Nota
Argentina y China: la culpa no es del chancho
La periodista y escritora Soledad Barruti -autora de Mal comidos y Mala leche, y habitual colaboradora de MU- difundió por sus redes sociales un video en el que alerta sobre las posibles consecuencias que traería la millonaria inversión china en Argentina para crear granjas industriales que exporten carne de cerdo al país asiático, en crisis luego de la Peste Porcina Africana (PPA). Los límites del modelo extractivo, las formas de producción de la industria porcina y el peligro de nuevas enfermedades, los principales ejes del video que transcribimos aquí.

Por Soledad Barruti
Necesitamos tener una conversación como la que no tuvimos en 1996 cuando en ese tórrido verano y sin siquiera traducir los documentos del inglés al español Felipe Solá autorizó la siembra de semillas transgénica en nuestro país volviéndonos esto que somos hoy: un gran sojal. ¿Qué está pasando hoy en Argentina? Tenemos la posibilidad de crear un negocio de producción de cerdos para China, aumentando la cantidad de cerdos que produce nuestro país de 6 y 7 millones a 100 millones de animales. Esto que muchos ven como un negoción puede traer consecuencias tremendas para el campo en general y nuestras vidas en particular.
Empeces a ver de qué se trata esto.
Primero: ¿por qué llegan estas granjas industriales y la búsqueda de este documento que aún no se firmó y aún estamos a tiempo de oponernos? En China hubo un brote de lo que se conoce como Peste Porcina Africana (PPA), una enfermedad que afecta a los cerdos y es altamente contagiosa, que se manifiesta de distinta manera, pero que hace que no puedan ser vendidos como carne, que es básicamente para lo que se los produce. China es el principal consumidor de carne de cerdos del mundo, tiene producción de unos 450 millones de animales y solo en lo que va de este año tuvo que matar 250 millones (de una forma tremenda, los enterraron vivos, los quemaron) para que no se siguiera propagando la enfermedad. Y, obviamente, tienen una situación de que, como este fue el consumo de carne que se impuso en el país, para garantizar que sigan pudiendo ofrecer a su población esa cantidad de carne sin entrar en situaciones de peligro ni extender esto que hoy solo afecta a los cerdos pero la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó que se puede transformar en un virus mutable e infectarnos a nosotros como esta Covid 19 que tenemos hoy y nos está teniendo acá hermosamente encerrades, China empieza a pensar en exportar sus granjas industriales y básicamente hacer lugares donde se engorden los cerdos que luego ellos van a consumir. ¿En quién pensaron? En Argentina. Argentina está ahora en este programa de pura soja, en el que nos metimos en 1996, y es el gran alimentador de los cerdos de China: somos los que producen la soja que luego comen los animales que se engordan en ese país. Ahora vamos producir los animales.
Los problemas son varios.
En primer lugar, tenemos que pensar los problemas que ya devienen de la sojización que obviamente se va a ampliar, porque vamos a tener además que alimentar a todos esos animales. La sojización en Argentina provocó un aumento de 1400% en el uso de venenos. Vivir en el campo ya no es una experiencia bucólica, sino la posibilidad de agarrarse cáncer, infertilidad, enfermedades rarísimas, respiratorias crónicas, y de vivir por supuesto bajo una guerra química que en cualquier momento se posa sobre una escuela, un tanque de agua. Además nos convirtieron en uno de los 10 países del mundo con mayor deforestación, así que nos estamos cargando todos los bosques en pos de estos cultivos. También somos usuarios grandes de fertilizantes, otro de los químicos que se utilizan en el campo y van destruyendo la biodiversidad, la fertilidad de los suelos, etc.
En cuestión de granjas industriales no somos un país pequeño. Nosotros ya estamos avanzando en las granjas industriales y eso son en sí mismo es un peligro. Una granja industrial de cerdos es un lugar absolutamente infernal. Un pequeño panorama de lo que es un cerdo que se cría en estas granjas: nacen, se les extraen los colmillos sin anestesia y se les corta la cola. ¿Por qué? Porque es tal el estrés que le va a provocar la vida que les espera en estos corrales de engorde que van a empezar a comerse unos a otros. Para evitar eso no se crean mejores condiciones de vida sino que se les arrancan los colmillos y la cola, que es lo primero que mastican entre sí. Una cerda da unos 12/14 cerditos cada seis meses. Para hacerlo la sostienen en lo que se llaman jaulas de gestación: una cerda pasa toda su vida en una jaula del tamaño de su propio cuerpo, parada mientras está gestando y acostada mientras está pariendo y amamantando a sus cerdos, así hasta que llega al matadero.
Estas condiciones de vida tan tremendas y siniestras hacen que los animales les bajen la inmunidad, se enfermen más, haya que contenerlos así. ¿Cómo se los contiene? Con remedios: lo que más consumen estos animales, además de los granos que se producen en los campos, son antibióticos antivirales, en el caso de los cerdos de una manera crónica, porque además estimulan el crecimiento. En otro ya video ya expliqué que el factor de peligro que existe en el uso de estos remedios es brutal, porque el uso de antibióticos de forma crónica hace que las bacterias muten, que sean más resistentes y que luego no tengamos con qué tratar las enfermedades que nos aquejan. Porque lo que aumentó la esperanza de vida en la humanidad no es que la industria se volvió mejor y nos da mejores alimentos, es porque hay remedios como lo antibióticos. Si vos te enfermás y no hay antibiótico que te cure, estás en serios problemas y tu esperanza de vida baja radicalmente, al punto tal de que ya se habla que en los próximos años las personas van a morir más por bacterias con resistencias a los antibióticos que por enfermedades como el cáncer. Y este tipo de resistencia bacteriana surge de estos lugares como las granjas industriales.
Por último, ni hablar que estos lugares son donde se gestan las zoonosis, estas enfermedades que saltan del reino animal al humano y que nada nos va a decir que no nos van a volver a pasar mientras sigamos agitando esta forma de producir. La verdad es que estamos a tiempo de poner un límite a que se siga haciendo con nuestro país cualquier cosa, a que sigamos entregándonos a un agronegocio que es absolutamente suicida: es una locura pensar que nosotros vamos a seguir profundizando estos escenarios de extrema crueldad, de extremo abuso de la naturaleza, de los animales, de las personas que viven en esos lugares y en esas granjas que son el infierno mismo y que no nos pase nada. Vamos a terminar entregándonos a un negocio que no nos está dando mejores alimentos y que sólo está enriqueciendo al mismo puñado de siempre: las cerealeras, los empresarios rurales y los laboratorios que venden estos remedios.
Estamos a tiempo de decir que no, de hacer correr la voz y de poner un límite de esos que no ponemos nunca, para que después no sea demasiado tarde, porque ya vemos lo que pasa cuando tiramos demasiado la cuerda.
Compartamos y digamos que no a la instalación de granjas industriales en nuestro país.
El video completo: https://www.instagram.com/tv/CC3p3fzlKUp/?igshid=yh9hz30pkjnf
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MU 215: Sin chamuyo



Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va
Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.
Por Francisco Pandolfi

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema
Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.
Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país.
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La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio
La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.
Por Lucas Pedulla

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden
La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.
Por Claudia Acuña

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película
Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.
Por María del Carmen Varela

Un biodrama del presente: Puta madre
La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.
Por Evangelina Bucari

La Cogolla: Flor de cultivo
Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.
por María del Carmen Varela

Desentendimiento: Fingir demencia
Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del Más Acá: Parlantes
Por Carlos Melone
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MU 214: Mujer maravilla

Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz
Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.
Por Francisco Pandolfi

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich
El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.
Por Lucas Pedulla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez
“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.
Por Evangelina Buccari

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina
La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.
Por Bernardina Rosini

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión
¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.
Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta
Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.
Por Sergio Ciancaglini

El trava power: Las Simbióticas
Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.
Por María del Carmen Varela

Ser de luz: Nina Suárez
Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del más acá: GPS
Por Carlos Melone
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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
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