Nota
Cambiemos: Cristina Montserrat Hendrickse, abogada trans
Ganó batallas legales contra corporaciones y a favor de pueblos originarios. Pero dice que ahora ganó la más difícil: “La del monstruo interior”. Se llama Cristina Montserrat, sigue viviendo en familia. Sociedad, derecho, ambiente y política según su mirada trans. ▶ SERGIO CIANCAGLINI
El e-mail del abogado Cristian Hendrickse llegó desde Zapala, Neuquén, tan cordial y formal como siempre.
Lo abrí mecánicamente, contento de retomar contacto con alguien que ha tenido un rol profesional y ciudadano muy potente en varios conflictos ambientales, sociales y jurídicos de la Patagonia. Pero el mail hablaba de otra cosa.
Asunto: Novedades.
“Estimado Sergio. Espero que anden todos bien. Te molesto para informarte que he cambiado de género y ya no me llamo Cristian Hendrickse, sino Cristina Montserrat Hendrickse”.
Lo leí de nuevo, hasta ubicar nuevamente los lentes y la mandíbula en su lugar. El mail narraba algunas cuestiones profesionales, proyectos, y anunciaba un viaje a Buenos Aires. Me resultó difícil pensar pero fácil sentir qué responder: le mandé un abrazo asombrado. Organizamos un encuentro y la realización de esta nota.
La duda: ¿sería un reencuentro con Cristian? ¿O iba a conocer a Cristina Montserrat? ¿O cuánto de cada cosa?
La busqué en las redes sociales, y pude ver a mi recordado doctor Hendrickse en un anticipo de su cambio: en lugar del pelo corto, rulos insólitamente largos, un gesto descontracturado, ojos y labios pintados, cejas depiladas y dos palabras: “Abogada trans”.

Cristina Montserrat Hendrickse, ex Cristian Hendrickse.
Foto: Lina Etchesuri
La minera y la virgen
Llegó a MU Trinchera Boutique con parte de su familia: Liliana Troncoso (Lili, su pareja desde hace 10 años), Erika (su hija, de un matrimonio anterior, 19 años), Ailín (hija de Lili, 11 años) y Abril (hija de ambos, 9). Lili tiene además un hijo de 23 años y una hija de 16, Aylen, que se crió con ellos. “Un clásico de mías, tuyas y nuestras, pero cumplí con eso de creced y multiplicaos”, dice Cris que en complicidad con las mujeres de se cambia la blusa para las fotos.
Durante la producción fotográfica -un concierto de risas- yo intentaba descifrar este presente de Cristina Montserrat retocándose el maquillaje ante el espejo, con mi imagen previa de un señor serio, prolijo, pragmático, amable, profesional, un abogado de esos que no parece prudente tener de adversario. Lo conocí en 2011 en Loncopué (Neuquén), 7.000 almas.
Allí la Asamblea de Vecinos Autoconvocados (AVAL) de la cual participaba la comunidad mapuche Mellao Morales, rechazó un proyecto minero de la canadiense Golden Peaks: Hendrickse era el abogado y miembro de la asamblea que incluyó a la Iglesia, los gremios
locales, productores agropecuarios, amas de casa, docentes, comerciantes, empleados públicos, ex intendentes, políticos y concejales del FpV, la UCR y hasta el Movimiento Popular Neuquino (desobedientes a los mandatos superiores en el patio propio). Con cortes de ruta y acciones judiciales lograron frenar luego a la china Metallurgic Construction Corporation (MCC).
Hendrickse sostenía –y sostiene- un ideario basado en las vertientes pacifistas del anarquismo y la desobediencia civil: Thoreau, Kropotkin, Tolstoi, Gandhi, Luther King. El padre José María D’Orfeo, motor de aquella asamblea, estaba feliz de contar con un abogado con ganas y herramientas profesionales para enfrentar a las mineras. “Este me cayó del cielo”, decía.
La siguiente y estratégica decisión de AVAL consistió en proponer y ganar un referéndum en 2012 en el que el 82% de la ciudadanía rechazó la minería. Era la primera vez que mapuches y wincas (blancos) se unían en el país para defender el territorio.
Hendrickse fue también abogado de la comunidad Huayquillán y de la Asamblea de Vecinos de Caviahue (600 habitantes), que se oponía a la construcción de un proyecto geotérmico de la canadiense Geothermal One en el volcán Copahue, ya acordado con el entonces ministro de Planificación Julio De Vido. “Como con la justicia no avanzábamos, dijimos: busquemos al que pone la plata”, explicó en 2012 el abogado a MU.
Acompañó al lonko Pedro Huayquillán a una reunión con el ingeniero colombiano Alberto Levy, del Banco Interamericano de Desarrollo que financiaría la obra. Informó Cristian sobre los convenios internacionales firmados por Argentina (169 de la OIT), la Constitución Nacional (artículo 75, inciso 17), la Ley 26639 de preservación de glaciares, describió los desastrosos efectos ambientales y le recordó a Levy que el BID había aprobado salvaguardas para la preservación de los pueblos originarios.
El lonko agregó que la comunidad estaba en total desacuerdo con el emprendimiento, que resistirían al mismo, y que el proyecto era de peligrosas consecuencias para el volcán al cual los mapuches consideran un ser vivo. Hendricske aclaró: “Es una creencia cultural que hay que respetar, así como los mapuches respetan al pueblo cristiano que cree en ángeles, o que Jesús nació de una virgen que murió y se fue volando al cielo”.
Levy tomó nota. El BID abandonó la financiación. El proyecto geotérmico murió, y tal vez se fue volando al cielo.
De la nena al subteniente
Cristina Montserrat Hendrickse completa su propia historia. Nació en 1964. Su papá Alberto era hijo de un sudafricano instalado en Cataluña, de donde la familia republicana y antifranquista huyó hacia estas extrañas tierras antes de la Guerra Civil. Alberto creció en Buenos Aires, y se casó con Celia Noriega, argentina, familia gallega. Él trabajaba en Entel, ella en una compañía de seguros. Vivían en Flores. Tuvieron cuatro hijos, Cristian el tercero. “Esperaban la nena y no vino. O sí: vine yo”.
Explicación: “Cuando tenía 4 o 5 años quería ponerme ropa de mi mamá, pintarme las uñas. Ella era de la Acción Católica. Supongo que para protegerme, o por amor, me fue llevando a
hibernar a esa nena. Me decía: ‘Se van a reír de vos. Si salís así te van a pegar, te van a llevar a la cárcel’. Eso era cierto porque estaban los edictos policiales: todas las trans de mi generación fueron presas, abusadas, violadas”.
El padre enfriaba el tema: “Decía ‘dejalo, se confundió la ropa’, pero mamá era inflexible. Así que yo ahogué y olvidé esa identidad. Jugué al fútbol, fui al colegio, y me adapté a lo que espera la sociedad: que una persona con genitales masculinos tenga la identidad de género masculina”.
Lo mandaron a hacer el secundario al Liceo Militar de San Martín, que cursó en una época inolvidable: 1977 a 1981. “A los 12 años yo jugaba con los rasti, me gustaba armar casas, pero entré al Liceo y cambié los ladrillitos de plástico por un fusil FAL y la carabina Máuser para desfilar”.
¿Alguna duda con respecto a su identidad o su sexualidad en aquella época? “Ninguna. Tuve novias, la vida de un adolescente como el resto. Egresé como subteniente de reserva. Ahora hice una presentación para que rectifiquen con mi nueva identidad el decreto por el que me dieron el título. Y como reparación por la demora del Estado en garantizar el reconocimiento de la identidad de género, pido que me lo entregue en acto público el director del Liceo o el presidente Macri”.
Escuela naval y anarquía
Cristian entró a la Escuela Naval de Río Santiago en 1982, plena guerra de Malvinas. Su hermano mayor, Rodolfo, estaba en el Crucero General Belgrano hundido por los británicos. “Me enojé, escribí al Ejército para que me convocaran: quería ir a matar ingleses”. Rodolfo fue de los sobrevivientes, Cristian chocó siempre en la Escuela por sus críticas a la guerra y a la estructura militar, basándose en el Informe Rattenbach por ejemplo. “Me decían ‘roca’ por lo peleador y cabeza dura”.
Decidió estudiar Derecho: “Preparé Teoría del Estado, y no me convencieron ni Santo Tomás ni Rousseau, pero sí la idea anarquista: el Estado nace de los saqueos y sometimiento a las poblaciones, de las guerras. Ha sido autor de las mayores barbaries: el Holocausto, el genocidio armenio, el bombardeo a Nagasaki e Hiroshima. Más que cualquier asesino serial. ¿Qué asesino serial hubiera podido desaparecer y matar a 30.000 personas durante la dictadura argentina?”.
Ejerció la abogacía en Buenos Aires, se separó de su primera pareja y fue al sur en 2002. Participó en el movimiento antiminera de la Comarca Andina y Esquel.
Llevó causas contra la policía de Chubut. “De 32 casos que presenté, se dio por probado que en 28 había violaciones a los derechos humanos. Pero la justicia no avanzó, empecé a recibir amenazas y decidí irme de la Comarca Andina. Conocí a Lili que vivía en Loncopué y me instalé con ella en 2007”. El año en que murió su madre.
La orientación sexual
La muerte de su madre la hizo recordar, y pensar. “Pero desde 2007 estuvimos con todo el tema minero, la pelea contra monstruos de afuera que de algún modo me sirvió de entrenamiento contra el monstruo de adentro”.
Hubo una mudanza de Loncopué a Zapala, zona militar, donde trabajó en un juzgado con permanentes encontronazos, y luego como abogado. Lili era maestra de primaria. En 2014 aquel recuerdo ahogado de la infancia empezó a emerger. “Empecé a comprarme en secreto ropa de mujer, colorida. Lo hacía por Internet, y la escondía. Cuando podía, me la probaba. Y reaparecía el monstruo”.
¿Quién era el monstruo? “Yo misma. El primer transfóbico es uno mismo. El que te dice: ’¿Qué estás haciendo? Vas a perder a tu mujer, a tu familia, tu posibilidad de trabajo’. El monstruo trabaja mucho con la culpa. Unas cinco veces agarré la ropa, los maquillajes, el calzado, y tiraba todo. Decía: basta, se acabó. Y al tiempo pasaba por una vidriera y decía: ‘uy, qué lindo pantalón’ y lo buscaba en Internet para comprarlo. Y empezaba de nuevo. Lo que más miedo me daba era perder a Lili”.
Empezaba a reconocerse como mujer, pero no quería perder a su esposa: no entiendo. Sostiene Cristina: “Una cosa es identidad de género, y otra orientación sexual. Mi identidad era de mujer, pero mi orientación sexual fue siempre masculina. O sea: mi genitalidad es de hombre. Amo a Lili, me atrae, tenemos una vida sexual bastante activa por suerte, y sigo enamorado de ella aunque me compre ropa de mujer o me haga tratamiento hormonal. Lo que pasa es que todavía no se lo había dicho, ni sabía cómo iba a reaccionar”.
Como tiene un departamento en Villa Ortúzar, Buenos Aires, Cristian viajó con cierta frecuencia para poder comprar ropa. “Y para producirme con más libertad que en Zapala. Lili empezó a sospechar si yo no la estaría engañando con otra mujer. Tenía razón: la otra mujer era yo”.
Cristian seguía ocultando a Cristina Montserrat. Pasaron momentos de crisis con Lili, hicieron juntos un viaje en auto Zapala-Cataratas, y Lili le contó que de chica tenía el sueño de casarse. “Le dije: ¿y por qué no cumplimos ese sueño?”. Se casaron en diciembre de 2016. El novio, con el pelo cada vez más largo. “Lo que hice fue decirle a Lili de a poco lo que me pasaba sin hablarlo, sino con gestos”.
¿Ahora qué somos?
La historia según Lili: “Un día me mostró una remera. ‘Es de mujer’, le digo. ‘Pero a mí me gusta, ¿por qué tiene que haber diferencias?’. Y así con pantalones, calzado, se agujereó las orejas, compró pulseras. Me dio angustia: está cambiando, se va a alejar. Me bajaba cosas de Internet sobre diversidad. Como que me iba midiendo. Un día me dijo: ‘Mirá lo que tengo, ropa de mujer, zapatillas, y quiero vestirme así porque así me siento’. Le dije: ‘Y, bueno’. Vinimos a Buenos Aires y se maquilló. Eso me chocó. Después me acostumbré. Un día le dije: ‘¿Ahora qué somos vos y yo?’. Me explicó lo que sentía y yo le dije que para mí es la misma persona. Que lo sigo queriendo. Que cambió el envase pero no el contenido”.
¿Y qué son, Lili?: “No cambió la intimidad de la pareja. Un día me dijeron ‘pero entonces sos lesbiana, porque estás con una mujer’. No sé, que pongan los carteles que quieran. A mí me interesa que soy feliz, y la veo muy feliz a ella”.
Montse, como le dicen Lili y sus hijas, en plan didáctico: “Cisgénero se llama al que se autopercibe con el género que nació. Transgénero es el que se percibe con otro sexo del propio. El transexual se cambia los genitales. En mi caso me pueden decir trans heterosexual si ves la orientación sexual, o trans lesbiana si lo ves desde el género porque me siento mujer y estoy con una mujer. Pero en vez de tantas etiquetas prefiero pensar que somos 7.500 millones de identidades en el planeta, cada una irrepetible. Eso es la diversidad”.

Cristina, su esposa Lili y sus tres hijas.
Foto: Lina Etchesuri
¿Papá o mamá?
Decidieron decírselo a las hijas, pero no hacer público el tema en Zapala. “Habían rapado a una chica por ser lesbiana, teníamos miedo de que se burlaran o las agredieran si se sabía que el papá es trans”, explica Cristina. Tomaron otra decisión: en 2018 la familia se muda a Buenos Aires para que las chicas continúen sus estudios y ella trabaje como abogada. Un modo de asumir su identidad a tiempo completo. “No es que ahora me disfrazo de mujer, sino que estuve 50 años disfrazada de hombre”.
¿Cómo lo tomaron las chicas? Erika: “Me lo contó en un bar, fue increíble. Estudio Sociología y venía de un curso sobre construcción cultural de sexualidades así que estaba en tema. Pero nunca imaginé algo tan cercano como que tu papá te diga que ahora es tu mamá”. Montse recuerda: “Erika me dijo: ‘Parate y dame un abrazo’. Fue muy emocionante”.
Ailín, o Lilín, 11 años: “Antes usaba traje, era muy duro, estructurado, medio enojón, tenía mucho trabajo y nos veíamos poco. Ahora que es mujer la veo más libre, está con nosotras, juega. Inventé una palabra: pama, para mezclar papá y mamá. No extraño como era antes. Lo prefiero ahora. Está más feliz. Y yo también”. Abril, 9 años: “Ya nos había contado que de chiquita se vestía con ropa de su mamá, pero no la dejaban. Yo me daba cuenta de que se arreglaba mucho, cada vez más. Así que nos daba pistas. Yo siento que es mi papá de siempre, o mi mamá, me confundo un poco con eso, pero le digo Montse. Es mujer por afuera pero yo sé quién es”, dice riéndose esta dama que hoy aspira a ser actriz o científica.
Lili: “Yo empecé a verle el lado positivo. Mantuve mi pareja pero gané una amiga. Una persona con la que hablo más, nos divertimos comprando ropa juntas, o jugando con las chicas. Me entiende más, y hablamos todo”. La historia remite a Tootsie, el hombre que debe fingir ser mujer y por eso construye una relación mejor con la mujer que la que podía lograr como varón. “Totalmente identificada”, dice Montse, “porque me siento abierta a otra sensibilidad, a ponerme en el lugar de Lili”.
¿Cómo se produce Cristina Montserrat? “Uso crema para no dañar la piel, después una base líquida, después el labial y un poco de rubor al lado de los pómulos. Sombra y delineador que me paso arriba y no abajo porque me achica los ojos, máscara para pestañas. Y tratamiento hormonal, estrógenos, para estimular el desarrollo de caracteres secundarios femeninos como pechos, caderas y glúteos. Cada 15 días una inyección de hormonas. Las pastillas me caían mal.
Ahora veré si inicio una acción contra la obra social porque tienen que cubrir estos tratamientos y no lo hacen”.
Proyectos: Lili espera conseguir trabajo en Buenos Aires. Montse ya ha cambiado su DNI e incluso su inscripción en el Colegio de Abogados. Su primera batalla será por el cupo laboral trans en la Ciudad, que debería ser de un 5% por ley, aunque no se aplica. “Hay que romper el lugar común de que nuestro único destino es el espectáculo o la prostitución”.
Reconoce la abogada: “Siento que exploto de energía, de alegría, de ganas de hacer cosas y de aprovechar este privilegio que me dio la vida. La pelea ambiental me enseñó que los logros son colectivos, horizontales, y que uno además de ver lo que odia, puede ver lo que ama. Y yo amo la diversidad. Creo en Dios como la suma de la diversidad”. Otro aprendizaje: “Vivimos en un sistema que quiere modelar el cuerpo del mundo: dinamito la montaña, pudro el agua y el suelo. Una lucha por la identidad implica no dejar que el poder modele tu geografia, tu cuerpo ni tu cabeza”.
Sobre los actuales conflictos patagónicos: “Defender la Constitución es revolucionario. La Constitución reconoce la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas, la posesión de las tierras que ocupan. Sería más barato y sin muertes comprarle algunas tierras a Benetton para darles a los mapuches, antes que mantener militarizadas provincias como Chubut, Neuquén y Río Negro”.
Empezó a interesarse en los conflictos ambientales como hijo de catalán, escuchando a Joan Manuel Serrat en el tema Padre: “Padre, que están matando la tierra. Padre, deja ya de llorar, que nos han declarado la guerra”.
Montse: “Eso de dejar de llorar me parece un llamado a la acción. Tendría que escucharlo la izquierda. Estamos en una situación muy complicada por este gobierno, y el anterior, y el anterior. Para los trabajadores, para los pueblos originarios, para los LGTB, para los más vulnerables. Pero hay que dejar de llorar y de hacerse las víctimas. No hay que ser mártir. Hay que ganar. Defender la vida. Buscar acciones pacíficas e inteligentes que tiendan a lograr resultados positivos para la gente, sin comernos al otro, para no convertirnos en caníbales de caníbales”.
Y cree que ganar consiste en lograr uno los más transformadores proyectos políticos, económicos y culturales de la actualidad, que postula mirando al mundo través de sus rulos: “Que nos dejen vivir en paz”.
Nota
La Ley de la calle: masiva movilización para que se aplique el financiamiento universitario

Pese a que el Congreso Nacional votó la Ley de Financiamiento Universitario 27.795, y rechazó con más de dos tercios de ambas cámaras la intentona de veto presidencial, y a que fallos judiciales ordenan su cumplimiento inmediato, el Gobierno de los Milei & los Caputo no la aplica. Para los organizadores de la movilización calculada en más de 1.500.000 personas en todo el país, esto no solo rompe lo relativo al presupuesto universitario “sino el contrato social que nos mantiene libres y en un Estado de derecho”. Todo lo contrario a lo que sucede hoy en la calle, donde la democracia queda expresada en la gente moviéndose en esta 4° marcha durante el período libertario, y de sectores que se plegaron y convocan a seguir resistiendo este tipo de políticas de daño social. Voces desde la calle que explican sin casettes por dónde moverse.
Por Franco Ciancaglini. Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Hay muchos jóvenes.
Muchos docentes, directivos, no docentes.
Egresados, profesionales.
Muchas personas en todo el país.
En Mar del Plata, Córdoba, en Ushuaia, en Rosario, en Bahía Blanca y así.
Hay una Plaza de Mayo repleta.
Hay gente que llega y gente que se va.
Gente que estuvo todo el tiempo.
Hay jubilados y jubiladas que marchan todos los miércoles.
Está el movimiento disca, también siempre presente.
Hay sindicatos, como la UOM o los Aceiteros, y parte de la CGT que brindó su apoyo y movilizó algunas columnas dispersas.
Hay carteles conmovedores.
Hay muchos jóvenes, de todos lados, sobre todo llegados de fuera de la Capital Federal.
Muchas personas que viajaron desde lejos para sumar su cuerpo, su cartel, su grito, su aplauso.
Que, a pesar del frío y la cascada de malas noticias, no se resignan y demuestran, hasta con alegría, que la única que queda hoy es la calle.
Y no callarse.

“Milei cumplí la ley”
Es la cuarta.
Las tres primeras Marchas Federales Universitarias fueron las más masivas contra el gobierno de Milei. Esta no fue la excepción.
Desde el escenario calcularon alrededor de un millón y medio de personas movilizadas en todo el país.
Lo incontable es todo lo que sucede alrededor de esta bandera argentina que significa la universidad pública.
Una bandera que cobija a miles de generaciones que se reunieron hoy en la Plaza de una manera conmovedora: relatando, en esta crónica, cómo el acceso a la educación libre, gratuita y de calidad “cambia vidas, motoriza el ascenso social y brinda soberanía a un país”. Así lo sintetizaron en un documento leído por la FUA (Federación Universitaria Argentina” que se tituló: “Cuarta marcha federal universitaria: 203 días sin aplicar la Ley. Por la universidad pública y en defensa de la democracia”.
El planteo central: “El Poder Ejecutivo, en un acto de desprecio institucional sin precedentes, ha decidido alzarse contra los otros dos poderes de la República: ignora la Ley de Financiamiento Universitario N° 27.795, sancionada y ratificada por amplias mayorías en el Congreso, y desoye los fallos de la Justicia que ordenan su cumplimiento inmediato. Cuando el Gobierno decide qué leyes cumple y qué sentencias acata, lo que se rompe no es solo lo relativo al presupuesto universitario: es el contrato social que nos mantiene libres y en un Estado de derecho”.


Algunos datos de contexto:
- Los salarios de quienes trabajan en las universidades argentinas bajaron el 34,5% en el mejor de los casos, o más del 40% según otros cálculos. Es como si en los últimos dos años no hubieran cobrado entre 8 y 10 salarios. Los números simbolizan lo presupuestario, pero tal vez no logren mostrar el daño institucional, social, familiar y personal que provoca la política del gobierno.
- El actual es uno de los menores porcentajes históricos que el Presupuesto Nacional asigna a las universidades, en las que el 57,6% de los graduados son primera generación de sus familias en llegar a los estudios superiores. Esa posibilidad es una de las cosas que se está quebrando, como lo señalaban los cartones manuscritos en los que se leía: “Sin educación no hay futuro”.
- La importancia que el gobierno de Milei le da a la educación se expresa en la aplicación de un nuevo recorte del Presupuesto Nacional de 3 billones de pesos en temas de energía, obras públicas, urbanización y hasta tratamientos contra el cáncer (63.021 millones de pesos que explican que la palabra crueldad tal vez ya no alcance para definir lo que está ocurriendo). Para el tema educativo, el recorte es de 78.768 millones de pesos.
- Ese incalificable decreto de ajuste fue firmado por el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y el ministro de Economía, Luis Caputo. El lado B de la situación aparece en casos como el $LIBRA o el ANDIS, donde se detectaron sobreprecios en sillas de ruedas, andadores, medicamentos y tecnologías para diversos tipos de tratamiento del orden del 200% en los casos más leves, hasta productos sobrefacturados en un 4.239%. A lo que habría que agregar 3%, Spagnuolo, Esper, Nucleoeléctrica, Adorni, posibles sobresueldos oficiales, entre otras cosas.
- Volviendo a lo estrictamente universitario, esta licuación económica va generando, además, un éxodo permanente de docentes que está vaciando una educación de calidad históricamente reconocida a nivel continental y global.

Docentes Uber
Los testimonios desde la calle permiten entender de manera simple la complejidad de lo que está en juego.
Primero, pequeñas escenas concretas. Lucía Darandal, estudiante de la Universidad Nacional de La Plata, resume “lo más visible”: el salario de los docentes. “Cada vez les está costando más llegar a fin de mes. Muchos están teniendo más de un trabajo para poder sostenerse, muchos tienen familias que mantener. Ahí está el primer deterioro que se va acentuando. Lo mismo pasa con los trabajadores no docentes”.
Las becas: “La beca Progresar quedó congelada en 35.000 pesos y eso prácticamente no alcanza. Hay estudiantes a los que cada vez se les complica más pagar el alquiler, porque recordemos que también hay estudiantes que viajan desde otros lugares de la Argentina”. Y los horarios: “Faltan horarios en el turno noche. Entonces hay menos posibilidades para que el estudiante trabajador pueda cursar”.
Desde Rosario, el médico y director del Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas, Damián Verzeñassi, lo traduce en una imagen todavía más brutal: “Más de la mitad de los trabajadores universitarios cobran por debajo de la línea de pobreza” y agrega que hay docentes “que con lo que cobran no pueden pagar siquiera el costo del transporte para llegar a dar clases”.
Rosario Kairuz, estudiante de Sociales UBA, cuenta cómo eso impacta directamente en las cursadas: “Las materias de la orientación en investigación prácticamente no cuentan con ningún tipo de horario. Se ofertan un cuatrimestre sí y otro cuatrimestre no”. Y agrega otro ejemplo síntoma del deterioro: “Quienes siguen la orientación de producción no cuentan con materiales ni con equipos para realizar los distintos talleres audiovisuales”.
Nicolás Núñez, docente de Sociales e integrante de AGD, completa la escena desde el otro lado del aula: “El incumplimiento de la ley y los dos años de profunda pérdida del poder adquisitivo de la docencia universitaria nos empujaron a todos a buscar otras formas de sobrevivir: desde las clases particulares hasta manejar Uber o hacer trabajo freelance”. Le pone una cifra al éxodo: “Hay 10.000 docentes que ya decidieron abandonar las clases”.


Plata para la deuda
Más acá de los números, lo que aparece en la calle es que el conflicto universitario dejó de leerse hace rato solamente en términos presupuestarios. Ya no se trata únicamente de números, partidas o balances, sino de una marcha que Gonza Giles, escritor, periodista y divulgador sobre Comunicación Aumentativa y Alternativa (CAA) y neurodivergencias, planteó,como “una defensa colectiva contra el descarte humano”.
Gonzalo habló en nombre del movimiento de personas discapacitadas: “Nos quieren convencer de que ajustar es gobernar, que destruir derechos es modernizar, que dejar gente afuera es eficiencia. Necesitan que la sociedad mire al otro con sospecha, porque cuando logran que el pobre sospeche del que tiene una discapacidad, que el trabajador sospeche del estudiante y que todos sospechen de todos, el ajuste entra más fácil”. Por eso insiste en que “no es un problema económico, es ideológico. Porque plata hay. Lo que no hay es humanidad. Hay plata para deuda, hay plata para represión, hay plata para departamentos que no pueden utilizar, pero no hay plata para que una persona con discapacidad viva dignamente, no hay plata para universidades, no hay plata para ciencia, no hay plata para salud”.

En la marcha volvió a quedar en evidencia que no solo la universidad es una consigna de unidad, sino que las luchas comienzan a entrelazarse unas y otras: los hospitales, la discapacidad, los jubilados, el trabajo. Por eso tuvo tanto peso simbólico la presencia de sindicatos como la UOM. “No es frecuente que los estudiantes y los laburantes estén juntados”, reconoce Darío Dani Román, metalúrgico, “pero en estos tiempos hace falta estar juntos”. Y agrega: “Estamos presentes en todas las luchas populares en las que haga falta estar para dar vuelta esta situación”. Desde la medicina, Damián Verzeñassi amplía: “Esto que está pasando con la universidad —que es lo mismo que pasa con los hospitales, con las personas con discapacidad y con los jubilados— debería ser un elemento más que suficiente para que todo el arco político no fascista se decida a organizarse, a unirse y a encontrarse”.
En Sociales UBA, Rosario Kairuz cuenta que ya empezaron a discutir cómo sostener esa articulación: “Hay que unir esa lucha con docentes y no docentes. Los reclamos estudiantiles no pueden darse solos”. Nicolás Núñez, de AGD Sociales, insiste en que “esta marcha no puede ser un punto de llegada sino un punto de partida” y plantea recuperar algo de lo que ocurrió en 2024 con las asambleas interclaustros y las tomas de facultades. Para él, que habla desde la academia, “nuestra suerte está atada también a los reclamos de discapacidad y a los reclamos de tantos sectores postergados por este gobierno, con los que tenemos que unirnos, como los jubilados”.



El contagio
Pero… ¿cómo? La respuesta más repetida en la calle vuelve a ser la movilización. “Hay que seguir viniendo a las marchas, hay que seguir visibilizando y exigiendo”, plantea Gonza, y agrega que tanto el Poder Judicial como el Legislativo “tienen que ponerle un límite a este gobierno”. Darío Dani Román de la UOM, coincide: “La única arma que tenemos nosotros es salir a la calle, manifestarnos y sostener la pelea hasta el final”. Milagros y Facundo, estudiantes, lo resumen todavía más simple: “Seguir marchando, seguir protestando, para que se den cuenta de lo que quiere la gente”. Damián Verzeñassi suma otra dimensión: “La marcha de hoy tiene que decirles claramente que no les vamos a dejar pasar ninguna más”. Pero además propone “avanzar en una estrategia jurídica muy fuerte por incumplimiento de las funciones de los funcionarios públicos, desde el presidente para abajo, contra todos los responsables de no cumplir con una ley aprobada por el Congreso de la Nación”.
La última imagen que brota en la calle no es solo la de la crueldad, sino la de una brutalidad planificada. Gonza Giles lo explica claramente: “Necesitan universidades vacías porque el pensamiento crítico molesta. Necesitan personas aisladas porque los derechos organizan. Necesitan trabajadores cansados y estudiantes endeudados porque así envían un mensaje”.
Lo mismo dicen Vladimir y Adriana, de 19 años, pero ya orgullosos técnicos químicos. Mientras hablan levantan dos carteles que llaman la atención de todos:
- “Cuando la educación sea privada, seremos privados de todo” y
- “No se puede adoctrinar un cerebro lleno de conocimiento”.
Las letras están prolijamente dibujadas, en colores, y recortadas con paciencia y dedicación. “Estuvimos haciéndolos desde ayer, buscando frases, viendo todo lo que dice la gente, juntando opiniones. Y quedaron estas”, cuentan ellos, que hablan sosteniéndose la mano uno al otro.

Ella es de Moreno, él de José C. Paz. Egresaron de una secundaria técnica pública. Ella ahora estudia Ingeniería Aeronáutica en la UTN de Haedo. Él piensa anotarse en Agronomía. A ellos, además de todo, la universidad pública les dio el amor. Y desde ahí hablan:
“Vamos a ayudar a un comedor cerca de Cuartel V, en un barrio muy pobre. Hay familias a las que se les complica hasta estudiar. Regalamos hojas, útiles, lo que se pueda. Yo era de un barrio también muy humilde y mi primo no pudo estudiar, tuvo que dejar para ir a trabajar. Hacemos lo que podemos. Muchas veces no alcanza. Pero aunque sea una persona más que pueda estudiar, ya es una victoria”.
Él da vuelta el cartel y muestra la frase del otro lado: “Estamos acá también por vos, que pensás distinto”. Adriana dice: “Mucho se habla de que el odio se contagia, que vivimos una época de odio, que las redes muestran eso. Pero también el amor y la solidaridad contagian”.
Y sonríe.
Con esa sonrisa que contagia, y ese cartel colorido, revela que ella fue la responsable de que viniese su novio: “Esta es la primera vez que viene a una marcha. Yo ya había venido a la marcha antifascista. Así que bueno, ya traje a alguien más”.
Y la próxima, uno más.
Sí, sí. Ya hay dos amigos que querían venir y no pudieron por otros temas, pero tenían ganas.
Vladimir: ¿y qué te pareció tu primera marcha?
Nervioso al principio, la verdad. Pero estuvo muy bueno.
¿Por qué nervioso?
No sé, siempre las veía desde afuera y parecía otra cosa. Pero estuvo re bien la experiencia.
Ahora sonríen ambos.
Y saludan antes de desconcentrar por Diagonal Norte rumbo a tomarse dos micros y un tren para volver a su casa.
Sobre esa avenida céntrica, donde se recorta el Obelisco, pasarán
- junto a un joven con una remera de 2 Minutos y un cartel que dice: “Estéticamente superiores”, con la cara deforme del Presidente. Una ironía sellada con la firma de la Escuela Superior de Bellas Artes Antonio Berni.
- Cerca de Luna, de siete años, de la mano de Gloria, su mamá, chocha porque está caminando por la calle y no por la vereda.
- De una joven que tiene un cartel que da ganas de llorar: “Mi sabiduría viene de esta tierra”.
- De un ruidoso grupo de la Escuela Secundaria de la Universidad de San Martín que trajo varios hits. El mejor:
“Con las lágrimas de Adorni
vamos a hacer una cascada
para que se metan todos
los pibes de la barriada”.
La gente desconcentra y va cantando “eaea” y también:
“Si el presupuesto no está
qué quilombo que se va a armar”.



La sensación es, como decía Gonza, que este es un punto de largada y no de llegada.
Que la cosa sigue.
En la calle, pero también en los barrios, en los comedores, y en las aulas.
Sigue cada miércoles en el Congreso.
Y todas las veces que hagan falta.
Porque hay muchos jóvenes.
Docentes, directivos, no docentes.
Egresados, profesionales.
Muchas personas en todo el país.
En Mar del Plata, en Córdoba, Ushuaia, en Rosario, en Bahía Blanca.
Hubo otra Plaza de Mayo repleta.
Hay gente que, aun cuando todo terminó, sigue llegando.
Hay más carteles conmovedores.
Hay muchos jóvenes que, a pesar del frío y la cascada de malas noticias, no se resignan y demuestran, hasta con alegría, que la única que queda hoy es la calle.
Y no callarse.












Nota
Crece el reclamo docente en Chubut: “El sueldo no alcanza ni para comer”

Desde hace dos semanas la comunidad educativa autoconvocada está en las calles de toda la provincia exigiendo una suba salarial (el sueldo básico está apenas por encima de los 300 mil) y no “migajas”. Las mesas paritarias, las subas insignificantes y las palabras del ministro de Educación que colmaron la paciencia. El pan y el té que simula una cena, la falta de escucha de los sindicatos a las bases y un aviso: “Seguiremos en las calles hasta que el salario digno sea una realidad”.
Por Francisco Pandolfi. Fotos de Aníbal Aguaisol
–El sueldo no alcanza ni para comer.
Dora Palacios es profesora de Historia, preceptora y referente escolar en Trelew.
También es una de las –y los– miles de docentes chubutenses autoconvocados desde hace dos semanas en las calles de toda la provincia por un reclamo salarial que aún no tiene la respuesta esperada.
Un maestro de jornada simple, un preceptor, un profesor con 20 horas cátedras semanales tiene un sueldo básico de 304 mil pesos, que con los adicionales llega a 700 mil (con los aumentos prometidos en las últimas horas rondarán los 800). “Los alquileres en la Patagonia son altísimos, arriba de los 600 mil, y a eso hay que sumarle unos impuestos carísimos”, le cuenta a lavaca.
Enumera con la cadencia de quien tiene una carga enorme en la voz: luz, gas, agua, comida, vestimenta. De lo general va a lo particular: “Muchos docentes cuentan en las asambleas que no tienen un plato de comida en la mesa, que la cena es un pedazo de pan y un té, que les han cortado los servicios, que no tienen teléfono, que ya no pueden pagar el alquiler”. Y de lo particular a lo propio: “Otros estamos bicicleteando con la tarjeta, cobramos, pagamos, cobramos, pagamos, nos estamos endeudando permanentemente porque el sueldo no alcanza para comer”.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Salir a la calle
El salario docente de Chubut es el peor de la Patagonia y uno de los más bajos del país, junto a Buenos Aires, Mendoza, Entre Ríos, Misiones, La Rioja y Catamarca.
La primera manifestación surgió como surgen las cosas en Chubut, de forma exprés y cuando no se aguanta más. “Desde diciembre pasado la conducción de ATECh –la Asociación de Trabajadores de la Educación de Chubut, el sindicato más grande– se arrogó el triunfo de la paritaria permanente, que para las y los trabajadores no significó ningún logro. Se reunieron varias veces con el gobierno pero no nos ofrecieron nada”.
La gota que rebalsó el vaso –o una cristalería completa– fue la reunión del 29 de abril en la que el gobierno provincial –al mando de Ignacio Torres y cuyo ministro de Educación es José Luis Punta– ofreció un incremento del 1,3%. Dora estaba en la vereda, esperando junto a cientos de docentes: “Quienes estábamos afuera solicitamos la renuncia de las conducciones sindicales por aceptar un aumento insignificante, tuvieron que huir del lugar. A partir de ahí salimos a la calle todos los días con diferentes acciones”.
Marcha de antorchas, festivales, ruidazos, ollas populares, feria de emprendedores, asambleas y movilizaciones masivas que tienen en vilo a la provincia y al gobierno. “El 23 de abril realizamos un hito histórico: un faltazo masivo sin que los gremios llamaran al paro”. El 29, en la reunión de conciliación obligatoria dictada por la secretaría de Trabajo, la concentración masiva fue reprimida con gases lacrimógenos por la Policía. ¿La respuesta popular? Otra movilización. Y carteles, muchos carteles:
- Docentes con sueldos indecentes.
- Al que miente le crece la nariz (con la imagen –retocada– del gobernador Torres)
- Basta de mentiras, amenazas y presión.
- Se busca por precarizar al docente (con la cara del ministro Punta).
- Salud mental es llegar a fin de mes.
- Ratas.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Migajas
Las protestas no sólo suceden en la capital, sino en toda la provincia: Trelew, Puerto Madryn, en la meseta, en Chacay Oeste, Gan Gan, Las Plumas, Paso de Indios. Otro mojón que colmó la paciencia fueron las palabras del ministro Punta: “Buscamos que ningún docente cobre menos de 800 mil, de una manera solidaria, casi”, dijo balbuceando una frase que la comunidad educativa lo tomó como una burla.
–No vamos a aceptar migajas. Mientras a los docentes nos ofrecieron un 1,3%, le aumentaron a su planta política un 200%. No hay dudas: plata hay, pero no quieren ponerla donde corresponde” –dice Dora, que hace 48 años nació en La Pampa y desde hace 45 fue adoptada por Chubut.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Ante la masividad del reclamo, este miércoles 6 de mayo hubo una nueva reunión paritaria donde el gobierno ofreció un 3,4% –valor del Índice de Precio al Consumidor (IPC) del mes pasado, más un 4%: o sea, una suba del 7,4%. En junio, un punto más y en julio otro punto más.
–No satisface nuestra demanda para nada, es un aumento en el bolsillo de entre 60 y 70 mil pesos que terminaríamos de cobrar en agosto. Es una tomada de pelo. Siento mucha bronca contra los sindicatos que nos dejaron sin respaldo y sin escucha; mucha bronca contra un gobierno que nos dice violentos, cuando violencia es tener un sueldo básico de 300 mil pesos.
Los sindicatos cuestionados que se sientan en la mesa paritaria son ATECh, SITRAED –sindicato paralelo alineado al gobierno–, UDA –Unión Docentes Argentinos–, SADOP –docentes privados– y AMET –magisterio de enseñanza técnica–.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Tres escuelas, tres turnos, muchas deudas
-Queremos estar en las aulas con nuestros estudiantes, pero no con sueldos de hambre.
Reafirma Dora, que estudió en la Universidad Nacional de la Patagonia y desde hace 17 años es profesora de Historia del nivel secundario, además de preceptora. Trabaja en tres escuelas y en los tres turnos, mañana, tarde y noche. Dice que volvería a elegir esta profesión, pese al salario que no alcanza y otros condicionantes: falta de insumos, condiciones dignas para trabajar, escuelas sin calefacción donde llueve adentro. Otro ejemplo que lo dice todo: “Usamos manuales de la provincia de Buenos Aires, no tenemos un diseño de currícula propia”.
¿Cómo sigue el curso de esta historia?
Organizados de manera autoconvocada, decidiendo en asamblea. No vamos a bajar los brazos hasta lograr un aumento del 100% del básico como mínimo y un sueldo de bolsillo de un millón y medio. Desde hace quince días exigimos paro por tiempo indeterminado y acá seguiremos: hasta que el salario digno sea una realidad.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Nota
MU 212: El fin de un mundo

MU en Tierra del Fuego: todo lo que se ve desde el sur del sur y nos ayuda a entender qué representa Argentina en el mapa geopolítico mundial. Un puerto intervenido, importaciones que matan a la industria, explotación sin control de recursos naturales. La puerta a la Antártida y el significado de Malvinas: lo que está en juego en tiempos de guerra.

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