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Mirada colectiva

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MAFIA. Una reacción solidaria provocó el parto de esta brigada de fotógrafas y fotógrafos que le pone el cuerpo a las noticias. Así cosecharon primicias y sueños.

Un 13 de septiembre Cecilia salió de trabajar y se topó con un cacerolazo en Barrio Norte. Sacó su cámara, sacó su mirada y sacó las fotos que colgó en su perfil de Facebook con un comentario: “No sabía si chorear billeteras o sacar fotos”.
Ja, ja, ja, deberían haber sido los comentarios, según lo esperado. Pero no. Recibió amenazas legales y de las otras, anónimos que divulgaban la dirección de su casa, exigencias de censura…
Lógico: se asustó.
Levantó las fotos y pensó: a otra cosa, pero no. Su reacción provocó otra reacción en cadena de amigos y amigas que ni sabía que tenía: colegas.
Lógico: se agrandó.
La siguiente caceroleada del 8N los encontró unidos y organizados, cual eslogan de moda: vía Facebook sumaron 40 fotográfas y fotógrafos, organizaron una reunión para verse previamente las caras, armaron los grupos, planificaron la cobertura de acuerdo al lugar que le convenía a cada uno, fijaron hora y forma de entrega del material y pautas para editarlo. No sólo eso: la revista virtual Anfibia contrató a Cecilia para la cobertura y ella decidió compartirla con su nueva banda. Así nació el Movimiento Argentino de Fotografxos Independientes Autoconvocadxs.
Lógico: MAFIA.
Barreda y otras primicias
Esa primera cobertura merece aplauso, medalla y plata porque MAFIA fue la única que logró sintetizar en una sola foto todo lo que esa protesta representaba: la imagen de Ricardo Barreda, el dentista que asesinó a su familia en La Plata, en medio de la caceroleada teflonera. “Me bajé del subte en Cabildo y Juramento y lo primero que veo es a Barreda”, es la sencilla explicación de la fotógrafa que debutaba ese día en MAFIA. Pregunto si había otros medios en el lugar. “Varios. Incluso las cámaras de TN y creo que también de América. Pero todos estaban enfocando la vista panorámica. La intención era clara: mostrar lo grande que era la protesta. Por eso nadie hacía el trabajo de mirar para encuadrar personas”. Esa, coinciden, es otra de las características de MAFIA: “Muy pocos tenemos teleobjetivos y gran angular (que es la lente que registra un plano más amplio) porque la gran mayoría no venimos del fotoperiodismo, sino de otro palo fotográfico. Nos interesa más el registro cercano y eso te obliga a pegarte más a la gente. Pero también nuestra mirada tiene otro registro. Los medios, cuando se acercan, se acercan a los personajes y nosotros a las personas. Creemos que en un hecho así, una serie de retratos transmite mucho mejor la imagen social que una vista panorámica”.
Para trabajar así hay que poner el cuerpo y el equipo en el medio de la hoguera y del combate. “Fue bravo, porque lo increíble es que mucha gente no quería ser fotografiada a pesar de estar en la calle y, se supone, intentando hacer visible su descontento. Los que fuimos a Plaza de Mayo estuvimos al lado del cronista de tevé que fue agredido. A nosotros también nos gritaban: ´yo te pago el sueldo con mis impuestos´. Estaban realmente agresivos. Se sentía odio por todos lados”.
Todos coinciden que esa fue la noche fundacional. “Cuando cada uno llegó a su casa y mandó sus fotos, y fue viendo lo que habían hecho los otros y todas las fotos están muy buenas y encima aparecía Barreda… La mayoría no nos conocíamos. Ni siquiera sabíamos si éramos buenos fotógrafos. Ni siquiera teníamos muy en claro si estábamos parados en lugares parecidos ideológicamente. Nos unió salir a bancar a una persona y punto. Pero esa noche vimos que teníamos mucho en común”. El impulso que les dio la alegría compartida los mantiene hasta hoy sin parar: hasta viajaron a Mar del Plata a cubrir la llegada del Fragata embargada. “Fue nuestro viaje de egresados”, ironizan.
El bautismo de fuego
Hay algo muy concreto que mide la intensidad que ha tenido para cada uno la experiencia mafiosa: la represión en Sala Alberdi. “Salí el primer día con miedo a unos caceroleros de Barrio Norte y me encontré otro día en medio de una represión con gas pimienta y balas de plomo centrado y comprometido con lo que estaba haciendo porque sabía cuál era mi rol y por qué era importante que registrara lo que estaba pasando”. El que habla es el único fotógrafo que logró demostrar que la Policía Metropolitana tenía esa noche agentes que portaban armas. La justicia deberá investigar si eran reglamentarias y si no coinciden con las balas de plomo que impactaron esa noche en las rodillas de dos fotógrafos integrantes de la Red de Medios Alternativos.
En rigor, los primeros gases lacrimógenos los respiraron cuando cubrieron la protesta por el fallo que dejó impune la desaparición de Marita Verón. “Justo era martes, que es nuestro día de reunión semanal. Y decidimos ir todos a cubrir esa noticia”. Sin embargo, fue en Sala Alberdi donde corrieron, como todos los que estaban ahí, un riesgo mayor. “Habíamos recibido un mail donde los integrantes de la asamblea nos pedía ayuda para difundir su reclamo. Recién estábamos iniciando el trabajo de registro de la situación, por eso no habíamos publicado todavía nada, cuando nos avisan del desalojo. Llegamos a las 8 de la noche y estuvimos corriendo hasta las 4 de la mañana”.
MAFIA preparó con esa cobertura un CD que entregó, entre otros, al Cels y que ahora acompaña el pedido de informes que elevó ese organismo para determinar la responsabilidad de la Policía Metropolitana con respecto a los fotógrafos heridos.
Futuro en construcción
Ahora que el grupo se estabilizó en 13 integrantes permanentes y de fierro (30 la edad promedio, mayoría de mujeres, lógico) están pensando en formalizar una cooperativa de trabajo. Están pensando también otras cosas importantes: a qué agenda dedicarle sus esfuerzos, dónde encontrar miradas que les permitan mejorar (“a fin de año le pedimos que editara nuestro trabajo un fotógrafo ajeno al grupo, por ejemplo”) y cómo resguardarse de las mañas del oficio: “desde el primer momento decidimos no firmar las fotos individualmente para que el ego no le gane al trabajo grupal”, que es lo que realmente los entusiasma, une y motoriza. “Lo que nos distingue hoy es que somos un montón de gente en la calle, que somos independientes, que podemos tener una mirada crítica y subjetiva y no le tenemos que responder a nadie por lo que hacemos más que a nosotros mismos”.
Otra voz suma: “Se ha generado en nosotros una responsabilidad porque lo que estamos haciendo, a través de imágenes y sin intermediarios, es generar herramientas. Hay una circulación constante de las fotos que sacamos: la gente encuentra la posibilidad de usarlas como lenguaje propio. Y eso es posible porque logramos construir entre todos esa horizontalidad comunicacional”.
Facebook es “su” medio, dicen, y por ahora les permite hacer lo que saben y quieren: dar para recibir.
Les pregunto entonces qué quieren ser cuando sean grandes, inmensos. Responden: “Seguir haciéndolo.”

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