
Jubilados, discas, asambleístas ambientales, travas, familias víctimas de femicidios y el papá de Pablo Grillo: reunimos a quienes se movilizan y no abandonan la calle a pesar de los palazos y de la falta de respuestas. Quienes marcan una agenda por abajo que es a la vez un rumbo y un llamado a la acción, y también a la unidad. Frente a la dispersión, voces que hablan de un horizonte común, más acá de la política partidaria, para repensar la democracia y la forma en que resistimos.
Por Claudia Acuña

Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords
En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.
Por Evangelina Bucari

Comunicacción: Unión de Medios Autogestivos
Siete medios de todo el país nos reunimos para crear transversalidad, proyectos y compartir ideas sobre cómo hacer periodismo en tiempos mileístas y más acá: el cooperativismo, las comunidades, el territorio, la agenda propia. ¿Cómo crear valor, generar puestos de trabajo y sostenerse cuando todo se cae? Lo que representan estos diarios, revistas, agencias y periodistas todoterreno que resguardan lo mejor del oficio, por fuera de Tik Tok y los streamings de turno.
Por Lucas Pedulla

Ojos bien abiertos: Tadeo Bourbon, fotógrafo
Fue uno de los premiados por el World Press Photo por una imagen que podés ver en la página siguiente. La historia de Tadeo y de aquel día de marcha, represión, golpes y gas pimienta. De la moto, los casamientos y otros empleos, al contexto profesional y a la vez emocional que alimentó ese click al que llamó La Argentina de Milei.
Por Sergio Ciancaglini

Alerta verde: MU en Misiones
Desde que asumió Milei, el precio que se paga a productores y trabajadores está desregulado. Cómo impacta esto en una industria ya precarizada, y lo que genera: éxodo rural, desarraigo, pobreza. Crónica de una época desde un territorio olvidado y en lucha.
Por Francisco Pandolfi

Mondiablo: Juicios contra el Roundup de Monsanto/Bayer
Las pérdidas millonarias de Bayer por las demandas vinculadas al glifosato vuelven a poner en escena una historia que lleva décadas: evidencia científica, fraude corporativo, lobby político y daños sanitarios y ambientales a escala global. Mientras avanzan nuevos acuerdos judiciales y Trump sale al rescate de la compañía, el herbicida sigue presente en cuerpos, territorios y alimentos.
Por Anabel Pomar

Anti algoritmo: Cineclub Mabuse
Hace 25 años que Uriel Barros proyecta películas en Súper 8 en festivales, centros culturales, escuelas, bares y espacios under. Una defensa artesanal y colectiva del cine frente a las plataformas, los algoritmos y el consumo individual. Terror, ciencia ficción, muñecos malditos y películas que todavía necesitan ser vistas.
Por María del Carmen Varela

Monte Hermosa: Josefina Lamarre
Editó el álbum Yin Yang y también le cantó (en contra) al amor extractivista. De la tevé en piyamas a la comedia musical, la perfomance, el Hotel Faena y las coplas chismosas. Lo que surgió de una ducha y la convivencia entre lo tanático, lo erótico y lo vital.
Por María del Carmen Varela

Biblias.
Por Carlos Melone
Nota
MU 212: El fin de un mundo

MU en Tierra del Fuego: todo lo que se ve desde el sur del sur y nos ayuda a entender qué representa Argentina en el mapa geopolítico mundial. Un puerto intervenido, importaciones que matan a la industria, explotación sin control de recursos naturales. La puerta a la Antártida y el significado de Malvinas: lo que está en juego en tiempos de guerra.

El principio de todo: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
Javier Milei intervino el puerto de Ushuaia sin provocar un rechazo opositor visible. Un sitio clave en la geopolítica y a la vez una caja de 30.000 millones de pesos anuales que mezcla industria marítima, turismo, y la puerta a la Antártida. Los testimonios sobre la falta de control . Hablan el gobernador, funcionarios, trabajadores, ex combatientes. Trump y el misterioso avión, China y los acuerdos, Gran Bretaña adentro, la forma de la crisis y la resistencia contra el vaciamiento de un país.
POR FRANCISCO PANDOLFI

El industricidio: Crónica desde el polo fabril de Río Grande
Un predio lleno de fábricas vaciadas. Trabajadores organizados resistiendo al desempleo, la apertura de las importaciones y la reducción de aranceles de promoción en una provincia que de 16.000 obreros pasó a tener 6.400. Una política que golpea a empresas de todos los tamaños y rubros: tecnológicas, textiles, metalúrgicas, electrodomésticas y electrónicas. Y todo esto sin que todavía se aplique la reforma laboral. Las propuestas para que los propios trabajadores se hagan cargo de las empresas en crisis. Los gestos de solidaridad, las donaciones de quienes todavía tienen empleo, el bingo provincial y cómo se va recuperando desde abajo una idea de hermandad para enfrentar estos tiempos.
POR FRANCISCO PANDOLFI

A contracorriente: La lucha fueguina frente a la industria salmonera
De espaldas a la sociedad y bajo presión del gobierno nacional, la Legislatura fueguina (la misma que en 2021 votó en contra) aprobó un proyecto que permite la instalación de megafactorías marítimas del salmón, uno de los productos que más se exportan al mundo. El impacto ambiental es conocido y hay un ejemplo cercano en la vecina Chile: peces hacinados, contaminación por antibióticos y heces, destrucción de otras especies, y una precarización total de las condiciones de trabajo. El cuadro de situación ante un “pescado químico”, la lucha de la asamblea, y el gobernador que responde sobre los principales contrapuntos.
POR FRANCISCO PANDOLFI

Agroecología en el principio del mundo: El modelo Panchito
Cultiva alimentos y medicinas en medio de temperaturas extremas, sin venenos y con semillas propias: “Una semilla viva significa una familia sana”, dice el productor agroecológico Francisco Pancho Barria. Cosechas asombrosas, zanahorias de 3 kilos, nabos de 12, acelgas de metro y medio de alto. Cómo volver posible lo inimaginable con ideas simples, ancestrales, trabajo a conciencia y sentimiento. La política para la foto, el lugar de los niños, la idea de agacharse, y los números que muestran que la vida sana es, además, rentable.
FRANCISCO PANDOLFI

La guerra invisible: la Antártida en la mira
Juan Rattenbach recoje el guante de su abuelo, autor del Informe Rattenbach que denunció a las jerarquías militares por los errores y delitos cometidos en Malvinas. El significado hoy, con Gran Bretaña ocupando el 25% de la superficie argentina. La Antártida y el Atlántico Sur en la geopolítica actual. El rol de Estados Unidos y China. El ataque a la industrialización fueguina. Dos cuestiones: ¿Cuál es nuestro centro geográfico? ¿Y cuándo nació el pueblo?
SERGIO CIANCAGLINI

Efecto Trump: Valeria Carbone y su mirada sobre EE.UU.
Es doctora y docente de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos en la UBA y en la UNLP. Integra grupos de trabajo sobre EE.UU. en CLACSO y universidades en Alemania y México, además de coordinar programas de intercambio internacional. Y acaba de dictar un curso sobre el tema en MU. En esta entrevista explica las movidas de Trump intentando sostener un imperio en crisis en medio de una conflictividad que él mismo provoca o acompaña: Irán, China, Israel, petróleo, Ormuz, Venezuela, OTAN, Malvinas, Antártida. Y hasta el caso de Jeffrey Epstein.
POR LUCAS PEDULLA

Decolonizar el presente: Walter Mignolo y el pensamiento decolonial
En medio de conflictos geopolíticos, disputas culturales y crisis del modelo occidental, el pensamiento decolonial nos recuerda una serie de preguntas fundamentales. Aquí, una conversación breve y magistral sobre la esfera pública, la organización social y las formas de acción colectiva vistas desde una perspectiva para ampliar, o retomar, los horizontes propios.
POR CLAUDIA ACUÑA

Tierras raras: Florencia Levy, artista, y su trabajo sobre el litio
Trabaja con instalaciones visuales y materiales que representan y denuncian las distintas formas del extractivismo. Su trabajo sobre el litio es impactante, pero también investigó sobre el fracking en Vaca Muerta, el basurero del mundo en China y la relación entre el cáncer y el agronegocio en Entre Ríos, motivada por su padre oncólogo. Cómo hablar de temas que casi nadie conoce desde un video o una sala de exposiciones, y hacer algo para transformar miradas, sentimientos e ideas.
POR MARÍA DEL CARMEN VARELA
Patagonia rebelde
Crónicas del más acá por Carlos Melone.

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