Nota
Desde Brasil: movilizaciones, izquierda, derecha, medios, FIFA, Dilma, movimientos sociales, lo que dice el MST, represión, futuro, y otras encrucijadas
(Desde San Pablo) La gente sigue en las calles saltando y cantando «o- ó, el pueblo despertó», mientras los expertos del universo buscan diagnosticar qué es lo que ocurre en Brasil, sin haber estado mucho en las calles y sin ser demasiado leídos o escuchados por la gente que canta. Hasta hace una semana eran 12 ciudades, pero el viernes ya sumaban 438 los municipios con movilizaciones en todos los estados. ¿Qué quieren? «Vivir mejor» me responden chicos de 17 años de la periferia paulista en medio de una marcha de 70.000 personas por el centro de la ciudad. Dos llegaron en skate, dos tienen la careta del pesonaje de V de Venganza, de los hermanos Wachowsky. Dicen los chicos: «Más salud, educación, y también la tarifa cero en el transporte». Aclaración: van por la gratuidad total del transporte público. Apenas logro escucharlos, en esa ruidosa combinación de alegría y desafío.
Charles Trocate, dirigente nacional del MST, los trabajadores Sin Tierra, consulta a lavaca: «¿En Argentina usan también la palabra encrucijada?».
Lo que se siente
Gabriel Strautman, carioca, hijo de padre argentino, integra el movimiento de derechos humanos en Brasil, y sintetiza: «Cuando no se entienden bien las cosas, hay que ver qué se siente. Empecé sintiendo todo con alegría. Luego tuve preocupación por algunos signos de grupos conservadores en las marchas. Creo que hay que mezclar los dos sentimientos, y seguir en la calle».
Es lo que hacen cientos de miles de personas que cada día de las últimas tres semanas parecen decididas a hacerse oír, y a dejar de ser espectadores pasivos de danzas políticas, sociales y económicas, que orbitan en escenarios siempre lejanos. Las marchas son mayoritariamente tranquilas, cuando hay enfrentamientos con la policía los grupos más radicales se separan de la gente (como respetando ese rechazo a la violencia, aunque suene paradójico), y todo tiende a crear un clima que mezcla debate, alegría y participación. Otra forma de relacionarse. Una especie de alivio de sentirse en grupo, haciendo algo para cambiar las cosas. Sin eso, sería impensable tanto contagio. Tomando las calles, sienten que se hacen cargo de su propia historia, y de su propia voz.
Noticias breves
- Dilma Rousseff habló 10 minutos por cadena nacional el viernes, planteando que está oyendo las voces de la calle, que va a proponer un plan nacional para mejorar el transporte público, inversiones en educación pública e incluso la contratación de médicos en el exterior para mejorar los servicios de salud. Agregó que no admitirá ninguna forma de violencia. Defendió las obras para la Copa del Mundo.
- El sábado hubo incidentes y represión cerca de las sedes del Mundial 2014, donde se está jugando la Copa Confederaciones. La FIFA marcó una «zona de exclusión» de 2 kilómetros alrededor de los estadios, cosa que los manifestantes (60.000 en Minas Gerais, por ejemplo) decidieron no obedecer. Hubo 27 heridos y 21 detenidos.
- Luego la Policía Militar de Minas anunció que aplicará «tolerancia cero» con las marchas. La terminología neoyorquina para delincuentes, apunta ahora a los reclamos de la sociedad.
- Una escena de alto contenido simbólico se verificó en Brasilia, donde grupos de manifestantes derribaron una torre erizada de cámaras de seguridad que vigilan la vida pública, y la destrozaron a patadas.
- En San Pablo otra de las marchas fue contra la Ley llamada»cura gay», que propone literalmente «curar» con tratamientos psicológicos a quienes «padezcan» homosexualidad, tomada así como enfermedad. El proyecto es del presidente de la Comisión de Derechos Humanos de Diputados, Marcos Feliciano, pastor evangélico aliado al PT gobernante. Es homófobo y racista (para decirlo con elegancia). Su programa incluye destronar a Satanás. Por twitter ha escrito: «Los descendientes africanos son malditos por Noé» y «el amor homosexual genera odio, crimen y rechazo». Esta original concepción de los Derechos Humanos proviene de un aliado clave de un gobierno que se dice progresista, para ganar votos. (Nota: se desconoce si hay algún proyecto tendiente a curar a personas como el Sr. Feliciano).
- En San Pablo, militantes del oficialista PT (Partido dos Trabalhadores) fueron expulsados de una de las marchas por gente acaso más cercana a las élites conservadoras paulistas que a los jóvenes que piden democratizar la sociedad. Passe Livre, el movimiento que empezó todo este estallido con su rechazo al aumento de 20 centavos del transporte público, denunció infiltraciones en las marchas masivas. «Somos apartidarios, pero no somos antipartidarios», dijeron.
Otro ejemplo de contradicción: en las movilizaciones que nacieron cuestionando la violencia policial, entre otras cosas, ya se vieron algunos carteles de signo contrario pidiendo por la «inseguridad» y por la baja de edad de imputabilidad, o sea militarización, represión y mano dura: más orden que progreso. También aparecieron grupos neonazis, y fundamentalistas contra el aborto.
En una tónica absolutamente diferente, y masiva, esta semana habrá convocatorias de Periferia Urbana y Passe Livre en San Pablo, por la tarifa cero para el transporte público, la desmilitarización de las ciudades, más fondos para salud y educación.
¿Qué izquierda?
«No es una izquierda partidaria, es una izquierda autónoma» me dice Julio Delmanto, muy cercano a Passe Livre, movimiento sin líderes que convocó a las marchas que detuvieron la medida de aumentar 20 centavos el valor del pasaje mínimo en trasnporte público. Passe Livre se define justamente como «horizontal, autónomo, independiente, apartidario y no antipartidario» en su página web saopaulo.mpl.org.br. Es uno de los que convocan a las manifestaciones con respecto a estos temas, desde hace 8 años. Plantea al movimiento no como un fin, «sino un medio para la construcción de otra sociedad» y busca la movilización de trabajadores y estudiantes para la expropiación del sistema púbico de transportes y la participación en la discusión y decisiones sobre los problemas de la vida urbana. Como se ve, no se trata de espontaneísmo, desorganización ni falta de rumbo, sino otros modos de pensar la realidad y el modo de encararla. Y es apenas uno de los miles de grupos sociales que participan en esta movida que terminó siendo asumida por millones, que van agregando demandas.
¿Y la derecha? «La verdadera derecha organizada es la de los medios de comunicación» sostiene Julio. Los medios grandes como O Globo (una mega corporación mediática) le dan protagonismo a grupos conservadores, aunque sean ínfimos, o a quienes reclaman contra la corrupción en el gobierno, como si fuese lo único de las marchas. Charles Trocate del MST (Movimiento de trabajadores SinTierra) coincide: «La oposición busca transformar esto en un programa contra el gobierno, aprovechando la explosión de corrupción, con los medios de comunicación de masas como instrumento de combate».
Julio cree que a veces uno puede estar siguiéndole el ritmo a esos mismos medios: «Hay sectores conservadores en las marchas, pero yo creo que son muy pocos. Pero los vemos en televisión y nosotros mismos le damos más importancia de la que tiene, si uno ve lo que realmente ocurre en las marchas». Los jóvenes lo saben: conviene mirar menos televisión.
Panorama: «Lo real es que para los que queremos una transformación, pero también para el gobierno y la derecha que tratan de manipular esto según sus intereses, la situación está abierta».
Con el MST
¿Se puede encontrar una sintonía entre quienes cuestionan al gobierno como conservador y neoliberal, con quienes lo defienden por progresista y dicen que es un gobierno «en disputa»? Difícil saber si semejante enigma puede ser exportado a países vecinos, pero es el que se está formulando uno de los grandes aislados, olvidados o traicionados por el gobierno: el MST, Movimiento de los trabajadores Sin Tierra, que reúne un millón de campesinos que habitan 1.800 asentamientos.
Charles Trocate es dirigente nacional de ese movimiento que fue motor de las mayores resistencias al modelo neoliberal, y uno de los gestores de las condiciones sociales que permitieron a Luis Da Silva, Lula, llegar al gobierno en 2003. Así definió Trocate la actualidad ante lavaca: «Hay dos interpretaciones. Una es de la derecha, y dice que lo que ocurre es un descontento con los diez años de gobierno del PT, primero con Lula y ahora con Dilma. El principal cuestionamiento es la corrupción, que realmente ha sido impresionante en este período. Y aparece la idea de la oposición de transformar esto en un programa contra Dilma, con los medios de comunicación de masas como instrumento de combate».
Segunda interpretación: «La de la izquierda, que plantea que hay un movimiento natural de la juventud que intenta negar a los partidos políticos y estructuras organizadas. Pero plantea que es una experiencia de vuelo corto que no logra transformarse en una lucha organizada más allá de haber logrado la reducción de tarifas de los transportes públicos».
¿Para quién gobierna el PT?
Para Charles las crisis brasileñas han sido siempre a costa de un aplastamiento de las condiciones de vida de las generaciones jóvenes. «Nadie ha creado un paradigma de cuál es el lugar de la juventud. Por el contrario, hubo una profundización de la barbarie social entre la juventud, que además está despolitizada. La paradoja es que el PT prefirió no gobernar para los movimientos organizados. La reforma agraria fue derrotada ideológicamente en el gobierno de Lula que intentó así aplastar a los movimientos, mientras hacía políticas compensatorias hacia la sociedad no organizada que el PT definió com ‘concertación social’».
Las políticas fueron exitosas, con el plan Bolsa Familia que llega a 40 millones de brasileños, y políticas que favorecieron el empleo y aumentos salariales como empujón al consumo. «Sin embargo esta explosión de la juventud está expresando una enorme insatisfacción, frente a la cual el gobierno no puede apoyarse ahora en los movimientos organizados, ni en los espontáneos que están rechazando sus políticas. Que haya más consumo, que cambies de teléfono, no cambia la vida. No se ayudó a la gente a salir de sus problemas, que son estructurales».
El gobierno se definió a sí mismo como pos neoliberal y como neo desarrollista: «No hace ninguna ruptura, hay mucho asistencialismo, la corrupción es enorme, y ha pactado con todos los grandes grupos concentrados de la economía, las finanzas, el transporte, la minéría y el agronegocio, por ejemplo».
Diferencias: «Lula tenía contacto con las masas, que tienen con él una identificación biográfica, la del chico pobre y luego obrero que llega a presidente. Dilma no tiene esa comunicación, y más allá de su pasado en la guerrilla la gente no siente una identificación como había con Lula. Ella es la imagen de gestión, rigidez y tecnocracia». La crítica no es machista, y Charles aclara que es «un acontecimiento histórico que una mujer sea presidenta en un país machista y atravesado por la violencia contra las mujeres».
El juego a la derecha
Hay gente que de todos modos defiende al gobierno como mal menor frente a la derecha. Para el MST la cuestión es otra: «Es cierto que dicen que es un gobierno en disputa entre sectores más de derecha y otros más progresistas. Otros creen que es un gobierno neoliberal. Nuestra preocupación es que todo lo que está ocurriendo tenga consecuencias fascistas, de mayor autoritarismo del propio gobierno incrementando la represión y que todo vaya a la derecha, que es lo que piden los medios de comunicación con otras palabras». El MST está elaborando puntos que puedan servir de contacto entre quienes defienden al gobierno y quienes lo cuestionan. «Por ejemplo, reducción de la jornada de trabajo de 48 a 40 horas. O reforma agraria, nacionalización y no entrega del petróleo, educación pública, pocas cosas que puedan establecer una política popular que reúna a campesinos, obreros, indígenas, ecologistas, jóvenes, y que eviten la profunda división que tenemos en la izquierda brasileña».
Mientras tanto el MST apoya las manifestaciones «pero no con banderas de la organización, sino participando en las calles, porque además muchos de nuestros compañeros integran también los diversos grupos que las convocan. Estamos en una encrucijada» dice señalando con las manos dos direcciones divergentes. Y no habrá ningún cambio a corto plazo que venga del gobierno. Entonces lo que está marcando estos tiempos es la reacción de la sociedad».
La megarealidad
La mezcla de situaciones encendieron la chispa: violencia policial, inflación, corrupción en el gobierno, burocracia, abandono de la educación y la salud pública, infraestructura de las ciudades, asistencialismo, problemas de vivienda, tarifas en general y la bofetada de gastos de los megaeventos (estadios, hoteles, carreteras, autopistas y unlarguísimo etcétera) con eje en la Copa del Mundo 2014, la actual Confederaciones, y las futuras Olimpiadas 2016. «No hay plata para escuelas y sí para estas cosas» explica Gabriel Strautman, de la organización de derechos humanos Justicia Global. En la calle cantan «Brasil hay que despertar, un maestro es mejor que Neymar».
Gabriel. «En los 90 tuvimos el neoliberalismo que fracasó. En Latinoamérica hubo movilizaciones como las de Argentina en 2001. En Brasil hubo una expresión electoral con el triunfo de Lula. Pero hoy tenemos una ´política que sólo ha propuesto un modelo neodesarrollista basado en la explotación de recursos naturales y un estímulo al consumo que también se revela como insuficiente. Podés tener tele nueva, pero no significa que la sociedad sea menos desigual». Gabriel cree que hay que mezclar la alegría por las movilizaciones inéditas con la preocupación por las manipulaciones que pueden llevar todo esto hacia la derecha: «Pero no hay que dejar de moverse. Si las tarifas de transporte fueron la gota que colmó el vaso, hay que recordar que los movimientos y organizaciones contribuyeron durante años a que el vaso se llenara. Hace un mes en cualquier acto éramos 50 personas. De pronto hay millones. La derecha no tiene los pudores que tenemos nosotros y se apropia de cualquier cosa, incluyendo de estas movilizaciones populares. Ahora nos toca a los movimientos tratar de construir un sentido de lo que está ocurriendo, que es que millones de personas se manifiestan y dicen lo que quieren. El desafío es encontrar una respuesta interesante para el futuro».
Dilma imagina cómo retomar las riendas con sus propuestas para el transporte y la educación. Y jugando con la FIFA. Las corporaciones mediáticas por ahora festejan a la multitud, limando cualquier mensaje de cambio. La FIFA reservó camas en 17 hospitales públicos, mantiene la zona de exclusión alrededor de los estadios, y la Policía Militar habla de tolerancia cero. Pero antes de zarpar de San Pablo veo pasar a una señora y su hija con una cartulina escrita a mano con paciencia, cuidado y sueños: «Difícil de creer, pero el sistema un día va a cambiar».
Documental a un año de la represión del 12 de marzo
Imagen sobreviviente: el fotógrafo, el hincha y la jubilada

El 12 de marzo de 2025, hinchadas de fútbol se autoconvocaron para acompañar la marcha de jubilados y jubiladas. Ese día la violencia desplegada por Patricia Bullrich hirió gravemente a Pablo Grillo, Beatriz Blanco y Jonathan Navarro. Este corto documental de Cooperativa Lavaca vuelve a esa jornada y a una imagen de solidaridad que sigue sobreviviendo.
Nota
MU 211: Método Pablo

Todo lo que le salvó la vida a Pablo Grillo, fotorreportero herido tras un disparo de Gentarmería hace un año. Lo que enseña su pelea contra la muerte, que terminó ganando gracias a la solidaridad y una red de salud pública y afecto que sigue viva.

Pablo Grillo: Salvar la vida
¿Qué le salvó la vida al joven fotógrafo atacado por la Gendarmería? La gente que lo ayudó tras el disparo, la que lo atendió cuando se preveía que lo suyo era quedar en estado vegetativo. Los familiares y amigos: la red que estuvo en los momentos más difíciles y armó un mapa de cuidados para salir con solidaridad y energía de la violencia y la oscuridad. Detalles de casi un año destinado a volver a ver esa sonrisa. La recuperación continúa: la vida le ganó a la muerte. Compartimos el QR para releer en lavaca.org la primera entrevista periodística brindada por Pablo. LUCAS PEDULLA

El bordado: Beatriz Blanco, la “jubilada patotera”
Fue agredida por un policía y cayó de nuca al asfalto durante una manifestación de jubilados. La escena se hizo viral como símbolo de la represión de cada miércoles. Beatriz pensó que había muerto pero sobrevivió al golpazo. Una causa instruida por la jueza Servini de Cubría avanza para condenar al policía que la atacó. Fue acusada por Bullrich de “jubilada patotera” y ella lo lleva con orgullo en una remera creada por sus hijas. Tiene 83 años, sigue yendo a la Plaza con su bastón y sus reclamos por una vida digna, y hace bordados para reflejar cosas alegres. LUCAS PEDULLA

El aguante: Jonathan Navarro, herido durante la represión
Un oficial de Prefectura le disparó a la cabeza durante la manifestación de hinchadas y jubilados, la misma en la que tiraron al piso a Beatriz Blanco e hirieron a Pablo Grillo. Perdió la visión del ojo izquierdo para siempre. Jonathan Navarro fue aquel día a la calle convocado por hinchas de su club, Chacarita, e indignado porque a su papá le habían sacado el acceso gratuito a los medicamentos. Hoy está desocupado. “Pero no me arrepiento de haber ido”. LUCAS PEDULLA

Renacer es posible: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
Fue la fábrica Aurora Grundig, la del televisor “caro, pero el mejor”. Colapsada tras el menemismo, sus trabajadoras y trabajadores organizados en cooperativa la recuperaron para resistir el abismo del desempleo. Hoy enfrentan más de lo mismo. Pero son 133 personas, crearon un bachillerato, consiguieron 60 viviendas. El industricidio visto desde la óptica de quienes logran llevar adelante lo que la patronal hundió: otra forma de crear y sostener trabajo, en una isla que el gobierno busca despoblar. FRANCISCO PANDOLFI

En movimiento: Movilizaciones 2026
Más allá de todo el protocolo de represión oficial las calles fueron otra vez, durante este verano 2026, un lugar de expresión y reclamo frente a la crisis que está ocurriendo en el país y en una sociedad muchas veces vapuleada por las políticas del gobierno. Algunas imágenes para recordar estos días que todavía no sabemos qué historia terminarán escribiendo.

Crecer bajo el terror: Infancias y dictadura
Un grupo de hijos e hijas de desaparecidos comenzó un proceso judicial para que el Estado reconozca que la violencia ejercida sobre esas infancias también constituyeron delitos. Es un proceso inédito que llega luego de un análisis y reconstrucción de testimonios sobre cómo funcionó el terrorismo de Estado en sus operativos, cautiverios y crímenes. Una investigación crucial que reúne los testimonios de Teresa Laborde, María Lucía Onofri, María Eva Basterra Seoane y Dafne Casoy. EVANGELINA BUCARI

Carta abierta: Masacre planificada 2026
Retomamos la Carta de un Escritor a la Junta Militar –enviada por Rodolfo Walsh el mismo día de su desaparición– para trazar una sintonía con el actual modelo económico. Lo ya vivido, frente a un presente alucinado. Y algunas pistas para intentar encarar lo que se viene. SERGIO CIANCAGLINI

Politizate: La Kalo
Es actriz, performer, canta, baila y agita en las calles y en las redes para combatir al fascismo y a la política tibia. Es drag y “vieja bruja”. Habla sobre dopamina, lucha de clases, therians, cultura, haters y kiosqueros. Historia y terapias para pelearle a la tristeza. FRANCO CIANCAGLINI

No podrán: Luciana Jury
Cantante y compositora con base en el folclore, causó revuelvo en el Festival de Cosquín por sus críticas al gobierno. La sobrina de Leonardo Favio y cómo protegerse y tejer alianzas en tiempos de hate, para que la cultura popular no solo resista sino también haga florecer. MARIA DEL CARMEN VARELA
Cabo suelto: Crónicas del más acá
Carlos Melone
INFORME ENERO-FEBRERO 2026 DEL OBSERVATORIO LUCÍA PÉREZ DE VIOLENCIA PATRIARCAL
Temporada de femicidios

Por el Observatorio Lucía Pérez de Violencia Patriarcal (https://observatorioluciaperez.org/)
Durante el verano de este 2026 sufrimos un femicidio y una tentativa de femicidio cada día y medio. Un promedio alarmante que, además costó la vida de cuatro criaturas; tres de ellas apenas superaban el año.
Las víctimas tienen un rango etáreo que va de los 78 a los 17 años y dejaron a 16 infancias huérfanas.
Los datos: enero y febrero suman 43 femicidios y 43 tentativas de femicidio.
No son cifras. Son vidas, como la de Natalia Cruz (foto principal), en Campo Quijano, Salta: su hermana también fue víctima de femicidio años atrás. Hubo marchas para exigir justicia durante casi todos los días desde el día del crimen en que se fugó su asesino –17 de febrero– hasta ayer, cuando finalmente lo atraparon, consecuencia de haber logrado con estos reclamos que la fiscalía ofrezca una importante suma de recompensa por información sobre su paradero.
Lo que deja este verano también es la condena a perpetua por los femicidios territoriales de las hermanas Estefanía y Marianela Gorosito, de 25 y 28 años, en Rosario, Santa Fe, la ciudad más castigada con este tipo de asesinatos.

Estefanía y Mariela Gorosito, dos femicidios territoriales en Rosario.
Así el Poder Judicial reconoció por primera vez y explícitamente la relación entre la violencia del narcotráfico y la de género. Tal como expuso claramente el fiscal Patricio Saldutti “Estefanía y Marianela fueron asesinadas en un contexto de violencia de género extrema. Fueron tratadas como moneda de cambio o como mensajes enviados a través de sus cuerpos para saldar deudas. El desprecio por su condición de mujeres es evidente en la forma en que fueron captadas, trasladadas y descartadas como si sus vidas no valieran nada”.
El condenado es Pablo Nicolás Camino, de 31 años, jefe de una cédula de la banda narco Los Monos, quien ya acumula 40 años de prisión por delitos de homicidio, balaceras y asociación ilícita y está procesado, entre otras causas, por el ataque al supermercado que pertenece a la familia de Antonella Roccuzzo, esposa de Lionel Messi.

Pablo Nicolás Camino, condenado por el femicidio de las hermanas Gorosito.
Pablo Camino ordenó la ejecución de las hermanas desde el penal donde cumple condena. Es decir: estaba bajo la responsabilidad de las autoridades penitenciarias en el momento de organizar el crimen. A Marianela le dispararon ocho veces. A Estefanía, cinco. Sus cuerpos fueron encontrados en un basural al día siguiente de la ejecución.

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